miércoles, 19 de marzo de 2014

Desplome electoral de los partidos de derecha en Centroamérica



Por Ricardo Martínez Martínez

Mientras en el llamado primer mundo, sobre todo Europa y Estados Unidos, se registra un ascenso de movimientos conservadores de derechas, supramacistas y fascistas, en América Latina se experimenta un repunte de movimientos sociales antisistema, así como partidos de izquierda y centro izquierda en posiciones de gobierno.

Una nueva tensión de fuerzas se manifiesta en la geografía mundial de la política con expresiones locales. Las tácticas son diversas, desde movimientos de calle hasta acciones de participación electoral, según los actores o sujetos sociales de transformación en los países del centro y la periferia.

En Latinoamérica, ubicada en la semiperiferia y periferia del sistema mundo, la tendencia general es la acumulación de organización social que sigue su camino en las calles y en los movimientos territoriales antiextractivistas, como también la presencia de partidos con trayectoria popular de izquierda que llegan al poder gubernamental por medio de las elecciones y mediante amplias alianzas.

Los países centroamericanos se ubican, al día de hoy, en esta última relación. Sus actuales coordenadas inclinan la balanza hacia las posiciones de izquierda en los márgenes de lo electoral. Un multiforme movimiento, alimentada de expresiones civiles, sociales y populares, se decanta en procesos electorales en función de sociedades y gobiernos justos.

Los recientes comicios presidenciales en El Salvador y Costa Rica registran un desplome de las posiciones de derecha en la región.

El tribunal electoral salvadoreño informó que en los recientes comicios presidenciales del pasado 2 de febrero, la derechista Alianza Republicana Nacionalista (ARENA) obtuvo 38.9% de la votación, diez puntos menos que en 2009 cuando perdió por primera vez las elecciones presidenciales al captar 48.7% frente al 51.3% del partido de izquierda Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN).

En 2014, la agrupación de izquierda ganó en 13 de los 14 departamentos a nivel nacional y la derecha perdió más de 300 mil votos. Habrá una segunda vuelta el próximo 9 de marzo donde la tendencia de preferencias electorales va en acenso a favor del FMLN consolidando una perspectiva hacia la construcción de un Estado social de derechos, soberano e independiente.

En Costa Rica, el partido de centro izquierda, Acción Ciudadana, ganó en la primera ronda electoral con el 30.9% de los votos al gobernante PLN que obtuvo 29.5%. Habrá también segunda vuelta el 6 de abril donde la correlación del electorado se inclina al PAC en posible alianza con el Frente Amplio, organización partidaria de izquierda que logró histórica votación con el 17.1%.

Pero no sólo en números se manifiesta la caída de la derecha en estas dos experiencias. También en el ideario popular, la población en ambos países comparte programas electorales de gobierno de las fuerzas progresistas de izquierda orientadas a la aplicación y ejecución de políticas sociales, mientras rechaza la ideología de derechas que aún propugna por las derrotadas políticas económicas del libre mercado y sus compañas políticas electorales del miedo.

Las poblaciones en la región centroamericana se mueven hacia el progresismo de izquierda con matices diversos. Reconocen las propuestas de apoyo social desde el Estado, al mismo tiempo, manifiestan un cambio de timón hacia la participación política; observa con simpatía movilizaciones sociales a favor de los derechos de las mujeres, el medioambiente, la lucha sindical y las reivindicaciones campesinas. Y Reconoce el fracaso del neoliberalismo en la región y sus estragos de pobreza, marginación, migración obligada y represión generalizada.

En otros países de la región, la izquierda institucional adquiere presencia importante. En Honduras, el partido LibRe se erige como la fuerza política y social con amplia participación en las luchas populares, partidarias como parlamentarias. Su acción y movilizaciones rechazan las políticas oficialistas de derecha, al tiempo que propone medidas y reformas en favor de los sectores sociales marginados.

En Nicaragua, los sandinistas afianzan su poder social. Mantienen un activo proceso de consolidación de los derechos sociales y son los principales promotores en Centroamérica de la Alianza Bolivariana para los pueblos de Nuestra América (ALBA) como una nueva forma de relación entre Estados, basada en la cooperación, solidaridad y complementariedad.

En Guatemala y Panamá, los movimientos sociales proliferan en el campo como en la ciudad. Movimientos contra los proyectos de integración geoestratégica del libre mercado, mineros, represas, farmacéuticas y contra el gran comercio se unen y van construyendo un proyecto alternativo de hecho. Su actividad permanente representa la lucha de los movimientos sociales contra las empresas transnacionales.

La región centroamericana que por décadas fue considerada el protectorado estadunidense, cada vez mira más hacia el sur donde comenzó un proceso de articulación independiente de las políticas hemisféricas de la Doctrina Monroe y el desmantelamiento del neoliberalismo.

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