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jueves, 30 de marzo de 2017
Assange
Por Horacio González
En Página/12 del domingo hay una entrevista que me gustaría comentar, no para agregar nada a lo que desde ya dice tan sugestivamente, sino para permitirme algunas reflexiones contiguas al tema que trata, con el deseo de seguir una discusión. El tema al que me refiero está en una excelente entrevista hecha por Santiago O’Donnell a Julian Assange, que provisoriamente me lleva a formular una inquietud. ¿Cómo se reconstruye una forma de la ciudadanía abierta, sustentada en un sujeto complejo y autodeliberativo, menos vulnerable a maniobras de agencias estatales que manejan operaciones secretas, sean políticas, jurídicas o militares? De otro modo, se trataría de la pregunta sobre cuánto de lo que nuestra conciencia cree ser una verdad, poseída exclusivamente por nosotros, se debe dejar pasar al mundo público. Ya sea para decirlo todo “brutalmente” o para dejar filtrar lo civilmente necesario, sin incurrir en “sincericidio” o retaceo de información. Es la antigua discusión sobre qué es un ciudadano, figura en declive en todo el mundo.
Julian Assange actúa con una ética personal, una suerte de protocolo reflexivo del débil, pero conoce perfectamente el funcionamiento de las comunicaciones políticas corporativas basadas en el sigilo o en el secreto, bajo la obvia hipótesis de que lo fundamental de la política sucede en torno a engarces secretos, encapsulamiento de claves, flujos informáticos reservados entre agentes de inteligencia (notoriamente en casos de guerras: Irak, Afganistan, Libia, Siria, etc.) o correos electrónicos sobre asuntos públicos circulados por vía privada (en el caso de Hillary Clinton). Hay pues un tipo de militancia novedosa en Assange dando a conocer el soporte secreto de “operaciones sigilosas” de Estados y Corporaciones, que suelen implicar muertes en acciones militares clandestinas o decisiones financieras sigilosas o ilegales que afectan a millones de personas.
En todas estas cuestiones ha intervenido la organización de Assange, con numerosos militantes en todo el mundo y respaldo de periódicos generalmente vinculados a un genérico y resistente progresismo mundial. Agreguemos que el gobierno de Cristina Kirchner y el de Lula en su momento lo han sostenido en su refugio en la Embajada de Ecuador en Londres, y formaron parte de su círculo de protección ante los violentos requerimientos judiciales que recibe de otros países. De la muy interesante entrevista de O’Donnell, se desprende la idea de un nuevo tipo de militancia planetaria de tipo tecnológica y con una red de agentes confidenciales preparados o espontáneos, casi siempre exógenos pero también en el seno de los grandes Bancos Mundiales de Información Secreta. Todo ello le exige al creador de WikiLeaks (nombre tomado a medias de lo que ya inventó Internet por su cuenta, y de las palabras fuga, escape… no de “gas” sino de “información”, que a su manera también es un tipo de fluido etéreo y asfixiante). Todo ello exige una visión geopolítica del mundo, una idea de lo estratégico –este viejo concepto Assange lo emplea a menudo– y una polarización nueva en las formas de lucha, como sería una confrontación con los establecimientos más poderosos de control de flujos o stocks de información mundial (Corporaciones, CIA, la incendiaria Iron Mountain y sus afines en todo el mundo) lo que sugiere un tipo de lucha en una esfera especial. No hay una sola Catalogación Secreta Universal, sino varias, escindidas por Estados, coaliciones, empresas, medios monopólicos de comunicación, etc., y por contraparte, la nueva militancia tecnológica neolibertaria, de revelación por filtración masiva –esperándose que su difusión sin más produzca efectos democratizadores en el horizonte social público.
El secreto mundial de países coaligados o no, hace de la información una lógica sistémica, pero muy movediza, con su correspondiente entropía (espero haber usado bien esta palabra). Los grupos de dominio ejercen un tipo de meta-control que posee sistematizaciones pero también sus propios puntos de fuga aparentemente dispersos, asimismo previstos o inspeccionados por ellos mismos. Es muy interesante el análisis de Assange del comportamiento del grupo de Hillary Clinton (con sus mails desplazados desde la dimensión pública a la encubierta), para lo cual, ante las pertinentes preguntas sobre sus “fuentes” que le hace el entrevistador, Assange debe decir que si esas informaciones las hubiera recibido de otro país con intereses en la elección norteamericana, de Rusia, por ejemplo,”no las aceptaría aun en el caso de ser documentos verdaderos”, pero potencialmente capaces de alterar relaciones de fuerza en las que el frágil perdería la potencia de lo que podríamos llamar su “interés desinteresado”, su causa vinculada a la ética universal altruista.
Assange asombra por la precisión de su lenguaje, con especulaciones de alta política y refinamientos geopolíticos, todo pasado por la creación de un poder contrainformático, cuyas notaciones de lenguaje son, lógicamente, las de la llamada bien o mal “revolución informática”. En Assange la descripción de lo que hace WikiLeaks es cruda, incisiva, directa, absolutamente profesional. Obliga a pensar en la distancia con los estilos y destinos militantes que muchos conocimos y practicamos, y seguimos practicando, fuera de este proyecto tan complejo de captura de información reservada, enseguida convertida en actos judiciales (pues difunde secretos, masacres o maniobras de Agencias especializadas en vigilancias, escuchas y seguimientos de vidas), luego en un juego de fuerzas entre países, y en la laboriosa construcción de una ética del uso de la información. Esta última tarea de profundo interés, que se evidencia en las entrelíneas de la entrevista a Assange, merece atención y debate. Pues todo indica que esta experiencia modifica la estructura tradicional del juicio político, al menos en cuanto a que este tenía (y tiene) un componente literal y otro de paradoja de las consecuencias –ambos públicos– a lo que se agrega la amplia faja de comunicaciones cerradas a espaldas del arcaico “contrato social”, con planificaciones militares, políticas o financieras al margen del supuesto panóptico social democrático, en vías de extinción como espacio público.
Si este espacio existe ya no lo vemos nosotros sino que está disuelto en las redes precintadas del Estado o corporaciones aledañas; es él quien siempre nos ve a nosotros. La paradoja de las consecuencias que permitía un tinte trágico pues se refería a quien quería el bien y producía el mal, ahora es al revés y enfoca el caso Trump, que invierte la ecuación. Es lo más inconveniente por su patoterismo racista, pero sus “efectos” reales pueden ser favorables a que se abran fisuras alternativas, reacciones populares, una nueva unidad latinoamericana y acciones por el estilo. ¿Podemos pensar así? Zizek, en este diario, lo ha insinuado. “La única manera de responder a Trump hubiera sido apropiarse de la rabia contra el establishment y no descartarlo como primitivismo de basura blanca”. Assange no ha expulsado de su lenguaje la palabra “tragedia”, propia de la paradoja de las consecuencias entendidas a la manera clásica, como lo incierto e imprevisible de cualquier acto político. La emplea para el caso Hillary. La tragedia de ella está irónicamente descrita. Primero ocultó procedimientos irregulares en redes, luego ocultó lo que ocultaba y en una tercera vuelta de tuerca ocultó lo que ocultó que ocultaba. Una tragedia alude a la más vieja noción sobre lo político, elegir entre dos polaridades inconvincentes. Respiramos: ella anima una consideración sobre la naturaleza última de lo político, que nos devuelve a la lógica de lo público, del viejo ciudadano informado de por sí, que sabe de las contradicciones mundanas más que de estas maniobras en las tinieblas, que precisan un nuevo tipo de héroe perseguido para develarse. Pero éste no es tema de Assange.
Y cuando habla de este tema, Assange lo simplifica: libertad de expresión contra autoridad. Aperturas de los cofres secretos de los países imperiales ante crímenes militares y financieros. Recibimos, es claro, la tarea imaginativa de Assange como necesaria, además de su tarea provocarnos solidaridad y honda simpatía. Pero intuimos que estas opiniones deben ser pasadas nuevamente por el cedazo de los legados militantes por todos conocidos. Por eso, otra cuestión es la que se abre ante el juicio sobre Trump. Todo lo que dice sobre él Assange ingresa dramáticamente en el debate actual: ¿Qué hay que acentuar primero, su xenofobia, su desprecio a instituciones y personas, su guerrerismo real o impostado, o lo que llamaríamos la paradoja de que con sus arbitrariedades flagrantes, facilita el reagrupamiento mundial de radicalizaciones democráticas o izquierdas nuevas, hoy aletargadas? No está claro en Assange, porque lo que no prima en él es la clásica manera del análisis político, en la que la reflexión política complementa con sus conocimientos históricos el estilo de investigación en las tinieblas. Así es entre nosotros en la larga tradición que tiene este tema desde Rodolfo Walsh a Horacio Verbitsky.
Assange evoca a menudo consignas libertarias, o del liberalismo anarquista. Cuando explica el triunfo de Macri apela a las “redes sociales” y agrega que probablemente ahora está más débil también por las mismas redes. Por cierto, nunca, nada o nadie dejan ahora de usar las redes sociales, pero todavía no se ha escuchado una teoría sobre ellas al nivel de lo que propone Assange, que inevitablemente debería conceptualizar más profundamente las menciones u omisiones a la fuente, el sistema jurídico ya reventado por dentro, el secreto sobre operaciones no legales, los efectos de una revelación y –como si esto fuera poco–, la existencia de un operador cuya biografía es conocida, el propio Assange, asumiendo la figura encomiada del perseguido internacional, refugiado en la embajada europea de un país latinoamericano, por querer recrear una “polis genuinamente informada” a la altura de la “razón comunicativa”. Pero filosóficamente corresponde a una historia sin sujeto, que por momentos debe aclarar cómo se producen otras operaciones similares. Por ejemplo, con la apertura de los Panama Papers, Assange comunicó que ese procedimiento provino de un organismo norteamericano de estrepitoso nombre, la Organized Crime and Corruption Reporting Project. Al parecer el objetivo era Rusia, para lo cual no importaba que otros, los muy conocidos bribones vernáculos, la ligaran de rebote. ¿Cómo juzgar entonces esta guerra entre organismos que investigan las entrañas del monstruo, incluso los que el propio monstruo alimenta? No dudamos de que este es un nuevo elenco de contradicciones, pero lo que hay que ver es si éstas explican las formas clásicas de la ética y el análisis político, o si a la inversa, la vieja tarea militante social e historizada, no ha fenecido, obligándose sin embargo a estar al tanto de estas luchas entre agrupaciones especializadas en revelaciones diseminables en el seno de lo popular-ciudadano.
Este movimiento de piezas geopolítico-informáticas embutidas en la dialéctica del secreto y revelación del secreto, a diferencia de los viejos ejercicios de “desenmascaramiento ideológico” muestran necesariamente su preferencia a analizar los acontecimientos mundiales por sus consecuencias y no por la forma ética de su origen. Algo semejante ocurre con Zizek, pero este es el caso de un filósofo que intenta reconstruir el sujeto desde sus propios vacíos e inconsistencias, incluso sin abandonar del todo al sufrido Descartes. Para quienes obviamente seguimos sosteniendo las militancias clásicas y también apoyamos a Assange, sin embargo deberíamos sostener en primer lugar lo inadmisible de la figura de Trump, antes de postular que habrá consecuencias inversas de sus biliosas acciones, gracias a su obtusa inhumanidad. Eso podrá suceder; seguramente ya está sucediendo, pero si empezamos por ahí, luego nos obligamos a declarar “¡eh, pero nada que ver con Trump!”, lo que en verdad, para Assange y todos nosotros, no debe ser una aclaración a posteriori –a pesar de Hillary y de que la CIA estaba más de acuerdo con ella que con él–, sino un punto de partida moral, para luego ser consistentes en la reflexión sobre lo inevitablemente paradójico de toda afirmación política. Esto nunca dejará de ocurrir, si no el mundo entero estaría a merced de los burócratas de la escucha secreta y su corte de difusores que se arrogan la primicia del análisis de la palabra “pelotudo”* dicha de un modo que hasta la Real Academia –organización no clandestina de España– dictaminaría como “uso irónico y de sentido reversible entre personas que se tienen confianza”.
* Gilipollas, en castellano estándar.
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lunes, 13 de marzo de 2017
2017, el año en que el mundo acelera su cambio
Rebelión
Por Andrés Piqueras *
Cuando se vive el declive de un modo de producción y además un cambio civilizatorio, como es nuestro caso, cualquier año depara un volcán de sucesos. Casi nada permanece estable.
Este nuevo año no decepcionará en ese sentido. Las capas tectónicas que tienden a romper la unipolaridad político-económica mundial van a moverse lo suyo.
El sostenido revés al impulso globalizador, por ejemplo, está teniendo notables episodios. Hasta ahora, llevar a cabo la globalización desde la unipolaridad ha significado poner todos los instrumentos globales (FMI, Banco Mundial, OMC, Foro de Davos, G7-20…) al servicio de EE.UU. y de sus adláteres (UE, Japón, Canadá, Australia…). Es decir, se trataba simplemente de una “forma postmoderna” de practicar el imperialismo.
Pero la irrupción económica y política de China ha hecho cambiar las cosas. Tanto que la superpotencia norteamericana ha reculado en su proyecto expansivo, “globalizador”. Ya hizo abortar la Ronda de Doha tocando de gravedad a la propia OMC. Ahora comienza a retirarse de los Tratados con los que tenía atado a buena parte del mundo para que sus transnacionales (y en segundo plano, las de sus adláteres) pudieran exprimir la riqueza del planeta sin obstáculos. Ya se sabe, no es lo mismo practicar el “libre mercado” con quienes no pueden competir contigo que con quien te supera. Entonces los poderosos prefieren sin disimulos el proteccionismo.
Y es que la historia moderna nos muestra que dentro del sistema mundial dominado por el Eje Anglosajón desde 1700, la multipolaridad sólo se ha manejado a través de la confrontación político-económica y, al fin, militar.
Por ahora, el sistema financiero ha empezado a compartir la importancia del yuan, que se aprecia en la misma proporción en que China ha comenzado a deshacerse de las reservas de moneda extranjera y de bonos estadounidenses. Dado el actual estado de cosas, la lógica sistémica llevaría a levantar un nuevo entramado financiero internacional apoyado en una bolsa de monedas en la que el dólar perdiera parte de su peso. A esto puede la superpotencia resistirse más o menos tiempo, pero tarde o temprano la tendencia “lógica” es a que primen las monedas ancladas a la energía y a la economía productiva.
Tanto la una como la otra ya no están en el Eje Anglosajón. Sino en Asia, y sobre todo en el Eje chino-ruso.
Éste está intentando construir otra globalización, que en vez de estar basada en el desenfreno financiero, la especulación, la rapiña de recursos mundiales, la multiplicación de recortes sociales y planes de ajuste, “paraísos fiscales” y capital ficticio, proporcione un entramado energético-productivo, multipolar. Toda un área transcontinental integrada económicamente mediante una nueva “Ruta de la Seda”. E n ella se incluye la Unión Económica Euroasiática, con India y su zona de influencia, pero también Brasil-Argentina y la Unasur-Celac, Sudáfrica y la Unión Africana. Una red con moneda internacional centrada en el yuan y la canasta de monedas BRICS, con un Banco de Infraestructura y Desarrollo, un Fondo de Fomento, un sistema propio de compensación de intercambio, un plan de infraestructura y desarrollo que muy pronto llegará a Inglaterra con un tren de mercancías de alta velocidad.
La resistencia a ese escenario puede acarrear el intento de implantación de un nuevo telón de acero por parte de EE.UU. contra China. Hasta ahora la facción globalista financiera del poder estadounidense ha mantenido una “entente cordiale” con China debido precisamente al entramado financiero que le une a ella. Mientras que enfrentaba a Rusia para arrebatarla su poderío energético. De hecho, no contento con la implosión de la URSS, ha intentado disgregar y desestabilizar también a ese país por diferentes lugares (Chechenia, Georgia, Osetia, Ucrania, Azerbaiyán…), asediándola económicamente y empujando a la OTAN a las mismas puertas de su casa.
Pero la subida de Trump significa que la facción “nacionalista”, de imperialismo clásico, ha asumido temporal y parcialmente el relevo de poder, para intentar volver a cierta economía productiva. La cual requiere, entre otras medidas, la re-institucionalización de la Ley Glass Steagall para debilitar estructuralmente a la facción financiera global, al impedir que la banca financiera de inversión pueda existir y sustentar a las redes financieras globales.
Sin embargo, las cosas no se le presentan fáciles a este bloque de poder. Un aumento del gasto público en infraestructura y en revertir la deslocalización empresarial, requerirá una mayor demanda de materias primas y la competencia con China por su procura. Lo cual provocará la subida de los precios de las materias primas y la energía. Esto, a su vez, pondrá en serios aprietos a la economía estadounidense, dado que sus reservas de oro parecen ser muy escasas (aunque hace tiempo que contraviniendo todos los acuerdos internacionales, la FED no da noticia de las mismas) y la credibilidad del dólar puede caer en picado. En ese conflicto por las materias primas es evidente que la doctrina Monroe se va a reintroducir con fuerza, pues EE.UU. siempre ha considerado “suyos” los recursos del conjunto del continente americano. Malos tiempos, por ello, para esa otra América que alguien graciosamente llamó “latina”.
Con respecto a la credibilidad del dólar, la economía estadounidense está en una coyuntura de doble negatividad. El proyecto reindustrializador requiere de aumentos de la tasa de interés del dinero para atraer las inversiones extranjeras. Eso haría subir el dólar. Pero rompe la economía doméstica (en un país en el que las hipotecas afectan al 80% del valor de las propiedades): la deuda de los hogares y la deuda pública se hacen impagables. Un dólar fuerte permitiría disponer de dinero para inversiones, pero no para exportarlas. ¿Significaría esto mayor aislamiento norteamericano? Pero sin EE.UU. como principal comprador planetario, el sistema mundial capitalista queda gravemente herido.
Por otra parte, un dólar débil implica en alguna medida el desinflamiento del complejo Wall-Street y la pérdida del papel global de esta moneda. Y si el dólar deja de hacer las veces de moneda mundial y pierde su ventaja de señoreaje, la economía estadounidense quedará a medio plazo convertida en una economía de medio rango. De hecho, los monstruosos niveles de deuda que mantiene sólo son posibles dado aquel papel del dólar, el cual a su vez sólo es viable por el poderío militar estadounidense.
Dólar fuerte – dólar débil. Ahí se juega la partida, en suma. Y la línea de equilibrio para la economía norteamericana es extremadamente delgada (de rebote lo es para la economía capitalista en su conjunto, que mantiene un parecido atolladero).
Su dilema entre solventar la guerra social interna o la guerra económica contra el Eje chino-ruso, no parece tener una solución clara. Las facciones de poder estadounidenses están librando una feroz batalla en torno a ello.
De momento, el giro hacia Rusia propuesto por Trump quiere decir que su facción de poder busca atraer a ese país para romper el eje chino-ruso, aprovechando que Rusia tiene energía y no compite con EE.UU. en el ámbito productivo. Además, empresas como Exxon-Mobil mantienen fuertes inversiones en la Federación Rusa e intereses comunes para explorar el Ártico (sí, el capitalismo no se va a detener en su pulsión destructiva planetaria esté quien esté al frente).
De esta forma, los cambios telúricos en curso nos están haciendo asistir a la gran paradoja de ver a un presidente norteamericano enarbolando el proteccionismo, al tiempo que el primer líder chino (de un país que es regido por el mayor partido comunista del mundo) defiende el “libre mercado” en Davos.
En este juego al revés hay dos focos claves para calibrar la basculación del peso mundial: la India (que pronto se convertirá en un nuevo gigante económico) y la UE, que en su decadencia ya no puede liderar nada pero cuyo peso sigue siendo decisivo para el balance de poder mundial. La adscripción al Eje Anglosajón (la que han mantenido hasta ahora sumisamente los mandatarios europeos), significará a buen seguro la definitiva implosión de la UE. Vincularse, por contra, al mundo energético-productivo de una Eurasia fuerte, es la última posibilidad que tiene Europa de realizar un aterrizaje algo más suave en la era post-crecimiento. India también ha comenzado a percatarse de ello.
En adelante, la capacidad y habilidad de controlar la oferta y demanda de la energía será el principal juego de poder. Los perdedores en ese juego, el Eje Anglosajón (Trump quiere volver al carbón), son los interesados en desatar la opción bélica para el mundo.
Por eso, quienes hablan de imperialismos encontrados, y llaman a combatir por igual a unos y otros poderes, no hacen un adecuado análisis de la realidad mundial ni parecen tener en cuenta, tampoco, algunos datos bien patentes.
EE.UU. tiene alrededor de un cuarto de millón de efectivos del Ejército, la Marina y las Fuerzas Aéreas, en el 70% de los países del mundo, con más de 450 bases militares extraterritoriales. Rusia cuenta con 18 instalaciones militares fuera de su actual territorio, de las cuales 15 están las antiguas repúblicas soviéticas, porque no se cerraron las que eran de la URSS, no porque se instalaran nuevas. China hoy por hoy no tiene ninguna base militar extrafronteriza (aunque está construyendo la primera en Djibuti).
EE.UU., con casi 600.000 millones de $ de presupuesto militar declarado, suma más que el gasto militar de todo el resto del mundo junto. Ha sido EE.UU. quien ha lanzado la «guerra contra el terrorismo» desde hace más de dos décadas, y con ella ha arruinado países y destrozado sociedades enteras: Afganistán, Somalia, Irak, Libia, Siria… Además, esa especial guerra perdura y se extiende hoy por más de 60 países, principalmente a través de operaciones secretas. De hecho, se ha convertido en la forma en que la principal potencia tiende a implantar un «dominio total» («Full-spectrum dominance», como fue definido en el clave informe del Pentágono titulado Joint Vision 2020 ). Es su estrategia para devastar territorios, hacerlos ingobernables, y así parar la construcción del entramado energético-productivo que pretende China (con el apoyo ruso).
Porque el gigante asiático está intentando lanzar una suerte de keynesianismo global, vía grandes inversiones, para proveer de las herramientas infraestructurales adecuadas a las redes comerciales globales o regionales que necesita para prosperar. Sí, no por principios altruistas, sino porque sus condiciones económicas se lo permiten y lo requieren; es decir, que para prosperar necesita que otros también lo hagan. ¿Para qué querrían China o Rusia, en estas condiciones, destruir territorios, sobre qué bases se sustentaría su interés por la guerra, si lo que precisan son mercados e integraciones regionales? Lo que está haciendo EE.UU., hasta ahora, en cambio, es prueba evidente de lo contrario.
De hecho, la facción que apoyó a Clinton, la más guerrerista contra Rusia, puede preparar un acontecimiento de dimensiones globales, “irreversibles”, (¿un macro-atentado, un nuevo frente de guerra?), para obligar a Trump a no disminuir su presencia en Asia ni a desmantelar la OTAN.
Otro asunto es que la expansión china sea energéticamente sostenible, y otra cosa es que debamos aceptar unos poderes por otros. Pero ante la devastación, corrupción y desposesión generalizada que promueve el Eje Anglosajón unipolar, la multipolaridad abre perspectivas de cambios económicos y sociales, y nos proporciona tiempo e intersticios en la malla de dominación para comenzar la Gran Transformación hacia el post-capitalismo y el post-crecimiento.
Puede que después de todo, 2017 ofrezca su pequeño homenaje al centenario de la revolución soviética, dando al traste con la globalización unilateral de eso que se autodenominó “Occidente”. Es fácil que la descomposición del capitalismo realmente existente se haga aún más visible.
* Andrés Piqueras. UJI Observatorio Internacional de la Crisis
viernes, 1 de enero de 2016
Sobre la crisis actual del capitalismo globalizado
Por Grinor Rojo
El capitalismo globalizado se está enfrentando en estos momentos con la que podría ser la más grande de las crisis de su historia, que además viene abastecida esta vez con todos los instrumentos que hacen falta para convertir al planeta en una nube de cenizas cósmicas. Desde 1971, que fue el año en que Richard Nixon le puso fin al patrón oro para el dólar, a lo que se unió en 1973 y 1974 un aumento de los precios del petróleo, la crisis a que aquí me refiero no ha hecho otra cosa que ahondarse. El caos financiero de 2007, cuando Lehman Brothers fue el primero de un grupo de bancos estadounidenses que cayeron en quiebra, el de 2008, cuando se produjo el estallido de la burbuja inmobiliaria española, el de 2012-2013 en toda la eurozona, que dejó 24.7 millones de personas sin trabajo, así como el actual de 2015, con una caída en picada de los precios de las materias primas, como los chilenos lo estamos viendo en el caso del cobre y los venezolanos en el del petróleo, son nada más que los hitos mayores de una enfermedad que ha durado ya cuatro decenios.En este estado de crisis, el capitalismo globalizado hace lo que siempre ha hecho en circunstancias análogas: embarcarse en una campaña de reacumulación, expandiéndose territorialmente hacia comarcas de la tierra que no habían sido incorporadas todavía dentro de la órbita de sus actividades o que no lo habían sido suficientemente, al mismo tiempo que profundiza la capacidad de extracción de plusvalía que ya posee al interior de las comarcas que se encuentran bajo su dominio. Respecto de la expansión territorial contemporánea, como sabemos ella tiene lugar sobre todo en el Oriente Medio, principal aunque no exclusivamente en Iraq, Libia y Siria. El argumento de George W. Bush, quien en 2003 desató la segunda guerra del Golfo, con la intención de “liberar” a la humanidad de la “amenaza nuclear” de Saddam Hussein y a los iraquíes de su “tiranía” y de propiciar de esa manera la formación de un “Medio Oriente democrático”, no fue más que un pretexto para enmascarar un despliegue expansionista cuya finalidad no era sólo apoderarse del petróleo, lo que es obvio, sino “abrir” íntegramente esa región a los apetitos del sistema capitalista.
Diez años antes de esa primera guerra el Golfo, el “consenso de Washington” había puntualizado uno por uno los objetivos del proyecto: privatizar las empresas públicas, liberar el comercio y los mercados de capitales a nivel internacional, eliminar las condiciones de entrada a la inversión extranjera directa, desregular el mercado laboral y asegurar jurídicamente los derechos de propiedad eran algunos de ellos. Por otro lado, si ahora volvemos la mirada hacia adentro y nos fijamos en el espacio que ya controla, la sobreexplotación de los recursos naturales y la del trabajo humano, en este segundo frente echando mano de estratagemas como la tan recomendada “flexibilidad laboral”, y la mercantilización de una serie de prácticas que hasta no hace tanto tiempo se mantenían libres o semilibres de contagio, como las que dicen relación con la cultura y el deporte, descubriremos ejemplos elocuentes de la otra estrategia que el capitalismo global está utilizando para salir del atolladero en que se encuentra metido. En Chile, que a la Asociación Nacional de Fútbol Profesional no sólo le interese sino que le convenga que los aficionados no acudan a los estadios porque esa Asociación es la dueña del Canal del Futbol y mientras menos gente vaya a ver el espectáculo habrá un número mayor de televidentes, es, por decir lo menos, una contradicción en términos. Y todo eso sin contar con el renovado e incesante bombardeo mediático por medio del cual se incita a los buenos vecinos a precipitarse en la borrachera consumista del mall.
La ideología neoliberal es la que suministra el libro de instrucciones para estos despropósitos. Con una perspectiva cientificista, que nos asegura que el todo del objeto de la “ciencia económica” no es otro que el todo del objeto capitalista, cuyas propiedades habría que “desarrollar” e inclusive “innovar”, pero sin pretender eliminarlo, y que de hecho y por consiguiente lo “naturaliza”, la tesis estrella de estos pretendidos científicos es que el capitalismo es como un caballo o como una manzana, un cuerpo vivo que no necesita de controles externos puesto que se regula por sí solo habida cuenta de su pertenencia no al reino de la cultura sino al de la naturaleza. Este es el cuesco “filosófico” de la pedagogía que Milton Friedman, Arnold Harberger y Larry Sjaastad les propinaron a los Chicago boys chilenos durante la década del setenta y que ellos nos infligieron posteriormente a nosotros con fervor discipular.
Y algo más en el mismo sentido: el libertinaje económico contemporáneo no supone, como suele creerse y como parecería ser el caso, una minimización del Estado (el “Estado subsidiario” no es eso). Lo que se ha producido es sólo un cambio de funciones: en la era neoliberal el Estado sigue en pie y sólidamente en pie, pero no para controlar (y ocasionalmente competir con) la actividad económica privada, que fue su tarea durante el período anterior, aquel al que Enzo Faletto le dio el apelativo de “nacional popular” y que en mi opinión es el de nuestra segunda modernidad, sino para suprimir los obstáculos que pudieran entrabarla. Por ejemplo, el llamado “conflicto mapuche” en el Sur de Chile es en última instancia un choque entre los derechos ancestrales de esa etnia y los intereses de las empresas madereras. En estas condiciones, el papel del Estado neoliberal consiste en aplacar y/o reprimir. Comprar tierras para entregárselas a ciertos mapuche, no a todos, dividiéndolos y disuadiéndolos de la insistencia en la parte sustantiva de sus demandas (que son territoriales, eso es cierto, pero que también son de reconocimiento político) y/o enviar un contingente mayor de policías a la zona.
Dos consecuencias de la puesta en ejercicio de tales enseñanzas son un debilitamiento abismal de la política y la reducción de la cultura a la farándula. El control político de la economía, esto es, la injerencia del pueblo en el funcionamiento económico, haciendo uso éste de su condición de “soberano” mediante el mecanismo de la democracia representativa, que es el que hace que el pueblo les traspase a sus “representantes” el poder que axiomáticamente le pertenece en el mundo moderno y en virtud del cual puede supuestamente exigírles a esos representantes que ellos rindan cuenta de sus actos, y el juicio crítico de los intelectuales son para los patrocinadores del neoliberalismo un par de toxinas que sienten que no tienen por qué consentir ni tolerar. Esto significa, ni más ni menos, que el antiguo maridaje entre el liberalismo económico y el liberalismo político ha dejado hoy por hoy de tener validez; que, como muy bien lo entendió el asesor de Pinochet, Jaime Guzmán, en el escenario del siglo XXI el neoliberalismo económico no se casa como antaño con la libertad política sino con el autoritarismo; que uno y otro no son sino las dos caras de una misma moneda o, lo que no es muy distinto, que el neoliberalismo no es ya compatible con los principios emancipadores e igualitarios de la democracia clásica, sino que resulta intrínsecamente contradictorio con ellos tanto como lo es con un empleo libre y creativo de la inteligencia.
Libre de este modo de trabas políticas y culturales, el sistema capitalista destruye el mundo. El cambio climático, que es el nombre de buena crianza con que los burócratas nombran al calentamiento global, es, a este respecto, un dato conocido de sobra. Es el calentamiento de la tierra y de los mares, causado por los gases de efecto invernadero que tienen como su origen principal las intervenciones humanas (entre ellos el más importante es el dióxido de carbono, CO2. Estados Unidos es responsable por la mitad de las emisiones de CO2 en el mundo y China aumenta día a día su participación en la estadística…), calentamiento que deshace los glaciares y amenaza subir el nivel de los océanos, además de provocar huracanes, inundaciones, sequías, desertificación y toda clase de enfermedades, y que es una prueba por indecencia de los desafueros del progreso capitalista “sin límites”. A vuelo de pájaro, anoto aquí lo demás que tan bien conocemos acerca de la catástrofe medioambiental: la contaminación de las ciudades, la extinción de cientos de especies animales, la depredación de los bosques y la apertura a la explotación comercial de regiones del planeta que son pulmones de la humanidad, como Alaska, la Amazonía o la Patagonia. Y en la misma lista de torpezas obscenas podríamos incluir la conversión de los ríos y los océanos en megabasurales.
En otro orden de obscenidades, en lo que va corrido de la historia moderna no se había generado hasta ahora una concentración mayor de la riqueza (según la Oxfam, los haberes de los ochenta individuos más ricos del mundo se duplicaron entre 2009 y 2014, en tanto que al ritmo en que nos estamos moviendo el próximo año, el 2016, el 1% de la población mundial va a ser dueña de más del 50% de la riqueza existente sobre la tierra), mientras que al mismo tiempo y también según la Oxfam, “1.000 millones de los 7.000 millones de mujeres y hombres que habitan en el planeta viven en condiciones de extrema pobreza”. Y agregan a eso que en tan sólo una generación los habitantes del mundo llegarán a los 9.000 millones, dos mil más que hoy y de los cuales “el 90% lo hará en condiciones de pobreza”1.
En Chile, el ingreso anual per capita, que es el más alto de América Latina, asciende en este 2015 a 23.564 dólares anuales. Entre tanto y también en este 2015, el 50 % de los trabajadores chilenos gana menos de 300 mil pesos al mes, 210 dólares, lo que da un total de 2.520 dólares anuales. El abismo entre el ingreso per capita y la realidad del ingreso de más de la mitad de los trabajadores chilenos no es otro que el abismo de la desigualdad. ¿Qué de raro tiene entonces que tengamos las cárceles más sobrepobladas de América Latina?
Asimismo, la guerra en el Oriente Medio, en países que se desprendieron no hace tanto de la garra colonial, donde los regímenes de Hussein, Gadaffi o Mubarak, que por cierto que no eran ningunos demócratas, mantenían sin embargo un equilibrio precario, entre facciones que en los cincuenta años que van transcurridos del tiempo postcolonial no han resuelto aún sus diferencias, hoy, como resultado de la voracidad del Occidente capitalista, salta por encima de esas fronteras regionales y se extiende en variadas direcciones. Como la economía informal de la droga, otro flagelo planetario y que tiene a varios países de rodillas (¿quién manda en México?), la formal e informal de las armas arrasa con poblaciones enteras pero le inyecta energía al sistema. Recuérdese que todavía no se disipaba el humo en la guerra de Iraq de 2003 cuando Dick Cheney, el inefable vicepresidente de George W. Bush, andaba firmando contratos en favor de su empresa constructora. Entre tanto, la gente de esos países huye despavorida, incluso arriesgando para ello la vida, escapando de ciudades y pueblos a los que las bombas hacen pedazos y los filas de refugiados que buscan un nuevo techo debajo del cual dormir es una película cotidiana y macabra en nuestros televisores. Los que se quedan adentro se juramentan por su parte en torno a la promesa compensatoria del fanatismo religioso. Contraatacan y se inmolan con tal de llevarse con ellos a un número mientras más grande mejor de víctimas “infieles”. Es la exasperación terrorista, el refugio de unos individuos a quienes la religión les ofrece una tabla de donde agarrarse en medio del desmadre contemporáneo, y que se pone de manifiesto en Nueva York, en Madrid y en París, eso es verdad, pero también en Moscú, en Buenos Aires, en Mali, en California y en la península egipcia de Sinaí. ¿Qué hacen al respecto las grandes potencias? Aumentan el número de bombardeos contra las posiciones de los jihadistas en Siria. ¿Qué hacen por su parte los jihadistas, los que no pueden pelear una guerra de este tipo? Se sumergen y activan las células terroristas que tienen esparcidas y dispuestas en los cinco continentes. ¿Cuál es el resultado? En las elecciones regionales francesas, la ultraderecha es hoy primera mayoría y Donald Trump, quien dice que hay que cerrarles la puerta de Estados Unidos a todos los musulmanes, podría ser el próximo presidente de ese país.
Esto me permite despejar de paso otro malentendido, el del fin supuesto del imperialismo (lo decía el consejero Brzezinski en 1970 y lo repiten con retórica “post” Michael Hardt y Antonio Negri en los 2000). Así como el Estado nacional no se ha esfumado, sino que su función se concentra en el destrabamiento de las barreras que afectan o podrían afectar el funcionamiento de la economía capitalista local, los Estados nacionales más poderosos del planeta continúan también activos, y muy activos, ejerciendo su poder para el destrabamiento de las barreras que podrían salirle al paso a la economía global. Si eso no es imperialismo, yo no sé que podría ser. En Siria, los aviones que dejan caer las bombas salen de los aeropuertos de Estados Unidos, Rusia, Inglaterra y la Unión Europea.
Un postrer pero no menos importante eslabón de esta cadena de degradaciones es el envilecimiento insondable de la actividad cultural. Me refiero en este caso al planificado disciplinamiento de la conciencia de las muchedumbres, a las que cada vez más se clasifica mediante una lógica que separa al adentro del afuera, a los individuos que el sistema juzga redimibles de los que no lo son. En las cárceles de Estados Unidos, según un informe de Human Rights Watch de 2014, hay 2, 2 millones de personas, 710 por cada cien mil habitantes, el número de presos más grande del mundo. Chile, el país más neoliberal de América Latina, es correlativamente el que cuenta con la mayor cuota de reos, 266 por cada cien mil habitantes. Agrego que en Estados Unidos, el 40% de los que están en la cárcel son afroamericanos, disfuncionales todos ellos obviamente.
En cuanto a los individuos que el sistema considera redimibles, es amasijándolos, docilizándos, desactivando sus conciencias, como la nueva “cultura” cumple con su cometido. La televisión y las tecnologías de la información y la comunicación son las que se encargan de redondear el disciplinamiento, al estar tales vehículos dotados con un poder persuasivo sin referencias previas, cuyos manipuladores reniegan expresamente de la letra y el libro (es el fin de la “era gutenberguiana”, es la “muerte del libro”, nos dicen los “post”) y apuestan a su reemplazo por la imagen mediática, lo que despoja al ciudadano común de un instrumento imprescindible para el desarrollo y despliegue de su capacidad crítica y sirve por eso espléndidamente a los fines del programa de desmovilización. En otro de mis escritos, traté de explicar de qué manera y por qué razón, libro y lectura constituyen en la historia moderna una tríada indisociable, que ha probado ser ventajosa para nuestra salud personal y societaria y a la que es preciso defender a cono de lugar. No fue por puro deporte que los nazis y sus émulos los pinochetistas chilenos quemaron libros.
Por supuesto, la televisión y las tecnologías comunicacionales no son por ellas mismas las culpables de este giro nefasto de la cultura actual y en otras circunstancias podrían ser útiles para metas más nobles. Ellas son sólo herramientas, más sofisticadas y eficaces que las que en el pasado desempeñaban iguales o parecidas funciones pero herramientas como quiera que sea. El o los culpables de su perversión son aquellos que las han puesto al servicio de sus planes de reconfiguración del orden del mundo mediante una reasignación de papeles, la que pasa por un reenvío del ciudadano a su casa, al seno protegido de su familia, por aliviarlo del involucramiento en los problemas de la res pública, por convencerlo de que la satisfacción de sus intereses personales es lo único que tendría que importarle. Esas son las “cosas que le interesan a la gente” de que habla la derecha chilena con su hipocresía sacristanesca, y es a esas “cosas” que “la gente” tiene que circunscribir sus acciones. De la puerta de su casa para afuera, en un mundo que se ha vuelto demasiado complejo para ellos, el espacio público no deben ocuparlo nunca más los ciudadanos sino los que “saben” –los “expertos”. Una vez más, estoy pensando en la gula expansiva de un capitalismo globalizado que para recuperarse de la crisis por la que atraviesa quiere tener las manos libres de cualquier interferencia democrática. Una tercera tesis “post”, que nos informa sobre el reemplazo del “ciudadano político” por el “ciudadano consumidor” (en América Latina, Néstor García Canclini), responde a este empeño formidable de estupidización.
Dado el cuadro cuyas facetas apocalípticas acabo de resumir, la pregunta que surge espontáneamente es la vieja de Lenin, la de 1902, misma que se reformulan Alain Badiou y Marcel Gauchet en un diálogo reciente: “¿Qué hacer?”2. Yo estoy de acuerdo con ellos en que para esta pregunta existen sólo dos respuestas posibles: la primera es la socialdemócrata, a la que adhiere Gauchet, y que llama a los ciudadanos a dar una batalla cuyo horizonte de expectativas se concentra a devolverle a la política su fortaleza para contener así los desmanes de la bestia suelta. Que renazca la política y que le ponga el cabestro que está requiriendo al progreso capitalista “sin límites”. Badiou cree en cambio que un programa como ese peca de un optimismo infundado, que lo cierto es que sus posibilidades de éxito son nulas. Duda Badiou en efecto de que la política, por lo menos la política que se canaliza de conformidad con los protocolos de la democracia representativa y cuando la “esfera pública” ha sido desactivada y sustituida por el servilismo tecnocrático, pueda recuperar el poder que (se dice que) tuvo alguna vez, y simplemente porque la cooptación de sus “representantes” por el sistema económico es cada vez más férrea y evidente.
Porque ése es el verdadero poder, un poder que los ciudadanos no eligieron pero que lo cierto es que manda más que ellos. Y los políticos contemporáneos no están en condiciones de oponérsele y mucho menos de imponérsele. El sistema ha comprado la capacidad de acción de esos políticos como ha comprado todo lo demás. Esto significa que sus decisiones (y sus empleos y sus salarios, tanto los legales como los ilegales) dependen de él. Por eso, en Chile, y no sólo en Chile, los latrocinios aumentan por minutos y no existe garantía alguna de que los gobiernos de turno, ni aquí ni en ninguna otra parte, vayan a lograr los fines que persiguen en su afán de “transparentarlos” y “sancionarlos”.
Quiero decir con esto que lo que se ha impuesto a estas alturas globalmente es una forma de conciencia para la cual el valor, el único valor, consiste en la posesión del dinero. El que lo posee es, y por el solo hecho de poseerlo, digno de admiración y obediencia. Poco importa la manera en que lo obtuvo. Simultáneamente, otros signos de prestigio, que en pasado no tan lejano gozaban de cierta autoridad, como el saber, el coraje o la simple honradez, hicieron mutis por el foro. De ahí que no tenga nada de azaroso que las decisiones económicas se estén poniendo por sobre las decisiones políticas. En realidad, se trata de un fenómeno de carácter sistémico, inerradicable mientras el sistema continúe operando de la manera en que lo hace actualmente, en un esfuerzo de reinvención de sí mismo por la vía de la reacumulación a cualquiera sea el costo y casi sin resistencia. Es lo que nos demuestran situaciones que van más allá de la consabida corruptela de los representantes del pueblo. En mayor escala, puede percibírselo, por ejemplo, en el déficit de Grecia a partir de 2009 y en la intervención (para su remedio, se dice) de los expertos económicos de la Unión Europea, imponiéndoles éstos a los griegos un paquete de medidas de “austeridad” que ellos se negaban a asumir pero tuvieron que hacerlo de todas maneras.
En estas condiciones la respuesta no reformista a la pregunta por el qué hacer nos lleva a reconsiderar el socialismo. En otras palabras, ella nos lleva a concluir que la “idea” socialista no ha perdido vigencia, que sigue siendo un concepto necesario para la sobrevivencia de la humanidad, pues constituye una parte fundamental de sus reservas morales, aunque también debamos tener claro que es preciso repensarlo para los requerimientos de esta época. Sin olvidar las lecciones del pasado, las de la Revolución del 1848, las de la Comuna de París, las de la Revolución Mexicana, las de la Revolución de Octubre y las de la Revolución Cubana, pero sobre todo sin perder de vista las carencias que son propias de nuestro desquiciado presente.
1 Oxfam. La fuerza de las personas contra la pobreza. Plan estratégico 2013-2019. En internet: https://www.oxfam.org/sites/www.oxfam.org/files/file_attachments/story/ospspargb_0.pdf
2 Alain Badiou y Marcel Gauchet. ¿Qué hacer? Diálogo sobre el comunismo, el capitalismo y el futuro de la democracia, tr. Horacio Pons. Buenos Aires. Edhasa, 2015.
sábado, 12 de diciembre de 2015
La existencia y el ser del Estado
Por Francisco Umpiérrez Sánchez
“Y el Mont-Valérien tronaba sin descanso, demoliendo a cañonazos casas francesas, segando vidas, aplastando a personas, acabando con muchos sueños, muchas alegrías esperadas, muchas felicidades anheladas, causando en corazones de mujeres, en corazones de muchachas, en corazones de madres, allí y en otros países, un sinfín de sufrimientos”. Dos amigos. Guy de Maupassant.
El Estado existe y existe en todos los países de la Tierra. El ser del Estado: la organización de la violencia. Las cárceles, la policía y el ejército representan la cristalización de la violencia estatal. Es absurdo contraponer el sistema del gobierno al ser del Estado. EEUU pasa por ser una de las democracias mejores del mundo, no obstante, su Estado es el más violento. Puede haber sistemas de gobierno democráticos y sistemas de gobierno dictatoriales. Pero no se deduce de ahí que el sistema de gobierno más dictatorial tenga el Estado más violento. No cabe duda de que aquí cabe la distinción aristotélica entre potencia y acto. Puede haber un Estado con un ejército poderoso y, sin embargo, ejercer poca violencia. Pero en el caso de EEUU tanto en potencia como en acto tiene el Estado más violento del mundo.
Todos los Estados del mundo tienen el derecho a estar armados. La multipolaridad, el derecho que tiene cada Estado a escribir su propia historia sin la mediación de una superpotencia, así lo exige. Al igual que cuando el Estado burgués se liberó de la religión, la sociedad civil se hizo más religiosa; del mismo modo cuando el mundo se liberó de la polaridad entre las dos superpotencias, las guerras se han multiplicado y la industria de guerra ha tenido más desarrollo que nunca. Carece de sentido que los Estados de forma unilateral renuncien al desarrollo de la industria armamentística, al igual que carece de sentido que se le prohíba a un pueblo, aunque esté bajo el dominio de un sistema de gobierno no democrático, dotarse de un ejército moderno. Es más: la estabilidad política exige que pueblos como Irak, Libia, Egipto o Túnez tengan una policía y un ejército más modernos y poderosos. El desarrollo civilizatorio tiene ese rasgo contradictorio: cuanto más civilizado es un pueblo, mejor armado está su Estado. Esa tendencia es imparable.
Una cosa es la ideología y otra la política. Los derechos humanos no son más que la expresión idealizada de la sociedad burguesa. Pero haríamos muy mal en creer que los Estados de la Unión Europea se mueven por el mundo en función de los derechos humanos y no en función de los intereses económicos y geopolíticos. Y haríamos aún peor si se pensara que la meta de la izquierda radical fuera hacer realidad los conceptos de los derechos humanos y no el cambio de las relaciones económicas. Lo que sucede en toda el Asia central, valga como muestra los Emiratos Árabes, no es obra especial de las potencias occidentales, sino fundamentalmente del predominio de las relaciones capitalistas de producción. Pertenece a la concepción antigua, propia de la primera mitad del siglo XX, pensar en la UE como centro y en el resto de los países del mundo como periferia. Entre los diez países más ricos del mundo, en función del PIB per cápita, se encuentran tres naciones de Oriente Próximo: Kuwait, Emiratos Árabes Unidos y Qatar. La UE no es el centro del mundo y no es la causa principal de lo que ocurre en el resto del planeta. Hay muchos ricos y poderosos fuera de Europa y ellos son los principales responsables de la pobreza en la que viven sus pueblos. No se puede seguir pensando en los países africanos como si fueran únicamente un ejército de pobres. La globalización ha creado lazos muy poderosos entre los mayores capitalistas de todo el mundo. La multipolaridad y la globalización financiera han acabado con la realidad de los años sesenta del siglo pasado. Y como dije anteriormente: hay que ver la causa principal de la pobreza en las relaciones capitalistas de producción, que se siguen extendiendo de manera prodigiosa por todos los rincones del mundo. La ideología que está detrás de los movimientos que se oponen a la guerra contra el Estado Islámico se ha vaciado de marxismo y de leninismo, se ha convertido en la ideología de la pequeña burguesía, que como siempre sigue atado a lo viejo y no ve lo nuevo.
Todo Estado lo es de una sociedad civil, como toda sociedad civil es para un Estado. Es más: El Estado es la objetivación de la sociedad civil. No deberíamos compartir la ideología burguesa sobre el Estado: un tercero neutral frente a las clases sociales y sus intereses. Los intelectuales franceses que están detrás del manifiesto ¿A quién sirve su guerra?, piensan como si fueran miembros de una sociedad civil independientes de un Estado. Oponen la libertad a la seguridad, como si ambos no fueran valores del Estado burgués, como si una mayor seguridad no proporcionara una mayor libertad. No recuerdan o no conocen la obra de Ilích Ulianov titulada El Estado y la revolución, donde se señala que el Estado socialista seguirá siendo en buena parte un Estado burgués. Los marxistas y los leninistas están por la destrucción del Estado como aparato represor y violento. Pero no ignoran que esa meta está muy lejana. Si todavía las fuerzas productivas del mundo pueden experimentar un notable desarrollo dentro de las relaciones capitalistas, y esto es una evidencia innegable, antes que los Estados como organizadores de la violencia desaparezcan experimentarán todo lo contrario: fortalecimiento y desarrollo de los aparatos represores. El mundo ha cambiado: Europa ya no es el centro. El mundo actual, el mundo de la globalización y de la multipolaridad, nos señala como fuerza ineluctable la constitución de múltiples centros de poder estatal y económico.
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sábado, 7 de noviembre de 2015
Las guerras recientes y el papel de los intelectuales
Rebelión
Por José R. Cervera Grau
La clave de la importancia de retomar el debate (o la ruptura) que se produjo dentro de las corrientes de "izquierda" por la posición de algunos intelectuales en el asunto de la guerra de Libia y de Siria, me la proporcionó el propio Carlos Taibo con su manifiesta incomodidad al tratar de este asunto en una de sus charlas sobre decrecentismo. Aunque Taibo en este tema siempre ha mantenido cierto perfil bajo en contraste con Alba Rico, veamos lo injustificado de su enfado en el "affaire" de la guerra de Libia y de Siria cuando se le intenta relacionar en su toma de posición con la del otro filósofo.
Hay un manifiesto sobre Libia que fue suscrito por Carlos Taibo y muchos otros intelectuales en Abril del 2011, en el que aunque es cierto que cuestiona la guerra humanitaria, resulta que por otra parte se piden cosas que dejan un tanto en evidencia las competencias académicas de los firmantes en materia del derecho internacional y de conocimiento en la metodología sobre cual es el "procedimiento habitual" para esa petición de “expulsar del poder” a Gadafi. La perla del texto es la que recomienda, como un modo de efectuar el recambio de gobierno en Libia, que se podría “reconocer a los rebeldes”:
En efecto, han sido conocidos y reconocidos por sus hazañas estos "rebeldes"…..menos por los que abogaron por ellos que han quedado en silencio salvo para….volver a apoyarlos en Siria:
En ese otro manifiesto sobre Siria, redactado por Santiago Alba Rico y cuyo contenido comparten todos los firmantes entre los que se encuentra Carlos Taibo, el delirio mayúsculo está contenido en esta apreciación. : “…no hay indicio alguno que permita conjeturar sobre una inducción exterior de las protestas”. Afirmar justo lo contrario hubiese sido quedarse corto, como ahora constatamos y entonces ya sabíamos.
No se trata de empañar el prestigio intelectual y libertario de nadie, pero hay necesidad de dudar sobre los criterios de los que generan opiniones vistos los resultados: El problema de estas deducciones erróneas, mejor dicho, de las conjeturas transmutadas en dato objetivo por el prestigio del emisor, es que si provienen de personas con ascendencia sobre otras, generan criterio en los demás....y resultados tangibles en la dificultad de actuación en las personas concienciadas de manera habitual contra la guerra. Por esos mismos resultados físicos y morales de estas guerras sabemos de los peligros de las opiniones no contrastadas sobre hechos objetivos. Uno de estos peligros, es este silencio atronador en el campo que siempre fue antibelicista respecto de la claridad de ideas con la que se movilizó todo el mundo contra la guerra de Irak, mientras las analogías inevitables (pretextos) entre todos estos recientes asesinatos en masa de Irak, Libia y Siria, son mayores cada día que pasa.
Un artífice de la guerra de Irak cómo el señor Tony Blair pide ahora disculpas, no por los miles de muertos ocasionados por esta carnicería, sino por los "errores" de estrategia, de "inteligencia" y por la contribución de ésta al surgimiento del Estado Islámico. Sabemos en que consiste esa petición de perdón, ni hay arrepentimiento real por los asesinatos en masa ni hay propósito de enmienda. También sabemos que hay que ir con cuidado en estos temas devenidos siempre en intoxicación informativa, puesto que relegar la existencia del estado Islámico sólo al hecho de su supuesta creación a partir de exmilitares iraquies, sólo sirve para despistar, echar balones fuera ahora que se han visto al descubierto con la intervención de Rusia contra sus mercenarios en Siria; y sale a la luz quién los creó en realidad, quién los ha apoyado, quienes los conforman en su gran mayoría y de qué manera tan burda no han sido combatidos en absoluto, al contrario, son y han sido apoyados por Occidente y sus títeres contra el gobierno y el pueblo sirio desde hace cuatro años.
Sería bueno también que los intelectuales de la revolución pendiente por delegación, que vieron revolucionarios idealistas dónde era evidente que había otra cosa, y luego siguieron contribuyendo al deformado discurso mediático del poder en el caso sirio, pidiesen también disculpas por sus "errores" de "inteligencia". Al igual que Tony Blair ve en el origen del Estado Islámico los "errores" cometidos en su carnicería de Irak, estos intelectuales deberían de comenzar a pedir disculpas por haber repetido los "errores" en su reconocimiento de "rebeldes", en Libia y a continuación en Siria.
Por el hecho de estar inmersos en una sociedad más alienada que nunca, es todavía más destructivo que determinadas opiniones en base al criterio de una especie de aura intelectual infalible y que es indiscutible de por si; el que ésta se enseñoree desde el supuesto pensamiento crítico con ese pequeño pero indispensable grupo de jóvenes que se atreven a pensar y que quieren actuar. Estas apreciaciones erróneas de ciertos intelectuales tienen su reflejo práctico en la falta de respuesta en estas dos últimas guerras cruciales, decisivas en el tránsito hacia formas superiores de exterminio, dónde se subcontrata la guerra a través de mercenarios, guerras de cuarta generación en Libia con un control mediático modélico, puesto que se ve auspiciado por las propias ONG occidentales y las malversadas buenas intenciones de la parte de población que las apoyan. Todo esto mientras no sólo contamos con la manipulación externa por omisión y tergiversación, sino que a través de un mecanismo de censura interior protofascista, nos anticipamos a la propia represión externa que ya se va configurando.
Los "errores" tuvieron su correlato en la vida y en la muerte de muchos. Hay modulaciones de ello ahora que releemos aquellos artículos y manifiestos que colaboraron en crear un estado de opinión favorable o indiferente hacia una guerra igual de perversa que la de Irak. Ya dijimos que con la guerra de Irak, al menos se articuló una respuesta mundial, movilizaciones enormes, inéditas...que atemorizaron a los generadores de muerte. Todavía no estaba implementado del todo el control férreo del pensamiento a través de las nuevas tecnologías y todavía existían resquicios para otras versiones informativas de lo que acontecía sobre el terreno. En el caso de la guerra de Libia trabajaron con astucia los centros de control social, le dieron forma humana a la masacre, y hasta fomentaron un discurso de "izquierdas" que apoyaría a las "primaveras árabes" desde la ensoñación revolucionaria. La pulsión de conciencias desde el "buenismo" les dio resultados impensables, mejores de los previstos, ante una desmovilización vergonzosa. Venía inscrito en este éxito y en nuestro silencio que el "modus operandi" libio pedía a gritos su repetición en Siria.
Tenemos por delante esa lucha por la paz, contra la guerra neocolonial. Este es el único ecumenismo posible, que lejos de dividir, une....no es expectativa juvenil (casi todas las corrientes políticas en boga son en su gran mayoría de expectación y de espectadores), es una realidad que si el activismo contra la guerra de Irak unió a millones de seres humanos de todas las edades y condición en todo el mundo, ahora puede seguir haciéndolo. Tanto el decrecentismo distópico cómo la socialdemocracia mediática parecen diseñadas para los jóvenes. Incluso me atrevería a afirmar que ambas y en apariencia disonantes corrientes, son coincidentes en ser un modo de dilapidación de la energía transformadora de estos jóvenes que ahí queda empantanada y esterilizada; sin poder ser operativa allí dónde la demanda de este tiempo más lo requiere: El antibelicismo. La lucha contra la guerra sin embargo fue y será intergeneracional. No nos promete más tiempo para hacer el amor, ni trabajar menos, ni nos asegura un "estado de bienestar"; pero permite hacer moralmente lo único correcto en este tiempo: Asegurar la vida humana sobre la tierra. Esto no aparece por ninguna parte mediante una respuesta uniforme y colectiva desde las distintas corrientes ideológicas diseñadas para jóvenes inquietos.
Uno de los principales filósofos marxistas, Domenico Losurdo, apunta en la dirección correcta cuando nos habla de la izquierda ausente y del riesgo de guerra, en esta entrevista:
Citamos estas palabras de Losurdo en la entrevista:
"Hoy asistimos a una guerra neocolonial que algunos países de Occidente han desencadenado, que ha devenido en la destrucción de países como Irak, Libia o Siria. Analistas, investigadores y periodistas hablan ya de que nos encontramos en el preludio de otra guerra de gran envergadura. Es decir, que nos hallamos en una situación próxima a la de una gran crisis histórica: de un lado, el desmantelamiento del Estado social liberal, la austeridad, la penuria y del otro, los conflictos bélicos en curso de los que puede surgir otra guerra a gran escala".
Retomando a Gramsci en este asunto del activismo contra la guerra, Losurdo declara:
"Él (Gramsci) habla de la necesidad de construir un “bloque histórico” del que formara parte no solamente el proletariado sino también aquellas fuerzas populares interesadas en rebasar esta situación llena de peligros. Creo hoy en la necesidad de erigir un nuevo bloque histórico que una a las fuerzas populares, que en Occidente se hallan golpeadas por el paro, el endurecimiento de las condiciones de vida y la pobreza, así como los pueblos del Tercer Mundo que luchan por el desarrollo y contra las ambiciones neocoloniales del Occidente liberal. Deberá combatir contra la creciente polarización social y contra quienes acarician la ilusión de resolver los graves problemas mediante las guerras neocoloniales u otra de mucha mayor envergadura".
Ese Tercer Mundo que de forma interesada apenas aparece en los discursos del decrecentismo distópico ni en la socialdemocracia mediática, tan pendientes de su ombligo; y menos todavía, en unión al primer mundo, en esta tarea histórica de conjurar en común los peligros principales y evidentes.
Restarle importancia a los riesgos de guerras generalizadas o de una guerra nuclear, entra en extraña contradicción con el núcleo milenarista de las ideas sobre el colapso maltusiano que mantiene Taibo con su teoría del decrecimiento. ¿Podemos desaparecer por sobrexplotación de los recursos y no por una guerra nuclear? ¿Es más importante la profecía autocumplida del colapso por sobrexplotación de los recursos que el hecho del colapso en si mismo por motivos distintos? Taibo no ignora los peligros de un neofascismo producto histórico habitual de situaciones cómo la presente, no desconoce que la guerra imperialista es la manifestación emergente, el verdadero colapso de la civilización, fruto de esos bienes “escasos”….para aquellos que los ambicionan todos. ¿Se traduce esta profecía del colapso en una denuncia de la guerra neocolonial concreta durante las charlas de Taibo por toda nuestra geografía en locales juveniles, centros libertarios, en debates, libros, artículos?… Es extraño: No. Si algo está fuera del pensamiento débil de la época, es precisamente la cuestión de la guerra de rapiña anglosajona y la del necesario frente común de la población occidental y de los países del Tercer mundo contra ésta. Un hecho que chirría por pura ausencia. Si sale a relucir, siempre es en equivalencia y equiparación respecto de la actitud defensiva de Rusia. Por mucho que busco no encuentro en Taibo esa inclusión en su noción de colapso del riesgo de guerras generalizadas o de guerra nuclear. De hecho, su parábola del padre de familia diligente que actúa siempre ante la mínima sospecha de riesgo y que ciñe al ámbito medioambiental y de sobrexplotación de los recursos, no es aplicable a si mismo en su condición paternal de promotor de la idea de colapso, cuando el riesgo a considerar es bélico.
Mantener que entre los bloques la similitud de sistemas capitalistas interconectados hace muy difícil una confrontación armada, es ignorar de manera deliberada la historia. ¿Qué fue la Segunda Guerra Mundial en su correlación y colusión con otros países capitalistas desde la Alemania de entonces, sino una carnicería inimaginable pero cierta?
La omisión del papel belicista principal del bloque hegemónico en lo militar y de los riesgos que supone para el mundo esta agresiva conducta repetida hasta la saciedad, ampliamente documentada en millones de muertos desde la segunda guerra mundial, ¿qué garantías absolutas ofrece de que aquí no pasará nada puesto que hay “líneas rojas que no pueden de ser traspasadas”? Taibo en sus reflexiones y juicios sobre Rusia, desde los clichés de su discurso en esta cuestión, equipara en el imaginario colectivo la voracidad belicista occidental con la actitud defensiva de este país, y que no va inscrita en su condición o no de estado socialista; sino que tiene que ver con la supervivencia, ante la amenaza latente de agresión de las potencias occidentales que quieren hacerse con sus vastos recursos. Y esto es ajeno a las condiciones de similitud o diferencia entre las clases dominantes presentes en los gobiernos de los distintos estados: La Alemania nazi compartía sistema económico y relaciones de explotación con muchos países también capitalistas y eso no fue un inconveniente para "traspasar la línea roja" de la guerra de invasión y el saqueo.
Lo que más me confunde es que estoy seguro que entre los intelectuales con predicamento entre jóvenes inquietos, lo que podemos saber el común de los mortales, para ellos es una evidencia todavía mayor. Sus libros y escritos forman y conforman la conciencia de miles de jóvenes en facultades y universidades, en las lecturas que recomiendan otros profesores dado el prestigio alcanzado. Saben quienes pusieron los muertos para derrotar al nazismo y saben de dónde son los muertos que provoca el imperialismo neocolonial, saben de los 50 millones de muertos desde la segunda guerra mundial ocasionados casi en exclusiva por el bando o banda anglosajona en sus aventuras imperiales. El criterio marxista elemental aquel de "¿a quién beneficia?", para a partir de ahí tirar del ovillo hasta los responsables evidentes del mal, algo tan simple, les falla y nos falla cada vez más a menudo.
Sin embargo, en las cuestiones de la admisión del "error" reconozco estar de acuerdo con Taibo en su apreciación genérica de que las ciencias sociales no son ciencias. Si lo fueran, gozarían de la humildad habitual en los científicos, capaces de asumir sus equivocaciones si la testaruda realidad u otra teoría verificada echa por tierra su paradigma.
En la tierra de nadie de la doble negación (Ni OTAN, ni Gadafi), quedaron a salvo o eso creen los autores intelectuales de ese ninismo, los supuestos juicios puros y ecuánimes de sus teorías equiparativas entre bloques, dictaduras e imperialismos; pero la realidad es que los seres humanos de carne y hueso son los que quedaban atrapados entre el sofisma e indefensos ante la guerra de agresión, sin el apoyo habitual de la mayoría de organizaciones de izquierda occidentales y de los jóvenes antibelicistas. Sin embargo, en América Latina tuvieron las cosas muy claras desde el principio, ni más ni menos que del mismo modo que toda la población mundial respecto de la guerra de Irak en su día.
Y en esta parálisis antibélica estamos todavía: Lo más parecido a la verdadera solidaridad internacionalista del no a la guerra, es una caridad hacia los refugiados que desvirtúa esa solidaridad y retroalimenta las agresiones bélicas; puesto que siempre estarán los bienintencionados occidentales incapaces de parar la máquina de guerra occidental, pero siempre dispuestos a través de sus ONG a poner las vendas en las heridas que infligen sus gobiernos. Para ganar alguna revolución, primero tenemos que parar la guerra, evitarla. Y esta victoria sobre el belicismo será el primer acto revolucionario contemporáneo, la plasmación valiente de la única solidaridad real hacia todos los oprimidos de la Tierra.
Hasta Putin, ese denostado y supuesto hombre de paja de oligarcas rusos en los clichés de los medios de comunicación occidentales y también concebido de este modo en las teorías equiparativas y equidistantes entre bloques con independencia de su voracidad y beligerancia, ha optado por un mensaje alternativo al de la confrontación. Tiene propuestas este "Che Guevara del siglo XXI" , tal y cómo lo denomina Taibo de manera mordaz hacia quienes vemos, en realidad sin falsas expectativas revolucionarias (esas expectativas han sido el "error" de otros); un factor de equilibrio mundial en su actuación. "Aquí o nos salvamos todos o no se salva nadie", afirma Taibo de manera formal y obviando la guerra. En el mensaje de Putin si que se implementa la condición de la supervivencia de todos, puesto que es el modo de asegurar la de Rusia. Si que reconoce los vientos de guerra y ve ese peligro de colapso concretado en ellos. Ha sido en la Conferencia de Sochi de hace unos días sobre "La guerra y la paz en el siglo XXI: El ser humano, el estado y la amenaza de un gran conflicto en el siglo XXI"", donde Putin ha planteado lo que muchos intelectuales no mencionan: Las armas nucleares no permiten un ganador en un conflicto global, la existencia de una guerra mediática de acoso a Rusia en la que tantos intelectuales participan, el trato de EE.UU. a sus socios cómo el de amo/vasallo, el apoyo a mercenarios para cambiar a través de una violencia bárbara los gobiernos que no son del agrado de Occidente, etc...También ha dicho eso que queda tan bien de que "o nos salvamos todos o no se salva nadie", pero el resto de sus declaraciones, y hasta el título mismo de la conferencia, hace pensar que en este caso si se cree la sentencia. Ya sabemos que siguiendo la consigna de Serrano Suñer, una gran parte de la intelectualidad tiene la tarea asignada de repetir hasta la saciedad aquello de que "Rusia es culpable". Pero ahora mismo la resistencia a esos planes hegemónicos que proviene de Rusia es la que hace albergar alguna esperanza en un mundo multipolar y por lo tanto no sometido al dictado de los ejemplares gobiernos democráticos occidentales, de altos valores sobre el papel untado en sangre.
En relación a esos valores ilustrados con pretensión de universales, alguien tendrá que explicar cómo y de qué manera los principios democráticos formales y de los derechos humanos, que en la práctica niegan los gobernantes dentro y sobre todo fuera de sus fronteras, tienen luego como principales valedores a cierta intelectualidad; esa que reniega dentro de su país de estos principios burgueses por tramposos e insuficientes y sin embargo luego se atreven a exigir como un salvoconducto, e incluso por encima del derecho a la vida, su estricto cumplimiento en otras latitudes. Por lo general, en aquellos países con gobiernos que no son del agrado del poder occidental.
Sería bueno que la izquierda ausente (Losurdo dixit) empezase a comparecer en este asunto que tanto le atañe, incluso aunque no haya intelectualidad que la respalde; por razones de su propia supervivencia y de la de los demás. La Internacional del siglo XXI es esta lucha final, la que debe reunir a todo el género humano, incluso sin vínculo ético: Sólo el biólogico de ese compartido instinto ciego de la mera supervivencia.
lunes, 28 de septiembre de 2015
La barbarie civilizada del capitalismo
Por Homar Garcés
El escritor portugués José Saramago, Premio Nobel de Literatura, auguró: “El desplazamiento del sur al norte es inevitable; no valdrán alambradas, muros ni deportaciones: vendrán por millones. Europa será conquistada por los hambrientos. Vienen buscando lo que les robamos. No hay retorno para ellos porque proceden de una hambruna de siglos y vienen rastreando el olor de la pitanza. El reparto está cada vez más cerca. Las trompetas han empezado a sonar. El odio está servido y necesitaremos políticos que sepan estar a la altura de las circunstancias”.
Los pueblos de Afganistán, Irak, Libia, Siria y Yemen -víctimas desde 2001 de la codicia inconmensurable de las grandes corporaciones transnacionales petroleras que operan desde Estados Unidos y Europa occidental- se han visto obligados a sufrir penurias de todo tipo, gracias a la cruzada protagonizada por estos países “civilizados” en su combate sin límites ni fecha de terminación contra el “terrorismo internacional”, el cual sólo tiene como enemigos presuntos o potenciales a aquellos pueblos y regímenes que no comulgan con su credo de superioridad racial, religiosa y/o cultural, ni aceptan continuar sometidos a una tiranía mundial compartida donde sobresale Estados Unidos -con su mando de la OTAN- como el policía de mayor rango. Esto sin incluir la ofensiva militar de Arabia Saudita a Yemen o las decenas de miles de muertos y heridos provocados por los bombardeos y ataques de Israel a zonas residenciales de Gaza y Cisjordania en su empeño por exterminar de la faz de la tierra al pueblo ancestral de Palestina, condenado a sufrir privaciones de toda clase bajo el régimen sionista israelí.
Con Libia, Estados Unidos y la OTAN cambiaron en parte el formato de agresiones aplicado en el resto de naciones invadidas. Esta vez la agresión a Libia (a diferencia de Afganistán e Irak) estuvo concentrada en los bombardeos y el uso de mercenarios pro-occidentales, los mismos que darían nacimiento al grupo Al Qaeda, acaudillado por Osama Bin Laden, ex pupilo de la Agencia Central de Inteligencia estadounidense (CIA) durante la Guerra Fría, del cual -a su vez- deriva el denominado Estado Islámico (ISIS o Dáesh). Además, se debe mencionar que dicha agresión neo-imperialista se basó en dos resoluciones de la ONU, las números 1970 y 1973, emanadas del Consejo de Seguridad, con lo que sus acciones adquirían cierta dosis de legitimidad ante el mundo, ya que se trataba de “proteger a los civiles y a las áreas pobladas bajo amenaza de ataques” por parte de las fuerzas leales a Muamar el Gadafi. Esto ha servido de fundamento para aspirar en hacer lo mismo en territorio sirio. No obstante, ni Estados Unidos ni Europa occidental supieron calcular las consecuencias de sus acciones belicistas en Oriente Medio y África subsahariana.
Al producirse abruptamente la disminución de sus condiciones materiales de vida, con destrucción sistemática de toda la infraestructura existente hasta entonces y, además, padecer el terrorismo y la inestabilidad política en sus países, viendo completamente trastornada la realidad socio-política, socio-económica y socio-histórica en la cual se desenvolvieran toda su vida, muchos de sus habitantes optaron por migrar en masa a las naciones responsables de su nueva condición, convertidos así en una “onda expansiva” de migrantes, al parecer incontrolable, que ahora sí preocupa a los gobiernos europeos. Éstos son los residuos poblacionales que antiguamente constituían el ejército de reserva del sistema capitalista avanzado y periférico; y que hoy, a riesgo de perder la vida -como pasó con muchos durante la travesía por el mar Mediterráneo, incluyendo a niños que no rebasan la edad de tres años- prácticamente, ante la indiferencia absoluta de la ONU y la opinión pública mundial, constituyen la mayor demostración respecto a que el sistema capitalista no contabiliza como haberes la dignidad ni los sueños rotos de los demás seres humanos; incluyendo en ello la destrucción irracional de poblaciones enteras y de vestigios de civilizaciones antiguas, en una estrategia por acabar con cualquier sentido nacionalista y/o de pertenencia de quienes resisten la barbarie civilizada del capitalismo actual.
viernes, 3 de octubre de 2014
Magra memoria
Rebelión
Por Eduardo Montes de Oca
A todas luces, en la actualidad -¿siempre?- la memoria histórica pasa de magra. Está más bien distrófica. Porque si no constituye mera táctica de las elites, de sus corifeos y coros, alabarderos, muchos están obviando lo que la vida enseña palmariamente y recoge de epigramática manera un analista de fuste: “Basta estudiar los sucesos del Imperio romano entre el 250 y el 350 D.C. (con la breve excepción del período de Adriano) para encontrarnos con esa violencia sin sentido como única respuesta a la pérdida del poder interno y externo. Este ejemplo se repite cuando estudiamos los colapsos y desintegraciones de otros Imperios”.
Aun a riesgo de cometer pecado de lesa autoridad intelectual, aventuremos que hogaño se reitera en son de drama, que de no farsa, lo que antaño fue eso mismo: drama. Tragedia. Como bien apunta Miguel Guaglianone, en el digital Barómetro Internacional, “los éxitos de las intervenciones armadas que EE.UU. realizó en todo el mundo a partir del fin de la Segunda Guerra Mundial empezaron a convertirse en fracasos a partir de la derrota en Vietnam y vienen haciéndose sistemáticos. Las ‘guerras nunca ganadas’ de Afganistán e Irak son paradigmas al respecto. Los fiascos en las intervenciones de nuevo tipo pueden ejemplificarse con Libia, donde aún hoy el objetivo de apoderarse de su petróleo no ha podido ser cumplido (lo que queda de Libia solo produce el 20 por ciento del crudo que producía cuando Kaddafi)...”
Sí, la cita es larga, pero más larga deviene la cadena de estropicios que un gran paquidermo llamado Estados Unidos anda acarreando en la cristalería del orbe –y recurrimos a una analogía ensayada por nuestra fuente-. “Solo la balcanización y el caos ha sido el resultado de sus intervenciones, como en la propia Libia, en Ucrania o en Irak. En los dos primeros casos, cualquier análisis político previo serio mostraba que no era posible provocar rupturas institucionales en estos Estados-nación sometidos a grandes tensiones internas, sin provocar inevitablemente su balcanización. Hacer desaparecer a Kadaffi y a Yanukovich, que eran los factores estabilizadores de esas tensiones, provocó un efecto centrífugo que cualquiera con ‘dos dedos de frente’ o un mínimo de competencia hubiera previsto fácilmente. La incompetencia también se muestra en la imposición de gobiernos ‘títeres’ sin ningún tipo de apoyo interno, destinados al fracaso. En otras épocas los EE.UU. buscaban en las sociedades que intervenían a factores de poder internos que pudieran mantener ‘gobiernos amigos’ estables, hoy no solo no son capaces de lograrlo, sino que muestran que ni siquiera lo tienen en cuenta antes de actuar”.
¿Por qué? Por eso de que hablábamos. Por la suerte de ceguera que aqueja a las potencias en la carrera de relevos que supone el decurso de la existencia de la humanidad. Desesperación e impotencia estremecen al Tío Sam ante la caída de su influencia en el orbe y el surgimiento de nuevos actores en la escena geopolítica. Frente a acontecimientos tales la reemergencia de Rusia como uno de los principales actores planetarios, la consolidada gravitación de China en el panorama universal, y la creciente significación de los Brics.
Por cierto, cambios que, convengamos con el conocido sociólogo Atilio Borón, “favorecen los proyectos emancipatorios de Nuestra América, porque el derrumbe del unipolarismo norteamericano y la acelerada –y por lo que parece, irreversible- edificación de una estructura multipolar de poder mundial abre nuevos e inéditos márgenes de maniobra para los países de América Latina y el Caribe, tradicionalmente sometidos al yugo estadounidense”.
Ojo: lo que aquí voceamos está muy lejos de simple desiderátum de izquierdista dizque trasnochado –curémonos en salud ante un ataque desde la susodicha memoria anoréxica-. No en balde Alexander Donetsky pone énfasis en que Europa fue realmente impactada por la réplica de Moscú a las acciones punitivas recién impuestas en su contra. En el colorido lenguaje del observador, la política de sanciones implementada por Estados Unidos y la Unión Europea es como escupir hacia el cielo.
“La Unión Europea podría perder hasta 12 mil millones de euros (16 mil millones de dólares) debido a la prohibición de Rusia de importación de sus alimentos. Esto fue pronosticado antes de las sanciones de Rusia, en el sentido que los Estados bálticos perderían alrededor del 10 por ciento de su Producto Interno Bruto. Latvia [Letonia] exportaba el 90 por ciento de su pesca hacia Rusia. Ahora muchos productores de pescados y mariscos del país se enfrentan a la quiebra. Lituania tiene problemas al perder el mercado para los dos tercios de sus exportaciones de porcino. Estonia la está pasando mal debido a que antes exportaba entre un cuarto y un tercio de sus productos agrícolas a Rusia. Los productores finlandeses de mantequilla han entrado en pánico. Ellos exportaban su producto a Rusia desde comienzos del siglo pasado. Los horticultores polacos también están en problemas. Los agricultores holandeses, húngaros, búlgaros, alemanes, franceses e italianos y los pescadores noruegos perderán ingresos que se calculan en miles de millones de euros...”.
Y esto representa apenas el escorzo de una situación que viene a confirmarnos la tesis de la desmemoria, espontánea o provocada. La reincidencia en un error de “prosapia” está dictada en estos momentos por el paranoide -¿baldío?- objetivo de prevenir la reaparición de un rival, anhelo que ha lanzado a la potencia de cada época a un aquelarre de guerras que en el presente podrían dar al traste con la especie toda, dados los artilugios de holocausto acumulados por tirios y troyanos. Más en el caso de unos estrategas que, al decir de la articulista Vicky Peláez, en RIA Novosti, están obsesionados con un “autoproclamado rol divino de ser el Gran Patrón del mundo entero”...
Por lo cual, rumiándolo bien, uno llega a dudar de la desmemoria como explicación. Quizás reine un irracional empecinamiento, en lugar de la incapacidad de reproducir los eventos y extraer las consiguientes lecciones. Tal vez hayan barajado las consecuencias. Pero qué hacer, si aun cuando los obsesivos compulsivos saben que la frenética imagen que los asedia no tiene un asidero real, no pueden escapar de los rituales a manera de conjuro. En el caso de los Estados Unidos, aquello de que “lo que es bueno para América [la anglosajona, la que usurpó incluso la toponimia] es bueno para todo el mundo”, como ha remarcado irónicamente el escritor norteamericano Johnson Chalmers, citado por Peláez, viene a ser el imparable tic tac del tiempo, de su tiempo. Una idea fija empotrada en el cráneo de los mandamases.
¿Llegará el águila a aceptar un cielo donde ella no planee en solitario? Menuda temeridad la de responder positivamente, tomando en cuenta el ¿orgánico olvido? de los imperios, cuya desintegración, converjamos una vez más, ha sido siempre seguida por oscuros lapsos de terror y caos, que los historiadores, tan puntillosos, califican de interregnos. “Estos períodos pueden llegar a ser prolongados, hasta que comienzan a aparecer nuevas estructuras de poder e instituciones que restauran los procesos sociales y políticos desaparecidos. Todo parece indicar que estamos dirigiéndonos hacia allí”.
Pero coincidamos también en que “corremos el riesgo de que el colapso nos arrastre a todos”. Por ende, “la tarea consiste hoy en prepararnos para resistir la dispersión. Consolidar las nuevas estructuras sociopolíticas de poder nacientes y promover las visiones culturales propias y los sistemas de valores alternativos que surgen del seno de nuestros pueblos emergentes, como las armas más adecuadas para enfrentar la situación”.
Trabajemos, entonces, por que cobre el peso requerido el don de recordar. El mismo que, si enteco, distrófico, podría derivar en apocalipsis. Así. Sin vuelta de hoja.
miércoles, 16 de enero de 2013
De Panamá a Yugoslavia, Irak, Libia y Siria
Por Felicity Arbuthnot
“No comprendo esta gazmoñería sobre el uso de gas.
Hemos adoptado definitivamente la posición en la Conferencia de Paz
de argumentar a favor de la retención del gas como un método permanente de guerra…
Estoy fuertemente a favor de utilizar gas tóxico contra tribus incivilizadas”.
Winston S. Churchill, 1874-1965, del acta del War Office, 12 de mayo de 1919.
Mientras la agresividad contra Siria aumenta, así como las afirmaciones cada vez más aventuradas y los dobles raseros, y agitan, complotan y financian terroristas (perdón: “ayudan a la oposición legítima”), es instructivo considerar las justificaciones presentadas por los gobiernos de EE.UU. en otras incursiones asesinas de la historia reciente.
Este mes se cumple el vigésimo tercer aniversario de la invasión de Panamá por EE.UU. el 20 de diciembre de 1989, mientras los panameños preparaban sus celebraciones de Navidad. Una rápida búsqueda nos recuerda que el difunto Philip Agee recordó que el presidente George H.W. Bush dijo al pueblo estadounidense que la amenaza de Panamá (población: 3.571.185 – 2011) era tan grande que “nuestro modo de vida está en juego”. Agee se refirió a esto en su conferencia acertadamente llamada “Produciendo la crisis adecuada” [1]. Acertada entonces como ahora. Nada cambia.
El objetivo de la invasión era capturar al dirigente del país, general Manuel Noriega y, por supuesto, “establecer un gobierno democrático”. Cambio de régimen.
Con la próxima transferencia del control del Canal de Panamá a Panamá (programada originalmente para el 1 de enero de 1990) después de un siglo de administración colonial estadounidense, EE.UU. quería asegurarse de que estuviera en manos de aliados dóciles.
Noriega, un activo de la CIA desde 1967 [2] quien también había asistido a la tristemente célebre Escuela de las Américas en Fort Benning, Georgia, llegó al poder con el respaldo de EE.UU., pero aparentemente su apoyo a EE.UU. se debilitaba. Para resumir una larga historia, EE.UU. lo secuestró y lo condenó a cuarenta años de cárcel.
Los planes de invasión se llamaron: “Operación Devocionario”. Después fue rebautizada “Operación Causa Justa”, y el general Colin Powell comentó que era un sobrenombre de lo que él aprobó ya que “Incluso nuestros críticos más duros tendrían que decir “Causa Justa” al atacarnos”. (Colin Powell, con Joseph E. Persico: My American Journey, 1995.)
Todo el pillaje militar debería llamarse simplemente: “Operación Nombre Estúpido 1, luego 2, 3, 4, etc., hasta que se acabaran los números.
27.000 soldados estadounidenses apoyados por helicópteros Apache diezmaron gran parte del pequeño país, con una fuerza de defensa de solo 3.000. George Bush padre, dijo que se trataba de derrocar a un maligno dictador que estaba abusando de su propio pueblo (¿suena conocido?) y que la acción era necesaria para “proteger vidas estadounidenses”. También se trataba de “defender la democracia y los derechos humanos en Panamá” y de “proteger el Canal”. ¡Qué sorpresa! ¿Verdad?
Manuel Noriega fue liberado de la cárcel estadounidense en 2007, extraditado a Francia que le había otorgado el máximo honor del país, la Legion d’honneur en 1987. Permaneció en la cárcel en Francia hasta diciembre de 2011, y fue devuelto a Panamá, donde todavía está en la cárcel.
En la casi olvidada diezma de Panamá (a menos que se sea panameño) el densamente poblado, empobrecido corregimiento de El Chorrillo fue incinerado por las acciones de EE.UU. en tal medida que se denominó “Pequeña Hiroshima”.
Una mujer acusó de que “Los norteamericanos comenzaron a quemar El Chorrillo cerca de las 6.30 de la mañana. Lanzaban un pequeño artefacto a una casa y se incendiaba, luego iban a otra, quemaban de una calle a la siguiente, coordinando los incendios con radio-teléfonos portátiles”.
Según las informaciones un soldado estadounidense declaró: “Pedimos que os rindáis… si no lo hacéis, estamos dispuestos a arrasar todos y cada uno de los edificios”.
“Disparaban a todo lo que se movía”, dijo un residente de la ciudad.
Los muertos fueron enviados a fosas comunes y los testigos declararon que los soldados estadounidenses usaron lanzallamas contra los muertos, y señalaron que los cuerpos se retorcían al arder. Otros fueron nivelados con excavadoras [3].
Hubo cosas peores. Mientras actuales declaraciones farisaicas, aunque contradictorias, fluyen de Washington y Whitehall sobre las armas químicas no corroboradas de Siria, los hechos probados se relacionan con las de EE.UU.
“De los años cuarenta a los noventa, EE.UU. utilizó varias partes de Panamá como terreno de pruebas de armas químicas, incluyendo gas mostaza, VX, sarín, cianuro de hidrógeno y otros gases neurotóxicos… en minas, cohetes y obuses; tal vez decenas de miles de municiones químicas”. (William Blum: Rogue State, 2002).
Además, al partir de Panamá a finales de 1999 dejaron “muchos sitios que contenían armas químicas. También habían: “realizado pruebas secretas de Agente Naranja en Panamá…” En la invasión de 1989, la aldea de Pacora, cerca de Ciudad de Panamá: “fue bombardeada con (productos químicos) por helicópteros y aviones del Comando Sur de EE.UU., con sustancias que quemaban la piel, causaban intenso dolor y diarrea”.
Muchos analistas pensaron que Panamá fue el terreno de prueba para Irak.
Nueve meses después del envenenamiento de Panamá, en el Día de Hiroshima de 1990, las Naciones Unidas impusieron el estrangulador embargo contra Irak impulsado por EE.UU., una vez que la embajadora de EE.UU. en Irak, April Glaspie, dio luz verde para que Sadam Hussein invadiera Kuwait, después de la considerable provocación y desestabilización financiera y geográfica de Kuwait [4].
El sensacionalismo sobre armas químicas y otras se disparó, llevando a Sadam Hussein a comentar: “Me temo que un día diréis que producimos pólvora usando trigo”.
Trece meses después de Panamá, EE.UU. dirigió una coalición de 31 países para “reducir Irak a una era pre-industrial”. Los únicos productos químicos liberados en Irak fueron la tóxica mezcla de las fábricas bombardeadas de farmacéuticos y fertilizantes, las plantas productoras de coches y las fábricas de toda la base industrial de Irak, incluyendo los complejos con sustancias químicas y biológicas, y medicamentos, vendidos a Irak por EE.UU., Reino Unido, Alemania y otros durante las décadas anteriores, ventas que irónicamente, continuaban mientras tenía lugar el ataque [5].
Sin embargo, se introdujeron sustancias altamente tóxicas y radiactivas en Irak, en la forma de hasta setecientas cincuenta toneladas de municiones de uranio empobrecido químicamente tóxico y radiactivo con una “vida media” tóxica de 4.500 millones de años. La lista interminable de bebés deformes, nacidos muertos, abortados, infantes nacidos con cánceres, las pequeñas tumbas, es un testimonio silencioso de las armas de destrucción masiva de singular perversidad. Irak fue bombardeado durante 42 días y sus noches.
Las exageradamente publicitadas armas químicas presuntamente fabricadas por Irak, por supuesto nunca se encontraron.
El 24 de marzo de 1999, la OTAN comenzó a liberar Kosovo de Serbia. (El estúpido nombre dado por EE.UU: Operación Yunque Noble) Se calcula que Kosovo tenía “inagotables” minerales por un valor estimado en diez billones (millones de millones) de dólares en las minas Trebca.
La “liberación” consistió en 78 días de continuo bombardeo, incluyendo el uso de armamento con uranio empobrecido. Se lanzaron 20.000 toneladas de bombas. Destruyeron sistemáticamente centros de comunicación, depósitos de combustible, aeropuertos, comunicaciones de tráfico, trenes, mercados, la embajada china, que se opuso al ataque. La OTAN, poco convincentemente, dijo que tenía el mapa equivocado. Y, por cierto, el centro de los medios de comunicación. El asesinato de periodistas es ahora otra rutina, un crimen de guerra por el que no hay que rendir cuentas.
Antes del ataque, el Pentágono declaró que el ejército de Yugoslavia poseía por lo menos dos tipos de gases tóxicos, con instalaciones para producirlos. El Departamento de Defensa de EE.UU. advirtió a Slobodan Milosevic y al Estado Mayor del ejército yugoslavo: “Si Belgrado utiliza gases tóxicos sarín y de mostaza contra la OTAN, la respuesta de la Organización del Tratado del Atlántico Norte será devastadora”.
Curiosamente, después del inicio de los ataques aéreos, la OTAN no mencionó una sola vez que estaba atacando la capacidad de producción de armas químicas de Serbia declarada por EE.UU. (Zagreb Globus, 16 de abril de 1999, páginas 18-19.)
La destrucción en escala masiva, sin embargo, no afectó las minas de Trebca.
El 14 de agosto de 2000, novecientos soldados fuertemente armados británicos, franceses, italianos, paquistaníes y de KFOR aterrizaron en helicópteros en las minas. Los administradores y los trabajadores trataron de resistir y fueron golpeados, atacados con gases lacrimógenos y con balas de plástico. El personal resistente fue arrestado.
Los documentos de la ONU describieron la acción como “…inducción de la democratización en Kosovo”. El ataque, de hecho, allanó el camino para la venta de las minas con su contenido “inextinguible” de unas 77.302.000 toneladas de carbón, cobre, zinc, plomo, níquel, oro, plata, mármol, manganeso, mineral de hierro, asbesto y piedra caliza “para solo mencionar algunos” a grupos privados extranjeros (Informes noticiosos, sitios en la web.)
El “Ejército de Liberación de Kosovo” había sido: “…entrenado y apoyado durante años con millones de dólares estadounidenses y marcos alemanes… a través de la CIA y del BND (servicio de inteligencia alemán) para esta guerra, engañosamente llamada guerra civil” [6] por gobiernos y portavoces de los gobiernos de la OTAN.
Las propiedades químicas y radiológicas del uranio empobrecido también llovieron sobre la antigua Yugoslavia. En 2001, doctores del hospital de Kosovo Mitrovica dirigido por serbios declararon que la cantidad de pacientes que sufrían enfermedades malignas había aumentado un 200% desde un estudio de 1998.
Un estudio de 2003 del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (UNEP) encontró muestras contaminadas de agua potable y de aire en Bosnia Herzegovina. No hubo, por supuesto: “causa de alarma”. Pekka Haavisto, exministro del Medio Ambiente de Finlandia, jefe de UNEP, pidió una amplia y exhaustiva investigación científica para establecer la verdadera medida y los peligros de la contaminación. EE.UU. –citado como el único país que utilizó armas de uranio empobrecido en ese conflicto– bloqueó la solicitud [7].
Sin embargo, hubo alarma en Europa cuando mantenedores de la paz italianos, portugueses, belgas y franceses en la región desarrollaron cánceres, en cosa de meses; una elevada proporción de los diagnosticados murieron. Mantenedores de la paz noruegos se negaron a ser involucrados [8].
“Menos de un mes después del fin de la guerra en Yugoslavia en 1999, el Consejo Nacional Británico de Protección Radiológica advirtió a los ciudadanos británicos de los peligros de permanecer en Kosovo debido a la contaminación de su territorio por armas de uranio empobrecido”.
Los mantenedores de la paz, por cierto, estuvieron en Kosovo solo durante semanas o meses, la gente de la región vive allí, y la condición difícil de su salud y la de futuras generaciones fue ignorada y olvidada por sus “liberadores”. Tenían otros “tiranos” que derrocar, otras poblaciones que librar de sus vidas, sus extremidades y sus medios de vida.
Irak, había vuelto a ser bombardeado por EE.UU. y Reino Unido durante la temporada de Navidad de 1998, cuatro meses antes del ataque a Yugoslavia y había vuelto a los radares de la invasión desde entonces. Las mentiras eran familiares, e incesantes, un ejemplo actualmente tópico, uno de tantos:
“2 de septiembre de 2002: Expertos: Iraq tiene toneladas de armas químicas.
“Mientras algunos en el gobierno de Bush presionan a favor de un ataque preventivo contra Irak, expertos en armas dicen que hay creciente evidencia de que el presidente iraquí Sadam Hussein ha acumulado grandes existencias de armas químicas y biológicas que oculta ante un posible ataque militar de EE.UU.
“La preocupación de Washington es que Irak podría suministrar esas armas a grupos terroristas… ‘Si esperamos hasta que el peligro sea evidente, podría ser demasiado tarde’ dijo el senador Joseph Biden, demócrata de Delaware, presidente del Comité de Relaciones Exteriores”.
Ahora que Biden es vicepresidente, no podemos dejar de preguntar si tiene alguna participación en el sesgo sobre Siria, con sus palabras extrañamente similares.
“John Wolfsthal, analista de la Fundación Carnegie por la Paz Internacional, dijo que el inventario de Irak es significativo: ‘Irak sigue poseyendo varias toneladas de agentes de armas químicas, lo suficiente para matar a miles y miles de civiles o soldados’, dijo Wolfsthal” [9].
Además: “Expertos en armas de las Naciones Unidas han dicho que Irak puede haber almacenado más de 600 toneladas métricas de agentes químicos, incluyendo gas mostaza, VX y sarín. Tampoco se conoce el paradero de unos 25.000 cohetes y 15.000 obuses de artillería con agentes químicos, dijeron los expertos.
“Lo que preocupa es que tienen a mano, o podrían crear rápidamente, la capacidad de producir vastas cantidades de ántrax, toneladas de material”, fue la declaración adicional de Wolfsthal.
“El secretario de Defensa Donald Rumsfeld” afirmó: “…Irak tiene laboratorios móviles de armas biológicas, que sería casi imposible de identificar y atacar para las fuerzas de EE.UU.” Las vidas de miles de personas están en juego, dijo. Por cierto, desde la invasión las muertes de iraquíes a manos de estadounidenses y británicos o de sus milicias, y el gobierno títere impuesto, representan un verdadero holocausto.
Según Jonathan Schwartz, quien volvió a enfocar el montón de mentiras sobre Irak del general Colin Powell el 5 de febrero de 2003: “Mis colegas, cada declaración que hago hoy está respaldada por fuentes, fuentes sólidas. No son afirmaciones. Lo que os presento son hechos y conclusiones basados en inteligencia sólida…” Powell está ahora arrepentido.
Schwartz muestra poca comprensión. En el quinto aniversario de las estupideces engañosas de Powell, el 5 de febrero de 2008, comentó: “A pesar de todas las críticas que Powell ha recibido por esto –lo llama ‘doloroso’ y algo que ‘siempre formará parte de mi historial’– no se aproxima a lo que está justificado. Powell estuvo mucho más que horriblemente equivocado, la evidencia es concluyente de que amañó pruebas e ignoró repetidas advertencias de que lo que estaba diciendo era falso”.
La invasión totalmente ilegal de Irak, basada en un montón transatlántico de mentiras había comenzado solo 45 días después. ¿Su Nombre muy Estúpido? “Operation Iraqi Liberation”: OIL [Petróleo].
Las mentiras sobre Libia –que bajo el coronel Gadafi llegó a la punta del Índex de Desarrollo Humano en África– son de memoria reciente. A pesar de ello, unos pocos recuerdos:
Los traidores pagados por la CIA abundan en estas invasiones y otras durante muchas décadas. Por ejemplo el general Abdul Fatah Younis, ministro del Interior del coronel Gadafi, quien “desertó hacia la oposición” –¿cuál habrá sido su precio?– y llegó a ser jefe de Estado Mayor de los insurgentes: “…abogó a favor de que los aliados de la OTAN armaran a los rebeldes con armas pesadas, incluidos helicópteros y misiles antitanques, para defender la ciudad sitiada de Misrata. Predijo que el dictador… estaría dispuesto a utilizar armas químicas como último recurso contra los rebeldes o la población civil”. (Sorprendente, palabras idénticas a las de la lista de argumentos de la actual “oposición” siria.)
“Ahora Gadafi está desesperado. Por desgracia todavía tiene cerca de un 25% de sus armas químicas, que podría utilizar ya que está en una situación desesperada…”
“Se sabe que el coronel Gadafi tiene cerca de 10 toneladas de gas mostaza restantes de las existencias que había estado destruyendo bajo la supervisión de un organismo de las Naciones Unidas, la Organización para la Prohibición de Armas Químicas” [10].
En contexto, en 2002, Neil Mackay, galardonado editor de investigaciones del Sunday Herald, explicó que: “Impulsado por la codicia y una profunda falta de moralidad, el gobierno británico violó la Convención de Armas Químicas vendiendo productos químicos “que podían convertirse en armas de guerra”.
Los países que se beneficiaron de las ventas británicas, declaró Mackay, incluían a Libia, Yemen, Israel, Arabia Saudí, Chipre, India, Kenia, Kuwait, Malasia, Nigeria, Omán, Pakistán, Singapur, Eslovenia, Sudáfrica, Corea del Sur, Sri Lanka, Tanzania, Turquía y Uganda, “admitió claramente” un encargado del Departamento de Comercio e Industria.
Después del apretón de manos de Tony Blair con el coronel Gadafi en marzo de 2004, el gobierno británico anunció planes para enviar sus expertos a Libia a fin de destruir las armas químicas que había vendido, señalando que el coronel Gadafi había engañado a Blair sobre su existencia. Parecen haber olvidado que él tenía los documentos de envío. Igual a las ambigüedades del Reino Unido sobre Irak.
Entre el comienzo de la destrucción de Libia el 19 de marzo de 2011 y la toma de posesión de la OTAN el 31 de marzo de 2011, EE.UU. y el Reino Unido lanzaron 110 misiles Crucero contra un país con una población de menos de 6,5 millones de habitantes. Cuando la OTAN asumió el mando de la “intervención humanitaria”, atacó a esa mínima población con 26.500 incursiones de bombardeo.
Por supuesto no hubo lágrimas presidenciales por los niños muertos en Libia, cuya defunción debió de estar precedida de un terror inimaginable, en un ataque que tuvo dos Nombres Estúpidos, uno para EE.UU.: “Operación Odisea del Amanecer” y otro para la de OTAN: “Operación Protector Unificado”, esta última, desafía todo comentario.
El propio Gadafi perdió tres nietos pequeños y tres hijos. En 1986, en otro bombardeo de EE.UU. perdió una pequeña hija adoptada.
Momentos después de ser informada sobre su terrible muerte a manos de una turba rabiosa “protegida” por la OTAN, la secretaria de Estado Hillary Clinton apareció riendo en la televisión mientras decía: “Fuimos, vimos, murió”.
Hace tiempo que dijo: “Realmente pienso que se necesita una aldea para criar a un niño”. Ahora parece que piensa que hay que borrar del mapa la aldea, sus niños, sus padres y linchar al anciano de la aldea para tener una oportunidad de estridente regocijo en la televisión.
El 4 de diciembre de 2012, Clinton advirtió de que el presidente Bashar al-Asad de Siria podría estar moviendo, adivinad qué: “un arsenal de armas químicas”.
“Hemos dejado muy claros nuestros puntos de vista. Esta es una línea roja para EE.UU. No voy a detallar específicamente lo que haríamos en caso de tener pruebas de que el régimen de Asad ha recurrido al uso de armas químicas contra su propio pueblo, pero baste con decir que ciertamente planificamos entrar en acción en caso de que ocurriera”, dijo en una conferencia de prensa en Praga.
Por supuesto se “podrían utilizar” armas “para contener gas sarín”, según otro funcionario estadounidense. Otro agregó: “…estamos preocupados por cualquier acción que pueda significar que están dispuestos de alguna manera a utilizar esas armas químicas contra su propio pueblo [11].
“Déjà vu una vez más”, como dicen.
Siria respondió el 6 de diciembre: “Siria vuelve a subrayar, por décima, centésima vez, que si tuviéramos armas semejantes, no se utilizarían contra el pueblo. No cometeríamos suicidio,” dijo el ministro adjunto de Exteriores Faisal Al Maqdad en la televisión libanesa Al Manar …”
“Tememos que exista una conspiración para suministrar un pretexto para cualesquiera intervenciones subsiguientes en Siria por parte de los países que aumentan la presión sobre Siria”. Por cierto. No se puede decir que sea la primera vez.
A finales de octubre, tropas estadounidenses llegaron a Jordania para un gran ejercicio conjunto cerca de la frontera siria. Operación Nombre Estúpido e Infantil: “Operación León Ambicioso”. Al Asad se traduce en árabe como: el león.
Irónicamente, la primera afirmación de que Siria tiene armas químicas parece haber provenido de John R. Bolton, quien según el congresista Henry Waxman persuadió a George W. Bush para que incluyera el cuento de hadas de la compra de óxido de uranio de Níger en su discurso sobre el Estado de la Unión de 2003. La afirmación no se ha demostrado, sin embargo, ya que los documentos todavía están clasificados.
Bolton está involucrado con una plétora de organizaciones menos que liberales, incluyendo el Proyecto para el Nuevo Siglo Estadounidense, el Instituto Judío para Asuntos de Seguridad Nacional (JINSA) y la Asociación Nacional del Rifle.
En relación con Siria, también hay que recordar que el país sufre sanciones cada vez más duras desde 2004.
El exinspector jefe de Armas de Irak Scott Ritter ha escrito que: “las armas químicas tienen una vida útil de cinco años. Las armas biológicas tienen una vida útil de tres”. También emiten un “éter”, dicen los expertos, que puede ser identificado por la vigilancia satelital, a la que es seguro que Siria, como antes Irak, ha sido sometida exhaustivamente.
Dios no lo quiera, Washington, Whitehall, Tel Aviv y la coalición de los coactivos de nuevo hacen aspavientos por nada. Dios ayude al que les crea.
Notas:
11. http://news.yahoo.com/clinton-assads-chemical-weapons-red-line-us-170103890–abc-news-politics.html
* Felicity Arbuthnot es una periodista con profundos conocimientos de Irak. Es autora, con Nikki van der Gaag, de la serie “Baghdad in the Great City” para World Almanac Books. Ha sido también investigadora en dos documentales premiados sobre Irak: “John Pilger’s Paying the Price: Killing the Children of Iraq” y “Denis Halliday Ret
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