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lunes, 31 de enero de 2022

El derecho a la desconexión


Rebelión

Por Renán Vega Cantor 

Publicado en El Colectivo (Medellín), diciembre de 2021

Desde hace años los mercachifles tecnocráticos que se mueven en torno a la educación y la conciben como un vulgar negocio venían anunciando los efectos maravillosos que tendría la colonización tecnológica del proceso educativo. Gurúes de la microelectrónica (Bill Gates, Steve Jobs, Nicolas Negroponte…), divulgadores de éxito mediático (Thomas Friedman, Jeremy Rifkin…), sociólogos de la era de la información (Manuel Castells), pretendidos teóricos de la educación (por ejemplo Sugana Mitra y su proyecto de “Escuela en la Nube”) como profetas de las tecno-utopía  digital señalaban que eran necesarios otro tipo de pedagogía y una nueva educación, cuya característica principal debía ser la invasión del espacio escolar por los artefactos microelectrónicos que debían ir sustituyendo a los profesores, convertirlos en simples mediadores entre los aparatos y los estudiantes y, como por arte de magia, los niños y jóvenes se volverían sabios y creadores. Con arrogancia, para citar un solo ejemplo, Sugana Mitra dice en un texto escrito en 2019 que ese libro es “para ayudarle a ver que su hijo no necesita docentes. Creemos que los alumnos pueden aprender en la nube”. Agrega que “Si se les da acceso a internet en grupo los niños pueden aprender cualquier cosa por sí mismos”, y dice esta estupidez: “Internet sabe [sic] lo que los miles de millones de personas que componemos la humanidad sabemos y queremos comunicar”.

La pandemia del Coronavirus, con el confinamiento forzoso que generó y la interrupción súbita y mundial de la educación presencial, fue la oportunidad soñada por los tecnoutopistas mencionados, unos para hacer negocios (vendiendo millones adicionales de cachivaches microelectrónicos) y otros para implementar en la práctica su anunciada “revolucionaria” educación virtual. En los dos últimos años se ha puesto en marcha la colonización virtual del espacio escolar y del proceso laboral de los profesores. Esta experiencia real, permite juzgar los anuncios de Mitra y compañía con la dura realidad que ha sacado a flote la Educación Remota de Emergencia.

Para empezar, se evidenció la desigualdad social imperante en el terreno educativo y en el acceso a artefactos microelectrónicos. La brecha tecnológica mundial y local en cada país confirmó la falacia de un acceso universal a internet, lo cual está condicionado por el nivel de ingreso y la pertenencia de clase. Resulta tragicómico que, en medio de tanta parafernalia tecnológica, en muchos lugares del mundo el contacto educativo entre estudiantes y profesores se haya dado con las guías de clase en papel, escritas a mano y lápiz y que miles de niños y de profesores deben andar en bicicleta o en burro para ir hasta el lugar más cercano donde encontrar un lugar para reunirse o poder enviar un mensaje virtual.

En los lugares, sobre todo en las ciudades, donde se pudieron usar los artefactos microelectrónicos, el optimismo inicial dio paso en poco tiempo al desasosiego y el hastío, sobre todo de los estudiantes. Se demostró que una cosa es estar conectado y otra comunicarse, y que la virtualidad no puede sustituir la interacción cara a cara. 

El espacio educativo se abrió al fisgoneo de familiares de los estudiantes y generó una insoportable intrusión en el proceso de trabajo de los profesores, que se multiplicaron para atender a los estudiantes a través de las pantallas, su labor principal, pero al mismo tiempo a los padres que entraron a dictaminar cómo se debía enseñar, tal si fueran expertos en pedagogía y los profesores estuvieran pintados en la pared.

Ese chismorroteo ha sido posible por los artefactos digitales y lo han sufrido los profesores y estudiantes, porque se rompió la separación entre tiempo de trabajo (y de estudio) y el tiempo de la vida, entre el espacio escolar y el del hogar. El celular devino en la nueva cadena de montaje, con el agravante de que funciona las 24 horas y es usado de manera acrítica por quienes están esclavizados a través de ese aparato.

Los profesores vieron incrementado su tiempo de trabajo, al día y la noche, a sábados y domingos, porque aumentaron sus labores y todo el tiempo tienen que lidiar con la intromisión abusiva de padres y acudientes, para responder a cualquier ocurrencia y disparate. En ese sentido, el   WhatsApp es un insoportable medio invasivo que cercena la autonomía docente.  También es un eficaz medio de control para los dueños de los colegios y sus administradores (en la educación pública y, peor aún, en la privada). Ese control externo, un sueño de los educadores autoritarios de todos los tiempos, se ha hecho posible en nuestros días con el smartphone, al que siempre debe estar conectado el profesor, para rendirles cuenta, incluso fuera de su horario normal de trabajo, a sus patronos y en la práctica seguir trabajando día y noche. Durante la pandemia, los profesores han sido super explotados, se incrementó la intensidad laboral y se alargó la jornada de trabajo. Se agudizó la precarización de la labor docente, con sus malos salarios y con los efectos negativos en términos de salud física y mental que genera el estrés digital, como producto de la utilización continua durante jornadas interminables de celulares y computadores.

Para completar, en cuanto al aprendizaje nada que ver con los anuncios demagógicos de Sugata Mitra y compañía de que los niños y jóvenes iban a aprender por sí mismos, solo con acceder a los computadores y al internet. Ha sucedió lo contrario: una pérdida de conocimientos y de posibilidades de aprendizaje por el cese de las actividades presenciales, a la par que una carencia de sociabilidad, de afectos y de experiencias compartidas.

En lugar de una nueva educación y de una pedagogía atractiva e innovadora, que nos iba a tornar sabios a todos e iba a sustituir a los profesores, la generalización de los gadgets microelectrónicos como proyecto totalitario ha mostrado todas sus limitaciones y revelado el verdadero sentido del capitalismo digital y cognitivo. Claro que ha habido ganadores, como los negociantes de empresas microelectrónicos o de Amazon, que han incrementado sus ganancias durante la pandemia. Pero los perdedores hemos sido la mayor parte de los que formamos la comunidad educativa, y principalmente los profesores y luego los estudiantes.

Un regreso a la educación presencial, a partir de la experiencia vivida, debe plantearse una diferenciación crucial, que nunca se menciona: entre el acceso y el uso de lo digital. El acceso se demostró desigual, como producto de la desigualdad social, y los Estados deberían impulsar un acceso más amplio que cobije a los sectores más empobrecidos de la sociedad, que son la mayoría. Pero otra cosa es el uso de los aparatos microelectrónicos, y en ese terreno, los profesores, en primer lugar, deben reclamar de manera autónoma un uso privado como a ellos se les antoje, pero lo que si no puede generalizarse es la detestable práctica de estar conectados todo el tiempo con el lugar de trabajo, con los padres de familia, con los rectores y administradores. En esa dirección, se necesita reclamar un derecho a la desconexión, para tener tiempo libre, volver a leer, privilegiar los encuentros cara a cara, hablar con los vecinos, caminar en un parque, tener contacto con la naturaleza, reunirse con los hijos… Dejar de rendirle culto al celular, desconectarse por un tiempo es hoy, luego de esa invasión digital de estos dos años, una imperiosa necesidad, por cuestiones de salud física y mental, de recuperar la poca libertad que nos deja el capitalismo realmente existente, de escapar del consumismo depredador, de tener tiempo para pensar en construir otros mundos. Recordemos al respecto que Oscar Wilde decía que para luchar por el socialismo se necesitaban muchas tardes libres.

Aparte de reivindicar el derecho a la desconexión, debe proponerse que se habiliten lugares libres de wifi, que es muy contaminante. Así como en cafeterías, restaurantes, bibliotecas se lee el letrero “libre de humo y de contaminación de tabaco”, deberían existir espacios libres de wifi, donde no exista la insoportable interferencia del chismorroteo virtual, de los estúpidos Twitters y de las mil banalidades que invaden el WhatsApp. Esto, además, es una forma práctica de enfrentar el cambio climático y el calentamiento global, porque las comunicaciones virtuales ya consumen más del 10% de la electricidad mundial y cada vez que se envía un mensaje digital se genera CO2 que calienta todavía más el planeta.

En las escuelas debería hacerse, como se ha hecho en Francia, prohibir el uso del celular en las clases, para que se puede respirar tranquilo, desintoxicarse de lo virtual, volver a hablar cara a cara, y tener tiempo para atender en las clases y hablar con los amigos.

En conclusión, si antes de la pandemia se decía que la salvación de la educación estaba en lo digital y virtual, ahora cuando sabemos que eso es una falacia tecnocrática y se ha demostrado la importancia de las aulas físicas y de los profesores de carne y hueso, una reivindicación central de este momento es luchar por el derecho que tenemos a la desconexión, porque hay vida más allá de internet y sin internet.


miércoles, 5 de enero de 2022

El ranking de “empresas prestigiosas” de Clarín: Los grandes fugadores del macrismo

Rebelión / CLAE

Jorge Elbaum *


Una semana atrás el matutino Clarín publicó un ranking de las cien empresas con mejor reputación de la Argentina.

El relevamiento con el que se pondera el prestigio de las corporaciones es confeccionado anualmente por una organización española denominada Monitor Empresarial Merco, que divulgó sus resultados de forma exclusiva a través de las plataformas comunicacionales manipuladas por Héctor Magnetto.

El resultado de la jerarquización contiene significativas coincidencias con las empresas responsables de la última etapa de la fuga de capitales –ejecutada durante el gobierno de Mauricio Macri–, cuyos beneficiarios fueron identificados inicialmente a partir de la investigación divulgada por El Cohete en mayo de 2020, y que actualmente es profundizada y examinada por los integrantes de la Comisión Bicameral Permanente de Seguimiento y Control de la Gestión de Contratación y de Pago de la Deuda Exterior de la Nación, que preside el senador José Mayans, a partir de la documentación recibida del Banco Central.

Una gran parte de las empresas más reputadas son las mismas que deberán ser investigadas en relación a las irregularidades con las que se contrajo el crédito de 44.000 millones de dólares que terminaron –gracias a la aquiescencia de los cambiemitas– en poder de esas empresas y/o sus máximos CEOs y ejecutivos. La instrucción sobre las irregularidades cometidas en relación al endeudamiento externo con el FMI tramita en el Juzgado Federal en lo Criminal y Correccional 5, a cargo de María Eugenia Capuchetti, bajo la procuración del fiscal Franco Picardi. En los dos últimos meses, la jueza se encuentra abocada –entre otras tareas– a indagar si el acuerdo con el organismo multilateral y la subsiguiente fuga de capitales contienen correlaciones: si el crédito, entre otros factores, fue requerido para garantizarle a los compradores de divisas una capitalización en dólares en el marco de un seguro de cambio acordado previamente.

El Estado nacional fue aceptado como querellante en marzo de 2021, luego de que se formalizara la denuncia presentada por la Oficina Anticorrupción (OA) a cargo de Félix Crous. La querella la lleva adelante la Procuración del Tesoro, cuyo titular es Carlos Zannini, y los imputados son el ex Presidente Macri, su ex ministro Nicolás Dujovne y los tres ex titulares del Banco Central: Luis Andrés Caputo, Federico Sturzenegger y Guido Sandleris. A los cinco se les atribuyen tres delitos:

  1. incumplimiento de los deberes de funcionario público,
  2. malversación de caudales públicos, y
  3. defraudación por administración indebida de los recursos públicos.

Las coincidencias entre los galardonados con mayor reputación y los acumuladores de divisas –que endilgaron 44.000 millones de dólares de endeudamiento a todxs lxs ciudadanos argentinxs– abarcan a:

  • Mercado Libre (Marcos Galperin);
  • Telecom (del Grupo Clarín);
  • Pampa Energía (Marcelo Mindlin, conjeturado como socio o testaferro del ex Presidente);
  • Farmacity (propiedad del ex vicejefe de gabinete Mario Quintana);
  • Grupo Caputo (Luis Caputo, ministro de Finanzas desde enero de 2017 a junio de 2018 y presidente del Banco Central de junio a septiembre de 2018, y primo de Nicolás, cónsul en Singapur durante la presidencia cambiemita);
  • La Nación (familia Saguier);
  • Arcor (familia Pagani);
  • FIAT/IVECO (Cristiano Ratazzi) y
  • Techint (Paolo Rocca).

Todas esas empresas figuran en ambos listados: ponderadas por los ejecutivos y al mismo tiempo responsables de desvalijar al Banco Central, en complicidad con los cinco imputados.

Para hacer posible el vaciamiento de las arcas públicas, el macrismo destruyó, desde su asunción en diciembre de 2015, el andamiaje regulatorio que les impedía a las empresas reputadas las operaciones de evasión fiscal y fuga. Con ese cometido, en 2016 flexibilizó el Régimen Informativo de Operaciones de Cambio (RIOC), que exigía mayores estándares de detalle en relación a las transacciones con divisas.

Además de coincidir la reputación con la cantidad de divisas fugadas, la inmensa mayoría de los consignados son socios de las estructuras patronales más poderosas del país: la Unión Industrial Argentina (UIA), la Asociación Empresarial (AEA) y el Instituto para el Desarrollo Empresarial (IDEA). Esas entidades son también las que reclaman, en forma insistente, la flexibilidad laboral, el recorte de los impuestos a los sectores privilegiados, la eliminación de las retenciones, la reducción de los aportes patronales y el ajuste fiscal.

Prestigio y evasión

La empresa que aparece con la máxima consideración para Merco/Clarín es Mercado Libre, comandada por Galperin, quien decidió informar su residencia en la República Oriental del Uruguay con el objeto de tributar lo menos posible en el país que le concedió la posibilidad de edificar su unicornio. Doce días antes de que el gobierno de Juntos por el Cambio anunciara el “reperfilamiento” de la deuda soberana en agosto de 2019 –que implicaba la postergación de los vencimientos de los títulos públicos de corto plazo–, una indudable filtración de información privilegiada le permitió al reputado empresario vender 1.300 millones de pesos en títulos públicos.

Dos años antes, en 2017, el propio Galperin se había ofrecido en forma militante para participar como fiscal cambiemita en las elecciones de medio término, y había advertido que no volvería a residir en la Argentina en el caso de que el Frente de Todxs obtuviera la victoria. Cumplió.

El ranking de Merco, que puso en el tope de los reputados a la empresa Mercado Libre, se llevó a cabo durante los últimos seis meses mediante una consulta a 15.265 informantes claves, provenientes de 23 fuentes de información. Se los interrogó sobre una veintena de dimensiones organizadas en torno al liderazgo, innovación, proactividad, promoción de los recursos humanos, sustentabilidad, inserción comercial global, reconocimiento público y mediático, vínculo con proveedores y clientes, entre otras.

El primer filtro fueron 851 consultas a altos ejecutivos de empresas pertenecientes a corporaciones con una facturación superior a los 30 millones de dólares. Luego se consultó a 60 analistas financieros, 77 periodistas de información económica, 50 funcionarios gubernamentales, 60 dirigentes gremiales, 80 referentes de asociaciones de consumidores, 50 profesores universitarios ligados a la economía empresaria, 41 consultores de redes sociales y 42 directores de comunicación corporativa.

Tres de los consultados para la investigación, que solicitaron su anonimato, confirmaron que los cuestionarios omitían toda referencia al compromiso de las empresas consideradas prestigiosas en la reinversión de sus utilidades, los márgenes de rentabilidad equilibrados, la consideración sobre la fuga de capitales y la opinión sobre las prácticas de evasión fiscal.

La ponderación de los atributos evaluados como satisfactorios, de esa manera, sólo coincide con los beneficios que pueden brindar dichas empresas –en forma potencial– a quienes las evaluaron: los 851 electores iniciales catalogaron con alto puntaje a las empresas que les garantizan altos beneficios, sin evaluar el aporte real o potencial realizado al desarrollo de su entorno, a la inclusión social efectivizada, ni a la sustentabilidad socioeconómica que les permite la continuidad y extensión de sus actividades.

Lo que los consultados entienden por prestigio y predicamento se ajusta a los salarios, premios y bonos que se otorgan a los puestos más elevados de la pirámide organizacional. En síntesis: la reputación adjudicada a las empresas se basa en una imagen impuesta por dispositivos de comunicación entrenados para invisibilizar a las pymes, soslayar las responsabilidades económicas de las grandes corporaciones respecto a la fuga de divisas, y obviar las consecuencias de su participación especulativa en torno a las pujas distributivas. En el cuestionario aplicado por Merco no aparece ninguna clasificación orientada a develar su aporte a la solución de los graves problemas que atraviesan sus conciudadanos.

El listado que publica Clarín no sólo busca legitimar a las grandes corporaciones. Intenta dotarlas, además, de una autoridad apta para enfrentar las regulaciones promovidas desde el Estado, orientadas a limitar las prerrogativas oligopólicas. La reputación instituida por Merco contribuye, además, a desvalorizar todo aquello asociado a lo público: esa es la razón por la cual el ranking publicado el martes relega a Aerolíneas Argentinas al final de la lista, al dictaminar que su prestigio se vio debilitado desde el puesto 57 al 81 durante el último año. Lo mismo sucede con YPF, cuya jerarquía, para los ejecutivos opinantes, desciende desde el puesto 17 al 45.

Como contraste, Telecom –propiedad de Clarín–, asciende 25 lugares (del 75 al 54), acompañando el hecho de que aparece como la plataforma informativa mejor rankeada. Los sesgos de los consultados, acorde a la metodología empleada, también denotan su perfil patriarcal y cuasi misógino: entre lxs empresarixs relevantes sólo aparecen nueve nombres de los cien jerarquizados. La desvalorización de lo nacional también es una característica del ranking: sólo 36 de las 100 jerarquizadas pertenecen a accionistas mayoritarios argentinos. El resto son trasnacionales. Comparado con relevamientos en los que se aplicó la misma metodología (España, Colombia, Chile, Ecuador, Perú, Brasil, México, Bolivia, Costa Rica, Panamá y Portugal) la Argentina es el que exhibe mayor cantidad de percepciones extranjerizadas.

El informe del “Monitor Empresarial de Reputación Corporativa 2021” se legitima mediante la auditoría de una de las consultoras más grandes el mundo (KPMG), que ofrece contralor sobre los procedimientos metodológicos utilizados por el ranking que difunde Merco. Durante 2021, KPMG fue condenada por el Tribunal de Competencia, Regulación y Supervisión de Portugal a pagar un millón de euros de multa por complicidad en la adulteración de documentos y balances. En el Reino Unido, en julio de este año, el Financial Reporting Council (FRC) –el organismo que evalúa las actividades de auditoría y consultoría que se brindan a las empresas– consideró que “los resultados de las inspecciones de KPMG no muestran mejoras. Y resulta inaceptable que, por tercer año consecutivo, la FRC haya detectado nuevas fallas en las auditorías que la consultora hace a los bancos y a otras entidades”.

La sociología del prestigio estudia los mecanismos que operan –y que se proyectan– para dotar a actores individuales (personas) e instituciones de determinadas formas de poder capaces de intervenir, e influir, en un entorno social, económico o político: la reputación está basada en el reconocimiento, la autoridad y el respeto. Todos esos atributos son utilizados como herramienta de presión en los debates públicos y la puja de intereses. La concertación discursiva que impone un ranking –como el difundido por Clarín– no es más que un dispositivo orientado a disciplinar, someter y sentarse en la mesa de negociaciones con el Estado con un escudo protector de legitimidad capaz de imponer sus reglas de juego al resto de la sociedad.

En su libro No nos lo creemos. Una lectura crítica del lenguaje neoliberal , Clara Valverde cita una frase de Norman Fariclough que describe las búsquedas solapadas de estas operaciones: “Las palabras no son neutras: sirven para hacer algo al que las escucha. Las palabras y las frases que utilizan las élites políticas y económicas neoliberales intentan que la ciudadanía se comporte de ciertas maneras y, sobre todo, que adopte opiniones y comportamientos sin que los poderosos tengan que ejercer la fuerza de manera obvia”.

* Jorge Elbaum. Sociólogo, doctor en Ciencias Económicas, analista senior del Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE)


viernes, 10 de septiembre de 2021

Un reflejo oscuro de la realidad


Rebelión

Por Marcel Lhermitte 

Medios de comunicación y poder político

***

Desde hace un buen tiempo tenía pendiente la lectura del voluminoso libro biográfico de Nelson Mandela, El largo camino hacia la libertad. En sus páginas encontré mucha información que me sirvió para reafirmar el concepto que tenía del histórico líder sudafricano, para descubrir facetas que desconocía y para razonar sobre uno de los principales objetos de estudio de la comunicación política: el rol de los medios de comunicación.

No es mi intención realizar un análisis del texto, sino tan solo utilizarlo como disparador. Antes de llegar a la mitad del libro, encontré una frase que me llevó a hacer un alto, releerla y tomarme unos segundos de reflexión: “… la prensa solo es un reflejo oscuro de la realidad. La información que suministra es importante para un luchador por la libertad, no porque revele la verdad, sino porque deja al descubierto los prejuicios y los puntos de vista tanto de quienes elaboran el periódico como de quienes lo leen”.

Un poco de contexto. Esta frase la dijo Mandela poco tiempo antes del Proceso de Rivonia, en pleno régimen de apartheid promovido por el gobierno conservador de derecha del National Party, a principios de la década del 60. Se trataba de una época en que la población negra tenía coartados sus derechos civiles y estaban a la orden del día la violación de los derechos humanos. La prensa sudafricana tampoco se destacaba por la libertad de expresión.

Así y todo, la prensa era una de las principales herramientas que utilizaban para informarse los dirigentes del Congreso Nacional Africano, más allá de los contactos personales y de las reuniones de colectivos dirigentes.

De las palabras de Mandela surge algo inevitable de pensar, que se aplicaba en ese entonces, tanto como antes o ahora mismo. Cada medio de comunicación revela “los prejuicios y los puntos de vista” de sus responsables y sus consumidores. Dicho de otra manera, los medios de comunicación son empresas comerciales que tienen intereses –políticos y sociales–, que se promueven y defienden a través de una línea editorial, que responde a una ideología particular.

No deberíamos asombrarnos ni escandalizarnos cuando encontramos medios de comunicación que cumplen con ese rol de defensa del establishment, como le sucedía a Mandela. No sorprende que un periódico oficialista analice la popularidad de un presidente destacando un 45% de apoyo a su figura, al tiempo que cuando años antes le tocó al mismo medio ser opositor resaltaba que al mandatario en funciones había un 45% de ciudadanos que no lo apoyaba. El vaso medio vacío o medio lleno, se mostrará de acuerdo al interés editorial del medio, para beneplácito de su público, que generalmente comulgará con la visión política que le ofrecen.

Estas estrategias empresariales y editoriales de los grandes medios de comunicación, desde hace un buen tiempo, empezaron a ser enfrentadas por los políticos que no eran favorecidos o directamente eran atacados por los formadores de opinión. A través de iniciativas que podemos definir como populistas, en el sentido técnico de la palabra, algunos líderes como Hugo Chávez en Venezuela, Tabaré Vázquez en Uruguay, Nayib Bukele en El Salvador, los Kirchner en Argentina, entre tantos otros, situaron a algunos medios en un imaginario eje del mal.

Ese enfrentamiento con líderes de alta popularidad llevó a que los medios de comunicación no salieran indemnes de la batalla, sino por el contrario, que fueran dañados en donde más les duele –o al menos debería dolerles–: la credibilidad.

Pero los medios de comunicación más allá de la línea editorial son empresas comerciales, y como tales necesitan para su subsistencia de los ingresos, generados en gran medida por la publicidad estatal y por los avisadores privados, que en ocasiones también es el sistema político. Es más, se puede hablar de un período de zafra justamente en las campañas electorales, por lo que allí se entra en la contradicción de defender una ideología política pero sin cortar el ingreso de divisas que podrían provenir de los opositores.

Poco sabido es por los ciudadanos que en muchos medios de comunicación de América Latina las entrevistas o notas a los candidatos son exclusivamente pagas. No existe un interés periodístico sino puramente comercial. La lista de precios llega a los comandos electorales, con costos diferenciados en caso que se quiera comprar una tapa, una entrevista, una página completa o una nota destacada. También existe la posibilidad de escribir uno mismo la nota o hacer los asesores el reportaje sin siquiera tener contacto con los periodistas. Todo es posible. Todo tiene un precio. Todo se compra y se vende.

Todo vale, también la manipulación utilizando estas acciones legales y valiéndose del desconocimiento de los consumidores de información, simples ciudadanos que desprevenidos caerán en estrategias políticas y comerciales, sin que ninguna normativa, nada ni nadie los ampare o los advierta de estas iniciativas, que no dejan de ser una estafa.

* Marcel Lhermitte es consultor en comunicación política y campañas electorales. Periodista, licenciado en Ciencias de la Comunicación y magíster en Comunicación Política y gestión de Campañas Electorales. Ha asesorado a candidatos y colectivos progresistas en Uruguay, Chile, República Dominicana, México, Francia y España fundamentalmente.


lunes, 23 de agosto de 2021

La legión del mal


Postperiodismo

Por Federico Corbière 

El programa de hackeo Pegasus terminó siendo noticia otra vez por infectar al menos 50 mil celulares con su software malicioso, tras la revelación de Forbidden Stories (Historias prohibidas), una organización con sede en París creada luego del sangriento atentado en la redacción de la revista satírica Charlie Hebdo. Amnesty International avaló la investigación. ¿Qué […]

El programa de hackeo Pegasus terminó siendo noticia otra vez por infectar al menos 50 mil celulares con su software malicioso, tras la revelación de Forbidden Stories (Historias prohibidas), una organización con sede en París creada luego del sangriento atentado en la redacción de la revista satírica Charlie Hebdo. Amnesty International avaló la investigación. ¿Qué hay detrás de la noticia y los Servicios Secretos de Mauricio Macri?

Este 18 de julio el espionaje globalizado dejó en claro que existe un multiverso paralelo creado por el complejo militar industrial estadounidense y que tiene en Israel su base más preciada enfocada en la cibervigilancia. El software espía es muy demandado por quienes odian toda expresión de soberanía política. Se trata de un sector del liberalismo que promueve democracias controladas; esas que demonizan liderazgos populares, en nombre de la libertad o la República de Carrió, Laura Alonso o el golem con pies de barro Waldo Wolf.

En algunas ocasiones, cuando los titiriteros no pueden digitar gobiernos desde las puertas traseras de los smartphones, le ordenan qué hacer a sus creaciones políticas. Ese es el caso de la intervención Argentina en el golpe a Bolivia:  procurar armamento y municiones bajo la amenaza de desatar guerras de baja intensidad. Algo parecido a lo ocurrido en tiempos de Reagan y Bush (padre) sobre la región latinoamericana -que puede leerse en los documentos de Santa Fe IV-; en esta oportunidad bajo una nueva versión de la historia que tiene a Patricia Bullrich, Oscar Aguad y a Mauricio Macri como protagonistas.

Volvamos. En 2017 se dio por descontado, tras la visita al país del ex premier Benjamín Netanyahu, que la Piba, el Milico y Macri, compraron el software malicioso Pegasus desarrollado por NSO Group. Una operación imposible de realizar sin la mediación de Mario Montoto, viejo conocido de Bullrich en tiempos de insurgencia y terrorismo de Estado. El ahora empresario, en su carácter de titular de la Cámara de Comercio argentino-israelí, habría intervenido para cerrar la operación, que necesitaba la aprobación legal del gobierno del halcón Netanyahu, por tratarse ese spyware de material clasificado como bélico.

Cabe destacar que Montoto declaró en 2019 como testigo en la causa por espionaje ilegal en lo que conocimos como el Stornelli Gate, instruida entonces por el juez federal de Dolores, Alejo Ramos Padilla -quien pasó a La Plata en febrero de 2021-. Luego, esa causa se unificó con otras en Comodoro Py. Lo que sabemos es que la también ex mano derecha de Mario Firmenich durante la desastrosa contraofensiva de Montoneros mantuvo no pocas conversaciones con uno de los operadores de los Servicios Secretos macristas: el falso abogado Marcelo D’Alessio, que se paseaba por la tele mintiendo, principalmente, en el ciclo Animales Sueltos, cuando Alejandro Fantino actuaba de bastonero.

Recordemos que D’Alessio fue acusado por tentativa de extorsión al empresario agropecuario Pedro Etchebest para declarar en contra de Cristina Fernández de Kirchner en la llamada “Causa de los cuadernos”. Una investigación floja de papeles publicada por el diario La Nación. El fiscal Carlos Stornelli habría sido parte de una eventual asociación ilícita y, para escapar de las indagatorias, orquestó una bonita denuncia. Se constituyó como querellante en el ridículo “Operativo Puf”, otro bolazo mediático, curiosamente fundado en pinchaduras a no pocos ex funcionaros kirchneristas presos sin sentencia por la Doctrina Irurzun, en donde se llegó a violar la intimidad del actual diputado nacional y exembajador en el Vaticano, Eduardo Valdés.

Para hacerla cortita. Santoro, cual carmelita descalza, dijo haber sido engañado por su fuente segura para publicar fake news. En junio pasado, la Cámara Federal porteña, integrada ¡Ups! por el mencionado Marín Irurzun, Eduardo Farah y Roberto Boico, revocó el procesamiento del periodista de Clarín. Dentro del tribunal de alzada hubo disidencias. Irurzun insistió en el sobreseimiento y la destrucción de la prueba, mientras Farah y Boico se limitaron a dictar la falta de mérito, no obstante, la sospecha de la comisión de delito por parte del periodista.

Pegasus

La investigación dada a conocer por Le Monde, The Guardian, The Washington Post,  Süddeutsche Zeitung, The Wall Street Journal, entre otros diarios internacionales, identificó en el primer filtrado de datos a unos 600 políticos, 189 periodistas, 85 referentes de organizaciones de derechos humanos y 65 empresarios.

También menciona entre los espiados al presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador (AMLO) y al francés Emmanuel Macron. No es una novedad. En 2020 el mismo software se habría usado para acceder a los mensajes de WhatsApp de funcionarios paquistaníes vinculados a sectores de Defensa.

El propio Mark Zuckerberg demandó al NSO Group por hackear WhatsApp, que tiene como empresa matriz a Facebook. Zuckerman no es un santo ni un defensor de los derechos humanos, pero le tocaron el código encriptado que dice asegurar la confidencialidad a sus usuarios y, con ello, un negocio recontra millonario acechado por Telegram.

En 2016, el activista árabe Ahmed Mansoor ya había alertado sobre la vulnerabilidad de los dispositivos iPhone, en base al descubrimiento de las empresas de seguridad informática Citizen Lab y Lookout. Pegasus se apropió de los dispositivos inventados por Steve Jobs, los geolocalizó, robó sus datos, leyó mails, contactos, calendarios y encendió cámaras y micrófonos. Al poco tiempo se descubrió que Pegasus entra con sólo un clic en los sistemas operativos Android, algo aún más grave ya que el 83% de los dispositivos del mercado usan el software creado por Google.

Entre los hechos más dolorosos aparecen los crímenes aún no resueltos de Ayotzinapa. En lugar de buscar a los asesinos de los 43 estudiantes desaparecidos en 2014, Enrique Peña usó Pegasus para vigilar al Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI), que tenía inmunidad diplomática, el cual recibió hipervínculos con muestras del espionaje. El predecesor de AMLO siempre insistió en que fue un delito de narcotraficantes, pero las pesquisas y descubrimientos, entre los que participa el Equipo Argentino de Antropología Forense, ponen en duda esa versión.

Otra cuestión central es que la empresa israelí, fundada en 2010, está financiada con capital estadounidense y su valuación -según Forbes- superó ese 2016 los 1000 millones de dólares. Sin embargo, el NSO Group sólo es un pequeño eslabón en el juego de tronos. La agencia de inteligencia estadounidense NSA desde hace rato utiliza la tecnología de espionaje desarrollada por la Unidad 8200 de la Defensa israelí, que tiene una larga trayectoria interviniendo comunicaciones desde la Guerra de los Seis Días, en 1967 (como Unidad 848), y hoy se especializa en desarrollar gusanos como Stuxnet, que filtraron en 2010 el programa nuclear de Irán para ralentizarlo.

El ciberespionaje tuvo fugas como las del ex consultor de la NSA, Edward Snowden, refugiado en Rusia desde 2013 luego de filtrar cómo el programa PRISM escrapeaba metadatos de Internet para perseguir supuestos terroristas.

Así las cosas, el panorama global resulta aún más complejo porque en el mundo de la inteligencia también monitorean e interceptan nuestros datos desde el programa del FBI Carnivore (Estados Unidos), la red Echelon (Estados Unidos, Reino Unido, Canadá, Australia, y Nueva Zelanda) y Enfopol (Estados Unidos, Gran Bretaña y parte de la Comunidad Europea).

Netflix hasta que salga el sol

Para el pensador italiano Norberto Bobbio, cuyo suspiro socialdemócrata acarició la primavera alfonsinista, la rendición de cuentas sería la clave de todo buen gobierno y el secreto la excepción. El futuro de la democracia es uno de los tantos audiolibros que Mauricio Macri no terminó de escuchar por su adicción a Netflix, según una insólita confesión de partes en la Noche de Mirtha, apenas volvió de Miami en mayo con la vacuna de Johnson & Johnson adentro.

Entre las maratones de Homeland, Vikingos y Black Mirror, un día se le apareció como recomendación Todos los hombres del presidente, con Robert Redford y Dustin Hoffman. A Mauricio le dio fiaca ver un clásico de 1976, así que sólo se quedó con la parte cool: filtrar servicios de inteligencia para mantenerse en el poder. Aún no sabemos si usó Pegasus para la ocasión.

Su ensayo de escuchas ilegales con Ciro James, el excomisario Jorge “Fino” Palacios y el ex ministro de Educación porteño Mariano Narodowski, enfocado en espiar a familiares de las víctimas del atentado a la AMIA, había sido un éxito de sobreseimientos en 2018 luego de casi una década de papeleo. Te dejamos la nota firmada -aunque poco confiable- del ya mencionado Daniel Santoro para ponerte en tema: Casación anuló la causa por espionaje en la que estuvo procesado Mauricio Macri

De hecho, cuando Gustavo Arribas y Silvia Majdalani tomaron el control de la AFI, el secreto siguió siendo la regla y la transparencia la excepción. Como en tiempos de grupos de tareas, los esbirros del expresidente abrieron expedientes de forma artesanal para espiar una larga lista de políticos, gremialistas, periodistas, jueces y hasta la hermana menor del clan Macri, Florencia.

Ese fue uno de los motivos por los que Macri y Marcos Peña derogaron por decreto 656/16 la regulación del régimen de uso de fondos reservados para permitir un efectivo control de gastos y actividades de la Agencia Federal de Inteligencia (AFI).

Transparencia activa

También el juez Martín Bava, subrogante en Dolores, sigue las investigaciones de Ramos Padilla y avanza sobre el “Proyecto AMBA”. Otra  faceta de la red de espionaje ilegal que habría operado entre 2016 y 2017, para perseguir adversarios y disciplinar la política. En este caso, solapados entre docentes, manifestantes que reclamaban por Santiago Maldonado y militantes sociales que dan de comer en barrios vulnerables.

Mientras tanto… en el Palacio de la Justicia de Comodoro Py, el juez federal Marcelo Martínez de Georgi -un hombre de la vieja escuela, que heredó las mañas y el juzgado del fallecido Claudio Bonadío- tiene acumuladas las archiconocidas causas por espionaje ilegal en el Instituto Patria, sobre dirigentes de todos los colores como el veterano Hugo Moyano, la actual vicepresidenta CFK, Diego Santilli o el propio jefe de Gobierno porteño Horacio Rodríguez.

La nueva AFI nos deja de momento una bonita foto. Su interventora Cristina Caamaño hizo efectivo el principio de “transparencia activa” de un organismo que lentamente sale de las sombras. El Movimiento Evita recibió a fines de junio toda la información acumulada desde tiempos de la ex SIDE sobre la organización. De esta manera, cumplió con la ley de Acceso a la Información Pública. Este cambio de paradigma obliga a la agencia de inteligencia a brindar todos los datos que no afecten investigaciones judiciales, la ley de Inteligencia o la seguridad nacional.

Ese manual de buenas prácticas es el que los Servicios Secretos de Mauricio Macri nunca estudiaron, porque de su pecado original golpista surge la fortuna forjada por la familia en tiempos de dictadura, a la que se suma la voracidad del sincretismo político que aglutina lo que queda del macrismo. Allí recorrieron todos los círculos del infierno, entre los que se destacan la avaricia, la pereza, la violencia y la traición.

Los dos demonios juntos por el cambio.  Si no, sería imposible entender cómo van a internas vigilantes y vigilados.

(*) Esta nota se publicó en El Cohete a la Luna, con otro copete, imágenes y edición. Para un panorama más completo sobre el spyware Pegasus, también recomendamos darse un paseo por la fuente original y acompañar la lectura con el esclarecedor artículo del periodista Sergio Ferrari «Periodistas contra servicios».


martes, 6 de julio de 2021

Medios de comunicación al servicio de Calígula


Rebelión

Por Miguel Suárez del Cerro 

Considerar el fascismo una mera locura transitoria y ajena el sistema, materializada en un grupo reducido que aparece de modo temporal en instituciones y desparece por el debate de ideas, constituye uno de los errores, quizá interesado, más habituales que podemos encontrar en la historia de nuestra especie.  

Porque Calígula, tal y como lo describió Camus, nos es un loco con poder, sino que cuenta con “el más absoluto equilibro mental de una persona lúcida, inteligente y capaz”, tema incluido en una de las cuestiones que se plantean a Rafael Argullol en el libro sobre las pasiones. Esta cita, aunque discrepe de algunas conclusiones del volumen, me parece adecuada como punto partida de este texto.  

Mi objetivo es poner el foco en una esencia maligna mucho más próxima que la de todas esas supuestas dictaduras que ocupan tantas horas de televisión y portadas en diarios. El problema al que se enfrenta la ciudadanía al recibir esta avalancha de noticias sobre peligros exteriores es que apenas se le ofrece conocimiento sobre dichos países, solo acaba reteniendo titulares simples y amarillistas.  

Es cierto que nos dicen que la verdad está a nuestro alcance, que podemos consultar todos los datos que queramos de forma rápida con cualquier buscador. Sin embargo, esto no es del todo correcto, porque, en primer lugar, los medios saben que van dirigidos a una mayoría sin tiempo material ni ganas para analizar la historia, los discursos y la realidad de los países de los que hablan; y, en segundo lugar, porque, aunque lo hiciera, los buscadores y redes sociales se encargarían de conducirle una y otra vez hacia el mismo mensaje, hacia lo que ya conoce. Su objetivo es confirmar lo conocido, no ofrecer un nuevo conocimiento, porque el beneficio económico siempre se encuentra en decir lo que nos han enseñado que queremos oír. Por eso, el cine, la música o la literatura comerciales se basan en repetir patrones hasta la saciedad. 

Existen posiciones alternativas, honestas y libres de intereses económicos espurios, pero acceder a ellas y crear un contexto adecuado para comprender de forma correcta la realidad de otros estados exige mucho más tiempo que la aceptación de los tópicos. La difusión de cualquier análisis riguroso es neutralizada rápidamente con una o varias respuestas simples de un medio aparentemente serio que, a su vez, pertenece al mismo grupo de comunicación que el programa que por la noche va a entretener a la mayoría de la audiencia. 

Mientras la ciudadanía se preocupa por estos terroríficos dictadores convertidos casi en villanos de Hollywood, a unos metros de su casa renacen mensajes con conexiones muy claras con los peores episodios del pasado. Y, a diferencia de la unanimidad mediática que existe con respecto a estos malos de pelis de James Bond, en estas ideas reaccionarias hay debate, bajo la excusa de salvaguardar la presunción de democracia de todas las formaciones políticas, aunque veamos claramente que sus ideas distan mucho de un proyecto de respeto, igualdad y libertad para todos.   

Esto sucede también porque el fascismo actual, el de casa, el que va a las tertulias televisivas, es digno de confianza para el poder económico, no molesta a los mercados y ha aceptado su juego y su definición de libertad. Pero no se dejen llevar, no busquen en mis palabras una descripción de un partido o un líder concreto, porque este fascismo no se materializa solo en personas o partidos, se halla en acciones habituales, rutinas creadas y mensajes simplistas.  

A todo ello se une un miedo constante al futuro, porque el presente capitalista no es capaz de ofrecer seguridad de ningún tipo. Así se crean neurosis, acompañadas en muchas ocasiones de una paranoia creciente y diversa, y despierta un sinfín de pulsiones que desean ser satisfechas. Dichas pulsiones nacen de los instintos naturales de la esencia humana, pero han sido transformadas. De esta forma, se ofrece un modo socialmente aceptado de satisfacción, llamado consumismo, que no choca ni con los tópicos liberales ni con las ideas reaccionarias; solo parece enfrentarse con los malvados dictadores extranjeros que he citado antes, y, como ya hemos aceptado que son malos, muy malos, la lógica nos dice que este consumismo, al que se oponen los que amenazan nuestro mundo tal y como lo conocemos, tiene que ser bueno. 

Recordemos al Calígula de Camus, que no está loco, que conoce a sus súbditos y que sabe que el miedo, la ignorancia y la deshumanización le harán cada vez más poderoso. En términos freudianos, podríamos decir que el Calígula contemporáneo conforma un superyó despótico que, además, crea nuestro “ello” y, gracias a esto, gobierna nuestro “yo” a su antojo. 


lunes, 24 de mayo de 2021

La verdad del documental sobre Rocío Carrasco


Público.es

Por Beatríz Gimeno 

"Sobre la construcción social en el imaginario social, a través de los mass media, 

del mito de «la mujer perversa»

Hace años escribí un libro, La construcción de la lesbiana perversa, sobre cómo los medios de comunicación serios (entonces eran serios) construyeron a Dolores Vázquez como la asesina perfecta de Rocío Wanninkhof. Comienzo contando en el libro que, al principio, yo misma pensé que Dolores Vázquez era la asesina. Si la habían detenido, si la fiscalía la acusaba de algo tan grave como el asesinato de una menor, alguna prueba debía tener. No puse demasiada atención en aquella historia.

Cada una de nosotras se pone en guardia ante determinadas situaciones. Por cuestiones ideológicas, familiares, de costumbre, por trabajo… es decir, cada uno/a tiene las antenas dispuestas ante determinadas cosas, pero no las tiene puestas todo el tiempo ante absolutamente todo. Y sí, se supone que mis antenas debían estar dispuestas para prevenirme ante la lesbofobia, pero no lo estaban, ante mi propio estupor. En aquellos años -que no eran estos- parecía que la mayoría de los medios, de los que entonces llamábamos «serios», aun informaban con un mínimo de rigor, aun con su sesgo ideológico, los bulos periodísticos no existían en determinada prensa y a mí, ya digo, sin prestarle demasiada atención, me parecía que la prensa no había caído en el sensacionalismo al informar del caso.

Y eso me pareció suficiente garantía. Cuando apareció el asesino de Rocío me pasé un par de años indagando en esa misma prensa para descubrir por qué yo misma (y supongo que la mayoría de la gente) habíamos llegado a creer que la inocente era culpable. Y eso es mi libro. El relato de cómo la llamada prensa seria construyó, artículo a artículo, un personaje siniestro y culpable a partir de una mujer inocente cuya única culpa era ser lesbiana. Un personaje tradicional de la misoginia, la lesbiana perversa, estaba escondida para aparecer cuando muchas podíamos pensar que era ya un personaje desgastado y, justo por eso, cuando ya teníamos las antenas parcialmente desactivadas.

Han pasado muchos años y ahora nada es igual. Una gran parte de esa llamada prensa seria ya ni es prensa ni es seria y todas nos movemos en medio de bulos, mentiras y desinformación de la que no es sencillo extraer la verdad. Supongo que ahora, sin embargo, tendría las antenas mejor orientadas. Creo que la proliferación de mentiras hace que muchos tengamos el sensor más afinado. He estado pensando en estas cosas mientras he visto el documental sobre Rocío Carrasco, que me ha parecido fascinante para hacer un estudio.

Sería un estudio mucho menos «intelectual» que aquel, en otro plano, pero con similitudes también. Aquel lo hice investigando sólo tres periódicos. Este podría ser un estudio de la construcción de la madre perversa (otro personaje femenino de la misoginia tradicional, tan vigente) a través de los mal llamados programas «de entretenimiento». El documental sobre Rocío es fascinante y terrible. Es terrible porque el sufrimiento de esa mujer, un sufrimiento derivado de la injusticia patriarcal nos llega a todas y nos da directamente en el estómago.

Pero es fascinante como documento porque es un relato casi perfecto de lo que supone el acoso machista en una pareja y lo fácil que resulta todavía construir el personaje de una mala madre. Este documental es como ver las tripas de la bestia extendidas en una mesa. No le falta detalle. Maltrato físico, psicológico, infidelidad, luz de gas, violencia a través de los hijos/as, aislamiento social y familiar, alineamiento familiar y de la sociedad con el maltratador, autoculpabilización, miedo, deseo de muerte, justicia patriarcal y todo tipo de mitos sobre lo que debe ser y no debe ser una madre. Si fuera un guion escrito para enseñar lo que puede suponer el machismo en una separación y el maltrato a una mujer a través de su maternidad, nadie lo hubiera escrito mejor. Podría servir para dar clase. Es esto, podríamos decir a las alumnas: es esto.

Las cadenas de televisión y las revistas del corazón que han sido las transmisoras de esta historia han construido el personaje de Rocío como una mala mujer y una mala madre (que suele ser lo mismo) y, a partir de esta imagen, la han machacado durante 20 años. La diferencia es que aquí todo es mucho más epidérmico que en el caso de Dolores Vázquez. Yo no conocía nada de lo que estoy viendo estos días en la televisión, pero si en el caso de Dolores Vázquez había que leer entre líneas cómo tal o cual periódico culpabilizaba a Dolores utilizando determinados adjetivos que nos remitían a imágenes inconscientes que todas y todos llevamos dentro en esta cultura, basta escuchar dos veces a Antonio David, para darse cuenta de lo que hay.

Y lo que hay no es sólo un ejemplo palmario de lo que llamamos violencia vicaria a través de los hijos contra una madre; lo que hay es la dificultad de probar la violencia psicológica, lo que hay es una sociedad que siempre sospecha de ella antes que, de él, aunque él sea un ejemplo paradigmático de lo que no debe ser un padre responsable. Lo que hay es un acoso mediático y social a una mujer que no tiene manera humana de defenderse. Lo que hay son familiares cobardes que se ponen de parte del que parece más fuerte, lo que hay es soledad y desamparo de la víctima.  Lo que hay son mal llamados periodistas que cuentan lo que sea sin comprobar si es verdad o mentira porque, en realidad, eso no importa: las madres tienen que inmolarse, literalmente, en una pira por sus hijos o de lo contrario son malas madres. El cuestionamiento de Rocío como madre me ha recordado al cuestionamiento de las mujeres violadas. ¿No puso en riesgo su propia vida al defenderse? Entonces no la violaron. ¿No murió cuando dejó de ver a sus hijos? Entonces es mala madre.

A mí no me importa que el caso se conozca por medio de la misma cadena que ha creado al monstruo; quizá fuera la única posibilidad para esta mujer de que su historia se conociera y de poder salir del círculo de horror en el que ha estado inmersa todos estos años. Lo que tenemos es un documento casi insustituible en la visibilización de la violencia machista contra las madres. Claro que la cadena no lo muestra para hacer el bien y luchar contra el patriarcado, pero lo cierto es que quien ha dirigido el documental ha confeccionado un documento tan verdadero, tan descarnado, que trasciende con mucho la intención de la cadena que, mañana mismo, creará otra víctima propiciatoria si tiene ocasión.

Pero el documental de Rocío Carrasco quedará para ser mostrado y estudiado en otros foros. Y en medio del griterío del mal llamado debate posterior, al menos han tenido el gesto de poner a Ana Bernal, una experta en violencia de género para que quien está viéndolo tenga algo de verdad a la que agarrarse. El documental es eso, autenticidad, y la verdad no importa dónde aparezca porque siempre puede salvar a alguien.


El activismo en los medios de comunicación


El Diario

Por Olga Rodríguez

No seamos cínicos. El periodismo también hace política. Hay contertulios y periodistas que son más políticos que otra cosa, siguiendo al pie de la letra los argumentarios del partido que representan, propuestos, incluso, por una agrupación política determinada para dar caña diaria.

Los medios deciden de qué se habla y cómo se habla de lo que se habla. Y desde hace varios años algunos de ellos inoculan veneno a través de periodistas que fuera de los focos presumen de que los representantes políticos pasan mientras ellos permanecen, sin necesidad de que nadie les vote en las urnas ni de agotar mandato. Ante ese veneno el presentador o presentadora muchas veces ni rebate ni cuestiona, y por lo tanto, queda, se normaliza, deja de ser escandaloso.

Demasiados canales han legitimado formatos de griterío en los que caben falsedades, tergiversaciones, gestos de desprecio al interlocutor, y otras cuestiones más sutiles pero igual o más dañinas precisamente por no ser tan detectables: simplificación, planteamientos de temas baladíes que suponen un desvío de atención en detrimento de lo importante, politiqueo frente a la Política, reduccionismos.

Es cotidiana la equidistancia en el tratamiento de noticias que dan la misma credibilidad a una afirmación y su contraria, al agresor y a la víctima. Cuento a menudo este hipotético ejemplo: imaginemos que estamos en la II Guerra Mundial y leemos en la prensa: «El rabino del gueto de Varsovia dice que los nazis están masacrando a los judíos. Goebbels lo niega». Punto final. ¿Dónde está la realidad aquí? La equidistancia ante el atropello de los derechos humanos no es el punto intermedio, es una peligrosa toma de partido. Corremos el riesgo de llegar a un momento en el que tengamos que preguntarnos: ¿Cómo pudo pasar? ¿De verdad aún no sabemos la respuesta?

Cómo pudo pasar, se preguntaron en Alemania tras el genocidio perpetrado por los nazis. Cómo pudo pasar, se preguntaron en Ruanda, después de que diversos medios –y sobre todo, la Radio Mil Colinas, condenada posteriormente por el Tribunal Penal Internacional para Ruanda– inyectaran el odio en la sociedad a través de sus mensajes diarios. Cómo pudo pasar, se preguntaron en la antigua Yugoslavia, donde los medios de comunicación también jugaron su papel. Cómo pudo pasar, se preguntaron en EE.UU. después de años de racismo institucionalizado, con titulares, editoriales y columnas que justificaban el odio al negro, a la lucha por los derechos civiles, el supremacismo blanco.

Cómo pudo pasar, se preguntaron también en Estados Unidos, al analizar las andanzas de Hitler y Mussolini. Varios analistas concluyeron que incluso medios estadounidenses habían contribuido a minimizar el impacto que podría tener Hitler y a blanquear a Mussolini porque podía detener el avance de la izquierda comunista. Ernest Hemingway y algunos más, como el diario The New Yorker, rechazaron la normalización del líder fascista italiano, pero otros muchos callaron, fueron neutrales o incluso escribieron con un tono positivo sobre él.

Noam Chomsky ha mencionado en más de una ocasión un estudio de la Universidad de Massachusetts en el que en los años noventa se analizaron las posiciones de los encuestados que se informaban por televisión. Una de las preguntas que formulaban era: ¿Cuántas víctimas vietnamitas calcula usted que hubo durante la guerra de Vietnam? «La respuesta promedio fue en torno a 100.000. Las cifras oficiales hablan de dos millones de víctimas y las reales fueron probablemente tres millones o más», indica Chomsky, preguntándose qué pensaríamos de la cultura política alemana si cuando se preguntara en ese país cuántos judíos murieron en el Holocausto la respuesta promedio fuera que unos 300.000.

El poder mediático de masas tiene un dominio similar al que sustentaba la Iglesia en la Edad Media. Es la elite que nos guía, que nos sermonea, que quiere influir en cómo tenemos que ser y pensar, que confecciona consensos. Algunos medios encumbran determinados temas y entierran otros que son más urgentes, actúan como los elegidos, como los únicos que saben lo que conviene a la gente, a la que Walter Lippman llamaba el rebaño desconcertado. El grupo selecto espera que ese rebaño reaccione como mero espectador estupidizado, incapaz de entender por sí mismo, abandonando la participación y la acción, asumiendo sin crítica los postulados que se le ofrecen. No hace falta ser un lince para saber que si te tratan diariamente como si fueras imbécil, tienes más riesgo de terminar creyéndote imbécil y actuando como imbécil.

Y así, de ese modo, hemos llegado a este momento en el que se estigmatiza a quienes defienden el Estado del bienestar o se llama extremista a quienes exigen derechos esenciales como la vivienda. La supresión de derechos y libertades es percibida como la posición neutral, como la correcta. En esta neolengua propia de Orwell están llamando libertad a tomarse una cerveza en un bar, mientras se fomentan políticas impositivas que perjudican económica y gravemente a la mayoría y privilegian a una minoría. No hay libertad sin poder llegar a fin de mes, sin servicios públicos de calidad, sin justicia social. Pero ¿qué más da eso?

Aquí se está acusando de ser activista, como si fuera algo terrible, a periodistas que ejercen su oficio con una perspectiva de derechos humanos. Los acusadores son, a menudo, personas que ejercen el más dañino de los activismos: el que actúa en connivencia con determinado poder, contribuyendo incluso a realizar su trabajo sucio, blanqueando abusos, legitimando sus mensajes, presentándolo como la única fuente de información válida. Se da la paradoja de que para algunos el periodista que visibiliza violaciones de los derechos humanos es el activista. El que defiende esos abusos –silenciándolos o normalizándolos– es el neutral, manejando una única fuente de información: la oficial.

¿Cómo estamos mejor informados? ¿Viendo tertulias que son griterío puro, siguiendo programas que envenenan, o analizando los programas electorales de cada partido político? Si hacemos esto último quizá descubramos que aquellos que son presentados como adalides de la libertad son quienes más quieren recortárnosla. Y que quienes son definidos como el mismo demonio a lo mejor no son tan malos como dicen los que, desde sus tronos mediáticos, se excitan cuando mueven la batuta creyendo que siempre pueden dirigir a la plebe.

Hay periodistas en este país que afirman que nunca se han sentido presionados o censurados. Seguro que no mienten. No necesitan ser presionados. Los sillones del establishment son cómodos y reconfortantes y además, son los oficialmente neutrales. Son el lado bueno de la historia. Lo demás, activismo.

Hay épocas en las que toda indiferencia es criminal, escribió Albert Camus, y esta es una de ellas. La inconsciencia que hay en demasiados medios de comunicación puede llevarnos a una enorme oscuridad. Ya lo está haciendo. Pero los cínicos dirán que cómo nos ponemos, que no es para tanto, que no seamos tan dramáticos. Cómo se nota que no reciben los golpes, ni las discriminaciones, ni el racismo, ni la precariedad, ni la exclusión, ni conocen las consecuencias de la injusticia. No entenderán nada hasta que no les afecte a ellos. Vamos a necesitar mucha más educación, más cultura, más estudio, más conocimiento de la Historia, del pasado, de los Derechos Humanos, de la importancia del respeto.


lunes, 10 de mayo de 2021

No, no puedes descargar tu conciencia en internet


Rebelión

Por Asier Arias *

Extracto de Introducción a la ciencia de la conciencia

Por alguna extraña razón, parece haber gente interesada en «descargar» su conciencia en cacharros computacionales. A ese deseo debe subyacer la asunción de que lo mental y lo computacional tienen algo que ver. No obstante, lo cierto es que ningún especialista en filosofía de la mente, psicología, inteligencia artificial o neurociencia cognitiva ha logrado especificar qué clase de relación cabría entender que guardan lo mental y lo computacional, ni tampoco si guardaran de hecho alguna. Otra asunción sin la que el señalado deseo resultaría por principio irrealizable sería la de que la actividad neurobiológica responsable de la emergencia de la conciencia puede replicarse por medios computacionales. Sin embargo, a día de hoy, no sabemos cuál es esa actividad y, adicionalmente, replicar por medios computacionales no ya la actividad del cerebro, sino su mera estructura, es algo que está muy lejos del alcance de nuestras manos.

En abril de 2019 el Allen Institute for Brain Science celebraba la culminación de un ambicioso proyecto de investigación: cartografiar cada una de las 100.000 neuronas y cada una de las 1.000 millones de sinapsis (puntos de conexión entre neuronas) contenidas en un milímetro cúbico de corteza cerebral de ratón. Por el momento, se trata del conectoma (así se llama este tipo de «mapa») a nanoescala de mayores dimensiones, valga el oxímoron. Dentro de ese granito de arena había unos cuatro kilómetros de fibras nerviosas. El equipo tomó imágenes de más de 25.000 secciones ultrafinas del tejido contenido en ese minúsculo volumen, generando un conjunto de datos (dataset) de dos petabytes: suficiente capacidad como para unos 50 millones de elepés en MP3 –el faraón  Mentuhotep III podría haberle dado al «play» en el año 2.000 a. C. y todavía no se habría repetido una sola canción.

Si quisiéramos mapear de forma análoga no ya un cerebro humano completo, sino sólo su corteza, generaríamos un zetabyte: aproximadamente, la cantidad de información actualmente registrada en todo el mundo. Si a esos datos meramente morfológicos quisiéramos añadir datos más específicos, acerca de la tipología química de las sinapsis, pongamos por caso, necesitaríamos múltiplos de esa cifra. Si además quisiéramos añadir, por ejemplo, datos acerca del citoesqueleto proteico que conforma la estructura interna de las neuronas, generaríamos por cada neurona una cantidad de información similar a la requerida para mapear la anatomía neuronal del cerebro completo. Si quisiéramos pasar de estas «fotos» al «vídeo», incluyendo datos acerca de la actividad acaecida en cualquier fracción de tiempo en cualquiera de estos niveles de organización, necesitaríamos, sencillamente, elevar una cifra absurda a otra astronómica.

Se trata de hechos que no debieran descuidar los que fantasean con «simulaciones computacionales del cerebro» –los que fantasean con descargar su conciencia en algún cacharro computacional tampoco harían mal en reparar en ellos.

* Asier Arias. Profesor en el Departamento de Lógica y Filosofía Teórica de la Universidad Complutense de Madrid


miércoles, 24 de marzo de 2021

Las GAFAM y el poder del pueblo


Jornada

Por Carlos Fazio

Aliadas con grandes firmas de Wall Street y el influyente lobby empresarial agrupado en la Cámara de Comercio de Estados Unidos, la poderosa organización sindical AFL-CIO, funcionarios republicanos y demócratas integrantes del establishment institucional en los aparatos ejecutivo, legislativo y judicial tanto a escala federal como en los estados de la unión y organizaciones de la sociedad civil, las corporaciones tecnodigitales del Silicon Valley habrían jugado un papel importante en la derrota de Donald Trump en los comicios del 3 de noviembre pasado.

Lo anterior, según un reportaje publicado por la revista Time titulado La historia secreta de la campaña en la sombra que salvó las elecciones de 2020, que utiliza expresiones tales como una conspiración detrás de la escena y pacto o alianza informal entre sectores tradicionalmente antagónicos como son las grandes corporaciones y los sindicatos, que entre otras actividades habría influido en las percepciones del electorado y presionó a quienes dirigen la cobertura de los grandes medios de difusión masiva y controlan el flujo de información, incluidos ejecutivos de las plataformas de redes sociales, para que cumplieran sus políticas contra ciertos tipos de comportamientos tóxicos, eliminando contenidos y cuentas que difunden noticias falsas (fake news). Según la publicación, en noviembre de 2019 (un año antes de los comicios) Mark Zuckerberg, fundador de Facebook, invitó a nueve líderes de derechos civiles a cenar en su casa y allí determinaron aplicar reglas y un cumplimiento más riguroso de los contenidos, situación que se habría repetido con el CEO de Twitter, Jack Dorsey, y otros.

Ello explicaría que las cadenas de televisión más poderosas de EU (ABC, CBS, NBC y MSNBC, enlazadas en sus plataformas de YouTube, Facebook, Twitter y otras redes de Internet) le hayan apagado el micrófono de manera brusca a Trump el 5 de noviembre pasado, aduciendo que estaba acusando fraude sin pruebas. Desde entonces, también, comenzó a discutirse si fue correcta la decisión de los medios hegemónicos de censurar de manera orquestada el mensaje en vivo de Trump cuando la contienda electoral estaba cerrada y todavía lejos de concluir, y si correspondía a medios privados establecer la censura previa y determinar de manera paternalista si un mensaje específico debe llegar a la audiencia.

Según aduce TIME ahora, la conspiración tuvo como objetivo reafirmar la democracia estadunidense. Y en sus propias palabras, la democracia fue salvada por the power of people (el poder del pueblo). Sin embargo, tras la incursión al Capitolio el pasado 6 de enero, la expulsión de Trump del paraíso de las plataformas de redes sociales (Rosa Miriam Elizalde dixit) tiene más que ver con la práctica discrecional de los monopolios privados en Internet, que con la democracia y los mensajes de odio racista del antiguo inquilino de la Casa Blanca contra los negros, musulmanes, mexicanos y centroamericanos. En mayo de 2011, a pedido de Israel, Zuckerberg borró las cuentas de medio millón de usuarios que en Facebook defendían la causa palestina.

El veto a las cuentas del magnate neoyorquino por el gobierno paralelo y empresarial del Silicon Valley en alianza con las grandes corporaciones de Wall Street y el Estado profundo (la CIA, la FBI, etcétera), devela una articulada estructura de poder suave ( softpower) dirigida a poner en la Oficina Oval a un funcionario del establishment como Joe Biden.

La tecnología no es neutral; forma parte de las estructuras de poder, riqueza y dominación. Junto con Twitter, las GAFAM (Google, Amazon, Facebook, Apple, Microsoft) son una suerte de cártel del complejo digital-financiero vinculado a la comunidad de inteligencia. Las corporaciones digitales y el poder infocomunicacional concentrado cuentan con un tremendo arsenal de tecnologías en informática y comunicaciones (TIC) y el Big Data a escala global.

Durante años los algoritmos de Facebook y Google (YouTube) han actuado como árbitros de la política estadunidense. Pero las plataformas de las redes sociodigitales no son sólo herramientas comunicativas, sino también un arma del capitalismo de la vigilancia (Shoshana Zuboff). En función de sus propios intereses plutocráticos, las redes operan como una prolongación de las industrias culturales tradicionales, uno de cuyos objetivos principales es la producción de una cultura de masas. Es decir, no sólo contribuyen a la construcción de la hegemonía capitalista, sino que cumplen una función de simplificación espiritual y de manufacturación de la ignorancia. Y según plantea José Ernesto Nováez Guerrero, como herramientas del capitalismo, las redes hegemónicas son instrumentos de la derecha ideológica: el carácter de empresa privada capitalista determina el funcionamiento ideológico de los algoritmos, tendiente a neutralizar de diversas formas el pensamiento crítico disidente del actual sistema de dominación.

Las redes digitales forman parte del dispositivo para disciplinar sociedades enteras. Sin olvidar que, en sus orígenes en plena guerra fría, la red de redes surgió como un sistema de intercomunicación militar del Departamento de Defensa de EU: Arpanet (1967), antecedente de Internet (1983), y que el encriptado para los teléfonos celulares fue acordado con el conjunto de sus fabricantes en el Pentágono por la Agencia Nacional de Seguridad. Años después Julian Assange diría que Facebook era la máquina de espionaje más terrible del mundo, jamás inventada. Entre otros temas, es lo que no le perdonan sus obsecuentes carceleros.


sábado, 16 de enero de 2021

Redes y medios, el paraíso de los conspiranoicos

El Diario

Por Pascual Serrano 


Varios centenares de negacionistas, convocados por la Plataforma Policías por la libertad. EFE/Rodrigo Jiménez

Como no comprenden el mundo, no comprenden la ciencia, no comprenden los razonamientos políticos e ideológicos, comienzan a ver oscuras y ocultas intenciones y poderes

Que si las vacunas llevan un chip, que si el coronavirus se transmite por la red 5G, que si los demócratas estadounidenses son pedófilos satánicos, que si Soros anda moviendo los hilos a favor del independentismo catalán y Putin desestabilizando las elecciones de Estados Unidos. Grupos de tarados obsesionados con paranoias absurdas siempre los ha habido, pero hemos de reconocer que nunca como hoy han tenido tanta capacidad y poder para convencer y movilizar, incluso a manifestarse por miles. Nunca las instituciones y la ciencia han debido hacer tanto esfuerzo para explicar hechos científicos o desmontar fabulaciones tan absurdas. ¿Cuál es el motivo actual de su éxito y constante presencia? Sin duda la existencia de un nuevo ecosistema comunicacional idóneo para ellos.

Los llamados conspiranoicos surgen desde cualquier parte del espectro ideológico. Por eso coinciden ultraderechistas y ácratas en manifestaciones contra las mascarillas y las vacunas. Todos contra el Estado opresor y controlador (precisamente el Estado que otros pedimos que incremente su capacidad de acción para ofrecer sanidad, educación o pensiones). Las dos posiciones se arrogan lo rebelde, lo políticamente incorrecto, el creerse orgullosamente distintos del rebaño. Pero, como en toda campana de Gauss, uno se puede salir por la orilla de los listos o por la orilla de los imbéciles. Ellos, claro, siempre se consideran de los listos.

La prepotencia y soberbia que les impide percibir algo fuera de sus orejeras suele ser su mecanismo de defensa ante una sociedad y un ambiente que no comprenden o en el que no saben desenvolverse, ello los lleva a reivindicar opciones peregrinas con tal de ubicarse fuera de la información oficial y de las instituciones. Al igual que sucede con los dogmas religiosos, ellos no soportan las deficiencias de la ciencia y necesitan vivir con certezas, aunque para ello deban expulsar la razón. Les ocurre como con los nacionalismos, en tiempos de incertidumbres y complejidades lo mejor es reivindicar la tierra, los orígenes y los ancestros, ahí no puede haber error ni nada malo. Si para el nacionalista su terruño es la Arcadia feliz que le ofrece las seguridades, para el conspiranoico lo es su teoría en torno a la cuál giran todas sus certezas.

Como no comprenden el mundo, no comprenden la ciencia, no comprenden los razonamientos políticos e ideológicos, comienzan a ver oscuras y ocultas intenciones y poderes. La necesidad de mantener una mínima dignidad ante el exterior los lleva a optar por reafirmarse en sus ideas por absurdas que sean, y como tampoco soportan que directamente se les ignore, creen que sufren una persecución organizada y la censura de sus ideas, lo que aumenta su orgullo y sensación de poder. Son peligrosos.

Como decía anteriormente, estos perfiles mentales siempre fueron anecdóticos e irrelevantes en cualquier sociedad. Pero ahora, la llegada de internet, pero sobre todo con las redes sociales que les han abierto toda una ventana de protagonismo. Ellos, que nunca tuvieron a más de dos personas escuchándolas, ahora pueden dirigirse a toda la humanidad desde su Facebook o a los 20 miembros de su grupo de Whatsapp del trabajo o de la familia, toda una multitud para alguien al que nunca nadie le hizo caso. Mi abuela decía que era mentira que el hombre hubiera llegado a la luna, que todo era un montaje. Evidentemente, ninguno le hacíamos caso, pero ahora tendría cientos de seguidores en Facebook y seguro le llamarían en alguna televisión.

No es solo esto lo que les permiten las redes. Gracias a los algoritmos y a los filtros creamos una burbuja ideológica en nuestras redes donde solo nos relacionamos a los que piensan como nosotros. El conspiranoico, que antes se sentía solo en el pueblo o en el barrio, ahora se encuentra con sus iguales y todos ellos se reafirman en su verdad de la buena y la persecución a la que se ven sometidos por su rebeldía e incorrección.

También nuestro ecosistema mediático opera a su favor. Si en nuestros medios se premia lo espectacular, lo curioso, lo extravagante, qué mejor noticia que unos tipos que dicen que las vacunas llevan un chip, que las antenas 5G transmiten el coronavirus o que Putin está detrás del procés catalán. Si lo espectacular termina siendo la noticia con la que se consigue más éxito, más audiencia, más clicks, más likes, lo verdaderamente importante es que sea espectacular, no que sea verdad, que la protagonizan unos descerebrados o que sea irrelevante. Doscientos terraplanistas manifestándose en la Gran Vía madrileña, con el aspecto, la indumentaria, las pancartas y los slogans que ustedes se puedan imaginar, dan para una buena noticia de televisión. Nada comparable a lo aburrido de dos mil trabajadores con banderas sindicales gritando contra un cierre de la empresa.

Lo grave de todo esto es lo peligrosas que pueden ser corrientes de iluminados en tiempos de pandemia, en tiempos de amenazas de populismos fascistas que embisten contra las instituciones de convivencia, iluminados que se dicen rebeldes pero que tienen como enemigos a la ciencia, pero no a la banca usurera o a multinacionales que saquean recursos naturales y explotan trabajadores. Y que están aprovechándose de lo peor de un sistema de redes sociales que ha democratizado la inseguridad informativa y el caos, y un sistema de medios tradicionales que están abandonando el rigor y la investigación para premiar la espectacularidad y el sensacionalismo.


martes, 12 de enero de 2021

La comunicación como derecho frente a la monopolización del espacio digital


Estrategia

Por Jimena Montoya *

¿Qué herramientas de comunicación tienen los sectores populares hoy en sus manos?

Entre junio y noviembre de 2020 el Grupo de Trabajo de Comunicación de las Jornadas Utopías o Distopías: Los Pueblos de América Latina y el Caribe ante la era digital se reunió sostenidamente cada 15 días. A partir de las preguntas ¿Qué sucede? ¿Qué queremos que suceda?, un colectivo heterogéneo conformado por periodistas, trabajadores, referentes de medios y organizaciones comunitarias, profesionales, docentes universitarios y centros de estudio de Uruguay, Argentina, Brasil, Panamá y Chile, se adentraron en debates respecto del impacto de la digitalización en el ámbito de la Comunicación.

Abrieron varios interrogantes, asomaron algunas respuestas y plantearon líneas para considerar. A continuación, una breve síntesis del proceso.

Como punto de partida, se estableció un piso común: el ejercicio de la comunicación con un sentido político, como herramienta estratégica para apuntalar procesos organizativos, luchas populares y construcciones simbólicas; y el entendimiento de que es allí donde se juega nada más y nada menos que las construcciones simbólicas que le dan sentido a lo que pasa y son disparadoras para pensar en otros mundos posibles.

A la luz del devenir histórico nos vemos atravesando una nueva revolución tecnológica que, profundizada por la pandemia, impacta en todos los aspectos de nuestras vidas como una nueva fase de perfeccionamiento de los modos de acumular. También nos encontramos en medio de una disputa entre grupos de capitales fagocitándose entre sí para lograr mejores condiciones para ello, en una tendencia concentradora, que parece no tener fin.

En el uso y abuso de las plataformas digitales para instalar nuevas formas de consumo (que abarcan el entretenimiento y la comunicación, pero también desbordan hacia la comercialización, las finanzas, entre otros usos masivos), los usuarios son el producto. La información y los datos que de esos usos se extraen, acrecientan las posibilidades de extraer valor, pero también formas de ejercer control.

Mientras el sistema resuelve sus crisis revolucionando las maneras de conocer para producir más, una nueva masa de desempleados con saberes obsoletos ingresa al mundo de los excluidos, el trabajo se complejiza, se privatizan los saberes y se limitan cada vez más los accesos. Nada de esto sería posible sin un sistema de control y disciplinamiento.

Entre 2019 y 2020 asistimos a varios estallidos sociales (Chile, Colombia, Ecuador, Estados Unidos) como un modo de desborde y resistencia a esta realidad y también experimentamos ascensos neoconservadores como el Golpe de Estado en Bolivia, o la instalación de gobiernos de derecha en Brasil y en Uruguay.

En el análisis de ese contexto es que aparece la pregunta por las herramientas de comunicación que tienen los sectores populares hoy en sus manos y la manera en que afrontan las transformaciones vertiginosas de esta era. ¿Cómo afecta a los medios existentes este proceso de digitalización, qué sucede respecto de las infraestructuras la producción de contenidos y su circulación?

De la convicción respecto de los postulados de la Comunicación Popular surgió la siguiente afirmación: “tenemos que insistir en ser capaces de producir contenidos con calidad desde los sectores populares y para los sectores populares”.

El desafío es, a través del fortalecimiento del trabajo en red y de la ampliación de la cobertura temática, acceder a un público más amplio, para salir de las llamadas burbujas de conversación, donde las propias agendas no alcanzan más allá del grupo que habla y piensa parecido.

¿Pero dónde se produce gran parte de los mensajes y los contenidos que se consumen hoy?

A modo de ejemplo: Facebook (empresa que hoy es dueña también de Instagram y Whats App) tiene más habitantes que cualquier país (2.603 millones de usuarios activos en el mundo en abril de este año). Gran parte de los sentidos y las imágenes construidas sobre el mundo circulan por esta vía. 

Urge entonces pensar el acceso y la intervención de los sectores populares en esos espacios y la manera de apropiarse de estas herramientas, si el objetivo es incidir. Es fundamental en este sentido el análisis de los contenidos que allí circulan y la promoción de la participación de los más amplios segmentos sociales no solamente en el consumo sino también en su producción.

La radio y TV locales pueden amplificarse mediante el uso de plataformas digitales (podcast, streaming, etc). Lo importante es lograr canales de expresión e información de fuentes cercanas y confiables para los sectores populares. 
 Un instrumento valioso para esa comunicación desde lo local es la Televisión Digital Abierta.

“Quienes participamos de espacios comunicacionales –dice el documento elaborado en el seno del Gurpo de Trabajo- debemos articular iniciativas que permitan hacer crecer en número nuestra presencia en ese ámbito aprendiendo a movilizarnos en el espacio digital”.

Colonialismo de las Infraestructuras y los contenidos

La infraestructura de telecomunicaciones es fundamental a la hora de definir factores que van desde la igualdad de oportunidades para el acceso a los servicios basados en Tecnologías de la Información y la Comunicación, hasta el nivel de desarrollo de iniciativas innovadoras y emprendedoras en las áreas de las políticas públicas y la participación ciudadana.

La región tiene un 67% de la población conectada a internet. La mayoría de los países registran una penetración superior al 60% en áreas urbanas. Pero, la penetración del servicio no es equivalente a la calidad de conexión. Las empresas operadoras de telecomunicación, cuando venden servicios de internet domiciliaria o internet móvil, no están obligadas a especificar nivel de calidad del servicio.
 En este contexto, la ineficiencia de origen que registra el régimen regulatorio ha profundizado la crisis que generó la pandemia.

Tal como lo afirma Rosa Miriam de Elizalde, América Latina y el Caribe opera en un espacio digital que está colonizado. En 2018 la Cepal indicaba que “el 80 por ciento de la información electrónica de la región pasa por algún nodo administrado directa o indirectamente por Estados Unidos, fundamentalmente por el llamado “NAP de las Américas” en Miami y se calcula que entre un 70 y un 80 por ciento de los datos que intercambian internamente los países latinoamericanos y caribeños, también van a ciudades estadounidenses, donde se ubican la mayor parte de los servidores raíces que conforman el código maestro de la Internet”.

En términos generales puede decirse que la región aún carece de infraestructura y desarrollos tecnológicos propios capaces de garantizar intercambios soberanos. La situación es similar si se habla de contenidos: El número de personas que son usuarios de la Red en la región asciende a casi 440 millones, según datos de la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT) de 2019. La región es “líder en presencia de internautas en las redes sociales” , pero “la más atrasada en la producción de contenidos locales” . Corresponde la pregunta entonces no sólo por el acceso y el consumo (qué, cómo y cuándo) sino por la producción.

Aún no hay, a nivel regional un canal propio de fibra óptica – afirma De Elizalde- ni una «estrategia sistémica o marco jurídico homogéneo» que permita minimizar el control estadounidense en la región, asegurar que el tráfico de la red se intercambie entre países vecinos, fomentar el uso de tecnologías que garanticen la confidencialidad de las comunicaciones, preservar los recursos humanos en la región y/o suprimir obstáculos a la comercialización de los instrumentos, contenidos y servicios digitales producidos en América Latina y el Caribe.

El condicionamiento que hay para las democracias depende de estas cuestiones.
Si el territorio digital es la plataforma de tránsito global de datos de la vida cotidiana de los pueblos: ¿Cómo van a ser las plataformas? ¿Quiénes son los propietarios? ¿Como es la representatividad en el gobierno de las plataformas del pueblo, los estados y las empresas? ¿A quién delegamos la construcción y circulación de imágenes que median nuestra mirada de la realidad.

Algunas consideraciones propositivas

A sabiendas de que la disputa es con el mercado, desde el Grupo de Trabajo de Comunicación se plantea la necesidad de actuar ante estos problemas desde diferentes ámbitos de incidencia: la organización ciudadana y comunitaria, el estado y los ámbitos multilaterales.

El Estado debe garantizar el acceso a internet como un Derecho Humano. Sin su mediación, se hace imposible redistribuir los recursos públicos con el fin de apuntalar el desarrollo de un concierto mediático plural y diverso.
 Urge avanzar en legislaciones que garanticen accesos, resguarden derechos y promuevan la producción local de contenidos.

Las políticas públicas orientadas a la regulación de los servicios son determinantes a la hora de asegurar la universalidad y la interconexión de las redes. Las leyes deben limitar no sólo la concentración de medios (en manos foráneas o nacionales) sino apoyar activamente la diversidad en la propiedad y los contenidos y fomentar la Comunicación Popular.

De igual manera, es necesaria la inversión en tecnología y educación, para garantizar que infraestructuras, herramientas y conocimiento, estén al servicio de la producción para el bien común y la formación de usuarios activos y críticos.

En ese camino es importante la participación articulada entre estado y comunidad. Pensar modelos mixtos, basados en alianzas público-comunitarias para la construcción de redes, la garantía de los accesos y la gestión y que las políticas públicas apoyen y refuercen los proyectos comunitarios de internet. También debatir la propiedad y el manejo del transporte de la red y ampliar las redes satelitales estatales.

La integración regional, tanto a nivel de estados, como de pueblos, es un aspecto estratégico para el logro de los objetivos mencionados. Tanto para la producción como para la difusión y el acceso a contenidos es necesario lograr estándares tecnológicos comunes y también agendas compartidas.

En los ámbitos multilaterales es necesario fortalecer la participación ciudadana y establecer formas democráticas de gobernanza y de regulación de internet.

 Hacia el final de estos procesos de reflexión –que deben profundizarse- aparece nuevamente el lugar desde donde se partió: No debe pensarse en ninguna de las dimensiones planteadas de manera aislada de un proyecto político, social y económico.

*Licenciada en Comunicación Social. Integra el Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE)

http://estrategia.la/2020/12/15/la-comunicacion-como-derecho-frente-a-la-monopolizacion-del-espacio-digital/


martes, 29 de diciembre de 2020

Los ataques en redes a mujeres periodistas se extienden cada vez más al mundo real


The Conversation

El funesto problema de la violencia en el universo digital contra periodistas mujeres tiene consecuencias potencialmente letales en el mundo real, tal y como sugiere un nuevo estudio global.

Casi tres de cada cuatro mujeres (73%) que respondieron a nuestra encuesta –que incluyó a 1 210 trabajadoras de prensa a nivel mundial– indicaron que sufrieron abusos, acoso, amenazas y ataques en las redes. El 20% de las mujeres entrevistadas dijo haber sido blanco de abusos y ataques offline que creen ligados a la violencia que sufrieron en la red. La encuesta, que concluyó este mes, fue realizada por el Centro Internacional de Periodistas (ICFJ) y la Organización de la Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO).

La violencia en las redes es el nuevo frente de la inseguridad periodística, y es particularmente peligrosa para las mujeres. En el entorno digital, hemos visto un incremento exponencial de ataques contra periodistas mujeres en su trabajo, particularmente en la intersección del discurso del odio y la desinformación, donde el acoso y el abuso son utilizados para silenciarlas.

La misoginia y la violencia en línea son una amenaza real a la participación de las mujeres en la esfera pública de la era digital. Es una lucha por la igualdad de género y una crisis de la libertad de expresión que deben ser consideradas seriamente por varios actores vinculados a estos asuntos.

Una violencia que impacta en el mundo real

Nuestra encuesta ofrece datos nuevos y preocupantes que muestran que la violencia online se traslada a la violencia offline. Asociada con ataques orquestados para intimidar al periodismo crítico, esta violencia impacta el mundo físico y, a veces, tiene efectos letales.

En 2017, el Comité para la Protección de Periodistas informó de que por lo menos el 40% de los periodistas asesinados había recibido amenazas previas, incluidas amenazas por internet.

Ese mismo año, dos mujeres periodistas en diferentes regiones del mundo fueron asesinadas en un periodo de seis semanas: la reconocida periodista de investigación maltesa Daphne Caruana Galizia y la prominente periodista india Gauri Lankesh. Ambas fueron blanco de múltiples ataques en línea centrados en su condición de mujeres antes de ser asesinadas.

Los paralelismos entre los ataques digitales asociados con la muerte de Caruana Galizia y la experiencia de otra periodista reconocida, la filipinoamericana Maria Ressa, fueron tan evidentes que cuando los ataques contra Ressa se incrementaron este año, los hijos de la periodista maltesa emitieron un comunicado público expresando sus temores por la vida de Ressa.

Del mismo modo, la muerte de Lankesh, vinculada con la violencia en línea a manos de la extrema derecha, atrajo la atención internacional sobre los riesgos de otra periodista india reconocida por sus críticas al gobierno: Rana Ayyub. Ella había padecido la circulación masiva de amenazas de violación y muerte, e informaciones falsas con el propósito de rebatir su trabajo periodístico, desacreditarla y ponerla en riesgo físico.

Afiche de la campaña de la ICFJ/Unesco para combatir la violencia contra las mujeres. UNESCO, Author provided

Señalando un patrón de comportamiento, la victimización de Ayyub motivó su defensa por parte de cinco relatores especiales de las Naciones Unidas.

La defensa destacó los paralelismos con el caso de Lankesh y demandó que los líderes políticos indios protegieran a Ayyub, afirmando: “Estamos muy preocupados porque la vida de Rana Ayyub está en riesgo después de estas explícitas y preocupantes amenazas”.

La pandemia en la sombra

La violencia física contra las mujeres se ha incrementado durante la pandemia covid-19, en lo que se ha llamado “la pandemia en la sombra”. Al mismo tiempo, la violencia en línea contra las mujeres también aumenta. Otra encuesta global realizada este año por ICFJ y el Centro Tow para el Periodismo Digital de la Universidad de Columbia como parte del proyecto Periodismo y Pandemia encontró que un 16% de las mujeres que respondieron dijeron que el abuso y el acoso en línea eran peor de lo habitual.

Este hallazgo refleja que los niveles de hostilidad y violencia contra las periodistas están en ascenso durante la pandemia, incitados por políticos populistas y autoritarios que, con frecuencia, son responsables por diseminar desinformación.

Los ataques en línea a menudo se extienden al mundo real. UNESCO, Author provided

Uno de cada diez entrevistados en la encuesta del estudio de ICFJ-Centro Tow indicaron que sufrieron coacciones –-en línea y offline– por parte de políticos y funcionarios durante los primeros tres meses de la pandemia.

Espacios cada vez más tóxicos

Otro factor relevante es que el ejercicio del periodismo con “distanciamiento social”, necesario a causa del coronavirus, hace que los periodistas dependan más de los medios sociales para recabar informacion e interactuar con las audiencias. Estos espacios, cada vez mas tóxicos, son los principales canales de violencia en línea contra las mujeres periodistas.

Un estudio de 2016 concluyó que no son pocas las mujeres periodistas que han acabado dejando de participar en la conversación pública en las redes sociales, han tenido que renunciar a sus trabajos e incluso han acabado abandonando el periodismo tras haber sufrido casos de violencia. Pero también hay numerosos casos de mujeres periodistas que han luchado contra la violencia en línea, rechazando retirarse o ser silenciadas, aun cuando alzar la voz las haya convertido en blancos más destacados.

¿Qué podemos hacer?

Sabemos que los ataques físicos contra mujeres periodistas con frecuencia están precedidos por ataques en internet. Estos incluyen amenazas de acoso físico y sexual, así como ataques a su seguridad digital con la intención de ponerlas en mayor riesgo. Estas amenazas, aunque no coincidan con ataques físicos, tienen impacto psicológico y causan daños.

La periodista filipinoestadounidense Maria Ressa ha recibido amenazas de muerte en línea por sus reportajes. En la imagen, Maria Ressa a la salida de un juzgado de Manila. EPA-EFE/ Rolex dela Peña

Por lo tanto, las amenazas virtuales contra mujeres periodistas deberían ser tomadas en serio. Se debería ofrecer apoyo y seguridad física (incluidos servicios de seguridad cuando sea necesario), apoyo psicológico y control y capacitación en seguridad digital (incluidos ciberseguridad y medidas de protección de la privacidad).

También los directivos de los medios deberían ofrecer apoyo a su personal y subrayar la seriedad de un asunto que precisa respuestas contundentes, incluida la intervención judicial y policial si fuera necesario.

Atacadas por atreverse a hablar

Deberíamos ser cautelosos a la hora de sugerir que las mujeres periodistas precisan desarrollar resiliencia o “tener la piel dura” para sobrevivir ante las amenazas a su seguridad vinculadas con su trabajo. Ellas son atacadas porque se atreven a hablar. Por atreverse a informar. No se debería cargar la responsabilidad en las mujeres periodistas como si no hubiera más opción que lidiar con estos temas, como si el acoso físico y sexual fueran riesgos profesionales aceptables para las mujeres o riesgos que ellas mismas deben prevenir.

Las soluciones demandan cambios estructurales en el ecosistema informativo para combatir la toxicidad en línea en términos generales y, en particular, el incremento exponencial de los ataques contra periodistas. Esto exige que las ricas y poderosas compañías de redes sociales asuman su responsabilidad de forma contundente, transparente y adecuada, puesto que la desinformación y el odio en sus plataformas afecta a periodistas.

Es probable que ello implique que estas compañías acepten su función como editoras de información. Si así fuera, tendrían la obligación de controlar sus contenidos, realizar la verificación de las informaciones, y mantener controles contra el discurso del odio.

En última instancia, la colaboración y la cooperación entre grandes tecnológicas, las redacciones y las organizaciones sociales son necesarias. Solo entonces se podrían tomar medidas concretas.

Este artículo fue publicado originalmente en inglés

Autor@s:

Julie Posetti. Global Director of Research, International Center for Journalists (ICFJ) and Research Associate, Reuters Institute for the Study of Journalism (RISJ), University of Oxford

Jackie Harrison. Professor of Public Communication, University of Sheffield

Silvio Waisbord. Director and Professor School of Media and Public Affairs, George Washington University