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viernes, 13 de mayo de 2016
Según Noam Chomsky “EEUU podría no cumplir el acuerdo nuclear con Irán”
El reconocido politólogo estadounidense Noam Chomsky se pronunció sobre el acuerdo nuclear alcanzado con la república islámica de Irán, sobre el respecto sostuvo que Irán está respetando sus compromisos en el acuerdo nuclear, pero desconfía de la contraparte estadounidense.
El 18 de abril, el canciller iraní Mohamad Yavad Zarif instó a EE.UU. a asumir sus compromisos según lo pactado y a no obstaculizar las transacciones bancarias entre Irán y Europa.
“Pese a las diferencias internas existentes en Irán, parece que en términos generales este país está cumpliendo con la implementación del acuerdo nuclear. Desafortunadamente, no puedo estar tan seguro de la parte estadounidense”, señaló Chomsky.
Las declaraciones del politólogo se dieron en una entrevista concedida a la cadena egipcia de noticias Al-Ahram, el famoso intelectual advirtió que EE.UU., y en particular, el Partido Demócrata, se valdrá de todas las herramientas a su disposición para frustrar la implementación del Plan Integral de Acción Conjunta (JCPOA, por sus siglas en inglés).
De acuerdo con Chomsky, si el Partido Demócrata llega al poder, existe la posibilidad de que EE.UU. abandone unilateralmente el acuerdo, pero teniendo en cuenta los compromisos de Irán y de las otras contrapartes, eso no supondría el final del acuerdo, sino un aumento de las tensiones.
El pasado 16 de enero, Irán y el Grupo 5+1 (EE.UU., el Reino Unido, Francia, Rusia y China, más Alemania) anunciaron la entrada en vigor del convenio nuclear entre las partes, conforme al acuerdo logrado el 14 de julio de 2015.
En virtud a tal acuerdo, la UE, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas (CSNU) y EE.UU. debían levantar todas las sanciones impuestas a Irán y este país, en contrapartida, establecer una serie de restricciones a su programa nuclear.
No obstante, los sectores comerciales y económicos estadounidenses y europeos no se atreven a operar en Irán por temor a las represalias de Estados Unidos, que continúa limitando las transacciones en dólares con el país persa y así sabotea el acuerdo.
En este sentido, el Líder de la Revolución Islámica de Irán, el ayatolá Seyed Ali Jamenei, denunció el 30 de marzo la renuencia del Occidente a levantar las sanciones y reanudar el comercio, y advirtió de que tal encrucijada es clara muestra de la existencia de problemas en la ejecución del acuerdo.
viernes, 30 de enero de 2015
2015 se concentrará en Irán, China y Rusia
Por Pepe Escobar *
Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens
Pekín. Abróchense los cinturones, 2015 será un torbellino que colocará a China, Rusia e Irán contra lo que he descrito como "El Imperio del Caos".
Así que se concentrarán en más avances hacia la integración de Eurasia mientras EE.UU. es progresivamente excluido de Eurasia. Veremos una completa interacción geoestratégica que progresivamente debilitará la hegemonía del dólar estadounidense como moneda de reserva y, sobre todo, el petrodólar.
A pesar de todos los inmensos desafíos que enfrentan los chinos, es fácil detectar por todo Pekín señales inconfundibles de una superpotencia comercial totalmente emergida, segura y confiada en sí misma. El presidente Xi Jinping y la actual dirigencia seguirán invirtiendo fuertemente en el impulso hacia la urbanización y la lucha contra la corrupción, incluso a los más altos niveles del Partido Comunista China (PCC). Internacionalmente, los chinos acelerarán su arrollador impulso con nuevas “Rutas de la Seda” -tanto terrestres como marítimas– que sustentarán la estrategia maestra china de unificar Eurasia mediante el comercio y el intercambio.
Los precios globales del petróleo tenderán a permanecer bajos. No se puede saber si se llegará a un acuerdo nuclear antes de este verano entre Irán y los P5+1. Si se mantienen las sanciones (en realidad la guerra económica) contra Irán y siguen dañando seriamente su economía, la reacción de Teherán seguirá siendo firme e incluirá aún más integración con Asia, no con Occidente.
Sin que importe cómo se creó, prevalece el hecho de que el actual colapso financiero/estratégico del precio del petróleo es un ataque directo contra -¿Quiénes iba a ser?- Irán y Rusia.
Washington sabe perfectamente que un acuerdo exhaustivo con Irán no se puede lograr sin la ayuda de Rusia. Sería el único, y repito el único, éxito de la política exterior del gobierno de Obama. Un retorno a la histeria de “bombardead Irán” solo convendría a los proverbiales sospechosos (neoconservadores) habituales. A pesar de todo, sin que sea accidental, tanto Irán como Rusia están sometidos actualmente a sanciones occidentales.
La guerra de los derivados
Consideremos ahora los aspectos básicos rusos. La deuda gubernamental de Rusia totaliza solo un 13,4% de su PIB. Su déficit presupuestario respecto al PIB es de solo 0,5%. Si asumimos un PIB estadounidense de 16,8 billones [millones de millones] de dólares (la cifra para 2013), el déficit presupuestario total de EE.UU. asciende a un total de 4% del PIB, en comparación con 0,5% de Rusia. La Fed [Reserva Federal de EE.UU.] es esencialmente una corporación privada propiedad de bancos privados regionales estadounidenses, aunque se presenta como una institución estatal. La deuda de tenencia pública de EE.UU. representa un abrumador 74% del PIB en el año fiscal 2014. La de Rusia es de solo 13,4%.
La declaración de guerra económica de EE.UU. y la UE contra Rusia –a través de la “corrida” sobre el rublo y el ataque a los precios de los derivados del petróleo– fue esencialmente un fraude organizado con derivados. Los derivados –en teoría– pueden multiplicarse infinitamente. Los operadores con derivados atacaron tanto al rublo como a los precios del petróleo a fin de destruir la economía rusa. El problema es que la economía rusa tiene un financiamiento más sano que el de EE.UU.
Considerando que esta rápida acción se concibió como un jaque mate, la estrategia defensiva de Moscú no fue tan mala. En el frente clave de la energía, el problema sigue siendo de Occidente, no de Rusia. Si la UE no compra lo que ofrece Gazprom, colapsará.
El error clave de Moscú fue permitir que la industria nacional de Rusia fuera financiada por deuda externa denominada en dólares. Se trata de un cepo monstruoso de la deuda que puede ser fácilmente manipulado por Occidente. El primer paso de Moscú debería ser supervisar de cerca a sus bancos. Las compañías rusas deberían tomar prestado en el interior y actuar para vender sus activos en el exterior. Moscú también debería considerar la implementación de un sistema de controles de divisas para que la tasa básica de interés pueda reducirse rápidamente.
Y no hay que olvidar que Rusia siempre puede implementar una moratoria sobre deudas e intereses, afectando más de 600.000 millones de dólares. Eso estremecería íntegramente todo el sistema bancario mundial. Se trataría de un “mensaje” manifiesto que obligaría a EE.UU. y a la UE a disolver su guerra económica.
Rusia no necesita importar ninguna materia prima. Rusia puede fácilmente hacer ingeniería inversa de cualquier tecnología importada si necesita hacerlo. Sobre todo Rusia puede generar –mediante la venta de materias primas– suficiente crédito en dólares o euros. La venta por parte de Rusia de su riqueza energética –o sofisticado armamento– puede disminuir. Sin embargo, podrán obtener la misma cantidad de rublos, ya que el rublo también ha caído.
El reemplazo de importaciones con manufacturas rusas tiene mucho sentido. Habrá una inevitable fase de “ajuste”, pero eso no tardará demasiado. Los fabricantes alemanes de autos, por ejemplo, ya no pueden vender sus coches en Rusia debido a la caída del rublo. Esto significa que tendrán que reubicar sus fábricas en Rusia. Si no lo hacen, Asia –de Corea del Sur a China– los expulsará del mercado.
El oso y el dragón a la espera de sus víctimas
La declaración de guerra económica de la UE contra Rusia no tiene ningún sentido. Rusia controla, directa o indirectamente, la mayor parte del petróleo y el gas natural entre Rusia y China, aproximadamente un 25% del suministro mundial. Medio Oriente va a seguir siendo un lío. África es inestable. La UE está haciendo todo lo posible por aislarse de su suministro más estable de hidrocarburos, llevando a Moscú a redirigir la energía hacia China y el resto de Asia. Qué regalo para Pekín, ya que minimiza la alarma por los juegos de “contención” en alta mar de la armada de EE.UU.
A pesar de todo, un axioma tácito en Pekín es que los chinos se mantienen extremadamente preocupados por un Imperio del Caos que pierde más y más control y dicta los tormentosos términos de la relación entre la UE y Rusia. El resultado final es que Pekín nunca permitiría colocarse en una posición en la cual EE.UU. pueda interferir con las importaciones de energía de China, como fue el caso con Japón en julio de 1941 cuando EE.UU. declaró la guerra al imponer un embargo al petróleo, suspendiendo un 92% de las importaciones japonesas de petróleo.
Todos saben que un puntal clave del espectacular crecimiento del poder industrial de China fue el requerimiento de que los fabricantes produzcan en China. Si Rusia hiciera lo mismo su economía crecería rápidamente a una tasa de más de 5% por año. Incluso crecería más si el crédito bancario estuviera vinculado sólo a la inversión productiva.
Ahora hay que imaginar que Rusia y China invirtieran en conjunto en una nueva unión monetaria respaldada por oro, petróleo y recursos naturales como una alternativa crucial al fracasado modelo de deuda fallida de la “democracia” impulsado por los Amos del Universo en Wall Street, el cártel de los bancos centrales occidentales,y los políticos neoliberales. Estarían mostrando al Sur global que desde el comienzo el financiamiento de la prosperidad financiera y la mejora de los niveles de vida mediante la sobrecarga de deuda a futuras generaciones no podía funcionar.
Hasta entonces, una tormenta amenazará nuestras vidas hoy y mañana. El conjunto de los Amos del Universo/Washington no renunciará a su estrategia de convertir a Rusia en un Estado paria,a islado del comercio, de la transferencia de fondos de la banca y de los mercados crediticios occidentales y por lo tanto propenso al cambio de régimen.
Más tarde, si todo se desarrolla según el plan, su objetivo será -¿Quién iba a ser?- China. Y Pekín lo sabe. Mientras tanto, esperad que algunas sorpresas devastadoras estremezcan la UE hasta sus fundamentos. El tiempo se puede estar acabando, pero para la UE, no para Rusia. A pesar de todo, la tendencia general no se alterará. El Imperio del Caos está siendo –de forma lenta pero segura– excluido de Eurasia.
* Pepe Escobar es autor de Globalistan: How the Globalized World is Dissolving into Liquid War (Nimble Books, 2007), Red Zone Blues: a snapshot of Baghdad during the surge (Nimble Books, 2007), y Obama does Globalistan (Nimble Books, 2009). El nuevo libro de Pepe Escobar es Empire of Chaos . Seguidlo en Facebook .
lunes, 13 de mayo de 2013
Un nuevo estudio examina la cobertura mediática del programa nuclear iraní
Por Nima Shirazi *
Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens
A finales del mes pasado, el Centro de Estudios Internacionales y de Seguridad de la Universidad de Maryland (CISSM) publicó un amplio informe que examina la cobertura en los medios dominantes del programa nuclear iraní y sus tendencias e implicaciones durante los últimos cuatro años.
El estudio, titulado “Los medios y el programa nuclear de Irán: Un análisis de la cobertura en EE.UU. y en el Reino Unido, 2009-2012” (PDF) y escrito por el Director del Proyecto de CISSM, Jonas Siegel, y Saranaz Barforoush, estudiante de doctorado del Philip Merrill College de Periodismo en la Universidad de Maryland, analiza más de 1.200 artículos, editoriales y comentarios de opinión publicados en seis destacados, respetados e influyentes medios noticiosos en idioma inglés durante cuatro períodos de tres semanas entre 2009 y 2012.
Trazando paralelos directos con la mala praxis irresponsable, inadecuada, inexacta y peligrosamente ideológica de los medios durante la preparación de la invasión de Irak en 2003, el informe del CISSM concluye que la cobertura periodística del programa nuclear iraní ha sido –y sigue siendo– de la misma manera, distorsionada y deshonesta, confusa y contradictoria.
Entre otros numerosos resultados demuestra que la desinformación es una característica del periodismo y el análisis concentrado en Irán, que se basa considerablemente en declaraciones de políticos y portavoces gubernamentales occidentales e israelíes y establece falsas alternativas sobre la manera de resolver el conflicto actual. “La cobertura en los periódicos adoptó generalmente la tendencia de los funcionarios estadounidenses, europeos e israelíes de cargar a Irán el peso de la solución de la controversia sobre su programa nuclear, sin reconocer los papeles de esos otros países en la disputa”, dice el informe.
Como resultado, la cobertura “reflejó y reforzó los sentimientos negativos respecto a Irán ampliamente compartidos por el público estadounidense, europeo e israelí”.
En una reciente presentación y discusión de un panel sobre el estudio del Woodrow Wilson International Center for Scholars de Washington D.C., el coautor Jonas Siegal señaló “que la cobertura de los últimos cuatro años en los periódicos destaca las prescripciones y narrativas políticas presentadas por funcionarios gubernamentales mientras resta importancia a otras voces y enfoques políticos alternativos que podrían utilizarse para resolver la disputa, por ejemplo los de organismos internacionales como el OIEA”.
Otros panelistas fueron el director de investigación del NIAC Reza Marashi, la directora del Centro Internacional para los Medios y la Agenda Pública, Susan Moeller, y el veterano periodista del Washington Post Walter Pincus. Mientras Marashi y Moeller estuvieron de acuerdo con los resultados del informe, como la desafortunada tendencia de los medios a promover los aspectos “dijo/dijeron” del debate político sin explicar adecuadamente los aspectos fundamentales que deberían haber incluido evaluaciones”, Pincus se mostró menos preocupado. “No es responsabilidad del periodista suministrar siempre una cobertura exhaustiva sobre todos los temas”, insistió, “en vez de eso es obligación del lector explorar esos aspectos con mayor profundidad y sacar sus propias conclusiones”.
Una observación inquietante, especialmente si proviene de Pincus. En el documental de Bill Moyers de 2007, PBS, Buying the War –una ardiente acusación del papel de los medios como animadores de la guerra para el gobierno de Bush– el propio Pincus se lamenta frente a la cámara: “Pienso que los medios se convierten cada vez más en portadores comunes de las declaraciones de la administración y de los críticos de la administración. En cierto modo hemos renunciado a la independencia”. En esencia, nuestros actuales medios son simplemente taquígrafos diligentes que amplifican sin crítica puntos de conversación para el consumo masivo.
Lamentablemente, es obvio que Pincus, junto a muchos de sus colegas de los medios dominantes, parece que ha abdicado de su papel y de su responsabilidad de control fiable del poder y la propaganda. Y quizá todavía peor, no han aprendido nada de los últimos diez años, ignorando incluso ahora los flagrantes fracasos que ellos mismos reconocieron otrora y sus consecuencias catastróficas.
A continuación se encuentra el Resumen Ejecutivo del informe.
“Cobertura mediática del programa nuclear de Irán”
Jonas Siegel y Saranaz Barforoush
Informe del CISSM de abril de 2013
La forma de los medios noticiosos de situar su cobertura del programa nuclear de Irán tiene una importancia crítica para el entendimiento público y para las decisiones políticas que determinarán si la disputa puede resolverse sin guerra. Se estableció que la cobertura noticiosa de la preparación de la invasión de Irak dirigida por EE.UU. en 2003 y de las justificaciones de esa invasión tuvo un profundo efecto distorsionador del entendimiento público y de la decisión de ir a la guerra. ¿Tiene la cobertura noticiosa en los medios un efecto similar en las discusiones estadounidenses e internacionales sobre el programa nuclear de Irán? Si es así, ¿cómo afecta exactamente el marco de la disputa y el enfoque general de los medios noticiosos al cubrir las alternativas disponibles para los responsables políticos? ¿Y en qué medida es probable que la cobertura afecte al resultado de la disputa?
Para responder estas y otras preguntas, el Centro de Estudios Internacionales y de Seguridad de la Universidad de Maryland (CISSM) analizó una muestra de la cobertura de seis influyentes periódicos en idioma inglés –New York Times, Wall Street Journal, Washington Post, Financial Times, The Guardian, y The Independent– publicados durante los últimos cuatro años. Al concentrarse en períodos en los cuales tuvieron lugar eventos significativos en la línea de tiempo del programa nuclear de Irán y la reacción internacional, este estudio identificó diferentes modelos en la cobertura periodística. El estudio estableció que:
• La cobertura de los periódicos se concentró en los aspectos “dijo/dijeron” del debate político, sin explicar adecuadamente los temas fundamentales que deberían haber sido evaluaciones informativas como las capacidades e intenciones de Irán, la influencia de las estrategias de seguridad estadounidenses, europeas, iraníes e israelíes y el impacto del régimen de no proliferación.
• Cuando la cobertura de los periódicos consideró las intenciones y capacidades iraníes, lo hizo de un modo que carecía de precisión, inconsecuente con el transcurso del tiempo y no suministraba información adecuada sobre las fuentes y el contexto de las afirmaciones. Esto condujo a un cuadro inadecuado de las alternativas que enfrentaban los responsables políticos.
• Los funcionarios gubernamentales, en particular los del gobierno de EE.UU., fueron las fuentes consideradas y citadas con más frecuencia en la cobertura del programa nuclear de Irán. Esta tendencia concentró la atención en un conjunto limitado de opciones políticas y restó importancia a otras posibilidades de encarar la disputa.
•La cobertura de los periódicos adoptó en general la tendencia de los funcionarios estadounidenses, europeos e israelíes de responsabilizar a Irán de la solución de la disputa por su programa nuclear, sin reconocer el papel de esos otros países.
• Numerosos artículos prefirieron examinar los ángulos políticos y diplomáticos interiores e internacionales de la historia en general, contribuyendo a la fuerte dependencia de fuentes oficiales y un enfoque de las prescripciones de la política oficial. Los artículos de comentario y opinión relacionados con el programa nuclear de Irán ocupaban una parte mayor que la usual de la cobertura, demostrando el intenso interés por el tópico y abriendo el debate público a una variedad de puntos de vista.
•La cobertura de los periódicos dio poco interés al contexto más amplio –en particular las preocupaciones de seguridad de EE.UU., Irán, Israel y los Estados europeos y al efecto de la política interior en esos mismos países– que influye en lo que los actores específicos dicen o hacen con respecto al programa nuclear de Irán en diferentes ocasiones. Esto oculta la confusión sustancial sobre las motivaciones nacionales y dificulta la concepción y el debate de soluciones consensuales de la disputa.
•La cobertura del programa nuclear de Irán reflejó y reforzó los sentimientos negativos sobre Irán ampliamente compartidos por el público de EE.UU., Europa e Israel. Esto contribuyó a malentendidos respecto a los intereses implicados y limitó la variedad de resultados aceptables.
En general, estas características condujeron a los periódicos a posicionar su cobertura del programa nuclear de Irán de una manera que destacó las narrativas oficiales de la disputa y una variedad relativamente limitada de alternativas políticas disponibles para los funcionarios. Al no describir consecuente y detalladamente la compleja red de relaciones internacionales, las preocupaciones por la seguridad y los factores políticos que intervienen, la cobertura periodística privilegia aún más las narrativas oficiales y sus preferencias políticas. Esto hace probable que las políticas introducidas y bajo consideración por los responsables políticos –diplomacia coercitiva y guerra– sigan siendo el resultado más probable de la disputa. De esta manera, la cobertura noticiosa del programa nuclear de Irán recuerda la cobertura noticiosa de la preparación de la invasión de Irak de 2003 dirigida por EE.UU. La cobertura noticiosa tiene el potencial de jugar un papel significativo y constructivo en el encuentro de una solución duradera de la disputa por el programa nuclear de Irán, pero en primer lugar los periodistas y los editores tienen que encarar las tendencias presentes en su actual cobertura del tópico.
Publicado originalmente en Muftah
* Nima Shirazi es un investigador y analista político independiente. Es editor de la revista en línea Muftah y escritor colaborador de Mondoweiss . Sígalo en Twitter@WideAsleepNima
jueves, 24 de enero de 2013
La mayor amenaza a la paz mundial
Por Noam Chomsky
Al informar sobre el debate final de la campaña presidencial en Estados Unidos, The Wall Street Journal observó que el único país más mencionado (que Israel) fue Irán, al cual la mayoría de naciones de Medio Oriente ven como la mayor amenaza a la seguridad de la región.
Los dos candidatos estuvieron de acuerdo en que un Irán nuclear es la mayor amenaza a la región, si no al mundo, como Romney sostuvo explícitamente reiterando una opinión convencional.
Acerca de Israel, los candidatos rivalizaron en declararle su devoción, pero ni así los funcionarios israelíes se dieron por satisfechos.
Esperaban “un lenguaje más ‘agresivo’ de Romney”, según los reporteros. No fue suficiente que Romney exigiera que no se permitiese a Irán alcanzar un punto de capacidad nuclear.
También los árabes estaban insatisfechos, porque los temores árabes acerca de Irán se debatieron desde la óptica de la seguridad israelí, no de la región, y las preocupaciones de los árabes se pasaron por alto: una vez más, el tratamiento convencional.
El artículo del Journal, como incontables otros sobre Irán, deja sin respuesta preguntas esenciales, entre ellas: ¿quién exactamente ve a Irán como la amenaza más grave a la seguridad? ¿Y qué creen los árabes (y la mayor parte del mundo) que se puede hacer ante esa amenaza, la vean como la vean?
La primera pregunta es fácil de contestar. La amenaza iraní es abrumadoramente una obsesión de Occidente, compartida por dictadores árabes, aunque no por las poblaciones árabes.
Como han mostrado numerosas encuestas, aunque los ciudadanos de los países árabes en general no simpatizan con Irán, no lo consideran una amenaza muy grave. Más bien perciben que la amenaza son Israel y Estados Unidos, y muchos, a veces importantes mayorías, ven en las armas nucleares iraníes un contrapeso a esas amenazas.
En altas esferas de Estados Unidos algunos están de acuerdo con la percepción de las poblaciones árabes, entre ellos el general Lee Butler, ex jefe del Comando Estratégico. Él dijo en 1998: Es en extremo peligroso que en el caldero de animosidades que llamamos Medio Oriente, una nación, Israel, deba contar con un poderoso arsenal de armas nucleares, que inspira a otras naciones a tenerlo también.
Aún más peligrosa es la estrategia de contención nuclear de la que Butler fue diseñador principal por muchos años. Tal estrategia, escribió en 2002, es una fórmula para una catástrofe sin remedio, y llamó a Estados Unidos y otras potencias atómicas a aceptar los compromisos contraídos dentro del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNPN) y hacer esfuerzos de buena fe para eliminar la plaga de las armas atómicas.
Las naciones tienen la obligación legal de tomar en serio esos esfuerzos, decretó la Corte Mundial en 1996: Existe la obligación de avanzar de buena fe y llevar a término las negociaciones orientadas al desarme nuclear en todos sus aspectos, conforme a un control internacional estricto y efectivo. En 2002, el gobierno de George W. Bush declaró que Estados Unidos no está comprometido por esa obligación.
Una gran mayoría del mundo parece compartir la opinión de los árabes sobre la amenaza iraní. El Movimiento de Países No Alineados (Mnoal) ha apoyado con vigor el derecho de Irán a enriquecer uranio; la expresión más reciente fue en la reunión cumbre en Teherán, en agosto pasado.
India, el miembro más populoso del Mnoal, ha encontrado formas de evadir las onerosas sanciones financieras de Estados Unidos a Irán. Se llevan a cabo planes para vincular el puerto iraní de Chabahar, reacondicionado con asistencia india, con Asia central a través de Afganistán. También se informa que las relaciones comerciales se incrementan. Si no fuera por las fuertes presiones de Washington, es probable que estos vínculos naturales tuvieran una mejoría sustancial.
China, que tiene estatuto de observadora en el Mnoal, hace lo mismo en buena medida. Expande los proyectos de desarrollo hacia occidente, entre ellos iniciativas para reconstituir la antigua Ruta de la Seda hacia Europa. Una vía férrea de alta velocidad conecta a China con Kazajstán y más allá. Es probable que llegue a Turkmenistán, con sus ricos recursos energéticos, y que se conecte con Irán y se extienda a Turquía y Europa.
China también ha tomado el control del importante puerto de Gwadar, en Pakistán, que le permite obtener petróleo de Medio Oriente evitando los estrechos de Ormuz y Malaca, saturados de tráfico y controlados por Estados Unidos. La prensa paquistaní reporta que las importaciones de crudo de Irán, los estados árabes del Golfo y África podrían transportarse por tierra hacia el noroeste de China a través de este puerto.
En su reunión de agosto en Teherán, el Mnoal reiteró su vieja propuesta de mitigar o poner fin a la amenaza de las armas nucleares en Medio Oriente instaurando una zona libre de armas de destrucción masiva. Los pasos en esa dirección son, sin duda, la manera más directa y menos onerosa de superar esas amenazas, la cual es apoyada por casi el mundo entero.
El mes pasado se presentó una excelente oportunidad de aplicar esas medidas, cuando se planeó una conferencia internacional sobre el tema en Helsinki.
Se realizó una conferencia, pero no la que estaba planeada. Sólo organizaciones no gubernamentales participaron en la reunión alternativa, organizada por la Unión por la Paz, de Finlandia. La conferencia internacional planeada fue cancelada por Washington en noviembre, poco después de que Irán accedió a asistir.
La razón oficial del gobierno de Obama fue la turbulencia política en la región y la desafiante postura de Irán sobre la no proliferación, según la agencia Associated Press, junto con una falta de consenso sobre cómo enfocar la conferencia. Esa razón es la referencia aprobada al hecho de que la única potencia nuclear de la región, Israel, se negó a asistir, alegando que la solicitud de hacerlo era coerción.
En apariencia, el gobierno de Obama mantiene su postura anterior de que las condiciones no son apropiadas a menos que todos los miembros de la región participen. Estados Unidos no permitirá medidas para someter las instalaciones nucleares de Israel a inspección internacional. Tampoco revelará información sobre la naturaleza y alcance de las instalaciones y actividades nucleares israelíes.
La agencia de noticias de Kuwait informó de inmediato que el grupo árabe de estados y los estados miembros del Mnoal acordaron continuar negociando una conferencia para instaurar una zona libre de armas nucleares en Medio Oriente, así como de otras armas de destrucción masiva.
El mes pasado, la Asamblea General de la ONU aprobó por 174-6 una resolución en la que llama a Israel a adherirse al TNPN. Por él no votó el contingente acostumbrado: Israel, Estados Unidos, Canadá, las Islas Marshall, Micronesia y Palau.
Días después, Estados Unidos realizó un ensayo nuclear, impidiendo una vez más a inspectores internacionales el acceso al sitio de la prueba, en Nevada. Irán protestó, al igual que el alcalde de Hiroshima y algunos grupos de paz japoneses.
Desde luego, instaurar una zona libre de armas atómicas requiere de la cooperación de las potencias nucleares: en Medio Oriente, eso incluiría a Estados Unidos e Israel, que se niegan a darla. Lo mismo ocurre en otras partes. Las zonas de África y el Pacífico aguardan la aplicación del tratado porque Estados Unidos insiste en mantener y mejorar las bases de armas nucleares en las islas que controla.
Mientras se llevaba a cabo la conferencia de ONG en Helsinki, en Nueva York se realizó una cena bajo los auspicios del Instituto sobre Políticas sobre el Cercano Oriente, de Washington, ramificación del cabildo israelí.
Según una nota entusiasta sobre esa gala en la prensa israelí, Dennis Ross, Elliott Abrams y otros ex consejeros de alto nivel de Obama y Bush aseguraron a los presentes que el presidente atacará (a Irán) si la diplomacia no funciona: un muy atractivo regalo de fiestas decembrinas.
Es difícil que los estadunidenses estén enterados de cómo la diplomacia volvió a fallar, por una sencilla razón: virtualmente no se informa nada en Estados Unidos sobre el destino de la forma más obvia de lidiar con la más grave amenaza: instaurar una zona libre de armas nucleares en Medio Oriente.
* Noam Chomsky es profesor emérito de lingüística y filosofía en el Instituto Tecnológico de Massachusetts, en Cambridge. El nuevo libro de Noam Chomsky, Power systems: conversations on global democratic uprisings and the new challenges to US empire (Sistemas de poder: conversaciones sobre los levantamientos democráticos globales y los nuevos retos al imperio estadunidense) se publicará en enero.
Traducción: Jorge Anaya
lunes, 5 de marzo de 2012
La insinuación como propaganda de guerra
Por Anthony Gregory *
En 2002, y principios de 2003, el gobierno de Bush quiso demostrar que tenía razón para iniciar la guerra contra Irak. Hubo afirmaciones de que Sadam Hussein poseía armas de destrucción masiva y de que tenía vínculos con al-Qaida. Lo que nunca se dijo explícitamente, sin embargo, fue que Sadam hubiera sido responsable del 11-S. No obstante, a finales de 2003, un 70% de los estadounidenses encuestados pensaba que Sadam Hussein era responsable personalmente del 11-S. Especialmente los votantes republicanos de Bush estaban convencidos.
Sin embargo, Bush y sus funcionarios nunca lo dijeron. Y después de que empezasen a presentarse con gran claridad los múltiples desastres de la guerra de Irak, la opinión pública cuestionó la información previa a la guerra que dieron los funcionarios de Bush. Y estos pudieron decir que, hablando estrictamente, nunca afirmaron que Sadam estuviera detrás del 11-S.
Condoleezza Rice dijo algo en el sentido de que los ataques se originaron en la zona de Irak. Hubo toda clase de insinuaciones de que Sadam pudo estar involucrado. Y por cierto el equipo de Bush nunca hizo el menor esfuerzo para desengañar al pueblo de EE.UU. de la idea completamente falsa de que Sadam hubiera estado detrás del 11-S. La inmensa mayoría de los estadounidenses lo creía –incluso había estadounidenses que se oponían a la guerra de Irak que también pensaban que Sadam estuvo detrás de los atentados- lo cual no solo era totalmente erróneo sino que además no estaba basado en ninguna afirmación explícita del gobierno. Varios comentaristas favorables a la guerra lo habían dicho, pero Bush, Cheney, Rumsfeld, Rice y Powell no lo dijeron.
Avancemos rápidamente una década hasta la actualidad. Un 71% de los estadounidenses –casi exactamente el porcentaje que pensó que Sadam estaba detrás del 11-S– piensa que Irán posee armas nucleares. Es una pequeña muestra, pero concuerda con los sondeos realizados durante los últimos años y todos muestran que la mayoría cree que Irán ya tiene armas nucleares. Y casi nueve de cada diez estadounidenses están seguros de que Irán sigue esforzándose para tenerlas.
Por cierto, hablando con “liberales respetables” –el tipo de personas que oyen NPR y ven a Jon Stewart– encuentro repetidamente que incluso gente que no quiere ir a la guerra asume que todo estadounidense razonable sabe que Irán está a punto de conseguir bombas nucleares, si es que todavía no las tiene.
Lo extraño es que aparte de que no existe evidencia verosímil de que Irán tenga armas nucleares, ¡tampoco hay nadie en una posición de autoridad oficial que lo afirme! Todos los informes del Organismo Internacional de Energía Atómica, incluso aunque esté amañando para que señale a Irán como inquietante, confirma que no hay “desviación” de materiales nucleares destinados a fabricar armas. La CIA y la comunidad de los servicios de inteligencia han mantenido sistemáticamente los resultados del Cálculo Nacional de Inteligencia de que Irán no ha intentado fabricar armas nucleares desde 2003 (y que lo hiciera entonces solo es una leve sospecha basada en evidencias mínimas preparadas por el gobierno israelí).
Además la semana pasada el secretario de Defensa Leon Panetta subrayó que Irán no solo no tiene armas nucleares; ¡ni siquiera existe la evidencia de que quiera conseguirlas!
Incluso aunque Irán quisiera fabricar armas nucleares, probablemente necesitaría tres años o más. Según las informaciones, Irán intenta enriquecer sus unidades de 19,75% LEU. Las armas nucleares requieren 95% y no hay evidencia de que Irán tenga medios para hacerlo. Incluso es más dudoso creer que un Irán con armas nucleares sería una especie de amenaza sin precedentes para EE.UU., pero esto no viene al caso.
¿De qué estamos hablando entonces? El gobierno de Obama (y el de Bush y la ONU) tienen la misma posición oficial: Irán no tiene bombas nucleares y probablemente los iraníes no pretenden tenerlas. Sin embargo siete de cada diez estadounidenses piensan que Irán ya las tiene. Mientras tanto todos los candidatos presidenciales republicanos, con excepción de Ron Paul, advierten de la amenaza sin igual de un Irán Nuclear. Y la Casa Blanca de Obama castiga al país con sanciones más duras y cada vez con más amenazas.
Por cierto, Obama ha medrado a costa de la insinuación de que Irán tiene bombas nucleares. Cuando se puso más duro en 2009 porque atraparon a Irán con las manos en la masa en su nueva instalación nuclear en Qom –una instalación nuclear civil de la cual Irán ya había informado a la comunidad internacional, lo que concuerda con su continuo respeto del Tratado de No Proliferación del cual es firmante– lo hizo sobre el transfondo de la insinuación de que era evidente que todos saben que Irán quiere armas nucleares. Lo hizo a pesar de que todo lo que existía en Qom, según un funcionario del OIEA, era un “hoyo en una montaña”. ¿Por qué no recordó el presidente al público que no hay mucho que cause preocupación, ya que todo el Departamento de Defensa y la comunidad de la defensa confirman que Irán no tiene un programa de armas nucleares?
Si comienza una guerra con Irán, se basará en gran parte en la propaganda creída por el público, una propaganda que nunca ha sido oficialmente articulada por el gobierno. En el pasado, EE.UU. aprovechó mentiras totales para justificar guerras: el incidente del Golfo de Tonkín, los bebés kuwaitíes arrancados de las incubadoras, etc. Desde hace tiempo hay una buena cantidad de afirmaciones no corroboradas involucradas en las grandes guerras de EE.UU., el USS Maine hundido por los españoles, el Telegrama Zimmerman como una verdadera amenaza a EE.UU., el genocidio serbio de albaneses étnicos, la muerte de decenas de miles de civiles a finales de los años noventa, etc.
Pero las mentiras y afirmaciones actuales no corroboradas, no son suficientes. El Estado bélico EE.UU. parece medrar con la insinuación en su propaganda bélica. Los mandamases de la maquinaria bélica de EE.UU. nunca hacen las afirmaciones más provocativas respecto a los enemigos de EE.UU. De esa manera si la guerra va mal y la gente comienza a acusar a la clase política de engañarla, los defensores del imperio pueden decir fácilmente (y exactamente en la palabra aunque no en el espíritu): “¡Bush nunca afirmó que Sadam estuviera detrás del 11-S! ¡Obama nunca afirmó que Irán tuviera armas nucleares!”
Pero no hay que pensar ni por un instante que nuestros gobernantes no estén contentos de que el pueblo estadounidense crea lo que cree. Es mucho más fácil ir a la guerra si el público acepta todo tipo de estupideces. La posibilidad de denegación que la propaganda insinuada ofrece a la clase gobernante solo es el toque final.
* Anthony Gregory es analista de investigación en The Independent Institute. Sus artículos han aparecido en San Diego Union-Tribune, East Valley Tribune (AZ), Contra Costa Times, The Star (Chicago, IL), Washington Times, Vacaville Reporter, Palo Verde Times, y otros periódicos.
viernes, 17 de febrero de 2012
El gobierno de Obama e Irán
Jadaliyya
Por Shiva Balaghi
«Que nadie dude de que Estados Unidos está decidido a impedir que Irán obtenga armas nucleares, y que no dejaremos escapar ninguna oportunidad para alcanzar ese objetivo», ha afirmado el Presidente Obama en su discurso sobre el estado de la Unión del año 2012. La afirmación arrancó una ovación clamorosa y sostenida del Congreso estadounidense. «Pero todavía es posible una solución pacífica al respecto», prosiguió el presidente entre algunos aplausos que seguían causando cierto alboroto incómodo en una sala ya casi en silencio. El espectáculo haría pensar que la guerra contra Irán no solo parece una alternativa viable en el Capitolio, sino tal vez incluso muy popular.
El discurso de guerra conserva cierto atractivo. Para un presidente estadounidense al que espera una ardua campaña de reelección, hablar de guerra es abreviatura de fuerza y determinación personal. Indica apoyo al ejército en un momento en que los recortes en gastos de defensa son esenciales. Salva profundas divisiones partidistas en Washington, aun cuando solo sea momentáneamente. El discurso de guerra contribuye a presionar a China y a Rusia para que apoyen unas sanciones atroces que llevan mucho tiempo resistiéndose a aceptar; en lugar de castigar a Irán, las sanciones se pueden hacer pasar ahora como un intento de evitar la guerra inminente contra Irán a la que se oponen. Y el discurso de guerra tranquiliza a la dirección del Likud israelí porque le indica que sigue ejerciendo una influencia inmensa en la toma de decisiones políticas estadounidenses.
La opción militar
Desde Jimmy Carter, todos los presidentes estadounidenses han mantenido sobre el tapete la opción militar contra Irán. De hecho, algunos han utilizado al ejército estadounidense como instrumento directo para tratar con la República Islámica de Irán. Es célebre que en 1980 el Presidente Carter llevó a cabo una misión fallida de rescate de rehenes norteamericanos. «La misión fue un desastre absoluto», concluye Charles Tustin Kamps, profesor de juegos de guerra en el Mando Aéreo y Escuela de Mando (ACSC, Air Command y Staff College) de la Base Maxwell del Ejército del Aire, en Alabama. La imagen de los helicópteros del ejército estadounidense destrozados en el desierto iraní aparece en un sello de correos de la república islámica, donde se recuerda como «la derrota del ejército estadounidense en el ataque directo contra Irán».
En 1994, el Presidente Clinton calificó a Irán como «un Estado malvado». Al año siguiente, declaró una situación de «emergencia nacional» que impuso sanciones comerciales y económicas globales contra Irán con la Orden Ejecutiva 12957, que comenzaba diciendo:
Yo, William J. Clinton, Presidente de Estados Unidos de América, entiendo que las acciones y políticas del gobierno de Irán constituyen una amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad nacional, la política exterior y la economía de Estados Unidos, por lo que declaro el estado de emergencia nacional para hacer frente a la amenaza.
En el año 2008, Seymour Hersh, un destacado periodista de investigación, advirtió de una guerra secreta contra Irán aduciendo que «el objetivo último del Presidente Bush en la confrontación nuclear con Irán es propiciar un cambio de régimen». Los últimos llamamientos a la guerra contra Irán empezaron a sonar más alto cuando una autoridad iraní de nivel intermedio renovó hace poco la sempiterna amenaza iraní de bloquear el Estrecho de Ormuz. Un analista muy bien informado del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, Anthony Cordesman, concluyó que, en el mejor de los casos, Irán podría bloquear el estrecho durante «entre unos días y dos semanas». Según sostenía Cordesman, Irán lo haría sabiendo que con ello sacrificaría todos sus efectivos militares en el golfo, «sufriría represalias masivas y perdería potencialmente muchas de sus instalaciones petrolíferas e ingresos por exportaciones». Después de todo, el cierre del estrecho devastaría la economía de Irán, ya maltrecha. Pero hablar de guerra difumina el impacto de este tipo de valoraciones lógicas y bien informadas.
La semana pasada, el portaviones estadounidense llamado Abraham Lincoln se reincorporó a la V Flota del Golfo Pérsico. Su presencia garantiza que el Estrecho de Ormuz siga abierto y recuerda al gobierno iraní que se puede llevar a cabo un ataque devastador con misiles Tomahawk. Durante la Guerra de Iraq, el Abraham Lincoln realizó 16.500 misiones en Iraq y Afganistán. La maniobra fortalece el puño de los halcones que abogan por una presencia militar estadounidense fuerte en el Golfo, incluso después de que Estados Unidos se haya retirado de Iraq. El discurso de la guerra sirve de poderoso contrapunto para quienes, como Toby Craig Jones, defienden persuasivamente que la presencia de la V Flota contamina las opciones diplomáticas estadounidenses en Bahrein y otros lugares.
Al igual que en la era Reagan, el discurso de guerra del Presidente Obama está cuidadosamente sopesado para que sea multilateral. No solo engloba a los aliados estadounidenses tradicionales en Oriente Próximo, sino también a los de Europa. Esta semana, los ministros de la Unión Europea han acordado en Bruselas imponer un embargo de petróleo de la república islámica. Cuando se encamina hacia la campaña de reelección de 2012, el Presidente Obama confía con contar entre sus éxitos diplomáticos con una respuesta contundente hacia Irán. Durante el discurso del estado de la Unión, mientras su Secretaria de Estado Hilary Clinton asentía desde el auditorio con gestos de aprobación, el Presidente Obama dijo al Congreso estadounidense:
Con el poder de nuestra diplomacia, el mundo anteriormente dividido respecto a cómo hacer frente al programa nuclear iraní está ahora unido. El régimen está más aislado que nunca; sus dirigentes se enfrentan a sanciones espantosas y, mientras sigan eludiendo sus responsabilidades, la presión no cejará.
Parecería que el discurso de Obama sobre la guerra está concebido para aislar a Irán desde el punto de vista diplomático, deteriorar su economía y poner en peligro la estabilidad del régimen. Se supone que una república islámica castigada cederá fácilmente a las presiones estadounidenses de que detenga su programa nuclear. A la buena diplomacia de la que el Presidente Obama está justificadamente orgulloso se le puede dar el buen uso de apelar a todas las partes, incluidos los aliados más bravucones, para que detengan la retórica de la hostilidad y las operaciones encubiertas que están suponiendo una escalada de la amenaza de guerra contra Irán.
Ir más allá del discurso de la guerra
Uno de los peligros de hablar de la guerra es que genera un clima enormemente inestable en el que la lógica y la historia quedan de lado. Como hemos visto, la amenaza de guerra contra Irán ha sido un rasgo cíclico del paisaje político estadounidense. Desde 1979, diversos desencadenantes han renovado el discurso de guerra y suscitado reacciones contra el mismo. Se escriben páginas de opinión que reclaman que prevalezca la frialdad en las cabezas. En las universidades se convocan mesas redondas de expertos en Irán. Se difunden peticiones, se realizan manifestaciones. Sería bueno que los asesores de Obama recordaran los límites del discurso de guerra, pues anteriormente no ha conseguido doblegar a la república islámica ni producir un cambio de régimen.
La premisa implícita de buena parte de la última oleada del discurso de guerra es que el gobierno de Obama debe elegir entre dos malas opciones: entrar en guerra contra Irán o permitir que la república islámica desarrolle armamento nuclear. Este falso dilema se basa en la premisa falsa de que disponemos de evidencias irrefutables y enjuiciables de que Irán está desarrollando efectivamente armamento nuclear... y de que está cerca de conseguir ese objetivo. El último informe de la Agencia Internacional de la Energía Atómica (IAEA, International Atomic Energy Agency) no es en absoluto concluyente. Esta suposición también pasa por alto la fundamental importancia de una diplomacia matizada basada en el conocimiento histórico, político y cultural de la República Islámica de Irán.
El Presidente Obama y la Secretaria de Estado Clinton harían bien en recordar que el régimen iraní tiene un historial demostrado de resistencia a la guerra prolongada. De hecho, muchos de sus instrumentos de poder coercitivos y propagandísticos se crearon en la década de 1980 durante los ocho años de guerra contra Iraq. Esas redes de poder siguen hoy día a su disposición. Es muy dudoso que la opción militar provoque un cambio de régimen. Quienes recurren a los ejemplos de la caída de Muammar el Gadaffi y Saddam Hussein para señalar los estragos que causa la guerra también deberían tener en mente que sus regímenes no han sido sustituidos por gobiernos que garanticen la seguridad en la región, ni las libertades en el interior de los respectivos países.
Para determinar las mejores opciones disponibles de política exterior, el gobierno de Obama debería ser prudente con quienes identifican la política estadounidense con la de sus aliados. Arabia Saudí e Israel tienen ambos una larga y complicada historia con Irán. Contemplar una guerra contra Irán bajo esta óptica no podría dejar a Estados Unidos más que malas opciones. El Presidente Obama podría hacer gala de un auténtico liderazgo desligando la política estadounidense hacia Irán de su relación con Israel.
Y aunque Irán está aislada diplomáticamente, un ataque militar de Estados Unidos y/o sus aliados probablemente aglutinaría a la opinión pública mundial en favor de Irán con independencia de lo impopular que pueda parecer su régimen. La historia iraní muestra una y otra vez que, ante una agresión extranjera, los iraníes se concentran para defender su bandera, al margen de lo impopular o represor que pueda ser su gobierno.
Incluso los irano-estadounidenses, cuyas opiniones políticas sobre Irán divergen de manera significativa, permanecen unidos contra la guerra, especialmente después de haber sido testigos del catastrófico impacto de la guerra contra Iraq.
¿Qué hacer?
El Presidente Obama debería apelar a socios expertos para que le ayudaran a trazar una senda entre la bruma del discurso de guerra hacia una resolución pacífica del actual punto muerto en que nos encontramos. El gobierno turco podía contribuir a crear cauces de debate sosegados y privados. Sin duda, el actual embajador estadounidense en Turquía conoce Irán mejor que la mayoría del Departamento de Estado. Mohammed El-Baradei, que recibió el premio Nobel por su trabajo como director de la IAEA, podría ser otro recurso especializado en estas negociaciones.
Tras una década de guerra en Afganistán, parece que la única estrategia de salida sensata para Estados Unidos pasa por negociar con los talibanes. Una guerra contra Irán terminaría probablemente con un escenario semejante. Y una regla básica de la diplomacia es que las negociaciones tienen el máximo éxito cuando todas las partes hacen sacrificios, pero se presentan ante sus partidarios como los vencedores. Todos los países negocian mejor desde una posición de fuerza. Acosar a la república islámica antes de sentarse a mantener conversaciones rigurosas pone realmente en peligro el éxito de la diplomacia.
Cuando el cambio de régimen deje de ser un objetivo encubierto o explícito del gobierno estadounidense, la república islámica se verá obligada a encarar a sus propios ciudadanos. Ya no será capaz de culpar a Estados Unidos de sus males económicos, ni a tomar medidas enérgicas contra los opositores del interior diciendo que son agentes de Estados Unidos o Gran Bretaña. El principal objetivo de la república islámica siempre ha sido mantenerse en el poder. Siempre ha reservado sus peores modales para el interior de su territorio. Parece una lección difícil de aprender para los dirigentes estadounidenses. Dejemos que los inspectores de armamento hagan su trabajo, dejemos que la oposición interna de Irán siga su curso. Es la mejor esperanza para una resolución duradera del «problema de Irán».
La opción militar ha estado sobre la mesa desde que comenzara la crisis de los rehenes en noviembre de 1979. Desde entonces, los portaviones estadounidenses, o bien han estado en la zona, o bien han estado preparados para encaminarse allí. Desde entonces, los juegos de guerra estadounidenses se han centrado principalmente en Irán. Una puerta giratoria de analistas expertos de Washington D.C. (con un espectro de conocimientos especializados que excluye la historia y la política iraní o el predominio persa) nos ha alertado de que la guerra contra Irán es inminente, esencial, viable, e incluso deseable.
Las guerras no son herramientas políticas eficaces. No son baratas, ni fáciles. Las guerras no traen cambios de régimen; pueden desembocar en la muerte de dirigentes, pero no en cambios sustanciales en el gobierno, ni en la sociedad. Las guerras no traen la democracia; normalmente desembocan en unos disturbios y una violencia mayores que desencadenan el éxodo de los sectores de la sociedad más esenciales para forjar la democracia. Las guerras no hacen de Estados Unidos un lugar más seguro; si fuera así, después de una década de «guerra contra el terrorismo», de centenares de miles de muertos y de miles de millones de dólares gastados, el color de la alerta debería ser verde (riesgo bajo de ataques terroristas). Ha llegado el momento de que el Presidente Obama muestre determinación y fuerza acallando el discurso de guerra y conduciendo la política de su gobierno hacia Irán a terrenos más fructíferos.
Por Shiva Balaghi
«Que nadie dude de que Estados Unidos está decidido a impedir que Irán obtenga armas nucleares, y que no dejaremos escapar ninguna oportunidad para alcanzar ese objetivo», ha afirmado el Presidente Obama en su discurso sobre el estado de la Unión del año 2012. La afirmación arrancó una ovación clamorosa y sostenida del Congreso estadounidense. «Pero todavía es posible una solución pacífica al respecto», prosiguió el presidente entre algunos aplausos que seguían causando cierto alboroto incómodo en una sala ya casi en silencio. El espectáculo haría pensar que la guerra contra Irán no solo parece una alternativa viable en el Capitolio, sino tal vez incluso muy popular.
El discurso de guerra conserva cierto atractivo. Para un presidente estadounidense al que espera una ardua campaña de reelección, hablar de guerra es abreviatura de fuerza y determinación personal. Indica apoyo al ejército en un momento en que los recortes en gastos de defensa son esenciales. Salva profundas divisiones partidistas en Washington, aun cuando solo sea momentáneamente. El discurso de guerra contribuye a presionar a China y a Rusia para que apoyen unas sanciones atroces que llevan mucho tiempo resistiéndose a aceptar; en lugar de castigar a Irán, las sanciones se pueden hacer pasar ahora como un intento de evitar la guerra inminente contra Irán a la que se oponen. Y el discurso de guerra tranquiliza a la dirección del Likud israelí porque le indica que sigue ejerciendo una influencia inmensa en la toma de decisiones políticas estadounidenses.
La opción militar
Desde Jimmy Carter, todos los presidentes estadounidenses han mantenido sobre el tapete la opción militar contra Irán. De hecho, algunos han utilizado al ejército estadounidense como instrumento directo para tratar con la República Islámica de Irán. Es célebre que en 1980 el Presidente Carter llevó a cabo una misión fallida de rescate de rehenes norteamericanos. «La misión fue un desastre absoluto», concluye Charles Tustin Kamps, profesor de juegos de guerra en el Mando Aéreo y Escuela de Mando (ACSC, Air Command y Staff College) de la Base Maxwell del Ejército del Aire, en Alabama. La imagen de los helicópteros del ejército estadounidense destrozados en el desierto iraní aparece en un sello de correos de la república islámica, donde se recuerda como «la derrota del ejército estadounidense en el ataque directo contra Irán».
En 1994, el Presidente Clinton calificó a Irán como «un Estado malvado». Al año siguiente, declaró una situación de «emergencia nacional» que impuso sanciones comerciales y económicas globales contra Irán con la Orden Ejecutiva 12957, que comenzaba diciendo:
Yo, William J. Clinton, Presidente de Estados Unidos de América, entiendo que las acciones y políticas del gobierno de Irán constituyen una amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad nacional, la política exterior y la economía de Estados Unidos, por lo que declaro el estado de emergencia nacional para hacer frente a la amenaza.
En el año 2008, Seymour Hersh, un destacado periodista de investigación, advirtió de una guerra secreta contra Irán aduciendo que «el objetivo último del Presidente Bush en la confrontación nuclear con Irán es propiciar un cambio de régimen». Los últimos llamamientos a la guerra contra Irán empezaron a sonar más alto cuando una autoridad iraní de nivel intermedio renovó hace poco la sempiterna amenaza iraní de bloquear el Estrecho de Ormuz. Un analista muy bien informado del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, Anthony Cordesman, concluyó que, en el mejor de los casos, Irán podría bloquear el estrecho durante «entre unos días y dos semanas». Según sostenía Cordesman, Irán lo haría sabiendo que con ello sacrificaría todos sus efectivos militares en el golfo, «sufriría represalias masivas y perdería potencialmente muchas de sus instalaciones petrolíferas e ingresos por exportaciones». Después de todo, el cierre del estrecho devastaría la economía de Irán, ya maltrecha. Pero hablar de guerra difumina el impacto de este tipo de valoraciones lógicas y bien informadas.
La semana pasada, el portaviones estadounidense llamado Abraham Lincoln se reincorporó a la V Flota del Golfo Pérsico. Su presencia garantiza que el Estrecho de Ormuz siga abierto y recuerda al gobierno iraní que se puede llevar a cabo un ataque devastador con misiles Tomahawk. Durante la Guerra de Iraq, el Abraham Lincoln realizó 16.500 misiones en Iraq y Afganistán. La maniobra fortalece el puño de los halcones que abogan por una presencia militar estadounidense fuerte en el Golfo, incluso después de que Estados Unidos se haya retirado de Iraq. El discurso de la guerra sirve de poderoso contrapunto para quienes, como Toby Craig Jones, defienden persuasivamente que la presencia de la V Flota contamina las opciones diplomáticas estadounidenses en Bahrein y otros lugares.
Al igual que en la era Reagan, el discurso de guerra del Presidente Obama está cuidadosamente sopesado para que sea multilateral. No solo engloba a los aliados estadounidenses tradicionales en Oriente Próximo, sino también a los de Europa. Esta semana, los ministros de la Unión Europea han acordado en Bruselas imponer un embargo de petróleo de la república islámica. Cuando se encamina hacia la campaña de reelección de 2012, el Presidente Obama confía con contar entre sus éxitos diplomáticos con una respuesta contundente hacia Irán. Durante el discurso del estado de la Unión, mientras su Secretaria de Estado Hilary Clinton asentía desde el auditorio con gestos de aprobación, el Presidente Obama dijo al Congreso estadounidense:
Con el poder de nuestra diplomacia, el mundo anteriormente dividido respecto a cómo hacer frente al programa nuclear iraní está ahora unido. El régimen está más aislado que nunca; sus dirigentes se enfrentan a sanciones espantosas y, mientras sigan eludiendo sus responsabilidades, la presión no cejará.
Parecería que el discurso de Obama sobre la guerra está concebido para aislar a Irán desde el punto de vista diplomático, deteriorar su economía y poner en peligro la estabilidad del régimen. Se supone que una república islámica castigada cederá fácilmente a las presiones estadounidenses de que detenga su programa nuclear. A la buena diplomacia de la que el Presidente Obama está justificadamente orgulloso se le puede dar el buen uso de apelar a todas las partes, incluidos los aliados más bravucones, para que detengan la retórica de la hostilidad y las operaciones encubiertas que están suponiendo una escalada de la amenaza de guerra contra Irán.
Ir más allá del discurso de la guerra
Uno de los peligros de hablar de la guerra es que genera un clima enormemente inestable en el que la lógica y la historia quedan de lado. Como hemos visto, la amenaza de guerra contra Irán ha sido un rasgo cíclico del paisaje político estadounidense. Desde 1979, diversos desencadenantes han renovado el discurso de guerra y suscitado reacciones contra el mismo. Se escriben páginas de opinión que reclaman que prevalezca la frialdad en las cabezas. En las universidades se convocan mesas redondas de expertos en Irán. Se difunden peticiones, se realizan manifestaciones. Sería bueno que los asesores de Obama recordaran los límites del discurso de guerra, pues anteriormente no ha conseguido doblegar a la república islámica ni producir un cambio de régimen.
La premisa implícita de buena parte de la última oleada del discurso de guerra es que el gobierno de Obama debe elegir entre dos malas opciones: entrar en guerra contra Irán o permitir que la república islámica desarrolle armamento nuclear. Este falso dilema se basa en la premisa falsa de que disponemos de evidencias irrefutables y enjuiciables de que Irán está desarrollando efectivamente armamento nuclear... y de que está cerca de conseguir ese objetivo. El último informe de la Agencia Internacional de la Energía Atómica (IAEA, International Atomic Energy Agency) no es en absoluto concluyente. Esta suposición también pasa por alto la fundamental importancia de una diplomacia matizada basada en el conocimiento histórico, político y cultural de la República Islámica de Irán.
El Presidente Obama y la Secretaria de Estado Clinton harían bien en recordar que el régimen iraní tiene un historial demostrado de resistencia a la guerra prolongada. De hecho, muchos de sus instrumentos de poder coercitivos y propagandísticos se crearon en la década de 1980 durante los ocho años de guerra contra Iraq. Esas redes de poder siguen hoy día a su disposición. Es muy dudoso que la opción militar provoque un cambio de régimen. Quienes recurren a los ejemplos de la caída de Muammar el Gadaffi y Saddam Hussein para señalar los estragos que causa la guerra también deberían tener en mente que sus regímenes no han sido sustituidos por gobiernos que garanticen la seguridad en la región, ni las libertades en el interior de los respectivos países.
Para determinar las mejores opciones disponibles de política exterior, el gobierno de Obama debería ser prudente con quienes identifican la política estadounidense con la de sus aliados. Arabia Saudí e Israel tienen ambos una larga y complicada historia con Irán. Contemplar una guerra contra Irán bajo esta óptica no podría dejar a Estados Unidos más que malas opciones. El Presidente Obama podría hacer gala de un auténtico liderazgo desligando la política estadounidense hacia Irán de su relación con Israel.
Y aunque Irán está aislada diplomáticamente, un ataque militar de Estados Unidos y/o sus aliados probablemente aglutinaría a la opinión pública mundial en favor de Irán con independencia de lo impopular que pueda parecer su régimen. La historia iraní muestra una y otra vez que, ante una agresión extranjera, los iraníes se concentran para defender su bandera, al margen de lo impopular o represor que pueda ser su gobierno.
Incluso los irano-estadounidenses, cuyas opiniones políticas sobre Irán divergen de manera significativa, permanecen unidos contra la guerra, especialmente después de haber sido testigos del catastrófico impacto de la guerra contra Iraq.
¿Qué hacer?
El Presidente Obama debería apelar a socios expertos para que le ayudaran a trazar una senda entre la bruma del discurso de guerra hacia una resolución pacífica del actual punto muerto en que nos encontramos. El gobierno turco podía contribuir a crear cauces de debate sosegados y privados. Sin duda, el actual embajador estadounidense en Turquía conoce Irán mejor que la mayoría del Departamento de Estado. Mohammed El-Baradei, que recibió el premio Nobel por su trabajo como director de la IAEA, podría ser otro recurso especializado en estas negociaciones.
Tras una década de guerra en Afganistán, parece que la única estrategia de salida sensata para Estados Unidos pasa por negociar con los talibanes. Una guerra contra Irán terminaría probablemente con un escenario semejante. Y una regla básica de la diplomacia es que las negociaciones tienen el máximo éxito cuando todas las partes hacen sacrificios, pero se presentan ante sus partidarios como los vencedores. Todos los países negocian mejor desde una posición de fuerza. Acosar a la república islámica antes de sentarse a mantener conversaciones rigurosas pone realmente en peligro el éxito de la diplomacia.
Cuando el cambio de régimen deje de ser un objetivo encubierto o explícito del gobierno estadounidense, la república islámica se verá obligada a encarar a sus propios ciudadanos. Ya no será capaz de culpar a Estados Unidos de sus males económicos, ni a tomar medidas enérgicas contra los opositores del interior diciendo que son agentes de Estados Unidos o Gran Bretaña. El principal objetivo de la república islámica siempre ha sido mantenerse en el poder. Siempre ha reservado sus peores modales para el interior de su territorio. Parece una lección difícil de aprender para los dirigentes estadounidenses. Dejemos que los inspectores de armamento hagan su trabajo, dejemos que la oposición interna de Irán siga su curso. Es la mejor esperanza para una resolución duradera del «problema de Irán».
La opción militar ha estado sobre la mesa desde que comenzara la crisis de los rehenes en noviembre de 1979. Desde entonces, los portaviones estadounidenses, o bien han estado en la zona, o bien han estado preparados para encaminarse allí. Desde entonces, los juegos de guerra estadounidenses se han centrado principalmente en Irán. Una puerta giratoria de analistas expertos de Washington D.C. (con un espectro de conocimientos especializados que excluye la historia y la política iraní o el predominio persa) nos ha alertado de que la guerra contra Irán es inminente, esencial, viable, e incluso deseable.
Las guerras no son herramientas políticas eficaces. No son baratas, ni fáciles. Las guerras no traen cambios de régimen; pueden desembocar en la muerte de dirigentes, pero no en cambios sustanciales en el gobierno, ni en la sociedad. Las guerras no traen la democracia; normalmente desembocan en unos disturbios y una violencia mayores que desencadenan el éxodo de los sectores de la sociedad más esenciales para forjar la democracia. Las guerras no hacen de Estados Unidos un lugar más seguro; si fuera así, después de una década de «guerra contra el terrorismo», de centenares de miles de muertos y de miles de millones de dólares gastados, el color de la alerta debería ser verde (riesgo bajo de ataques terroristas). Ha llegado el momento de que el Presidente Obama muestre determinación y fuerza acallando el discurso de guerra y conduciendo la política de su gobierno hacia Irán a terrenos más fructíferos.
viernes, 9 de diciembre de 2011
“El modelo minero a gran escala además de causar miseria atenta contra la democracia y los derechos humanos en América Latina”
Cronicon.net
Por Fernando Arellano Ortiz
En América Latina se viene ejecutando una segunda fase del criminal modelo neoliberal que tantos perjuicios económicos, sociales y políticos generó a la región durante el último cuarto de siglo, mediante la puesta en marcha de lo que el presidente conservador colombiano Juan Manuel Santos ha dado en llamar la “locomotora minera” para significar unas supuestas “ventajas y oportunidades económicas”.
Este modelo conocido como extractivismo (explotación de los recursos naturales) tiene en la minería de cielo abierto, “la actividad más perversa en la medida en que muestra lo peor: desposesión y despojo descarnado, altos índices de contaminación del medio ambiente, aprovechamiento al máximo de los territorios objeto de explotación no dejando ganancias económicas para los países, y amenaza a la democracia y a los derechos humanos”, explica en forma categórica la socióloga e investigadora argentina Marsitella Svampa, principal referente hoy en día en Latinoamérica en este tema.
Svampa ha recorrido buen parte de la geografía latinoamericana para estudiar in situ la realidad socioeconómica de las comunidades afectadas por la explotación minera, lo que le ha permitido analizar en profundidad las múltiples consecuencias que esta actividad extractivista viene causando en la descomposición del tejido social y con ella la irrupción de conflictos sociales y políticos que, como bien señala, amenazan la estabilidad democrática y el respeto por los derechos humanos en la región.
En sus múltiples investigaciones, libros, ensayos y artículos periodísticos, esta científica social ha sido contundente en sus conclusiones al señalar que el modelo minero a cielo abierto que han adoptado varios gobiernos latinoamericanos ya sean de derecha, centroizquierda o izquierda, “no solo genera más conflicto social, sino que contribuye a la reprimerización de las economías latinoamericanas”. Lo grave, añade, es que “estamos consolidando enclaves de exportación que, lejos de generar desarrollo endógeno, producen más pobreza y desigualdad”.
Mayor ganancia del capital y nula generación de empleo
Uno de los argumentos centrales que suelen esgrimir los defensores de esta actividad es asociar minería con creación de puestos de trabajo, señala Svampa, frente a lo cual, agrega, “suele ocultarse que los proyectos mineros a gran escala generan una demanda intensiva de trabajo en las fases iniciales que crea la ilusión de trabajo permanente. En realidad, la minería de gran escala se caracteriza por ser una de las actividades económicas más capital-intensivas. Por cada 1 millón de dólares invertido, se crean apenas entre 0,5 y 2 empleos directos. Cuanto más capital-intensiva es una actividad, menos empleo genera, y menor es la participación del salario de los trabajadores en el valor agregado total que ellos produjeron con su labor: la mayor parte es ganancia del capital”.
Para ilustrar esta situación trae a colación los casos de Perú, Chile y Argentina, cuyas cifras demuestran el casi nulo aporte en generación de empleo.
“En Perú, -explica- la minería es la actividad que menos contribuye a la generación de empleo: ocupa apenas el 1,5 de la Población Económica Activa (PEA), contra un 32,7% de la agricultura y un 26% de los servicios. Para el caso de Chile, las estadísticas muestran de forma contundente el fuerte incremento de los volúmenes de explotación y extracción, y de los valores de exportación, producidos a la par de una paralela caída en la cantidad absoluta y relativa del empleo minero. En Argentina, pese a las promesas de los megaemprendimientos mineros, la minería representa menos del 0,7% del total de los asalariados registrados”.
Del consenso de Washington al consenso de los commodities
Para analizar con detenimiento las consecuencias del modelo extractivista y uno de sus principales componentes, la explotación de la minería metalífera, el Observatorio Sociopolítico Latinoamericano WWW.CRONICON.NET, dialogó en Buenos Aires con esta destacada científica social, licenciada en Filosofía por la Universidad de Córdoba y doctora en Sociología por la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París.
Maristella Svampa alterna su actividad de investigación social y docente universitaria con la literatura. Ha publicado dos novelas: Las reinas perdidas y Dónde están enterrados nuestros muertos. Actualmente se desempeña como catedrática de la Universidad de la Plata e investigadora del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) de Argentina. Conferencista internacional, es autora de varios libros en los que analiza diversas realidades sociales, políticas y económicas en el ámbito latinoamericano; en 2006 obtuvo una beca otorgada por la John Simon Guggenheim Memorial Foundation, así como el Premio Konex al mérito en Sociología; y en 2001 fue distinguida con la Cátedra Simón Bolívar de la Université Nouvelle Sorbonne de París.
- ¿El modelo extractivista en América Latina en el que sobresale la explotación de minas de oro a cielo abierto tan funesta desde el punto de vista medioambiental, corresponde como lo han señalado algunos investigadores sociales a una segunda fase del esquema neoliberalismo, en el que paradójicamente están comprometidos algunos gobiernos que se denominan progresistas?
- En 2006 cuando comencé a escribir sobre estos temas yo planteaba que, efectivamente, esta es la segunda fase del modelo neoliberal. La primera estaba consagrada sobre todo a la privatización de los servicios públicos y de los recursos naturales, y la segunda apunta a la ola de desposesión. Creo que este análisis no es del todo representativo porque ello implicaría ver solo un costado del problema. En los últimos tiempos he estado repensando el tema y creo que el panorama es mucho más complejo hoy en día del que teníamos hace diez años; además han emergido gobiernos de izquierda o de centro izquierda, por lo que ahora empleo una nueva categorización y es hablar del paso del Consenso de Washington al Consenso de los commodities que me parece que da cuenta mucho mejor del cambio de escenario económico que implica que las economías latinoamericanas que siempre han sido adaptativas al capitalismo dan un giro importante a un nuevo marco de la nueva división del trabajo territorial y global por el cual América Latina aparece exportando naturaleza una vez más. En algunos casos acompañan la consolidación de una matriz neoliberal como pueden ser los casos de Colombia, México, o Perú, si es que Humala no cambia en algo el marco, y en otros casos viene acompañado de reformas, de procesos de centroizquierda y de izquierda que aparecen en escenarios específicos como Bolivia, Argentina, más allá de la diferencia que hay, caracterizados por lo nacional-popular.
- ¿Se puede señalar que la privatización de los recursos naturales a través del modelo extractivista es parte de la consolidación del modelo neoliberal?
- Cuando se habla de la mercantilización de los bienes de la naturaleza no hay que olvidar que eso se hizo en la década de los 90 y lo que ha habido es consolidación de ese modelo. En esa década lo que se hace es desarrollar el marco jurídico a partir del cual se posibilita la comercialización de recursos naturales, y sobre todo, se hace el ajuste sectorial en relación con la minería a cielo abierto.
- En el desarrollo de este proceso usted habla de desposesión, ¿por qué?
- En líneas generales el capitalismo hoy en día, como dice David Harvey, acentúa más lo que es la acumulación por desposesión que la acumulación por reproducción ampliada, retomando la concepción de Rosa Luxemburgo y otros teóricos, en eso coincidimos todos. Pero lo que hay que leer es con qué está coexistiendo esa dinámica de desposesión y hay que dar cuenta de los distintos escenarios nacionales. Si hablamos solo de lógica o dinámica de desposesión estamos perdiendo de vista otros procesos políticos y simbólicos que son importantes en América Latina. Digo esto tratando de subrayar esos procesos. En Argentina, por ejemplo, veo que hay una exacerbación de la lógica nacional-popular nuevamente en clave peronista que coexiste de manera perversa con la dinámica de desposesión.
- ¿En qué sentido?
- En el sentido de que coexisten varios modelos de desarrollo: hay un modelo industrial relativamente reactivado que es defendido como el gran avance por parte del gobierno; hay un modelo de agronegocios; otro de acaparamiento de tierras que habla de la mercantilización de los recursos naturales y de los megaemprendimientos turísticos; y también está el de la minería a cielo abierto. Esas tres cuestiones modales están lejos de ser un costado débil del gobierno argentino, es en realidad parte del principio mismo del modelo de dominación, por eso hay que analizar esa coexistencia dañina.
Un modelo de mal desarrollo
- Hablemos del caso concreto de la minería…
- En el caso de la minería uno se encuentra con una suerte de figura extrema porque la misma es un modelo que sintetiza devastación institucional dado que tiene un marco jurídico que favorece ampliamente a las grandes empresas transnacionales; es un modelo de expoliación económica porque no deja ganancias en el país, lo que crea son economías de enclave como espacios socioproductivos absolutamente dependientes sin crear desarrollo endógeno, y además estimula y genera depredación ambiental. Entre todas las actividades ligadas al extractivismo la minería de cielo abierto es la más perversa en la medida en que muestra lo peor.
- Pero además, usted ha señalado que la minería de cielo abierto atenta contra los derechos humanos. ¿Por qué?
- Ese es un tema muy importante porque a la hora de debatir si se hace minería a cielo abierto, se tratan de involucrar por lo general en los distintos países argumentos económicos ligados a la rentabilidad del sector o argumentos sociales en el sentido de las ventajas que se obtienen de la explotación de los recursos naturales; se afirma que se pueden desarrollar políticas sociales compensatorias y suele dejarse de lado todo lo que tiene que ver con la efectiva violación de derechos humanos. El extractivismo abre un nuevo capítulo en la violación de los derechos humanos porque hablando de los contrastes y de las grandes paradojas en América Latina, hoy en día lo que observamos es que este modelo de desposesión viene acompañado de una expansión de la frontera de los derechos: los derechos ambientales, los derechos territoriales de los pueblos indígenas, los derechos fundamentales en general que aparecen en la letra de nuestras constituciones y raras veces son cumplidos. Cuando hablamos de extractivismo aludimos a “desarrollo” entre comillas a gran escala, lo que supone decir una gran envergadura y por ende el impacto sobre la población va a ser mayor con lo cual esto coloca mucho más en el centro la necesidad de que sean discutidos de manera participativa y democrática por aquellos que están necesariamente involucrados como comunidad afectada. Es decir, que la cuestión de la democracia es central para evitar el impacto que tienen estos modelos. Entonces, uno de los elementos fundamentales a la hora de analizar el extractivismo consiste en subrayar el déficit de democracia en el cual nos instala porque no se consulta a las poblaciones y estos modelos avanzan sin el consenso de las mismas, por lo general se escamotean las consultas previas que deben hacerse a los poblaciones indígenas o las consultas públicas que deben hacerse a las poblaciones urbanas o rurales. Ahí radica uno de los grandes peligros que en nombre de las ventajas comparativas dado el alto precio de los commodities, en nombre de políticas sociales compensatorias que se pueden llevar a cabo con la rentabilidad que produce la explotación, se está violando el derecho de las poblaciones a decir no a un tipo de emprendimiento o supuesto modelo de desarrollo que afecta no solo el estilo de vida, su presente, sino el futuro de las generaciones. En el caso del modelo minero es un modelo de mal desarrollo no solamente porque contamina y no deja ganancias económicas sino porque amenaza la democracia, al menos la democracia bien entendida que implica sostener una política de participación, de discusión y debate de los modelos o supuestos modelos de desarrollo para la adopción de decisiones.
- Usted también ha analizado pormenorizadamente el grado de conflictividad social que generan los proyectos de minería a cielo abierto. ¿Cuál es la situación de América Latina en ese sentido?
- En la actualidad no hay país latinoamericano con proyectos de minería a gran escala que no tenga conflictos sociales suscitados por las empresas mineras o los gobiernos con las comunidades. Se pueden observar los casos de México, varios países centroamericanos como Guatemala, El Salvador, Honduras, Costa Rica y Panamá; en Suramérica, Ecuador, Perú, Colombia, Brasil, Argentina y Chile. Según el Observatorio de Conflictos Mineros de América Latina (OCMAL) existen actualmente 120 conflictos activos que involucran a más de 150 comunidades afectadas a lo largo de toda la región. En Perú, donde más acelerada y descontroladamente se ha dado la expansión minera, los conflictos por esta actividad concentran el 70% y éstos a su vez, representan el 50% del total de conflictos sociales en ese país.
- El impulso del modelo extractivista en América Latina responde, ha dicho usted, no solo a una decisión económica o ambiental, sino política…
- Efectivamente, porque de lo que se trata es saber si queremos debatir lo que entendemos por desarrollo sostenible; si apostamos a que esa discusión sea informada, participativa y democrática, o bien, aceptamos la imposición de nuestros gobernantes locales y las grandes corporaciones en nombre de “las nuevas oportunidades económicas”, el nuevo consenso de los commodities, y de un falso desarrollo. Infortunadamente, no hay plan estratégico en los países de América Latina para enfrentar la explotación de recursos naturales.
Giro ecoterritorial, alternativa de lucha
- ¿Tras este completo análisis y desolador panorama, cuál cree que es la alternativa política para contrarrestar el modelo extractivista en América Latina?
- El punto de partida para pensar en alternativas a este modelo radica en el giro eco-territorial de las luchas que atraviesa la región y plantean una redefinición de las reglas de juego, cuestionando el modelo de desarrollo y las lógicas de acumulación. Por giro eco-territorial hay que entender la potenciación de un lenguaje de valoración acerca de la territorialidad, que expresa la convergencia entre visión ambientalista y revalorización de la matriz comunitaria; no se halla restringido al ámbito rural, exclusivamente referido a las resistencias campesinas e indígenas; también se expande al ámbito urbano, sobre todo en pequeñas y medianas localidades, ampliando el registro étnico y de clases y, por ende, el tipo de actores involucrados. Desde el punto de vista económico se debe exigir altos impuestos a las actividades extractivistas, así como a las sobreganancias de las transnacionales por la explotación del sector energético.
Por Fernando Arellano Ortiz
En América Latina se viene ejecutando una segunda fase del criminal modelo neoliberal que tantos perjuicios económicos, sociales y políticos generó a la región durante el último cuarto de siglo, mediante la puesta en marcha de lo que el presidente conservador colombiano Juan Manuel Santos ha dado en llamar la “locomotora minera” para significar unas supuestas “ventajas y oportunidades económicas”.
Este modelo conocido como extractivismo (explotación de los recursos naturales) tiene en la minería de cielo abierto, “la actividad más perversa en la medida en que muestra lo peor: desposesión y despojo descarnado, altos índices de contaminación del medio ambiente, aprovechamiento al máximo de los territorios objeto de explotación no dejando ganancias económicas para los países, y amenaza a la democracia y a los derechos humanos”, explica en forma categórica la socióloga e investigadora argentina Marsitella Svampa, principal referente hoy en día en Latinoamérica en este tema.
Svampa ha recorrido buen parte de la geografía latinoamericana para estudiar in situ la realidad socioeconómica de las comunidades afectadas por la explotación minera, lo que le ha permitido analizar en profundidad las múltiples consecuencias que esta actividad extractivista viene causando en la descomposición del tejido social y con ella la irrupción de conflictos sociales y políticos que, como bien señala, amenazan la estabilidad democrática y el respeto por los derechos humanos en la región.
En sus múltiples investigaciones, libros, ensayos y artículos periodísticos, esta científica social ha sido contundente en sus conclusiones al señalar que el modelo minero a cielo abierto que han adoptado varios gobiernos latinoamericanos ya sean de derecha, centroizquierda o izquierda, “no solo genera más conflicto social, sino que contribuye a la reprimerización de las economías latinoamericanas”. Lo grave, añade, es que “estamos consolidando enclaves de exportación que, lejos de generar desarrollo endógeno, producen más pobreza y desigualdad”.
Mayor ganancia del capital y nula generación de empleo
Uno de los argumentos centrales que suelen esgrimir los defensores de esta actividad es asociar minería con creación de puestos de trabajo, señala Svampa, frente a lo cual, agrega, “suele ocultarse que los proyectos mineros a gran escala generan una demanda intensiva de trabajo en las fases iniciales que crea la ilusión de trabajo permanente. En realidad, la minería de gran escala se caracteriza por ser una de las actividades económicas más capital-intensivas. Por cada 1 millón de dólares invertido, se crean apenas entre 0,5 y 2 empleos directos. Cuanto más capital-intensiva es una actividad, menos empleo genera, y menor es la participación del salario de los trabajadores en el valor agregado total que ellos produjeron con su labor: la mayor parte es ganancia del capital”.
Para ilustrar esta situación trae a colación los casos de Perú, Chile y Argentina, cuyas cifras demuestran el casi nulo aporte en generación de empleo.
“En Perú, -explica- la minería es la actividad que menos contribuye a la generación de empleo: ocupa apenas el 1,5 de la Población Económica Activa (PEA), contra un 32,7% de la agricultura y un 26% de los servicios. Para el caso de Chile, las estadísticas muestran de forma contundente el fuerte incremento de los volúmenes de explotación y extracción, y de los valores de exportación, producidos a la par de una paralela caída en la cantidad absoluta y relativa del empleo minero. En Argentina, pese a las promesas de los megaemprendimientos mineros, la minería representa menos del 0,7% del total de los asalariados registrados”.
Del consenso de Washington al consenso de los commodities
Para analizar con detenimiento las consecuencias del modelo extractivista y uno de sus principales componentes, la explotación de la minería metalífera, el Observatorio Sociopolítico Latinoamericano WWW.CRONICON.NET, dialogó en Buenos Aires con esta destacada científica social, licenciada en Filosofía por la Universidad de Córdoba y doctora en Sociología por la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París.
Maristella Svampa alterna su actividad de investigación social y docente universitaria con la literatura. Ha publicado dos novelas: Las reinas perdidas y Dónde están enterrados nuestros muertos. Actualmente se desempeña como catedrática de la Universidad de la Plata e investigadora del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) de Argentina. Conferencista internacional, es autora de varios libros en los que analiza diversas realidades sociales, políticas y económicas en el ámbito latinoamericano; en 2006 obtuvo una beca otorgada por la John Simon Guggenheim Memorial Foundation, así como el Premio Konex al mérito en Sociología; y en 2001 fue distinguida con la Cátedra Simón Bolívar de la Université Nouvelle Sorbonne de París.
- ¿El modelo extractivista en América Latina en el que sobresale la explotación de minas de oro a cielo abierto tan funesta desde el punto de vista medioambiental, corresponde como lo han señalado algunos investigadores sociales a una segunda fase del esquema neoliberalismo, en el que paradójicamente están comprometidos algunos gobiernos que se denominan progresistas?
- En 2006 cuando comencé a escribir sobre estos temas yo planteaba que, efectivamente, esta es la segunda fase del modelo neoliberal. La primera estaba consagrada sobre todo a la privatización de los servicios públicos y de los recursos naturales, y la segunda apunta a la ola de desposesión. Creo que este análisis no es del todo representativo porque ello implicaría ver solo un costado del problema. En los últimos tiempos he estado repensando el tema y creo que el panorama es mucho más complejo hoy en día del que teníamos hace diez años; además han emergido gobiernos de izquierda o de centro izquierda, por lo que ahora empleo una nueva categorización y es hablar del paso del Consenso de Washington al Consenso de los commodities que me parece que da cuenta mucho mejor del cambio de escenario económico que implica que las economías latinoamericanas que siempre han sido adaptativas al capitalismo dan un giro importante a un nuevo marco de la nueva división del trabajo territorial y global por el cual América Latina aparece exportando naturaleza una vez más. En algunos casos acompañan la consolidación de una matriz neoliberal como pueden ser los casos de Colombia, México, o Perú, si es que Humala no cambia en algo el marco, y en otros casos viene acompañado de reformas, de procesos de centroizquierda y de izquierda que aparecen en escenarios específicos como Bolivia, Argentina, más allá de la diferencia que hay, caracterizados por lo nacional-popular.
- ¿Se puede señalar que la privatización de los recursos naturales a través del modelo extractivista es parte de la consolidación del modelo neoliberal?
- Cuando se habla de la mercantilización de los bienes de la naturaleza no hay que olvidar que eso se hizo en la década de los 90 y lo que ha habido es consolidación de ese modelo. En esa década lo que se hace es desarrollar el marco jurídico a partir del cual se posibilita la comercialización de recursos naturales, y sobre todo, se hace el ajuste sectorial en relación con la minería a cielo abierto.
- En el desarrollo de este proceso usted habla de desposesión, ¿por qué?
- En líneas generales el capitalismo hoy en día, como dice David Harvey, acentúa más lo que es la acumulación por desposesión que la acumulación por reproducción ampliada, retomando la concepción de Rosa Luxemburgo y otros teóricos, en eso coincidimos todos. Pero lo que hay que leer es con qué está coexistiendo esa dinámica de desposesión y hay que dar cuenta de los distintos escenarios nacionales. Si hablamos solo de lógica o dinámica de desposesión estamos perdiendo de vista otros procesos políticos y simbólicos que son importantes en América Latina. Digo esto tratando de subrayar esos procesos. En Argentina, por ejemplo, veo que hay una exacerbación de la lógica nacional-popular nuevamente en clave peronista que coexiste de manera perversa con la dinámica de desposesión.
- ¿En qué sentido?
- En el sentido de que coexisten varios modelos de desarrollo: hay un modelo industrial relativamente reactivado que es defendido como el gran avance por parte del gobierno; hay un modelo de agronegocios; otro de acaparamiento de tierras que habla de la mercantilización de los recursos naturales y de los megaemprendimientos turísticos; y también está el de la minería a cielo abierto. Esas tres cuestiones modales están lejos de ser un costado débil del gobierno argentino, es en realidad parte del principio mismo del modelo de dominación, por eso hay que analizar esa coexistencia dañina.
Un modelo de mal desarrollo
- Hablemos del caso concreto de la minería…
- En el caso de la minería uno se encuentra con una suerte de figura extrema porque la misma es un modelo que sintetiza devastación institucional dado que tiene un marco jurídico que favorece ampliamente a las grandes empresas transnacionales; es un modelo de expoliación económica porque no deja ganancias en el país, lo que crea son economías de enclave como espacios socioproductivos absolutamente dependientes sin crear desarrollo endógeno, y además estimula y genera depredación ambiental. Entre todas las actividades ligadas al extractivismo la minería de cielo abierto es la más perversa en la medida en que muestra lo peor.
- Pero además, usted ha señalado que la minería de cielo abierto atenta contra los derechos humanos. ¿Por qué?
- Ese es un tema muy importante porque a la hora de debatir si se hace minería a cielo abierto, se tratan de involucrar por lo general en los distintos países argumentos económicos ligados a la rentabilidad del sector o argumentos sociales en el sentido de las ventajas que se obtienen de la explotación de los recursos naturales; se afirma que se pueden desarrollar políticas sociales compensatorias y suele dejarse de lado todo lo que tiene que ver con la efectiva violación de derechos humanos. El extractivismo abre un nuevo capítulo en la violación de los derechos humanos porque hablando de los contrastes y de las grandes paradojas en América Latina, hoy en día lo que observamos es que este modelo de desposesión viene acompañado de una expansión de la frontera de los derechos: los derechos ambientales, los derechos territoriales de los pueblos indígenas, los derechos fundamentales en general que aparecen en la letra de nuestras constituciones y raras veces son cumplidos. Cuando hablamos de extractivismo aludimos a “desarrollo” entre comillas a gran escala, lo que supone decir una gran envergadura y por ende el impacto sobre la población va a ser mayor con lo cual esto coloca mucho más en el centro la necesidad de que sean discutidos de manera participativa y democrática por aquellos que están necesariamente involucrados como comunidad afectada. Es decir, que la cuestión de la democracia es central para evitar el impacto que tienen estos modelos. Entonces, uno de los elementos fundamentales a la hora de analizar el extractivismo consiste en subrayar el déficit de democracia en el cual nos instala porque no se consulta a las poblaciones y estos modelos avanzan sin el consenso de las mismas, por lo general se escamotean las consultas previas que deben hacerse a los poblaciones indígenas o las consultas públicas que deben hacerse a las poblaciones urbanas o rurales. Ahí radica uno de los grandes peligros que en nombre de las ventajas comparativas dado el alto precio de los commodities, en nombre de políticas sociales compensatorias que se pueden llevar a cabo con la rentabilidad que produce la explotación, se está violando el derecho de las poblaciones a decir no a un tipo de emprendimiento o supuesto modelo de desarrollo que afecta no solo el estilo de vida, su presente, sino el futuro de las generaciones. En el caso del modelo minero es un modelo de mal desarrollo no solamente porque contamina y no deja ganancias económicas sino porque amenaza la democracia, al menos la democracia bien entendida que implica sostener una política de participación, de discusión y debate de los modelos o supuestos modelos de desarrollo para la adopción de decisiones.
- Usted también ha analizado pormenorizadamente el grado de conflictividad social que generan los proyectos de minería a cielo abierto. ¿Cuál es la situación de América Latina en ese sentido?
- En la actualidad no hay país latinoamericano con proyectos de minería a gran escala que no tenga conflictos sociales suscitados por las empresas mineras o los gobiernos con las comunidades. Se pueden observar los casos de México, varios países centroamericanos como Guatemala, El Salvador, Honduras, Costa Rica y Panamá; en Suramérica, Ecuador, Perú, Colombia, Brasil, Argentina y Chile. Según el Observatorio de Conflictos Mineros de América Latina (OCMAL) existen actualmente 120 conflictos activos que involucran a más de 150 comunidades afectadas a lo largo de toda la región. En Perú, donde más acelerada y descontroladamente se ha dado la expansión minera, los conflictos por esta actividad concentran el 70% y éstos a su vez, representan el 50% del total de conflictos sociales en ese país.
- El impulso del modelo extractivista en América Latina responde, ha dicho usted, no solo a una decisión económica o ambiental, sino política…
- Efectivamente, porque de lo que se trata es saber si queremos debatir lo que entendemos por desarrollo sostenible; si apostamos a que esa discusión sea informada, participativa y democrática, o bien, aceptamos la imposición de nuestros gobernantes locales y las grandes corporaciones en nombre de “las nuevas oportunidades económicas”, el nuevo consenso de los commodities, y de un falso desarrollo. Infortunadamente, no hay plan estratégico en los países de América Latina para enfrentar la explotación de recursos naturales.
Giro ecoterritorial, alternativa de lucha
- ¿Tras este completo análisis y desolador panorama, cuál cree que es la alternativa política para contrarrestar el modelo extractivista en América Latina?
- El punto de partida para pensar en alternativas a este modelo radica en el giro eco-territorial de las luchas que atraviesa la región y plantean una redefinición de las reglas de juego, cuestionando el modelo de desarrollo y las lógicas de acumulación. Por giro eco-territorial hay que entender la potenciación de un lenguaje de valoración acerca de la territorialidad, que expresa la convergencia entre visión ambientalista y revalorización de la matriz comunitaria; no se halla restringido al ámbito rural, exclusivamente referido a las resistencias campesinas e indígenas; también se expande al ámbito urbano, sobre todo en pequeñas y medianas localidades, ampliando el registro étnico y de clases y, por ende, el tipo de actores involucrados. Desde el punto de vista económico se debe exigir altos impuestos a las actividades extractivistas, así como a las sobreganancias de las transnacionales por la explotación del sector energético.
miércoles, 20 de abril de 2011
Quiero ocuparte para siempre
Asia Times
Por Pepe Escobar
¡Yaaaaa volvió! Cada vez que reaparece estruendosamente el clérigo/político nacionalista chií iraquí Muqtada al-Sadr, el establishment estadounidense tiembla como un sauce llorón, mientras los medios corporativos desempolvan la usual retórica del “incendiario clérigo radical, antiestadounidense, amigo de Irán”.
El sábado 9 hizo ocho años que destruyeron el régimen de Sadam Hussein en Irán; los saderistas chiíes y la mayoría de los suníes consideran el 9 de abril como el día ignominioso en el que Iraq fue anexado por Washington. Iraq es esa nación árabe que vivió bajo una zona de exclusión aérea durante una década y que luego sufrió la destrucción por el Pentágono de casi toda su sociedad e infraestructura (el Washington neoconservador soñó con reconstruirla, en busca de beneficios).
Por lo tanto lo que los saderistas enviaron como tarjeta de regalo a los “liberadores” dice: más vale que os vayáis de nuestro país antes de que acabe 2011, para siempre, tal como fue acordado. O volverá una de las peores pesadillas del Pentágono: un Ejército Mahdi resurgido, reorganizado, que desarrolle tácticas de guerrilla.
El mensaje de la tarjeta de regalo de Muqtada –sigue estudiando teología en la ciudad santa iraní de Qom– fue entregado a través de su portavoz Salah al-Obaidi y respaldado por una marcha de un millón de personas por Bagdad. Las masas llegaron de todo el sur de Iraq y de la provincia Diyala en el este (las multitudes fueron más pequeñas porque las fuerzas de seguridad cerraron calles y puentes que llevaban a la manifestación cerca de una base militar de EE.UU.)
El mensaje llegó con gran exactitud, justo un día antes de que el jefe del Pentágono, Robert Gates, visitara el norte de Iraq para convencer al gobierno de Nuri al-Maliki de que, bueno, van a seguir ocupando el país indefinidamente. Para entonces, el Departamento de Estado ya había anunciado que quería mantener un ejército de mercenarios y lo que equivaldría a miles de burócratas en la mayor embajada estadounidense del mundo. Los mercenarios supuestamente protegerán a los burócratas. Y hablemos de excepcionalismo estadounidense.
Según Muqtada: “Lo primero que haremos es escalar la actividad de resistencia militar y reactivar el Ejército Mahdi en una nueva declaración que se publicará posteriormente… Segundo escalar la resistencia pacífica y pública mediante sentadas.” De modo que si EE.UU. se queda, Muqtada convertirá Bagdad en una gigantesca Plaza Tahrir –con el añadido de que los comandos pondrán roja la Zona Verde y condenarán a los contratistas a la condición de víctimas del tráfico en las carreteras. La gran revuelta árabe de 2011 se reinventa continuamente en una miríada de formas.
Cualquiera que hubiera apostado seriamente hace algunos años a que Washington haría todos los esfuerzos posibles por redactar el Acuerdo de Estatus de Fuerzas (SOFA, por sus siglas en inglés) que firmó con Iraq, debe haber llegado a ser banquero inversionista en Wall Street.
El SOFA fue firmado por el ex presidente George W Bush en noviembre de 2008. Según el texto todos los militares de EE.UU., más su personal civil, debían salir de Iraq antes del 31 de diciembre de 2011 a medianoche. Si Washington no cumple ese acuerdo, EE.UU. estará técnicamente en guerra con Iraq –los soldados estadounidenses están desplegados ilegalmente, sin el consentimiento del Congreso de EE.UU.
No hay ninguna evidencia en absoluto de que este SOFA se vaya a modificar antes del plazo fijado, aunque el gobierno de Maliki, bajo extrema presión, podría llegar a pedir al gobierno de Barack Obama que amplíe la ocupación. Pero para hacerlo, Maliki necesita a los saderistas, que forman parte del gobierno.
Por lo tanto, el mensaje de Muqtada es realmente una seria advertencia a Maliki. Y a propósito, no se trata solo de que se vayan 47.000 soldados de EE.UU.; se trata del fin del capítulo de Iraq en el imperio estadounidense de bases militares (hubo otras manifestaciones el sábado cerca de bases de EE.UU. en Kirkuk, Shi Qar, y Al-Asad en la provincia Anbar.
No es sorprendente que tanto el gobierno de Obama como el Pentágono estén en alerta roja, El vicepresidente Joe Biden llamó urgentemente a Maliki después de que Gates abandonó Iraq para mantener la presión. Algunos parlamentarios iraquíes, por su parte, subrayan que cualquier ampliación tendría que ser aprobada por el parlamento. Y Muhamad Salman, del partido suní Iraqiya (la mayoría de los suníes son nacionalistas iraquíes que también quieren que EE.UU. se vaya) ya ha hablado de un referendo popular.
Se suponía que el propio SOFA debía ser aprobado por referendo (nunca tuvo lugar). En breve, los únicos protagonistas que quieren que EE.UU. se quede son los militares en Kurdistán iraquí -quienes temen que los puedan dominar los iraquíes árabes.
Esencialmente, Washington está desconcertado en su reacción ante el tejemaneje de la Casa de Saud en Bahréin –una contrarrevolución implacable que impone su marca intolerante/represora/militarista del Islam suní contra los chiíes en todo el Golfo. La cólera que sienten los chiíes del Golfo es compartida por los chiíes iraquíes; pero de ahí a suponer que Irán aumente su influencia con ellos no es un hecho dado. El gobierno de Maliki está próximo a Irán, pero eso no implica que si se van los estadounidenses del terreno, Bagdad vaya a convertirse en un protectorado de Teherán.
Los chiíes iraquíes también acusan rutinariamente a los wahabíes acaudalados de Arabia Saudí y de los Emiratos Árabes Unidos (EAU) de haber financiado guerrillas suníes de la línea dura durante la guerra civil de Iraq entre 2005 y 2007 (una afirmación que confirmé en la época en Bagdad).
Sobre todo Washington se preocupa por el futuro de la Quinta Flota de EE.UU. en Bahréin. A juzgar por las maniobras saudíes, no parece que la base se vaya a ir a ningún otro sitio; incluso si lo hiciera, se puede apostar a que Qatar o los EAU estarían más que felices de aceptarla.
El resultado final es que la mayoría de los iraquíes, suníes y chiíes, quieren que EE.UU. haga sus maletas y se vaya el 31 de diciembre. En el caso improbable de que Bagdad quisiera seguridad aérea (¿contra quién? ¿La Casa de Saud?), EE.UU. podría presentar una posibilidad desde la base al-Udeid en Qatar. El gobierno de Maliki no es suicida; olvidad una ampliación del SOFA. Desde el 31 de diciembre de 2011, el trágico capítulo iraquí del imperio mundial de bases de EE.UU. habrá terminado finalmente.
Pepe Escobar es autor de “Globalistan: How the Globalized World is Dissolving into Liquid War” (Nimble Books, 2007) y “Red Zone Blues: a snapshot of Baghdad during the surge”. Su último libro es “Obama does Globalistan” (Nimble Books, 2009). Puede contactarse con él en: pepeasia@yahoo.com.
Por Pepe Escobar
¡Yaaaaa volvió! Cada vez que reaparece estruendosamente el clérigo/político nacionalista chií iraquí Muqtada al-Sadr, el establishment estadounidense tiembla como un sauce llorón, mientras los medios corporativos desempolvan la usual retórica del “incendiario clérigo radical, antiestadounidense, amigo de Irán”.
El sábado 9 hizo ocho años que destruyeron el régimen de Sadam Hussein en Irán; los saderistas chiíes y la mayoría de los suníes consideran el 9 de abril como el día ignominioso en el que Iraq fue anexado por Washington. Iraq es esa nación árabe que vivió bajo una zona de exclusión aérea durante una década y que luego sufrió la destrucción por el Pentágono de casi toda su sociedad e infraestructura (el Washington neoconservador soñó con reconstruirla, en busca de beneficios).
Por lo tanto lo que los saderistas enviaron como tarjeta de regalo a los “liberadores” dice: más vale que os vayáis de nuestro país antes de que acabe 2011, para siempre, tal como fue acordado. O volverá una de las peores pesadillas del Pentágono: un Ejército Mahdi resurgido, reorganizado, que desarrolle tácticas de guerrilla.
El mensaje de la tarjeta de regalo de Muqtada –sigue estudiando teología en la ciudad santa iraní de Qom– fue entregado a través de su portavoz Salah al-Obaidi y respaldado por una marcha de un millón de personas por Bagdad. Las masas llegaron de todo el sur de Iraq y de la provincia Diyala en el este (las multitudes fueron más pequeñas porque las fuerzas de seguridad cerraron calles y puentes que llevaban a la manifestación cerca de una base militar de EE.UU.)
El mensaje llegó con gran exactitud, justo un día antes de que el jefe del Pentágono, Robert Gates, visitara el norte de Iraq para convencer al gobierno de Nuri al-Maliki de que, bueno, van a seguir ocupando el país indefinidamente. Para entonces, el Departamento de Estado ya había anunciado que quería mantener un ejército de mercenarios y lo que equivaldría a miles de burócratas en la mayor embajada estadounidense del mundo. Los mercenarios supuestamente protegerán a los burócratas. Y hablemos de excepcionalismo estadounidense.
Según Muqtada: “Lo primero que haremos es escalar la actividad de resistencia militar y reactivar el Ejército Mahdi en una nueva declaración que se publicará posteriormente… Segundo escalar la resistencia pacífica y pública mediante sentadas.” De modo que si EE.UU. se queda, Muqtada convertirá Bagdad en una gigantesca Plaza Tahrir –con el añadido de que los comandos pondrán roja la Zona Verde y condenarán a los contratistas a la condición de víctimas del tráfico en las carreteras. La gran revuelta árabe de 2011 se reinventa continuamente en una miríada de formas.
Cualquiera que hubiera apostado seriamente hace algunos años a que Washington haría todos los esfuerzos posibles por redactar el Acuerdo de Estatus de Fuerzas (SOFA, por sus siglas en inglés) que firmó con Iraq, debe haber llegado a ser banquero inversionista en Wall Street.
El SOFA fue firmado por el ex presidente George W Bush en noviembre de 2008. Según el texto todos los militares de EE.UU., más su personal civil, debían salir de Iraq antes del 31 de diciembre de 2011 a medianoche. Si Washington no cumple ese acuerdo, EE.UU. estará técnicamente en guerra con Iraq –los soldados estadounidenses están desplegados ilegalmente, sin el consentimiento del Congreso de EE.UU.
No hay ninguna evidencia en absoluto de que este SOFA se vaya a modificar antes del plazo fijado, aunque el gobierno de Maliki, bajo extrema presión, podría llegar a pedir al gobierno de Barack Obama que amplíe la ocupación. Pero para hacerlo, Maliki necesita a los saderistas, que forman parte del gobierno.
Por lo tanto, el mensaje de Muqtada es realmente una seria advertencia a Maliki. Y a propósito, no se trata solo de que se vayan 47.000 soldados de EE.UU.; se trata del fin del capítulo de Iraq en el imperio estadounidense de bases militares (hubo otras manifestaciones el sábado cerca de bases de EE.UU. en Kirkuk, Shi Qar, y Al-Asad en la provincia Anbar.
No es sorprendente que tanto el gobierno de Obama como el Pentágono estén en alerta roja, El vicepresidente Joe Biden llamó urgentemente a Maliki después de que Gates abandonó Iraq para mantener la presión. Algunos parlamentarios iraquíes, por su parte, subrayan que cualquier ampliación tendría que ser aprobada por el parlamento. Y Muhamad Salman, del partido suní Iraqiya (la mayoría de los suníes son nacionalistas iraquíes que también quieren que EE.UU. se vaya) ya ha hablado de un referendo popular.
Se suponía que el propio SOFA debía ser aprobado por referendo (nunca tuvo lugar). En breve, los únicos protagonistas que quieren que EE.UU. se quede son los militares en Kurdistán iraquí -quienes temen que los puedan dominar los iraquíes árabes.
Esencialmente, Washington está desconcertado en su reacción ante el tejemaneje de la Casa de Saud en Bahréin –una contrarrevolución implacable que impone su marca intolerante/represora/militarista del Islam suní contra los chiíes en todo el Golfo. La cólera que sienten los chiíes del Golfo es compartida por los chiíes iraquíes; pero de ahí a suponer que Irán aumente su influencia con ellos no es un hecho dado. El gobierno de Maliki está próximo a Irán, pero eso no implica que si se van los estadounidenses del terreno, Bagdad vaya a convertirse en un protectorado de Teherán.
Los chiíes iraquíes también acusan rutinariamente a los wahabíes acaudalados de Arabia Saudí y de los Emiratos Árabes Unidos (EAU) de haber financiado guerrillas suníes de la línea dura durante la guerra civil de Iraq entre 2005 y 2007 (una afirmación que confirmé en la época en Bagdad).
Sobre todo Washington se preocupa por el futuro de la Quinta Flota de EE.UU. en Bahréin. A juzgar por las maniobras saudíes, no parece que la base se vaya a ir a ningún otro sitio; incluso si lo hiciera, se puede apostar a que Qatar o los EAU estarían más que felices de aceptarla.
El resultado final es que la mayoría de los iraquíes, suníes y chiíes, quieren que EE.UU. haga sus maletas y se vaya el 31 de diciembre. En el caso improbable de que Bagdad quisiera seguridad aérea (¿contra quién? ¿La Casa de Saud?), EE.UU. podría presentar una posibilidad desde la base al-Udeid en Qatar. El gobierno de Maliki no es suicida; olvidad una ampliación del SOFA. Desde el 31 de diciembre de 2011, el trágico capítulo iraquí del imperio mundial de bases de EE.UU. habrá terminado finalmente.
Pepe Escobar es autor de “Globalistan: How the Globalized World is Dissolving into Liquid War” (Nimble Books, 2007) y “Red Zone Blues: a snapshot of Baghdad during the surge”. Su último libro es “Obama does Globalistan” (Nimble Books, 2009). Puede contactarse con él en: pepeasia@yahoo.com.
viernes, 24 de septiembre de 2010
Las trasnacionales se apoderan de la fuerza de trabajo, afirma Chomsky
Con trazo detallado, Noam Chomsky, el prestigioso lingüista estadunidense, expuso el miércoles en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) el estado actual de la política exterior de Estados Unidos y la construcción del futuro del mundo. Desde cómo el gobierno de Barack Obama construye día a día el supuesto de la “amenaza iraní” para justificar una futura operación militar, hasta el entramado de las corporaciones trasnacionales para controlar los recursos naturales de la Tierra; desde la sorprendente capacidad de China para expander sus inversiones y su influencia hasta la evidente pérdida de la hegemonía estadunidense en un contexto global donde “ya sólo Japón y Europa obedecen a Washington”.
Concluyó con una advertencia: lo que el mundo está viendo no es precisamente el desplazamiento de Estados Unidos como potencia global con el surgimiento de las economías de China y la India. “Más bien, si efectivamente estamos en presencia de un cambio global del poder, éste comprende el traspaso de poder de la fuerza laboral al poder transnacional.”
Y a un costo muy alto. “Trabajadores estadunidenses víctimas de una economía de finanzas y producción de exportación; campesinos hambrientos en India, millones que protestan por la pobreza en China, mexicanos que huyen del impacto que provocó el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, y el cual, según las organizaciones campesinas, ha provocado más daño al país que la Colonia española.”
La conferencia magistral en la sala Miguel Covarrubias del Centro Cultural Universitario fue organizada por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPS) en el contexto del primer centenario de la Universidad Nacional Autónoma de México.
Fue la segunda visita del profesor emérito del Insituto Tecnológico de Massachussetts, después de la ponencia que pronunció hace un año, invitado por La Jornada. Chomsky recordó de lo que no habló en aquella ocasión: la situación de Irán frente al acoso de Estados Unidos y cómo se delinea en el horizonte un nuevo escenario bélico. Y por ahí arrancó, después de la presentación del director de la FCPS, Fernando Castañeda.
Dos horas después arribó a la conclusión de que para las sucesivas doctrinas imperiales -las de Bush padre, Clinton, Bush hijo y hasta el actual mandatario Barack Obama- el control del mundo “no es cosa sencilla, ni siquiera para un Estado con un poder sin precedentes” como es Estados Unidos. “Ese poder se erosiona por todos lados. Y hasta en el patio trasero de Washington los súbditos se vuelven cada vez más desobedientes.”
Uno de los indicios, o “pasos hacia la independencia”, observados por Chomsky es la creación de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC, lanzada en la reunión cumbre de la Riviera Maya en febrero de este año), que incluye a Cuba y excluye a Estados Unidos y Canadá, lo cual en su opinión “es un paso más allá de Unasur y tiene potencial para llegar a desplazar a la Organización de Estados Americanos)”.
Si la CELAC “funciona efectivamente” -advirtió el analista- las consecuencias afectarán la noción imperial, todavía vigente en la Casa Blanca, que el ex presidente Richard Nixon exponía así: “Si Estados Unidos no es capaz de controlar a América Latina, no podrá imponer el orden en el resto del mundo”.
En el pasado, los días del poder imperial
“Esos días ya pasaron”, sostuvo Chomsky. El año pasado China desplazó a Estados Unidos como el principal socio comercial de Brasil. En Medio Oriente, las exportaciones petroleras de Arabia Saudita -que posee las mayores reservas de hidrocarburos y donde Estados Unidos aún es el primer inversionista y socio comercial- se están yendo, en cerca de 50 por ciento, hacia los países asiáticos. Y el mismo escenario puede repetirse en Irak, si algún día logra levantarse de la masiva destrucción provocada por la ocupación angloestadunidense.
Otro signo citado ayer fue el surgimiento de la Organización de Cooperación Shangai, nuevo cártel petrolero que incluye productores y consumidores de Asia y expresamente cierra el paso a Estados Unidos.
Un indicador más de la pérdida de hegemonía estadunidense, poco comentado en los medios de comunicación occidentales, es que, “por un raro accidente geológico, China posee 97 por ciento de tierras preciosas, ricas en componentes indispensables para el desarrollo de la electrónica y la industria verde”. Ése es el futuro. Y las inversiones destinadas a la industria verde en China superan las que logran atraer los países europeos, Estados Unidos y Canadá juntos.
El catedrático, una de las voces más autorizadas del pensamiento crítico, apuntó al debate que acapara el discurso contemporáneo de las relaciones internacionales: ¿podrá China, junto con la economía de India, desplazar a Estados Unidos como el poder global dominante? Si llegara a ocurrir, no habrá que olvidar la realidad social y económica de esos pueblos: India ocupa un sitio en el ranking de desarrollo social cercano al de Camboya, Laos y Tayikistán. En China 40 por ciento de los niños no van a la escuela, aunque la “sociedad del conocimiento” ha crecido notablemente. Y el Banco Mundial estima que el ingreso per cápita de India es el dos por ciento del estadunidense”.
“El año de Irán”
El afán de control y expansión de Washington, hoy bajo la batuta de Barack Obama, sigue siendo, sin embargo, la amenaza del presente.
En su exposición, Chomsky refirió que fabricar una supuesta amenaza para mover fichas y controlar espacios y recursos es una vieja historia en el devenir del mundo, tan vieja como la doctrina bosquejada por Adam Smith en La riqueza de las naciones, en el siglo XVIII.
Aunque los protagonistas cambian -ahora son las corporaciones trasnacionales y los grandes grupos financieros los que detentan el poder-, esta teoría de las relaciones internacionales se sigue aplicando hoy, como en su tiempo lo hizo el imperio británico en India.
“Bengala, hoy Bangladesh, era una de las regiones más ricas del mundo. Fue reducida a una situación de miseria de la que quizá ya nunca más pueda escapar. Lo mismo que Haití. Francia sigue torturando a su ex colonia, la más rica y fuente de buena parte de su riqueza. Haití y Bangladesh son los símbolos de la desesperanza y la desesperación. Las lecciones que entrañan estas dos historias son nítidas, aunque invisibles en la cultura imperial.”
Advirtió que hoy, cuando supuestamente se ha cerrado el capítulo de Irak, es el turno de Irán. “Lo que sucede ahora en ese país se parece mucho a lo que ocurrió el siglo pasado. En 1953 Estados Unidos destruyó la democracia persa para instalar a un dictador, el sha. Pretendía transferir 40 por ciento de las concesiones petroleras, que entonces eran prácticamente robadas por lo que hoy conocemos como British Petroleum, a las compañías estadunidenses.
“Algo muy similar ocurre hoy. Irán ha recuperado el control de sus recursos e intenta actuar de manera independiente. A Estados Unidos le interesa derrocar al régimen e instalar uno que sea más complaciente.”
jueves, 12 de agosto de 2010
Memorando al presidente de EE.UU. de antiguos oficiales de los servicios de inteligencia
Global Research
Le escribimos para alertarle sobre la probabilidad de que Israel podría atacar a Irán ya durante este mes. Eso probablemente conduciría a una guerra más amplia.
Los dirigentes de Israel calcularían que una vez iniciada la batalla, una política en la que usted dé algo menos que un generoso apoyo a Israel será insostenible, no importa cómo haya comenzado la guerra, y que entonces tropas y armamentos estadounidenses fluirán libremente. Una guerra más amplia podría terminar en última instancia en la destrucción del Estado de Israel.
Esto puede evitarse, pero sólo si usted actúa rápidamente para impedir un ataque israelí, condenando públicamente un acto semejante antes de que suceda.
Creemos que comentarios de altos responsables estadounidenses, incluyendo los suyos, reflejan una confianza mal colocada en el primer ministro israelí [Benjamin] Netanyahu.
En realidad, la expresión en sí puede ser reveladora, como cuando el director de la CIA, Panetta, señaló displicentemente que Washington deja que los israelíes decidan si atacan a Irán y cuándo, y cuánto “espacio” se deja al esfuerzo diplomático.
El 27 de junio, Panetta dijo a Jake Tapper de ABC: “Pienso que están dispuestos a darnos el espacio para intentar cambiar a Irán diplomáticamente… en lugar de cambiarlo mediante medios militares”.
De la misma manera, el tono que usted utilizó al referirse a Netanyahu y a su persona en su entrevista del 7 de julio con la televisión israelí estuvo claramente en desarmonía con décadas de historia deplorable con los dirigentes israelíes.
“Ninguno de nosotros trata de sorprender al otro”, dijo usted, “y pienso que el primer ministro Netanyahu está comprometido con esa actitud”. Tal vez convenga que usted pida al vicepresidente Biden que le recuerde el tipo de sorpresas que encontró en Israel.
Los ataques por la espalda han sido hace tiempo una flecha en el carcaj de Israel. Durante la crisis emergente en Oriente Próximo en la primavera de 1967, algunos de nosotros presenciamos de cerca una avalancha de sorpresas y engaños israelíes, cuando predecesores de Netanyahu simularon miedo de un inminente ataque árabe como justificación para iniciar una guerra a fin de apoderarse de territorios árabes y ocuparlos.
Hace tiempo habíamos concluido que Israel había estado exagerando la “amenaza” árabe mucho antes de 1982 cuando el ex primer ministro israelí Menachem Begin confesó públicamente:
“En junio de 1967, teníamos una alternativa. Las concentraciones del ejército egipcio en las cercanías del Sinaí no probaban que [el presidente egipcio] Nasser estaba realmente a punto de atacarnos. Debemos ser honestos con nosotros mismos. Decidimos atacarlo”.
Israel, en los hechos, se había preparado bien en lo militar, y también había organizado provocaciones contra sus vecinos, a fin de provocar una reacción que pudiera utilizarse para justificar la expansión de sus fronteras.
Ante este historial, sería bueno encarar con un escepticismo adecuado cualesquiera garantías privadas que Netanyahu haya podido dar de que Israel no lo sorprenderá con un ataque contra Irán.
Los cálculos de Netanyahu
Netanyahu cree que tiene las cartas altas, en gran parte debido al fuerte apoyo del que goza en nuestro Congreso y de nuestros medios enérgicamente pro israelíes. Interpreta nuestra renuencia a llegar a mencionar públicamente temas bilaterales controvertidos durante su reciente visita como afirmación de que está bien ubicado en la relación.
Durante años electorales en EE.UU. (incluyendo las elecciones a mitad de período), los dirigentes israelíes se muestran particularmente confiados en el poder que ellos y el lobby del Likud poseen en la escena política estadounidense.
El actual primer ministro aprendió mucho de Menachem Begin y Ariel Sharon.
La actitud de Netanyahu se hace patente en un vídeo grabado hace nueve años y mostrado en la televisión israelí, en el que alardeó de cómo engañó al presidente Clinton para que creyera que él (Netanyahu) estaba ayudando a implementar los acuerdos de Oslo, en circunstancias en las que en realidad los estaba destruyendo.
El vídeo muestra una actitud despectiva hacia –y su asombro ante– un EE.UU. tan fácilmente influenciado por Israel. Netanyahu dice:
“EE.UU. puede ser dirigido con facilidad. Dirigido en la dirección correcta… No se interpondrá en nuestro camino… Un ochenta por ciento de los estadounidenses nos apoya. Es absurdo”.
El columnista israelí Gideon Levy escribió que el vídeo muestra que Netanyahu es un “estafador… que piensa que tiene a Washington en el bolsillo y que puede engañarlo”, y agrega que una conducta semejante “no cambia con el pasar de los años”.
Como hemos mencionado anteriormente, Netanyahu ha tenido modelos de conducta instructivos.
Ni más ni menos que el general Brent Scowcroft dijo al Financial Times que el ex primer ministro israelí Ariel Sharon había “hipnotizado” a George W. Bush; que Sharon “hacía con él lo que le daba la gana”.
(Scowcroft fue rápidamente relevado de sus tareas como jefe del prestigioso Consejo de Asesoría de Inteligencia Exterior del presidente y se le dijo que no volviera a dejarse ver nunca en el umbral de la Casa Blanca).
Si se necesitara otra prueba del apoyo político estadounidense para Netanyahu, éste fue manifiesto cuando los senadores McCain, Lieberman, y Graham visitaron Israel durante la segunda semana de julio.
Lieberman afirmó que existe amplio apoyo en el Congreso para utilizar todos los medios para impedir que Irán se convierta en una potencia nuclear, incluso “mediante acciones militares si es necesario”. Graham también fue explícito: “El Congreso respalda a Israel”, dijo.
Hace poco, 47 republicanos de la Cámara de Representante firmaron H.R. 1553 declarando su “apoyo al derecho de Israel a utilizar todos los medios necesarios para enfrentar y eliminar amenazas nucleares planteadas por Irán… incluyendo el uso de fuerza militar”.
El poder del lobby del Likud, especialmente en un año electoral, facilita los intentos de Netanyahu de convencer a los pocos entre sus colegas que necesitan ser convencidos de que posiblemente no vuelva a haber un momento más propicio para producir un “cambio de régimen” en Teherán.
Y, como esperamos que sus asesores se lo habrán dicho, el cambio de régimen, no armas nucleares iraníes, constituye el interés primordial de Israel.
Si el pretendido temor de Israel de que una o dos armas nucleares en el arsenal de Irán puedan cambiar las reglas del juego, se habría podido esperar que los dirigentes israelíes saltaran de alegría ante la posibilidad de que la mitad del uranio poco enriquecido de Irán se envíe al extranjero.
Pero descartaron como un “truco” el acuerdo tripartito mediado por Turquía y Brasil, alentado personalmente por usted, que habría enviado la mitad del uranio poco enriquecido de Irán fuera del control de Teherán.
El Estimado Nacional de Inteligencia (NIE)
Los israelíes han estado observando atentamente los intentos de la comunidad de la inteligencia de EE.UU. de actualizar, en un “Memorando a los titulares”, el NIE de noviembre de 2007 sobre el programa nuclear de Irán. Vale la pena citar un par de las estimaciones esenciales de ese Estimado:
“Vemos con mucha confianza que en el otoño de 2003 Teherán detuvo su programa de armas nucleares… Evaluamos con una confianza moderada que Teherán no ha reiniciado su programa nuclear a mediados de 2007, pero no sabemos si actualmente se propone desarrollar armas nucleares…”
Antes este año, el testimonio público ante el Congreso del ex director de inteligencia nacional Dennis Blair (1 y 2 de febrero) y del director de la Agencia de Inteligencia de la Defensa, general Ronald Burgess con el vicepresidente el Estado Mayor Conjunto, general James Cartwright (14 de abril) no alteró esos cálculos cruciales.
Blair y otros siguieron subrayando el agnosticismo de la comunidad de la inteligencia respecto a un punto esencial. Como Blair dijo antes este año: “No sabemos si Irán terminará por decidir la construcción un arma nuclear”.
Los medios han informado de comentarios informales de Panetta y de su persona, con una evaluación más sombría –y que usted dijo a la televisión israelí: “…todos los indicadores sseñalan que ellos [los iraníes] efectivamente buscan un arma nuclear;” y que Panetta dijo a ABC: “Pienso que sigue trabajando en diseños en esa área [de armas nucleares]”.
Panetta se apresuró a agregar, sin embargo, que en Teherán: “Hay un continuo debate ahora mismo sobre si se debería o no seguir adelante con la bomba”.
Es probable que Israel crea que debe otorgar más peso al testimonio oficial de Blair, Burgess y Cartwright, que concuerdan con el anterior NIE, y los israelíes temen que el tan retrasado Memorando a los titulares del NIE 2007 confirme esencialmente las opiniones cruciales del Estimado.
Nuestras fuentes nos dicen que es probable que un Memorando a los titulares honesto haga precisamente eso, y que sospechan que el retraso de varios meses significa que las evaluaciones de inteligencia están siendo “ajustadas” a la política –como fue el caso antes del ataque contra Iraq.
Una guerra impedida
Las evaluaciones cruciales del NIE de noviembre de 2007 fastidiaron los planes del gigante destructor dirigido por Dick Cheney que avanzaba hacia la guerra contra Irán. El NIE enfureció a los dirigentes de Israel ansiosos de atacar antes que el presidente Bush y el vicepresidente Cheney dejaran el poder. Esta vez, Netanyahu teme que la emisión de un Memorando honesto pueda tener un efecto similar.
En resumidas cuentas: más incentivo para Israel para evitar un Estimado semejante mediante un ataque a Irán lo antes posible.
El anuncio de la semana pasada de que funcionarios estadounidenses se reunirán el próximo mes con sus homólogos iraníes para reanudar conversaciones sobre maneras de organizar el enriquecimiento de uranio poco enriquecido iraní para el reactor de investigación médica de Teherán fue una buena noticia para todos con la excepción de los dirigentes israelíes.
Además, se informa que Irán ha dicho que estaría dispuesto a detener el enriquecimiento a un 20% (el nivel necesitado para el reactor de investigación médica), y ha dejado claro que desea reanudar las conversaciones.
De nuevo, un acuerdo que envíe una gran parte del uranio poco enriquecido de Irán al extranjero dificultaría, por lo menos, el progreso hacia armas nucleares si Irán decidiera desarrollarlas. Pero también debilitaría considerablemente la justificación más aterradora de Israel para un ataque a Irán.
En resumidas cuentas: ahora que se programa la reanudación en septiembre de conversaciones que los dirigentes de Israel calificaron anteriormente de “truco”, aumenta el incentivo en Tel Aviv para que los israelíes ataquen antes de que se puede llegar a tal acuerdo.
Volvamos a decirlo: el objetivo israelí es el cambio de régimen. La creación de un temor sintético a armas nucleares iraníes es simplemente el mejor camino para “justificar” la realización de un cambio de régimen. Dio buenos resultados en Iraq, ¿no es cierto?
Otra guerra que hay que impedir
Es muy probable que una enérgica declaración pública suya, advirtiendo personalmente a Israel de que no ataque a Irán bloquearía una acción israelí semejante. Una segunda etapa podría incluir el envío del almirante Mullen a Tel Aviv con instrucciones de militar a militar a Israel que digan: Ni siquiera piensen en hacerlo.
Después del NIE de 2007, el presidente Bush se impuso sobre el vicepresidente Cheney y envió al almirante Mullen a Israel para transmitir ese duro mensaje. Esa primavera, Mullen volvió a casa muy tranquilizado, seguro y agradecido de haber evitado la probabilidad de tener que ejecutar una orden inspirada por Cheney de enviar fuerzas estadounidenses a una guerra contra Irán.
Esta vez, Mullen volvió nervioso de una visita a Israel en febrero de 2010. Desde entonces se ha estado preocupando a voces de que Israel pueda llegar a enredar a EE.UU. en una guerra contra Irán, aunque agrega la garantía obligatoria de que el Pentágono tiene un plan de ataque para Irán, por si fuera necesario.
En contraste con su experiencia en 2008, sin embargo, Mullen parece inquieto de que los dirigentes no hayan tomado en serio sus advertencias.
Mientras estaba en Israel, Mullen insistió públicamente en que un ataque contra Irán sería un “problema grande, grande, grande para todos nosotros, y me preocupan mucho las consecuencias imprevistas”.
Después de su retorno, en una conferencia de prensa en el Pentágono el 22 de febrero, Mullen dio a entender el mismo punto. Después de recitar el mismo texto manido de que Irán “está en camino de lograr armas nucleares” y su “deseo de dominar a sus vecinos”, incluyó lo siguiente en sus observaciones preparadas:
“Por ahora, las palancas diplomática y económica del poder internacional son y deberían ser las primeras a utilizar. Por cierto, espero que se utilicen siempre y consecuentemente. Ningún ataque, por efectivo que sea, será, de por sí, decisivo”.
A diferencia de generales más jóvenes –David Petraeus, por ejemplo– el almirante Mullen sirvió en la Guerra de Vietnam. Esa experiencia es probablemente lo que causa digresiones como ésta: “Quisiera recordar a todos una verdad esencial: La guerra es sangrienta y desigual. Es sucia y fea e increíblemente derrochadora…”
Aunque el contexto inmediato para esa observación fue Afganistán, Mullen ha subrayado una y otra vez que una guerra contra Irán sería un desastre mucho mayor. Los que tienen un cierto grado de familiaridad con los valores militares, estratégicos y económicos en juego saben que tiene razón.
Otros pasos
En 2008, después que Mullen leyó la cartilla a los israelíes, éstos dejaron de lado sus planes preventivos contra Irán. Habiendo cumplido esa misión, Mullen consideró seriamente maneras de impedir cualquier incidente no intencionado (o, en realidad, deliberadamente provocado) en el concurrido Golfo Pérsico que pueda conducir a hostilidades más amplias.
Mullen lanzó un interesante balón de prueba en una conferencia de prensa del 2 de julio de 2008, cuando indicó que el diálogo entre militares podría “aumentar el entendimiento” entre EE.UU. e Irán. Pero no se supo nada más de esta proposición, probablemente porque Cheney le ordenó que la abandonara.
Fue una buena idea –y lo sigue siendo. El peligro de una confrontación entre EE.UU. e Irán en el concurrido Golfo Pérsico no se ha encarado y debería hacerse. El establecimiento de un vínculo directo de comunicaciones entre altos responsables militares en Washington y Teherán reduciría el peligro de un accidente, error de cálculo, o un ataque encubierto de bandera falsa.
A nuestro juicio, esto debería tener lugar de inmediato –en particular porque las sanciones recientemente introducidas reivindican un derecho a inspeccionar barcos iraníes. Se informa de que el comandante naval de los Guardias Revolucionarios Iraníes ha amenazado con “una respuesta en el Golfo Pérsico y en el Estrecho de Ormuz” si alguien trata de inspeccionar barcos iraníes en aguas internacionales.
Otra válvula de seguridad resultaría de una negociación exitosa de algo como el protocolo de “incidentes en alta mar”, concluido con los rusos en 1972 durante un período de tensión relativamente alta.
Con sólo unos don nadie interinos a cargo de la comunidad de la inteligencia, usted tal vez podría considerar la posibilidad de darle una buena lección e insistir en que termine un honesto Memorando a los titulares del NIE de 2007 a mediados de agosto –mencionando cualquier desacuerdo, cuando sea necesario.
Lamentablemente, nuestros antiguos colegas nos dicen que la politización de los análisis de inteligencia no terminó con la partida de Bush y Cheney… y que el problema es agudo incluso en la Oficina de Inteligencia e Investigación del Departamento de Estado, que en el pasado ha hecho algunos de los mejores análisis profesionales, objetivos y francos.
Eruditos, think tanks: no entienden de qué se trata
Como habrá observado, la mayor parte de la sección Outlook del Washington Post del domingo se dedicó a un artículo intitulado: “Un Irán nuclear, ¿atacaría EE.UU. para impedirlo? –Imaginando la reacción de Obama a una crisis de misiles iraníes”.
La página cinco estaba dominada por el resto del artículo con el título: “¿Quién parpadeará primero cuando Irán esté al borde?”
Una foto a todo lo ancho de la página de un misil que pasa frente a dignatarios iraníes en el pódium (reminiscente de los familiares desfiles en la Plaza Roja) apunta a la página del medio de la sección de Outlook, como si fuera a hacerla añicos.
Típicamente, los autores encaran la “amenaza” iraní como si amenazara a EE.UU., a pesar de que la secretaria Clinton ha declarado públicamente que no es así. Escriben que una opción para EE.UU. es “el camino solitario, impopular, de emprender una acción militar que carece de consenso aliado”. ¡O Tempora, O Mores!
En menos de una década, las guerras de agresión sólo se han convertido en caminos solitarios, impopulares.
Lo que tal vez sea lo más notable, sin embargo, es que en ninguna parte se encuentra la palabra Israel en ese artículo muy largo. Artículos de opinión semejantes, incluyendo algunos de think tanks relativamente progresistas, también encaran estos temas como si se tratara simplemente de problemas bilaterales entre EE.UU. e Irán, con poca o ninguna atención a Israel.
¿Cañones de agosto?
Hay demasiado en juego. El comienzo de hostilidades podría tener inmensas repercusiones. De nuevo esperamos que el almirante Mullen y otros le habrán dado informaciones exhaustivas al respecto.
Netanyahu emprendería una jugada fatídica al atacar Irán, con grandes riesgos para todos los involucrados. El peor de los casos, que no deja de ser concebible, es que Netanyahu represente –sin quererlo– el papel del “doctor muerte” para el Estado de Israel.
Incluso si EE.UU. fuera arrastrado a una guerra provocada por Israel, no hay la menor garantía de que esa guerra tenga buenos resultados.
Si EE.UU. sufriera considerables bajas, y si los estadounidenses tomaran conciencia de que esas víctimas fueron causadas por exageradas afirmaciones israelíes sobre una amenaza nuclear de Irán, Israel perdería gran parte de su alta estima en EE.UU.
Podría haber un aumento del antisemitismo cuando los estadounidenses lleguen a la conclusión de que funcionarios con dobles lealtades en el Congreso y en el poder ejecutivo lanzaron a nuestros soldados a una guerra provocada, bajo falsos pretextos, por likudniks en función de sus propios propósitos egoístas.
No tenemos la impresión de que los principales protagonistas en Tel Aviv o Washington estén suficientemente sensibilizados en estos factores críticos.
Usted está en condiciones de impedir esta aciaga, pero probable, reacción en cadena. Pensamos que es posible que una acción militar israelí no resulte en una gran guerra regional, pero consideramos que esta última es más bien probable.
Nota al pie – La experiencia de los veteranos de la inteligencia
Nosotros, los profesionales veteranos de la inteligencia por la cordura (VIPS), nos hemos visto antes en esta posición. Preparamos nuestro primer Memorando para el Presidente en la tarde del 5 de febrero de 2003, después del discurso de Colin Powell en las Naciones Unidas.
Habíamos observado cómo se corrompía nuestra profesión para que presentara inteligencia falsa, que después fue criticada (correctamente) como “no corroborada, refutada e inexistente” – adjetivos utilizados por el ex presidente del Comité de Inteligencia del Senado, Jay Rockefeller, después de cinco años de investigación por su comité.
Cuando habló Powell decidimos colectivamente que nuestra acción responsable debía ser advertir al presidente antes de que actuara sobre la base de información equivocada para atacar a Iraq. A diferencia de Powell, no afirmamos que nuestro análisis era “irrefutable e innegable”. Concluimos con la siguiente advertencia:
“Después de ver hoy al secretario Powell, estamos convencidos que le convendría ampliar la discusión… más allá del círculo de esos consejeros que están obviamente inclinados a favor de una guerra para la cual no vemos ningún motivo imperativo y que creemos que sus consecuencias no intencionadas probablemente serían catastróficas”.
http://www.afterdowningstreet.org/downloads/vipstwelve.pdf
No nos causa satisfacción que hayamos tenido razón respecto a Iraq. Otros que se basaron en más experiencia inmediata sobre Iraq emitieron advertencias similares. Pero nos mantuvieron muy lejos de las trincheras creadas por Bush y Cheney.
Desgraciadamente su propio vicepresidente, que entonces era presidente del Comité de Asuntos Exteriores del Senado, fue uno de los más asiduos en el bloqueo de oportunidades para que se escucharan voces discrepantes. Esto forma parte de lo que produjo el peor desastre de política exterior en la historia de nuestra nación.
Ahora creemos que también podemos tener razón respecto a (y directamente al borde de) otra inminente catástrofe de un alcance aún mayor –Irán– en la cual otro presidente, usted, no recibe buenos consejos de su círculo cerrado de asesores.
Probablemente le estén diciendo que, ya que usted ha aconsejado en privado al primer ministro Netanyahu que no ataque Irán, él no lo hará. Esto podría ser simplemente el síndrome familiar de decir al presidente lo que ellos piensan que quiere oír.
Póngalos a prueba: dígales que otros creen que están totalmente equivocados sobre Netanyahu. Lo único positivo al respecto es que usted –sólo usted– puede impedir un ataque israelí contra Irán.
Grupo directivo, Veteran Intelligence Professionals for Sanity (VIPS)
Ray Close, Directorado de Operaciones, División Oriente Próximo, CIA (26 años)
Phil Giraldi, Directorado de Operaciones, CIA (20 años)
Larry Johnson, Directorado de Inteligencia, CIA; Departamento de Estado, consultor del Departamento de Defensa (24 años)
W. Patrick Lang, coronel de Fuerzas Especiales de EE.UU. (en retiro); Oficial de Inteligencia de la Defensa para Oriente Próximo/Asia del Sur; director de Recolección de HUMINT, Agencia de Inteligencia de la Defensa (30 años)
Ray McGovern, oficial de Inteligencia del Ejército de EE.UU., Directorado de Inteligencia de la CIA (30 años)
Coleen Rowley, agente especial y abogado de la División Minneapolis del FBI (24 años)
Ann Wright, coronel, Reserva del Ejército de EE.UU. (en retiro), 29 años; Oficial de Servicio Exterior, Departamento de Estado, (16 años)
consortiumnews.com
© Copyright Veteran Intelligence Professionals for Sanity, consortiumnews.com, 2010
Le escribimos para alertarle sobre la probabilidad de que Israel podría atacar a Irán ya durante este mes. Eso probablemente conduciría a una guerra más amplia.
Los dirigentes de Israel calcularían que una vez iniciada la batalla, una política en la que usted dé algo menos que un generoso apoyo a Israel será insostenible, no importa cómo haya comenzado la guerra, y que entonces tropas y armamentos estadounidenses fluirán libremente. Una guerra más amplia podría terminar en última instancia en la destrucción del Estado de Israel.
Esto puede evitarse, pero sólo si usted actúa rápidamente para impedir un ataque israelí, condenando públicamente un acto semejante antes de que suceda.
Creemos que comentarios de altos responsables estadounidenses, incluyendo los suyos, reflejan una confianza mal colocada en el primer ministro israelí [Benjamin] Netanyahu.
En realidad, la expresión en sí puede ser reveladora, como cuando el director de la CIA, Panetta, señaló displicentemente que Washington deja que los israelíes decidan si atacan a Irán y cuándo, y cuánto “espacio” se deja al esfuerzo diplomático.
El 27 de junio, Panetta dijo a Jake Tapper de ABC: “Pienso que están dispuestos a darnos el espacio para intentar cambiar a Irán diplomáticamente… en lugar de cambiarlo mediante medios militares”.
De la misma manera, el tono que usted utilizó al referirse a Netanyahu y a su persona en su entrevista del 7 de julio con la televisión israelí estuvo claramente en desarmonía con décadas de historia deplorable con los dirigentes israelíes.
“Ninguno de nosotros trata de sorprender al otro”, dijo usted, “y pienso que el primer ministro Netanyahu está comprometido con esa actitud”. Tal vez convenga que usted pida al vicepresidente Biden que le recuerde el tipo de sorpresas que encontró en Israel.
Los ataques por la espalda han sido hace tiempo una flecha en el carcaj de Israel. Durante la crisis emergente en Oriente Próximo en la primavera de 1967, algunos de nosotros presenciamos de cerca una avalancha de sorpresas y engaños israelíes, cuando predecesores de Netanyahu simularon miedo de un inminente ataque árabe como justificación para iniciar una guerra a fin de apoderarse de territorios árabes y ocuparlos.
Hace tiempo habíamos concluido que Israel había estado exagerando la “amenaza” árabe mucho antes de 1982 cuando el ex primer ministro israelí Menachem Begin confesó públicamente:
“En junio de 1967, teníamos una alternativa. Las concentraciones del ejército egipcio en las cercanías del Sinaí no probaban que [el presidente egipcio] Nasser estaba realmente a punto de atacarnos. Debemos ser honestos con nosotros mismos. Decidimos atacarlo”.
Israel, en los hechos, se había preparado bien en lo militar, y también había organizado provocaciones contra sus vecinos, a fin de provocar una reacción que pudiera utilizarse para justificar la expansión de sus fronteras.
Ante este historial, sería bueno encarar con un escepticismo adecuado cualesquiera garantías privadas que Netanyahu haya podido dar de que Israel no lo sorprenderá con un ataque contra Irán.
Los cálculos de Netanyahu
Netanyahu cree que tiene las cartas altas, en gran parte debido al fuerte apoyo del que goza en nuestro Congreso y de nuestros medios enérgicamente pro israelíes. Interpreta nuestra renuencia a llegar a mencionar públicamente temas bilaterales controvertidos durante su reciente visita como afirmación de que está bien ubicado en la relación.
Durante años electorales en EE.UU. (incluyendo las elecciones a mitad de período), los dirigentes israelíes se muestran particularmente confiados en el poder que ellos y el lobby del Likud poseen en la escena política estadounidense.
El actual primer ministro aprendió mucho de Menachem Begin y Ariel Sharon.
La actitud de Netanyahu se hace patente en un vídeo grabado hace nueve años y mostrado en la televisión israelí, en el que alardeó de cómo engañó al presidente Clinton para que creyera que él (Netanyahu) estaba ayudando a implementar los acuerdos de Oslo, en circunstancias en las que en realidad los estaba destruyendo.
El vídeo muestra una actitud despectiva hacia –y su asombro ante– un EE.UU. tan fácilmente influenciado por Israel. Netanyahu dice:
“EE.UU. puede ser dirigido con facilidad. Dirigido en la dirección correcta… No se interpondrá en nuestro camino… Un ochenta por ciento de los estadounidenses nos apoya. Es absurdo”.
El columnista israelí Gideon Levy escribió que el vídeo muestra que Netanyahu es un “estafador… que piensa que tiene a Washington en el bolsillo y que puede engañarlo”, y agrega que una conducta semejante “no cambia con el pasar de los años”.
Como hemos mencionado anteriormente, Netanyahu ha tenido modelos de conducta instructivos.
Ni más ni menos que el general Brent Scowcroft dijo al Financial Times que el ex primer ministro israelí Ariel Sharon había “hipnotizado” a George W. Bush; que Sharon “hacía con él lo que le daba la gana”.
(Scowcroft fue rápidamente relevado de sus tareas como jefe del prestigioso Consejo de Asesoría de Inteligencia Exterior del presidente y se le dijo que no volviera a dejarse ver nunca en el umbral de la Casa Blanca).
Si se necesitara otra prueba del apoyo político estadounidense para Netanyahu, éste fue manifiesto cuando los senadores McCain, Lieberman, y Graham visitaron Israel durante la segunda semana de julio.
Lieberman afirmó que existe amplio apoyo en el Congreso para utilizar todos los medios para impedir que Irán se convierta en una potencia nuclear, incluso “mediante acciones militares si es necesario”. Graham también fue explícito: “El Congreso respalda a Israel”, dijo.
Hace poco, 47 republicanos de la Cámara de Representante firmaron H.R. 1553 declarando su “apoyo al derecho de Israel a utilizar todos los medios necesarios para enfrentar y eliminar amenazas nucleares planteadas por Irán… incluyendo el uso de fuerza militar”.
El poder del lobby del Likud, especialmente en un año electoral, facilita los intentos de Netanyahu de convencer a los pocos entre sus colegas que necesitan ser convencidos de que posiblemente no vuelva a haber un momento más propicio para producir un “cambio de régimen” en Teherán.
Y, como esperamos que sus asesores se lo habrán dicho, el cambio de régimen, no armas nucleares iraníes, constituye el interés primordial de Israel.
Si el pretendido temor de Israel de que una o dos armas nucleares en el arsenal de Irán puedan cambiar las reglas del juego, se habría podido esperar que los dirigentes israelíes saltaran de alegría ante la posibilidad de que la mitad del uranio poco enriquecido de Irán se envíe al extranjero.
Pero descartaron como un “truco” el acuerdo tripartito mediado por Turquía y Brasil, alentado personalmente por usted, que habría enviado la mitad del uranio poco enriquecido de Irán fuera del control de Teherán.
El Estimado Nacional de Inteligencia (NIE)
Los israelíes han estado observando atentamente los intentos de la comunidad de la inteligencia de EE.UU. de actualizar, en un “Memorando a los titulares”, el NIE de noviembre de 2007 sobre el programa nuclear de Irán. Vale la pena citar un par de las estimaciones esenciales de ese Estimado:
“Vemos con mucha confianza que en el otoño de 2003 Teherán detuvo su programa de armas nucleares… Evaluamos con una confianza moderada que Teherán no ha reiniciado su programa nuclear a mediados de 2007, pero no sabemos si actualmente se propone desarrollar armas nucleares…”
Antes este año, el testimonio público ante el Congreso del ex director de inteligencia nacional Dennis Blair (1 y 2 de febrero) y del director de la Agencia de Inteligencia de la Defensa, general Ronald Burgess con el vicepresidente el Estado Mayor Conjunto, general James Cartwright (14 de abril) no alteró esos cálculos cruciales.
Blair y otros siguieron subrayando el agnosticismo de la comunidad de la inteligencia respecto a un punto esencial. Como Blair dijo antes este año: “No sabemos si Irán terminará por decidir la construcción un arma nuclear”.
Los medios han informado de comentarios informales de Panetta y de su persona, con una evaluación más sombría –y que usted dijo a la televisión israelí: “…todos los indicadores sseñalan que ellos [los iraníes] efectivamente buscan un arma nuclear;” y que Panetta dijo a ABC: “Pienso que sigue trabajando en diseños en esa área [de armas nucleares]”.
Panetta se apresuró a agregar, sin embargo, que en Teherán: “Hay un continuo debate ahora mismo sobre si se debería o no seguir adelante con la bomba”.
Es probable que Israel crea que debe otorgar más peso al testimonio oficial de Blair, Burgess y Cartwright, que concuerdan con el anterior NIE, y los israelíes temen que el tan retrasado Memorando a los titulares del NIE 2007 confirme esencialmente las opiniones cruciales del Estimado.
Nuestras fuentes nos dicen que es probable que un Memorando a los titulares honesto haga precisamente eso, y que sospechan que el retraso de varios meses significa que las evaluaciones de inteligencia están siendo “ajustadas” a la política –como fue el caso antes del ataque contra Iraq.
Una guerra impedida
Las evaluaciones cruciales del NIE de noviembre de 2007 fastidiaron los planes del gigante destructor dirigido por Dick Cheney que avanzaba hacia la guerra contra Irán. El NIE enfureció a los dirigentes de Israel ansiosos de atacar antes que el presidente Bush y el vicepresidente Cheney dejaran el poder. Esta vez, Netanyahu teme que la emisión de un Memorando honesto pueda tener un efecto similar.
En resumidas cuentas: más incentivo para Israel para evitar un Estimado semejante mediante un ataque a Irán lo antes posible.
El anuncio de la semana pasada de que funcionarios estadounidenses se reunirán el próximo mes con sus homólogos iraníes para reanudar conversaciones sobre maneras de organizar el enriquecimiento de uranio poco enriquecido iraní para el reactor de investigación médica de Teherán fue una buena noticia para todos con la excepción de los dirigentes israelíes.
Además, se informa que Irán ha dicho que estaría dispuesto a detener el enriquecimiento a un 20% (el nivel necesitado para el reactor de investigación médica), y ha dejado claro que desea reanudar las conversaciones.
De nuevo, un acuerdo que envíe una gran parte del uranio poco enriquecido de Irán al extranjero dificultaría, por lo menos, el progreso hacia armas nucleares si Irán decidiera desarrollarlas. Pero también debilitaría considerablemente la justificación más aterradora de Israel para un ataque a Irán.
En resumidas cuentas: ahora que se programa la reanudación en septiembre de conversaciones que los dirigentes de Israel calificaron anteriormente de “truco”, aumenta el incentivo en Tel Aviv para que los israelíes ataquen antes de que se puede llegar a tal acuerdo.
Volvamos a decirlo: el objetivo israelí es el cambio de régimen. La creación de un temor sintético a armas nucleares iraníes es simplemente el mejor camino para “justificar” la realización de un cambio de régimen. Dio buenos resultados en Iraq, ¿no es cierto?
Otra guerra que hay que impedir
Es muy probable que una enérgica declaración pública suya, advirtiendo personalmente a Israel de que no ataque a Irán bloquearía una acción israelí semejante. Una segunda etapa podría incluir el envío del almirante Mullen a Tel Aviv con instrucciones de militar a militar a Israel que digan: Ni siquiera piensen en hacerlo.
Después del NIE de 2007, el presidente Bush se impuso sobre el vicepresidente Cheney y envió al almirante Mullen a Israel para transmitir ese duro mensaje. Esa primavera, Mullen volvió a casa muy tranquilizado, seguro y agradecido de haber evitado la probabilidad de tener que ejecutar una orden inspirada por Cheney de enviar fuerzas estadounidenses a una guerra contra Irán.
Esta vez, Mullen volvió nervioso de una visita a Israel en febrero de 2010. Desde entonces se ha estado preocupando a voces de que Israel pueda llegar a enredar a EE.UU. en una guerra contra Irán, aunque agrega la garantía obligatoria de que el Pentágono tiene un plan de ataque para Irán, por si fuera necesario.
En contraste con su experiencia en 2008, sin embargo, Mullen parece inquieto de que los dirigentes no hayan tomado en serio sus advertencias.
Mientras estaba en Israel, Mullen insistió públicamente en que un ataque contra Irán sería un “problema grande, grande, grande para todos nosotros, y me preocupan mucho las consecuencias imprevistas”.
Después de su retorno, en una conferencia de prensa en el Pentágono el 22 de febrero, Mullen dio a entender el mismo punto. Después de recitar el mismo texto manido de que Irán “está en camino de lograr armas nucleares” y su “deseo de dominar a sus vecinos”, incluyó lo siguiente en sus observaciones preparadas:
“Por ahora, las palancas diplomática y económica del poder internacional son y deberían ser las primeras a utilizar. Por cierto, espero que se utilicen siempre y consecuentemente. Ningún ataque, por efectivo que sea, será, de por sí, decisivo”.
A diferencia de generales más jóvenes –David Petraeus, por ejemplo– el almirante Mullen sirvió en la Guerra de Vietnam. Esa experiencia es probablemente lo que causa digresiones como ésta: “Quisiera recordar a todos una verdad esencial: La guerra es sangrienta y desigual. Es sucia y fea e increíblemente derrochadora…”
Aunque el contexto inmediato para esa observación fue Afganistán, Mullen ha subrayado una y otra vez que una guerra contra Irán sería un desastre mucho mayor. Los que tienen un cierto grado de familiaridad con los valores militares, estratégicos y económicos en juego saben que tiene razón.
Otros pasos
En 2008, después que Mullen leyó la cartilla a los israelíes, éstos dejaron de lado sus planes preventivos contra Irán. Habiendo cumplido esa misión, Mullen consideró seriamente maneras de impedir cualquier incidente no intencionado (o, en realidad, deliberadamente provocado) en el concurrido Golfo Pérsico que pueda conducir a hostilidades más amplias.
Mullen lanzó un interesante balón de prueba en una conferencia de prensa del 2 de julio de 2008, cuando indicó que el diálogo entre militares podría “aumentar el entendimiento” entre EE.UU. e Irán. Pero no se supo nada más de esta proposición, probablemente porque Cheney le ordenó que la abandonara.
Fue una buena idea –y lo sigue siendo. El peligro de una confrontación entre EE.UU. e Irán en el concurrido Golfo Pérsico no se ha encarado y debería hacerse. El establecimiento de un vínculo directo de comunicaciones entre altos responsables militares en Washington y Teherán reduciría el peligro de un accidente, error de cálculo, o un ataque encubierto de bandera falsa.
A nuestro juicio, esto debería tener lugar de inmediato –en particular porque las sanciones recientemente introducidas reivindican un derecho a inspeccionar barcos iraníes. Se informa de que el comandante naval de los Guardias Revolucionarios Iraníes ha amenazado con “una respuesta en el Golfo Pérsico y en el Estrecho de Ormuz” si alguien trata de inspeccionar barcos iraníes en aguas internacionales.
Otra válvula de seguridad resultaría de una negociación exitosa de algo como el protocolo de “incidentes en alta mar”, concluido con los rusos en 1972 durante un período de tensión relativamente alta.
Con sólo unos don nadie interinos a cargo de la comunidad de la inteligencia, usted tal vez podría considerar la posibilidad de darle una buena lección e insistir en que termine un honesto Memorando a los titulares del NIE de 2007 a mediados de agosto –mencionando cualquier desacuerdo, cuando sea necesario.
Lamentablemente, nuestros antiguos colegas nos dicen que la politización de los análisis de inteligencia no terminó con la partida de Bush y Cheney… y que el problema es agudo incluso en la Oficina de Inteligencia e Investigación del Departamento de Estado, que en el pasado ha hecho algunos de los mejores análisis profesionales, objetivos y francos.
Eruditos, think tanks: no entienden de qué se trata
Como habrá observado, la mayor parte de la sección Outlook del Washington Post del domingo se dedicó a un artículo intitulado: “Un Irán nuclear, ¿atacaría EE.UU. para impedirlo? –Imaginando la reacción de Obama a una crisis de misiles iraníes”.
La página cinco estaba dominada por el resto del artículo con el título: “¿Quién parpadeará primero cuando Irán esté al borde?”
Una foto a todo lo ancho de la página de un misil que pasa frente a dignatarios iraníes en el pódium (reminiscente de los familiares desfiles en la Plaza Roja) apunta a la página del medio de la sección de Outlook, como si fuera a hacerla añicos.
Típicamente, los autores encaran la “amenaza” iraní como si amenazara a EE.UU., a pesar de que la secretaria Clinton ha declarado públicamente que no es así. Escriben que una opción para EE.UU. es “el camino solitario, impopular, de emprender una acción militar que carece de consenso aliado”. ¡O Tempora, O Mores!
En menos de una década, las guerras de agresión sólo se han convertido en caminos solitarios, impopulares.
Lo que tal vez sea lo más notable, sin embargo, es que en ninguna parte se encuentra la palabra Israel en ese artículo muy largo. Artículos de opinión semejantes, incluyendo algunos de think tanks relativamente progresistas, también encaran estos temas como si se tratara simplemente de problemas bilaterales entre EE.UU. e Irán, con poca o ninguna atención a Israel.
¿Cañones de agosto?
Hay demasiado en juego. El comienzo de hostilidades podría tener inmensas repercusiones. De nuevo esperamos que el almirante Mullen y otros le habrán dado informaciones exhaustivas al respecto.
Netanyahu emprendería una jugada fatídica al atacar Irán, con grandes riesgos para todos los involucrados. El peor de los casos, que no deja de ser concebible, es que Netanyahu represente –sin quererlo– el papel del “doctor muerte” para el Estado de Israel.
Incluso si EE.UU. fuera arrastrado a una guerra provocada por Israel, no hay la menor garantía de que esa guerra tenga buenos resultados.
Si EE.UU. sufriera considerables bajas, y si los estadounidenses tomaran conciencia de que esas víctimas fueron causadas por exageradas afirmaciones israelíes sobre una amenaza nuclear de Irán, Israel perdería gran parte de su alta estima en EE.UU.
Podría haber un aumento del antisemitismo cuando los estadounidenses lleguen a la conclusión de que funcionarios con dobles lealtades en el Congreso y en el poder ejecutivo lanzaron a nuestros soldados a una guerra provocada, bajo falsos pretextos, por likudniks en función de sus propios propósitos egoístas.
No tenemos la impresión de que los principales protagonistas en Tel Aviv o Washington estén suficientemente sensibilizados en estos factores críticos.
Usted está en condiciones de impedir esta aciaga, pero probable, reacción en cadena. Pensamos que es posible que una acción militar israelí no resulte en una gran guerra regional, pero consideramos que esta última es más bien probable.
Nota al pie – La experiencia de los veteranos de la inteligencia
Nosotros, los profesionales veteranos de la inteligencia por la cordura (VIPS), nos hemos visto antes en esta posición. Preparamos nuestro primer Memorando para el Presidente en la tarde del 5 de febrero de 2003, después del discurso de Colin Powell en las Naciones Unidas.
Habíamos observado cómo se corrompía nuestra profesión para que presentara inteligencia falsa, que después fue criticada (correctamente) como “no corroborada, refutada e inexistente” – adjetivos utilizados por el ex presidente del Comité de Inteligencia del Senado, Jay Rockefeller, después de cinco años de investigación por su comité.
Cuando habló Powell decidimos colectivamente que nuestra acción responsable debía ser advertir al presidente antes de que actuara sobre la base de información equivocada para atacar a Iraq. A diferencia de Powell, no afirmamos que nuestro análisis era “irrefutable e innegable”. Concluimos con la siguiente advertencia:
“Después de ver hoy al secretario Powell, estamos convencidos que le convendría ampliar la discusión… más allá del círculo de esos consejeros que están obviamente inclinados a favor de una guerra para la cual no vemos ningún motivo imperativo y que creemos que sus consecuencias no intencionadas probablemente serían catastróficas”.
http://www.afterdowningstreet.org/downloads/vipstwelve.pdf
No nos causa satisfacción que hayamos tenido razón respecto a Iraq. Otros que se basaron en más experiencia inmediata sobre Iraq emitieron advertencias similares. Pero nos mantuvieron muy lejos de las trincheras creadas por Bush y Cheney.
Desgraciadamente su propio vicepresidente, que entonces era presidente del Comité de Asuntos Exteriores del Senado, fue uno de los más asiduos en el bloqueo de oportunidades para que se escucharan voces discrepantes. Esto forma parte de lo que produjo el peor desastre de política exterior en la historia de nuestra nación.
Ahora creemos que también podemos tener razón respecto a (y directamente al borde de) otra inminente catástrofe de un alcance aún mayor –Irán– en la cual otro presidente, usted, no recibe buenos consejos de su círculo cerrado de asesores.
Probablemente le estén diciendo que, ya que usted ha aconsejado en privado al primer ministro Netanyahu que no ataque Irán, él no lo hará. Esto podría ser simplemente el síndrome familiar de decir al presidente lo que ellos piensan que quiere oír.
Póngalos a prueba: dígales que otros creen que están totalmente equivocados sobre Netanyahu. Lo único positivo al respecto es que usted –sólo usted– puede impedir un ataque israelí contra Irán.
Grupo directivo, Veteran Intelligence Professionals for Sanity (VIPS)
Ray Close, Directorado de Operaciones, División Oriente Próximo, CIA (26 años)
Phil Giraldi, Directorado de Operaciones, CIA (20 años)
Larry Johnson, Directorado de Inteligencia, CIA; Departamento de Estado, consultor del Departamento de Defensa (24 años)
W. Patrick Lang, coronel de Fuerzas Especiales de EE.UU. (en retiro); Oficial de Inteligencia de la Defensa para Oriente Próximo/Asia del Sur; director de Recolección de HUMINT, Agencia de Inteligencia de la Defensa (30 años)
Ray McGovern, oficial de Inteligencia del Ejército de EE.UU., Directorado de Inteligencia de la CIA (30 años)
Coleen Rowley, agente especial y abogado de la División Minneapolis del FBI (24 años)
Ann Wright, coronel, Reserva del Ejército de EE.UU. (en retiro), 29 años; Oficial de Servicio Exterior, Departamento de Estado, (16 años)
consortiumnews.com
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