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miércoles, 1 de abril de 2015

El exterminio de Gaza por Israel


Por Norman Pollack *

Martirena

Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández.

La Operación Marco Protector es la máquina de matar de la década de 2010, para vergüenza eterna de Israel. No es así como Israel lo percibe, ni tampoco el mundo, en especial los judíos estadounidenses. Escribo esto como judío orgulloso que trata de liberar al judaísmo del íncubo de un arrogante Israel militarista que no necesitaba acabar convirtiéndose en lo que ahora es emulando las prácticas de estilo nazi contra una población que residía en una tierra que podía haber sido el refugio de ambos. La Nakba fue algo inexcusable, degradante, cruel, inmoral, la propia antítesis de lo que la Torah proclama respecto a cuidar a los oprimidos y amar al extranjero. A causa de sus acciones, los israelíes han perdido hasta el derecho a ser considerados judíos, tan vil es su comportamiento con los que han reducido ya a una situación deplorable. Gaza es la de Dresde de hoy, escombros hasta donde la vista puede alcanzar; sólo Hiroshima y Nagasaki ofrecían un escenario peor. Niños jugando entre las ruinas, familias viviendo en tiendas de campaña y caravanas, materiales de construcción interceptados por el mar y devueltos, infraestructuras, escuelas de la ONU y hospitales demolidos… y la sociedad israelí convertida en espectadores pasivos, distraídos, desinteresados, sordos ante los gritos del sufrimiento y las privaciones. El judaísmo burlado a sus más altos niveles.
Sí, mi padre (que nació en Pinsk y llegó a EEUU tras la Primera Guerra Mundial, trabajó duro toda su vida, dio lo que pudo en apoyo de las causas judías y fue miembro fundador de Rodeph Shalom en Bridgeport antes de trasladarse a Miami Beach) solía decir que las malas noticias llegan de tres en tres. Efectivamente, vamos a examinar los periódicos de hoy.

Primera, nos encontramos con la dimisión de William Schabas, que estaba al frente de la investigación encargada por el Consejo de los Derechos Humanos de la ONU sobre los posibles crímenes de guerra israelíes en la campaña desplegada contra Gaza del pasado verano. Enfrentado desde el primer momento a la oposición de Israel a que se lleve a cabo cualquier investigación (precedida incluso de los intentos israelíes de “matar de hambre a la bestia”, presionando a los Estados miembros de la Corte Penal Internacional para que no cooperaran con sus procedimientos), a Schabas no le quedó otra opción. Vilipendiado, acusado de sentimientos y actividades antiisraelíes (cuando es un distinguido abogado internacional experto en derechos humanos que entre sus muchos clientes asesoró una vez a la Organización por la Liberación de Palestina a cambio de unos honorarios de 1.300 dólares), sometido a amenazas de muerte y a un aluvión, obviamente organizado, de correos electrónicos hostiles, creía que los hallazgos de la comisión -que acabará sus trabajos el próximo mes- no deberían pasarse por alto por culpa de todo ese intento de intimidación y ofuscación.

Utilizo la frase “de estilo nazi” deliberada y provocativamente para llamar la atención sobre las técnicas del AIPAC y los partidarios de Israel poniéndose a dar velozmente alaridos acerca de la “autodestrucción judía” cada vez que alguien manifiesta algún tipo de crítica respecto a Israel; todo un estruendo de negaciones, mezquindad y saña autoritaria a la que nosotros, como judíos, nos enfrentamos una vez y que ahora devolvemos con creces multiplicado por diez. El debate entre los judíos sobre el destino –y la FE- es fundamental en el judaísmo, sin embargo, me temo que tenemos ya todo perdido. Los gángsters que están ente nosotros, con anterioridad Cohen y Schine bajo McCarthy, y ahora Adelson con los republicanos, toda una fuerza primigenia por mérito propio, trascienden la cuestión de la identidad judía al alinear el judaísmo con causas reaccionarias que tienen poco que ver con la religión o los judíos. El judaísmo se ha politizado como religión y por ello profanado -en vez de haberse convertido en un escudo defensivo, aquí en EEUU, frente a una política exterior a favor de la guerra, la intervención e incluso la tortura, y una política interna de vigilancia de la población y procesamiento de los denunciantes- al seguir sus apegos políticos y decantarse a favor de las políticas que apoyan a la banca y los empresarios en contra de la organización y derechos de los trabajadores.

¿Por qué? Quizá como quid pro quo del apoyo desenfrenado y sin cuartel de EEUU hacia Israel. Pero tiene que haber algo más que ciega lealtad y solidaridad religiosas. Para los judíos de EEUU, Israel es un factor clave en la contrarrevolución mundial, en la represión organizada de gobiernos de izquierdas y movimientos sociales al vincular tácitamente en el imaginario popular las corrientes de izquierda –Cuba, los derechos civiles en EEUU, el socialismo (incluso detectando pistas donde no hay nada)- con los pogromos y el antisemitismo que amenaza con conquistar del mundo. La desgracia, que todavía no alcanzo a explicarme, es que no siempre fue así. Porque el judaísmo, especialmente en EEUU, había estado a la vanguardia de la lucha por los derechos humanos, bien a través del impulso sindical o de las marchas por los derechos civiles, bien involucrándose con el socialismo o los demócratas progresistas del New Deal, oponiéndose a la degradación de los niveles de vida y defendiendo la libre personalidad humana de los trabajadores estadounidenses, un récord de esclarecimiento radical que ha ido frustrándose cada vez más, contradiciéndose, desconociéndose y negándose. Doy la bienvenida al diálogo entre judíos, sin tabúes, un diálogo que pueda dejar ver y exponer los crímenes de guerra de Israel y revitalizar el judaísmo para afirmar su ser anterior, del mismo modo que Franklin Delano Roosevelt persiguió a los ladrones del templo.

Segunda, desde Rachel Corrie (2003) a William Schabas (2015), hay una proyección en línea recta de la continuidad de las incesantes prácticas represivas de Israel, desde la intimidación de los críticos como procedimiento hoy generalizado, al procedimiento físico concreto del asesinato de Rachel, aplastada bajo un buldózer israelí que iba demoliendo hogares palestinos; todo ello representa la normalización de la represión de una forma tan obvia que no puede pasar desapercibida. Rachel Corrie, una activista de la no violencia de Olympia, Washington, de 23 años de edad, se encontraba en Rafah, Territorios Ocupados, en marzo de 2003, protestando por la demolición de casas megáfono en mano, en medio del camino de un buldózer gigante que la atropelló deliberadamente y la aplastó hasta matarla. ¿Alguna protesta en Washington? ¿Algún clamor en Tel Aviv? Lo que vimos fue nada menos que un genocidio miniaturizado, seguido de una docena de años de infructuosos litigios y recursos judiciales. Eso revela en sí mismo el vacío moral del Israel actual y, desde luego, de su patrocinador estadounidense.

¿Por qué después de tanto tiempo aparece ahora Rachel en las noticias? Volvamos atrás. En 2012, un tribunal israelí de primera instancia en Haifa dictaminó que la muerte de Rachel había sido un accidente. Posteriormente, el pasado 12 de febrero, el Tribunal Supremo de Israel ratificó la “excepción de las actividades de combate” en la Ley de Errores Civiles (Responsabilidades del Estado), y este aspecto niega totalmente su pretensión de ser una democracia (mi caracterización del “estilo nazi”) al establecer que Israel no es responsable de cuanto pueda suceder en una zona de guerra (todo de cosecha propia y definido de forma elástica). La respuesta de la familia de Corrie ante esa decisión, de su padre y su madre, que todos estos años han estado buscando vías de reparación, fue esta: “Confiábamos en un resultado diferente, aunque por todo lo vivido a lo largo de nuestra experiencia, sabemos que todas las instituciones de Israel están profundamente involucradas en la impunidad de que disfruta el ejército israelí”. Es un sistema judicial totalmente podrido y corrupto, bien conocido del mundo por tantos hechos, especialmente por ignorar el bombardeo de los colegios de la ONU en Gaza que mataron a docenas de seres. Lo planteo de nuevo: ¿algún murmullo de crítica por parte de Washington, el tan cacareado campeón mundial de los derechos humanos?

Adalah, Centro Legal para los Derechos de la Minoría Árabe en Israel (sorprendentemente, todavía se le permite funcionar), ha señalado que la Ley de Errores Civiles de 2002 ha sido enmendada muchas veces con resultados siempre favorables al ejército (podría hacer una pausa para hablar de la similitud en el razonamiento existente con el Acuerdo del Estatuto de las Fuerzas Armadas cuya aceptación exige EEUU en Iraq y otros lugares, a fin de proteger a los miembros de las fuerzas armadas y a los contratistas privados de la jurisdicción legal de los tribunales por los delitos cometidos), por tanto la impunidad asume una cualidad absoluta que tiene muy poco que ver con la democracia. En 2002, la Ley, de nuevo enmendada, introducía, según Adalah, “obstáculos casi insalvables para la justicia, perjudicando la rendición de cuentas y las reparaciones a las víctimas civiles por los actos de las fuerzas de seguridad en los Territorios Ocupados”.

Tercera, la miseria social en curso en Gaza a la que se refiere el Washington Post del 14 de febrero, que no es algo reciente sino que viene de muy lejos y que se intensifica cada día mientras los gazatíes se hunden más y más en una vorágine de humillaciones y condiciones inhumanas. Y, ¿dónde está Israel, su vecino y opresor? Indiferente, envalentonado, vengativo como si Dios le estuviera retorciendo el brazo, aplastando no solo a Rachel Corrie sino a todo un pueblo. En el artículo del Post hay fotos que no pueden amañarse en su acusación prima facie de Israel por sus crímenes de guerra. Los niñitos en medio de los escombros no mienten. Los bebés muriendo de frío no mienten. Los ancianos que se encorvan sobre las hogueras al aire libre –todo eso y más- no mienten. William Booth, de Jan Yunis, informa: “En todos los sentidos, la Franja de Gaza está mucho peor ahora que antes de la guerra del pasado verano. Las escenas de miseria son una de los pocas cosas de las que hay abundancia en el maltratado enclave costero”. Booth continúa: “La economía sufre una recesión profunda; las promesas de miles de millones en ayuda se han evaporado… Los diplomáticos, los trabajadores de la ayuda humanitaria y los residentes advierten de una espantosa crisis humanitaria en ciernes…”

No solo Israel, también estamos siendo testigos de la denegación colectiva internacional del sufrimiento de Gaza, como si la vida humana no importara nada, el último ejemplo de psicopatología social en el que triunfa la negación de la realidad. He aquí un comentario bastante sobrio de un destacado economista gazatí, Omar Shaban, a quien daré la última palabra: “Después de cada guerra, pensamos que ya no podemos estar peor, pero tengo que decir que va a ser muy difícil estar peor que ahora. No hay ninguna señal de vida, de comercio, de importación, de exportación, de reconstrucción. ¿La ayuda? Desaparecida. No estoy exagerando cuando le digo a mis amigos extranjeros: Gaza va a desplomarse, quizá muy pronto”. 

* Norman Pollack escribe sobre Populismo. Centra sus trabajos en las teorías sociales y el análisis estructural del capitalismo y del fascismo. Puede contactarse con él en: pollackn@msu.edu.

viernes, 15 de agosto de 2014

Ya poca Palestina queda. Paso a paso, Israel la está borrando del mapa



Por Eduardo Galeano

Para justificarse, el terrorismo de Estado fabrica terroristas: siembra odio y cosecha coartadas. Todo indica que esta carnicería de Gaza, que según sus autores quiere acabar con los terroristas, logrará multiplicarlos. Desde 1948, los palestinos viven condenados a humillación perpetua. No pueden ni respirar sin permiso. Han perdido su patria, sus tierras, su agua, su libertad, su todo. Ni siquiera tienen derecho a elegir sus gobernantes. Cuando votan a quien no deben votar, son castigados. Gaza está siendo castigada. Se convirtió en una ratonera sin salida, desde que Hamas ganó limpiamente las elecciones en el año 2006. Algo parecido había ocurrido en 1932, cuando el Partido Comunista triunfó en las elecciones de El Salvador.
Bañados en sangre, los salvadoreños expiaron su mala conducta y desde entonces vivieron sometidos a dictaduras militares. La democracia es un lujo que no todos merecen. Son hijos de la impotencia los cohetes caseros que los militantes de Hamas, acorralados en Gaza, disparan con chambona puntería sobre las tierras que habían sido palestinas y que la ocupación israelí usurpó. Y la desesperación, a la orilla de la locura suicida, es la madre de las bravatas que niegan el derecho a la existencia de Israel, gritos sin ninguna eficacia, mientras la muy eficaz guerra de exterminio está negando, desde hace años, el derecho a la existencia de Palestina. Ya poca Palestina queda. Paso a paso, Israel la está borrando del mapa.

Los colonos invaden, y tras ellos los soldados van corrigiendo la frontera. Las balas sacralizan el despojo, en legítima defensa. No hay guerra agresiva que no diga ser guerra defensiva. Hitler invadió Polonia para evitar que Polonia invadiera Alemania. Bush invadió Irak para evitar que Irak invadiera el mundo. En cada una de sus guerras defensivas, Israel se ha tragado otro pedazo de Palestina, y los almuerzos siguen. La devoración se justifica por los títulos de propiedad que la Biblia otorgó, por los dos mil años de persecución que el pueblo judío sufrió, y por el pánico que generan los palestinos al acecho. Israel es el país que jamás cumple las recomendaciones ni las resoluciones de las Naciones Unidas, el que nunca acata las sentencias de los tribunales internacionales, el que se burla de las leyes internacionales, y es también el único país que ha legalizado la tortura de prisioneros.

¿Quién le regaló el derecho de negar todos los derechos ? ¿De dónde viene la impunidad con que Israel está ejecutando la matanza de Gaza ? El gobierno español no hubiera podido bombardear impunemente al País Vasco para acabar con ETA, ni el gobierno británico hubiera podido arrasar Irlanda para liquidar a IRA. ¿Acaso la tragedia del Holocausto implica una póliza de eterna impunidad ? ¿O esa luz verde proviene de la potencia mandamás que tiene en Israel al más incondicional de sus vasallos ? El ejército israelí, el más moderno y sofisticado del mundo, sabe a quién mata. No mata por error. Mata por horror. Las víctimas civiles se llaman daños colaterales, según el diccionario de otras guerras imperiales.

En Gaza, de cada diez daños colaterales, tres son niños. Y suman miles los mutilados, víctimas de la tecnología del descuartizamiento humano, que la industria militar está ensayando exitosamente en esta operación de limpieza étnica. Y como siempre, siempre lo mismo: en Gaza, cien a uno. Por cada cien palestinos muertos, un israelí. Gente peligrosa, advierte el otro bombardeo, a cargo de los medios masivos de manipulación, que nos invitan a creer que una vida israelí vale tanto como cien vidas palestinas. Y esos medios también nos invitan a creer que son humanitarias las doscientas bombas atómicas de Israel, y que una potencia nuclear llamada Irán fue la que aniquiló Hiroshima y Nagasaki.

La llamada comunidad internacional, ¿existe ? ¿Es algo más que un club de mercaderes, banqueros y guerreros ? ¿Es algo más que el nombre artístico que los Estados Unidos se ponen cuando hacen teatro? Ante la tragedia de Gaza, la hipocresía mundial se luce una vez más. Como siempre, la indiferencia, los discursos vacíos, las declaraciones huecas, las declamaciones altisonantes, las posturas ambiguas, rinden tributo a la sagrada impunidad. Ante la tragedia de Gaza, los países árabes se lavan las manos. Como siempre. Y como siempre, los países europeos se frotan las manos.

La vieja Europa, tan capaz de belleza y de perversidad, derrama alguna que otra lágrima mientras secretamente celebra esta jugada maestra. Porque la cacería de judíos fue siempre una costumbre europea, pero desde hace medio siglo esa deuda histórica está siendo cobrada a los palestinos, que también son semitas y que nunca fueron, ni son, antisemitas. Ellos están pagando, en sangre contante y sonante, una cuenta ajena.

(Este artículo está dedicado a mis amigos judíos asesinados por las dictaduras latinoamericanas que Israel asesoró).

miércoles, 13 de agosto de 2014

Holocausto palestino en Gaza


Cuba Debate

Por Fidel Castro Ruz

De nuevo ruego a Granma no emplear espacio de primera plana para estas lí­neas, relativamente breves, sobre el genocidio que se está cometiendo con los palestinos.
Las escribo con rapidez solo para dejar constancia de lo que se requiere meditar profundamente.

Pienso que una nueva y repugnante forma de fascismo está surgiendo con notable fuerza en este momento de la historia humana, en el que más de siete mil millones de habitantes se esfuerzan por la propia supervivencia.

Ninguna de estas circunstancias tiene que ver con la creación del imperio romano hace alrededor de 2400 años o con el imperio norteamericano que en esta región del mundo, hace apenas 200 años, fue descrito por Simón Bolívar cuando exclamó que: “… Estados Unidos parecen destinados por la Providencia a plagar la América de miserias en nombre de la Libertad”.

Inglaterra fue la primera real potencia colonial que utilizó sus dominios sobre gran parte de África, Medio Oriente, Asia, Australia, Norteamérica, y muchas de las islas antillanas, en la primera mitad del siglo XX.

No hablaré en esta ocasión de las guerras y los crímenes cometidos por el imperio de Estados Unidos a lo largo de más de cien años, sino solo dejar constancia que quiso hacer con Cuba, lo que ha hecho con otros muchos países en el mundo y solo sirvió para probar que “una idea justa desde el fondo de una cueva puede más que un ejército”.

La historia es mucho más complicada que todo lo dicho, pero es así, a grandes rasgos, como la conocieron los habitantes de Palestina y es lógico igualmente que en los medios modernos de comunicación se reflejen las noticias que diariamente llegan, así ha ocurrido con la bochornosa y criminal guerra de la Franja de Gaza, un pedazo de tierra donde vive la población de lo que ha quedado de Palestina independiente, hasta hace apenas medio siglo.

La agencia francesa AFP informó el 2 de agosto: “La guerra entre el movimiento islamista palestino Hamas e Israel ha causado la muerte de cerca de 1.800 palestinos […] la destrucción de miles de viviendas y la ruina de una economía ya de por sí debilitada”, aunque no señale, desde luego, quien inicio la terrible guerra.

Después añade: “… el sábado a me­diodía la ofensiva israelí había matado a 1.712 palestinos y herido a 8.900. Na­ciones Unidas pudo verificar la identidad de 1.117 muertos, en su mayoría civiles […] UNICEF contabilizó al menos 296 menores muertos”.

“Naciones Unidas estimó […] (unas 58.900 personas) sin casa en la Franja de Gaza”.

“Diez de los 32 hospitales cerraron y otros once resultaron afectados”.

“Este enclave palestino de 362 Km² no dispone tampoco de las infraestructuras necesarias para los 1,8 millones de habitantes, sobre todo en términos de distribución de electricidad y de agua.

“Según el FMI, la tasa de desempleo sobrepasa el 40% en la Franja de Gaza, territorio sometido desde 2006 a un bloqueo israelí. En 2000, el desempleo afectaba al 20% y a un 30% en 2011. Más del 70% de la población depende de la ayuda humanitaria en tiempos normales, según Gisha”.

El gobierno de Israel declara una tregua humanitaria en Gaza a las 07:00 GMT de este lunes, sin embargo, a las pocas horas rompió la tregua al atacar una casa en la que 30 personas en su mayoría, mujeres y niños, fueron heridos y entre ellos una niña de ocho años que murió.

En la madrugada de ese mismo día, 10 palestinos murieron como consecuencia de los ataques israelitas en toda la Franja y ya ascendió a casi 2000 el número de palestinos asesinados.

A tal punto llegó la matanza, que “el ministro de Asuntos Exteriores de Fran­cia, Laurent Fabius, ha anunciado este lunes que el derecho de Israel a la seguridad no justifica la ‘masacre de civiles’ que está perpetrando”.

El genocidio de los nazis contra los judíos cosechó el odio de todos los pueblos de la tierra. ¿Por qué cree el gobierno de ese país que el mundo será insensible a este macabro genocidio que hoy se está cometiendo contra el pueblo palestino? ¿Acaso se espera que ignore cuánto hay de complicidad por parte del imperio norteamericano en esta desvergonzada masacre?

La especie humana vive una etapa sin precedente en la historia. Un choque de aviones militares o naves de guerras que se vigilan estrechamente u otros hechos similares, pueden desatar una contienda con el empleo de las sofisticadas armas modernas que se convertiría en la última aventura del conocido Homo sapiens.

Hay hechos que reflejan la incapacidad casi total de Estados Unidos para enfrentar los problemas actuales del mundo. Puede afirmarse que no hay gobierno en ese país, ni el Senado, ni el Congreso, la CIA o el Pentágono quienes determinarán el desenlace final. Es triste realmente que ello ocurra cuando los peligros son mayores, pero también las posibilidades de seguir adelante.

Cuando la Gran Guerra Patria los ciudadanos rusos defendieron su país como espartanos; subestimarlos fue el peor error de los Estados Unidos y Europa. Sus aliados más cercanos, los chinos, que como los rusos obtuvieron su victoria a partir de los mismos principios, constituyen hoy la fuerza económica más dinámica de la tierra. Los países quieren yuanes y no dólares para adquirir bienes y tecnologías e incrementar su comercio.

Nuevas e imprescindibles fuerzas han surgido. Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, cuyos vínculos con América Latina, la mayoría de los países del Caribe y África, que luchan por el desarrollo, constituyen la fuerza que en nuestra época están dispuestos a colaborar con el resto de los países del mundo sin excluir a Estados Unidos, Europa, Japón.

Culpar a la Federación Rusa de la destrucción en pleno vuelo del avión de Malasia es de un simplismo anonadante. Ni Vladímir Putin, ni Serguéi Lavrov, ministro de Relaciones Exteriores de Rusia, ni los demás dirigentes de ese Gobierno harían jamás semejante disparate.

Veintiséis millones de rusos murieron en la defensa de la Patria contra el nazismo. Los combatientes chinos, hombres y mujeres, hijos de un pueblo de milenaria cultura, son personas de inteligencia privilegiada y espíritu de lucha invencible, y Xi Jinping es uno de los líderes revolucionarios más firme y capaz que he conocido en mi vida.

Pesadilla en Gaza



Por Noam Chomsky *

Entre todos los horrores desplegados en la más reciente ofensiva israelí en Gaza, el objetivo de Tel Aviv es simple: volver, a la chita callando, a la norma.

En Cisjordania, la norma es que Israel continúe su construcción ilegal de colonias e infraestructura para poder integrar a su territorio cualquier cosa que pueda ser de valor, mientras confina a los palestinos en cantones inviables y los sujeta a represión y violencia.

En Gaza, la norma es una existencia miserable bajo un sitio cruel y destructivo, que Israel administra para permitir apenas la subsistencia, pero nada más.

La más reciente escalada israelí fue disparada por el brutal asesinato de tres muchachos de una comunidad de colonos en Cisjordania ocupada. Un mes antes, dos chicos palestinos fueron muertos a tiros en la ciudad de Ramalá, en esa misma zona. Ese hecho despertó poca atención, lo cual es entendible, puesto que es rutina.

“El desdén institucionalizado por la vida de los palestinos en Cisjordania explica no sólo por qué recurren a la violencia –escribe Mouin Rabbani, analista de Medio Oriente–, sino también el más reciente ataque israelí a la franja de Gaza.”

En una entrevista, el defensor de derechos humanos Raji Sourani, que ha permanecido en Gaza durante los años de brutalidad y terror israelí, señaló: “La frase que con más frecuencia escuchaba cuando la gente empezaba a hablar de un cese el fuego era: ‘todos dicen que es mejor para nosotros morir y no regresar a la situación que teníamos antes de esta guerra. No queremos eso de nuevo. No tenemos dignidad ni orgullo; sólo somos blancos fáciles, y muy baratos. Si la situación no mejora en verdad, es mejor morir’. Hablo de intelectuales, académicos, personas comunes y corrientes. Todos lo dicen”.

En enero de 2006, los palestinos cometieron un crimen grave: votaron por quien no debían en una elección libre cuidadosamente vigilada, y entregaron el control del parlamento a Hamas.

Los medios proclaman constantemente que Hamas está dedicado a la destrucción de Israel. En realidad, los líderes de Hamas han dejado en claro en repetidas ocasiones que aceptarían una solución de dos estados, de conformidad con el consenso internacional que ha sido bloqueado por Estados Unidos e Israel durante 40 años.

En contraste, Israel, fuera de unas cuantas palabras vanas, está dedicado a la destrucción de Palestina, y se aplica en ese cometido.

El crimen de los palestinos en enero de 2006 fue castigado de inmediato. Estados Unidos e Israel, con la vergonzosa adhesión de Europa, impusieron severas sanciones a la población errante e Israel incrementó su violencia.

Rápidamente, Estados Unidos e Israel empezaron planes para un golpe militar que derrocara al gobierno electo. Cuando Hamas tuvo el descaro de revelar los planes, los ataques israelíes y el sitio se volvieron mucho más severos.

No debería haber necesidad de revisar el deplorable historial de lo ocurrido desde entonces. El sitio implacable y los salvajes ataques son acentuados por episodios de cortar el césped, para tomar prestada la alegre expresión con que designa Israel sus periódicos ejercicios de tirotear a los peces en el estanque como parte de lo que llama guerra de defensa.

Una vez que cortan el césped y los desesperados pobladores buscan reconstruir algo después de la devastación y los asesinatos, se acuerda un cese del fuego. El más reciente se estableció después del asalto israelí de octubre de 2012, llamada operación Pilar de Defensa.

Aunque Israel mantuvo el sitio, Hamas observó la tregua, como concede Tel Aviv. Las cosas cambiaron en abril de este año, cuando Fatah y Hamas forjaron un acuerdo de unidad que instauró un nuevo gobierno de tecnócratas, sin afiliación a ninguno de los dos partidos. Naturalmente, Israel estaba furioso, y más aún cuando hasta el gobierno de Obama se unió a Occidente en indicar aprobación. El acuerdo de unidad no sólo socava la aseveración de Israel de que no puede negociar con una Palestina dividida, sino también amenaza el objetivo de largo plazo de separar Gaza de Cisjordania y proseguir sus políticas destructivas en ambas regiones.

Algo tenía que hacerse, y la ocasión se presentó el 12 de junio, cuando los tres jóvenes israelíes fueron asesinados en Cisjordania. En un principio el gobierno de Netanyahu sabía que estaban muertos, pero fingió que lo ignoraba, lo cual dio la oportunidad de lanzar una incursión en Cisjordania, con Hamas por objetivo.

El primer ministro Benjamin Netanyahu afirmó tener cierto conocimiento de que Hamas era el culpable. También resultó mentira.

Una de las principales autoridades sobre Hamas, Shlomi Eldar, informó casi de inmediato que muy probablemente los asesinos procedían de un clan disidente de Hebrón que desde hace mucho tiempo ha sido una espina en el costado de Hamas. Eldar añadió: Estoy seguro de que no recibieron luz verde de la dirigencia de Hamas; sólo les pareció que era momento de actuar.

Sin embargo, la escalada de 18 días después del secuestro logró minar el temido gobierno de unidad, e incrementó drásticamente la represión israelí. Israel también llevó a cabo docenas de ataques en Gaza, y el 7 de julio dio muerte a cinco miembros de Hamas.

Al final Hamas reaccionó disparando sus primeros cohetes en 19 meses, lo cual dio pretexto a Israel para lanzar su operación Borde Protector el 8 de julio.

Al 31 de julio se había dado muerte a unos mil 400 palestinos, en su mayoría civiles, entre ellos cientos de mujeres y niños. Y a tres civiles israelíes. Grandes áreas de Gaza habían quedado reducidas a escombros. Cuatro hospitales habían sido atacados; cada ataque fue un crimen de guerra más.

Funcionarios israelíes exaltan la humanidad del que llaman el ejército más ético del mundo, que informa a los habitantes de que sus hogares serán bombardeados, práctica que es sadismo disfrazado santurronamente de piedad, en palabras de la periodista israelí Amira Hass: Un mensaje grabado demanda a cientos de miles de personas que dejen sus hogares ya elegidos como blancos, por otro lugar igualmente peligroso ubicado a 10 kilómetros de distancia.

De hecho, no hay lugar en la prisión de Gaza que esté a buen resguardo del sadismo israelí, que puede incluso exceder los terribles crímenes de la operación Plomo Fundido de 2008-09. Las terribles revelaciones suscitaron la reacción acostumbrada del presidente más moral del mundo, Barack Obama: gran simpatía por los israelíes, acerba condena de Hamas y llamados a la moderación a ambas partes.

Cuando los ataques actuales se detengan, Israel espera quedar libre para continuar sin interferencia sus políticas criminales en los territorios ocupados, con el apoyo estadunidense que ha disfrutado en el pasado. Y los pobladores de Gaza quedarán en libertad de regresar a la norma en su prisión gobernada por Israel, en tanto en Cisjordania los palestinos podrán observar en paz cómo Israel desmantela lo que quede de sus posesiones.

Tal es el desenlace probable si Estados Unidos mantiene su apoyo decisivo y virtualmente unilateral a los crímenes israelíes y su rechazo al consenso internacional que desde hace tanto tiempo existe en torno a un acuerdo diplomático.

Pero el futuro sería muy distinto si Washington retirara ese apoyo. En ese caso sería posible avanzar hacia la solución duradera en Gaza a la que ha convocado el secretario de Estado John Kerry, la cual ha suscitado condena histérica en Israel porque la frase podría interpretarse como un llamado a poner fin al sitio y a los ataques constantes israelíes. Y –horror de horrores– la frase podría incluso interpretarse como un exhorto a aplicar el derecho internacional en el resto de los territorios ocupados.

Hace 40 años Israel tomó la fatídica decisión de elegir la expansión sobre la seguridad, rechazando un tratado total de paz ofrecido por Egipto a cambio de la evacuación del Sinaí egipcio ocupado, donde Israel emprendía proyectos intensivos de colonización y desarrollo. Desde entonces Tel Aviv se ha adherido a esa política.

Si Estados Unidos decidiera unirse al mundo, el impacto sería grande. Una y otra vez Israel ha abandonado planes anhelados si Washington se lo demanda. Así son las relaciones de poder entre los dos gobiernos.

¿Podría cambiar la política estadunidense? No es imposible. La opinión pública ha tenido un giro considerable en años recientes, en particular entre los jóvenes, y no puede ignorarse por completo.

Durante algunos años ha habido buen fundamento para las demandas públicas de que Washington observe sus propias leyes y reduzca la ayuda militar a Israel. La ley estadunidense estipula queno se puede brindar asistencia en seguridad a ningún país cuyo gobierno siga una pauta consistente de graves violaciones de los derechos humanos reconocidos internacionalmente.

Israel, sin duda, es culpable de esa pauta consistente, y lo ha sido por muchos años. El senador Patrick Leahy, de Vermont, autor de esa disposición legal, ha mencionado su aplicabilidad potencial a Israel en casos específicos, y con un bien dirigido esfuerzo educativo, de organización y de activismo, es posible impulsar con éxito tales iniciativas.

Eso podría tener un impacto muy significativo por sí mismo, y a la vez daría una plataforma para acciones ulteriores con el fin de obligar a Washington a volverse parte de la comunidad internacional y observar las normas del derecho internacional.

Nada podría ser más significativo para las trágicas víctimas de tantos años de violencia y represión en Palestina.

* Noam Chomsky es profesor emérito de lingüística y filosofía en el Instituto Tecnológico de Massachusetts en Cambridge, Mass, EU.

Distributed by The New York Times Syndicate

Traducción: Jorge Anaya

martes, 12 de agosto de 2014

Los propagandistas de Egipto y la masacre de Gaza


Por Joseph Massad

Traducido del inglés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos.

Mientras la mortífera maquinaria de Israel causa terror y muerte al pueblo palestino con la colaboración del gobierno estadounidense y de sus principales aliados árabes, el no menos importante de los cuales es el clan saudí formado por 20.000 príncipes y princesas, en Egipto se ha emprendido una descomunal campaña de odio en el ámbito tanto oficial como no oficial.

El régimen egipcio es uno de los principales carceleros del pueblo palestino de Gaza en el mayor campo de concentración del mundo.

El heredero de Hosni Mubarak en el trono de Egipto, el general Abdulfattah al-Sisi, expresó bien las mentiras que la clase dirigente de ladrones egipcia ha estado propagando en Egipto desde las campañas antiárabes y antipalestinas de mediados a finales de la década de 1970 con el presidente Anwar Sadat.

En su discurso del 23 de julio en conmemoración del aniversario del derrocamiento de la monarquía en 1952 el nada carismático Sisi, cuyas habilidades oratorias rivalizan con las de Yasser Arafat, anunció pomposamente que Egipto ya había sacrificado a “100.000 mártires egipcios” por la causa palestina.

Aunque pocas personas dudan de los sacrificios que han hecho los soldados egipcios para defender Egipto en los últimos 67 años, afirmar que estos sacrificios se hicieron por los palestinos es el colmo de la hipocresía.

Este es un argumento que la clase dirigente de ladrones egipcia ha propagado para afirmar que la terrible situación económica y la pobreza de Egipto no son producto del descarado saqueo de Egipto por parte de esta clase con la ayuda de sus patrocinadores estadounidenses y saudíes desde la década de 1970, sino que se debe a la supuesta defensa de Palestina y de los palestinos, y al supuesto compromiso del presidente Gamal Abdel Nasser de liberar a Palestina de la ocupación colonial de Israel.

La despreciable clase saqueadora

Desde la década de 1970 los palestinos han estado expuestos tanto a estas mentiras como a la vacuidad y bajeza total de esta clase egipcia de ignorantes y analfabetos. La falta de educación y de cosmopolitismo de esta clase se ha hecho totalmente patente en los tres últimos años de propaganda y agitación contrarrevolucionarias en sus canales de televisión y su prensa.

La forma y contenido de este material avergonzaría y escandalizaría a cualquier comunidad de intelectuales, periodistas y artistas que se respete a sí misma, si no fuera porque la mayoría de los intelectuales, periodistas y artistas egipcios han sido o bien reclutados o bien totalmente comprados para defender los intereses de clase (aunque algunas de las personas reclutadas para apoyar al régimen, especialmente académicos, se empezaron a echar atrás últimamente y a reescribir su historia negando haberlo apoyado).

La degradación de la cultura y de los productos intelectuales y estéticos egipcios en los últimos cuatro años es resultado directo del gobierno tiránico de esta clase. No hay más que sentarse con estos hombres y mujeres de negocios, visitar sus casas, ver cómo aparecen representados en las series y películas egipcias, y la cultura que tratan de imponer a través de ellas, escuchar sus conversaciones en los bares y restaurantes de los hoteles de cinco estrellas de El Cairo o ver las entrevistas que se les hacen en los canales de televisión egipcios de una calidad escandalosamente baja para darse cuanta de su absoluta mediocridad en todos los niveles del pensamiento económico y político y del gusto estético, por no mencionar su ignorancia de la literatura y arte egipcio, árabe y mundial y sin mencionar su absoluto desprecio por los pobres de Egipto que constituyen más del 80% de la población.

El hecho de que esta clase de superricos envidie y esté resentido con los más pobres de los pobres por sus escasas pertenencias, especialmente con los palestinos de Gaza, ilustra el tipo de brújula moral que guía sus acciones.

Recuerdo todavía mi horror cuando en octubre de 2010 cené en El Cairo con el multimillonario Nassef Sawiris, el hombre más rico del país, y este anunció orgullosamente al reducido grupo de siete personas que compartíamos la cena que mantiene encendidas constantemente tres pantallas de televisión, en su despacho, en casa y cuando viaja, puestas simultáneamente en tres nuevos canales (si la memoria no me engaña, nombró CNN, CNBC y Fox News) que sin duda funcionan como sus principales fuentes de educación.

Sawiris, que es mucho menos exhibicionista que sus dos hermanos mayores, parecía no dar crédito cuando informé de que me oponía a las políticas de derecha del presidente estadounidense Barack Obama, tanto a las de política interna como a las de externa, ya que parecía incapaz de concebir una postura política a la izquierda de Obama.

En una entrevista publicada recientemente en el diario favorable a Sisi Al-Masry Al-Youm Sawiris elogió a Sisi por suprimir los subsidios a los pobres (al tiempo que mantenía bajo para los ricos el precio de la gasolina de los coches de lujo) e hizo varias recomendaciones neoliberales entre las que se incluía devaluar aún más la libra egipcia, privatizar el transporte público, eliminar los impuestos gravados a los ricos (que según él, el gobierno del depuesto presidente Muhammad Morsi había impuesto ilegalmente a su empresa), proteger a los ministros y empleados gubernamentales de la persecución legal y permitir el uso del carbón como carburante de las cementeras a pesar de la oposición generalizada de los defensores de la salud y del medioambiente.

Sin duda estas medidas seguirían enriqueciendo al rico 1% de la población y empobreciendo a los pobres (el hermano más extravagante de Nassef, mayor que él pero más pobre, Naguib, acaba de empezar a escribir una columna semanal en el diario egipcio Al-Akhbar en la que reitera las recomendaciones neoliberales de su hermano. También pidió a Sisi, en una entrevista en la televisión, que indultara a Mubarak y lo liberara de la cárcel).  

“Ficción e invención”

Lo que quieren afirmar Sisi y la clase a la que está aliado es que todas las guerras de Egipto contra Israel se emprendieron para defender Palestina y a los palestinos, y que supusieron un coste enorme a Egipto, tanto financiero como en vidas de soldados. Pero nada de eso es cierto.

En 1956 Israel invadió Egipto y ocupó el Sinaí, y los soldados egipcios que murieron lo hicieron defendiendo su país y su tierra. En 1967 Israel volvió a invadir Egipto y el Sinaí ocupado, y los soldados egipcios murieron defendiendo su país de una invasión extranjera. Entre 1968 y 1970 Israel y Egipto combatieron en la “Guerra de Desgaste” en la que soldados egipcios murieron defendiendo su país frente la continua agresión israelí y en contra de que continuara la actual ocupación del Sinaí, una guerra que se luchó en territorio egipcio. Y en 1973 Egipto emprendió una guerra para liberar el Sinaí, no Palestina, y de nuevo los soldados egipcios murieron defendiendo su país de la ocupación extranjera.

Nos queda la guerra de 1948 en la que murieron entre mil y dos mil soldados y voluntarios egipcios, según unas u otras fuentes. No fue Nasser, al que se culpa de su apoyo retórico a los palestinos, sino el rey Faruq quien emprendió esta intervención militar egipcia para detener la expulsión sionista de los palestinos, así como el robo sionista de la tierra de los palestinos.

Como atestiguan la mayoría de los estudios de los motivos que había detrás de la intervención en Palestina de Faruq y su gobierno, más que por alguna forma de nacionalismo o solidaridad árabe estuvo motivada por la preocupación de Faruq por el papel dirigente regional de Egipto y el miedo a la rivalidad iraquí.

Al margen de estos motivos, la mayoría de los palestinos no duda de que los soldados y combatientes voluntarios egipcios que murieron, efectivamente murieron defendiendo Palestina y a los palestinos, aunque los soldados que había entre ellos lo hicieran obedeciendo unas órdenes que trataban de defender la hegemonía regional egipcia. Pero esta sigue siendo la única guerra en la que soldados y voluntarios egipcios murieron defendiendo Palestina, por lo que el pueblo palestino y su movimiento nacional ha expresado toda su gratitud.

Pero la manera como estos mil o dos mil soldados y voluntarios se multiplican hasta la cantinela de “100.000 mártires”, como afirma Sisi falsamente, pertenece al ámbito de la ficción e invención que la clase dirigente de ladrones y sus intelectuales a sueldo y propagandistas pagados de la prensa se inventaron tras los Acuerdos de Camp David de Sadat en 1978, los cuales sacrificaron los derechos del pueblo palestino, incluidos los palestinos de Gaza, a cambio de la no soberanía de Egipto sobre el Sinaí y su control policial parcial.

Esto no quiere decir que millones de egipcios, civiles y soldados, no apoyen o no apoyarían a Palestina y los palestinos, o que no lucharían por Palestina y los palestinos, como a menudo reconocen y declaran que harían. Quiere decir que, aparte de las batallas de 1948, nunca se les ha dado la oportunidad de defender a los palestinos en el campo de batalla. Esto es precisamente lo que irrita a la clase dirigente egipcia de ladrones y lo que impulsa la actual propaganda antipalestina y la incitación al odio en los canales de televisión que posee esta clase.

Al oír su propaganda uno pensaría que fueron los palestinos quienes ocuparon el Sinaí, que Egipto no se hizo con el poder y gobernó en Gaza de 1948 a 1967 e impuso desde entonces un asedio de forma intermitente y en los últimos ocho años uno total y continuo.

A pesar de las campañas masivas de los medios, los egipcios no han dejado de apoyar a los palestinos, ya sea manifestándose en contra de la complicidad en las masacres del régimen de Sisi, como han hecho estas dos últimas semanas, o enviando convoyes de ayuda médica a Gaza, a los que los soldados de Sisi hacen volver y les niegan el paso.

Suicidio intelectual masivo
En este contexto es fundamental entender que esta clase dirigente de ladrones es el principal enemigo no del pueblo palestino, sino de la mayoría de los egipcios, a los que oprime, explota, roba y humilla cotidianamente. El papel desempañado por quienes jalean el régimen de Sisi ha ocultado recientemente que los enemigos de los palestinos en Egipto son también los enemigos de la mayoría de los egipcios.

El suicidio intelectual masivo que ha cometido la mayoría de los intelectuales y artistas egipcios (nasseristas, marxistas, liberales y salafistas) al renunciar a sus facultades críticas cuando apoyaron o permanecieron en silencio acerca de las masacres y la represión del nuevo régimen, por no hablar de su silencio acerca de las campañas en contra de los pobres egipcios y los palestinos, recuerda al suicidio cometido por los comunistas egipcios que en 1964 disolvieron su partido para unirse a la Unión Socialista de Nasser.

Esta clase va desde el economista marxista e infatigable defensor de Sisi Samir Amin hasta figuras mucho menos ilustres como el novelista y crítico de Mubarak Alaa al-Aswany, y todas aquellas personas que se sitúan entre ambos, incluido el economista Galal Amin y los escritores y poetas Sonallah Ibrahim, Abd al-Rahman al-Abnudi, Bahaa Taher y muchos otros.

No obstante, el suicidio de los comunistas egipcios en 1964 se produjo cuando los comunistas comprendieron que aunque la represión de Nasser era lamentable y no deseable, en última instancia tenía por objetivo servir a su proyecto común de nacionalización y socialización de la propiedad para erradicar la pobreza de Egipto. No está claro qué lógica hay detrás del suicidio de los intelectuales egipcios contemporáneos al apoyar a la clase dirigente de ladrones egipcia.

La masacre de Gaza es el “plan B”
Resulta poco sorprendente que Sisi haya superado las políticas de Mubarak al aliarse con Israel y coordinarse con él en contra de los asediados palestinos, ya que sirve a la misma clase y a los mismos intereses que servía Mubarak. Lo que ha cambiado, sin embargo, es la vieja conformidad y sumisión de Hamas a los dictados de Mubarak por su sensación de estar atrapada, algo con lo que Hamas ha acabado.

Ahora está claro que la actual matanza de palestinos que está cometiendo Israel resulta ser el plan B, mientras que el plan A era una posible invasión egipcia por tierra de Gaza con la que el gobierno de Sisi había amenazada unos meses atrás después de destruir los túneles que sirven de cuerda de salvamento a Gaza (y eso ocurrió antes de la farsa de elecciones de Sisi), se supone que con ayuda de Israel, con la aparente intención de volver a instalar a Muhammad Dahlan como caudillo de Gaza (1) y librarse de Hamás y de la resistencia palestina.

El hecho de que el máximo responsable de la inteligencia egipcia estuviera de visita en Israel solo unos días antes de que se emprendieran las masacres de Israel y de que tres agentes de inteligencia israelíes visitaran Egipto unos días después no son sino unos indicadores nimios del alto nivel de coordinación entre ambos países.

El sadismo y narcisismo que son rasgos de la corriente dominante de la cultura colonial judía israelí y que se manifiesta en omnipresentes turbas callejeras que gritan “muerte a los árabes” y lleva a sectores de la población colonial judía del país a contemplar desde las colinas y ovacionar la matanza de los palestinos originarios solo tienen parangón con la propaganda sádica y aborrecible de los medios del régimen de Sisi y de la clase dirigente de ladrones egipcia.

De hecho, incluso mientras continúa la masacre de palestinos de Gaza el ejército egipcio anunció el 27 de julio que acababa de destruir otros trece túneles más entre Gaza y Egipto, presumiblemente como parte de su heroica contribución a la continua opresión israelí de los palestinos.

Por lo que se refiere al “alto el fuego” que ofreció Sisi a la matanza de Gaza y que le había sido dictado por sus aliados israelíes, el pueblo palestino lo ha rechazado correctamente en favor de una valiente resistencia militar a la criminalidad de sus captores coloniales israelíes y de una valerosa resistencia política y diplomática frente a la crueldad de sus carceleros egipcios.

Nota

(1) Véase “El factor Dahlan”, http://www.rebelion.org/noticia.php?id=182550

Joseph Massad, jordano de origen palestino, es profesor asociado de Política árabe moderna e Historia intelectual en la Universidad de Columbia. Es autor del libro que se publicará próximamente Islam in Liberalism (University of Chicago Press).

viernes, 8 de agosto de 2014

La “neutralidad informativa” y Palestina


Rebelión

Por Manuel Alejandro Ramírez Solorio *

A las grandes corporaciones mediáticas les fascina discursar sobre democracia y libre expresión. Los analistas políticos y los lectores de noticias frente a la cámara gustan de proferir extensas elocuciones sobre los valores del periodismo, la ética al informar y la defensa intransigente de la objetividad.
Son adictos a promulgar por doquier la “libertad” de la que gozan y desean que otros menos afortunados, bajo dictaduras de gobiernos populistas y plutocracias religiosas despóticas, dicen, aprisionan el espíritu de la comunicación, gocen de la misma “libertad”.

Cobijados en esos “inviolables” valores, dan a conocer informaciones y formulan comentarios editoriales para su amplio auditorio. En consenso, los medios de comunicación masiva arman la agenda informativa, discriminan lo importante de lo trivial, etiquetan a los actores de la notas de forma maniquea y señalan el rumbo de la opinión pública.

En ese tenor se ha venido tratando la información referente a los ataques criminales del ejército de Israel contra la franja de Gaza. Aplicando el valor de la “neutralidad informativa”, para no caer en el pecado de la “información tendenciosa”, se evita “ponerse del lado de un bando” y con ello se clasifica la matanza de civiles palestinos como “guerra”. De igual forma reducen el conflicto a un altercado religioso entre “dos naciones”.

Sutilmente colocan a Israel como país atacado por los hostiles y fanáticos árabes. Calificando de terroristas al grupo insurgente Hamas, se le niega todo derecho de réplica. Porqué después de los fatídicos incidentes de 2011 al “terrorista” no se le concede ni la más mínima garantía, esa es la profesión de fe de las democracias liberales y por ende de sus corporaciones mediáticas.

Pero detrás de la neutralidad informativa y las cuidadosas reflexiones de los eruditos analistas internacionales, se encuentra la realidad que contrasta con el discurso estructurado de losmass media.

En la realidad, se encuentra un pueblo despojado de sus tierras por la implantación de un estado confesional xenófobo que les excluye por ser árabes. El desplazamiento de 750 000 palestinos huyendo a Cisjordania por las masacres orquestadas en los territorios ocupados en 1948. Desde entonces se escribe na historia de discriminación y rechazo contra un pueblo que apenas resiste ante los cruentos embates.

Los mortíferos ataques iniciados el 8 de julio del presente año, demuestran el objetivo siniestro de Israel. El accionar sospechoso de la policía en Israel y las mentiras de Benjamin Netanyahu en su intento por inculpar a Hamas del asesinato de los tres colonos invasores Eyal Yifrah, GilAd Shaar y Naftali Frenkel. Netanyahu declaró con plena seguridad: “Hamas es responsable y Hamas pagará”, sin prueba alguna, la falacia no duró mucho tiempo y la policía israelí tuvo que reconocer que el crimen fue perpetrado por una “célula solitaria” sin nexo con Hamas.

No obstante, la trascendencia de la información, la gran mayoría de los medios de comunicación internacionales ocultaron o minimizaron la acción, en su afán por preservar la “neutralidad informativa” desviaron la atención del hecho importante: el genocidio contra la población civil, la utilización de armamento prohibido por los acuerdos internacionales y en general los crímenes de guerra cometidos por Israel. Para las corporaciones mediáticas los valores del periodismo se ajustan a los intereses del gran capital y del Lobby Sionista. Fuera de las salas de prensas de los rotativos, las cabinas de radio y las televisoras, allá en Gaza, la población es impunemente masacrada y su lamento de dolor y rabia es acallada por quienes se autodenominan pregoneros de la libertad de expresión. 

* El autor es Licenciado en Docencia en Lengua y Literatura por la Universidad Autónoma de Baja California, Profesor de Educación Básica y Media Superior.

lunes, 4 de agosto de 2014

Gaza y el fracaso de la humanidad



Por Silvana Melo

“Para justificarse, el terrorismo de Estado fabrica terroristas: siembra odio y cosecha coartadas. 

Todo indica que esta carnicería de Gaza, que según sus autores quiere acabar con los terroristas, 

logrará multiplicarlos”.
Eduardo Galeano

“Mi hija se despierta en medio de la noche y empieza a correr frenéticamente. Por eso tomamos la decisión de aprovechar esta evacuación y salir". Dice Ihad Atallah, saliendo de Gaza, tropezando con sus muertos y sus escombros. De la mano de soldados israelíes, hasta hace diez minutos, enemigos.

Exiliados en la tierra. En todas las tierras. Pueblos condenados al éxodo y al exterminio, desde los rincones de la pre historia. Uno de ellos pudo hacerse Estado. En un pedazo de tierra abonada con muerte pudo armar un país. Un retazo colonizado por Inglaterra, ocupado por los árabes y donde se impulsó una migración judía con el sueño perpetuo de unas fronteras que demarcaran la cultura, la historia, la identidad. Israel fue Israel después del genocidio más grande que reconoce la historia humana. Que le arrancó de cuajo seis millones al país nuevo hinchado de dolor.

El otro, sin embargo, no pudo. Lo encerraron, lo bloquearon, lo expulsaron de ese pedazo de tierra que era la prometida pero no se sabe bien para quién. Ni para qué. El otro, Palestina desde el amanecer de la humanidad, quedó ahogado sin poder ser. Atravesados ambos por la sangre, constitutiva de los dos. Pero uno es un país. Un Estado fuerte con alianzas poderosas. Con armas de gran capacidad de muerte. Con reacciones planetarias ante la estrategia del terror de Hamas. Que es su única estrategia posible. Donde las milicias están apretadas entre los dos millones de personas que viven en la franja de 362 km2, una de las densidades poblacionales más elevadas del mundo. Donde el alimento es poco, los servicios son precarios, los edificios se derrumban y las bombas llueven sobre las cabezas de los niños constantemente.

Israel movilizó a 53.200 soldados en ese pedacito de tierra. Son más de 500 los muertos civiles palestinos (más de un centenar de chicos) y un par las víctimas israelíes que no integran el ejército. "Hace tres días nuestra casa fue parcialmente destruida por una bomba. Pudimos refugiarnos rápidamente en casa de nuestros vecinos que viven abajo, pero desde entonces los chicos tienen mucho miedo. Mi hija, por ejemplo, se despierta en medio de la noche y empieza a correr frenéticamente”, relataba Ihad Atallah, cuando se iba de casa.

En Beit Hanun murieron tres chicos de entre 12 y 16 años. Los alcanzaron disparos de tanques israelíes cuando corrían para burlar a la muerte, a esa edad tan pero tan lejana.
En Rafah un bebé de cinco meses murió en brazos de sus padres, también alcanzados por las balas.

Cuatro chicos palestinos murieron en Ashraf al Qudra cuando el ejército israelí atacó el centro de Gaza City. Eran dos hermanitos de 7 y 8 años y un primo de 10, en el barrio de Sabra. Jugaban en el techo del edificio conde vivían hasta que les cayeron encima tres misiles.

En Khan Yunes una nena murió bajo un bombardeo. Tenía cuatro años.

Los que sobreviven están aterrados. Se despiertan a la noche y corren desesperadamente, como la hija de Ihad Atallah. Posiblemente no vuelvan a dormir en paz en todas sus vidas.

En una placita de la Franja murieron cuatro chicos de 9 a 11 años. Jugaban a la pelota con una camiseta de Masut Özil, campeón mundial con Alemania. Su camiseta, manchada de sangre y alquitrán en el barro de la plaza, le licuó el alma. Tan lejos él y su alma de aquel holocausto en busca de la pureza aria. Y de este genocidio, de esta masacre en la que el escritor judío Amos Oz califica de “neonazis” a los colonos judíos radicales de Cisjordania.

Shimon Peres se disculpó por la muerte de los niños. “No fue deliberado”, dijo. Netanyahu ni siquiera habló. Los niños a veces juegan a ser grandes. A sacudir piedras con gomeras. A ponerse su bandera como fular, con esas ganas de tener país, camiseta de Palestina, eliminatorias árabes para llegar al Mundial, una nación para prenderse en la piel, una tierra donde caerse muertos y que sea la propia.

El bombardeo del lunes sobre el Hospital de Gaza tampoco tuvo grandes condenas.

Las Naciones Unidas son unidas para consolidar el poder de los poderosos y la alianza de los impunes. Miran correr la sangre desde sus butacas y cambian de canal a la hora de ciertos genocidios.

Las colectividades judías dispersas por el mundo apoyan ciegamente el asesinato de viejos, mujeres y niños en manos de Israel. Asimilan tantas veces las mismas prácticas de “quienes enviaron a sus padres y abuelos a los campos de exterminio” (Carlos Aznárez – Resumen Latinoamericano). Provocan que los fundamentalismos se transformen en negadores de su holocausto. Y crecen sus crías envueltos en el odio al pueblo palestino. Negadores ellos del genocidio presente.

Baha Yussef se va de Gaza para salvar a sus niños. Tiene pasaporte británico. Es un privilegiado. Pero “fue muy duro dejar a parte de los nuestros allá. Nos sentimos como si los hubiéramos traicionado". Se va desgarrado. "He dejado todo allá y no tengo claro qué va a ser de nosotros. Esperemos que la comunidad internacional nos ayude a parar esta ofensiva y a tener los derechos de cualquier otro pueblo del mundo, comenzando por la tierra”. Un país. Una tierra donde plantar bandera.

De vez en cuando hay una “tregua humanitaria” en Gaza. Nadie dispara hasta retirar a los muertos sembrados en las calles. Y sacar a la gente aterrada de sus casas sin techo, de sus edificios en llamas. A los aún vivos que emergen de los escombros.

Es en Gaza donde hoy se escribe el fracaso de la humanidad.

Después de Gaza habrá que reescribir la ternura. Sobre la sangre y la muerte.

Después de Auschwitz escribir poesía es un acto de barbarie, anunció Theodor Adorno.

Después de esta noche cerrada algún día comenzará a amanecer. Y habrá que re crear, sobre los muertos, la poesía, los dioses, la tierra propia y la vida.

Razones de la guerra contra los pibes



Por Carlos del Frade

Los niños empiezan a enfermarse por el miedo, el estrés, las ondas de choque de las bombas, el ruido cotidiano. Los padres hacen todo lo posible para distraerlos, para que esta cruda violencia no los abrume –dijo el sacerdote argentino Jorge Hernández, párroco de la iglesia Sagrada Familia en Gaza.

El padre Hernández no quiere dejar esa tierra condenada por el estado terrorista de Israel, principal intérprete del imperio norteamericano en esos atribulados arrabales del mundo. En su parroquia ha recibido a 28 chiquitos discapacitados para abrazarlos, para cuidarlos.

“Lo cierto es que los crímenes se multiplican. Desgraciadamente una familia cristiana se vio afectada al ser bombardeada la casa contigua a la suya. Ventanas rotas, humo, grito, confusión fue el trágico escenario de la noche para esta familia. Esto es lo que está sucediendo aquí. Nosotros estamos bien. Hay personas que han agradecido nuestra presencia aquí. Nos recuerdan cada tanto: “Ustedes no nos van a abandonar, ¿no es cierto?. Sin embargo, ¿qué difícil que es encontrar la palabra justa, la palabra de aliento, la palabra de esperanza, el consejo oportuno?...”, reflexiona el cura Hernández.


Y desde el corazón mismo del poder imperial, el ex secretario de trabajo de la era Clinton, Robert Reich, se sinceró sobre los miles de chicas y chicos que vienen desde El Salvador,Honduras, Nicaragua y México y que ahora resultan un peligro para la seguridad de Estados Unidos.

- He estado viendo en la cobertura en los medios a estadounidenses en la frontera que insisten con pancartas y gritos que los niños –la mayoría de ellos refugiados de la guerra contra las drogas que nosotros creamos- regresen a su casa. Yo no sugiero que se permita el paso a todos los que quieran venir, pero estos son niños desesperados…¿Qué pasó con la generosidad, la decencia y el gran corazón de este país?– se preguntaba Reich hace algunos días en su cuenta de Facebook.

Los pibes masacrados en Gaza, los chicos que serán deportados o encerrados en nuevos ghetos como los que piensa la administración Obama, son señales de las consecuencias políticas de los grandes negocios del sistema: armas y drogas.

Quizás por eso, desde un costado del mapa rosarino, un muchacho humilde junta los recuerdos de sus seres queridos asesinados en estos últimos años bajo el demencial pulso del negocio narco con las imágenes que vienen de Gaza.

- No sé si quiero que el Pocho festeje su cumpleaños en el cielo. No sé si quiero que Mercedes Delgado lo haga. No sé si quiero que el Gabi lo haga. No sé si quiero que Joroba. No sé si quiero que el Cache. No sé si quiero que Javir, el pibe de la Chaio lo festeje alla. No sé si quiero que el Gordo y Joselo lo hagan. No sé si quiero que el Vieja lo haga. No sé si quiero que el Garufa lo haga. No sé si quiero que el Tronqui festeje su cumpleaños con ellos. No sé si quiero que Fernando lo haga. No sé si quiero que Elvio López festeje su cumpleaños por alla. No sé si quiero que el Caray, el hermano de un hermano de la vida, lo haga. No sé si quiero que Beto, otro hermano mío, festeje en el cielo. Si sé... no quiero... De lo que sí estoy seguro, con el permiso de los familiares y amigos, es de que si se juntan allá van a armar una Asamblea para debatir que mierda está pasando acá en la Tierra... 

...Espero que convoquen al maestro de Neuquén, al estudiante de Buenos Aires, a los dos pibes que se fueron desde Avellaneda, a los cumpas del Mocase y los Qom. A los pibes de Moreno: Mono, Paton y Jere. A Luciano Arruga. A Julito López y a los muchachos que no me acuerdo pero que me duelen igual. A todos los que se fueron aquel 19 y 20 de diciembre del 2001. A los pibes de Cromañon y a los muertos que no vemos, ni conocemos los nombres y rostros y que mueren a manos del gatillo fácil. Esto es a la memoria de todos los pibes caídos por la corrupción de los diferentes gobiernos de turno... La tristeza que siento por las muerte de los pibes en Gaza es la misma que siento cuando los pibes se mueren acá en la Plaza –escribió Rodrigo “Bichito” Gauna, militante social, creador de esperanzas concretas y sencillas desde el profundo lejano noroeste rosarino, en el barrio Ludueña, donde hace casi medio siglo un cura de verdad, Edgardo Montaldo, se las ingenia para multiplicar presentes mejores. Postales y razones de la guerra contra los pibes, del suicidio humano.

Fuentes: Diario “La Capital”, Rosario, sábado 19 de julio de 2014; informe de la licenciada en Relaciones Internacionales, Griselda Algarañas, del jueves 17 de julio de 2014 y escrito de Rodrigo “Bichito” Gauna del viernes 18 de julio de 2014.

martes, 29 de julio de 2014

Una guerra impía que significa un desastre para la democracia

Baruch Marzel, Yoav Eliasi e Itamar Ben Gvir durante una manifestación 
de derecha en Jaffa (Foto Tomer Appelbaum)  


Por Sami Michael *

Traducido del inglés para Rebelión por J. M.

El viernes, mientras escuchaba la radio, se apoderó de mí una melancolía que se mezcló con una lágrima. Un soldado árabe israelí estaba siendo entrevistado en su camino del campo de batalla a su casa en la Galilea por un corto permiso de fin de semana. Cantó una canción de alabanza a la bandera israelí, el Estado de Israel y la devoción de los soldados árabes por el ejército isrelí. Dijo que su hijo menor es también soldado, pero no había conseguido la licencia del Shabat, ya que estaba atascado en la lucha en Gaza. Le quitaron el celular a su querido hijo y desde entonces su madre y su padre, que estaba siendo entrevistado en la radio, no habían sabido nada de él. Una situación extraña.

Mi querido nieto también consiguió un corto permiso de Shabat. Ahora está de vuelta sobre las olas, frente a la costa de Gaza. Después de 10 días de combates, los nervios de su madre y de su padre, un exparacaidista, así como mis propios nervios, ya estaban desgastados.

Debido a mi edad avanzada, he acompañado a las guerras absurdas de la humanidad, desde la Guerra Civil española hasta la operación Margen Protector.

Me había jurado a mí mismo silencio desde el 8 de junio de 2014, porque estaba paralizado de preocupación por mi nieto. Estoy violando el silencio no por el soldado árabe que está preocupado por su hijo soldado, y no a causa de la preocupación por mi nieto, sino por temor por el destino de Israel después de esta guerra.

Estoy escribiendo después de que una multitud de extrema derecha que responde a Baruch Marzel ocupó el centro de Haifa . Hizo lo mismo cuando azuzó las calles de Afula, y gente como él hizo lo mismo cuando atacaron a partidarios de la paz en Tel Aviv. Muchos consideran a Marzel un héroe como Sansón, mientras que el soldado árabe-israelí de Galilea, así como los árabes y los judíos que se oponen a la guerra, son considerados traidores.

Mientras que el ejército israelí no ha sido capaz de dominar a ninguna comunidad en la Franja de Gaza, Baruch Marzel, con la ayuda de la operación Margen Protector y la atmósfera beligerante que conducen a ella, ha logrado aterrorizar a las ciudades israelíes.

Desde mi experiencia, he aprendido que la guerra -cualquier guerra- es una enfermedad. Del mismo modo que no hay enfermedades santas, no hay guerras santas. El tambaleante Gobierno del primer ministro, Benjamin Netanyahu y el distanciamiento entre él y sus socios que están a su derecha, han creado la beligerancia bélica. El rechazo de Netanyahu del proceso de paz ha aislado a Israel en la arena internacional.

Vi la primera siembra de semillas de la guerra en el espantoso rendimiento y el horripilante escenario del manejo de gestión en el impactante secuestro y asesinato de los tres adolescentes en Cisjordania. Parece que durante cuatro días, el Generalísimo Netanyahu no permitió que ningún ministro o funcionario en cargo público fuera entrevistado por los medios de comunicación. Se oía voz estridente, una voz profética. La voz de los tambores y banderas, que preparan los corazones de la gente para el fuego y las columnas de humo.

El resultado de la guerra, si continúa, será desastroso para Israel. Baruch Marzel aún tiene que coser los uniformes para sus tropas, pero su oscura amenaza es susceptible de materializarse si Netanyahu continúa su trayectoria, que comenzó con la incitación que condujo al asesinato del primer ministro Yitzhak Rabin.

Esta guerra ha perdido hace mucho tiempo su camino. Primero nos dijeron que tenemos que castigar severamente a los autores del asesinato de los tres niños en la Ribera Occidental. Después, nos dijeron que teníamos que poner fin a los disparos de misiles desde Gaza. Entonces, a pesar de que la lluvia de misiles se convirtió en un aguacero, se convirtió en secundaria a los ojos de los que están manejando la guerra. Hoy los túneles son el principal objetivo. Una ingenua nación entera está siendo llevada engañosamente de un obstáculo al siguiente.

Mientras tanto, los valores humanitarios y liberales de Israel están siendo pisoteados por las milicias de Baruch Marzel y sus secuaces.

El número de muertos en el otro lado revela una enferma tendencia vengativa de sociedad israelí. Más de 1,5 millones de ciudadanos árabes se están convirtiendo en extraños e incluso sospechosos dentro de Israel. La voz de la sabiduría está siendo ahogada. Toneladas de condenas, de maldiciones y violencia se están vertiendo sobre ella.

Todo el mundo sabe desde hace mucho tiempo que el ejércitlo israelí no tiene el poder para derrotar a Hamas. Pero cada día que la guerra continúa, se hace responsable de derrotar a Israel como un país democrático, y de dar lugar a la aparición de un gobierno de diversas milicias y coroneles.

* El escritor es autor y presidente de la Asociación por los Derechos Civiles en Israel.

sábado, 26 de julio de 2014

Genocidio programado


Rebelión

Por Tania Jamardo Faillace *

Vuelvo a insistir: Estados Unidos no es tolerante con el masacre, es uno de sus mandantes. Europa no es tolerante con el masacre, es asociada al proyecto de la Nueva Orden Mundial, que busca el Gobierno Mundial totalitario, ejercido directamente por las corporaciones económicas transnacionales.

La partición y desmantelamiento total de las instituciones económicas, sociales y políticas de Oriente Medio hacen parte de ese guión, cuyo butín son petroleo, gas y agua, según los intereses del pool petrolero, y de los gobiernos e instituciones político-militares que ya conocemos, y del sistema financiero mundial.

Aún no comprendo porque no se nombran a cada uno de eses criminales, como si la ofensiva israelí hoy fuera la simple demostración de un estado de mal humor de criaturas embrutecidas (o drogadas) y no una acción finamente premeditada, por los thinks tanks estadunidenses bajo la aprobación del Club de Bilderberg y otras instancias del poder capitalista mundial. Y que se agrega tanto a la partición de Iraq, como a la ascensión del nazismo en Ucrania.

Probablemente el gobierno de Israel, que no pasa de un títere del poder capitalista mundial, hoy integrado para practicar científicamente el genocidio (la muerte programada de 1/5 de la humanidad para preservar una sobrevida al sistema), está esperando que Irán se manifieste, propiciándole la oportunidad de atacar a este, cuando, entonces, tendremos también Arabia Saudí, ISIS, EUA y otras siglas dentro del lío, capacitándose los provocadores para arrastrar al infierno a todos aquellos que osan proponer la multipolaridad mundial.

Y las señoras del petroleo. Porque nadie las nombra? Por que otra razón inventaron al estado de Israel exactamente donde está ubicado, cuando la mayor parte de los integrantes de la cultura y religión judaica son de procedencia europea o americana?

¿No les parece clara la estafa? ¿Así como la intención de criminalizar a todos los judíos, cuando los israelíes no se pueden llamar exactamente judíos, pues son heréticos en relación a la religión y cultura judaica, y seguramente se divierten en reprisar el Holocausto con una nueva lectura?

Hay que recordar que los ideólogos del nazismo antisemita en tierras europeas eran justamente personas de cuna judía, que así escupían sobre esa cuna.

Pero eso ya es psicología, y tal vez Freud, otro judío (como Karl Marx y Alberto Einstein) tuviera lo que decir sobre el asunto...

Lo que importa hoy, es que se propone una situación pre-III Guerra Mundial. En la II, se disputaban mercados – hoy se disputan recursos energéticos y agua.

¿Cuándo van a nombrarse las transnacionales que mueven sus títeres políticos, en Europa, América y Oriente Medio?

Inútil intentar conmover los sentimientos humanos de los actores. No los tienen. El sistema capitalista, como lo sabemos, no abre espacio para que sus agentes desarrollen sus sentimientos humanos, con excepción de la ganancia y la megalomanía por el poder total.

* Tania Jamardo Faillace. Escritora y periodista brasileña

jueves, 24 de julio de 2014

La influencia del sionismo en la sociedad israelí

Rebelión

Por Paula Frere Flesler

“No hay justificación para las violaciones, ni las hay para las matanzas; se trata de crímenes de guerra. Pero en ciertas condiciones la expulsión no es un crimen de guerra. No creo que las expulsiones de 1948 fueran crímenes de guerra. No se puede hacer una tortilla sin cascar los huevos. Uno tiene que ensuciarse las manos. Una sociedad que pretende matarlo a uno lo obliga a destruirla. Cuando hay que elegir entre destruir o ser destruido, es mejor destruir”
Así explica Benny Morris, historiador israelí, la limpieza étnica que hubo entre 1946 y 1948 para establecer, poco tiempo después, el Estado de Israel. Estas declaraciones al periodista Ari Shavit del periódico Haaretz, reflejan la mentalidad de muchos ciudadanos con respecto a este tema. Solamente con leer “una sociedad que pretende matarlo a uno lo obliga a destruirla” muestra una sociedad aquejada de permanente manía persecutoria. La mentalidad del ataque preventivo es la que ha servido en bandeja la insostenible situación que se vive actualmente, aquella en la que el árabe quiere dominar e invadir, y por tanto, es necesario restringir su espacio y capacidad de actuación para que el estado israelí pueda seguir desarrollándose.

Tras la desaparición de tres jóvenes israelíes el pasado 30 de junio de este año, Israel vuelve a mostrar su cara más oscura, y este hecho reafirma una vez más que las medidas precautorias del gobierno israelí hacen mella en Palestina, con 189 muertos y miles de heridos. Los ataques han arrasado la zona, miles de viviendas destrozadas, desplazando a miles de personas, las cuales buscan refugio ante las inminentes agresiones.

Gran parte de la sociedad israelí busca justificar estas políticas a través de comentarios, vídeos e imágenes en muchas redes sociales. Un usuario de facebook hace el siguiente comentario: “Nos cuesta ser aceptados fuera del traje a rallas del campo de concentración y menos poder defendemos y mucho menos usar la fuerza, somos 15 millones queremos un espacio ínfimo del planeta que históricamente nos corresponde y tendrán que matar seis millones de hermanos más para que la lastima nos de paz”.

Pero qué se puede esperar cuando gran parte de la sociedad piensa con firmeza que los árabes quieren transformar el continente europeo en Eurabia, e incluso que en España desean recuperar Al Ándalus. Parte de estas reflexiones se apoyan en el sionismo, movimiento que lleva inculcándose desde el siglo XIX y que busca recuperar la Tierra Prometida.

Entonces si desde años, si desde la infancia, solo escuchas y estudias que esa tierra te pertenece, que los pueblos vecinos quieren acabar con el estado judío y reconquistar sus antiguas naciones, la primera reacción de un humano es la preventiva. Y esto es lo que a día de hoy vemos y escuchamos.

Noam Chomsky e Ilan Pappe lo describen muy bien en el libro “Gaza en crisis”: “Los mecanismos negacionistas israelíes son muy efectivos, pues funcionan como una exhaustiva herramienta de adoctrinamiento que abarca la existencia completa del ciudadano, de la cuna a la tumba. Esta herramienta garantiza al Estado que sus ciudadanos no se sentirán confusos ante los datos y la realidad o, al menos, que no tendrán problemas morales.”

El gobierno israelí ha conseguido mantener a su pueblo unido y confiado en las medidas territoriales que se toman en el país. Ha creado una consciencia única e imbatible, donde los hechos diferentes a la “establecida” no tienen lugar, véase lo sucedido con Ilan Pappe, profesor de historia israelí, quien fue expulsado del país por promulgar ideas equívocas.

Pero Pappe logró difundir sus pensamientos y reflexiones por otras vías. En una conferencia en Stuttgart, Alemania, explica: todos los acuerdos de Oslo por la paz no funcionaron y nunca lo habrían hecho, ya que lo que realmente sucede es el colonialismo sionista que no parará hasta conseguir un estado más fuerte y vacío de árabes. La única solución posible es la construcción de un único estado secular que garantice la convivencia entre todas las religiones, pero antes habrá que desprogramar a muchos civiles de la población israelí.

Esta afirmación confirma una vez más la teoría sionista, es decir, si la sociedad israelí, o al menos parte de ella, no conoce otra historia que la programada por el gobierno, supone que su postura seguirá siendo la misma, y que ante un posible ataque, es mejor la prevención. Probablemente en este siglo no se recurra a un nakba tan fuerte como se hizo en los años cuarenta porque la sociedad internacional no lo permitiría. Pero sí que existe un cerco que reduce el territorio palestino al mínimo y los israelíes apoyan esas decisiones.

Entonces para proponer una solución a esta complicada situación habría que empezar por recontar la historia y ofrecer más perspectivas al pueblo israelí, para que tomen conciencia de todas las realidades, no solo la suya. Solo en ese momento podría hablarse de una incipiente paz, y empezar a negociar una convivencia entre ambos pueblos, que se asemejan mucho más de los que ellos piensan.

Sin embargo, mientras que el gobierno fije sus pautas y el pueblo no las revoque, el conflicto entre Israel y Palestina no tendrá caducidad. Solo a través de la información y la concienciación de las personas sobre esta situación logrará poner punto y final a una guerra que ha dejado un número incontable de víctimas y secuelas que perdurarán a lo largo de muchos años.