jueves, 3 de diciembre de 2020

Pandemia y huracanes incrementan la violencia contra las mujeres

Radio Progreso

Protesta de mujeres frente al Congreso Nacional en Tegucigalpa.

Primero confinadas con su agresor por la pandemia de la Covid-19, después damnificadas y en la precariedad por el impacto de los huracanes Eta e Iota. Así se va el 2020 para las mujeres en Honduras, el país donde a diario una de ellas es asesinada y trescientas más denuncian violencia con la esperanza que la justicia actúe.  

“La violencia en Honduras no cesa ni en tiempos de pandemia ni huracanes, al contrario, se incrementa porque estamos más expuestas”, dijo en Radio Progreso Margarita Navarro de la Red de Mujeres de El Progreso, Remupro. Margarita explica que, la realidad para las hondureñas nunca ha sido normal, y desde el golpe de Estado de 2009, la situación de violencia se ha agudizado, porque hay un descalabro institucional y las mujeres no tienen espacios para interponer sus denuncias y recibir respuestas a sus demandas.

Desde el inicio de la pandemia en Honduras (marzo 2020), hasta el 31 de octubre, unas 50 mil llamadas por violencia doméstica se han recibido en la línea estatal de emergencia 911, de estas, el departamento con mayor número de llamadas es Cortés que representa el 28 por ciento.

En esa misma línea de tiempo, hay registro de 37 mil 108 denuncias de violencia intrafamiliar, un promedio de 3 mil 711 denuncias cada mes. Además, se reportan 517 casos de agresiones sexuales, siendo octubre el mes con más casos de violación, según los datos proporcionado por el Centro de Derechos de Mujeres, CDM.

“Ha sido un año difícil para nosotras, porque a los efectos de la pandemia se suma el desastre provocado por la corrupción y los huracanes”, asegura Margarita Navarro. Solo en El Progreso, Yoro, al norte de Honduras, unas 10 mil personas se encuentran en albergues tras el paso de los huracanes Eta e Iota en condiciones de hacinamiento. “Las mujeres damnificadas sufren una doble afectación, porque en esos centros hay reportes de violencia física y sexual”, apuntó.

Dos menores de edad han sido víctimas de abuso sexual en albergues ubicados en San Pedro Sula, se trata de una niña de 10 y una adolescente de 16 años de edad. Actualmente los casos están en investigación luego que un equipo de la Fiscalía de la Niñez, junto con personeros de la Dirección de Niñez, Adolescencia y Familia (Dinaf), Trabajo Social y Psicología de la Fiscalía, estuviera haciendo varias visitas a diferentes centros donde hay familias damnificadas. Se informó que 4 casos más están siendo investigados.

Para Margarita los centros habilitados para albergues (escuelas, colegios e iglesias), no cuentan con las condiciones mínimas para que las mujeres y las niñas puedan permanecer durante la emergencia. Hay poca iluminación por las noches, los baños sanitarios son compartidos con hombres y a las familias les toca compartir un pequeño espacio con gente desconocida, “situación que pone en mayor riesgo a las madres solteras, que son mayoría”, dijo.

Para las mujeres que han perdido sus viviendas y medios de vida por las inundaciones la realidad es difícil, porque, además deben seguir enfrentando la violencia estatal que desde hace años se viene agudizando en el país, “al Estado de Honduras no le interesa la vida las mujeres. Nos toca tomar fuerzas entre nosotras para sobrevivir a una violencia capitalista y patriarcal”, concluyó.

Las organizaciones de mujeres en Honduras creen necesario revisar las políticas públicas que protegen a las mujeres y que están engavetadas en un escritorio. Así como cambiar la asignación presupuestaria, rechazan que haya más presupuesto para militares y policías que, para salud, educación y programas en beneficio de las mujeres.

Protesta de mujeres en San Pedro Sula. foto: Foro de Mujeres por la Vida.


Honduras a las puertas de la mayor migración forzada


Radio Progreso

La pandemia de la Covid-19, la corrupción institucionalizada y el impacto de los fenómenos naturales Eta e Iota, harán del 2021 un año precario y difícil para la ciudadanía que, al ver que ha perdido su casa y medios de vida, no tendrá más opción que emprender la ruta migratoria en medio de una realidad hostil dijo en Radio Progreso Yolanda González, de la Red Jesuita con Migrantes de Centroamérica, RJM.

Hace 22 años con el paso del huracán Mitch, Estados Unidos acogió bajo el Estatus de Protección Temporal TPS, a más de 50 mil migrantes hondureños como parte de la ayuda humanitaria para paliar la crisis económica de las familias y del país.

Sin embargo, aunque actualmente la crisis en Honduras es mayor, esa posibilidad se ve lejana, por las decisiones políticas aprobadas en temas migratorios bajo la administración de Donald Trump.

González dijo que, a pesar de que Estados Unidos ha trasladado su frontera sur a Guatemala para contener a los migrantes hondureños, la gente lastimosamente buscará irse hasta en caravanas, porque aquí no cuenta con posibilidades de recuperarse de la tragedia.


Mujeres demandan castigo contra sus agresores

Radio Progreso

Un grupo de mujeres fueron recibidas en el Congreso Nacional con tanquetas y policías antimotines.

En el marco del 25 de noviembre, día internacional de la NO violencia contra la mujer, grupos de mujeres protestaron en varias zonas del país en demanda de castigo para sus agresores.

“Estamos en un contexto bastante lamentable, 350 mujeres asesinadas en lo que va del año, más de 90% de los casos están en total impunidad, ha habido más de 8 mil abusos sexuales en los últimos años y ha habido 10 violaciones sexuales en los albergues”, dijo en Radio Progreso Wendy Cruz de la Plataforma 25 de noviembre.

Manifestó que todo esto pasa porque el Estado de Honduras ha abandonado todos los procesos de judicialización a los agresores de mujeres. Sostuvo que no hay excusa que porque la pandemia esté paradas todas las audiencias contra los agresores.

Un grupo de mujeres fueron recibidas en el Congreso Nacional con tanquetas y policías antimotines.

“Nos reciben con tanquetas, con antimotines pero no nos reciben con darnos acceso a la tierra, al crédito, a la salud, a la educación. Cómo es posible que haya presupuesto para comprar armas y tanquetas y no hay presupuesto para atender las necesidades de las mujeres, realmente es una incoherencia en un país tan pobre”, dijo Wendy Cruz.



Lo que debemos a Donald Trump


Rebelión

Por Branko Milanović 

Solo hay dos modelos posibles de política exterior para los Estados Unidos de América: el excepcionalísimo estadounidense y el “América primero”.

Ahora que Trump ya está cerca de ser historia, en muchas publicaciones se está analizando su presidencia, como de hecho se ha estado haciendo durante los últimos cuatro años. Muchas de estas evaluaciones son triviales, ampulosas y tediosas. Está siendo denostado por su insensibilidad, racismo, xenofobia, arrogancia, incompetencia, ineficacia, ignorancia. Muchos de los que lo defenderán probablemente lo harán por las mismas razones, sin embargo, en la consideración de que la xenofobia, el racismo y la arrogancia pueden considerarse virtudes, no defectos morales profundos.

Mi valoración es completamente diferente: en primer lugar, considero los aspectos en los que creo que Trump tenía razón, y en segundo lugar, qué nos permitió aprender Trump. Trump estaba en lo correcto en relación a los principios esenciales de la política exterior: “América primero” y un leve aislacionismo. Para ver esto, uno debe darse cuenta de que solo hay dos modelos posibles de política exterior para los Estados Unidos de América: el excepcionalísimo estadounidense y el “América primero”. El excepcionalísimo estadounidense se basa, como su nombre lo indica, en una ideología de preeminencia estadounidense, que se considera ganada y merecida debido a la especial virtud de la nueva república. La preeminencia de los EE. UU. implica claramente un sistema de países jerárquicamente estructurados donde EE. UU. está en la cima y los otros países desempeñan roles subsidiarios e inferiores. El objetivo último, tácito, de esa política es el dominio del mundo. Estados Unidos no es el primer país que ha albergado tales sueños: desde Egipto, Roma, el Imperio cristiano de Bizancio, el Imperio musulmán, Carlomagno, los hunos, Tamerlán, Napoleón, Hitler, el Imperio comunista de la URSS… la lista es larga. Si bien es muy poco probable lograr tal imperio, el camino hacia ese objetivo está pavimentado con guerras. Por eso, la ideología de la «nación indispensable» exige casi por definición, en términos de Gore Vidal, «guerras sin fin por una paz sin fin». No es por casualidad que Estados Unidos haya estado en guerra prácticamente ininterrumpida durante ochenta años. “América primero”, al menos formalmente, pone a todos los países al mismo nivel. Expone que Estados Unidos seguirá sus propios intereses, pero que no espera menos de los demás. Como Trump, que no es un estudioso de las relaciones internacionales, afirmó sin embargo en su discurso de las Naciones Unidas, esperaría la misma política de los otros países, desde Argelia hasta Zimbabue. En la política de “América primero”, Estados Unidos, debido a su tamaño e importancia, siempre golpeará más que otros, pero no tendrá ningún deseo o ilusión de gobernar a otros o decirles cómo deben ordenar sus asuntos internos. Se comportará transaccionalmente, lo que, de hecho, es una política que hace que la guerra sea mucho menos probable. Los intereses se pueden negociar, las ideologías no. Trump básicamente siguió esta política hasta que su obsesión con China se abrió paso con la Covid-19, a la cual parecía haber considerado como una especie de estratagema expresa de China para desalojarlo de la presidencia. Sin embargo, no comenzó nuevas guerras y realizó, en momentos importantes, medidas para poner fin a las guerras iniciadas hace casi 20 años para las que ya nadieen Washington podía ofrecer una justificación. Fueron puras guerras imperiales, como las de “La estepa tártara”, respecto a la cual nadie en la sede del imperio sabe ni siquiera dónde están luchando sus soldados y mucho menos por qué. Trump hizo dos contribuciones importantes a nuestro conocimiento de la política y de los negocios. A la política aportó todas las habilidades que había practicado durante casi medio siglo en los negocios y, como escribí, el suyo fue el triunfo definitivo del neoliberalismo. Consideraba a los ciudadanos como a sus empleados, a quienes podía mandonear y despedir a voluntad. Vio la presidencia como Bezos ve su propia posición en Amazon: puede hacer cualquier cosa, sin restricciones de reglas y leyes. Trump desgarró la cortina que separa a los ciudadanos, los espectadores del juego político, de los gobernantes y mostró el cambio de rumbo, el intercambio de favores, el uso del poder público para beneficio privado, de una manera abierta, directa y accesible para que lo vean todos los que asistían al espectáculo. Mientras que en las administraciones anteriores tales acciones ilegales y semiilegales -como recibir dinero de potentados extranjeros, pasar de un puesto lucrativo a otro, engañar con los impuestos- se llevaban a cabo con discreción y cierto decoro, con el telón caído para que los espectadores no pudieran ver y participar en la malversación, ahora esto se hizo públicamente. Fue así, gracias a Trump, que pudimos ver la inmensa corrupción yacente en el corazón del proceso político. Pero hizo más. Cuando llegó con estos modales corruptos a la presidencia, estaban perfeccionados por cincuenta años de negocios que también involucraban todo tipo de chanchullos semiilegales o ilegales. Esto, sin embargo, no detuvo su ascenso empresarial, más bien lo hizo posible, permitiéndole disfrutar de una brillante carrera en el mundo empresarial de Nueva York, hacerse rico y ser un valioso invitado en muchas fiestas, incluso ser un contribuyente estimado en campañas políticas como la que dirigió Hillary Clinton para el Senado de Estados Unidos. El mero hecho de que su ascenso al poder empresarial no fuera visto de ninguna manera como excepcional o inaceptable demuestra que todos los que lo rodean utilizaron los mismos medios para llegar a la cima. Por lo tanto, al saber más sobre Trump, sabemos más sobre los medios utilizados para tener éxito en el rico entorno empresarial de Nueva York, e incluso del mundo, ya que Trump y sus compañeros hicieron tratos en Escocia, Rusia, Oriente Medio, China y otros lugares. Los confidentes cercanos y los miembros de su familia que lo traicionaron con el objetivo de obtener contratos multimillonarios exhibieron un comportamiento que el propio Trump habría adoptado (y aprobado), y aun así muestran claramente qué tipo de estándares éticos prevalecen en ese entorno. Así pues, Trump nos dio otra lección muy valiosa: mostró la podredumbre, la corrupción y la impunidad que subyacen en el corazón de muchas empresas poderosas. Su personaje reveló la profundidad de la corrupción yacente en el centro de la política y de los negocios. Estos son pecados imperdonables. Los pecados disfrutados en secreto son aceptables o pasados por alto; alardear de los pecados no. Quienes lo reemplacen harán todo lo posible, no para ​​cambiar eso porque se ha convertido en una característica sistémica, sino para encubrirlo. Pero una vez que has visto la verdad, será difícil volver a fingir que no ha pasado nada.

* Branko Milanović es un economista serbo-estadounidense especialista, entre otras, en desigualdades económicas. Su último libro, Capitalism, Alone: The Future of the System that Rules the World (Cambridge, Massachusetts, Harvard University Press, 2019) ha sido publicado hace muy poco en traducción al castellano: Capitalismo, nada más: el futuro del sistema que domina el mundo, Madrid, Taurus, abril de 2020.

Publicado originalmente el 7-11-2020 en Brave New Europe (tomado del blog del autor,globalinequality). https://braveneweurope.com/branko-milanovic-what-we-owe-to-donald-j-trump [http://glineq.blogspot.com/2020/11/what-we-owe-to-donald-j-trump.html]


Judith Butler y la pertenencia al feminismo


Rebelión

Por Antonio Antón *

En una interesante entrevista a Judith Butler sobre las guerras culturales (tiene un acceso en castellano), esta conocida feminista estadounidense de orientación posestructuralista apuesta por “renovar el compromiso feminista con la igualdad de género y la libertad de género”. Otra formulación reciente es “el feminismo es una lucha por la igualdad entre hombres y mujeres, pero también es una investigación sobre el género en sí mismo, más allá de las categorías de hombre o mujer”. Son ideas que comparto al poner el acento en dos cuestiones básicas para un enfoque realista, multidimensional y sociohistórico: la acción práctica y relacional en los procesos identificatorios y de emancipación, y la igualdad de género, entre hombres y mujeres, al partir de su realidad de desventaja, desigualdad o discriminación. Son relevantes sus posiciones sobre ‘El género en disputa’ y ‘Deshacer el género’. No entro ahora en ello. Tengo una amplia valoración de su pensamiento, así como el de otras corrientes feministas en el reciente libro “Identidades feministas y teoría crítica”. Me detengo aquí en otras formulaciones sobre un aspecto particular: su posición sobre la pertenencia al feminismo. En conversación con ella y frente a las corrientes esencialistas explico mi enfoque crítico.

Su criterio de pertenencia al feminismo es inclusivo al considerar partícipes a todas las personas, incluido hombres, que se ‘aferran a las proposiciones básicas de libertad e igualdad’. Así se supera la interpretación biologicista y excluyente de que solo pueden ser feministas las mujeres. No obstante, es insuficiente por tener un sesgo idealista (posestructuralista) al poner el énfasis en lo discursivo, o sea, en las ideas o propuestas, con su sobrevaloración de su influencia en la formación de la identidad, feminista en este caso.

Desde la sociología crítica la pertenencia e identificación colectivas se van formado a través de las relaciones sociales, sobre la base de una práctica social prolongada, una interacción relacional solidaria tras esos objetivos de libertad e igualdad. Es decir, el hacerse e identificarse feminista es una conformación social, procesual e interactiva: supone comportamientos duraderos igualitarios-emancipadores y solidarios, interrelacionados con esa subjetividad. Es la experiencia vital, convenientemente interpretada, la participación en la pugna social y cultural en sentido amplio (incluyendo hábitos, estereotipos y costumbres además de subjetividad) frente a la desigualdad y la discriminación, la que va formando la identidad feminista (o cualquier otra de capas subalternas). Veamos algunos enfoques implicados en esta controversia.

En primer lugar, sobre el concepto de sujeto ‘feminista’. Sujeto colectivo (transformador) es un concepto fuerte (hegeliano y conectado a la identidad); está ligado a una posición activa, una participación colectiva (e individual), una relación social o una práctica común, en este caso de capas populares subalternas, de carácter igualitario emancipador, frente a un grupo opresor. Supone una trayectoria duradera, no ocasional o solo discursiva, de reconocimiento, vínculos, diferenciación e interacción frente a la discriminación.

En ese sentido, estar vinculado o sentirse perteneciente al movimiento feminista o en general al feminismo, en sus distintos niveles, es un indicador identitario o de pertenencia relacional, sociocultural y procesual: está conformándose ese sujeto que, en sus comienzos, es un simple actor, agente o movimiento.

En ese proceso influye la subjetividad, es decir, su conciencia, ideas, discursos y emociones. Pero el aspecto definitorio que destaco es el relacional: la oposición práctica a la dominación y la desigualdad de las mujeres y, en todo caso, el compromiso (privado y público) y la solidaridad activa de otras personas. La experiencia vital reclamada no es la vivencia de ser mujer (o varón o no binario), cuestión relevante en la identidad de género, sino la de participar en su proceso de superación o liberación de la subordinación que supone, aunque sea solo por solidaridad y con un papel secundario en el caso de los varones. Esa participación en una trayectoria relacional igualitaria-emancipadorade las mujeres es lo específico dela pertenencia al feminismo. En el sujeto de cambio feminista el protagonismo principal es de las propias mujeres, como las personas más afectadas, interpeladas y dispuestas.

Sin embargo, en segundo lugar,‘mujer’ no es un sujeto en el sentido sociopolítico: al igual que el individuo obrero o la persona de color no se hacen mecánicamente revolucionario anticapitalista o antirracista, la mujer (habría que hablar en plural, las mujeres) por el hecho de serlo (o padecer discriminación) no se hacen feministas. Otra cosa es la conformación como género femenino (y masculino o no binario) o su identidad de género en pugna y condicionado por las estructuras sociales y de poder.

Hay que diferenciar identidad de género de identidad feminista, tal como explico en el libro citado. Para esta última, hay que considerar la dinámica relacional y las mediaciones sociopolítico-culturales-institucionales, ya que se produce una polarización de intereses y de poder específicos: feminismo frente a machismo (o patriarcalismo). Se forma (mejor que se construye) la identificación feminista asociada a la superación relacional (no solo discursiva, de conciencia o de ideas) de la discriminación de las mujeres, de su estatus subalterno y desigual. No de todo el mundo o de todos los grupos oprimidos, eso sería un bloque popular transformador de conjunto o el ‘pueblo’, unitario, convergente, múltiple, interseccional o superador (trans) de cada sector o movimiento específico. Estamos hablando de la especificidad del feminismo en cuanto a actor social o sujeto sociopolítico, aparte de corriente cultural.

El sujeto mujer, por sus rasgos biológicos o estructurales, es la versión esencialista o determinista que critico en mi libro. La élite vieja (una parte socialista y alguna comunista), junto con algún sectorradical ode la diferencia, quiere seguir monopolizando su representación institucional y académica y patrimonializar la capacidad sociopolítica de la nueva movilización feminista que la desborda. Es el trasfondo del debate sobre quién es el sujeto feminista: legitimar su representación y estatus de privilegio institucional y mediático, impugnado por la movilización feminista de estos años y sus nuevas y heterogéneas élites asociativas y culturales que desafían su estatus.

El sujeto feminista lo conforman las personas que acumulan una experiencia prolongada, o sea, un comportamiento duradero en favor de la igualdad y la libertad de las mujeres. Es un significado más restrictivo por su mayor identificación y actividad personal y colectiva que el de actor o el tener solo cierta conciencia feminista.

Por tanto, es insuficiente la posición de Butler de la pertenencia al feminismo de las personas que se ‘aferran a las proposiciones básicas de libertad e igualdad’. Es inclusiva, porque ahí caben personas LGTBI y varones solidarios con la causa feminista.Además, la palabra ‘aferran’ da una imagen de contundencia, pero se refiere a las ‘proposiciones’ (propuestas), es decir, firmeza discursiva. En consecuencia, hay una sobrevaloración de las ideas o discursos en la formación de la identidad y el sujeto, posición típicamente posmoderna.Es una idea significativa que explica profusamente en sus libros. Es el marco conceptual común con la corriente posestructuralista o posmoderna que ella misma admite. Sin embargo, el feminismo tiene un carácter social o relacional, tal como también ha expresado, y por tanto pertenecen a él las personas que interactúan (no solo que proponen, piensan o sienten) por la libertad y la igualdad de las mujeres.

Por otra parte, para identificarse o pertenecer al feminismo es insuficiente hablar en general de personas que solo proclaman la igualdad y la libertad de cualquier grupo social subordinado, sean de clase social, antirracista o LGTBI, etc. El conjunto de su interacción por objetivos compartidos daría lugar a un movimiento global, llámese unidad popular, pueblo, ciudadanía, transversal, anticapitalista o transfeminista. Puede existir un proceso complejo de interacción más o menos interseccional con otros grupos y movimientos sociales y con la esfera política e institucional. Pero estamos hablando, específicamente de feminismo, es decir, de una experiencia relacional vinculada a la acción contra la discriminación, dominación y desigualdad… de las mujeres en cuanto grupo social discriminado o subordinado.

A partir de esa diferenciación, de acuerdo con Butler, se pueden considerar aliados a los dos movimientos, el feminista y el LGTBI (donde se incluyen los grupos trans), con muchos objetivos comunes. Pero el feminismo tiene sus fundamentos propios y específicos. Su pertenencia o sus procesos y niveles identificadores derivan de la dimensión, duración y profundidad de esa experiencia relacional en cambiar las relaciones de dominación y desigualdad de las mujeres, junto con la correspondiente subjetividad igualitaria-emancipadora.

Butler se considera a sí misma posestructuralista, incluso más que el propio Laclau o Lacan, en la versión más constructivista del discurso, aunque hay intelectuales todavía más extremos en su idealismo. Si hay una seña de identidad de esa corriente, defendida con orgullo y cierta prepotencia intelectual, es la preponderancia del discurso en la construcción de la realidad social y de las identidades. A partir de esa evidencia, por mi parte lo juzgo como ‘sobrevaloración’ del mundo de las ideas en la conformación de los sujetos colectivos y la transformación social.

El enfoque posmoderno, muy diverso y contradictorio, tiene un hilo conductor: el idealismo discursivo. Es el efecto péndulo a los excesos estructuralistas, ya sea de determinismos económicos, institucionales o biológicos. Las personas partidariaslo consideran lo más acertado y, por supuesto, hay que reconocer que han aportado muchas cosas concretas de interés, empezando por la propia Butler. Desde su punto de vista critican al resto de corrientes intelectuales, particularmente estructuralistas y marxistas, de ‘esencialistas’, cosa cierta para algunos sectores más deterministas. No obstante, no es cierto para la tradición crítica, sociohistórica, relacional y social que pretendo defender. Es la escuela de pensamiento realista, multidimensional e interactiva que hunde sus raíces en la Grecia clásica frente al idealismo, por un lado, y al materialismo mecanicista, por otro.

Los procesos identificadores, en este caso feministas, se van formando (mejor que construyendo) a través de la experiencia relacional por la igualdad y la emancipación de los grupos y clases subordinadas. La identidad, como decía, no deriva automáticamente de los determinismos biológicos, el sexo mujer, o estructurales, la respuesta mecanicista a su posición subalterna y discriminatoria.

Ese realismo crítico es el mejor enfoque teórico frente a las dos grandes corrientes progresistas, además del socioliberalismo que se ha mezclado con ellas: estructuralismo, más o menos marxista-economicista, biologicista, institucionalista o étnico, y el posestructuralismo, más o menos voluntarista, culturalista e idealista. Ambas han sido hegemónicas en los movimientos sociales y los grupos progresistas y de izquierda desde los años sesenta y setenta. Y hoy día, ante la nueva relevancia sociopolítica y cultural del feminismo, han entrado en aguda confrontación por hegemonizar su interpretación y representación.

Esta tradición crítica, intermedia o superadora de las tres corrientes dominantes, liberal, estructuralista y posmoderna, pone el acento en la acción colectiva igualitario-emancipadora, sociohistórica y relacional. Se reinicia,en entreguerras, a partir de A. Gramsci y la Escuela de Frankfurt,y se desarrolla con pensadores relevantes sobre los movimientos sociales y el cambio sociopolítico, como E. P. Thompson y Ch. Tilly, sobre la teoría política, como Bob Jessop, o sobre el feminismo, como Simone de Beauvoir.Sigue teniendo unas bases teóricas y sociopolíticas más realistas y adecuadas a la nueva etapa de la protesta social y el cambio sociocultural e institucional, en particular con la conformación de las identidades y la configuración de los sujetos colectivos de las capas subalternas, especialmente el feminismo.

* Antonio Antón. Profesor de Sociología de la Universidad Autónoma de Madrid. @antonioantonUAM


En Albacete contando los votos de Wisconsin


El Diario

Por Pascual Serrano

Y ahí tenemos a los vecinos de un pueblo de Albacete comentando en los mentideros de la plaza sobre los resultados de Wisconsin cuando ni se enteraron de las elecciones en Galicia, la prueba más evidente de una colonización mediática.

Dando un repaso en España a las portadas de nuestros periódicos y las aperturas de los informativos de televisión descubrimos que estamos con el alma en vilo por el resultado electoral de Estados Unidos. Están consiguiendo que nos preocupe más el voto de Pensilvania que el número de rastreadores que hay en nuestro centro de salud. Han logrado que nos olvidemos de nuestros 20.000 contagiados y 150 muertos diarios y nos quedemos hipnotizados por un recuento electoral que ni entendemos ni nos afecta. ¿Alguien podría explicar en qué le cambia la vida que gane Trump o Biden?

En mis primeros años de periodista becario en un periódico nacional, en 1991, me dejaron de responsable de cierre de la sección de Sucesos. Coincidieron dos tragedias naturales: la erupción de volcán Pinatubo en Filipinas y unas inundaciones de Bangladesh. Mientras que en el segundo caso las víctimas mortales se contabilizaron por decenas de miles, en el primero, apenas hubo un par de muertos, uno de ellos un periodista. Sin embargo, a la redacción del periódico llegaban diez teletipos sobre el Pinatubo por cada uno de Bangladesh. La razón era que cerca del volcán filipino había una base militar estadounidense con mucha población de ese país, lo que lo convertía en asunto de interés para Estados Unidos. En cambio, en Bangladesh, ni Estados Unidos ni ninguna otra potencia occidental tenía intereses. Que estas circunstancias influyeran en la cobertura de los medios estadounidenses era comprensible, lo curioso es que los medios españoles se veían condicionados por ese comportamiento. Es decir, si llegaban muchos teletipos de Filipinas y pocos de Bangladesh, la prensa española replicaba ese porcentaje de importancia en su cobertura. El patético resultado era comprobar que se titulaba una columna con cien mil muertos de las inundaciones y un titular a tres columnas con el desalojo de dos mil personas en Filipinas, sin víctima alguna.

Treinta años después, tengo la sensación de que los medios siguen con el mismo patrón. Como llega un alud de informaciones de agencia sobre el recuento estadounidense, tanto los grandes medios del resto del mundo como los pequeños creen que eso es lo más importante. Y ahí tenemos a los vecinos de un pueblo de Albacete comentando en los mentideros de la plaza sobre los resultados de Wisconsin cuando ni se enteraron de las elecciones en Galicia, la prueba más evidente de una colonización mediática.

Pero lo que está sucediendo en estas elecciones estadounidenses es solo un ejemplo de la forma en que la agenda internacional dominante puede condicionar a unos medios nacionales y, sobre todo, cómo los medios pueden terminar imponiendo su agenda a la sociedad. Como, lógicamente, nuestra atención es limitada, el interés por esos temas lleva asociado inevitablemente el desplazamiento de otros. Y son muchos los intereses que hay en un país para que nos ocupemos (y preocupemos) por asuntos de países lejanos donde, suceda lo que suceda, nadie le pedirá explicaciones ni responsabilidades a su gobierno. Es verdad que hubo sectores políticos y mediáticos que, ante nuestros problemas nacionales, se limitaba a sacar Venezuela, ahora hay otros, y quizás de todos los signos políticos, que lo que hacen es sacar las elecciones de Estados Unidos. Total, llevan años con el espantajo de Trump.


miércoles, 2 de diciembre de 2020

REDHIL-PAZ planifica acciones ante emergencia que atraviesa el país


Defensores en Línea

Por Riccy Ponce

La red de Defensores y Defensoras de Derechos Humanos Indígenas Lencas de La Paz (REDHIL -PAZ), realizó este día una reunión con el objetivo de monitorear a los miembros de la misma e identificar quienes están siendo afectados por las emergencias que está atravesando el país, esto les permitirá realizar y reactivar acciones.

La REDHIL-PAZ, desde que inició el confinamiento por la pandemia por el coronavirus o Covid-19, no realizaban una reunión de manera presencial, es por eso que hoy tomando todas las medidas de bioseguridad decidieron reencontrarse.

Nulman Maradiaga, integrante de la red, expresó que esta reunión fue un éxito, porque ha vuelto a retomar algunos puntos porque por la cuestión de la pandemia y todo lo que está pasando en el país, lo habíamos apartado un ratito, pero es igual de importante ahora que vamos a retomar todo como antes.

Por su parte Donatila Girón dijo que “estamos hoy nuevamente reunidos después de un largo encierro, para abordar la problemática de cada uno de los municipios del departamento de La Paz”.

“Creemos que este es el comienzo nuevamente porque nos habíamos quedado un poco callado y encerrados, pero hoy nuevamente salimos y creo que todos los días son importantes y este día ha sido uno de los buenos para un inicio mejor y para que los defensores y defensoras podamos abarcar y a empezar nuevamente el trabajo que nos toca hacer”.

Félix Gonzales, por su parte dijo que asistir a la reunión a pesar de que los fenómenos que han azotado Honduras los ha dejado mal, porque hay destrucción de los cultivos y se corre el riesgo de perder hasta las cosechas de maíz y de café, pero que se siente alegre de estar nuevamente junto a sus compañeros para reiniciar la defensoría de derechos humanos.

“Para nosotros la verdad de las cosas es una excelente idea porque ya días no nos reuníamos, no nos mirábamos como red y para nosotros es bueno porque nos volvemos a ver, tenemos la oportunidad de organizarnos y de seguir siempre unidos.

Finalmente, Inocencio Galeas dijo que “a pesar de librar una crisis por la que está atravesando en el país y que para nosotros no ha sido fácil, porque somos defensores, pero también campesinos, y se han perdido muchos cultivos, pero no pierdo la esperanza y con esta reunión reafirmo mi defensoría de derechos humanos a cualquier sector y defender a la población que se le vulnere sus derechos.

Por la suspensión de garantías constitucionales a las que el pueblo ha sido sometido para evitar la propagación del covid-19, se han cometido innumerables violaciones a los derechos humanos por parte de los cuerpos represores el estado, es por eso que la REDHIL-PAZ vio la necesidad de activar acciones nuevamente.


Las elecciones primarias se harían con la ley electoral vigente


Radio Progreso

El presidente del Consejo Nacional Electoral, CNE, Kelvin Aguirre aseguró que las elecciones primarias e internas del segundo domingo de marzo de 2021 se van a celebrar bajo las reglas establecidas en la actual Ley Electoral.

“Está la discusión y aprobación la nueva Ley Electoral de la cual, en caso de que se aprobara, trastocaría muy poco el cronograma electoral nuestro, y creemos que nos vamos a preparar con la nueva Ley Electoral más para las elecciones generales de noviembre de 2021”, dijo Aguirre en Radio Progreso.

Sostuvo que todos los planes se hacen con la Ley Electoral vigente, todo se ha planificado con esa Ley aunque deja claro que depende del Congreso Nacional si aprueba o no la Ley Electoral, aunque, aclara, que si se aprueba sería aplicada para las elecciones generales y no para las primarias de marzo.

Con relación a las intenciones que tienen algunos sectores políticos de buscar aplazar las primarias e internas de marzo por la emergencia sanitaria y las inundaciones provocadas por Eta e Iota, Aguirre aseguró que como Consejo Nacional Electoral ratifican de que van a realizar las elecciones primarias e internas el segundo domingo de marzo tal y como lo contempla la Ley Electoral vigente.

“Vamos a cumplir con ese mandato constitucional que se nos ha conferido y para el cual hicimos la convocatoria a elecciones primarias e internas el pasado 13 de septiembre”, dijo el presidente del CNE.

En relación a la inscripción de los movimientos internos, informó que el pasado 13 de noviembre fue la fecha fatal para se presentara la solicitud a cada partido político, y que ahora es la autoridad partidaria la que está en el proceso de revisión para luego emitir un informe razonado al CNE sobre qué movimientos cumplieron los requisitos establecidos. Tienen hasta el 03 de diciembre.

“Después nosotros debemos hacer un análisis, una revisión exhaustiva para emitir una resolución definitiva de qué movimientos reúnen los requisitos de ley y puedan participar en las elecciones primarias. Hasta el 23 de diciembre tenemos para eso”, aseguró Kelvin Aguirre.


Más de 125 puntos carreteros fueron dañados por ETA e IOTA


Radio Progreso

Según la Secretaría de Estado en los Despachos de Desarrollo Comunitario, Agua y Saneamiento, SEDECOAS, se reportan, al menos, unos 125 puntos carreteros dañados de los que hasta la fecha han podido realizar trabajos de rehabilitación en 60.

El titular de SEDECOAS, Nelson Márquez, aseguró que los departamentos de Intibucá, Lempira, Santa Bárbara y Ocotepeque son las que más daños registran.

Por otra parte, enfatizó en que producto de las inundaciones y las lluvias que persisten en varias regiones del país, han identificado 20 puntos viales en los que todavía no han podido implementar ninguna obra de reconstrucción.


La pandemia como manifestación del colapso civilizatorio contemporáneo


Rebelión

Por Isaac Enríquez Pérez *

Concebida como un hecho social total (https://bit.ly/34O4vpW) y como un sistema complejo (https://bit.ly/2IUdYDQ), la pandemia trastoca la lógica de las estructuras sociales y de las prácticas cotidianas de las sociedades contemporáneas. Como crisis epidemiológica global, la pandemia evidencia las grietas de la ilusión del progreso como proceso civilizatorio inaugurado con la modernidad europea desde el siglo XVIII. La noción de bienestar social generalizado derivado de manera automática tras alcanzarse el progreso material no solo fue eclipsada, sino vaciada de contenido al gestarse un desanclaje entre la abundancia de bienes y servicios, el avance tecnológico y la enfermedad como principal condicionante de la vida humana. A este dislocamiento se suman las amplias posibilidades de una sexta extinción tras agravarse la contradicción sociedad/naturaleza (https://bit.ly/3fCNJfz) regida por el modelo del crecimiento económico ilimitado y la vocación expansiva del capitalismo. De tal modo que, en su conjunto, estos procesos le dan forma a un colapso civilizatorio de amplias magnitudes en el contexto de la radicalización de la era de la incertidumbre y de las contradicciones propias de las sociedades capitalistas. 

Este colapso civilizatorio hunde sus raíces en la crisis de sentido que asedia a las sociedades occidentales desde el desmembramiento de la Unión Soviética. La incapacidad de las élites políticas e intelectuales para soñar, imaginar y proyectar el futuro y los modelos de sociedad alternativos se relaciona con la crisis del liberalismo como ideología consustancial a la génesis y expansión del capitalismo en tanto modo de producción y proceso civilizatorio. Las promesas incumplidas de la ideología liberal y de su programa político enarbolado por el Estado moderno ampliaron el desencanto en torno a las contradicciones del capitalismo, al tiempo que sentaron los cimientos para el destierro del pensamiento utópico (https://bit.ly/30kbnsV). 1968 fue el punto de quiebre y 1989 fue el inicio de la profundización de esta crisis de sentido a escala planetaria. En tanto que 2020 –con la crisis epidemiológica global–, es el año en que se acelera un drástico cambio de ciclo histórico (https://bit.ly/2Nqyc6X) que reconfigura a los Estados, la forma de organizar el capitalismo, las relaciones económicas y políticas internacionales, e incluso el ejercicio de la intimidad y las maneras de canalizar las emociones ante el miedo. 

El telón de fondo de este colapso civilizatorio es la desigualdad extrema global que le da forma a una sociedad paradojal donde el maremágnum de innovaciones tecnológicas y el vértigo de la abundancia conviven con la pobreza y la exclusión social. De ahí que la pandemia sea una fábrica global y masiva de náufragos que amalgama múltiples flagelos sociales (https://bit.ly/39U4CkG), segrega marginados y profundiza el avasallamiento sobre la clase trabajadora. 

Mismos expertos de entidades como la Organización de las Naciones Unidas (ONU) auguran que lo peor de la crisis pandémica contemporánea está por llegar para los más pobres entre los pobres y para los analfabetos digitales; especialmente por las insuficiencias y deficiencias de las redes de seguridad social que no evitarán la suma de un contingente masivo de 176 millones de nuevos pobres (https://bit.ly/3hQoF62). Entonces, lo que se entreteje con ello y como una manifestación del colapso civilizatorio es la inoperancia y postración del Estado (https://bit.ly/2BZBegv) que –en medio de su crisis de legitimidad (https://bit.ly/3dOo9oJ)– torna inviables y rebasadas sus decisiones, medidas de política pública e intervenciones –especialmente de aquellas regidas por el imperativo de la austeridad fiscal y la utopía del mercado autorregulado. 

Una manifestación más del colapso civilizatorio relacionado con la pandemia lo representa la lapidación de la palabra. Sometida a la tergiversación semántica, la palabra y las significaciones y valores –sean modernos o los propios de la(s) alteridad(es)– que entraña fueron diezmados por la vorágine de la construcción mediática del coronavirus (https://bit.ly/2VOOQSu) y la desinfodemia (https://bit.ly/3exTeN6) que acompaña al apocalipsis mediático (https://bit.ly/31emwwl) en el encauzamiento del miedo y de las emociones ante un patógeno que es asumido como un “enemigo común”. Si la palabra sustentada en la razón fue uno de los principales cimientos del movimiento de la llamada modernidad europea, con la pandemia fue dinamitada en su potencial para construir significaciones, sentido ante la realidad, y explicaciones razonadas en torno a las grandes preguntas y problemas sociales. En este escenario, la palabra vaciada de sentido es usada para la normalización de la crisis y de las catástrofes que le son consustanciales. Particularmente, con la tergiversación semántica se perfiló una falsa disyuntiva, a saber: la salud o la economía. Supeditando acríticamente todo lo demás a esa dicotomía y perfilando con ello una nueva modalidad de instituciones públicas: el estado sanitizante o higienista, dotado de importantes componentes hobbesianos mediante los cuales el ciudadano o súbdito pretende protegerse de los peligros y acechanzas que le impone el entorno.      

Otro rasgo del actual colapso civilizatorio acelerado con la pandemia es la magnificación de la centralización y concentración del conocimiento científico, tecnológico y sanitario. Movidas por el afán de lucro y ganancia, las grandes corporaciones del big pharma entronizaron la idea de que la solución ante la presente crisis epidemiológica global lo es única y exclusivamente la vacuna. En torno a su invención y patentes se despliegan disputas comerciales, interempresariales y geopolíticas que evidencian el hecho de que la ciencia no está al servicio de los pueblos, sino que dichas disputas son parte consustancial de la configuración y expansión de las estructuras de poder, riqueza y dominación. 

El potencial dispositivo antiviral no está exento de las jerarquías, asimetrías y correlación de fuerzas de las sociedades contemporáneas. Así como tampoco lo están las decisiones bioéticas en torno a quiénes salvar cuando se carece de respiradores artificiales. El mismo triage social jerarquiza, disciplina y discrimina a través de algoritmos computarizados quién vive y quién muere en el marco de la pandemia, quién goza y quién no de los servicios médicos indispensables para enfrentarla, quién ocupa o quién no una cama de hospital ante la saturación y colapso de los servicios sanitarios. La necesidad de atemperar la incertidumbre se engarza con los dispositivos de poder y control y con la ideología médica alejada de toda consideración bioética. Entonces, si el Estado es incapaz de tomar decisiones y de movilizar recursos para garantizar la preservación de la vida de los súbditos, se abre la brecha en torno a los valores civilizatorios que le dieron forma en Europa desde los siglos XVI y XVII. De ahí que este colapso civilizatorio redunda en una crisis institucional que evidencia el agotamiento de la política como praxis adecuada para solucionar los problemas sociales (https://bit.ly/2OdSmBL). La privatización de facto de los sistemas sanitarios y la insuficiencia de inversiones públicas para brindar servicios oportunos y de calidad son el botón de muestra de esa incapacidad de los Estados y de la escasez inducida provocada por la austeridad fiscal de las últimas décadas. 

La entronización de la sociedad de los prescindibles y de la cultura del descarte se abre paso con la pandemia y sus mecanismos de clasificación y segregación de los marginados. Al tiempo que evidencia que los muertos de la pandemia son muertos drenados por la misma desigualdad del capitalismo y forman parte de una economía institucionalizada de la muerte que se fundamenta en el entumecimiento psicológico (https://bbc.in/30o64rn), el olvido y la desmemoria. 

La misma crisis epistemológica evidenciada ante la pandemia por las mismas ciencias y las humanidades permite entrever el colapso civilizatorio a partir del agotamiento de los grandes relatos y de los discursos que brindaron explicaciones e interpretaciones acordes con la necesidad de construir certezas en sociedades regidas por el pensamiento y los valores modernos. Es una crisis de las significaciones que nos coloca como sociedad en el umbral de la orfandad intelectual.                    

De ahí que la pandemia nos impone la urgencia de pensar en tiempo real. Urgencia planteada como un desafío para cualquier modalidad de reflexión y ejercicio del razonamiento en las sociedades humanas; más lo es para las ciencias sociales y el despliegue del oficio de la investigación. La pandemia, en tanto hecho social total, impone ese desafío a los convencionalismos, metodologías y prácticas cotidianas de la academia universitaria. En tanto manifestación acabada de una crisis sistémica y ecosocietal, la pandemia no solo rompe con la ficción de un mundo preñado de certezas, sino que nos conduce por los vericuetos de un colapso civilizatorio que lo mismo conjuga una crisis de sentido con el fin de las certidumbres y con la confusión epocal suscitada por el maremágnum de acontecimientos que se aceleran con la crisis epidemiológica global y que se entrelazan con las decisiones estratégicas y los intereses creados que le dan forma a las transformaciones del capitalismo contemporáneo. El desafío de pensar en tiempo real, en el marco del uso público de la razón desplegado desde la academia y otros ámbitos de construcción del pensamiento, supone engarzar la reflexión sistemática con el proceso de toma de decisiones en las distintas escalas territoriales –desde lo local/regional hasta lo global–; ello no solo es un imperativo para comprender a cabalidad el carácter multidimensional y los rasgos de sistema complejo que adopta la pandemia y el mismo confinamiento global. Comprender, explicar e interpretar las manifestaciones y alcances múltiples de la pandemia amerita de la convergencia de variadas miradas que desentrañen su esencia, contradicciones y senderos. De ahí la urgencia de pensar en tiempo real y de desplegar el ejercicio de la investigación interdisciplinaria que reivindique al conocimiento como una construcción social y como una praxis íntimamente relacionada con la creación de escenarios, las decisiones públicas y los procesos de planeación expuestos –cada vez más– a la intensificación de los procesos de globalización. Este ejercicio es más apremiante aún de cara a una especie de destierro autoimpuesto de la academia. 

De cara al colapso civilizatorio acelerado con la crisis sistémica y ecosocietal entrañada en la pandemia, las posibilidades que abre el ejercicio del pensamiento crítico se engarzan con la magnitud de los problemas sociales y el cambio de ciclo histórico que se perfila. En ello es crucial la construcción de nuevas significaciones para atemperar los efectos del consenso pandémico. Es, en efecto, un tema sanitario, pero también es un tema semántico y propio de la economía política que atraviesa los alcances y limitaciones de los valores que le dieron forma al proceso civilizatorio de los últimos 200 años. De ahí la importancia de la disputa por la palabra razonada e informada en aras de atemperar el miedo y los dispositivos de control de la intimidad, el cuerpo y la mente de los ciudadanos. Sin una mínima cultura política las sociedades contemporáneas están imposibilitadas para enfrentar y remontar las ausencias y postración del Estado, así como las fisuras del proyecto civilizatorio condensado en la modernidad europea y su crisis terminal. 

* Isaac Enríquez Pérez, Investigador, escritor y autor del libro La gran reclusión y los vericuetos sociohistóricos del coronavirus. Miedo, dispositivos de poder, tergiversación semántica y escenarios prospectivos.