lunes, 12 de abril de 2021

Una vez más en suspenso el juicio contra David Castillo


Radio Progreso

La defensa técnica de David Castillo presentó ante la Corte de Apelaciones de la Corte Suprema de Justicia (CSJ), una recusación contra el Tribunal que lleva el juicio en la causa Berta Cáceres.

De acuerdo a los apoderados legales de la familia de Berta Cáceres, esta acción de la defensa de Castillo pretende por cuarta ocasión emplazar al Tribunal para dilatar el proceso.

“La recusación es una de las incidencias que puede tener lugar en el proceso, y específicamente en este momento del juicio, entonces la defensa la presentó haciendo un alegato forzado mostrando enemistad manifiesta con el Tribunal y ese elemento dice que lo infieren del trato que han recibido del Tribunal”, valoró el abogado de la familia Cáceres, Víctor Fernández.

Fernández consideró que las maniobras de la defensa buscan dilatar el proceso para que su representado se defienda en libertad, y también para buscar avenidas que permitan de forma técnica librar a Castillo de la justicia.

A lo interno de la sala de juicio, el Ministerio Público estuvo en desacuerdo a que se le diera trámite a la recusación presentada por los apoderados de Castillo. “Nosotros no estamos en desacuerdo porque si la defensa adquiere elementos que anulen el juicio, no podemos comprometer la causa”, explicó Fernández.

La recusación está en manos de la Corte de Apelaciones y de acuerdo a Ley debe ser resuelta entre 3 y 5 días hábiles, mientras no haya una decisión de la Corte, el juicio estará en suspenso, Lucia Villars, vocera del Poder Judicial, manifestó que el recurso será abordado en los tiempos y formas que la Ley establece.

Nuevos medios de prueba

La parte acusadora privada representada por Fernández expuso ante el Tribunal un nuevo medio de prueba que demuestra el vínculo entre David Castillo y la familia Atala Zablah.

“Se han presentado estas pruebas que demuestran el vínculo comercial y sicarial entre Castillo y la familia Atala”, expresó Berta Zúniga Cáceres, hija de Berta Cáceres, en una comparecencia de prensa ante medios de comunicación en las inmediaciones de la Corte Suprema de Justicia.

De acuerdo a la familia Cáceres, David Castillo quien en el pasado fue funcionario de la ENEE y militar, tiene vínculos con los Atala en operaciones comerciales y también en acciones que violaron la Ley.

En la apertura del juicio, los acusadores privados presentaron documentos que evidencian una transacción financiera de parte de Daniel Atala Midence al señor David Castillo y Douglas Bustillo, dinero que habría servido para financiar el asesinato de Berta Cáceres, el pasado 1 de marzo de 2016.

“Esta sería una prueba clara de la conexión entre los autores materiales e intelectuales del asesinato de mi madre”, sostuvo Berta Zúniga.

Zúniga lamentó que la justicia hondureña está maniobrando para proteger a los autores intelectuales del crimen de Cáceres, por lo que recalcó que seguirán presionando ante las instancias nacionales e internacionales para que se castigue a los responsables.

El abogado Fernández dijo que esperan que el juicio se retome para presentar todos los medios de prueba, que incriminan a David Castillo como autor material y a la familia Atala Zablah como responsables intelectuales del asesinato de Cáceres.


Hacia un gobierno de transición


Defensores en Línea

En la tradición cristiana, han terminado ya los sufrimientos del Nazareno y se viene muy pronto la pascua de la resurrección. El tiempo de celebrar la victoria del volver a nacer, la alegría del resurgir después de la muerte.

Paradójicamente, todos estos días santos han estado marcados por historias violentas narradas desde la Corte de Nueva York donde son juzgados los miembros de la cúpula cristiana del gobierno narco de Honduras.

logos cogadeh y rel uitaPero esos evangelistas no son como Jesucristo, que aceptó el suplicio y pidió perdón por las estupideces de la humanidad entera.

Esos cristianos fabricados por el CCI, la Confraternidad Evangélica y algunos por la Conferencia de Obispos de Honduras, ni saben qué es el perdón ni entienden el arrepentimiento para ser sanados en gracia.

Los cristianos narcos que están siendo juzgados en Nueva York son el mero diablo, que nunca tuvo siquiera una multa en el sistema judicial hondureño mientras perseguían, torturaban, desaparecían y asesinaban seres humanos.

Los narcos cristianos son maestros de la simulación al punto que millares de personas analfabetas del alma son sus defensores y se arrojarían al fuego para salvarlos.

Este es, sin duda, uno de los factores del conservatismo crónico que retrasa los cambios en Honduras. La sociedad fue tomada por este tipo de lacras que aprovechan el analfabetismo y el miedo mágico de la gente, para matar al mismo tiempo que bendicen.

Pero el Fiscal Michael Lockard y el Juez Castel no celebran “semana santa”, a dobles turnos expusieron evidencias de los pactos macabros entre los criminales de Sudamérica, Guatemala y México, para entrar miles de toneladas de drogas a Estados Unidos usando toda la infraestructura del Estado de Honduras.

El martes santo crucificaron merecidamente ese cristianismo farsante que se apoderó de Honduras y dictaron condena de por vida al narcotraficante y terrorista Tonny Hernández, que puso en peligro la seguridad interior de Estados Unidos y avergonzó las instituciones nacionales. Lo sentencian, además, a 30 años adicionales y a pagar con sus bienes 138.5 millones de dólares al tesoro estadounidense.

Esto ocurrió en Nueva York, porque en Honduras era impensable que sucediera. Estaban protegidos por el grupo Hermes de la televisión y los periódicos, por Evelio Reyes de Gracias, el jurídico de Lepaera, los militares narcos, las policías traficantes y ese triste fiscal general de Santa Rosa que no tiene un pelo de dignidad.

En realidad, el país ha sido testigo de esta condena contra la estructura de Juan Orlando Hernández, el presidente impostor, el cerebro de la gran conspiración golpista hasta nuestros días. El Noriega del Río Grande, la versión indómita del Chapo de Candelaria o como él mismo prefirió llamarse en Twitter: el coyote líder de la manada.

A estas alturas del calendario, 12 años después del golpe de Estado de 2009, no queda ninguna duda que ese modelo criminal adoptado a partir de aquel evento de octubre 28, permanece engarrapatado a las enmohecidas instituciones públicas.

Sin embargo, al haber sido definida Honduras claramente como un Estado-Narco en la Corte Sur de Nueva York, todas las torturas, las desapariciones forzadas y asesinatos cometidos por la estructura criminal de Tonny y su hermano Juan Orlando, califican como crímenes imprescriptibles. Crímenes de Estado. Violaciones de lesa humanidad, que podemos perseguir penalmente en cualquier tiempo.

Este es un gran desafío adicional de la sociedad hondureña una vez que el cartel de los Hernández ha comenzado a tumbarse a los pies de sus amos de Washington y Nueva York: Reconstruir el tejido social y político. Unir y reconciliar. Juzgar y recomenzar. Sin olvido ni perdón.

Pero esta tarea, esencialmente política, no podemos hacerla con los personajes que se auto eligieron en el recién pasado proceso interno de tres partidos políticos. Lamentablemente tenemos que decirlo: No podemos con ellos. Las opciones son parte del problema y si vamos con ellas, nos condenamos a continuar igual o peor. Por tanto, la salida que propone la Convergencia contra el Continuismo es, de momento, la mejor propuesta sobre la mesa.

Después de haber celebrado la primera sentencia aplastante contra los Hernández, el pueblo aún está bañándose en los mares y en los ríos que aún quedan en nuestros dos litorales, y una parte de él regresará el lunes asoleado preguntando ¿qué sigue, de qué nos hemos perdido, es que el virus seguirá avanzando hasta reventar de nuevo los hospitales?

Entonces, tendremos otra vez que volver a explicar: Ricardo Zúniga avanza con su fuerza de tarea, Norma Torres tira a matar al triángulo Norte de Centroamérica, el senador Engels afina la lista corrupta, Biden rompería relaciones diplomáticas con la dictadura, el Consejo Electoral prepara la declaratoria, el fiscal Lockard prepara juicio a joh, Asfura daría un paso al lado para inmunizar al extraditable, y el padre Melo insiste en que integremos un gobierno de transición a la brevedad posible.

Ahí está. Esta es la Honduras del presente. En cinco meses cumplimos 200 años de haber terminado 500 años de colonización europea y haber empezado otro gólgota con México, Estados Unidos y Canadá. Es la colonización extractiva que destruye las reservas naturales de la región, que impone el narco y las ciudades modelo, que expulsa masivamente la población y multiplica la desigualdad y la pobreza. Y reprime.

Por esto, en esta víspera de la Pascua cristiana, decimos que la suerte está echada. Que cada una de nosotras, todos, hagamos lo que tenemos que hacer para subir a la cruz a los verdaderos traidores de este pueblo.


La Policía reprime a pobladores del Valle de Sula que reclaman reparación de bordos y dragados de ríos


Radio Progreso

Policía Nacional lazó gas lacrimógeno contra los manifestantes en las cercanías del puente La Democracia en El Progreso, Yoro.

Este día (martes 06/04/2021), pobladores y pobladoras de las comunidades ubicadas a las orillas de los ríos Ulúa y Chamelecón en el Valle de Sula, se auto convocaron a plantones y movilización en demanda de la reparación de los bordos de contención y dragado de los afluentes.

La acción de protesta se desarrolla en Baracoa, Cortés con toma de un carril del boulevard que comunica San Pedro Sula y Puerto Cortés. Y en El Progreso, Yoro se manifestaron con un plantón en la plaza El Obrero y luego se movilizaron a la alcaldía municipal.

La Policía Nacional reprimió con gas lacrimógeno y piedras a los pobladores que se aprestaban a realizar una toma de carretera a la atura del puente La Democracia.

Un poblador muestra los golpes propinados por la Policía que lanzó las bombas de gas al cuerpo de los manifestantes.

“Exigimos la reparación y construcción inmediata de los bordos del río Guaymón, río Ulúa, Chamelecón y sus canales de alivio, y demandamos comenzar la gestión para el dragado de los tres ríos”, señala un comunicado emitido por los manifestantes.

También demandan que se asignen más presupuesto para la reaparición y construcción de los bordos ya que la Comisión para el Control de las Inundaciones en el Valle de Sula ha manifestado que no cuentan con los fondos necesarios para reparar los bordos del Valle de Sula.

En Baracoa, Cortés, pobladores se tomaron un carril del boulevard que comunica San Pedro Sula y Puerto Cortés.

Por su parte, las autoridades de la municipalidad de La Lima, Cortés, informaron, en sus redes sociales, que desde ayer lunes comenzaron los trabajados de dragado del canal maya y la reparación de sus bordos.

Detallaron que el trabajo se realiza con fondos del gobierno central ejecutado por la Comisión para el Control de las Inundaciones en el Valle de Sula, CCIVS.


Asesinato Berta Cáceres: Comenzó el juicio contra David Castillo


LINyM

Por Giorgio Trucchi 

El 6 de abril comenzó en Honduras el juicio oral y público contra David Castillo, acusado de ser coautor del asesinato de la luchadora social Berta Cáceres.

«Después de cinco años de estar en esta batalla llega un momento determinante en el proceso de búsqueda de verdad y justicia», dijo en conferencia de prensa Bertha Zúniga Cáceres, hija de la lideresa indígena y actual coordinadora del Consejo cívico de organizaciones populares e indígenas de Honduras (Copinh).

David Castillo fue presidente de la empresa Desarrollos Energéticos SA (DESA), titular del proyecto hidroeléctrico Agua Zarca contra el cual Berta Cáceres y el Copinh lucharon durante años, y ex oficial de la inteligencia militar hondureña, graduado de la academia militar estadounidense de West Point.

«Castillo es un coautor del asesinato y es una pieza clave que conecta con los autores intelectuales, es decir con actores económicos muy influyentes en nuestro país y que gozan de absoluta impunidad.

Juntos generaron un patrón de persecución permanente contra el Copinh y contra Berta, no sólo en cuanto luchadora social y lideresa de este proceso de resistencia territorial, sino también en cuanto mujer.

Es imposible entender el asesinato de Berta Cáceres -continuó Zúniga- sin entender el contexto de ataques sistemáticos que le antecedió y que también son parte integrante del crimen.  

Toda esta impunidad se convierte en una deuda más del Estado de Honduras con la justicia» (vea aquí todo sobre la Causa Berta Cáceres)

En diciembre de 2019, los autores materiales del crimen fueron sentenciados a entre 30 y 50 años de cárcel, entre ellos exdirigentes y miembros de la seguridad de Desa, exmilitares y militares activos.

En más de una ocasión, tanto la familia de Berta Cáceres como el Copinh han señalado el vínculo que existiría entre la estructura criminal que ejecutó el asesinato y la poderosa familia Atala Zablah.

Hasta el momento, el Estado de Honduras no ha mostrado la voluntad política de involucrarlos en los juicios, aunque al finalizar la audiencia de proposición de pruebas contra Castillo, el tribunal decidió admitir a Daniel Atala Midence, exgerente financiero de Desa, en calidad de testigo calificado.

«Este proceso va a ser un desafío. Vamos a necesitar de todo el apoyo y la solidaridad de las personas y organizaciones que nos han acompañado en todos estos años y que han sido parte de esta lucha.

Asimismo, es importante entender que con esta nueva etapa (el juicio contra David Castillo) no se cierra el proceso de búsqueda de verdad y justicia. ¡Faltan los autores intelectuales!», sentenció Bertha Zúniga Cáceres.   


La Comuna de París, 150 años en la memoria revolucionaria

Conversación Sobre Historia

Por Edgar Straehle *

Demolición de la columna de place Vendôme, foto de Bruno Braquehais.

Ninguna derrota es enteramente una derrota, pues el mundo que abre es siempre un sitio hasta entonces insospechado. 

William Carlos Williams (1883-1963)

El 28 de mayo de 1871 la Comuna de París fue definitivamente aplastada y reprimida con una violencia inédita. La sangría, descrita con detalle por John Merriman en su libro Masacre (2014), fue espantosa y, aunque sea imposible saber la cifra exacta, se saldó según este historiador con al menos 17.000 muertos, aunque también se aventura a decir que podrían ser el doble. La Comuna desapareció, pero con su final, y pese a sus solo 72 días de existencia, pasó a la historia, a la memoria y al mito. Una vez vencida, ya no era solo un hecho del pasado, sino también uno del futuro o, si se quiere decir con Marx, incluso de la eternidad. Cuatro décadas más tarde Lenin aún apuntará que “la causa de la Comuna es la causa de la revolución social, es la causa de la completa emancipación política y económica de los trabajadores, es la causa del proletariado mundial. Y en este sentido es inmortal”.

Maximilien Luce, Una calle en París en mayo de 1871, Musée d’Orsay (foto: Wikimedia Commons)

Hay que tener en cuenta que en esas diez semanas ocurrieron muchas cosas que encaminaron París hacia el desarrollo de una república democrática y social que conscientemente rompía radicalmente con la situación precedente. Como se puso de relieve en la Declaración al pueblo francés del 20 de abril de 1871,

La Revolución Comunal, iniciada por la iniciativa popular del 18 de marzo, inaugura una nueva era de política experimental, positiva y científica. Es el fin del viejo mundo gubernamental y clerical, del militarismo, del funcionarismo, de la explotación, de la especulación, de los monopolios, de los privilegios, a los que el proletariado debe su servidumbre y la Patria sus desgracias y desastres.

Por supuesto, el continente europeo no permaneció indiferente a lo sucedido y en seguida se captó la importancia de una revolución que se consideró como la primera verdaderamente proletaria. Las reacciones adversas fueron terribles y no escatimaron adjetivos a la hora de censurar un episodio que les había hecho estremecer. La fiebre anticommunard se manifestó por doquier y no solo a nivel político. Por ejemplo, también lo hizo a nivel literario, algo que retrató Paul Lidsky en su clásico Los escritores contra la Comuna (1970). Entre otros, Edmond de Goncourt no se contentó únicamente con condenar a los communards, también celebró en su diario la salvaje represión con palabras como estas:

Está bien. No ha habido ni conciliación, ni transacción. La solución ha sido brutal. Ha sido fuerza pura. La solución ha apartado los espíritus de los compromisos cobardes. La solución ha devuelto la confianza al ejército, el cual ha aprendido en la sangre de los communeux que todavía era capaz de combatir. En fin, la sangría ha sido absoluta: y las sangrías como ésta, al matar la parte batalladora de una población, aplazan por el término de una conscripción la revolución siguiente. Son veinte años de descanso lo que la antigua sociedad tiene por delante, si el poder se atreve a todo lo que puede atreverse en este momento.

La inquietud generada por la Comuna se manifestó en hechos como la iniciativa del Imperio Austro-Húngaro de formar una contra-internacional capitalista finalmente de poco éxito. Como ha recordado David Harvey, la entonces controvertida construcción de la famosa Basílica del Sacré-Coeur de Montmartre, que se comenzó a edificar en 1875 y se erigió en el mismo lugar de los hechos del 18 de marzo, fue no solo relacionada como la derrota de Francia contra Prusia sino también con los hechos de la Comuna, cuyo recuerdo debía expiar. Por su parte, Adolphe Thiers, el presidente de la república francesa y principal responsable de la represión, llegó a señalar que, de manera retroactiva, era necesario considerar como un nuevo delito que se añade a todos los que la legislación penal tiene como objetivo reprimir, esta participación en una sociedad cuya existencia misma es un delito, ya que su objetivo es asociar a los malhechores (malfaiteurs) extranjeros a los esfuerzos de los malhechores franceses, ya que sus miembros no tienen ninguna nacionalidad.

Hay que tener en cuenta que el episodio de la Comuna produjo la difusión de todo tipo de teorías de la conspiración que pretendían explicar el estallido de ese repentino e imprevisto acontecimiento. Eso condujo tanto a la popularización (y proscripción) de la Primera Internacional, descrita en seguida como la gran urdidora de lo acaecido, como también a la del mismo Marx, considerado como el más importante instigador de la revolución y tachado de “gran jefe de la Internacional” por la prensa hostil. Marx le explicó entonces a Ludwig Kugelmann que su escrito sobre el tema La guerra civil en Francia “está teniendo una resonancia demencial y tengo el honor de ser en este momento el hombre más calumniado y más amenazado de Londres”.

La amnistía no llegaría hasta 1880, una vez que la Tercera República Francesa se hubo consolidado y en las mismas fechas en que recuperó la Marsellesa como himno oficial (1879) o en que instituyó el 14 de julio como día nacional (1880). En verdad, el recuerdo del lejano 1789, una vez domesticado y atemperado, debía servir para enfrentarse tanto a las tentativas de restauración monárquica de la época como al cercano y perturbador recuerdo de la Comuna.

Desde el otro lado político, y con la salvedad de excepciones entonces llamativas y criticadas como la de Mazzini, la Comuna fue ampliamente admirada y ensalzada desde los movimientos revolucionarios, a lo que también ayudó la crudelísima represión que convirtió en mártires a los communards asesinados. Para el mismo Marx se trataba de “un nuevo punto de partida cuya importancia histórica es universal” y, al final de La guerra civil en Francia, añadió que “el París de los obreros, con su Comuna, será eternamente ensalzado como heraldo glorioso de una nueva sociedad. Sus mártires tienen su santuario en el gran corazón de la clase obrera”.

Desde el movimiento anarquista no faltaron los elogios. Bakunin no se olvidó de la represión y señaló que “París, inundado en la sangre de sus hijos más generosos, es la humanidad crucificada por la reacción internacional coligada de Europa” al mismo tiempo que enfatizaba que esta ciudad, con su ejemplo revolucionario, había inaugurado una nueva era, “la de la emancipación definitiva y completa de las masas populares”. Arthur Arnould añadió que a partir de ahora habría dos grandes fechas en la historia de la liberación humana, 1789 (que definía como la revolución política acaparada por la burguesía) y el 18 de marzo de 1871 (la revolución social y popular). Por su parte, Kropotkin apuntó que “bajo el nombre de Comuna de París, nació una idea nueva, llamada a ser el punto de partida de las revoluciones futuras” y añadió que “entusiasma, no por lo que ha hecho, sino por lo que promete hacer el día que triunfe”. En esta misma línea, Elisée Reclus destacó que:

la Comuna (…) ha establecido para el futuro, no por sus gobernantes sino por sus defensores, un ideal bien superior al de todas las revoluciones que la habían precedido (…). Por todos lados la palabra «Comuna» ha sido comprendida en el sentido más amplio como en referencia a una humanidad nueva, formada por compañeros libres e iguales, ignorando la existencia de antiguas fronteras y ayudándose de manera mutua y en paz de un extremo al otro del mundo.                

La Comuna parecía inaugurar una nueva era llena de esperanza en la que ella misma devino el casi ineludible referente a la hora de enfocar o repensar la revolución. No debe extrañar que tanto comunistas como anarquistas quisieran apropiarse de su legado y de adoptarla como una materialización de sus propias ideas. Eso explica que Engels pudiera ver en ella una muestra de la dictadura del proletariado, mientras que Bakunin, pese a admitir que la mayoría de sus miembros eran jacobinos, describiera su desarrollo como una “audaz negativa del Estado”.

La memoria de la Comuna fue cultivada sin cesar, y no solo en Francia sino a nivel internacional. A ello ayudó que la represión y persecución de los communards desembocase en un numeroso exilio que diseminó sus ideas y sus recuerdos por cuantiosos países. Proliferaron los textos de testimonios de la Comuna, entre los cuales destacó La historia de la Comuna (1876) de Prosper-Olivier Lissagaray, convertida en seguida en la obra de referencia para comprender lo sucedido, pero también los de otros participantes como Gustave Lefrançais, Gaston Da Costa, André Leo, Benoît Malon, Jules Vallès o Louise Michel, una de las heroínas de la Comuna. Por cierto, en España se publicaron en seguida los dos volúmenes de La historia de los comuneros (1871 y 1872) de Ramón de Cala, en cuyo texto subrayó que esta revolución había estado protagonizada no por grandes líderes individuales sino por ese “gigante anónimo que se llama pueblo”. Además, el libro contenía un prólogo de Pi y Margall, quien ensalzó la Comuna por superar el legado jacobino y encaminarse hacia una vía federal.

La memoria de la Comuna se cultivó asimismo en otros campos como el musical, donde Le temps des cerises, compuesta en realidad poco antes de los hechos de 1871, se convirtió en una especie de himno communard. Su autor, Jean Baptiste Clément participó activamente en el acontecimiento y también legó otras obras como La semaine sanglante, que seguía la partitura de Le chant des paysans de Pierre Dupont. Además, no hay que olvidar que la letra del famoso himno La Internacional fue escrita en 1871 por Eugène Pottier, otro participante en los hechos de la Comuna.

Sin embargo, a la hora de la verdad no todo fueron elogios. En definitiva, la Comuna había terminado en fracaso y había que preguntarse el porqué. El mismo Marx había deslizado algunas críticas, pues reprochó a los communards que no marchasen directamente hacia Versalles, que no tomaran el Banco de Francia (algo también criticado por Engels o Lissagaray) y que el Comité Central dejara demasiado rápido el poder para instaurar la Comuna. Por su parte, y pese a valorar los heroicos y honestos esfuerzos por superarlo, Bakunin lamentó la pertinaz pervivencia del imaginario jacobino entre los communards. Kropotkin añadió como críticas que la revolución no lograra extenderse entre los campesinos, que no rompiese verdaderamente con la estructura estatal y que no osase emprender la auténtica revolución social.

Al mismo tiempo que un episodio de referencia, la memoria de la Comuna se convirtió en un espacio de debate y de litigio intelectual, al que ampliamente se refirieron los principales activistas y pensadores revolucionarios del último tercio del siglo XIX y de inicios del XX, sobre todo hasta el estallido de la Revolución Rusa. No solo Marx, Engels, Bakunin o Kropotkin se detuvieron a reflexionar sobre y desde la Comuna, también lo hicieron otros como Lenin, Trotsky, Kautsky o Mehring. Este último advirtió que “la historia de la Comuna de París se ha convertido en la piedra de toque sobre la táctica y la estrategia que la clase trabajadora revolucionaria ha de emplear para alcanzar la victoria definitiva”.

En este contexto podemos entender el gran rol de la memoria de la Comuna en el transcurso de la Revolución Rusa, ilustrado por una famosa anécdota histórica. Según se cuenta, después de que la revolución hubiera durado más de 72 días, Lenin se habría puesto a bailar en pleno diciembre y en medio de la nieve frente al Palacio de Invierno para celebrar que “su” revolución había superado la vida de la Comuna. Con ello se festejaba que la Revolución Rusa había desplazado a su referente y se había convertido en el nuevo modelo a seguir en la tradición revolucionaria.

Además, Günter Grützner ha señalado que en aquel contexto se produjo una suerte de culto de una Comuna también muy presente a nivel cotidiano: en la toponimia urbana, en el paisaje monumental, en el calendario (con el 18 de marzo como festivo), en el vocabulario del día a día (según Richard Stites, y frente a otras de raíz rusa como obschina, la misma palabra kommuna también comenzó a popularizarse por entonces en Rusia e incluso en el nombre de diarios como el Severnaia Kommuna (la Comuna del Norte), el más importante de Petrogrado. Y eso por no mencionar las alusiones más indirectas, como la Internacional (himno oficial de la Unión Soviética de 1922 a 1944) o la bandera roja. En 1929 Grigori Kozintsev y Leonid Trauberg dirigieron La nueva Babilonia, importante largometraje que narraba los hechos de la Comuna y que fue parcialmente censurada por Stalin. Unos años antes la primera mitad del famoso espectáculo Hacia la Comuna Mundial se había dedicado a los hechos de 1871.  

Esta influencia también se percibió ampliamente en los escritos compuestos antes y durante la Revolución Rusa, y de nuevo en figuras tan relevantes como Trotsky, Zinoviev, Preobrazhenski o, en especial, un Lenin que no paró de reflexionar desde su recuerdo, el cual venía en buena parte mediado por La guerra civil de Francia de Marx. Como hemos analizado con detalle en este texto, es muy interesante observar cómo la valoración de la Comuna sufrió variaciones conforme cambiaban los acontecimientos de la Revolución. Si bien siempre mantuvo su consideración de acontecimiento memorable y ejemplar, uno reiteradamente utilizado por Lenin en textos como El Estado y la revolución (1918) para justificar sus posiciones políticas, más tarde se redujeron sus menciones o, como fue particularmente notorio en Trotsky, incluso se prefirió airear sus defectos. Una buena muestra es este fragmento de Terrorismo y revolución (1920).

Nosotros veneramos el recuerdo de la Comuna a pesar de su experiencia demasiado limitada, de la falta de preparación de sus militantes, de la confusión de su programa, de la ausencia de unidad entre sus directores, de la indecisión de sus proyectos, de la excesiva turbación en las ejecuciones y del espantoso desastre que resultó de ella. Saludamos en la Comuna —según una expresión de Lavrov— a la aurora, aunque pálida, de la primera república proletaria.    

Por el camino habían ocurrido episodios relevantes como la disputa entre Lenin y Kautsky, a quien Trotsky respondió más tarde con el citado Terrorismo y revolución. Antes, el considerado como líder intelectual de la Segunda Internacional había criticado el desarrollo de la Revolución Rusa en su libro La dictadura del proletariado, y lo había hecho mientras apelaba a la memoria de la Comuna como ejemplo de una revolución mejor. Lenin respondió furibundamente con otro libro, La revolución proletaria y el renegado Kautsky, pero cada vez se matizará más la memoria de la Comuna, de la que se recordará que había fracasado por culpa de su excesivo moralismo o por no haber formado un partido organizado, centralizado y disciplinado que hubiera sabido tomar la iniciativa en los momentos decisivos.

Por otro lado, más tarde estalló la rebelión de Kronstadt, la cual se fundó como una comuna revolucionaria que en reiteradas ocasiones apeló al recuerdo de 1871 y que en su momento fue saludada por sus partidarios incluso como la Segunda Comuna de París. Además, la insurrección fue aplastada por Trotsky, y lo hizo en marzo de 1921, coincidiendo así con el 50 aniversario de la proclamación de la Comuna parisina. Eso favoreció que los paralelismos entre ambos episodios abundaran y que el nombre de Trotsky fuera colocado al lado del de Thiers, el famoso represor de los communards.

Todo ello evidenció que la memoria de la Comuna podía ser peligrosa para la nueva revolución, pues podía proporcionar un ejemplo alternativo de cómo llevarla a cabo. Si antes de 1917 el recuerdo de 1871 podía ser empleado como un referente desde el que inspirar y espolear el movimiento revolucionario, más adelante podía servir para hacerlo con los contrarios a la revolución, en especial en círculos como los anarquistas. Además, tras el triunfo de la Revolución Rusa también es lógico que esta prefiriera legitimarse en la propia historia de la revolución, con lo que la Comuna pasó, por así decir, a formar parte no tanto de su historia como de su prehistoria. Trotsky lo expresó con claridad en La literatura y la revolución, donde escribió que Octubre “ha entrado en la Historia del pueblo ruso como suceso decisivo, imprimiendo valor y sentido a todos sus elementos. El pasado palideció, se hundió y desapareció”. En otro momento afirmó que el 7 de noviembre de 1917 será la fecha del inicio de la nueva historia de la humanidad.

También es interesante observar cómo a lo largo de la revolución se quiso explicitar en numerosas ocasiones que la Revolución Rusa había aprendido la lección de los errores de su valioso, pero de todos modos imperfecto, precedente. Por ejemplo, el gobierno bolchevique elaboró el documento Cómo tomamos control del banco estatal, publicado el 6 de noviembre de 1918 en el diario Ekonomicheskaia Zhizn, donde se comenzaba señalando que “se le reprocha generalmente a la Comuna no haber tomado posesión del Banco Nacional de Francia. El gobierno soviético no repitió este error”. Lo que con este tipo de gestos se hacía era recuperar las críticas de Marx y Lenin al episodio de 1871 y legitimar desde ahí la actuación de la propia revolución.

Así pues, el nuevo referente de la memoria revolucionaria pasó a ser la fecha de 1917, en especial a partir de la organización de la Tercera Internacional, y el recuerdo de la Comuna se desplazó a un lugar más secundario, si bien todavía fue reivindicado (de hecho, uno de los batallones de las Brigadas Internacionales llevaba el nombre de “Comuna de París” mientras que, desde el anarquismo, Federica Montseny recordó su memoria como “un símbolo de eternidad” en su conferencia La comuna de París i la revolució espanyola (1937)). Además, la interpretación de 1871 pasó a supeditarse en la memoria comunista a la de 1917 y, al ser vista más como un precedente o un precursor incompleto, perdió en buena medida su valor propio.  El influjo de esta lectura, a su vez una mezcla de los textos de Marx y Lenin, se notó a lo largo de los años. Incluso en pensadores como Karl Korsch, quien llegó a escribir que no sólo para las ideas e instituciones del pasado feudal y burgués, sino también para cuantos pensamientos y formas de organización ha ido procurándose la propia clase obrera en los anteriores y sucesivos periodos de su lucha de autoliberación histórica, tiene validez esa dialéctica revolucionaria en virtud de la cual «el bien de ayer se convierte en el mal de hoy», por decirlo con palabras de Goethe, o, como vino a decir más clara y terminantemente Karl Marx, todo estadio histórico de una forma evolutiva de las fuerzas productoras revolucionarias y de la acción revolucionaria, así como de la evolución de la consciencia, puede convertirse, en un determinado punto de su proceso evolutivo, en una rémora para el mismo.

Casi medio después de la Revolución Rusa, un político comunista francés como Roger Garaudy (en aquel entonces todavía ortodoxo) todavía exclamaba en 1961 que “la gran lección de la Comuna es que la clase obrera sólo puede vencer a sus enemigos bajo el liderazgo de un partido revolucionario”. Asimismo, entre los historiadores se cultivó una visión semejante, como sucedió con Jean Bruhat, autor junto a Jean Dautry y Émile Tersen del influyente libro La Commune de 1871 (1960). En parte podríamos situar aquí también la obra de teatro Los días de la Comuna (1949) de Bertolt Brecht.

Sin embargo, en esos mismos momentos ya se estaba incubando una nueva e influyente reinterpretación histórica de la Comuna, y justamente por parte de un filósofo marxista suspendido por el Partido Comunista Francés. Se trataba de Henri Lefebvre, autor de La proclamación de la Comuna (1965), texto posiblemente influido por el breve escrito Sur la commune (1962) de Guy Debord, Raoul Vaneigem y Attila Kotànyi. En su obra Lefebvre se propuso recuperar y reivindicar la experiencia todavía en gran medida desconocida e inexplorada de la Comuna y al respecto escribió que la insurrección del 18 de marzo y los grandes días de la Comuna que siguieron, suponen la apertura ilimitada hacia el porvenir y lo posible (…). Ya es tiempo pues de no considerar a la Comuna como el ejemplo típico de un primitivismo revolucionario del cual se superan los errores, sino como una inmensa experiencia negativa y positiva de la cual no se ha encontrado ni realizado todavía toda la verdad.

Lefebvre invirtió a su manera los gestos de Lenin y Trotsky. Si la Revolución Rusa había conducido a postergar la memoria de 1871 frente a la de 1917, él priorizó la primera respecto a la segunda. Por eso, en su reinterpretación los rasgos valorados como defectos por Trotsky y Lenin fueron recuperados como virtudes a reivindicar. En esta línea, ensalzó la Comuna a causa de características como su gran pluralidad, su gran espontaneidad, su carácter internacionalista y antiimperialista (plasmado con el derribo de la Columna Vendôme, símbolo del despotismo militarista), su carácter colectivo (sin grandes líderes como Lenin o Trotsky) o por no haber un partido que controlara la acción política. Más aún, dibujó la Comuna como una inmensa fiesta que condujo a una radical transformación en la forma de vivir, el punto que más le interesaba de cara al presente y que entroncaba con su proyecto de querer revolucionar la vida cotidiana. Lo más importante de esta revolución no era tanto la toma del poder como la toma y reapropiación de la vida.

Como he analizado en otro lugar, la influencia de su filosofía y de su reinterpretación de la Comuna fue notable entre los participantes de Mayo del 68, quienes en parte (y con menor fuerza) reemplazaron el referente de 1917 por el de 1871. De hecho, se cuenta que sus orgullosos estudiantes le dijeron orgullosamente a Lefebvre que en las calles de París volvía a tener su Comuna de París. Con ello se evidenciaba que el distanciamiento de los participantes de Mayo del 68 con el Partido Comunista Francés no solo se daba en el terreno del presente, sino también en el del pasado y el de la memoria. Un buen ejemplo lo ofreció Daniel Cohn-Bendit, quien junto a su hermano Gabriel escribió el libro El izquierdismo, remedio a la enfermedad senil del comunismo (1968), abierto desafío al recuerdo de Lenin (autor de La enfermedad infantil del izquierdismo en el comunismo) y donde no faltan las referencias a la memoria de la Comuna. Desde esta perspectiva, la apelación a 1871 comportaba la ruptura con la memoria comunista oficial y, por así decir, la nueva revolución debía desembarazarse de buena parte de lo aprendido en la Revolución Bolchevique.

Mientras tanto, la memoria de la Comuna también pervivió y se transformó a causa del desarrollo de nuevas perspectivas logradas gracias a la renovación de unas investigaciones históricas que no dejaban de dialogar con el presente. Un caso destacado fue el de Jacques Rougerie, quien ha escrito numerosas obras sobre la Comuna de París, ha ayudado a reivindicar su importancia histórica y ha desafiado la tradición marxista al retratar la Comuna de París más como una heredera de las revoluciones plebeyas de 1789, 1830 y 1848 que como una proletaria precursora de la de 1917. Otro caso a resaltar fue el de Édith Thomas, pionera en la historia de las mujeres que escribió Les pétroleuses (1963), en la cual analizaba el hasta entonces poco estudiado papel político de las mujeres en el contexto de la Comuna y se adentraba en el mito de “las incendiarias”. Sobre este campo se ha aprendido mucho desde entonces y gracias a ello se ha podido calibrar mejor el papel político ejercido por las mujeres, quienes, pese a no ser reconocidas como ciudadanas, tuvieron una amplia participación en los hechos de 1871 e incluso fueron quienes desencadenaron la insurrección al proteger el 18 de marzo los cañones que los soldados enviados desde Versalles querían requisar. Además, también se ha conocido más sobre la memoria de figuras individuales como Louise Michel, Elisabeth Dmitrieff o André Leo, cuyo libro La guerra social ha sido traducido en 2016 al castellano por la editorial Virus.

Desde entonces, la memoria de la Comuna se ha seguido cultivando, obviamente con desigual intensidad y desde diferentes perspectivas, en el campo de la literatura (incluyendo apariciones parciales como la que hace en El cementerio de Praga de Umberto Eco), de la historia (incluyendo las originales aportaciones de Kristin Ross sobre el tema en libros como El surgimiento del espacio social o Lujo comunal) o en el del cine. Un caso excepcional fue el de Peter Watkins, director del celebrado y original documental histórico La Comuna (2000), de casi seis horas de duración, que en verdad se presenta como si fuera una suerte de reportaje televisivo actual. Además, desde los años 90, y coincidiendo con el boom de la memoria, también ha habido un repunte en los memoriales dedicados a la Comuna. Con motivo del 150 aniversario que este año se conmemora se han publicado muchas nuevas obras (incluyendo una colectiva de casi 1.500 páginas como La Commune de Paris 1871: les acteurs, l’événement, les lieux) e incluso la alcaldía de París, en manos de la socialista Anne Hidalgo, ha promovido su memoria con la organización de medio centenar de actos. Sin duda, la Comuna ha sido uno de esos pasados que se niegan a pasar, un pasado vivo que pertinazmente se enfrenta a su olvido y que no para seguir interpelando al presente.

* Edgar Straehle. Autor de Claude Lefort. La inquietud de la política (2017) y de Memoria de la Revolución (2020)


Catástrofe ecológica (¡Y no cambio climático!), un problema político


Rebelión

Por Marcelo Colussi

«No entiendo por qué nos matan a nosotros, destruyen nuestros bosques y sacan petróleo para alimentar automóviles y más automóviles en una ciudad ya atestada de automóviles como Nueva York». (Dirigente indígena ecuatoriano.)

I.- La «Flor de las Indias», como las llamara en el siglo XIV el incansable viajero y mercader italiano Marco Polo (las mil doscientas islas e islotes de coral desperdigadas por el Océano Índico conocidas hoy como Islas Maldivas), con sus 500.000 habitantes (actualmente un paraíso turístico), están condenadas a desaparecer bajo las aguas oceánicas en un lapso no mayor de 30 años si continúa el calentamiento global y el consecuente derretimiento de casquetes polares y glaciares. Lo tragicómico es que sus habitantes no han vertido prácticamente un gramo de agentes contaminantes.

La globalización es un proceso no sólo económico; es un fenómeno político-social y cultural. Más aún: es un hecho civilizatorio. Extremando el concepto, donde más podemos verla (sufrirla) es en la perspectiva ecológica que trae el nuevo modelo de producción industrial surgido hace doscientos años con el capitalismo que tuvo lugar en Europa, hoy difundido por todo el orbe. La globalización, en un sentido, es la mundialización de los problemas medioambientales, de los que nadie, en ningún punto del globo, puede sustraerse. Por eso el ejemplo con que se abre el texto: un habitante «subdesarrollado» de la Polinesia sufre las consecuencias de un desaforado consumo de combustibles fósiles en otra parte del planeta, en ciudades «desarrolladas» plagadas de automóviles. Es evidente que el planeta es uno solo, la casa común de la especie humana.  

La solución a esa degradación de nuestra casa común, que desde hace algunos años se viene dando con velocidad vertiginosa, es más que un problema técnico: es político, y no hay ser humano sobre la faz del planeta que no tenga que ver con él. Así como nadie escapa a la publicidad comercial -hasta en la más remota aldea del mundo puede encontrarse un afiche de Coca-Cola o de Shell-, así, mucho más aún, nadie escapa al efecto invernadero negativo, a la lluvia ácida, a la desertificación o a la falta de agua potable. En ningún área del quehacer humano puede verse más claramente la globalización que en el campo de la ecología (del griego: oikos: casa, logos: estudio). De igual modo, en ningún campo de acción en torno a grandes problemas humanos se encuentran respuestas más globalizadas que en lo tocante a nuestro compartido desastre medioambiental. Un habitante de las Maldivas, consumiendo 100 veces menos que un estadounidense o un europeo-occidental, está tanto o más afectado que ellos por los modelos de desarrollo depredadores que envuelven a toda la humanidad. O nos salvamos todos, o no se salva nadie.

Podríamos considerar el desastre ecológico como consecuencia de factores exclusivamente técnicos, solucionables también en términos puramente tecnológicos: se reemplazan los vehículos de combustión interna que queman combustibles fósiles por agrocombustibles, o por energías eléctricas. Pero la tecnología es un hecho altamente político. Si en vez de petróleo se utiliza etanol extraído de palma aceitera, o caña de azúcar, o se usan baterías de litio, siempre quedan problemas políticos en los marcos del capitalismo: para producir agrocombustibles se quitan tierras de cultivo de alimentos a los campesinos, o se invade Bolivia para buscar el litio de sus ricos yacimientos. Mientras la forma de concebir la productividad del trabajo se da en el marco del actual modelo de desarrollo (sin dudas contrario al equilibrio ecológico), ello es, ante todo, un hecho político, un hecho que nos habla de cómo establecemos las relaciones sociales y con el medio circundante. Si, como dice el epígrafe, para tener automóviles circulando en Nueva York es preciso aniquilar humanos y selva en otras latitudes, ahí hay un tremendo problema con la noción de desarrollo.

II.- La industria moderna ha transformado profundamente la historia humana. En el corto período en que la producción capitalista se enseñoreó en el mundo -dos siglos, desde la máquina de vapor del británico James Watt en adelante- la humanidad avanzó técnicamente lo que no había hecho en su ya dilatada existencia de dos millones y medio de años. Puede saludarse ese salto como un gran paso en la resolución de ancestrales problemas: desde que la tecnología se basa en la ciencia que abre el Renacimiento europeo, con una visión matematizable del mundo aplicada a la resolución práctica de problemas, se han comenzado a resolver cuellos de botella. La vida cambió sustancialmente con estas transformaciones, haciéndose más cómoda, menos sujeta al azar de la naturaleza.

Pero esa modificación en la productividad no dio como resultado solamente un bienestar generalizado. Concebida como está, la producción es, ante todo, mercantil. Lo que la anima no es sólo la satisfacción de necesidades, sino el lucro, el cual se concreta en el circuito de la comercialización («realización de la plusvalía» dirá el materialismo histórico). Más aún: la razón misma de la producción pasó a ser la ganancia; se produce para obtener beneficios económicos. Por eso se produce cantidades gigantescas de productos realmente no necesarios, pero que se van imponiendo como imprescindibles a partir del modelo de desarrollo imperante. Es desde esta clave esencial como puede entenderse la historia que transcurrió en este corto tiempo desde la máquina de vapor de mediados del siglo XVIII a nuestros días; la historia del capitalismo (europeo primero, norteamericano luego, igualmente el japonés o el de cualquier latitud) no es otra cosa que la obsesiva búsqueda del lucro, no importando el costo. Si para obtener ganancia hay que sacrificar pueblos enteros, diezmarlos, esclavizarlos, e igualmente hay que depredar en forma inmisericorde el medio natural -esa es la única lógica que mueve al capital-, todo ello no cuenta. La sed de ganancias no mide consecuencias.

Actualmente, dos siglos después de puesto en marcha ese modelo, la humanidad en su conjunto paga las consecuencias. ¿Merecen los habitantes de las Islas Maldivas desaparecer bajo las aguas porque en la ciudad de Los Ángeles, Estados Unidos, hay un promedio de un automóvil de combustión interna por persona arrojando dióxido de carbono, o porque los ciudadanos estadounidenses económicamente más privilegiados consumen más de 100 litros diarios de agua, 70 más de lo necesario (contra un litro de un habitante del África sub-sahariana)? ¿Se merece cualquier habitante del planeta tener 13 veces más riesgo de contraer cáncer de piel a partir del adelgazamiento de la capa de ozono que lo que ocurría 100 años atrás por el hecho de tener cerveza fría en la refrigeradora? ¿Es éticamente aceptable que un perrito de un hogar del «civilizado» Primer Mundo consuma un promedio anual de carne roja superior al de un habitante del Sur global o que tenga servicios psicológicos (¡sí: hay psicólogos caninos!) mientras en otros países faltan vacunas básicas, madres que no pueden amamantar a sus hijos por su desnutrición crónica o gente que muere de diarrea por falta de agua potable?

Aunque hay alimentos en cantidades inimaginables (45% más de lo necesario para nutrir bien a toda la humanidad), viviendas cada vez más confortables y seguras, comunicaciones rapidísimas, expectativas de vida más prolongadas, más tiempo libre para la recreación, etc., etc., la matriz básica con que el capitalismo se plantea el proyecto en juego no es sustentable a largo plazo: importa más la mercancía y su comercialización que el sujeto para quien va destinada. Si realmente hubiera interés en lo humano, en el otro de carne y hueso que es mi igual, nadie debería pasar hambre, ni faltarle agua, ni sufrir con enfermedades que las tecnologías vigentes están en condiciones de vencer. En definitiva, se ha creado un monstruo; si lo que prima es vender, la industria relega la calidad de la vida como especie en función de seguir obteniendo ganancia. Para que 15% de la humanidad (básicamente del Norte global y de algunas islas de esplendor en el Sur) consuma sin miramientos, un 85 % ve agotarse sus recursos. Y el planeta, la casa común que es la fuente de materia prima para que nuestro trabajo genere la riqueza social, se relega igualmente. Consecuencia: el mundo se va tornando invivible. Peligroso, sumamente peligroso incluso. ¿Habrá que pensar en una irremediable pulsión de muerte, como concluyó Freud, una tendencia a la autodestrucción que nos guía? ¿Será que en una sociedad nueva, un mundo de «productores libres asociados«, como decía Marx, esas contradicciones se superarán?

La cada vez más alarmante falta de agua dulce, la degradación de los suelos, los químicos tóxicos que inundan el planeta, la desertificación, el calentamiento global, el adelgazamiento de la capa de ozono, el efecto invernadero negativo, los desechos atómicos, las montañas de basura que flotan en los océanos, son problemas de magnitud global a los que ningún habitante de la humanidad en su conjunto puede escapar. Todo ello es, claramente, un problema político y no solo técnico. Y es en la arena política -las relaciones de poder, las relaciones de fuerza social entre los diferentes grupos, entre las diferentes clases sociales– donde puede encontrar soluciones. Si se consume en forma voraz, demencial, sin medir las consecuencias, es porque quienes dirigen el mundo -los grandes megacapitales globales- han ideado esta increíble obsolescencia programada donde hay que botar todo muy rápidamente para seguir consumiendo. La gente común, el ciudadano de a pie, no es el irresponsable; solo sigue mansamente los dictados impuestos. «¡Hay que consumir!» es la consigna establecida. Y el consumo no para (ni tampoco las ganancias de los productores).

En el Foro Mundial de Ministros de Medio Ambiente reunido en la ciudad de Malmoe, Suecia, en mayo del 2000 en el marco del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), se reconoció en la llamada Declaración de Malmoe que las causas de la degradación del medio ambiente global están inmersas en problemas sociales y económicos tales como la pobreza generalizada, los patrones de producción y consumo no sustentables, la desigualdad en la distribución de las riquezas y la carga de la deuda externa de los países pobres. Por eso, es engañoso hablar de «cambio climático«, como si se tratara de una mutación natural de las condiciones climatológicas; lo que existe es una catástrofe generalizada provocada por el modelo capitalista en curso.

III.- Se ve así que la destrucción del medio ambiente responde a causas eminentemente humanas, a la forma en que las sociedades se organizan y establecen las relaciones de poder; en definitiva: a motivos políticos. El modelo industrial surgido con el capitalismo y con la ciencia occidental moderna, además de producir un salto tecnológico sin precedentes (comparable a la conquista del fuego, a la aparición de la agricultura, o de la rueda, o de la escritura) generó también problemas de magnitud descomunal, porque el afán de riqueza que lo alienta no repara en otra cosa que en el billete de banco: se perdió de vista lo humano, y la idea de que los humanos somos parte de la naturaleza. El ensoberbecimiento de los «ganadores» (si es que al capitalismo se le puede decir «ganador») llevó a esquemas agresivos inimaginables. El poder de destrucción -y de autodestrucción- alcanzado por la especie humana creció también en forma exponencial, por lo que las posibilidades de autodesaparecernos son cada vez más grandes (¿pulsión de muerte entonces?). El militarismo capitalista -respondido por el socialismo real en forma simétrica- llevó a un callejón sin salida, donde la sobrevivencia de toda especie viva sobre el planeta está en entredicho. Valga agregar que la totalidad del poder atómico con fines militares generado en la actualidad -alrededor de 13.000 ojivas nucleares, repartidas fundamentalmente entre las dos superpotencias atómicas, la Federación Rusa -heredera de la ex Unión Soviética- y Estados Unidos, cada una de ellas equivalente a no menos de 20 bombas de las arrojadas sobre Hiroshima y Nagasaki en 1945- posibilitaría generar una explosión de tal magnitud cuyos efectos destructivos llegarían hasta la órbita de Plutón. Proeza técnica, sin dudas, pero que no sirve para terminar con el hambre, con la falta de agua para muchos, con la ignorancia y el pensamiento mágico-animista aún presente en las religiones.

En otros términos: el desprecio moderno por el medio ambiente que nos lega el capitalismo surgido en Europa se ha instalado con una soberbia aterradora. Lo cual reafirma que el llamado Occidente y la idea de desarrollo que ahí se gestó están en franca desventaja con otras culturas (orientales, americanas prehispánicas, africanas) en relación a la cosmovisión de la naturaleza, y por tanto al vínculo establecido entre ser humano y medio natural. El desastre ecológico en que vivimos no es sino parte del desastre social que nos agobia. Si el desarrollo no es sustentable en el tiempo y centrado en el sujeto concreto de carne y hueso que somos, no es desarrollo. Si se puede destruir el lejano Plutón, pero no se puede asegurar la vida de los habitantes de las Maldivas porque la idea de desarrollo no los contempla, entonces hay que cambiar ese modelo, por inservible. Es una pura cuestión de sobrevivencia como especie.

A no ser que haya sectores sociales -detentadores de omnímodos poderes, por cierto- que ya estén apostando por una vida fuera de este planeta, contaminado, lleno de «pobres», sin solución, en definitiva. Pero los que no hacemos voto por ello, los mortales de a pie, los que creemos que es más importante un habitante de las Maldivas que cambiar el automóvil cada año, los que no queremos morir de un evitable cáncer de piel, o sumergidos por el derretimiento de los hielos polares, tenemos mucho por seguir luchando aún. El problema de nuestra casa común nos toca a todos. Todos, entonces, podemos -tenemos- que hacer algo. Y es importantísimo remarcar que en esa lucha no se trata de cambiar hábitos de consumo personal, como si fuéramos los habitantes del mundo los responsables de la catástrofe en curso por una cuestión de ignorancia o de desidia. De algún modo, cierta preocupación ecologista que se ha instalado, con la figura de la joven activista sueca Greta Thunberg a la cabeza, no termina de resolver la cuestión. El problema no estriba en que cada ciudadano «responsablemente» consuma menos, recicle, no use bolsas de plástico sino de arpillera, cierre bien el grifo de agua y use la bicicleta en vez del vehículo con motor de combustión interna. Eso es loable, pero no alcanza. Lo que hay que cambiar es el modo de producción en su conjunto, el capitalismo. Como dijera Marx en 1950: «No se trata de mejorar la sociedad existente, sino de establecer una nueva«.

Blog del autor: https://mcolussi.blogspot.com/


sábado, 10 de abril de 2021

"Justicia integral para Berta: Verdad, reparación y no repetición"


LINyM

Por Giorgio Trucchi

Este martes, 61 meses después del crimen, Roberto David Castillo Mejía se sentó en el banquillo, acusado de ser coautor del asesinato de Berta Cáceres.

Castillo fue presidente de Desarrollos Energéticos SA (Desa), empresa titular de la concesión para la explotación del río Gualcarque y promotora del proyecto hidroeléctrico Agua Zarca, contra el cual la lideresa indígena lenca y el Copinh lucharon durante años.

Para la familia de Berta y el Copinh, este juicio no sólo es clave para demostrar la responsabilidad de Castillo en el crimen, sino también para evidenciar la participación de otros autores que continúan en la impunidad.

En un comunicado, el Copinh, la familia de Berta Cáceres y el equipo legal recordaron que el juicio contra Castillo sólo es una primera etapa del «proceso de juzgamiento de las personas involucradas en el crimen».

«Las pruebas que existen en contra del señor David Castillo Mejía están en poder del sistema de administración de justicia desde hace cinco años. Son pruebas contundentes e irrebatibles para comprobar su participación como coautor, es decir como enlace entre los autores materiales y los ejecutivos de la empresa Desa (familia Atala Zablah).

Nosotros, junto a la familia y al Copinh, estamos listos para que el juicio inicie, se desarrolle y finalice. De esta manera podremos pasar a otra fase de la causa Berta Cáceres», dijo Víctor Fernández, miembro del equipo legal.

Para el exfiscal, la persecución a los verdaderos actores intelectuales, que al igual que Castillo están perfectamente identificados, debe ser una prioridad.

«Esperamos que el sistema de administración de justicia tenga la independencia, la determinación y el valor de investigarlos, enjuiciarlos y condenarlos. Esto es otro de los desafíos que nos esperan», manifestó Fernández.

Sistema financiero culpable

Hay otro elemento de suma importancia que retoma el Copinh en su comunicado y que el equipo legal subraya.

«Nada de lo que le pasó a Berta hubiese sido posible si el sistema financiero nacional e internacional no hubiese financiado el proyecto Agua Zarca. Más aún, muchos de los crímenes ocurridos en nuestro país no se hubiesen producidos si el sistema financiero nacional, internacional y multilateral no siguiera apoyando ese tipo de proyectos.

Hacer justicia en la causa Berta Cáceres es hacerle entender al sistema financiero, a los bancos nacionales e internacionales, a la banca multilateral, a todo este sistema que dice promover el desarrollo, que financiar el proyecto Agua Zarca desencadenó una escalada de violencia en el pueblo Lenca, generó una ola de corrupción e instaló en el país una verdadera asociación ilícita para delinquir.

En este sentido -continuó Fernández- otro desafío que plantea la causa Berta Cáceres es justamente traer al banquillo de los acusados tanto al sistema financiero como a aquellos funcionarios públicos que participaron, por acción u omisión, de este crimen».

Un paso más

En diciembre de 2019, los autores materiales del asesinato fueron sentenciados a entre 30 y 50 años de cárcel, entre ellos ex dirigentes y miembros de la seguridad de Desa, ex militares y militares activos.

Ahora la tarea es perseguir a los autores intelectuales y al sistema financiero y revertir la corrupta y nefasta concesión del río Gualcarque que, después de cinco años del asesinato de Berta Cáceres, aún sigue vigente.

«Nuestro objetivo es la justicia integral, que implica verdad, reparación y no repetición de los crímenes que se cometieron aquí», concluyó Fernández.


Berta Cáceres multiplicada


CTXT

Por Marcelo Expósito 

Foto: Berta y Laura Zúñiga-WIKIPEDIA / KIKE CASTRO (EL SALTO)

Una conversación con sus hijas Laura y Bertha Zúñiga

Más de 200 personas fueron asesinadas en 2019 por liderar la defensa de la tierra y el medioambiente en Abya Yala, la porción del mundo que los europeos llamamos América. Hace más de 500 años que Abya Yala se desangra por una herida colonial cuya visibilización nos sigue resultando insoportable. Sobre todo, cuando el movimiento antirracista y las luchas anticoloniales globales nos muestran que hay un nexo cada vez más estrecho entre las denuncias del bajo precio que le damos a la vida de las comunidades resistentes en América Latina, el señalamiento de la violencia estructural que sufren las personas migrantes en Europa o las revueltas por los crímenes policiales contra la población afrodescendiente en Norteamérica.

En la medianoche del 2 al 3 de marzo de 2016, unos sicarios forzaron la puerta del domicilio de Berta Cáceres en La Esperanza para asesinarla. Había fundado el COPINH (Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras) 23 años antes. Desde hacía seis años, era una figura clave en la articulación de las comunidades indígenas contra el proyecto hidroeléctrico de Agua Zarca, uno de los brutales planes de privatización territorial facilitados por las concesiones a las multinacionales decretadas tras el golpe de Estado hondureño de 2009. La proyección internacional de su figura había crecido en el año 2015, cuando le fue concedido el Goldman Environmental Prize y pronunció su contundente y hermosísimo discurso en la ceremonia de entrega: “¡Despertemos, despertemos humanidad, ya no hay tiempo!” … Aun hoy día, después de su asesinato, cuanto más se la conoce más nos impresiona por su complejidad. Líder social comprometida a lo largo de su vida en tejer una sociedad civil democrática de organizaciones críticas en su país, tuvo como una de sus principales metas ayudar a reconstruir la identidad cultural del pueblo lenca, empoderando los liderazgos diferenciales de las mujeres e introduciendo en las comunidades indígenas debates sobre la diversidad sexual. Una vez más, nos viene de un rincón del mundo el ejemplo terminante de cómo las políticas militantes están obligadas a ser interseccionales si deseamos una emancipación transversal. En el quinto aniversario de su asesinato hemos propuesto conversar con sus hijas Bertha Zúñiga y Laura Zúñiga. Pero les hemos pedido no solamente hablar sobre su madre, sino relatarnos también algo sobre su propia experiencia de vida. Las dos cosas resultan inseparables: si el imaginario popular sobre Berta Cáceres nos la representa tras su muerte como una semilla que germina, una estrella en multiplicación o un ser humano que se reintegra definitivamente en el ecosistema que defendió, es porque existen trayectorias militantes que, más allá de convertirse en ideales abstractos tras truncarse sus vidas por la violencia, cobran cuerpo de nuevo en las experiencias de vida concretas que las suceden.

Bertha (1990) y Laura (1993) son dos mujeres jóvenes generosas a la hora de compartir sus tiempos y sus narraciones. El discurso político contundente muy articulado que sostienen se dulcifica regularmente por una tonalidad amable en la que no faltan las sonrisas frecuentes y una alegría chispeante, contagiosa, que reluce invitante.

Formáis parte del Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenes de Honduras (COPINH). ¿Cuál es vuestro papel en esta organización y a qué se dedica?

Bertha: El COPINH está en 5 de los 18 departamentos de Honduras, en comunidades eminentemente indígenas lenca. Prácticamente nacimos y crecimos en esta organización. Actualmente, yo desempeño la función de coordinadora general de toda la lucha política y social del COPINH junto con compañeros y compañeras que integran todos nuestros ejes de lucha, que tienen que ver esencialmente con la defensa del territorio, de los bienes comunes de la naturaleza, y con seguir reforzando la cultura lenca, su proyecto emancipatorio y autonómico. El COPINH asumió también como eje de lucha el proceso de buscar justicia para mi mami, nuestra compañera Berta Cáceres, lo que está siendo un proceso bastante demandante. También toca llevar adelante las redes del COPINH con las herramientas de la educación popular que forman parte de las metodologías de los movimientos sociales en América Latina, la articulación con movimientos sociales en Honduras y fuera de Honduras, sobre todo comunidades indígenas que también están en lucha y resistencia.

¿Quiénes sois los lenca, cuál es vuestra historia?

Bertha: [Ríen] Bueno… el pueblo lenca es uno de los pueblos indígenas en Honduras que tiene una lucha milenaria por su necesidad de defender el territorio. Es un pueblo muy grande y diverso que no sólo está ubicado en Honduras sino también en una parte de El Salvador. Por su diversidad tenía la característica de ser tanto un pueblo productor de artesanía y alfarería como también guerrero, lo que le permitió en tiempos de la colonia mantener una lucha directa con la invasión española. Producto de esa resistencia en defensa de los territorios, de la memoria de Lempira [cacique lenca que se opuso contundentemente a la colonización en la década de 1530, y quien, según la crónica recogida en las Décadas de Herrera, fue asesinado a traición por los españoles durante una negociación de paz], ha habido también una saña especial contra este pueblo históricamente, se ha intentado borrar gran parte de su identidad. Es el único pueblo indígena en Honduras que no conserva su lengua, solamente fonías. Sin embargo, sí conserva su cosmovisión y sus prácticas ancestrales más importantes como la “compostura” a la madre tierra, que es una ceremonia de pago a la tierra en agradecimiento por todo lo que da. Mantiene entonces su memoria de resistencia ancestral, sus valores culturales espirituales, esas relaciones comunitarias bastante armónicas con la naturaleza y la vez, desde hace mucho tiempo, un proceso organizativo [refuerza aquí el énfasis] para legalizar la posesión histórica de las tierras que sigue sin reconocerse y sigue sin resolverse por parte del Estado de Honduras. Con el nacimiento del COPINH se empuja ese proceso de demanda sobre la tierra y de respeto a los derechos territoriales del pueblo lenca. 

El pueblo lenca es uno de los pueblos indígenas en Honduras que tiene una lucha milenaria por su necesidad de defender el territorio

¿Tenéis recuerdos de cómo fue crecer en La Esperanza como una vivencia atravesada por estos conflictos?

Bertha: Nosotras hemos tenido la oportunidad de conocer de pequeñas la situación de marginalidad profunda en la que vivían los niños y niñas del pueblo lenca, con desnutrición severa… Para nosotras fue un descubrimiento nuestra propia cultura frente a un sistema educativo que niega la existencia del pueblo lenca diciendo: “¡Existió en el pasado, pero ya desaparecieron!”. Entonces, una de las luchas más fuertes que ha hecho el COPINH es demostrar la existencia de las comunidades indígenas. Fuimos descubriendo nuestra propia identidad fortaleciéndola y apropiándonos de ese proceso.

Laura: Puedo contar como ejemplo cuando acompañamos a la comunidad de Montaña Verde, que hace muchos años se tuvo que enfrentar a terratenientes que se querían apropiar de la montaña [nota: se refieren a la violación de las tierras ancestrales por el terrateniente Neptaly Arnaldo Toledo entre 2012-2013, ante la pasividad del Instituto Nacional Agrario de Honduras que rehuía titular las tierras a nombre de la comunidad]. Producto de eso tuvieron encarcelados a varios líderes de la comunidad que incluso fueron torturados, sus hijos que tenían nuestra edad sufrieron al ver toda esa operación en contra de su familia. Pues fuimos ahí para acompañar y vimos cómo niños de nuestra edad, incluso niñas más pequeñitas que nosotras, habían sufrido esa persecución, la estigmatización, la tortura de sus padres… Entonces, una también, en la vivencia, va aprendiendo lo que significa la defensa del territorio. 

Yo me acuerdo de que me decía: “Usted tiene que luchar. Usted no puede ser una persona apática frente a la realidad”

En general, ¿cómo era Berta Cáceres como madre, ¿qué recuerdo tenéis de ella en el día a día?

Laura: Mi mami, una de las cosas que tenía es que nos trató siempre como sujetas, digamos; nunca nos quitó la palabra ni la voz sino al contrario. Ese ejercicio de darle la palabra a los niños y a las niñas, respetando a todas las personas como sujetos políticos, pensantes, es algo que permite hoy en día que el COPINH tenga mucha juventud que vivió esa experiencia. Eso fue bonito, que nos diera la palabra en asambleas cuando no todo el mundo lo entendía, cuando costaba más entender por qué. Eso me parece que tiene que ver con la fuerza de mi mami que era la misma fuerza que hacía que impulsara los liderazgos de las mujeres, que hablara sobre estos temas en territorios donde por ejemplo no se hablaba tanto de diversidad sexual, que pusiera esa discusión y nos exigiera a todos plantearnos los debates, profundizándolos a partir de la idea de justicia. ¡Y así era como mamá, nos enseñó, nos exigió también! Yo me acuerdo de que me decía: “Usted tiene que luchar. Usted no puede ser una persona apática frente a la realidad”. Con eso crecimos y por eso creo que, cuando sucede el asesinato de mi mami, nosotras podemos lograr hacer un debate público, también pararnos [sostenernos en pie] por esas herramientas que nos dio.

¿Cuál fue la trama que dio lugar al asesinato de vuestra madre? Con la perspectiva de estos cinco años, ¿cómo resumiríais el proceso y la red de responsabilidades que condujo al crimen que acabó con la vida de Berta Cáceres?

Bertha: El conflicto con el proyecto hidroeléctrico Agua Zarca es uno de los muchos conflictos que fueron instalados en el territorio del pueblo lenca, en el marco del concesionamiento masivo que se vivió posteriormente al golpe de Estado de 2009. El COPINH denunció –y Berta Cáceres en particular– que el Estado aprueba más de 51 concesiones para proyectos de generación de energía, fundamentalmente proyectos hidroeléctricos sólo para el territorio del pueblo lenca, que es un territorio relativamente pequeño, de manera que se produce una amenaza principalmente para los ríos. Hubo en 2010 un proceso de denuncia bastante fuerte de estas concesiones, no sólo por parte del COPINH sino también por la Organización Fraternal Negra Hondureña (OFRANEH). En el año 2013 se supo que unas mediciones que se estaban realizando en el río eran para un proyecto hidroeléctrico y las comunidades empezaron comunicarse a través de la coordinación del COPINH para saber de qué manera protegerse. El COPINH elaboró una denuncia formal que se depositó en la Fiscalía de Etnias y Patrimonio Cultural de Honduras, alertando de la violación al derecho a la consulta previa, libre e informada de las comunidades indígenas. En vista de que las denuncias no avanzaban las comunidades decidieron realizar lo que se llamó “la toma del Roble” [1 de abril de 2013], que fue una toma de carretera para evitar el paso de la maquinaria que estaba rompiendo la montaña para llevar el equipamiento al río. Y ahí comenzó prácticamente una guerra contra el pueblo lenca por parte de la empresa y de la seguridad del Estado, acompañados muy fuertemente por las instancias financiadoras internacionales.

El conflicto con el proyecto hidroeléctrico Agua Zarca es uno de los muchos en el territorio del pueblo lenca, debido al concesionamiento masivo que se vivió después del golpe de Estado de 2009

A partir de ahí se empezó a conocer quién era la empresa [Desarrollos Energéticos S.A. (DESA)], quién era el presidente, quién era el señor David Castillo [gerente general de DESA y del proyecto hidroeléctrico Agua Zarca], sus accionistas, qué bancos estaban financiando… En julio de 2013 era asesinado el compañero Tomás García [líder indígena lenca asesinado por el ejército hondureño el 15 de julio de 2013; la condena del militar Kevin Yasser en 2015 por homicidio simple fue calificada de insatisfactoria por el COPINH] con tentativa de asesinato de su hijo Allan; también fallecen otras compañeras del COPINH en un accidente. Empiezan a verse la sangre y la violencia con la que se intentaba imponer ese proyecto. Por la lucha se logra expulsar al primer constructor, la empresa china Sinohydro, principal constructora de represas del mundo, y luego entraron varios bancos inversores en el proyecto: el FMO [Nederlandse Financierings-Maatschappij voor Ontwikkelingslanden N.V., holandés], el Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE) y el Finnfund [Finnish Fund for Industrial Cooperation Ltd., finlandés] [nota: todos ellos han acabado por retirarse del proyecto, y su desvinculación ha sido denunciada por el COPINH como un reconocimiento de su responsabilidad en la violencia ejercida en torno a Agua Zarca]. Mi madre les escribió cartas pidiéndoles por favor que se retiraran de este proyecto que estaba vinculado con la violación de los derechos de las comunidades indígenas e involucrados en el asesinato de Tomás García. No hicieron caso, no escucharon nada de lo que se les estaba diciendo, e incluso empezaron a defender públicamente a la empresa y todo lo que estaba haciendo. Negaron la condición de pueblo indígena de la comunidad de Río Blanco y fue todo en general una gran batalla con amenazas, incidentes, ataques sistemáticos al COPINH, sabotajes a las radios, rompían la carretera, mi mami fue detenida en dos ocasiones y encarcelada en una de ellas; le abrieron un proceso por usurpación, coacción y daños a la empresa. Finalmente le dieron el Premio Goldman, pero después ellos retomaron el proyecto al otro lado del río Gualcarque y empezó otro proceso organizativo y de movilizaciones.

Y bueno, viendo que la lucha no iba a parar y viendo amenazados sus intereses, ella es asesinada. Hubo una tentativa previa del 5 y 6 de febrero, donde los sicarios se ubicaron también en La Esperanza, y en su asesinato se vieron involucrados un mayor de las fuerzas armadas, el señor Mariano Díaz Chávez; el señor David Castillo, quien subcontrató al señor Douglas Bustillo [exmilitar] que era el exjefe de seguridad de la empresa… Son quienes toman la decisión, y eso mismo lo dijo Sergio Rodríguez [gerente de DESA] en el juicio pasado, que el tema Berta Cáceres y COPINH se hablaba al nivel de la Junta Directiva. Y de la Junta Directiva y accionistas mayoritarios son los señores Jacobo Atala Zablah, Pedro Atala Zablah, José Eduardo Atala Zablah, y el señor Daniel Atala Mience que es el gerente financiero de la empresa. Estas personas son dueños del Fútbol Club Motagua, de bancos, de un montón de empresas en Honduras, son una de las familias influyentes que apoyaron el golpe de Estado, que apoyan al actual presidente Juan Orlando Hernández [caracterizado en su carrera política por su reivindicación de políticas securitarias duras y por estar rodeado de numerosas sospechas de corrupción], que son parte de estas estructuras prácticamente intocables. Ellos son los tomadores de decisión de algo que David Castillo coordinó y para lo cual contrataron a varias personas y eso es justamente lo que hoy estamos disputando. Esa es la parte que continúa en impunidad y por lo cual nosotras seguimos luchando por la justicia. 

 La última vez que la vi fue en el aeropuerto, el primero de marzo, y me dijo fue: “No tenga miedo, usted sabe que en este país nos puede pasar cualquier cosa, pero usted no vaya a tener miedo”.

¿Hay algún recuerdo o alguna reflexión que queráis compartir a propósito del día en que sucedió el asesinato de Berta Cáceres? ¿Era un peligro que tuvierais presente, dados los antecedentes?

Laura: No, yo creo que era algo que… se podía analizar, pero que era muy difícil, visto en retrospectiva, decir: sí, esto va a pasar. En el momento, después de tantos años de amenazas, persecución… yo creo que había una naturalización de esas amenazas. Fue un momento difícil, yo me encontraba fuera del país, había viajado un día antes del asesinato de mi mami, y una de las cosas que yo recuerdo que hablábamos era que había amenazas hacia nosotras también. Creo que esa era la parte más difícil para ella, pensar que nosotras también estábamos en peligro. La última vez que la vi fue en el aeropuerto, el primero de marzo, y lo que ella me dijo fue: “No tenga miedo, usted sabe que en este país nos puede pasar cualquier cosa, pero usted no vaya a tener miedo”. Y yo creo que ahí es un momento en el que una cae y dice: esto es una realidad cierta. Bertha también estuvo acompañando a mi mami con la comunicación en algunas comunidades en las que yo creo que sí se sentía un ambiente de violencia. Pero, claro, siempre es difícil de creer porque la muerte les pasa a otros. Siempre es algo tan lejano, es una posibilidad tan irreal que… yo no podía analizar racionalmente eso, no podía sentirlo; además, mi mami era una persona segura, nunca nos transmitió miedo. Siempre nos hizo saber clara la situación en la que estábamos, que había riesgo, pero nunca hablaba desde el miedo.

Fue potente el entierro de vuestra madre, ¿verdad? Porque se convirtió en un acto multitudinario de solidaridad internacional, una gran demostración de fuerza comunitaria y de reivindicación colectiva. 

Laura: Yo creo que fue el momento que marca el romper con la naturalización de la muerte acá, y eso fue para el movimiento social pero también para el pueblo hondureño. Ese mensaje que da la sociedad hondureña sobre el asesinato fue muy fuerte y se replicó a nivel internacional también. Yo creo que ese es el primer paso, uno de los días en los que se logra romper con la primera narrativa que intenta imponer el Estado, y por eso también intentamos demostrar la responsabilidad del Estado. El ministro de Seguridad, ese día del asesinato, a las 6 de la mañana, cuando a nosotros ni siquiera nos habían informado, decía públicamente que era un crimen pasional. Esa carga machista, patriarcal, del ministro de Seguridad, de un alto rango del Gobierno marca varias cosas, y una de ellas es buscar cambiar el motivo de ese asesinato. Ella fue una luchadora que había puesto 33 denuncias de amenazas, sobre todo contra una empresa que era DESA. Ese día se rompe con esa primera intención de impunidad.

¿Cuál es el estado del proceso judicial y del reclamo de justicia con respecto a vuestra madre?

Laura: Vivimos hace ya dos dos años un juicio contra ocho personas, siete de las cuales fueron condenadas, que son las personas que nosotras entendemos como los gatilleros que dispararon y que son el eslabón más bajo y también más débil de esta cadena criminal. Porque son gente joven y pobre, incluso más jóvenes que nosotras… Estamos hablando de militares que utilizan el ejército como un lugar para captar a ese tipo de personas que hacen el trabajo de disparar. Esas personas fueron condenadas y hoy estamos enfrentando otro proceso judicial contra David Castillo, exmilitar entrenado en los Estados Unidos [graduado en West Point y exoficial de inteligencia hondureño] que utilizó estos conocimientos y herramientas para aplicarlas en contra de mi mami y del COPINH. Es una persona que dirigió esta empresa, pero no es quien aportó los capitales más importantes. Nosotras entendemos que es parte de esta cadena de autoridad material claramente con grandes capacidades, herramientas, dinero y conexiones que no tenían los sicarios. Este último proceso judicial ya llegó a la última etapa que es el debate oral y público: nosotras hemos peleado para que sea público, para que el pueblo hondureño sea testigo de este juicio. Tenemos 81 medios de pruebas que vamos a presentar en contra de David Castillo a quien consideramos asesino de mi mami. Y queremos que en este juicio se nos permitan estar. En el juicio pasado expulsaron a nuestros abogados, no les dejaron ser parte y no pudimos aportar medios de prueba. Esta vez queremos que se nos admita porque también estamos llamando a testificar a esos que no han sido juzgados, que son la familia Atala Zablah. Ya son dos años de retraso porque las audiencias se han ido posponiendo, es súper agotante estar una y otra vez esperando que este juicio inicie [ver Azul Cordo, “Honduras: una nueva dilación por el femicidio de Berta Cáceres”, Latfem, 14/01/2021]. Falta que acabe este proceso y falta la investigación exhaustiva de los autores intelectuales del asesinato de mi mami, falta el juicio y el castigo para esos que lo financiaron, los que hicieron posible que este asesinato sucediera, los que buscaban beneficiarse del terror que puede causar un asesinato como este. Estamos también peleando para que el Estado se responsabilice porque era su obligación proteger a Berta Cáceres, mi mami tenía medidas cautelares dadas por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) que no se cumplieron, es más: el Estado la persiguió, la encarceló. Finalmente, otra cosa que sucede es que el río sigue concesionado, es decir, a pesar de este asesinato y de otros, a pesar de la lucha que ha habido del pueblo lenca, todavía ahora el río está en peligro. Esta resistencia es una lucha insigne para el pueblo hondureño, así que los que tienen intereses quieren derrotar esta lucha, cosa que no van a poder porque hay un pueblo que está en pie.

Falta la investigación exhaustiva de los autores intelectuales del asesinato de mi mami, falta el juicio y el castigo para esos que lo financiaron, los que hicieron posible que este asesinato sucediera

¿Cómo explicaríais el papel de las mujeres no solamente en la reconstrucción de la vida comunitaria del pueblo lenca sino también en la construcción de las resistencias en defensa de los territorios?

Laura: El papel de las mujeres tiene que ver primero con que hemos aprendido desde hace mucho la resistencia, porque nuestros cuerpos han sido también territorios que se ha buscado destruir, que se ha buscado vaciar, nos han visto como territorios a los cuales conquistar. Hemos aprendido, de esa rebeldía que viene desde el vientre de nuestros propios cuerpos, a tejer redes de solidaridad y de resistencia, de lucha, que yo creo que van más allá de una consigna, que tienen que ver con preservar y cuidar la vida. Con pensar, planificar y disfrutar el futuro. Porque, al final, nosotras vamos aprendiendo de nuestras madres cómo hacer esta disputa, son las mujeres las que han desafiado la idea de la opresión patriarcal para pensar la vida desde otro lugar. No sólo la vida de la tierra, sino incluso la vida con justicia desde la igualdad de los géneros, de los cuerpos, disputando los espacios políticos que nos han quitado sobre todo a las mujeres indígenas, que nos han relegado, nos han sacado del espacio público. Volver a dar esos debates. Yo creo que mi mami por eso también es tan importante, porque es una lideresa que sale a lo público y lo disputa en los diferentes espacios local, nacional e internacional. Yo creo que eso lo vamos aprendiendo también. Y es muy lindo ese tejido que también está hecho de diversas generaciones: hablamos de mi abuela, hablamos de mi mami, y vamos así juntas construyendo esas otras formas de pensar y desafiando esos poderes opresores. Entendemos la tierra también como un cuerpo femenino que ha sido violentado, que se ha buscado conquistar, que se ha buscado destruir.


Sentencia contra "Tony" abre escenario a un posible juicio contra JOH


Radio Progreso

El narcotraficante Juan Antonio “Tony” Hernández, exdiputado y hermano del mandatario Juan Orlando Hernández, fue sentenciado a cadena perpetua más 30 años de prisión, por el juez Kevin Castell, en la Corte del Distrito Sur de Nueva York.

Tony Hernández, en octubre de 2019, fue encontrado culpable por los delitos de conspirar para importar cocaína, posesión de armas y dispositivos destructivos, conspirar para posesión de armas y falso testimonio.

El abogado Omar Menjivar dijo en Radio Progreso que, con la sentencia de Tony hay que reflexionar sobre el papel de la institucionalidad hondureña, pues durante la sentencia, nuevamente el Juez Castell mencionó al gobernante hondureño Juan Orlando Hernández, como socio de su hermano.

Menjivar señaló que la sentencia, es un claro mensaje del escenario que próximamente vivirá JOH por lo que explicó que en el actual contexto es urgente la organización y movilización de la ciudadanía.

Por su parte, el abogado y doctor en Derechos Humanos, Joaquín Mejía, del Equipo de Reflexión, Investigación y Comunicación, Eric-sj, aseguró que la sentencia contra “Tony” Hernández, tiene dos dimensiones: una dimensión material porque es condenado a cadena perpetua y JOH queda señalado directamente como un narcotraficante, como uno de los más grandes delincuentes del país.

Pero también una dimensión simbólica porque refleja el fracaso del sistema de seguridad y justicia, ya que ni las Fuerzas Armadas ni la Policía Nacional ni el Ministerio Público ni el Poder Judicial han sido capaces o han querido investigar y sancionar las actividades de narcotráfico.

El sacerdote jesuita Ismael Moreno, Padre Melo, Director del ERIC-SJ, manifestó que la sentencia contra Tony Hernández deja un “sabor agridulce” porque tuvo que ser Estados Unidos el encargado de aplicar la justicia a funcionarios narcotraficantes ya que en Honduras la institucionalidad está secuestrada por el crimen organizado que lidera Juan Orlando Hernández.

El Padre Melo cree que el reinado de Juan Orlando estaría llegando a su final, pero le toca a la ciudadanía realizar acciones de protesta o presión para lograr su fin. Un fin que podría tener un desenlace violento por la peligrosidad de JOH, por lo que toca estar alerta y en constante movilización.


Condena de ‘Tony’, una señal para JOH

Defensores en Línea

Por Giorgio Trucchi | Rel UITA

Juan Antonio “Tony” Hernández | Foto: Nelson Godoy | Rel UITA

Un juez de la Corte Federal de Manhattan, Nueva York, dictó este martes cadena perpetua, más 30 años, para Juan Antonio ‘Tony’ Hernández, hermano del presidente hondureño, Juan Orlando Hernández. El exdiputado fue hallado culpable en octubre de 2019 de varios cargos relacionados con el narcotráfico.

La Corte también ordenó el decomiso de 138,5 millones de dólares y la Fiscalía pidió confiscar una serie de bienes de Hernández y sus testaferros.

En más de una ocasión, fiscales federales han acusado al actual presidente de Honduras de haber recibido, a través de su hermano, dinero del narcotráfico para financiar su campaña electoral de 2013, así como de haber aceptado sobornos de narcotraficantes a cambio de proteger sus actividades delictivas.

Las nuevas acusaciones involucrarían también al exjefe de las fuerzas armadas hondureñas René Ponce Fonseca, al actual fiscal general Oscar Chinchilla, a ex altos mandos de la Policía y a políticos.

Tras el fallo y la condena en Nueva York, el futuro podría ser aún más sombrío para Juan Orlando Hernández. Sin embargo, no hay que perder la perspectiva de lo que está en juego y del papel que están jugando los diferentes actores involucrados.

“Aunque este fallo nos alegra, no es el momento de triunfalismos. Debemos analizar qué es lo que se está gestando en Honduras, cuáles van a ser los próximos pasos de Juan Orlando (Hernández) y de su equipo y cómo los sacamos del poder”, dijo a La Rel, Bertha Oliva, coordinadora de Cofadeh.

“Se trata también de dignidad nacional. El hecho de que sea un tribunal de otro país el que asume el papel de hacer justicia, mientras nuestro sistema judicial reproduce una cultura de impunidad ante la violación sistemática de derechos humanos, es algo insoportable”, agregó.

Para Oliva es cada vez más necesario avanzar en la definición de estrategias comunes para ver cómo se recupera el país de la narcodictadura, que ha tomado el control de las instituciones a partir del golpe de 2009.

“Desde Cofadeh cargamos con el dolor de esta Patria herida y nos mantenemos atentas, organizadas y unidas ante los desafíos que nos esperan”, concluyó.