jueves, 23 de enero de 2020

Pobreza y violencia, obligan a hondureñas y hondureños a huir hacia lo incierto



Padre junto a su pequeño hijo integran la caravana que salió esta semana de Honduras.
La crisis migratoria sigue vigente en Honduras. Una nueva caravana de personas salió del país en búsqueda de un futuro mejor en Estados Unidos. Hombres, mujeres y niños apuestan sus esperanzas hacia lo incierto, luego de ser perseguidos por el fantasma de la violencia, pobreza, desempleo y el poco o nulo acceso a la salud pública.

Analistas coinciden en que hay dos factores que generan migración: violencia y pobreza. Datos del Banco Mundial dicen que Honduras cerró el año 2019 con cerca de 1.6 millones de personas viviendo en la extrema pobreza.

Según el Instituto Nacional de Estadísticas (INE), de los más de 9 millones de hondureños y hondureñas, 17.2% están en la pobreza extrema, los cuales viven con menos de 45 lempiras al día (menos de 1.90 dólares). El Banco Mundial manifiesta que ese 17.2% es la tasa de pobreza extrema más alta de América Latina sin incluir la de Haití.

Por otra parte, el Comisionado Nacional de los Derechos Humanos (Conadeh), lamenta que la situación de violencia que vive el país, haya dejado como saldo en los últimos 19 años (2002-2019), más de 86 mil personas asesinadas, es decir, se registra una víctima cada dos horas, cuyos crímenes tienen una tasa del 90% de impunidad.

El economista y analista Ismael Zepeda, asegura que estos factores son cruciales y que generan migración, pues la crisis económica, la falta de oportunidades, los salarios bajos y el alto costo de la vida, solo producen mayor pobreza.

Asimismo, Zepeda lamenta la violencia e inseguridad que impera en el país, en el que en cualquier momento pueden asaltar a alguien o en el peor de los casos asesinar en alguna masacre.

Para Zepeda es importante que en el país se apliquen cambios profundos, pero esto solo sucederá cuando haya voluntad política, misma que no se ve por parte de la actual administración que dirige Juan Orlando Hernández.

Por su parte el economista Fernando García, se refiere a las políticas del actual gobierno durante los últimos años. Criticó la distribución desigual de los fondos y la falta de aplicación de programas orientados al desarrollo, generación de oportunidades y combate a la pobreza.

García puso de ejemplo el nuevo Presupuesto General para el 2020, el que va orientado a fortalecer la compra de armas, sostenimiento de estructuras militares y deja, por un lado, en segundo o tercer orden de prioridad, la atención a la sociedad y combate a la pobreza.

“Sin duda eso seguirá generando migración y el panorama no da muestras de que la situación cambie pronto”, dijo García.

Por años la violencia y la pobreza son factores generadores de migración,  el Atlas de la migración en el norte de Centroamérica, publicado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), el número de hondureños y hondureñas que emigró para vivir en un lugar distinto al de su nacimiento aumentó en 95% entre el año 2000 y el 2010, una tendencia que se ha mantenido en los años subsiguientes.

El fenómeno migratorio en Honduras, al igual que en los demás países del Triángulo Norte Centroamericano, está directamente relacionado con factores socioeconómicos: la mayor parte de quienes migran en el país lo hacen desde zonas rurales, donde la pobreza alcanza el 82%, algo que se ve principalmente en los departamentos de Copán, Intibucá, La Paz, Lempira, Ocotepeque y Santa Bárbara.

La migración también está estrechamente ligada a la inseguridad y la violencia: en 2017, Honduras tuvo una tasa de 43 homicidios por cada cien mil habitantes, una de las más altas de Centroamérica, con un total de 3,791 homicidios en dicho año.

Honduras además se ha convertido en un país que se sostiene gracias a las remesas. El Atlas de la Migración, dijo en su informe que, el 8% de la población hondureña reside fuera del país, y las remesas que muchos de estos migrantes envían representó el 20% del Producto Interno Bruto PIB, nacional en 2016, cifras que han aumentado su tendencia hasta el 2019.

El sociólogo Eugenio Sosa, dijo que el país se dirige hacia un panorama nada prometedor, el cual solo nos deja claro que hay que producir cambios sustanciales, pues de lo contrario ninguna vara mágica podrá hacerlo.

Sosa recalcó que las características del actual gobierno nos muestran que la situación en el país seguirá profundizándose, con altas intenciones de seguir invirtiendo más en armas y menos en la gente, esto sin duda se convertirá en pobreza y migración.

El asesinato de Berta Cáceres y la imposición de la Ley de “Consulta” elaborada por el PNUD



El próximo tres de marzo, se cumplen cuatro años de haber sido asesinada Berta Cáceres. Lideresa indígena que luchó de forma permanente por la defensa de los territorios de los pueblos indígenas y la implementación de la Consulta Previa, Libre e Informada, como un mecanismo de reconocimiento y respeto de los derechos de los pueblos indígenas.

Todo parece indicar que el cruento asesinato es un crimen de estado, ante la falta de voluntad de las autoridades para proseguir a los autores intelectuales, además de persistir en la denegación de la aplicación de justicia, el Estado continúa con su política de imponer proyectos obsoletos como estrategias de dominación, confundiendo de forma deliberada la socialización con la consulta.

Honduras a partir del Golpe de Estado se ha convertido en un escenario de guerra no declarada, donde se han dado más de 50,000 homicidios y 400 masacres, que en su mayoría permanecen en la impunidad; siendo el yerro instaurado una estrategia para diluir la protesta social, surgida ante los múltiples despojos y desplazamientos poblacionales.

Desde 1995, cuando Honduras ratificó el Convenio 169 de la OIT, se asumió que las leyes nacionales se adaptarían al Convenio, tal como lo indica La Convención de Viena (1969), sin embargo el Estado durante casi dos décadas desdeño el Pacta Sun Servanda, obviando la aplicación del derecho a la consulta, pretendiendo que las socializaciones son procesos de consulta.

La piñata de cuencas hidrográficas efectuada por el Congreso Nacional en el 2010, dio lugar a un sinfín de conflictos sociales, solucionados a través de la violencia. El grupúsculo de familias que se apoderaron de las cuencas para la construcción de represas, colocaron a cientos de comunidades en peligro, al socavar el derecho al agua. El caso de Agua Zarca se convirtió en una pesadilla que conllevo al asesinato de Berta Cáceres, un crimen inducido por la familia Atala, los que hasta la fecha no han cejado en su pretensión construir la represa.

En el 2012 se entregó la  plataforma marítima de la Moskitia a la empresa BG, proceso en el que no existió ninguna consulta previo a la carta de intención firmada por el Estado y BG en las postrimerías del 2012, posteriormente fue probado el contrato con BG por el Congreso Nacional.

Para septiembre del mismo año, después de haber efectuado los trámites los aprobación en el Congreso Nacional, la Secretaría de Medio Ambiente (SERNA) acompañada por funcionarios del Comité para Erradicación del Racismo y Discriminación (CERD) como una consulta previa.

Bancos europeos y el Banco Centroamericano de Inversión Económica (BCIE) aparecen como financistas de los proyectos a pesar de poseer la información referente a la inexistencia de consultas previas con las comunidades indígenas que serían afectadas. Hasta la fecha resuenan las palabras siniestras del ex presidente del Banco Mundial. El Sr. Jim Yong Kim, cuando se dirigió a una audiencia de líderes religiosos, en mayo de 2016, en referencia al asesinato de Berta Cáceres y la supuesta urgencia para la construcción de proyectos hidroeléctricos en Honduras, convirtiendo el asesinato como un simple caso de daño colateral.

Casualmente en el mismo año que fue asesinada Berta Cáceres, el PNUD asume el rol de impulsar una nueva versión de ley, para lo cual contrataron al jurista Ivan Lanegra, autor de la controvertida Ley de Consulta del Perú. EL PNUD desdeño las versiones elaboradas por el Observatorio de Derechos Humanos de los pueblos indígenas en Honduras (ODHPIN),  la Confederación de Pueblos Autóctonos de Honduras (CONPAH) y Dirección nacional de XXX (DINAFROH), versiones que incluían la obtención de consentimiento, el cual fue eliminado en la versión realizada por el equipo del jurista peruano.

El papel jugado por el PNUD en relación al desconocimiento de las propuestas de ley realizadas tanto por indígenas como instituciones estatales, incentiva el temor de los despojos que se darán en un futuro cercano a nombre del Programa de Reducción de Emisiones por Deforestación y Degradación de los Bosques (REDD) el que ahora replica la tendencia a desconocer las organizaciones indígenas que no están bajo la égida del actual partido en el gobierno, al elaborar las Salvaguardas REDD a la medida de los intereses del PNUD, ONUREDD y el Estado.

Ante las denuncias interpuestas por organizaciones indígenas defensoras de sus territorios y culturas, la Relatora de Naciones Unidas para pueblos Indígenas, la Sra. Vicky Tauli Corpus, efectuó una visita Honduras con el propósito de informarse sobre los avances en la creación de un mecanismo de consulta. La Relatora emitió su informe en diciembre de 2016, en el cual exhortó al “Estado de Honduras a garantizar que se respeten los estándares internacionales sobre consulta previa y otros derechos humanos de los pueblos indígenas”.

El estado persistió en desconocer su error en relación al anteproyecto y las enormes fallas que presentó la elaboración del anteproyecto elaborado por Lanegra, por lo cual la  Relatora emitió sus Observaciones adicionales, en  las que hizo hincapié en la “necesidad de asegurar una mayor participación de las distintas estructuras representativas de los pueblos indígenas y la capacitación y preparación de los pueblos indígenas, funcionarios estatales y otros actores; a la necesidad de generar la confianza necesaria abordando las preocupaciones centrales de los pueblos indígenas en materia de derechos humanos; a las presiones de tiempo para la aprobación de una ley de consulta; y a su preocupación por la interpretación restringida del marco conceptual jurídico de la consulta previa”.

A finales de noviembre de 2018, una nutrida comitiva del Estado de Honduras coordinada por el diputado Oscar Nájera se presentó en Ginebra ante la CERD, el cual balbuceó de informa incoherente una supuesta apología al anteproyecto de Ley de Consulta impulsado por el PNUD.

Tememos que el Congreso Nacional pretende aprobar el adefesio de Ley de Consulta para el 3 de marzo como un homenaje a Berta Cáceres. Conociendo el cinismo que ha acompañado al partido político en el poder, el que ha convertido Honduras en un estado fallido, no es nada raro que pretenda convertir la destrucción de los derechos colectivos de los pueblos indígenas al aprobar una Ley que distorsiona la consulta, en un supuesto homenaje a una de las heroínas del pueblo hondureño.

La OFRANEH ratifica su posicionamiento en rechazo a esa Ley de Consulta Previa socializada dentro del Congreso Nacional el día de ayer, ya que solo vendrá a legitimar los despojos y expropiación de nuestros territorios ancestrales, a criminalizar y judicializar a los defensores y defensoras de la madre naturaleza y condenarnos al exterminio como pueblos indígenas.

Exigimos el cumplimiento de las sentencias condenatorias al Estado de Honduras por la Corte Interamericana sobre las comunidades Garífunas de Triunfo de la Cruz y Punta Piedra, sentencias  que están relacionadas entre otras la violación de la consulta previa

Organización Fraternal Negra Hondureña, OFRANEH

Racismo en Honduras: Fallece Ignacia López Martínez, defensora del territorio de Masc


El pasado 11 de enero Falleció nuestra compañera, Ignacia Lopez Martinez, la que fue baleada el pasado 28 de diciembre, en la comunidad Garífuna de Masca.

Doña Coty -nombre con el cual se le conocía- de 70 años de edad, recibió siete impactos de bala, a eso de las 8 de la noche del 28 de diciembre, logrando sobrevivir hasta el día 11 de enero.

Aparentemente existe una estrategia para expulsar una de las ultimas familias Garifunas de esa comunidad, fundada en las postrimerías del siglo XIX, por familias Garífunas, establecidas en la esa zona, previo a que Manuel Bonilla otorgara al empresario estadounidense Sam Zemurray, el territorio de varias comunidades Garífunas, como parte de la concesión Cuyamel.

La racha de asesinatos que se viene dando en Masca, y otras comunidades Garífunas, forma parte de la estrategia de una nueva expulsión, enmarcada en los desplazamientos poblacionales que vive actualmente Centroamérica; siendo la crisis climático uno de los factores impulsores. Sin embargo el trasfondo más grave no deja de ser, la especulación que se viene dando sobre la franja costera en Honduras, especialmente en las zonas que han sido señaladas para convertirlas en ciudades modelo.

La crisis territorial en Masca, está en parte ligado a los títulos fragmentados en polígonos otorgado por el InstitutoNacional Agrario (INA), el que en múltiples ocasiones ha generado enormes problemas dentro de las comunidades Garífunas, por irrespetar y desconocer la propiedad comunitaria, al otorgar títulos individuales que se sobreponen  sobre los títulos comunitarios.

La situación en Masca se agravó a medida que se incrementó la municipalización de las comunidades Garífunas, ya que a través de sus catastros procedieron a legalizar terrenos a foráneos en detrimento del pueblo Garifuna que de forma paulatina ven como sus playas, bosques esteros y lagunas pasan a manos de terceros; ya que los títulos expedidos por el INA no pasan del cascos urbanos de las comunidades.

Con Ignacia Lopez Martinez esta sería la segunda lideresa asesinada en Masca en los últimos meses. La primera víctima fue Mirna Suazo Martinez, quien fungía como presidenta del patronato. Todo indica que existe un complot para eliminar a la estructura matrifocal de Masca, con el objetivo de sembrar el terror, y suscitar el abandono de Masca por parte de las familias que aun permanecen en esa comunidad.

Las asesinadas, forman de la parte de la familia de la líder espiritual Amada Lopez Martinez, quien además es integrante de la Junta Directiva de la OFRANEH.

Basta Ya de asesinatos de lideresas Garífunas.

Exigimos la pronta investigación y castigo a los culpables de estos crímenes que se han suscitado en la comunidad de Masca y en otras comunidades Garífunas del país.

Organización Fraternal Negra Hondureña, OFRANEH

Patogénesis de la violencia fascista

Rebelión

Por Marco Tobón

En Colombia circula un chiste, seguramente fruto del ingenio popular, en el que una persona va al médico y éste le pregunta: ¿alguna enfermedad grave conocida en su familia? La persona reflexiona un buen tiempo y responde: Sí. Tengo un tío que es uribista. El chiste también se puede contar, con sus respectivas adaptaciones, en el Brasil de Bolsonaro, en la España monárquica de la “derecha trifálica” Vox, PP, Ciudadanos, en los EE.UU. de SCROTUS (So-Called Ruler of the United States) - el así llamado dirigente de Estados Unidos-, en definitiva, la broma vale para cualquier país que cuente con una derecha feroz, de claras actitudes fascistas, es decir, en cualquier país capitalista. Como bien lo explica Ernest Mandel (El Fascismo, 1969) el fascismo, aquella concepción de lo político que impulsa la acción organizada para ejercer el terror y destruir a los movimientos sociales, a las organizaciones populares, al disenso crítico, está encarnada en los conflictos sociales del capitalismo desde las dos grandes Guerras Mundiales.
Quienes hayan entendido el chiste sabrán que se pone al descubierto la rabiosa relación que las derechas -el uribismo, el bolsonarismo, entre otros- establecen con quienes discrepan de sus posturas. El discurso del uribismo en Colombia, por ejemplo, que moviliza miedos y odios contra sus críticos y contra quienes luchan por los derechos, nutre actitudes paranoicas, delirantes, que son combustible para que gansters y gatilleros pasen a la acción violenta. Se equivocan quienes piensan que pretendo patologizar a las derechas - aunque éstas presenten claros síntomas de trastornos de personalidad antisocial, especialmente contra los pobres. Ultrajan al débil y son sumisos y serviles con los poderosos.

La cuestión es: ¿qué pistas nos ayudan a descifrar la violencia extrema de las derechas contra los que disienten de sus posturas?, ¿Cómo entender la mente fascista y su patogénesis histórica? Esta siempre ha sido una cuestión urgente a ser abordada, justamente porque las mentes fascistas jamás se escandalizaron ante lo horripilante, incluso si tienen la oportunidad, no vacilarán en esparcir la muerte. En Colombia, a propósito, luego del acuerdo de paz entre las FARC y el gobierno Santos se ha desatado una monstruosa matanza contra líderes sociales y populares (623 asesinatos de líderes sociales y defensores de derechos humanos, según IndePaz, desde la firma del acuerdo en 2016), y nunca los políticos del Centro Democrático, del uribismo, han tenido el mínimo gesto de empatía con las víctimas. Sucedió igual cuando la la JEP (Jurisdicción Especial para la Paz), anunció el pasado 14 de diciembre de 2019 la existencia de una fosa común con más de 50 cuerpos en el municipio de Dabeiba. La destrucción de estos cuerpos, todos civiles inocentes, asesinados para presentados como bajas enemigas, involucra directamente a las fuerzas militares que actuaron bajo la doctrina del enemigo interno y la presión por mostrar falsos partes de victoria durante los dos gobiernos de Uribe (2002-2006-2010). Este atroz vampirismo de la guerra jamás recibió la condena del uribismo y las derechas colombianas. Su silencio desnuda una indolente complacencia. En la arena de las luchas políticas ¿cómo opera una mente que auspicia las matanzas contra personas no combatientes?, ¿por qué no se inmutan ante la destrucción de los cuerpos de sus semejantes?, ¿es esto sintomático de una mente fascista?, ¿es posible hacerles entender los riesgos que supone para todos no detener el plan de exterminio contra los líderes sociales? No. No es posible hacerles entender. Les da igual.

Conversar con un fascista es como prete nder cruzar una puerta pintada en la pared. Hannah Arent (1983), auscultando la actitud de Eichman ante el tribunal que lo juzgó en Isarel, lo comprendió bien. El fascista no reflexiona sobre sí mismo, está acorralado en su propia visión de mundo. De ahí que tal encierro monolítico impida las posibilidades del diálogo, repudiará a toda costa la conversación, criminalizará a aquellos que lo interpelan. Esto permite, inicialmente, percibir por que los fascistas aborrecen comparecer a los debates presidenciales, repudian sentarse a dialogar en un proceso de paz con sus adversarios (el uribismo jamás se sentó a conversar con la delegación de paz de las FARC en La Habana; las derechas españolas han rechazado de un tajo sentarse a hablar con el gobierno catalán y mucho menos con la izquierda independentista vasca). Las decisiones políticas de los fascistas, especialmente aquellas dirigidas a negar la existencia del adversario, están movilizadas por lo que Jacques Sémelin (2002, p. 12) llamó la “racionalidad delirante”. El adjetivo “delirante” alude a dos fenómenos psiquiátricos: primero una actitud de tipo “psicótico” respecto al otro representado como la encarnación del mal, como criatura despreciable, objeto de ataque, instigador –por pensar y ser diferente - de la furia divina. El otro no aparece como interlocutor, no es un “semejante”, su humanidad ha sido suprimida. De otro lado, también “delirante” porque expone comportamientos paranoicos al concebir al otro como amenaza permanente, desatando un peligroso imaginario de muerte en el que la aniquilación del ese otro sería la garantía para la omnipotencia del nosotros. Liquidando al otro –visto como enemigo, a veces animalizado, otras como inferior o impuro- creen vencer a la muerte. El fascista (y aquí tamién puede entrar el estalinismo, Pol Pot y algunas perversiones dogmáticas que han brotado en partidos de izquierda) proyecta en quien lo interpela la negación de sí mismo.

Otra pista importante para comprender la patogénesis de la violencia fascista son los análisis realizados por el psicoanalista Christopher Bollas en “El estado de la mente fascista” (1998). Bollas explica que cada sujeto está compuesto de varias partes de sí mismo (self). “Es como una organización parlamentaria” afirma Bollas, en la que los recuerdos, las ansiedades, los instintos, las respuestas ante la realidad “buscarán representación en la psique para su procesamiento mental” (1992, p. 158). Como también lo explica la antropóloga brasilera Amnéris Maroni invocando a Bollas (1992), nuestra mente es campo de disputa entre fuerzas que se confrontan -deseos, empatías, rabia, perdón, agresión, generosidad- obligándonos así a hallar soluciones a aquella efervescencia de partes contradictorias. “Es esta la función parlamentar de la psique” (Maroni 2019, p. 75). Una mente fascista, por su parte, no soporta la pluralidad de puntos de vista, el disenso crítico le genera tirria, pues no sabrá lidiar con los conflictos que supone dialogar con diversas perspectivas. De este modo la mente fascista deja de ser parlamentar para tornarse imperial: “con un único punto de visa fijo”, afirma Maroni.

El paso de una mente parlamentar a una mente imperial es un continuo proceso vivencial de cambios, desafíos y, de un modo dramático, una guerra permanente contra sí mismo –“a través de múltiples asesinatos contra partes de su self bondadoso, reparador, amoroso” (Maroni 2019, p. 75) que luego será canalizado hacia los otros en forma de odio, contra todos aquellos diferentes que inspiran desconfianza y aversión. Aquí se aproxima el análisis de Sémelin con el de Bollas. Sémelin insistirá que quienes motivan o ejercen la violencia cruel contra los otros, cargan el rasgo paranoico de la psicorrigidez (son incapaces de cuestionar su propio sistema de valores), dan muestran permanente de un ego hipertrofiado (megalómanos incorregibles) y siempre serán capaces de emitir juicios falsos para otorgarle sentido a todas las experiencias con las que se deparan (Sémelin 2009, p. 77). La duda le es tan extraña cuanto la autocrítica. Quizás aquí está a la vista un buen dicho “más perdido que la autocrítica de un facha”.

La mente fascista siente repulsión ante quien la refuta y es capaz de impugnar su visión de las cosas. Ante su incapacidad de contra argumentar entonces amenaza y ridiculiza. Esto explica muy bien los ataques, por parte de los representantes de la ultraderecha española, dirigidos contra la diputada de EH Bildu Mertxe Aizpurua al pronunciar su discurso en la reciente posesión de Pedro Sánchez como presidente del gobierno español. Aizpurua fue fue llamada de “terrorista”, “asesina” e incluso intentaron callarla gritándole “muérete”. Los “hooligans de las bancadas ultras” en España se asemejan muy bien a todos aquellos que en Colombia y en Brasil, no solo les da igual si matan a líderes populares e indígenas, sino que exponen abiertamente su connivencia con la violencia y la alientan al estigmatizar a todos aquellos que se atreven a criticarlos con inteligencia. La matanza de líderes sociales en Colombia y en Brasil –el caso atroz de Marielle Franco por ejemplo- son síntomas de una democracia rehén de la violencia. Estos dirigentes de base, seres excepcionales, cargados de coraje, forjados a punta de esfuerzo, que habitan el mundo amplificando la voz de su gente, niegan con su sola existencia el régimen de exclusión. Para todos los reaccionarios y sus privilegios es una tragedia que los ciudadanos conquisten sus derechos. Los asesinan porque su mente fascista solo desea aquel mundo delirante sin conflictos, sin detractores, sin antagonistas. Su goce político pasa por habitar un reguero de cadáveres, una tierra yerma, en silencio, donde apenas serán permitidos los sumisos sin voz, los domesticados despojados de la palabra.

Todo esto es una buena dosis de advertencia ética para mantener viva nuestra auto-observación y espantar el riesgo de que el fascismo pueda germinar en cada uno de nosotros. Porque no hay duda alguna de que todas las personas estamos expuestas a la metamorfosis fascista. Los autoritarismos siempre prosperan con la complicidad de la mayoría. La resignación y la indolencia son abono para el patriarca feroz. La mejor muestra de salud mental pasa por la solidaridad, la unidad en la diferencia, el inconformismo, actuando para alejar cualquier muestra de resignación y jamás fingir que nada está sucediendo.

Como lo dijo firmemente Neehwesx Cristina Bautista, líder indígena del pueblo Nasa en Colombia, asesinada el 29 de octubre de 2019: “Si callamos, nos matan, y si hablamos, también. Entonces hablamos”. ¡ Pues entonces hablamos!

Nuestro peor error sería la aceptación pasiva y acrítica. Ernest Mandel lo advertió con exactitud: cada ataque a los derechos democráticos, cada hostigamiento al disenso, cada asesinato de un líder popular, reconfortará al fascismo rampante. Cada muerte de un dirigente social que se reciba en silencio, con resignación e indiferencia, estará preparando la condiciones para el próximo ataque fatal. El odio fascista se combate con la movilización crítica, festiva, fomentando la unidad ciudadana y diversa, alzando la voz y no desistiendo de la voluntad de interpelar lo inaceptable.

Notas:
Arendt, Hannah. 1983. Eichmann em Jerusalém: um relato sobre a banalidade do mal. São Paulo: Editorial Diagrama.

Bollas, Christopher. 1998. “O estado da mente fascista”. En: Christopher Bollas, Sendo um personagem. Rio de Janeiro: Revint

Mandel, Ernest. 1969. El Fascismo. En: Marxists Internet Archive, mayo de 2012. Consultado en: https://www.marxists.org/espanol/mandel/1969/fascismo.htm

Maroni, Amnéris. 2019. “Mente Fascista”. Jornal de Psicanálise 52 (96), 73-81.

Sémelin, Jacques. 2002. “De la matanza al proceso genocida”. Revista Internacional de Ciencias Sociales. No. 174, Violencia Extrema. Consultado en: https://unesdoc.unesco.org/ark:/48223/pf0000129074_spa

Sémelin, Jacques. 2009. Purificar e Destruir. Usos políticos dos massacres e dos genocídios. Editorial DIFEL, Rio de Janeiro. 

La OEA mintió sobre las elecciones y el golpe en Bolivia



Por Mark Weisbrot *

¿Cuál es la diferencia entre una mentira descarada (decir que algo es cierto sabiendo que es falso) y una representación material premeditada que consigue el mismo fin? Veamos un ejemplo que difumina los límites entre las dos, hasta el punto de que la distinción prácticamente se desvanece.

Y las consecuencias son bastante serias; esta tergiversación (o mentira) ha desempeñado un papel muy importante en el golpe militar de Bolivia que tuvo lugar la semana pasada. Este golpe militar derrocó al Gobierno del presidente Evo Morales antes de que terminara su mandato actual, un mandato que nadie discute que ganó democráticamente en 2014.

Más represión violenta e incluso una guerra civil podría ser lo siguiente.

La misión de la OEA

La Organización de los Estados Americanos (OEA) envió una Misión de Observación Electoral a Bolivia, con la tarea de monitorizar las elecciones nacionales que tuvieron lugar el 20 de octubre en ese país. El día después de las elecciones, antes incluso del recuento total de los votos, la misión publicó un comunicado de prensa en el que anunciaba su “profunda preocupación y sorpresa por el cambio drástico y difícil de justificar en la tendencia de los resultados preliminares…”.

A lo que se refería la OEA es a esto: hay un “conteo rápido” oficioso de los resultados de la votación que realiza una empresa que sube resultados a una página web, a medida que las actas de escrutinio están disponibles. A las 19:40 del día de las elecciones, se había verificado el 83,8% de los votos y no se produjeron nuevas actualizaciones durante 23 horas (más información sobre esto después).

Cuando se publicó de nuevo una actualización con un 95% del recuento, la ventaja de Morales había pasado del 7,9% antes de la interrupción a poco más del 10%.

Este margen era importante porque, para poder ganar sin necesidad de celebrar una segunda vuelta, un candidato tiene que conseguir una mayoría absoluta, o al menos un 40% y un margen de 10 puntos sobre el segundo candidato. Este margen, que aumentó hasta el 10,6% cuando se completó el recuento oficial, suponía la reelección de Morales sin necesidad de una segunda vuelta.


La ventaja de Morales fue en continuo aumento

Veamos, si tuvieras algo de experiencia en elecciones o puede que incluso en aritmética, ¿qué es lo primero que te gustaría saber sobre esos votos que llegaron después de la interrupción? Te podrías preguntar, ¿la gente de esas zonas era diferente a la media de la gente que vivía en los distritos del primer 84%? Y, también, si el cambio en el margen que sacó Morales fue repentino o fue una tendencia gradual que continuó a medida que se publicaban más actas de escrutinio.

Puede incluso que quieras formular estas preguntas antes de expresar “profunda preocupación y sorpresa” sobre lo que sucedió, en particular en una situación política muy polarizada que ya se estaba poniendo violenta.

Este gráfico muestra que la ventaja que sacaba el presidente Morales (puntos azul claro) y su partido en las elecciones parlamentarias (puntos azul oscuro) aumentó a un ritmo constante durante la mayor parte del recuento. No se produjo ningún incremento repentino al final para que se superara el umbral del 10%.

Un vistazo a estos datos demuestra que el cambio en la ventaja de Morales fue en realidad paulatino y continuo, y comenzó a producirse muchas horas antes de que se detuvieran las actualizaciones del recuento preliminar. Eso se puede apreciar en la gráfica de los resultados.

Es la geografía

¿Por qué sucedió esto? La respuesta es sencilla y no tan inusual: la gente que vive en las zonas que más se tardaron en contar eran más favorables al MAS (el partido de Morales, Movimiento al Socialismo) que la gente que habita en las zonas que se contaron antes. De ahí el aumento gradual y continuo en la ventaja de Morales, gracias al cual los votos después de la interrupción le situaron por encima del umbral.

La OEA publicó dos comunicados de prensa, un informe preliminar y una auditoría preliminar sobre las elecciones. ¿Cuántos de estos comunicados menospreciaban los resultados electorales como quedaba implícito en la cita anterior sobre “profunda preocupación y sorpresa”? Tres. ¿Cuántos incluían algo sobre la diferencia entre el porcentaje de votantes de Morales/MAS en las zonas cuyo recuento se hizo más tarde y los resultados anteriores? Ninguno.

Al final resulta que la interrupción en el recuento rápido tampoco fue una señal de juego sucio.

El recuento rápido no tiene valor legal

El recuento rápido se realiza además del recuento oficial y no tiene valor legal para determinar los resultados. Su intención, ni promesa, nunca fue ser un recuento completo; en anteriores elecciones ni siquiera llegó al 84%.

Se trata solo de una serie de instantáneas, realizadas por una empresa contratada, para proporcionar resultados preliminares antes de que termine el recuento oficial. Tendría sentido que las autoridades electorales no quisieran que se publicaran al mismo tiempo dos tipos de resultados, que son intrínsecamente diferentes, en una situación política polarizada y violenta.

Para aquellos que prefieran los números antes que los gráficos: el margen de Morales al terminar el recuento del 84% de los votos era del 7,9%, como ya se ha indicado. Si observamos los restantes 16 distritos y preguntamos: ¿cuál era el margen de Morales antes de la interrupción en las zonas donde se ubican estos distritos cuyo recuento se hizo más tarde? Ese margen era del 22%. De nuevo, una explicación sencilla del motivo por el cual aumentó tanto su margen con los resultados posteriores.

Para obtener un análisis estadístico más convincente, podemos hacer una proyección sobre recuento restante (y por tanto total) basándonos en el primer 84% que se publicó. Y, ¡oh sorpresa!, la proyección del margen final de Morales según el primer 84% escrutado resulta ser de algo más del 10%.

Es difícil, por no decir casi imposible, creer que la misión de la OEA, o de sus superiores en el Departamento de Cooperación Electoral y Observación, sintieran una “profunda preocupación y sorpresa” y aun así fueran demasiado incompetentes para siquiera fijarse en esos datos.

Tres mentiras

Por ese motivo, afirmo que han mentido en al menos tres ocasiones: en el primer comunicado de prensa, en el informe preliminar y en la auditoría preliminar. Por lo tanto, hay que mostrarse profundamente escéptico ante las acusaciones que presentaba esta y sus posteriores publicaciones, a menos que puedan ser verificadas por investigadores independientes a partir de los datos públicos disponibles.

De cualquier modo, la OEA ni siquiera es tan independiente en este momento, ya que el gobierno de Trump ha apoyado activamente el golpe militar y Washington cuenta con más aliados de derechas en la OEA que hace tan solo unos años.

Por no mencionar que EE.UU. aporta el 60% de su presupuesto. Pero claro, la OEA ya faltó estrepitosamente a su misión de monitorizar elecciones en el pasado y ayudó a revertir los resultados de las elecciones según las preferencias de EE.UU. y sus aliados: de forma destructiva en las elecciones de 2000 en Haití, y de nuevo en el mismo país en 2011.

Más pruebas: en las últimas tres semanas, la OEA no ha querido contestar a las preguntas de los periodistas, de manera oficial, sobre las declaraciones o informes que realizó desde que tuvieron lugar las elecciones.

Quizá tengan miedo de que un reportero curioso formule preguntas como estas: ¿existe una diferencia entre las preferencias políticas de las personas que habitan en las zonas cuyo recuento se publicó después en comparación con las primeras? ¿Acaso no explica eso por qué la ventaja de Morales terminó sobrepasando el 10% cuando se completó el recuento de los votos de las zonas pro-Morales? ¿Se molestaron siquiera en considerar este factor?

Como soy economista, creo en los incentivos y ofrezco 500 dólares al primer periodista que consiga una respuesta sustancial, y oficial, a estas preguntas de un representante de la OEA. Incluso si la respuesta resulta finalmente ser una mentira.

* Mark Weisbrot es codirector del Centro para la Investigación Económica y Política (CEPR, por sus siglas en inglés) que se encuentra en Washington D.C. El CEPR es una organización de investigación y educación que se estableció para fomentar el debate democrático sobre los asuntos económicos y sociales más importantes que afectan a las vidas de las personas. También es el autor de Fracaso: En qué se equivocaron los ‘expertos’ sobre la economía global (2015, Oxford University Press).

Este artículo se publicó en Marketwatch.

Traducción de Álvaro San José.

Las paradojas del militarismo

Rebelión

Por Jorge Majfud

Artigas, el tantas veces traicionado

Las dictaduras militares en América latina solían presentarse con eslóganes como la Patria, el Honor, la Libertad y la Democracia.

Incluso, en Uruguay, en la secundaria teníamos una materia con un título y un contenido triplemente paradójico, “Educación Moral y Cívica”. Allí, la dictadura militar levantó monumentos al General José Artigas. Como una de las profesiones de Artigas fue la de militar y los pueblos le dieron el título de “general”, los militares y generales del siglo XX se sintieron identificados con el título del libertador y quisieron que lo identificaran con ellos.

Obviaron algunos detalles, como su acción y pensamiento. Cuando en 1811 Artigas vence a los españoles en la batalla de Las Piedras, le ordena a sus soldados “clemencia para los vencidos”. En el siglo XX, sus supuestos seguidores entendieron que “clemencia” significaba “tortura”, “desaparición”, y “vencidos” eran todos aquellos desarmados que no pensaban como ellos y se atrevían a decirlo. No fueron a ninguna guerra contra otros ejércitos de otros países sino que sus oficiales se daban una vuelta por las cárceles y las salas de tortura cuando sus “vencidos” estaban atados de manos y reventados física y moralmente según las más sofisticadas técnicas de tortura, y a eso le llamaban “guerra”. Entregar el país a los intereses extranjeros que habían financiado otros golpes en el continente significaba “defender la patria de la influencia extranjera”.

Ahora, cuando en muchos países del Sur se pensaba que las democracias habían sido recuperadas, los militaristas resurgen de los cuarteles o (caso de Uruguay) levantando otra vez el nombre del General Artigas como si fuese una cachiporra.

Sin embargo, a todos los militaristas que se llaman “artiguistas” y se dedican a amenazar y golpear a los pueblos con el poder y las armas que pagan éstos mismos, les recuerdo un fundamento de las Instrucciones del año 1813 del Gral. Artigas, un militar antimilitarista y fundador moral de lo que quedó de su proyecto federal, la provincia de Uruguay: “El despotismo militar será precisamente aniquilado con trabas constitucionales que aseguren inviolable la soberanía de los pueblos”.

Seguramente no por casualidad, el General Artigas se exilió sus últimos treinta años en “un país extranjero” (hoy no podría votar en las elecciones de su país) y no por casualidad se negó a regresar al Uruguay cuando gobernaban los héroes mataindios, ahora multiplicados en sus estatuas de bronce y en la furia de quienes dicen seguir sus verdaderos valores, siempre dispuestos a dar palo a los de abajo o a quienes los representan.

Como lo vemos todos los días en tantos países de la región; como lo vemos cada vez que echamos una mirada a la historia: señores uniformados de impunidad, ustedes siempre tan duros con los de abajo y tan blandos con los de arriba.


miércoles, 22 de enero de 2020

Evento “Datos y Baleadas” formará a hondureños en nuevas tendencias del periodismo



Con la asistencia de periodistas, desarrolladores web, hackers cívicos y diseñadores, entre otros, Revistazo.com y la Asociación por una Sociedad más Justa llevaron a cabo con éxito el primer conversatorio denominado “Datos y Baleadas”, que tiene como fin formar a profesionales en el uso de periodismo de datos en Honduras. 

El evento se llevó a cabo en "Casa Quincho, salón El taller"  y tuvo una asistencia de más de 30 personas, pertenecientes a diferentes medios de comunicación de Tegucigalpa, estudiantes y catedráticos (UNAH, UJCV), la empresa privada, el IAIP, freelance entre otros. Los conferencistas fueron Lester Ramírez, Director de Gobernanza y Estudios Aplicados de ASJ; Alex Flores, periodista de investigación y Jorge Coello, Coordinador de Revistazo.com; quienes hablaron sobre experiencias y diversas formas de emprender proyectos de periodismo de datos.



¿Por qué “datos y baleadas”?
Así como las baleadas (platillo típico hondureño) están hechas de varios ingredientes tradicionales, los equipos multidisciplinarios de unidades de análisis de datos se conforman por profesionales de diversas áreas del conocimiento y esta analogía dio vida a lo que espera convertirse como la comunidad de datos por excelencia en Honduras.

Con este tipo de talleres, ASJ busca generar interés por una cultura que promueva la transparencia y el combate a la corrupción a través de futuros proyectos investigativos basados en el análisis de datos públicos que muestren a los ciudadanos el uso de sus fondos públicos y los destinos que estos toman.

Los participantes del conversatorio enfatizaron su interés en que en un futuro cercano se organicen nuevas reuniones de la “comunidad datera” hondureña con el objetivo de conocer nuevas herramientas de desarrollo web, diseño, redacción y viralización del periodismo de datos.


Lo que nos faltaba



El nuevo año ha comenzado bien loco. El Banco Mundial le dice a Rocío que su economía ha crecido, pero una vocera le dice a TN5 que millares de hondureños arrancan huyendo en otra caravana. En Estados Unidos, Callejas pide clemencia porque no quiere todavía su sentencia; en el Pacífico, el cordón de fuego estremece varios países inclusive Canadá, mientras en Nueva York Tonny Hernández espera hasta febrero la individualización de su pena por narco y traficante de armas, y en Tegucigalpa su hermano Juan declara la guerra al Hetzbolá.

Veamos qué es lo que pasa realmente, para no caer en la tontería apocalíptica del fin del mundo como le gusta repetir a los azorra locos. Está cerca el fin de una generación autodestructora, pero el planeta seguirá girando y regenerándose como lo hace desde hace millones de años.

Entonces, vamos a lo concreto: el Pentágono, a través de la narco dictadura golpista hondureña, ejecuta acciones desde 2009 para sustituir el poder que tenían las familias árabes de origen palestino, en San Pedro Sula y Tegucigalpa.

Con ese propósito, Estados Unidos utiliza la élite criolla que asaltó el poder con el golpe, la banda nacionalista-liberal que es vulnerable por el tráfico de drogas y la gigantesca corrupción, para abrirle la puerta a la inteligencia, la milicia y la economía israelita, que cuida las espaldas de Washington en Honduras. Y para ayudar a Trump, que está en el ojo de la justicia. Y que, pese a todo, quiere reelegirse.

Como denunció el Cofadeh en 2011, después de la negociación de Cartagena, el clan Hernández inició con el partido conservador de Netanyahou y su estructura militar, la construcción de cárceles, el entrenamiento militar y la triangulación de inteligencia al servicio de Estados Unidos.

Por detrás de las estructuras estatales formales, bien ocultos en el modelo colombiano y en la ausencia formal de la AID, los topos del modelo judío han tomado control de las decisiones estratégicas en Honduras. No sólo de la política carcelaria y el suministro de armas, sino también de la economía agrícola, las comunicaciones y la “espiritualidad” próspera.

Con el inicio de las hostilidades de Donald Trump contra Irán, para desviar la atención de su juicio político por traidor a la patria y tomar ventaja para su reelección, la dictadura de Hernández en Honduras ha descubierto totalmente su rostro sionista.

La oferta de enviar tropas hondureñas al medio oriente, para enfrentar la estrategia militar de Irán contra las bases de marines estadounidenses que desestabilizan la zona de mayor reserva de petróleo del mundo, es realmente sorprendente.

Pero el extremo de Hernández, el más loco, es el anuncio de acciones militares en Honduras contra el Movimiento Chií Hetzbolá, la estructura política y militar más organizada en defensa del Islam que existe en los alrededores del antiguo territorio persa.

Este segundo anuncio, hecho después de recibir un buque de guerra de la armada judía y tras la visita del segundo responsable de la seguridad interior de Estados Unidos, ha coincidido con la detención de tres jóvenes iraníes que viajaban a través de Honduras hacia Estados Unidos, como lo hacen millares de asiáticos, africanos y latinoamericanos cotidianamente.

Dice Wikipedia que el Hezbolá o “Partido de Dios”, también escrito como Hizbulá o Hezbollah, es una organización islámica musulmana chií libanesa que cuenta con un brazo político y otro militar. Fue fundado en el Líbano en 1982 como respuesta a la intervención israelí de ese momento y fueron entrenados, organizados y fundados por un contingente de la Guardia Revolucionaria iraní.  Su máximo líder es Hasan Nasrallah.

Tanto la Unión Europea como Estados Unidos consideran oficialmente al brazo armado del Hetzbolá como una organización terrorista. Por el contrario, parte de los gobiernos del mundo árabe consideran a Hezbolá un movimiento de resistencia legítimo.

Desde antes de las caravanas de migrantes hondureños, salvadoreños y guatemaltecos, el régimen de Trump ha intentado, dentro de la guerra psicológica, de asociar la infiltración del Hetzbolá con los movimientos migratorios que parten hacia Norteamérica. Ese discurso ha sido construido para convertir el problema humano de la emigración en un asunto político de seguridad interior, bueno para levantar nacionalismos supremacistas, magnífico para levantar votos blancos.

Lamentablemente, a esa teoría conspirativa se ha sumado nada menos que el “Tercer País Seguro” asociado a los grupos religiosos fundamentalistas financiados por la Agencia Central de Inteligencia y pro israelíes que operan aquí en Honduras. En suma, se han adherido las castas corruptas y traficantes que son reclamadas por el poder judicial estadounidense. Las mismas que deciden la detención de las personas demandantes de asilo que huyen de las violencias de los violentos.

Pero, en realidad, es un tremendo lío en el que están metiendo al país estos sustitutos de Valles y Cachiros. En pocas palabras, están usando a Honduras para instalar el régimen israelí, para detener bajo sospecha a todos los emigrantes del medio oriente y para abrir un frente lejano a la “guerra santa”, que puede implicar ciertamente consecuencias nefastas para el pueblo hondureño.

Todo es parte de esa estrategia de Washington para instalar una frontera sur lejana a su territorio. Usar a Guatemala, El Salvador y Honduras como el verdadero muro de contención de las personas, no de las mercancías que seguirán pasando, no de las drogas y las armas que seguirán su movimiento hacia el mercado de Wall Street.

Frente a este cinismo, desearíamos tener voces de oposición social y política en el Congreso, en los gobiernos locales y en los foros de opinión, locales e internacionales. No se puede tolerar este nivel de estupidez oficial que compromete el país.

Desearíamos, igualmente, que el pueblo que nos escucha se sume a la lucha. Que no repita las majaderías de los falsos cristianos y que reclame como pueda el respeto a Honduras, país de nosotros.

No permitamos que Israel siembre de armas el país, porque ningún pueblo de ese Dios criminal se necesita en nuestros campos. No permitamos que el pentágono siga usando narcos terroristas para cuidar las espaldas de la ensuciada Casa Blanca.

Esta noche queremos recordar a Honduras que en mayo es el examen universal a Honduras en materia de derechos humanos en Ginebra. Eso es central en el marco de la ONU. Cuatro años después del último examen, el mundo sabrá qué hizo esta dictadura en las cuatro generaciones de derechos humanos del pueblo hondureño. Eso sí es importante.

Fuera narcos terroristas de Honduras!

Las Reformas Electorales, un platillo que se cocina a fuego muy lento



El 2019 inició con un madrugón para la clase política; las reformas constitucionales pusieron a trabajar a los diputados en pleno recalentado. Con un consenso político partidario sin precedentes se logró un acuerdo entre “Los tres mosqueteros” y así “nacieron” los órganos encargados de organizar procesos electorales y resolver conflictos e impugnaciones, (CNE Y el TJE, respectivamente). El estira y encoje trajo consigo la insurrección legislativa, pues bajo el argumento de tener el derecho a un representante, LIBRE hizo lo propio para lograr su objetivo y se eligieron a los nuevos integrantes del Consejo Nacional Electoral y Tribunal de Justicia Electoral. Sin leyes, presupuesto e instalaciones, pero ¡a trabajar!

Tal como lo manda la cultura política hondureña, un representante para cada una de las tres fuerzas políticas mayoritarias.

Para todo lo que no se puede hacer en el país, siempre existe la Organización de Estados Americanos (OEA). Con aproximadamente 6 millones de Lempiras, el Congreso Nacional le pidió a la OEA que le redactara dos propuestas de Ley. La democracia sale cara, tanto que, aunque algunos lo hayan olvidado, costó 31 vidas en conflictos post electorales, según los datos del Comisionado Nacional de los Derechos Humanos (CONADEH). Dos comisiones multipartidarias dictaminarían lo entregado por la OEA, es decir, analizar lo analizado; pero antes pasaría por una revisión de una Comisión Técnica de Asesores, artículo por artículo, casi casi como el “voto por voto”, y así se fue el año viejo.

2020 inició con pocas expectativas en materia electoral. El Registro Nacional de las Personas va viento en popa con el proyecto ¨Identifícate¨, para darle una nueva tarjeta de identidad a los hondureños.

Sin embargo, las leyes electorales siguen cocinándose a fuego muy lento en el Congreso y entre algunos enigmas latentes quedan preguntas como: ¿Habrá consulta popular sobre la reelección presidencial y la segunda vuelta electoral? ¿Tendremos un sistema de transmisión de resultados sólido y transparente? ¿Las mesas electorales estarán plagadas de activistas políticos de nuevo? ¿Se adelantarán las elecciones primarias?.. Muchas interrogantes, sin duda.

Esperemos no recibir las respuestas justo antes de hacer el examen, pues para las elecciones de 2021 es una necesidad tener reglas y cuentas claras, para que no perdamos 50 millones de dólares diarios por otra crisis, según estimaba el Consejo Hondureño de la Empresa Privada (COHEP), y que las elecciones se conviertan en una noticia común sobre alternancia democrática en la administración del Estado, y no de debilitamiento democrático y enfrentamientos ciudadanos.

Otoño de 1941, Pearl Harbor y las guerras del Estados Unidos empresarial



Por Jacques R. Pauwels

Mito: Estados Unidos se vio obligado a declarar la guerra a Japón tras un ataque japonés totalmente inesperado a la base naval estadounidense en Hawai el 7 de diciembre de 1941. Como Japón era aliado de la Alemania nazi, esta agresión hizo que automáticamente Estados Unidos entrara en guerra contra Alemania.
Realidad: hacía tiempo que el gobierno Roosevelt deseaba entrar en guerra contra Japón y trató de desencadenarla por medio de un embargo al petróleo y otras provocaciones. Como Washington había descifrado los códigos [secretos] japoneses, sabía que la flota japonesa se dirigía a Pearl Harbor, pero se alegró del ataque porque la agresión japonesa iba a hacer posible “vender” la guerra a la opinión pública estadounidense, la inmensa mayoría   de la cual se oponía a   ella.

También se suponía que un ataque por parte de Japón, a diferencia de un ataque estadounidense a Japón, evitaría una declaración de guerra por parte del aliado de Japón, Alemania, que estaba obligado por un tratado a ayudar solo en caso de que Japón fuera atacado. Sin embargo, por razones que nada tienen que ver con Japón o Estados Unidos, sino con el fracaso de la “guerra relámpago” de Alemania contra la Unión Soviética, el propio Hitler declaró la guerra a Estados Unidos pocos días después de [el ataque a] Pearl Harbor, el 11 de diciembre de 1941.

Otoño de 1941 . Tanto entonces como ahora, Estados Unidos estaba gobernado por una “élite de l poder” formada por industriales, propietarios y gerentes de las principales empresas y bancos del paí s , que no suponían sino una pequeña parte de su población . Tanto entonces como ahora, estos industriales y financieros (el “Estados Unidos empresarial”) tenía estrechas relaciones con los más rangos altos del ejército, los “señores de la guerra” ( como los ha denominado el sociólogo de la Universidad de Columbia C. Wright Mills, que acuñó el término “élite de l poder” [1] ) y para quienes años más tarde se erigiría un gran cuartel general, conocido como el Pentágono, a orillas del río Potomac.

En efecto, hacía décadas que existía el “complejo militar-industrial” cuando Eisenhower le dio ese nombre al final de su carrera como presidente y tras haberlo servido muy diligentemente. Hablando de presidentes: en las décadas de 1939 y 1940, de nuevo tanto entonces como ahora, la élite de l poder permitió amablemente al pueblo estadounidense elegir cada cuatro años entre dos miembros de su propia élite (uno calificado de “republicano” y otro de “demócrata”, aunque pocas personas sepan cuál es la diferencia) para residir en la Casa Blanca con el fin de formular y administrar las políticas nacionales e internacionales. Estas políticas servían (y siguen sirviendo) a los intereses de la élite de l poder , es decir, servían sistemáticamente para promover “los negocios”, una palabra en clave utilizada para designar la maximización de los beneficios de las grandes empresas y bancos que son miembros de la élite de l poder.

Como dijo francamente el presidente Calvin Coolidge en una ocasión durante la década de 1920, “ el negocio de Estados Unidos [quería decir del gobierno estadounidense] son los negocios”.   E n 1941 el inquilino de la Casa Blanca era un miembro bona fide de la élite de l poder , un vástago de una familia rica, privilegiada y poderosa : Franklin D. Roosevelt, al que se suele denominar “FDR” ( por cierto , la riqueza de la familia Roosevelt se creó, al menos en parte, gracias al comercio de opio con China. Como escribió Balzac, “ detrás de cada gran fortuna se oculta un crimen ”).

Parece que Roosevelt sirvió bastante bien a la élite del poder puesto que se las arregló para ser nominado (¡difícil!) y elegido (¡relativamente fácil!) en 1932, 1936, y de nuevo en 1940. Fue un logro notable ya que los “sucios años treinta” fue una época difícil, marcada tanto por la “Gran Depresión” como por grandes tensiones internacionales que llevaron a la erupción de la guerra en Europa en 1939. El trabajo de Roosevelt (servir a los intereses de la élite de l poder ) estuvo lejos de ser fácil porque entre las filas de esa élite las opiniones diferían acerca de cómo podía servir mejor el presidente a los intereses empresariales. Por lo que se refiere a la crisis económica, algunos industriales y bancos estaban bastante contentos con el enfoque keynesiano del presiente, lo que se conocía como el “New Deal” y que suponía mucha intervención del Estado en la economía, mientras que otros se oponían firmemente a ese enfoque y pedían a gritos volver a la ortodoxia del laissez-faire. La élite de l poder también estaba dividida respecto a cómo gestionar las relaciones exteriores.

A los propietarios y altos directivos de muchas empresas estadounidenses (como Ford, General Motors, IBM, ITT, y la Standard Oil de Rockefeller en Nueva Jersey, ahora conocida como Exxon) les gustaba mucho Hitler. Uno de ellos, William Knudsen de General Motors, incluso calificó elogiosamente al Führer alemán de “milagro del siglo XX” [2]. La razón de ello era que el Führer había armado a Alemania hasta los dientes para prepararse para la guerra y muchas sucursales alemanas de empresas estadounidenses se habían beneficiado generosamente del “boom del armamento” de ese país produciendo camiones, tanques y aviones en lugares como la fábrica Opel de GM en Rüsselsheim y la gran planta de Ford en Colonia, el Ford-Werke; y empresas como Exxon y Texaco habían ganado mucho dinero suministrando el combustible que los tanques de Hitler iban a necesitar para circular hasta Varsovia en 1939, hasta París en 1940 y (casi) hasta Moscú en 1941. ¡No es de extrañar que los directivos y dueños de estas empresas contribuyeran a la celebración de las victorias de Alemania contra Polonia y Francia en una gran fiesta en el Hotel Waldorf-Astoria de Nueva York el 26 de junio de 1940!

A los “capitanes de la industria” estadounidenses, como Henry Ford, también les gustaba cómo Hitler había cerrado los sindicatos alemanes, prohibido todos los partidos obreros y enviado a las personas comunistas y a muchas socialistas a campos de concentración. Querían que Roosevelt tratara de la misma manera a los molestos líderes sindicales y a las personas “rojas” estadounidenses, que todavía eran numerosas en la década de 1930 y principios de la de 1940. Lo último que aquellos hombres querían era que Roosevelt implicara a Estados Unidos en una guerra al lado de los enemigos de Alemania, eran “aislacionistas” (o “no intervencionistas”) lo mismo que la gran mayoría de la opinión pública estadounidense en el verano de 1940: una encuesta de Gallup de septiembre de 1940 demostraba que el 88 % de la población estadounidense quería permanecer al margen de la guerra que asolaba Europa [3]. Así que no es de extrañar que no hubiera indicio alguno de que Roosevelt quisiera restringir el comercio con Alemania y mucho menos embarcarse en una cruzada contra Hitler. De hecho, en la campaña para las elecciones presidenciales de otoño de 1940 prometió solemnemente que “[nuestros] muchachos no van a ser enviados a ninguna guerra extranjera” [4].

El hecho de que Hitler hubiera aplastado Francia y otros países democráticos no preocupaba a los empresarios estadounidenses que hacían negocios con Hitler. De hecho, les parecía que el futuro de Europa pertenecía al fascismo, especialmente a la variedad alemana de fascismo, el nazismo, más que a la democracia (para variar, el presidente de General Motors, Alfred P. Sloan, declaró entonces que era bueno que en Europa las democracias dieran paso “a un sistema alternativo [es decir, fascista] con líderes fuertes, inteligentes y agresivos que hacían que la gente trabajara más tiempo y más duro, y que tenían instinto de gángsteres, ¡todo buenas cualidades!”) [5]. Y como sin lugar a dudas los industriales estadounidenses no querían que el futuro de Europa perteneciera al socialismo en su variedad evolutiva, y mucho menos revolucionaria (es decir, comunista), se iban a alegrar especialmente cuando aproximadamente un año después Hitler hizo lo que habían esperado mucho tiempo que hiciera, es decir, atacó a la Unión Soviética para destruir la patria de las personas comunistas y fuente de inspiración y apoyo para las personas “rojas” del mundo entero, incluido Estados Unidos.

Mientras que muchas grandes empresas habían hecho jugosos negocios con la Alemania nazi, resultaba que otras ganaban mucho dinero en ese momento haciendo negocios con Gran Bretaña. Ese país, además de, por supuesto, Canadá y otros países miembros del Imperio Británico, era el único enemigo que le quedó a Alemania desde el otoño de 1940 hasta junio de 1941, cuando el ataque de Hitler contra la Unión Soviética hizo que Gran Bretaña y la Unión Soviética se convirtieran en aliados. Gran Bretaña necesitaba desesperadamente todo tipo de equipamiento para continuar su lucha contra la Alemania nazi, quería comprar la mayoría de este material a Estados Unidos, pero no podía hacer los pagos en metálico que exigía la legislación estadounidense “Cash-and-Carry” [pagar y llevar]. Sin embargo, Roosevelt hizo posible que las empresas estadounidenses aprovecharan esta inmensa “oportunidad” cuando el 11 de marzo de 1941 introdujo su famoso programa “Lend-Lease” [préstamo-arriendo] que proporcionaba a Gran Bretaña un crédito prácticamente ilimitado para comprar en Estados Unidos camiones, aviones y otros equipamientos de guerra. Las exportaciones “Lend-Lease” a Gran Bretaña iban a generar unos beneficios inesperados, no sólo debido al enorme volumen de negocios que implicaban, sino también porque estas exportaciones se caracterizaron por unos precios inflados y unas prácticas fraudulentas como la doble facturación.

Así pues, una parte del Estados Unidos empresarial empezó a simpatizar con Gran Bretaña, un fenómeno menos “natural” de lo que ahora podríamos creer (en efecto, después de la independencia de Estados Unidos la antigua madre patria había seguido siendo durante mucho tiempo el archienemigo del Tío Sam y todavía en la década de 1930 el ejército estadounidense tenía planes de guerra contra Gran Bretaña y de una invasión del Dominio Canadiense, planes en los que se incluía bombardear ciudades y el uso de gases venenosos) [6]. Algunos portavoces de estos potenciales votantes pertenecientes al mundo industrial, aunque no muchos, incluso empezaron a apoyar la entrada de Estados Unidos en la guerra al lado de los británicos y se les empezó a conocer como “intervencionistas”. Por supuesto, muchas, si no la mayoría, de las grandes empresas estadounidenses habían hecho dinero gracias a sus negocios tanto con la Alemania nazi como con Gran Bretaña y puesto que el propio gobierno Roosevelt se estaba empezando a preparar para una posible guerra multiplicando los gastos militares y encargando todo tipo de equipamiento, también las grandes empresas estadounidenses empezaron a ganar cada vez más dinero suministrando a las propias fuerzas armadas de Estados Unidos todo tipo de material de guerra [7].

Si había una cosa en la que podían estar de acuerdo todos los líderes del Estados Unidos empresarial, con independencia de sus simpatías individuales por Hitler o Churchill, era lo siguiente: la guerra en Europa en 1939 era buena, incluso magnífica, para los negocios. También estaban de acuerdo en que cuanto más durara la guerra mejor sería para todos ellos. Con excepción de los más fervientes intervencionistas pro-Gran Bretaña, también estaban de acuerdo en que no había ninguna prisa en que Estados Unidos interviniera activamente en esa guerra y desde luego tampoco en entrar en guerra con Alemania. Lo más ventajoso para el Estados Unidos empresarial era un escenario en el que la guerra en Europa durara lo más posible de modo que las grandes empresas pudieran seguir beneficiándose de suministrar equipamiento a los alemanes, a los británicos, a sus respectivos aliados y al propio Estados Unidos. Así, Henry Ford “expresó su esperanza de que ni los Aliados ni el Eje ganara [la guerra]” y sugirió que Estados Unidos suministrara a ambos bandos “las herramientas para seguir peleando hasta que ambos colapsaran”. Ford puso en práctica lo que predicaba y dispuso que sus fábricas en Estados Unidos, Gran Bretaña, Alemania y la Francia ocupada produjeran en serie equipamientos para todos los contendientes [8]. Puede que la guerra fuera un infierno para la mayoría de la gente, pero para los “capitanes de la industria” estadounidenses, como Ford, era el paraíso.

Se suele creer que el propio Roosevelt era intervencionista, pero sin lugar a dudas los aislacionistas eran mayoría en el Congreso y no parecía que Estados Unidos fuera a entrar pronto en la guerra, si es que entraba alguna vez. No obstante, debido a las exportaciones Lend-Lease a Gran Bretaña las relaciones entre Washington y Berlín se estaban deteriorando definitivamente, y en otoño de 1941 una serie de incidentes entre submarinos alemanes y destructores de la armada estadounidense que escoltaban buques de carga con destino a Gran Bretaña llevó a una crisis conocida como la “guerra naval no declarada”. Pero ni siquiera este episodio provocó la implicación de Estados Unidos en la guerra en Europa. El Estados Unidos empresarial se estaba beneficiando espléndidamente del status quo y simplemente no le interesaba una cruzada contra la Alemania nazi. A la inversa, la Alemania nazi estaba muy implicada en el gran proyecto de la vida de Hitler: su misión de destruir la Unión Soviética. Las cosas no habían ido como estaba previsto en esa guerra. Se suponía que el Blitzkrieg [ataque relámpago] lanzado en el este en junio de 1941 iba a “aplastar como un huevo a la Unión Soviética” en un plazo de 4 a 6 semanas, o así lo creían los expertos militares no solo de Berlín sino también de Washington. Sin embargo, a principios de diciembre Hitler todavía esperaba que los soviéticos ondearan la bandera blanca. Bien al contrario, el 5 de diciembre el Ejército Rojo emprendió repentinamente una contraofensiva frente a Moscú y de pronto los alemanes se vieron en un verdadero atolladero. Lo último que Hitler necesitaba en aquel momento era una guerra contra Estados Unidos [9].

En la década de 1930 el ejército estadounidense no tenía planes, ni los preparó, de luchar una guerra contra la Alemania nazi. Por otra parte, sí tenía planes de guerra contra Gran Bretaña, Canadá, México y Japón [10]. ¿Por qué Japón? En la década de 1930 Estados Unidos era una de las principales potencias industriales del mundo y como todas las potencias industriales buscaba constantemente fuentes de materias primas baratas como caucho y petróleo, y mercados para sus productos acabados. Ya a finales del siglo XIX Estados Unidos había luchado constantemente por sus intereses a este respecto extendiendo su influencia económica e incluso a veces su influencia política directa por océanos y continentes. Esta política agresiva e “imperialista” (que defendieron incansablemente presidentes como Theodore Roosevelt, primo de FDR) había hecho que Estados Unidos controlara antiguas colonias españolas como Puerto Rico, Cuba y Filipinas, e incluso la hasta entonces independiente isla nación de Hawaii. También se había convertido en una gran potencia en el océano Pacífico e incluso en Lejano Oriente [11].

Las tierras de las costas lejanas del océano Pacífico desempeñaron un papel cada vez más importante como mercados para los productos de exportación estadounidenses y como fuentes de materias primas baratas. Pero en la década de 1930 afectada por la Depresión, cuando se hacía más feroz la competencia por los mercados y los recursos, Estados Unidos se enfrentó a la competencia ahí de una agresiva potencia industrial rival, una potencia que necesitaba aún más petróleo y materias primas similares, además de mercados para sus productos acabados. Ese competidor era Japón, la tierra del sol naciente. Japón trataba de hacer realidad sus propias ambiciones imperialistas en China y en el sudeste asiático rico en recursos y, al igual que Estados Unidos, no dudó en utilizar la violencia para lograrlo, por ejemplo, librando una guerra despiadada contra China y creando un Estado cliente en la parte norte de ese país grande aunque débil. Lo que molestaba a Estados Unidos no era que los japoneses trataran a sus vecinos chinos y coreanos como Untermenschen [infrahumanos] sino que convirtieran esa parte del mundo en lo que ellos llamaban la Esfera de Co-Prosperidad de la Gran Asia Oriental, es decir, en un dominio económico propio, una “economía cerrada” en la que no había lugar para la competencia estadounidense. Lo que en realidad hacían los japoneses era seguir el ejemplo de Estados Unidos, que anteriormente habían transformado América Latina y gran parte del Caribe en el patio trasero económico exclusivo del Tío Sam [12].

El Estados Unidos empresarial estaba muy frustrado por haber sido expulsado del lucrativo mercado del Lejano Oriente por los “japos”, una “raza amarilla” a la que los estadounidenses en general habían empezado a despreciar ya en el siglo XIX [13]. Se consideraba a Japón un país arrogante aunque esencialmente débil y advenedizo al que el poderoso Estados Unidos podía “borrar fácilmente del mapa en tres meses”, como afirmó en una ocasión el secretario de la Armada Frank Knox [14]. Y así ocurrió que durante la década de 1930 y principios de la de 1940 mientras que la mayoría de la élite del poder de Estados Unidos se oponía a la guerra contra Alemania, apoyaba casi unánimemente la guerra contra Japón, a menos que, por supuesto, Japón estuviera dispuesto a hacer concesiones importantes, como “compartir” China con Estados Unidos. El presidente Roosevelt ( que al igual que Woodrow Wilson no era en absoluto el pacifista que muchos historiadores afirman que era) estaba ansioso por librar esa “espléndida pequeña guerra” (una expresión que había acuñado el Secretario de Estado estadounidense, John Hay, en referencia a la guerra hispano-estadounidense de 1898, que era “espléndida” porque permitió a Estados Unidos apoderarse de Filipinas, Puerto Rico, etc.). El verano de 1941, después de que Tokio hubiera aumentado aún más su zona de influencia en el Lejano Oriente al ocupar la colonia francesa de Indochina rica en caucho y, como estaba desesperado sobre todo por conseguir petróleo, obviamente había empezado a codiciar la rica en petróleo colonia holandesa de Indonesia, al parecer FDR había decidido que era el momento oportuno para una guerra contra Japón, pero se enfrentaba a dos problemas. En primer lugar, la opinión pública se oponía firmemente a que Estados Unidos se implicara en ninguna guerra extranjera. En segundo lugar, la mayoría aislacionista en el Congreso podía no apoyar esa guerra por temor a que eso llevara automáticamente a Estados Unidos a la guerra contra Alemania.

Según el autor de un detallado y muy bien documentado estudio reciente, Robert B. Stinnett, la solución de Roosevelt a este problema doble fue “provocar a Japón a cometer un acto manifiesto de guerra contra Estados Unidos” [15]. En efecto, en caso de un ataque japonés la opinión pública estadounidense no tendrá más opción que unirse tras la bandera (antes ya se había hecho que la opinión pública estadounidense se uniera de forma similar detrás de la bandera de las Barras y Estrellas, en concreto al inicio de la guerra hispano-estadounidense, cuando el barco de guerra estadounidense Maine que estaba de visita en La Habana se hundió misteriosamente en el puerto de esta ciudad, un acto del que inmediatamente se culpó a los españoles; después de la Segunda Guerra Mundial se volvería a condicionar al pueblo estadounidense para que aprobara guerras, deseadas y aprobadas por su gobierno, por medio de provocaciones artificiosas, como el incidente del golfo de Tonkin en 1964). Por otra parte, según estipulaba el Tratado Tripartito firmado por Japón, Alemania e Italia el 27 de septiembre de 1940 en Berlín, los tres países se comprometían a ayudarse entre sí cuando una de las tres potencias fuera atacada por otro país, pero no cuando una de ellas atacara a otro país. Por consiguiente, en caso de un ataque japonés a Estados Unidos los aislacionistas, que eran no intervencionistas respecto a Alemania pero no respecto a Japón, no tenían que temer que un conflicto con Japón significara también la guerra contra Alemania.

Y así, después de que el presidente Roosevelt decidiera que “se debe ver que Japón hace el primer movimiento abierto” convirtió “el provocar a Japón a realizar un acto de guerra abierto en la principal política que guió sus acciones respecto Japón a lo largo del año 1941”, como escribió Stinnett. Entre las estratagemas utilizadas se incluía el despliegue de buques de guerra cerca de las aguas territoriales japonesas, e incluso dentro de ellas, aparentemente con la esperanza de desencadenar un incidente al estilo del Golfo de Tonkin que pudiera interpretarse como un casus belli. Sin embargo, fue más eficaz la implacable presión económica que se ejerció sobre el Japón, un país que necesita desesperadamente materias primas como el petróleo y el caucho y que, por lo tanto, probablemente considerara que esos métodos eran singularmente provocativos. En el verano de 1941 el gobierno de Roosevelt congeló todos los activos japoneses en Estados Unidos y emprendió una “estrategia encaminada a frustrar la adquisición por parte de Japón de productos petroleros”. En colaboración con los británicos y los holandeses, antijaponeses por sus propios motivos, Estados Unidos impuso unas severas sanciones económicas a Japón, incluido un embargo de productos petroleros vitales. La situación se deterioró aún más en otoño de 1941. Con la esperanza de evitar la guerra con el poderoso Estados Unidos, el 7 de noviembre Tokio ofreció aplicar en China el principio de relaciones comerciales no discriminatorias a condición de que los estadounidenses hicieran lo mismo en su propia esfera de influencia en América Latina. Sin embargo, Washington quería reciprocidad únicamente en la esfera de influencia de otras potencias imperialistas y no en su propio patio trasero, así que la oferta japonesa fue rechazada.

El objetivo de las continuas provocaciones estadounidenses a Japón era hacerle entrar en guerra y, de hecho, cada vez era más probable que lo hiciera. FDR confió más tarde a sus amigos que “este continuo clavar alfileres a serpientes de cascabel consiguió finalmente que este país mordiera”. El 26 de noviembre, cuando Washington exigió que Japón se retirara de China, las “serpientes de cascabel” de Tokio decidieron que ya tenían bastante y se prepararon para “morder”. Se ordenó a una flota japonesa partir hacia Hawaii para atacar a los buques de guerra estadounidenses que en 1940 FDR había decidido estacionar allí de forma bastante provocativa y tentadora para los japoneses. Como habían logrado descifrar los códigos [secretos] japoneses, el gobierno y los altos mandos del ejército estadounidenses sabían exactamente lo que la armada japonesa estaba planeando, pero no avisaron a los comandantes en Hawaii así que permitieron que ocurriera el “ataque sorpresa” contra Pearl Harbor el domingo 7 de diciembre de 1941 [16].

Al día siguiente a FDR le resultó fácil convencer al Congreso de que declarara la guerra a Japón y, como era esperar, el pueblo estadounidense se unió tras la bandera, conmocionado por lo que al parecer era un cobarde ataque que él no podía saber había sido provocado, y esperado, por su propio gobierno. Estados Unidos estaba dispuesto a declarar la guerra a Japón y las perspectivas de una victoria relativamente fácil apenas se veían reducidas por las pérdidas sufridas en Pearl Harbour que, aunque aparentemente graves, distaban mucho de ser catastróficas. Los barcos hundidos eran viejos, “la mayoría de ellos reliquias de 27 años de la Primera Guerra Mundial” y estaban lejos de ser indispensables para una guerra contra Japón. Por otro lado, los modernos barcos de guerra, incluidos los portaaviones, cuyo papel en la guerra iba a resultar crucial, no habían sufrido daños ya que por casualidad (¿?) habían sido enviados a otra parte por órdenes de Washington y estuvieron a salvo en el mar cuando se produjo el ataque [17]. Con todo, las cosas no salieron exactamente como se esperaba ya que unos días después, el 11 de diciembre, la Alemania nazi declaró inesperadamente la guerra lo que obligó a Estados Unidos a hacer frente a dos enemigos y a luchar una guerra mucho mayor de lo esperado, una guerra en dos frentes, una guerra mundial.

En la Casa Blanca no fue una sorpresa la noticia del ataque japonés a Pearl Harbor, pero la declaración alemana de guerra cayó allí como una bomba. Alemania no había tenido nada que ver con el ataque en Hawaii y ni siquiera conocía los planes japoneses, así que FDR no consideró pedir al Congreso que declarara la guerra a la Alemania nazi al mismo tiempo que a Japón. Es cierto que las relaciones de Estados Unidos con Alemania se habían deteriorado durante algún tiempo debido al apoyo activo de Estados Unidos a Gran Bretaña y el deterioro había llegado hasta la guerra naval no declarada del otoño de 1941. Sin embargo, como ya hemos visto, la élite del poder estadounidense no sentía la necesidad de intervenir en la guerra en Europa. Fue el propio Hitler quien declaró al guerra a Estados Unidos el 11 de diciembre de 1941 para gran sorpresa de Roosevelt. ¿Por qué? Solo unos días antes, el 5 de diciembre de 1941, el Ejército Rojo había emprendido una contraofensiva frente a Moscú, lo que provocó el fracaso del Blitzkrieg en la Unión Soviética. Ese mismo día Hitler y sus generales se dieron cuenta de que ya no podían ganar la guerra. Pero cuando solo unos pocos días después el dictador alemán se enteró del ataque japonés a Pearl Harbor, parece que consideró que una declaración de guerra alemana al enemigo estadounidense de sus amigos japoneses llevaría a Tokio a corresponder con una declaración de guerra contra el enemigo soviético de Alemania, aunque no lo exigiera el Tratado Tripartito.

Con el grueso del ejército japonés estacionado en el norte de China y, por lo tanto, capaz de atacar inmediatamente a la Unión Soviética en la zona de Vladivostok, un conflicto con Japón habría obligado a los soviéticos a estar en la extremadamente peligrosa situación de una guerra en dos frentes, lo que abriría la posibilidad de que Alemania todavía pudiera ganar su “cruzada” antisoviética. Hitler creyó entonces que podría exorcizar el espectro de la derrota llamando a una especie de deus ex machina japonés a acudir a la vulnerable frontera siberiana de la Unión Soviética. Pero Japón no cayó en la trampa de Hitler. Tokio también despreciaba al Estado soviético, pero como ya estaba en guerra contra Estados Unidos no se podía permitir el lujo de una guerra en dos frentes y prefirió poner todo su dinero en una estrategia “meridional” con la esperanza de ganar el gran premio del rico en recursos sudeste de Asia en vez de embarcarse en una aventura en los inhóspitos confines de Siberia. Sólo muy al final de la guerra, tras la rendición de la Alemania nazi, se iban a producir hostilidades entre la Unión Soviética y Japón. En todo caso, debido a la innecesaria declaración de guerra de Hitler, a partir de entonces Estados Unidos también fue un participante activo en la guerra en Europa, con Gran Bretaña y la Unión Soviética como aliados [18].

En los últimos años el Tío Sam ha ido a la guerra con bastante frecuencia, pero invariablemente se nos pide que creamos que lo hace por razones puramente humanitarias, esto es, para prevenir holocaustos, para impedir que los terroristas cometan todo tipo de maldades, para deshacerse de malvados dictadores, para promover la democracia, etc. [19]

Al parecer, los intereses económicos de Estados Unidos o, más exactamente, de las grandes empresas estadounidenses nunca están implicados en esas guerras. A menudo se comparan estas guerras con la “guerra buena” arquetípica de Estados Unidos, la Segunda Guerra Mundial, en la que se supone que el Tío Sam fue a la guerra sin más razón que defender la libertad y la democracia, y luchar contra la dictadura y la injusticia (por ejemplo, en un intento de justificar su “guerra contra el terrorismo” y “vendérsela” a la opinión pública estadounidense George W. Bush comparó rápidamente los atentados del 11 de septiembre con el ataque a Pearl Harbor). Sin embargo, este breve examen de las circunstancias de la entrada de Estados Unidos en la guerra en diciembre de 1941 revela un panorama muy diferente. La élite del poder estadounidense quería la guerra contra Japón y hacía tiempo que estaban preparados los planes para esa guerra. En 1941 Roosevelt organizó diligentemente esa guerra, no debido a una agresión no provocada de Tokio y sus horribles crímenes de guerra en China, sino porque las empresas estadounidenses querían una parte de la exquisita gran “tarta” de los recursos y mercados del Lejano Oriente. Por otro lado, como las principales empresas estadounidenses estaban haciendo negocios maravillosos en y con la Alemania nazi, se beneficiaban generosamente de la guerra que había provocado Hitler y, por cierto, le proporcionaban el equipamiento y el combustible necesarios para su Blitzkrieg, definitivamente la élite del poder de Estados Unidos no quería la guerra contra la Alemania nazi, a pesar de que había muchas razones humanitarias de peso para emprender una cruzada contra el verdaderamente malvado “Tercer Reich”. Antes de 1941 no había ningún plan de guerra contra Alemania y en diciembre de 1941 Estados Unidos no fue voluntariamente a la guerra contra Alemania, sino que “se vio empujado” a esa guerra por culpa del propio Hitler.

Las consideraciones humanitarias no desempeñaron papel alguno en los cálculos que llevaron a Estados Unidos a participar en la Segunda Guerra Mundial, la “guerra buena” original de este país. Y no hay razón para creer que lo hicieran según los cálculos que, más recientemente, llevaron a Estados Unidos a librar supuestas “guerras buenas” en tierras desdichadas como Irak, Afganistán y Libia, o que lo harán en la guerra que se avecina contra Irán.

El Estados Unidos empresarial desea ansiosamente una guerra contra Irán ya que alberga la promesa de un vasto mercado y gran cantidad de materias primas, especialmente petróleo. Como en el caso de la guerra contra Japón, están preparados los planes para esa guerra y el actual inquilino de la Casa Blanca parece igual de ansioso que FDR de hacer que ocurra. Además, de nuevo como en el caso de la guerra contra Japón, ha habido provocaciones, esta vez en forma de sabotaje e intrusiones por medio de drones, así como por medio del despliegue a la vieja usanza de barcos de guerra justo al límite de las aguas territoriales de Irán. Washington está otra vez “clavando alfileres a serpientes de cascabel”, al parecer con la esperanza de que la “serpiente de cascabel” iraní devuelva el mordisco y justifique así una “espléndida pequeña guerra”. Sin embargo, como en el caso de Pearl Harbor, la guerra que salga de ahí puede resultar ser otra vez mucho más grande, larga y desagradable de lo esperado.

Jacques R. Pauwels   es autor de   El mito de la guerra buena: EE.UU en la Segunda Guerra Mundial, Hondarribia, Hiru, 2002, traducción de José Sastre.

Notas:

[1] C. Wright Mills, The Power Elite, Nueva York, 1956.
[2] Citado en Charles Higham, Trading with the Enemy: An Exposé of The Nazi-American Money Plot 1933-1949, Nueva York, 1983, p. 163.
[3] Robert B. Stinnett, Day of Deceit: The Truth about FDR and Pearl Harbor, Nueva York, 2001, p. 17.
[4] Citado en Sean Dennis Cashman, America, Roosevelt, and World War II, Nueva York y Londres, 1989, p. 56; .
[5] Edwin Black, Nazi Nexus: America’s Corporate Connections to Hitler’s Holocaust, Washington/DC, 2009, p. 115.
[6] Floyd Rudmin, “Secret War Plans and the Malady of American Militarism”, Counterpunch, 13:1, 17-19 de febrero de 2006. pp. 4-6, http://www.counterpunch.org/2006/02/17/secret-war-plans-and-the-malady-of-american-militarism
[7] Jacques R. Pauwels, The Myth of the Good War : America in the Second World War, Toronto, 2002, pp. 50-56 [ El mito de la guerra buena: EE.UU en la Segunda Guerra Mundial , Hondarribia, Hiru, 2002, traducción de José Sastre ] . Las fraudulentas prácticas del “ Lend-Lease” se describen en Kim Gold, “The mother of all frauds: How the United States swindled Britain as it faced Nazi Invasion”, Morning Star, 10 de abril de 2003.
[8] Citado en David Lanier Lewis, The public image of Henry Ford: an American folk hero and his company, Detroit, 1976, pp. 222, 270.
[9] Jacques R. Pauwels, “70 Years Ago, December 1941: Turning Point of World War II”, Global Research, 6 de diciembre de 2011, http://globalresearch.ca/index.php?context=va&aid=28059.
[10] Rudmin, op. cit.
[11] Véase Howard Zinn, A People’s History of the United States, s.l., 1980, p. 305 ff. [La otra historia de los Estados Unidos, ed. rev. y corr. por el autor, Hondarribia, Hiru, 2005, traducción de Toni Strubel].
[12] Patrick J. Hearden, Roosevelt confronts Hitler: America’s Entry into World War II, Dekalb/IL, 1987, p. 105.
[13] “Anti-Japanese sentiment”, http://en.wikipedia.org/wiki/Anti-Japanese_sentiment
[14] Patrick J. Buchanan, “Did FDR Provoke Pearl Harbor?”, Global Research, 7 de diciembre de 2011, http://www.globalresearch.ca/index.php?context=va&aid=28088 . Buchanan se refiere a un libro nuevo de George H. Nash, Freedom Betrayed: Herbert Hoover’s Secret History of the Second World War and its Aftermath, Stanford/CA, 2011.
[15] Stinnett, op. cit., p. 6.
[16] Stinnett, op. cit., pp. 5, 9-10, 17-19, 39-43; Buchanan, op. cit.; Pauwels, The Myth…, pp. 67-68. Para la intercepción por parte de Estados Unidos de mensajes cifrados japoneses véase Stinnett, op. cit., pp. 60-82. La cita sobre las “ serpientes de cascabel ” proviene de Buchanan, op. cit.
[17] Stinnett, op. cit., pp. 152-154. [18] Pauwels, “70 Years Ago…”
[19] Véase Jean Bricmont, Humanitarian imperialism: Using Human Rights to Sell War, Nueva York, 2006.