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viernes, 26 de enero de 2018
Una mirada a las urgencias de UNASUR
Por Mabel Severich Larrea y Javier Tolcachier *
No es posible hablar con propiedad de las urgencias de la Unión de Naciones Suramericanas – UNASUR, sin antes hacer un breve recorrido por su historia. UNASUR está a poco de cumplir once años de su creación.
La institución, ya desde sus inicios y a través de una fuerte convicción y decisión política, aspiró a configurarse como un organismo que permite “construir, de manera participativa y consensuada, un espacio de integración y unión en lo cultural, social, económico y político entre sus pueblos, otorgando prioridad al diálogo político, las políticas sociales, la educación, la energía, la infraestructura, el financiamiento y el medio ambiente, entre otros, con miras a eliminar la desigualdad socioeconómica, lograr la inclusión social y la participación ciudadana, fortalecer la democracia y reducir las asimetrías en el marco del fortalecimiento de la soberanía e independencia de los estados”. Así versa el Tratado Constitutivo del organismo que entró en vigor el 11 de marzo de 2011.
Al culminar 2017, ¿cuál es el balance que se hace de estas premisas? ¿Se cumplieron o no sus objetivos? ¿Se trabajó en pos de la integración? ¿Cuáles son los resultados? Como todo en esta vida, las respuestas serán según el lado desde donde se mire (derecha o izquierda, arriba o abajo, gobiernos progresistas o gobiernos neoliberales).
De hecho, desde la mirada de arriba[1] se pinta un organismo estéril, en el cual pareciera que no vale la pena seguir participando (acaso estos mismos intereses provocaron la parálisis ejecutiva de la cual se trata de salir y no se lo permiten). Desde las izquierdas, ven un organismo que logró cohesiones y propuestas, que mostró en varios momentos un Sur unido.
Ahora bien, bajo esas dos visiones contrapuestas, ¿a quiénes creer o cuál visión seguir? Difícil decisión, salvo que se presenten los hechos –en general poco conocidos por la opinión pública- con la mayor neutralidad posible. Así, en los últimos 4 años:
a) UNASUR vivió su etapa de institucionalización, haciendo funcionar su órgano de gestión -la Secretaria General de UNASUR- que a partir de 2014 se fue nutriendo gracias al gobierno ecuatoriano no sólo de la infraestructura necesaria para operar un órgano de integración regional, sino que organizativamente logró conformar un equipo de profesionales (representativo de los países miembros) que funcionó durante dos años y medio encabezado por su Secretario General, el ex presidente colombiano Ernesto Samper Pizano.
b) Fue la etapa de consolidación de muchos de los Consejos Sectoriales ministeriales, que en años anteriores estuvieron elaborando sus Estatutos y Planes de Acción, lo que a su vez permitió concretar algunos de los siguientes temas:
· Se establecieron nuevos Grupos de Trabajo, como el de Ciudadanía Suramericana, en el que se avanzó en propuestas para lograr una integración regional tangible para el ciudadano de a pie, con el objetivo de que cualquier suramericano pueda optar, por ejemplo, por la visa de residente para trabajar, pueda ejercer su derecho a homologar sus títulos y a tener protección consular, además del derecho de los emigrantes a tener una protección efectiva, entre otros.
· Por primera vez en su historia, se logró consolidar una posición común como bloque suramericano respecto al Problema Mundial de las Drogas, el documento “Visión Común del CSPMD de UNASUR – UNGASS 2016”, plantea un enfoque en el abordaje de la problemática mundial de las drogas con una visión basada en los derechos humanos, propuesta que fue presentada en la Conferencia de NNUU – UNGAS 2016
· Se creó el Banco de Precios de Medicamentos Suramericano (BPMU), que es una herramienta que permite a los países de UNASUR compartir información referente a la compra de medicamentos que cada nación efectúa, cuánto paga, en qué cantidad, a quién le compra. Esta herramienta no solo se concibe como un espacio de intercambio de información, sino que pretende ser la base sobre la cual los países suramericanos pueden elaborar estrategias regionales de compras conjuntas de medicamentos. Esto constituye un salto cualitativo en lo que respecta al acceso universal a estos productos.
· Entró en vigencia el Manual de Manejo y Gestión de Riesgos Naturales de UNASUR, el cual permite que los responsables del manejo de desastres naturales en los países de UNASUR puedan operar solidaria y coordinadamente para enfrentar situaciones catastróficas.
· A solicitud del gobierno de Venezuela, la Secretaría General inició un proceso de diálogo, tendiente a reconciliar las fuerzas políticas venezolanas, trabajó para establecer una Comisión de la Verdad y la Justicia para examinar las responsabilidades derivadas de hechos de violencia callejera. Con el fin de construir espacios para el diálogo, el gobierno de Venezuela, por sugerencia de UNASUR, invitó a los ex presidentes José Luis Rodríguez Zapatero de España, Leonel Fernández de República Dominicana y Martín Torrijos de Panamá, como mediadores.
· Se estableció una estrategia de transversalización para que los derechos humanos fueran incluidos, junto al tema de medioambiente y el de igualdad de género, en todos los consejos sectoriales de la Unión, esto con la ayuda de distintos organismos internacionales, entre ellos el Instituto de Políticas Públicas en Derechos Humanos de MERCOSUR y el programa ONU-MUJERES.
· Se concretó una Agenda Prioritaria de Proyectos de Infraestructura Regional a través del Consejo Suramericano de Infraestructura y Planificación (COSIPLAN). Que al momento contempla 11 proyectos que fueron aprobados en la última reunión del Consejo realizada en Montevideo, Uruguay bajo la presidencia Pro Témpore de Argentina.
Estos son, entre otros varios, los logros que se apuntó el organismo hasta la fecha. Sin embargo, el balance no es del todo positivo, pues desde hace 11 meses, su Secretaría General carece de una figura ejecutiva. Habiéndose realizado un par de reuniones de cancilleres en ese lapso, aún no se logra llegar a un consenso para sustituir al ex presidente de Colombia, Ernesto Samper, quien culminó sus funciones el 31 de enero de 2017.
El argumento de unos es que habría un ensañamiento de Venezuela contra Argentina para vetar a su candidato. El argumento de los otros es que el candidato no cumple con los requisitos que el organismo estableció para esa posición.
Nuevamente los hechos. Desde la conformación del organismo, la Secretaría General fue encabezada por personalidades que pudieran tener recorrido y jerarquía para lograr una buena interlocución con su instancia mayor, el Consejo de Jefas y Jefes de Estado; en buen romance, con los presidentes y presidentas de los 12 países de la Unión. Para ello, en los once años que tiene el organismo, pasaron por ahí ex presidentes y ex cancilleres. En orden correlativo, Néstor Kirchner (ex presidente de Argentina), María Emma Mejía (ex canciller de Colombia), Alí Rodríguez Araque (ex canciller de Venezuela) y en último término, Ernesto Samper Pizano (ex presidente de Colombia). Todos con la jerarquía y experiencia para ser interlocutor de un presidente o un canciller.
El candidato propuesto por Argentina, José Octavio Bordón,[2] no cumple con ese perfil, ya que no es lo mismo ser embajador y desenvolverse en un ámbito bilateral que ser canciller y conocer el panorama multilateral y la política exterior desde un enfoque más global. Incluso si se analizan sólo los niveles de la diplomacia, es sabido que los embajadores bilaterales tienen como interlocutores, como sus pares, a los vicecancilleres, o a subsecretarios de Relaciones Exteriores (según sea el país). Por tanto la interlocución de un perfil de embajador en la Secretaria General, tomando en cuenta las paridades de rango, llegaría sólo al Consejo de Delegados, que está conformado precisamente por los vicecancilleres.
Esto daría como resultado una Secretaria General con una posibilidad de gestión muy similar a la actual, pero incorporando un funcionario con un buen sueldo, viviendo en una ciudad hermosa y tranquila como Quito, pero que no aportaría al dinamismo que el organismo y la coyuntura política regional exigen en estos momentos.
Lo cual permite entender, desde una mirada institucional, que el requerimiento no tiene que ver con la nacionalidad del candidato. El rango requerido es el de un ex presidente o ex canciller, si no, no reúne las condiciones necesarias.
Más allá de esto, es innegable que existen factores de tensión política que subyacen a la problemática actual de UNASUR. Fundamentalmente la intención de los EEUU de socavar el aumento de autonomía y protagonismo de las naciones de América Latina y el Caribe, generado por el fortalecimiento de las instituciones de integración.
En ese sentido, aquellos gobiernos alineados a Washington posiblemente tengan presiones (y reciban propuestas o directivas) para no permitir el avance vigoroso de UNASUR, o la CELAC, ámbitos que han desafiado la hegemonía de la Organización de Estados Americanos (OEA) –cuyos hilos se manejan en la capital estadounidense- en el relacionamiento continental.
Todo bloqueo de la dinámica de UNASUR, incluso la posibilidad de que algún país miembro amenace con abandonar la unión, intentando así atraer a otros de similar signo político, conspira contra la posibilidad de avance de planes comunes, concretos y positivos para los habitantes de la región.
Por lo expuesto, y retomando la preocupación inicial, lo urgente es: Reconocer que UNASUR tiene una institucionalidad sólida, como lo demuestran los avances que se dan, con mayor o menor velocidad, en los Consejos Sectoriales. Apoyar francamente el trabajo que los Consejos Sectoriales vienen desarrollando. Encontrar un candidato –mejor aún si es una candidata- que tenga el perfil adecuado al cargo, para que el organismo consolide su trabajo, no sólo para la tranquilidad política de algunos países miembros, sino para el bien común del ciudadano suramericano.
Lo urgente entonces es que se permita vislumbrar la simpleza de las necesidades del organismo. Claro que para ello se debe dejar de inventar argumentos, exagerar situaciones y crear fantasmas.
Quienes realmente creen en la necesidad de una integración regional útil para los ciudadanos y no solo para los intereses de algunos gobiernos... lo comprenderán.
Notas:
[1] Léase arriba como la mirada influida por la política Estadounidense
[2] José Octavio Bordón, fue Gobernador de Mendoza entre 1987 y 1991, además de Diputado y Senador por aquella provincia. Por otro lado, se desempeñó como embajador argentino en Estados Unidos y actualmente en Chile.
Mabel Severich Larrea, ciudadana suramericana, es comunicadora social y ex funcionaria de la Secretaría General de UNASUR. Javier Tolcachier es investigador del Centro de Estudios Humanistas de Córdoba, Argentina y periodista en agencia internacional de noticias Pressenza.
martes, 29 de agosto de 2017
Good bye, Unasur
Por María Laura Carpineta
La organización que supo ser estrella del consenso regional en la última década cayó en desgracia y su ausencia suma otro capítulo a una Venezuela que parece condenada al abismo.
La Unasur, la organización que fue el foro predilecto para expresar el consenso, por mínimo que fuera, de los doce países de América del Sur durante gran parte de la última década, está cayendo en desuso, ignorada por las agendas que defienden los nuevos liderazgos de la región, principalmente Mauricio Macri y el brasileño Michel Temer, quienes prefieren llevar los conflictos regionales ante la OEA o impulsar la integración con los vecinos y el mundo desde el Mercosur.
“La Unasur nació en un momento en el que varios gobiernos compartían cierta ideología, pero ahora ha habido este reposicionamiento, que explica en buena parte lo que está pasando”, sostuvo recientemente el analista Francisco López-Bermúdez, de la privada Universidad San Francisco de Quito, en diálogo con la agencia de noticias AFP.
Un argumento similar utilizó el ex ministro de Hacienda de Colombia, Rodrigo Botero Montoya, cuando escribió una columna de opinión en el diario brasileño O Globo titulada “Enterrar a la Unasur” y citada por el sitio Nodal: “La Unasur surgió como una iniciativa para promover la revolución bolivariana a través de un foro regional en tiempos de un boom del petróleo y cuando la proximidad ideológica de Luiz Inácio Lula da Silva y Néstor Kirchner le permitía a Hugo Chávez hablar del eje Caracas-Brasilia-Buenos Aires. (…) La Unasur es un producto de un momento histórico particular, que desapareció. Hoy es un cuerpo que reclama un entierro piadoso”.
El último secretario general de la organización, el colombiano Ernesto Samper, en cambio, cree que se trata sólo de “un momento de dificultades”. “Este momento no difiere de otros que la Unasur vivió en el pasado”, opinó. El ex presidente colombiano explicó aZoom que “la situación de la organización no tiene ninguna justificación en las circunstancias actuales de la región” y responsabilizó a “las normas del consenso, que están previstas en los estatutos fundamentales y que obligan a que cualquier decisión deba ser tomada con la aquiescencia de los doce países que integran la comunidad”. “Esto hace muy difícil ponerse de acuerdo sobre un nombre para cualquier tipo de nominación”, completó el veterano dirigente latinoamericano.
Samper reconoce que Unasur nació en un momento político muy particular, pero no cree que ese contexto defina a la organización. “Nació como una respuesta política a una coyuntura política que reflejó los efectos que el modelo neoliberal, que privilegió el crecimiento sobre la inclusión social, tuvo sobre la gobernabilidad y el agotamiento de los mecanismos del sistema interamericano, liderado por la OEA (…) Esa coyuntura fue superada, a pesar de que existían diferencias ideológicas entre los países” sudamericanos. Para el politólogo argentino, Alejandro Frenkel, ‘Brasil abandonó el proyecto sudamericano, aún cuando Dilma (Rousseff) estaba en el poder”.
Cuando la Unasur nació, formalmente en marzo de 2008, la integraban presidentes que estaban muy lejos, ideológicamente hablando, del llamado eje bolivariano o de los gobiernos de centro izquierda de la época. El colombiano Álvaro Uribe, el paraguayo Nicanor Duarte y el peruano Alan García no sólo firmaron el acta que constituyó la organización regional, sino que se sometieron a ese foro para dirimir los conflictos más calientes y sensibles de aquellos años. Sin duda la cumbre que quedará para la historia fue la de agosto de 2009 en Bariloche.
Por primera vez, los máximos líderes del subcontinente discutieron sus diferencias frente a las cámaras de televisión durante horas, sin disimular broncas, malos humores y viejas enemistades, y, principalmente, sin la presencia de Estados Unidos. El tema central, la firma de un tratado de cooperación de defensa entre Colombia y Estados Unidos que le habilitaría a este último numerosas bases militares en el territorio sudamericano (lo que finalmente no sucedió), desnudó una grieta que aún divide la región: la alineación de países con Estados Unidos y su consecuente injerencia en la política y economía locales.
Los colores políticos cambiaron para muchos de los gobiernos que protagonizaron la cumbre de Bariloche y las diferencias ideológicas aún enfrentan, de la misma manera enardecida, a muchos de los países miembros de la región; sin embargo, hace tiempo que no utilizan la Unasur como foro para debatir y buscar el más mínimo consenso.
El politólogo argentino y becario del Conicet, Alejandro Frenkel sostiene que lo que cambió en estos últimos años fue la agenda política de la mayoría de los países. “Unasur nació con una agenda que hoy los gobiernos sudamericanos no tienen interés en profundizar. No tienen intención de regionalizar la defensa y la energía, de hacerlo a través de proyectos de desarrollo industrial”, explicó el especialista que ofició entre 2009 y 2013 como delegado argentino del Consejo de Defensa Sudamericano, uno de los doce órganos en los que está dividido el trabajo técnico de la Unasur.
Las principales iniciativas industriales de Unasur, por ejemplo en materia de defensa, quedaron truncas.
Uno de los proyectos más importantes que se llegó a aprobar en el pico de actividad del Consejo de Defensa Sudamericano fue la construcción de un avión de entrenamiento para pilotos, con diseño y producción completamente latinoamericanos. Fue una iniciativa argentina a la que luego se plegó Brasil. Hubo reuniones técnicas en la Fábrica Argentina de Aviones –la empresa que reestatizó en Córdoba en 2009 Cristina Fernández de Kirchner de manos de la estadounidense Lockheed Martin– pero nunca llegó a concretarse. “Brasil puso palos en la rueda e incluso llegó a presentar otro proyecto, el de fabricar drones”, contó Frenkel. Ninguna de las iniciativas se hizo realidad.
Para el politólogo argentino, “Brasil abandonó el proyecto sudamericano, aún cuando Dilma (Rousseff) estaba en el poder”. “La Unasur fue un proyecto que impulsó Brasil para fortalecer su rol de potencia regional, pero muy pronto muchos otros países asumieron un rol protagónico que Brasilia no esperaba. Entonces se estableció como árbitro, no tenía una agenda propositiva, sino que mediaba. Brasil es bastante responsable del declive de la Unasur”, sentenció el ex delegado argentino.
En abril pasado, cuando la Argentina asumió la Presidencia pro témpore, la Cancillería del gobierno de Macri prometió liderar la organización “con el espíritu de elaborar planes concretos que nos acerquen a los ideales de integración regional que fundamentaron la creación” del bloque sudamericano. Para Samper, el valor que dio origen a Unasur y que sigue siendo su mayor ventaja es dar “un enfoque político a los temas económicos y sociales y eso es lo que permite que juegue un rol de liderazgo político en la región”. La ex canciller argentina, Susana Malcorra, en cambio, consideró que “las bases de la idea original de la Unasur” estuvieron marcadas por el deseo de “integrar la infraestructura para propiciar el aumento del comercio intra región y el aumento a la inversión directa en la región”, según explicó en una conferencia de prensa en el Palacio San Martín junto a la directora del Foro Económico Mundial para América Latina, Marisol Argueta de Barillas, en el inicio de lo que los medios bautizaron como el Mini Davos.
En esa misma conferencia de prensa, opinó que hasta ahora “ha habido mucha dialéctica de integración pero poca práctica” y prometió “ir de los dichos a los hechos y empezar trabajar”. Como ejemplo de cómo Argentina, la actual presidente temporal de Unasur hasta abril de 2018, buscará liderar la organización sudamericana, Malcorra mencionó al Mercosur como “una forma de potenciar las economías”. En paralelo, anunció que el Mercosur y la Alianza del Pacífico comenzarían a “trabajar para encontrar mecanismos de acercamiento y de estructuración de nuestro vínculo”.
Desde que Argentina asumió la presidencia de Unasur su única iniciativa ha sido impulsar la candidatura del actual embajador en Chile, José Octavio Bordón, como secretario general. Según la prensa brasileña, Temer le habría dado el visto bueno al ex embajador en Estados Unidos de Néstor Kirchner y ex consultor de la OEA durante los años de Cristina Fernández. Sin embargo, el nombre de Bordón no parece conseguir el consenso de los doce países de América del Sur.
En mayo pasado, al mismo tiempo de la asunción presidencial de Lenin Moreno en Quito, la Unasur había convocado una cumbre de presidentes para tratar la crisis en Venezuela y en Brasil, dos temas urgentes que encabezan la agenda regional hace un tiempo ya. Sin embargo, la falta de consenso hizo que la cita se cayera nuevamente. Desde entonces, Argentina, como país que ocupa la presidencia de la organización, no ha impulsado, al menos públicamente, el foro de la Unasur. Sí lo hizo con Mercosur o con la OEA al llevar Malcorra personalmente varias iniciativas para presionar al gobierno venezolano de Nicolás Maduro.
No hace mucho, el ex canciller de Lula, el veterano diplomático Celso Amorim, dijo en una entrevista: “El hecho de no dar énfasis a un determinado proceso también lo debilita. No se necesita acabarlo formalmente, basta con no querer más resolver los problemas de América del Sur en la Unasur y llevarlos directamente a la OEA”.
En ese sentido, hace sólo unos días el propio Samper reconoció que la mediación de Unasur en Venezuela, a través de la cual la organización intentó crear una mesa de diálogo entre gobierno y oposición el año pasado, “está absolutamente congelada”. El entonces secretario general había impulsado una misión integrada por los ex presidentes de España, Jose Luís Rodríguez Zapatero, de Panamá Martín Torrijos, y de República Dominicana, Leonel Fernández. El esfuerzo diplomático fracasó en diciembre pasado, cuando la coalición opositora Mesa de la Unidad Democrática (MUD) abandonó la mesa de negociación por considerar que el gobierno de Maduro había incumplido lo pactado.
Rápidamente, el gobierno paraguayo del empresario Horacio Cartes se apuró a proponer una alternativa. Su canciller Eladio Loizaga sugirió crear “un grupo de amigos” de Venezuela. No detalló, sin embargo, quiénes podrían ser los países amigos del país caribeño. Uno de los elementos que enturbia aún más el horizonte político de Venezuela hoy es que no parece haber gobiernos extranjeros u organizaciones regionales con la legitimidad para llevar a la mesa de negociación tanto al gobierno como a la oposición y evitar un conflicto armado de proporciones imposibles de pronosticar. Los gobiernos de las cuatro principales potencias del continente –Brasil, Argentina, México y Estados Unidos– fueron claros en su apoyo a uno de los dos grandes actores de la crisis, la oposición; la OEA, dirigida por Luis Almagro, se convirtió en el enemigo más acérrimo de Maduro; el Mercosur coquetea con la posibilidad de expulsar a Venezuela y la Unasur, tras reconocer un primer fracaso, parece haber quedado en silencio.
A lo largo de la última década, los países de América del Sur, sin importar su identificación ideológica de turno, demostraron que la región tiene la capacidad política de gestionar sus propias crisis y de mantener una zona de relativa paz, un logro nada pequeño en este mundo convulsionado. Pero para mantener esta capacidad política los gobiernos deben interponer una visión regional por sobre los cálculos individuales de cada país.
sábado, 17 de junio de 2017
Tembladeral suramericano, Unasur y papel de las izquierdas
Por Luis Bilbao
Volvieron a cambiar las relaciones de fuerzas en la región con el derretimiento de Michel Temer, presidente ilegítimo de Brasil.
Llevada a un nivel desconocido la inestabilidad política, el gigante latinoamericano sufrirá un nuevo frenazo en su muy lenta recuperación económica, incluso si tuviere éxito el intento –en curso mientras se redactan estas líneas– de cambiar suavemente a Temer y mantener a Henrique Meirelles en el ministerio de Hacienda. Ese resultado golpeará con dureza a los planes de crecimiento en Argentina. Incluso si esto no redundase en una derrota electoral de Mauricio Macri y su coalición Cambiemos, disminuiría significativamente la ya escasa e inestable base de sustentación de Macri.
Dicho en otros términos: la derecha regional tiene mucho menos poder de fuego para atacar a la Revolución Bolivariana.
Itamaraty debió suspender a última hora una reunión por fuera de cualquier organismo regional organizada en Brasil para el martes 23, con el objetivo de acelerar el derrocamiento de Nicolás Maduro. “Hoy más que nunca América Latina (debe aunar) esfuerzos diplomáticos”, dice un ex canciller argentino en la página de opinión del diario La Nación. Y agrega, con inocultable congoja: “lamentablemente la OEA no parece estar en condiciones de ser hoy el vehículo más efectivo para transitar por ese camino. El secretario general del organismo quemó naves antes de la batalla diplomática, limitando gravemente su papel en la crisis”. Ya ni en su cubil lo protegen a Malinche Almagro. Pero el ex diplomático acierta: la OEA no sirve.
Pugna en Unasur
¿Será útil Unasur para el objetivo ya imposible de encomendar a la OEA? Una leve descompensación del presidente Mauricio Macri durante la asunción de Lenín Moreno, a causa de la altura de la Capital ecuatoriana, impidió la programada reunión informal de presidentes del bloque suramericano para tratar el caso Venezuela. El malestar físico evitó uno mayor de carácter diplomático. Nicolás Maduro no estaba en Quito, pero los presidentes ya estaban informados de dos noticias clave: a fines de julio será la elección de diputados para la Asamblea Constituyente en Venezuela y el Consejo Nacional Electoral fijó el 10 de diciembre para las elecciones regionales. ¿Qué podían demandar los conjurados de Unasur? ¿Adelanto de elecciones presidenciales? ¿Omisión de cualquier respuesta al accionar violento y los actos terroristas de la oposición desenfrenada?
Por caso: a esa misma hora Temer enviaba tropas militares a Brasilia para contener la furia de manifestantes que exigen su dimisión e inmediatas elecciones directas. ¿Puede Unasur declararse en guerra contra una medida de excepcional participación democrática en Venezuela y asociarse al uso de fuerzas militares contra la población civil en Brasil? Porfiar en ese sentido equivaldría a hacer estallar el organismo. Y no precisamente para fortalecer la OEA.
Por tanto, es improbable que en este nuevo cuadro de situación regional Macri pueda alcanzar consenso para su avanzada contra Maduro. La nueva e inestable relación de fuerzas comienza a hacerse sentir en forma de parálisis. Algunas fuentes aseguran que en su fugaz paso por Buenos Aires, el saliente presidente ecuatoriano Rafael Correa acordó con la vicepresidente argentina Gabriela Michetti un nombre conflictivo para presidir Unasur: Octavio Bordón. El ex dirigente del Frepaso que vio frustrada su carrera a la presidencia a fines de los 1990, está considerado por conocedores del tema como representante del Opus Dei. Su eventual designación sería más que un desaire para el Papa Francisco, líder de la corriente opuesta en el entramado Vaticano, además de agregar un factor de conflicto al funcionamiento de Unasur.
Revolución y conducción política
Ante este panorama, resalta más la ausencia de iniciativa en las izquierdas latinoamericanas para entrar a la lid con papel protagónico. Décadas atrás era ya visible la existencia de una crisis en el pensamiento revolucionario, específicamente en la teoría marxista. Hoy las cosas han pasado a mayores.
En Venela ocurre en estos meses un hecho trascendental para el rumbo de América Latina, pero también para la teoría política revolucionaria. Es posible afirmar que aquella crisis, sin pausa agravada, ha llegado al punto de demoler conceptos teóricos básicos y anular elementales reflejos de una genuina dirección revolucionaria.
Cuando en los años 1930 el Partido Comunista alemán se negó a hacer un frente único con el Partido Socialista para enfrentar a Hitler, Trotsky hizo una afirmación profética: “(tras la victoria del nazismo) el proletariado alemán se levantará; el Partido Comunista Alemán jamás”. Es posible hacer una afirmación análoga en este momento respecto del posicionamiento de ciertas organizaciones de izquierda en relación con la situación en Venezuela.
La respuesta en curso a la severísima crisis en Venezuela por parte de Maduro y la dirección del Psuv es un ensayo de conducción política revolucionaria que abrirá huella. La conducción político-militar de la Revolución Bolivariana apela a la movilización y organización de masas y, en condiciones dramáticas, busca mantener la unidad social y política de las grandes mayorías. Habrá que discutir planes y medidas económicas, métodos en ciertas áreas, criterios de funcionamiento del Psuv y los organismos de masas. Pero lo esencial es una lección de táctica y estrategia antimperialista y anticapitalista desde el ejercicio del gobierno, en un marco internacional excepcionalmente adverso. Tema para reflexión teórica, debate político y acción consecuente de aquí en adelante.
jueves, 22 de octubre de 2015
Confusión en América Latina
Rebelión
Por Mario R. Fernández
Algunas semanas atrás el Prof. James Petras publicó un artículo en Global Research (The Two Faces of Capitalism and Left Options, Las dos caras del capitalismo y las opciones de la Izquierda) en el que analiza las relaciones de lo que identifica como dos bloques capitalistas derechistas: el bloque Norteamérica-Unión Europea y el bloque China-Rusia. En su artículo Petras analiza las relaciones de estos dos bloques capitalistas con gobiernos y movimientos del mundo, que incluyen a quienes él define como centro izquierda en América Latina, nacionalistas y seculares en el Medio Oriente y otros nacionalismos del resto del mundo –sin considerar el gobierno del Partido de los Trabajadores de Brasil y el gobierno reelegido de Syriza en Grecia, que aunque son todavía llamados de izquierda han capitulado al bloque Norteamérica-Unión Europea y son para Petras parte de este bloque. Petras identifica la arrogancia y la diversidad de intervenciones y conspiraciones del bloque Norteamérica-Unión Europea con respecto al resto del mundo e incluso al bloque Chino-Ruso, este último también representante de una forma de capitalismo pero de mal menor.
Las relaciones comerciales y de inversiones de los países que tratan de vivir en un proyecto político diferente reciben del bloque Chino-Ruso un mejor trato; Petras agrega que no por esto debemos idealizar estas relaciones y verlas como relaciones con aliados tácticos. No debemos olvidar que tanto China como Rusia han abandonado a gobiernos caídos en desgracia ante el bloque Norteamérica-Unión Europea. Petras explica: “Todos los gobiernos operan en un mundo capitalista donde no hay aliados permanentes, sólo intereses permanentes” por lo que no es recomendable entregar sectores económicos estratégicos al bloque Chino-Ruso, este bloque también tiene oligarquías propias y millonarias con la diferencia de que por ahora los estados Chino y Ruso no acompañan a saboteadores y conspiradores contra gobiernos soberanos. Podríamos agregar, por hechos recientes, que además Rusia ha tomado una posición defensiva relevante, sólida, frente a la gran conspiración occidental contra el resto del mundo.
El análisis de Petras podría servirnos para entender las relaciones entre gobiernos Latinoamericanos. Por ejemplo, la resistencia de la Revolución Cubana fue acompañada, en 1994 en Chiapas, por el levantamiento al mando del Ejercito Zapatista de Liberación Nacional que devolvió esperanzas liberadoras al continente. El triunfo presidencial de Hugo Chávez en 1998 en Venezuela aclara el panorama político, mostrando que todo no estaba perdido como pregonaban las oligarquías latinoamericanas y los ex-izquierdistas convertidos en apologistas y defensores de las élites y el imperialismo. Venezuela comienza a vivir un cambio constitucional que hace posible la implementación de un proyecto de reformas y favorece una posición bolivariana –como la llamara Hugo Chávez, que desafiaba de alguna manera al imperialismo reinante y en menor grado a la oligarquía venezolana misma, que aunque no fue tocada mayormente en sus intereses económicos se sintió igualmente amenazada y ha reaccionado haciendo todo lo posible para destruir el proyecto bolivariano. Este proyecto ha tenido un impacto en América Latina pero también en el mundo seguido por el triunfo político de proyectos alternativos en Bolivia y en Ecuador que eventualmente se unieron a Venezuela y que llevaron a la formación del ALBA (Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América) junto a Cuba, Nicaragua y seis pequeñas naciones caribeñas.
Tanto el ALBA como el luego frustrado Banco del Sur –eran proyectos que para Chávez atraerían a otros gobiernos autodefinidos como “progresistas” en especial a los gobiernos de Brasil y de Argentina que habían ya rechazado el ALCA (tratado de “Libre Comercio” promovido por Estados Unidos). Debemos aclarar que el rechazo al ALCA no fue por motivos latinoamericanistas sino por intereses nacionales y esta confusión ha favorecido mayores confusiones que nos persiguen hasta nuestros días. ALBA es una unión económica y política basada en la solidaridad y en un intercambio justo; ha sido quizás un proyecto único en el mundo y por ello desafía a quienes funcionan de forma muy diferente basados en la opresión a los pueblos y favoreciendo una ideología neoliberal o neoconservadora imperialista y occidental. Para los centros del poder imperialista está muy claro quiénes son sus amigos y quiénes no lo son; y, la perspectiva de cómo proceder con respecto a los diferentes gobiernos de América Latina es clara también. Basta visitar un centro de estudios, una consultora de inversiones, agencias del gobierno estadounidense y canadiense, centros bursátiles y prensa oficial (empresarial) para entender quiénes son el enemigo para ellos. Los ricos nunca se confunden de enemigo ni aceptan “gobiernos neutrales.” Sus exigencias son siempre claras: estas con ellos o en contra de ellos.
En Canadá, cuando se anunció el fallecimiento de Chávez en el 2013 el Primer Ministro Stephen Harper dijo: “Esto es una buena noticia para el mundo y para los negocios.” Es una actitud que no ha cambiado, hoy se siguen difundiendo las “atrocidades del gobierno venezolano” y se habla constantemente de que Venezuela está hundida en el “caos social y económico” y se define al presidente venezolano Nicolás Maduro como “un dictador a cargo de un gobierno corrupto y violador de los derechos humanos.” Similares barbaridades se difunden sobre Bolivia y su presidente al quien presentan siempre como “indio cocalero” y sobre Ecuador y su presidente destacado siempre como alguien que continuamente “ataca la prensa libre.” El gobierno argentino tampoco se ha salvado; ha sido presentado de forma muy negativa y desprestigiado con prejuicios; nunca ha recibido merecidos elogios por el marcado proyecto de derechos humanos que ha implantado en Argentina luego de la terrible Guerra Sucia. La prensa en occidente favorece sin tapujos a los gobiernos terroristas de México y Colombia, admirados de su “progreso y democracia;” la prensa también distorsiona la realidad de Chile y de Uruguay, considerados amigos de occidente por haber aceptado completamente la ideología neoliberal y sus recetas económicas.
En este cuadro actual se desarrolla toda la dinámica de América Latina. Por un lado, los gobiernos del ALBA con un proyecto liberador pero con algunas carencias, contradicciones y falta de iniciativa; por otro lado los gobiernos que parecen reformistas sin serlo, y actúan sigilosamente entre la confusión y la adulación de algunos gobiernos del ALBA por un lado y el franco apoyo de instituciones y gobiernos neoliberales por otro. No faltan los gobiernos latinoamericanos francamente pro-imperialistas; estos formaron obedientemente la Alianza del Pacífico (Chile, Colombia, México, Perú y además el futuro miembro Costa Rica) con el objetivo principal de favorecer los tratados de Libre Comercio promovidos por el imperio y de atacar para destruir el ALBA. La falsimedia occidental muestra a la Alianza del Pacifico simplemente como una alternativa al Mercosur; no debemos olvidar que la Alianza del Pacifico cuenta con observadores –países latinoamericanos interesados en pertenecer a ella en el futuro entre ellos, inexplicablemente, Ecuador, y menos sorprendentemente Uruguay y El Salvador.
En las últimas décadas, Hugo Chávez, uno de los principales líderes de América Latina y de parte del Tercer Mundo, con energía y entusiasmo llevó adelante medidas de bienestar para su pueblo venezolano y creó espacios de desafío al destino neocolonialista siempre al acecho e imponiéndose en América Latina, Chávez además motivó los movimientos populares de todo el continente. Chávez impulsó organizaciones latinoamericanas y caribeñas con principios bolivarianos, el ALBA y PETROCARIBE son las pruebas más consistentes de ese esfuerzo, aunque se crearon también UNASUR todavía carente de compromiso y poder, incapaz de detener los golpes de estado en Honduras el 2009 y en Paraguay el 2012. UNASUR es ambivalente debido a las posiciones contrarias en su seno y a las contradictorias prioridades y perspectivas de los gobiernos sudamericanos que la integran con respecto al neoliberalismo y al imperialismo. CELAC, la organización americana y caribeña magna no ha sabido salir de su condición de reunión cumbre.
Pienso que Hugo Chávez idealizó conscientemente las relaciones que su gobierno tenía con otros gobiernos latinoamericanos, en especial con el de la Argentina de Néstor Kirchner y Cristina Fernández y el de Brasil de Lula da Silva y de Dilma Rousseff, y de esta forma condicionó indirectamente su proyecto continental. Igual que el bloque China-Rusia en sus tratos con Venezuela y con el ALBA ha sido generalmente respetuoso y ha mostrado cierta solidaridad pero no por eso pueden ser considerados aliados, los gobiernos de Argentina y Brasil nunca fueron aliados del ALBA aunque tampoco fueron enemigos del proyecto pero si han dejado siempre claro su independencia al respecto. En varias oportunidades tanto Kirchner como Lula fueron claros al afirmar que representaban otros proyectos, no al ALBA; Chávez parecía querer ignorar esto quizás porque esta era su estrategia frente al continuo y despiadado ataque de la oligarquía venezolana y del imperialismo. El problema en favorecer este tipo de estrategia es que desorienta a los aliados y confunde a los pueblos, incluso al pueblo venezolano; al final, debilita a los protagonistas latinoamericanos y caribeños del ALBA al no crear una identidad propia que se identifique totalmente con el proyecto emancipador que el ALBA representa y Chávez contribuyó a forjar.
Recuerdo que cuando colapsó la Unión Soviética, Fidel Castro, siempre elocuente y verdadero en sus discursos a su pueblo, dijo claramente que Cuba quedaba sola, que nadie los iba a ayudar y que dependían solamente de su propia fuerza y esfuerzos para sobrevivir ese colapso. Esta verdad claramente expresada aportó mucho, seguramente, a la resistencia del pueblo cubano, resistencia quizás única en la historia. Es fundamental saber que terreno pisamos, lo que no impide que existan relaciones de respeto mutuo con otros gobiernos; es fundamental entender que en algún punto del camino vamos a tener que aclarar cuáles rutas cada uno de nosotros elegimos. La buena intención no basta; el gobierno venezolano ha demostrado muy buenas intenciones, intenciones solidarias y humanitarias con los pueblos latinoamericanos todos y ha sabido mantener una posición amistosa y generosa hasta con los jefes de gobierno latinoamericanos menos merecedores de ella. Al tiempo que Chávez abría las puertas al desarrollo del movimiento popular en su país trataba con confianza amigable a Tabaré Vásquez y a José Mujica, que no podemos ignorar frustraron y desarticularon las bases mismas del movimiento popular uruguayo. Lo mismo sucedió con Lula en Brasil y hasta con Michelle Bachelet, presidenta de Chile, elogiada simplemente por su presencia siendo que representaba a un gobierno chovinista de centro derecha enemigo del pueblo Mapuche y más que crítico del gobierno bolivariano de Venezuela.
Otro proyecto bolivariano, TELESUR, creado para informar y así servir de balance frente a la falsimedia mundial, ha sufrido de falta de difusión y no siempre ha cumplido con su papel de difusor de la verdad frente al engaño, la propaganda y la mentira. TELESUR, al no ser consistente en cuanto a su papel revolucionario en América Latina, ha contribuido a la confusión ideológica y práctica. Muchas veces cae en resaltar un positivismo latinoamericano superficial y falto de crítica, por ejemplo cuando muestra los discursos de presidentes latinoamericanos en la última Asamblea de las Naciones Unidas, mezcla la poderosa crítica al organismo que plantea el presidente venezolano, Nicolás Maduro, quien plantea directamente la necesidad de crear otras Naciones Unidas, una que responda a la necesidades fundamentales de sus miembros y no del imperialismo occidental, con la propaganda barata que plantean otros presidentes latinoamericanos, que usan esta oportunidad como un lucimiento personal mas, un circo.
Sin duda, TELESUR exageró el protagonismo del Papa en sus visitas a América Latina, lo puso como que realmente fuera un salvador y no planteó tampoco crítica alguna, pero todos sabemos y ya no podemos ignorar que la institucionalidad de la Iglesia Católica está quebrada, plagada de escándalos de abusos sexuales y de una historia criminal inaceptable. Defenderla es defender a las oligarquías latinoamericanas y del mundo que han encontrado en esta institución una afirmación personal e ideológica. Cuando TELESUR presenta a José Mujica como una estrella política latinoamericana muestra nuevamente su pobreza de criterio al elegir de modelo a un demagogo y a un cuentista. Cuando nos muestra en primer plano las conversaciones de paz entre el gobierno Colombiano y la FARC vuelve a insistir en fallas garrafales al no diferenciar las partes en conflicto, igualarlas a nivel de bien y de mal y obviar el desafío que para los guerrilleros significa negociar con un gobierno terrorista la entrega de sus armas. Vemos constantemente en TELESUR, y en otros medios, el desarrollo de las nuevas relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Cuba plasmadas como un acercamiento bien intencionado de Estados Unidos con respecto a la Revolución Cubana; en realidad estas relaciones presentan un gran reto a Cuba que tiene nuevamente en su suelo una embajada americana hostil, operando con 27 agencias del departamento de estado (incluidas la CIA, NSA, FBI y sucursales del ejercito y otras) y sin conseguir gran garantía a cambio ni el fin del bloqueo a la isla.
A estas alturas los que se oponen al neoliberalismo, al imperialismo y al capitalismo en general ya debieran sacar conclusiones que todo occidente quizás la excepción de los países del ALBA, ha caído en un verdadero círculo vicioso donde pueblos apoyan una candidatura de supuesta izquierda o con un programa de cambios y si estos suben al poder sin ninguna vergüenza los pueblos son estafados descaradamente y sin duda lo van a seguir haciendo en el futuro cercano. Hay casos espectaculares que vale mencionar como cuando el presidente del Perú Ollanta Humala el año 2011 ganó las elecciones con un programa de cambios y apoyado por la izquierda, antes que este asumiera el poder ya se había dado vuelta a la derecha. Con estas traiciones políticas los pueblos terminan siendo domesticados por lo menos por un tiempo, ya que se les frustran sus alternativas. Vivimos en un mundo en que pareciera que todo va, sin principios ni ética entre esto están los administradores, políticos y muchos dirigentes sindicales de cualquier origen partidista que no se han puesto al servicio de los trabajadores y trabajadoras sino de los ricos. Quizás ya vivimos en una decadencia de la civilización occidental o algo más grande, pero no por eso se tiene que aceptar ser confundido, se tiene que creer en las propias fuerzas del movimiento social y popular, se tiene que seguir creyendo en la participación alegre y crítica.
lunes, 13 de julio de 2015
UNaSur: La apuesta por la integración en la nueva geopolítica del continente
Revista Pueblos
Por Mª Cruz Tornay *
La escalada creciente de tensión entre Estados Unidos y Venezuela con la declaración de “emergencia nacional” por parte del ejecutivo de Barack Obama ha vuelto a poner a prueba el papel de la Unión de Naciones Sudamericanas (UNaSur) como organismo garante de la soberanía democrática de sus estados miembros. La pérdida de influencia de la potencia estadounidense en la región y las nuevas políticas de alianzas dibujan un tablero geopolítico que tendrá en el punto de mira a los recursos naturales de América Latina.
La última acusación de intento de golpe de estado por parte del presidente Nicolás Maduro hacia Estados Unidos desencadenó la situación más tensa registrada entre ambos países desde el nombramiento del mandatario venezolano en abril de 2013. En los primeros días del pasado marzo, el presidente de Estados Unidos emitió una desconcertante declaración en la que identificaba a la República Bolivariana como “una infrecuente y extraordinaria amenaza a la seguridad nacional y la política exterior de Estados Unidos”, motivo por el que se declaraba “la emergencia nacional para tratar con esa amenaza.”
En términos prácticos, la declaración de “emergencia” permite al ejecutivo estadounidense dictar sanciones contra un país y, recordando las ocasiones anteriores en las que ha sido utilizada, se trata del precedente de agresiones u operaciones militares como las ocurridas en el caso de la invasión a Iraq o, más recientemente, en las intervenciones en Siria y Ucrania [1]. En efecto, el mismo día que se conocía dicha declaración, el presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello, alertaba en un acto público que dichas resoluciones de emergencia “las utiliza el imperialismo norteamericano cada vez que va a atacar a un pueblo”, previendo “sobre nuestra tierra, sobre nuestro país, ataques militares”.
Según el ejecutivo de Obama, la sanción a siete funcionarios venezolanos implicados en la intervención contra las protestas ocurridas entre febrero y abril del pasado año se sustenta en la Ley de Defensa de los Derechos Humanos y la Sociedad Civil de Venezuela 2014. La norma, un escalón más en el enfrentamiento entre ambos países, fue aprobada en diciembre del pasado año coincidiendo con el anuncio de la apertura de relaciones con Cuba y con el reconocimiento del fracaso de la política de bloqueo llevada a cabo contra la isla durante cinco décadas. Estados Unidos reforzaba su postura beligerante contra la República Bolivariana, a la vez que tendía la mano a Cuba, su mayor aliada.
Las sanciones emitidas por Estados Unidos y la expulsión de gran parte del funcionariado de su embajada en Caracas como respuesta por parte de Venezuela se produjeron después de que el presidente Maduro diera a conocer, semanas antes, los planes de intento de golpe de estado en su país preparados por dirigentes de la oposición, como el ya encarcelado alcalde de Caracas, Antonio Ledezma, junto a miembros del servicio de inteligencia estadounidense, y con la intervención de algunos miembros de las Fuerzas Armadas. Según las pruebas presentadas por Maduro, la Operación Jericó preveía el ataque a distintos puntos estratégicos de la ciudad de Caracas, como el Palacio de Miraflores y la sede del Ministerio de Defensa, y a importantes medios de comunicación, como la sede del canal regional Telesur.
Al igual que en otras ocasiones, el ejecutivo de Obama rechazó las acusaciones injerencistas de Venezuela a través de la portavoz del Departamento de Estado, Jen Psaki, quien negó la involucración en la “conspiración golpista”. Sin embargo, la última amenaza del que fuera elegido como premio Nobel de la paz y el temor de una intervención desde el exterior son interpretadas desde Caracas como la única alternativa que le queda a la oposición venezolana de llegar al poder por la vía democrática, en vista de los fracasos electorales que se han sucedido en los últimos dieciséis años.
Pérdida de influencia de EEUU en la región
La negación de las acusaciones de participación en el intento de golpe de estado por parte de Estados Unidos no pareció convencer a los demás países de la región latinoamericana que, de forma irrestricta, mostraron su apoyo a la soberanía democrática del Estado venezolano y condenaron cualquier intento de injerencia, incluida la Organización de Estados Americanos (OEA), que históricamente se ha desempeñado bajo la órbita estadounidense.
El cierre de filas por parte de las organizaciones integracionistas de América Latina en torno al liderazgo del presidente Nicolás Maduro es muestra evidente del papel que desempeñan en la geopolítica actual bloques como la Unión Suramericana de Naciones (Unasur) y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC). De manera elocuente, el mandatario venezolano calificó a ambas organizaciones como “anillos protectores” por su rápido apoyo al gobierno bolivariano frente a las amenazas de la potencia del norte.
En efecto, en medio del cruce de declaraciones entre Caracas y Washington, una comisión de Unasur con su secretario general al frente, el expresidente de Colombia, Ernesto Samper, viajó a Venezuela para demostrar la condena a cualquier intento injerencista, como ya lo hiciera durante la crisis de las guarimbas del pasado año. La declaración oficial de Samper en rechazo de “cualquier intento de desestabilización democrática de orden externo o interno en el hermano país” es un recordatorio de uno de los principios plasmados en el tratado fundacional del bloque, “el mantenimiento de la región como una zona de paz”. No cabe duda tampoco de que el silencio de los históricos aliados de Washington, como México, Colombia, Perú o Chile, respecto al tono beligerante de Estados Unidos, demuestra la pérdida de influencia de la potencia en la región, al menos en lo que a términos económicos se refiere, que, a juzgar por los últimos acontecimientos, está siendo desplazada por China.
No es la primera vez que el bloque sudamericano se ve obligado a salir en defensa de la soberanía venezolana. Su rápida actuación en el reconocimiento de la victoria del candidato presidencial Nicolás Maduro en las elecciones de abril de 2013, semanas después del fallecimiento de Hugo Chávez, desmontaron los intentos de la oposición de invalidar el proceso electoral. También en ese momento, el gobierno de Estados Unidos se quedó solo en el apoyo a las acusaciones de fraude de la derecha venezolana, acompañado del seguidismo de España.
En sus pocos años de existencia, la Unión de Naciones Suramericanas ha tenido que paralizar intentos desestabilizadores en la región, como los golpes de estado en Bolivia, Ecuador, Honduras y Paraguay (sin lograrlo en estos dos últimos), y también ha participado en la resolución de distintas crisis, como la producida entre Ecuador y Colombia por la incursión del ejército colombiano en el espacio aéreo ecuatoriano, o la causada por la retención del avión presidencial en el que viaja Evo Morales.
Integración vs. libre comercio
En un contexto de alianzas estratégicas, la unión de los doces países que conforman Unasur en una integración que transciende el interés comercial y económico para poner en el centro el buen vivir y el respeto a la vida, y la solidaridad y la cooperación frente al intervencionismo, supone un modelo de concertación único imbuido por el giro ideológico en gran parte de los países que firmaron su constitución: Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Chile, Ecuador, Guyana, Paraguay, Perú, Suriname, Uruguay y Venezuela.
Aunque los antecedentes de Unasur se encuentran en alianzas comerciales, como la CAN o el Mercosur, la llegada a gobiernos de la región de líderes como Hugo Chávez, Evo Morales, Néstor Kirchner, Fernando Lugo y Rafael Correa, permitió que el bloque dejara en un segundo plano el interés de la unión económica para reivindicar el pensamiento integracionista de Simón Bolívar y hacer de la región “un espacio de integración y unión en lo cultural, social, económico y político entre sus pueblos” que tuviera como prioridad “lograr la inclusión social y la participación ciudadana, fortalecer la democracia y reducir las asimetrías en el marco del fortalecimiento de la soberanía e independencia de los estados”, según quedó plasmado en el Tratado Constitutivo de la Unión de Naciones Sudamericana firmado en Brasilia en mayo de 2008.
La victoria por la vía democrática de gobiernos que tomaban distancia de las políticas del Consenso de Washington y la paralización del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) permitió trazar un nuevo rumbo a la región que tiene como prioridad la defensa de la soberanía y de la independencia, así como acabar con las relaciones históricas de subordinación que condenaron a millones de personas a la pobreza y a la exclusión social.
La inauguración el pasado diciembre de la sede de la Unasur en la zona ecuatoriana conocida como La mitad del mundo supuso un nuevo impulso a la integración del bloque. La apertura del moderno edificio Néstor Kirchner, en homenaje al primer secretario general de la organización, reunió a los jefes y jefas de estado latinoamericanos, que en ese momento acordaron nuevos pasos hacia la unificación, como la creación de un pasaporte común para la ciudadanía sudamericana.
Dentro del área de integración latinoamericana coinciden distintos espacios de asociación con diferentes intereses, como la Comunidad Andina de Naciones (CAN), el Mercado Común del Sur (MERCOSUR), la Comunidad del Caribe (CARICOM) y la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América-Tratado de Comercio de los Pueblos (ALBA-TCP), que integra a doce países de América Latina y el Caribe y que tiene como uno de sus principales ejes la lucha contra la pobreza y la exclusión social. La existencia de diferentes acuerdos comerciales, tanto regionales como extra regionales, evidencia la heterogeneidad de intereses de los miembros del bloque, lo que sin duda condiciona su relación y expectativas respecto al futuro de Unasur.
En este sentido, las naciones que conforman el denominado Arco del Pacífico Latinoamericano (Chile, Perú y Colombia, miembros también de Unasur), firmaron en 2011 junto a México y Panamá, estos como estados observadores, el tratado para la creación de la Alianza del Pacífico. A pesar de la alusión geográfica, se trata de una unión ideológica que conecta el norte con el sur y que persigue la creación de un “área de integración profunda” en el que se mantengan las prácticas del libre comercio, además de un intento de la potencia estadounidense de reforzar su presencia en la zona.
La importancia estratégica de los recursos energéticos
La relativa pérdida de influencia de Estados Unidos en la región latinoamericana coincide con la transición hacia un nuevo escenario mundial en el que diferentes economías y bloques regionales entran a disputar la hegemonía de la potencia norteamericana. Es indiscutible que las alianzas regionales, económicas e ideológicas están definiendo en este momento histórico el orden mundial de las próximas décadas, en el que, sin lugar a dudas, será determinante el acceso a los recursos energéticos, minerales e hídricos.
Precisamente, la integración en bloque de los doce países que conforman Unasur convierte una de las regiones con mayor pobreza en la cuarta economía del mundo, la mayor productora y exportadora de alimentos, y una de las zonas con mayor riqueza natural (Brasil, Colombia, Ecuador y Perú están en el listado de los diez países con mayor biodiversidad del planeta).
Según un informe elaborado por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) [2], la región posee una de las mayores reservas minerales del planeta, exactamente un 65 por ciento de las reservas mundiales de litio, un 42 por ciento de plata, un 38 de cobre, un 33 de estaño, un 21 de hierro, un 18 de bauxita y un 14 por ciento de níquel. No hay que pasar por alto la importancia de estos recursos en el futuro de la región, ya que sus países son los principales productores del mundo en los denominados “minerales estratégicos”, como niobio, antimonio, bauxita, bismuto, litio, tantalio, zinc y cobre, entre otros. La posesión de estos recursos es una fortaleza para el desarrollo del bloque, pero también puede interpretarse como una amenaza, si se tiene en cuenta que la potencia estadounidense es dependiente casi en un cien por ciento de algunos de los minerales citados [3] y define su acceso y apropiación como una cuestión de seguridad nacional [4].
Por su parte, la British Pretroleum (BP) estimó en un informe presentado en 2011 que el 17 por ciento de las reservas mundiales de petróleo probadas se localizan en la región, gran parte de ellas en la Faja del Orinoco del oriente venezolano, donde se estima que la explotación pueda mantenerse durante los próximos cien años [5]. Respecto al agua, un 30 por ciento de los recursos hídricos renovables del mundo se encuentran en la región, lo que supone el 70 por ciento del agua del continente, un elemento necesario para la vida pero también para la creación de energía, como la hidroeléctrica, o para la extracción de hidrocarburos mediante la agresiva técnica del fracking.
Las riquezas naturales que albergan los más de 17 millones de kilómetros cuadrados que conforman el bloque son la mayor fortaleza y ventaja competitiva con la que cuenta la región, pero su adecuada gestión y su protección también suponen uno de los grandes desafíos a los que debe hacer frente. Hay que recordar que la Constitución de Ecuador reconoce los derechos de la naturaleza, y que, junto a las de Bolivia y Venezuela, son varias las constituciones que recogen la cosmovisión andina del buen vivir, que es inseparable del cuidado y respeto a la pacha mama, la madre tierra. Estos países deben resolver el dilema entre la protección y el cuidado de la naturaleza frente la explotación de sus recursos como medio para alcanzar el desarrollo en una de las regiones que presenta las mayores brechas sociales del planeta.
Si bien la protección de la naturaleza de acuerdo a la cosmovisión indígena es uno de los retos para algunos de los países del bloque, también lo es la defensa frente a las amenazas exteriores y la disputa por los recursos estratégicos que posee la región y que son esenciales para el mantenimiento del nivel de consumo de algunas potencias extranjeras.
La amenaza no puede ser ignorada si se observa la estratégica presencia militar de Estados Unidos en América Latina. Investigadores de la geopolítica en la región, como los argentinos Telma Luzzani y Atilio Boron, han documentado hasta 77 bases estadounidenses en Centroamérica y América del Sur que tendría diversas funciones (algunas de ellas no tienen asignado personal militar), pero siempre con una misma finalidad: proteger los intereses de la potencia.
La capacidad militar estadounidense supera con creces a la de cualquier otro país del continente americano. La estrategia de la Unasur para construir, al menos, un contrapeso regional al poder militar del vecino del norte es recurrir de nuevo a la política de integración con la creación del Consejo de Defensa Sudamericana (CDS), conformado por los ministros de Defensa de los doce países que componen Unasur. El consejo se constituyó pocos meses después de la aprobación del Tratado Constitutivo del bloque, lo que demuestra las prioridades del grupo.
La reciente declaración de “emergencia nacional” de Estados Unidos fue interpretada como la amenaza de una intervención sobre Venezuela. En el caso de que finalmente se produzca una agresión, se deberá poner a prueba la capacidad del CDS como alianza militar de defensa y, en definitiva, de protección de los recursos estratégicos de la región.
Notas:
Boron, Atilio: “Preparando la agresión militar a Venezuela”, artículo de Atilio Borón en Alai, 09/03/2015. Ver en www.atilioboron.com.ar.
CEPAL (2013): “Recursos naturales en UNASUR, situación y tendencia para una agenda de desarrollo regional”, Naciones Unidas, Santiago de Chile.
Boron, Atilio (2013): América Latina en la geopolítica del imperio, Ministerio del Poder Popular para la Cultura, República Bolivariana de Venezuela.
Bruckmann, Mónica (2012): Recursos naturales y la geopolítica de la integración sudamericana, Perúmundo, Lima.
Bargaza, Mayra; y Regueiro, Lourdes (2012): Unasur, proceso y propuesta, FEDAEPS, Quito.
* Mª Cruz Tornay forma parte del consejo de redacción de Pueblos – Revista de Información y Debate.
Artículo publicado en el Nº 65 de Pueblos – Revista de Información y Debate, segundo trimestre de 2015.
miércoles, 17 de diciembre de 2014
Unasur, un espacio de todas las voces para la integración
Prensa Latina
Por Luisa María González
Con un canto de todas las voces finalizó aquí una cumbre de mandatarios de la Unión de Naciones Suramericanas, la cual fue calificada de histórica por su contribución a relanzar el proceso de integración regional. Una vez más en Ecuador cientos de personas se juntaron para cantar la emblemática composición Todas las voces todas, como se hizo en 1996 en un festival organizado por el pintor Oswaldo Guayasamín.
Ahora el tema puso sello final a un encuentro en que los 12 países integrantes de Unasur inauguraron la nueva sede del bloque, y tomaron decisiones concretas como impulsar la ciudadanía suramericana que dará libre movilidad por el área a casi 500 millones de personas.
Según coincidieron varios de los presentes, el edificio de 20 mil metros cuadrados ubicado en la Mitad del Mundo, al norte de Quito, es un hogar desde el cual se darán nuevos impulsos a la integración y la construcción de la Patria Grande.
En la apertura estuvieron presentes los presidentes de Argentina, Cristina Fernández; de Bolivia, Evo Morales; de Brasil, Dilma Roussef; de Colombia, Juan Manuel Santos; de Paraguay, Horacio Cartes; de Surinam, Desiré Bouterse; de Venezuela, Nicolás Maduro; y el anfitrión ecuatoriano, Rafael Correa.
Al inaugurar la reunión, Correa aseveró que la unión es irreversible: "podemos cometer errores, pero la integración no tiene marcha atrás".
"Unasur se levanta como potencia, pero como una potencia de paz", sostuvo, y añadió que la región debe resolver en paz todos sus conflictos internos y buscar la solución de las necesidades básicas de las poblaciones.
En este sentido, el jefe de Estado consideró que la verdadera paz solo puede sustentarse en la justicia, y sin embargo, el área es todavía la más desigual del planeta.
Asimismo, estimó como un desafío conseguir la integración energética regional, y calificó de urgente que los recursos financieros de Suramérica dejen de financiar el primer mundo y regresen para consolidar aquí el desarrollo endógeno.
En la ceremonia de apertura, un grupo de obreros que laboraron en la construcción de la nueve sede fueron los encargados de cortar la cinta inaugural, quienes fueron picando trozos para entregarlos a los jefes de Estado.
Luego, la presidenta de Argentina y Correa develaron de una estatua de Néstor Kirchner, el primer secretario general de Unasur.
Fernández, viuda de Kirchner, agradeció el gesto de darle a la sede el nombre del fallecido presidente argentino, y aseguró que "fue y será siempre mi compañero".
La presidenta señaló que al nuevo inmueble de Unasur le precedió una edificación previa: la construcción de hombres y mujeres electos democráticamente por sus pueblos que decidieron conformar un bloque diferente a las organizaciones multilaterales existentes hasta el momento.
Al caracterizar la organización, el secretario general Ernesto Samper aseguró que la definen tres principios básicos: la defensa de los derechos humanos y la justicia social; la búsqueda de la consolidación de la democracia; y la defensa del continente como un área de paz.
Para Samper, a los suramericanos los une una misma nacionalidad y no es necesario esforzarse para construir una identidad común porque "esa ya la tenemos".
En un acto cargado de simbolismo, todos los mandatarios presentes lanzaron al cielo enormes globos blancos con las banderas de sus países, para evidenciar el espíritu de integración que les une.
jueves, 4 de diciembre de 2014
Assange a Unasur: "Creen sus propios motores de búsqueda como Rusia y China"
El fundador de Wikileaks, Julian Assange, cree que los países de Unasur deberían crear sus propias herramientas de Internet para evitar el espionaje electrónico masivo por parte de Washington. Además, aboga por invertir en tecnología.
Los integrantes de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) deben seguir los pasos de Rusia y China en lo referente al desarrollo de sus propios buscadores y las redes sociales para sustituir a los estadounidenses Google, Facebook y Twitter, afirmó Assange en una videoconferencia emitida para los participantes en el Encuentro Nacional de Gobernanza en Internet, celebrado en Quito (Ecuador), informa Prensa Latina.
Gracias a esta medida los países de América Latina podrán ser verdaderamente independientes, libres y soberanos, ya que el monopolio de EE.UU. sobre Internet le facilita la oportunidad de interceptar el 98% de las comunicaciones de la región latinoamericana.
Por ejemplo, el gigante informático Google recoge más datos de internautas que la Agencia de Seguridad Nacional de EE.UU., e incluso registra la información de los Sistemas de Posicionamiento Global de los teléfonos móviles, declaró Assange. Asimismo reiteró que herramientas sociales como Facebook, Youtube, Twitter, entre otras, se ocupan de recoger el mayor volumen posible de información personal de sus usuarios.
Además, el periodista australiano, hablando desde la embajada de Ecuador en Londres, instó a los líderes de Estados suramericanos a invertir en parques tecnológicos del estilo de Silicon Valley, en EE.UU. Assange enfatizó que Silicon Valley no había surgido como una evolución natural del capitalismo, sino que desde hace años Washington está invirtiendo en el desarrollo de las empresas tecnológicas que se centraron en esta localidad californiana.
viernes, 28 de marzo de 2014
Hacia una geopolítica de la emancipación
Rebelión
Por Katu Arkonada
O inventamos, o erramos
Simón Rodríguez
A pesar de que aún no tenemos claridad si nos encontramos ante una crisis más del sistema capitalista, que sirva para reacomodar su tasa de ganancia, o si estamos vislumbrando el propio sistema capitalista en crisis (y de las crisis surgen oportunidades, pero también monstruos), lo que es cierto es que la crisis es global y civilizatoria.
El Vicepresidente boliviano Álvaro García Linera sostiene que el capitalismo ha adquirido una medida geopolítica planetaria absoluta a la vez que regresa a una acumulación primitiva perpetua, una especie de reactualización de la acumulación originaria, a la que se suma la acumulación por desposesión de los bienes comunes que define David Harvey (biodiversidad, agua, recursos naturales, conocimiento…).
Por lo tanto esta crisis se cristaliza también en un reordenamiento geopolítico, que tiende hacia un mundo pluripolar y multicéntrico.
Estamos viviendo un declive relativo del imperialismo estadounidense y un auge de los BRICS, donde hay que destacar a una China que ya ha desbancado a los Estados Unidos como el mayor consumidor mundial de energía, y una Rusia extremadamente rica en petróleo, gas y minerales, que además dentro del tablero geopolítico ha neutralizado la diplomacia de guerra de estadounidense con tres movimientos, el asilo a Snowden, la paralización de la agresión militar a Siria, y el apoyo a Irán, como nos recordaba recientemente Atilio Boron en su balance de 2013.
Lo que es cierto es que este desplazamiento geopolítico se une a la crisis en un sistema-mundo capitalista cuyo Norte no puede sostener su Estado del Bienestar en la medida en que el Sur recupera su soberanía política, económica y territorial, en la medida en que el Norte ya no puede explotar a los pueblos, las personas y la naturaleza del Sur.
En los próximos años estos dos factores (crisis y geopolítica) se van a ver intrínsecamente ligados en América Latina en la medida en que el subcontinente tiene la mitad de las reservas de agua del planeta y una gran riqueza en recursos naturales, minerales, petróleo y biodiversidad.
De hecho, nada es casualidad, y los nuevos golpes del Siglo XXI, Haití en 2004, Honduras en 2009 y Paraguay en 2012, además de los golpes/agresiones a los procesos de cambio de Venezuela en 2002, Bolivia en 2008 y Ecuador en 2010, están estrechamente vinculados con la perdida de hegemonía imperialista, la recuperación de soberanía de América Latina y el reacomodo geopolítico.
Integración latinoamericana
Si bien el año 2013 fue un año marcado por la muerte del Comandante Chávez a la vez que la demostración de la plena vigencia del chavismo, el año 2014 se presenta como un año de transición, relativa también, marcado por 7 procesos electorales en el subcontinente.
En primer lugar tenemos Centroamérica, con segundas vueltas en marzo en El Salvador, donde se espera una victoria del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional, que esta vez sí se presenta con un candidato con el ADN del Frente, Salvador Sánchez Cerén, el ex guerrillero Comandante Leonel; asimismo en Costa Rica en abril a pesar de la decepción de que la izquierda articulada en el Frente Amplio no haya pasado a segunda vuelta, si esta da su apoyo al PAC, podría producirse una victoria del centro-izquierda en un año que Costa Rica ostenta la presidencia de la CELAC. El tercer país centroamericano con elecciones es Panamá en el mes de mayo donde no se esperan grandes cambios en la orientación de su gobierno.
En mayo también, y pasando a Sudamérica, se celebran elecciones en Colombia, con una mirada puesta en Cuba, donde lo importante es reforzar los Diálogos de Paz de La Habana entre el gobierno de Santos y la insurgencia de las FARC-EP que puedan conducir a un escenario de verdadera democracia y justicia social para el pueblo colombiano después de más de 50 años de desgarrador conflicto político-militar. Asimismo octubre es otro mes clave, pues prácticamente de manera simultánea se celebran elecciones en Brasil, donde cada vez está más claro que el proyecto político del PT va más allá del lulismo; Uruguay, donde el Frente Amplio de izquierda celebrará con una nueva victoria los 10 años en el gobierno; y Bolivia, donde se espera una aplastante victoria electoral del proceso de cambio liderado por Evo Morales y el MAS.
Además de todos estos procesos electorales, el 2014 comienza con la asunción de Michelle Bachelet como Presidenta de Chile, un país convertido en el Israel de Sudamérica, que tiene la oportunidad ahora de mirar más hacia los mecanismos de integración latinoamericana como UNASUR y CELAC, y menos a una Alianza del Pacifico de la que es miembro fundador.
Alianza del Pacifico que no es sino un mecanismo impulsado por los Estados Unidos para reeditar un Área de Libre Comercio de las Américas que junto al Plan Colombia y las bases militares en torno a la Amazonia, pretende recuperar el terreno perdido por el imperialismo desde la derrota del ALCA en Mar del Plata 2005 y la conformación del ALBA en 2006.
Pero el ALBA, UNASUR y la propia CELAC, que en la reciente Cumbre de La Habana demostró que se consolida como un importante mecanismo de concertación política que va sustituyendo progresivamente a la propia OEA (logrando una importante victoria diplomática para la revolución cubana), tienen el reto de precisamente pasar de ser instrumentos de concertación a verdaderos mecanismos de integración política y económica a nivel latinoamericano.
Si bien ese es el reto general, hay otros desafíos estructurales entre los que destaca el debate sobre el modelo de desarrollo de los procesos de cambio en el continente. Es importante pensar desde la izquierda un nuevo modelo que combine el derecho al desarrollo de pueblos que han sido expoliados durante 500 años de colonización y 20 de neoliberalismo en un equilibrio con los Derechos de la Madre Tierra. Pero todo ello desde una conciencia antiimperialista, anticolonial y anticapitalista, porque como nos recuerda Isabel Rauber, la ecología no puede estar separada del modo de producción y reproducción de la vida social.
Y entre los desafíos concretos para lograr una verdadera integración latinoamericana, están los casos de (neo)colonialismo que persisten en el continente, la independencia de Puerto Rico; el fin de la ocupación británica de las Malvinas y del bloqueo criminal contra Cuba; o la resolución en clave pacífica y negociada del enclaustramiento boliviano, encaminarán a América Latina hacia la plena independencia y soberanía.
En definitiva, todo lo anterior debe servir para romper el paradigma de la democracia liberal, construyendo una democracia continental real, viva, dinámica, de alta intensidad que deje atrás las democracias fosilizadas que promueve la Alianza del Pacifico y la derecha continental, y conviertan los diferentes procesos de cambio del continente en un proceso de cambio continental.
Bolivia 2014
Y es precisamente el proceso de cambio que se vive en Bolivia el que más tiene en juego en este 2014 con unas elecciones en las que aunque en principio no está en riesgo la perdida de la conducción política del mismo, sí tiene otros dilemas que ir resolviendo.
En clave geopolítica, Bolivia transita entre la plena implicación en los mecanismos de coordinación del ALBA, a través de una estrecha relación con Cuba y Venezuela, y un vínculo cada vez más fuerte con Brasil como forma de acercamiento al Mercosur y especialmente a los BRICS. Todo ello con un discurso claramente antiimperialista y anticolonial.
En clave de proyecto, el reto está en pasar de la revolución política y descolonizadora que lidera Evo Morales, a una revolución social que profundice aún más en el modelo de Estado Plurinacional y en el nuevo modelo económico, pilar fundamental de la nueva Constitución Política.
Porque es difícil, como reflexiona el compañero Hugo Moldiz, construir socialismo a partir del capitalismo de Estado dentro de un capitalismo planetario. Pero el reto está ahí, en cómo construir ese socialismo comunitario bajo el horizonte del Vivir Bien, en como continuar el desmontaje de un Estado heredado colonial y patriarcal, construyendo y refundando un nuevo Estado sobre las ruinas del anterior. Y la principal amenaza para construir este socialismo comunitario no viene de la restauración conservadora, de una derecha derrotada política y militarmente entre 2008 y 2009, sino de la izquierda lightberal, de la instalación de una nueva socialdemocracia similar a la europea que busque más la consolidación de una concepción liberal de la democracia que la profundización del proceso. Es crucial la lucha emprendida contra la pobreza y continuar la senda del crecimiento económico, pero siempre si es bajo un horizonte poscapitalista que radicalice el proceso de cambio.
En cualquier caso, y dada la más que previsible victoria de Evo Morales en las elecciones presidenciales de octubre (actualmente la popularidad y posible intención de voto del Presidente se sitúa en torno al 60%), en estos momentos lo importante es continuar la buena gestión gubernamental traducida en políticas publicas y en los numerosos eventos internacionales programados para este 2014.
En junio se va a celebrar en Santa Cruz, ciudad del oriente boliviano donde hace pocos años hubiera sido impensable el trabajo conjunto entre el ejecutivo, legislativo y los sectores de oposición regional, una importantísima Cumbre del G77+China por el 50 aniversario de este organismo de coordinación intergubernamental. Ya han confirmado su asistencia los presidentes Raúl Castro, Nicolás Maduro, Cristina Fernández y Rafael Correa, y se espera la presencia de más de 20 presidentes de todo el mundo junto a delegados/as de los 133 países que conforman el G77+China. Además, en julio en Cochabamba se realizará un encuentro sindical internacional coordinado junto a la Federación Sindical Mundial (FSM) con la presencia de sindicatos que cuentan millones de afiliados de India, China y otras partes del mundo. Finalmente, y ya en plena campaña electoral, a finales de agosto se celebrará en La Paz el Foro de Sao Paulo, foro que cumple 20 años en 2014, reuniendo a los principales partidos de izquierda del continente, muchos de ellos en tareas de gobierno.
Desafíos
Volviendo a la mirada regional, es obvio que nos encontramos ante un proceso político de alcance continental que no es lineal, que tiene avances y retrocesos. Proceso continental con un motor que son los procesos de cambio y los países del ALBA, y un freno que son los países de la Alianza de Pacifico. Alianza que hay que erosionar trabajando estrechamente con los pueblos, movimientos sociales y organizaciones de izquierda de México, Colombia, Perú y Chile.
Pero el freno a los procesos de cambio no se da simplemente desde el desgaste a la integración continental y la apertura de áreas de libre comercio con Estados Unidos y la Unión Europea, sino que con los recientes sucesos de Venezuela, con el golpe de Estado encubierto que ya ha dejado varios muertos y decenas de heridos, tenemos la demostración palpable de que la derecha y el imperialismo no han tardado en recuperarse de su última derrota electoral de diciembre y no van a parar de golpear y desgastar al gobierno bolivariano y al chavismo en general, en un laboratorio venezolano de las prácticas contrarrevolucionarias que después podrían ser aplicadas en Bolivia.
Porque estos procesos de cambio han producido importantísimos cambios, la refundación del Estado y nacionalización de los recursos naturales, y con ellos la recuperación de la soberanía, pero no son suficientes. Es necesario irradiar el sentido común de época de los procesos de cambio al resto de países del continente. Tenemos que pasar de la voluntad de poder a la consolidación hegemónica de los proyectos de cambio rupturistas, en una transición desde los proyectos posneoliberales a los proyectos anticapitalistas. Para ello hace falta mucha audacia, y como recuerda García Linera, reivindicar la dimensión heroica de la política. O convertimos estos procesos en irreversibles, o el enemigo seguirá buscando la desestabilización y retroceso de los mismos.
Esa dimensión heroica de la política pasa necesariamente por asumir las tensiones y contradicciones al interior de cada proceso. Es muy fácil sacar el lápiz rojo para señalar lo que está mal, pero la dirección y el sentido común de cada proceso se disputa desde dentro. No hay un afuera de los procesos de cambio y las fuerzas revolucionarias y transformadoras al interior deben empujar para impulsarlos desde abajo y hacia la izquierda.
En ese sentido, son también numerosos los retos que tenemos para este 2014. En el ámbito de los partidos políticos el ya mencionado Foro de Sao Paulo en Bolivia; en el ámbito de los movimientos sociales la coordinación continental de ALBA Movimientos se reunirá a finales de marzo en Colombia además de organizar un encuentro latinoamericano de escuelas de formación política en Venezuela y un encuentro de economía autogestionada en Argentina, todo ello en el primer semestre de 2014. Para el segundo semestre, la Red de Redes de Intelectuales, Artistas y Movimientos Sociales en Defensa de la Humanidad prepara un encuentro al cumplirse de los 10 años de conformación de la Red en diciembre de 2004 en Caracas junto al Comandante Chávez. Y si bien la agenda política, social e intelectual es densa y llena de propuestas, seguimos teniendo el reto de cómo articular estos espacios en un nivel de coordinación más amplio, una internacional de partidos, movimientos e intelectuales orgánicos que ayude a pensar mejor las propuestas para la transición hacia un nuevo proyecto político pos y anticapitalista.
Tenemos límites, demasiados límites, tanto externos derivados del propio sistema-mundo capitalista, como internos propios de las particularidades de cada proceso e inherentes a la propia izquierda. Pero estamos acumulando, y solo a partir de la acumulación de estas experiencias, de las tensiones (creativas) y contradicciones, podrá surgir algo nuevo. Y ese algo nuevo traerá nuevas formas de entender la democracia, la economía y el Estado. Mientras tanto, solo queda seguir trabajando en defensa de nuestros procesos de cambio y de un nuevo orden geopolítico, tampoco exento de contradicciones, pero que supone un avance respecto al orden anterior.
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