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lunes, 24 de febrero de 2014
Sharon, Mandela y el fraude mediático
Rebelión
Por Ángel Guerra Cabrera
Ahora resulta que Ariel Sharon, el criminal de guerra modélico del sionismo –que tiene tantos-, fue un prohombre del pacífico Estado judío. Un abuelito bonachón aunque un poco indisciplinado. El secretario de Estado de Estados Unidos John Kerry, emocionado, subrayó su contribución a la paz cuando era primer ministro e hizo saber a la familia Sharon y a Israel: “Nuestra nación comparte su pérdida y honra la memoria de Ariel Sharon”.
Mensaje uniforme desde que falleciera el general, clonado por todo el ejército mediático del Pentágono (la abrumadora mayoría de las televisoras, diarios, revistas y páginas web corporativas de “Occidente”).
Otra es la realidad. Muy joven, Sharon integró la organización terrorista Haganah rumbo a la guerra de 1948 y según el periodista israelí Dimi Reider participó en el ataque a aldeas árabes y luego fue llamado, nada menos que por el entonces premier David Ben Gurion, a encabezar la unidad 101 del ejército, dedicada a dar golpes de castigo principalmente contra campos de refugiados y civiles palestinos. Es conocida su autoría en la masacre de la aldea de Qibya, que costó la vida a 69 palestinos, la mayoría mujeres y niños en 1953. Apodado el buldócer de Gaza, envió esos equipos a demoler cientos de casas en el campo de refugiados palestinos de Jabaliya en los setenta.(http://972mag.com/former-israeli-prime-minister-ariel-sharon-dies-at-85/84878/).
Como ministro de defensa lanzó la primera y sangrienta guerra contra Líbano, donde favoreció la matanza de cientos de palestinos en los campos de Sabra y Shatila en 1982 por sus aliados de la Falange libanesa. La comisión MacBride de la ONU encontró a Israel responsable del hecho e incluso una comisión israelí estableció la responsabilidad personal de Sharon por “ignorar el peligro de derramamiento de sangre y venganza” existente.
A él se le reconoce también la promoción a la fuerza de cientos de asentamientos ilegales de colonos judíos en tierras palestinas y la construcción del muro de la infamia, levantado para desalojar a los palestinos de las mejores tierras, arrebatarles el agua y desmembrar la ínfima porción de territorio que les queda. Presentó la evacuación de Gaza como un hecho de paz cuando lo que hizo después fue cercarla militarmente y convertirla en una prisión al aire libre a la vez que torpedeaba cualquier eventual salida política al conflicto con Palestina.
¿Para qué seguir? El ejército mediático del Pentágono escamotea constantemente los hechos no convenientes a la visión del mundo que difunde combinándolo con las medias verdades y la mentira llana. Un caso escandaloso es el del descafeinamiento durante años del líder antiapartheid Nelson Mandela, llevado hasta el extremo en su reciente fallecimiento.
Nunca se dijo por los medios dominantes que Mandela fue militante desde muy joven del Partido Comunista Surafricano del que llegó a ser miembro de su Comité Central ni se difundieron sus declaraciones reconociendo a esa formación como el mejor aliado que tuvo el Congreso Nacional Africano (CNA) en su lucha contra el apartheid. Tampoco se dio importancia a que después de agotar las posibilidades de la lucha pacífica y constatar la brutal represión contra ella, fundó y fue el comandante en jefe de la Lanza de la Nación, brazo armado del CNA, muy activo hasta el fin del apartheid. No se dijo durante los funerales de Mandela que la mayoría de los países occidentales cuyos líderes acudieron entonces a Suráfrica en manada para la foto lo catalogaron como terrorista y fueron los sostenes del apartheid hasta última hora, los que le suministraron el armamento más moderno, incluyendo entre 10 y 12 bombas nucleares entregados por Israel a Pretoria a petición de Estados Unidos.
Mucho menos han reconocido esos medios la decisiva influencia de Cuba en el fin del apartheid al partirle el espinazo al ejército surafricano en la batalla de Cuito Cuanavale y posteriores acciones. Así lo dijo Mandela en Cuba: ¡La derrota del ejército racista en Cuito Cuanavale hizo posible que hoy yo pueda estar aquí con ustedes! (http://www.juventudrebelde.cu/internacionales/2010-07-17/discurso-de-nelson-mandela-el-26-de-julio-de-1991/)
Tampoco se preguntaron por qué Raúl Castro fue uno de los seis oradores en las honras fúnebres de Mandela y ocultaron que fue presentado así: “Ahora recibiremos un mensaje de una pequeña isla, una isla cuyo pueblo nos liberó… el pueblo de Cuba” ( http://nationalinterest.org/commentary/why-south-africa-loves-cuba ).
Twitter: @aguerraguerra
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Medios de Comunicación,
Nelson Mandela
viernes, 17 de enero de 2014
El multilateralismo revive y la integración de Sudamérica avanza
Por Oscar Ugarteche y Francisco J. Martínez *
La integración económica regional parece haberse convertido en el tema actual cuando el 28 de noviembre los ex Presidentes de Brasil y de Chile, Luiz Inácio Lula da Silva y Ricardo Lagos, en el marco del Seminario internacional Desarrollo e Integración de América Latina en Santiago, llamaron a dar un salto cualitativo en la integración de la región.
Para Lula, América Latina hoy encuentra la oportunidad de “hacer todo lo que no se hizo en los últimos diez años” (1). Lula acierta en destacar que uno de los puntos de conflicto que más ha entorpecido la integración regional es la política. Mientras no haya convicción política por parte de los gobernantes, dice él, no podrá llegarse a la integración.
Por su parte Lagos, cuestionó la división geográfica con la que se abordan algunas de esas iniciativas, principalmente apuntando a la Alianza del Pacífico, la que no conforme con tambalear las relaciones políticas dentro de la región, busca también incorporar a los países del Atlántico (Uruguay).
Una clara muestra de la evolución de la integración real es la tasa de crecimiento del comercio intra-regional que sigue siendo positivo a pesar de la apreciación de las monedas. Mientras el comercio extra-regional se ha estancado a mediados del 2011 dado que los precios de los commodities han bajado en promedio 14% desde entonces, el intra-regional crece. Como se recordará, la gran diferencia entre el comercio extra-regional y el intra-regional es que en general el primero es de materias primas mientras el segundo de bienes industriales. El comercio energético intra-regional es cada vez más relevante, no obstante.
Paradójicamente, los países de la Alianza del Pacífico tienen más dinamismo comercial con los del Mercosur que entre sí, no obstante las facilidades adicionales establecidas en el último año. Esto se debe al tamaño de los mercados y a la especialización. Más notablemente los flujos de capital de corto plazo parecen fluir desde Chile y la Alianza del Pacífico hacia Brasil, el mayor mercado de valores después de Nueva York en el hemisferio, y no tanto entre los países de la Alianza del Pacífico. Ambos elementos muestran la naturaleza política más que pragmática de dicha alianza, que viene acompañada del discurso que la integración económica dentro de UNASUR es “chavista” y por lo tanto “antiimperialista” cosa que los gobiernos del Pacifico no desean ser.
Por otro lado, en la Reunión de Avanzadas de la II Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), efectuada en La Habana del 30 de noviembre al 1 de diciembre, la CELAC contó con el respaldo casi unánime dentro de América Latina ante el debilitamiento y desprestigio creciente de la OEA. Las elecciones de Honduras no ayudaron.
Una instancia de derechos humanos regional como es la Corte Interamericana, a pesar de pertenecer a la OEA, parece haber logrado consensos y jurisprudencia para beneficio de todos los países que la han ratificado, según escribe su Presidente saliente Diego García Sayán (2). No fue ratificada por los gobiernos de los Estados Unidos, Canadá y Belice ni por algunas islas del Caribe. Sin duda este es un instrumento útil que podría pasar a la CELAC.
Mientras tanto, el esperado cierre del Tratado Trans Pacifico parece haberse estancado (3) por desacuerdos entre Japón y Estados Unidos. En cambio, en la 9vena cumbre ministerial de Bali de la OMC “casi dos décadas después de fundarse por sus 159 países se aprobó un acuerdo de ‘facilitación comercial’ para poner normas de aduana comunes y aligerar el flujo de bienes por fronteras en el mundo entero. Se tomaron decisiones sobre una gama de temas que van desde cómo la OMC debería de responder a los programas de seguridad alimenticia hasta cómo asegurar el mejor acceso al mercado del mundo rico para las economías menos desarrolladas del globo (4)”. El destrabe de la OMC ahora bajo conducción brasileña puede poner fin a las aventuras del TTP y del TTIP y restablecer el multilateralismo bajo nuevos hegemones débiles.
Por último, la noticia “bomba” de diciembre ha sido la aprobación del senado de Paraguay a Venezuela como socio pleno del Mercosur (5) lo que revitaliza fuertemente a este bloque, y abre nuevas perspectivas. Mientras tanto la UE difirió la firma del acuerdo con el Mercosur a enero quizás con la esperanza que Argentina adhiera. Con Venezuela de pleno en el Mercosur, cambia el panorama regional positivamente. Washington parece haber perdido en esta última jugada. Si le falla Japón y no se firma el TPP el tablero global se verá redibujado más nítidamente en regiones cada una con un hegemón distinto.
* Oscar Ugarteche, economista peruano, es Coordinador del Observatorio Económico de América Latina (OBELA), Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM, México - www.obela.org. Miembro del SNI/Conacyt. y presidente de ALAI www.alainet.org - Francisco J. Martínez Cervantes es integrante del proyecto OBELA, IIEC-UNAM.
Notas:
1) Comunicado de prensa de la CEPAL del 27 de noviembre, 2013.
2) “La justicia, herramienta de la democracia”, El País, 10 de diciembre, 2013.
3) “US and Japan differences stall Pacific Rim trade deal” 10 December, 2013, http://www.ft.com/intl/cms/s/0/22256554-618b-11e3-b7f1-00144feabdc0.html#axzz2n6TZ4Ovl
4) “WTO approves global trade deal” FT, December 7, 2013, http://www.ft.com/intl/cms/s/0/072486ac-5f3f-11e3-8d1d-00144feabdc0.html#axzz2n6TZ4Ovl
5) “Capitanich consideró "muy importante" que Venezuela ingrese al Mercosur como "socio pleno"”, Telam, 11 de diciembre de 2013
viernes, 20 de diciembre de 2013
El funeral de Nelson Mandela, Raúl Castro, Obiang y el más que injusto comentario de Lluís Bassets
Rebelión
Por Salvador López Arnal
Barack Obama le da la mano a Raúl Castro en el funeral de Nelson Mandela. (Foto: Reuters / Video: RT)
Lluís Bassets ha escrito, y no es fácil, sobre el significado de la muerte. Publicó su nota el pasado jueves en las páginas de El País [1]. Su diario como es sabido. Si mi memoria no anda extraviada, fue director, ayudante de dirección o responsable de la edición del global en Cataluña... o acaso todo ello en diferentes momentos de su dilatada trayectoria profesional. No es esencial el dato para este comentario.
En todo caso, desde un punto de vista lógico-político que diría un Quine enrojecido, LB ha sido más, mucho más. Ubicado actualmente en el ámbito o en las cercanías de un partido que, a pesar de todo y en contra de todas las evidencias sabidas, conocidas, experimentadas y concebibles, sigue denominándose “socialista” y “obrero”, o en los alrededores de una ICV cada vez más “soberanista de debò” y cada vez más “clase media con inquietudes sociales”, LB fue en sus años de juventud, como tantos otros “insignes prohombres del país”, militante-cuadro del Partit Socialista Unificat de Catalunya, el partido de los comunistas catalanes, unos luchadores antifranquistas que siendo catalanes -y no catalanes desde luego- y combatiendo como combatieron, y no con formas silenciosas, por las entonces más que perseguidas libertades nacionales, nunca fueron ciudadanos antiespañoles ni pensaron que España se podía reducir a las siglas UGLYF [Una, grande, libre y fascista]. LB tiene historia política, no es un neoliberal al uso, no es un ejecutivo del País de la última horrible y escalofriante hornada.
En su columna sobre la muerte y el significado, negro destacado sobre blanco de fondo, ha escrito: “No hay ambigüedad en el legado de Mandela, tal como se encargó de subrayar el presidente de los Estados Unidos respecto a quienes alaban su lucha por la libertad pero no toleran disidencia alguna en sus países.” Visto lo visto, como es evidente, sí que hay ambigüedad... o, por mejor decir, algunos están haciendo todo lo posible -y casi lo imposible- para conseguir que el legado de este gran luchador sea ambiguo. Mandela no fue ningún neoliberal ni ninguna figura afín. Fue un revolucionario, un comunista, que luchó contra un sistema de opresión tan inhumano e injusto como el apartheid. Con acciones armadas, con otro tipo de movilizaciones populares, enfrentándose al adversario-enemigo, pactando con ellos desde posiciones de fuerza, buscando acuerdos que no negaron ni ocultaron una historia de opresión y asesinatos (que han tenido dolorosas prolongaciones en fechas recientes), equivocándose mil veces y acertando en diez mil ocasiones. Nada que ver con Obama y su legado tan afín al establishment, nada que ver con las tradiciones político-culturales de la mayoría de los “líderes” políticos europeos y mundiales.
Bassets sigue en su nota con otra sesuda reflexión. La formula así: “Ahí estaba toda una colección de déspotas que le apoyaron en su lucha, dispuestos a sacar por última vez algo de partido de una imagen ejemplar que no les pertenece; empezando por el que más destaca, Robert Mugabe, el presidente de Zimbabue, que ha conseguido convertirse en el modelo rabiosamente contrario a Mandela, y siguiendo por Raúl Castro o Teodoro Obiang”.
No sé exactamente (aunque resulta más que extraño) si todos los citados ayudaron realmente en su lucha a Mandela y al movimiento del que formaba parte (Reagan y Thatcher no: era algo así como un vil y sucio terrorista para ellos). Pero, sea como fuere, ubicar a Raúl Castro, el presidente, el revolucionario cubano, al lado de un individuo de las características poliéticas del dictador corrupto y criminal Teodoro Obiang no es admisible ni justo ni prudente ni equilibrado. No tiene ninguna explicación razonable ni justificación alguna. Por decirlo suavemente, es una infamia o un atropello político-cultural.
Bien pensado acaso tenga una explicación: no haber entendido mucho o no querer entender el verdadero legado de Mandela y saber tal vez mucho del significado de la muerte pero saber poco, muy poco, o no recordar mucho, del significado del compromiso, la lucha, la vida y las finalidades esenciales de aquellos seres humanos que tienen la equidad, la justicia, la fraternidad y la libertad no demediada en un lugar destacado de su cosmovisión y su práctica social.
Nota:
[1] Lluís Bassets, “El significado de la muerte”. El País, 12 de diciembre de 2013, p. 6.
* Salvador López Arnal es nieto del cenetista aragonés asesinado en el Camp de la Bota de Barcelona, mayo de 1939 [delito: “rebelión militar”], José Arnal Cerezuela.
sábado, 14 de diciembre de 2013
¿De cuál Mandela estamos hablando?
Por Jesús Chucho García *
De Madiba a Cuito Cuanevale
Madiba, significa “padre”, en lengua xoxa, es como hasta sus noventa y cinco años se conocía popularmente a Nelson Rolihlahla Mandela, quien nació un 18 de julio de 1917. Hoy Mandela es un símbolo de la convicción de los mas altos ideales de la humanidad que lo llevaron a prisión en 1962, donde paso 27 años humillantes aislado en una celda sin comunicación con el mundo.
En esa época de combate, de constante lucha contra el Apartheid, nadie daba apoyo a ese antiguo militante y solo Cuba contribuyó a formar el Wunkhoto We Sizwe (La Lanza de la Nación) que era el brazo armado del Congreso Nacional Africano. Para esa época no existían quienes hoy le rinden homenaje, quienes lo buscan para los flashes de los periódicos y medios de difusión o aquellos que buscan parecidos forzados con frases y oraciones bien escritas y estructuradas de sensibilidades falsas.
El actual presidente de Estados Unidos, Barack Obama, hizo un prólogo al último libro de Nelson Mandela “Conversaciones sobre mí mismo”, un prólogo bien escrito obedeciendo a una estrategia de venta de los editores, pero también es una búsqueda forzosa para compararse con Mandela.
No por casualidad la primera dama de USA, Michel Obama, estuvo en el mes de junio del 2011 en Sudáfrica y hacerse una publicidad anticipando el aniversario de Mandela quien estaba abatido de un cáncer de próstata desde el año 2001. Cuando Obama dice en el prólogo al libro de Mandela que “es un ser humano que eligió la esperanza sobre el miedo, y el progreso en vez de prisión del pasado”, pretende interpretar al estilo muy romántico hollywoodense de que Mandela no tuvo “temor” a morir, y todos tenemos temor, miedo, pero Mandela no tuvo pánico, que es distinto, pues, como dice Pablo Freire, todos en algún momento de nuestras vidas tenemos miedo, pero lo que no debe es envolvernos el pánico y Mandela no lo tuvo, se armó con su fortaleza interna que desde afuera se la daban las luchas de los movimientos de liberación de África, América Latina, el Caribe y el heroico Vietnam, el estímulo de la creación de la Organización de Estados Africanos, con la fuerza de Jomo Kenyata, Kwame Kruma, Sekou Toure, la solidaridad activa cubana, proceso que culminaría con la derrota de la invasión Sudafricana a Angola en 1988 con la Batalla de Kuito Kuanavale donde se selló la independencia total de Angola, Namibia y la desestructuración del régimen del Apartheid que conduciría a la libertad de Nelson Mandela en febrero de 1990, contando con la fuerza militar cubana, la Swapo donde destacan los nombres del angolano General Luis Faceira (con quien hemos conversado sobre estos temas) al igual con el General Cinta Frías (de Cuba), leyendas vivientes que lograron derrotar la “operación del desierto” sudafricana constituida por más de cien mil hombres contra 40 mil entre angolanos, namibianos y cubanos. Y eso no lo reconocen ni lo reconocerán jamás Estado Unidos ni el actual inquilino de la casa Blanca. Hablar de esperanza para el caso de Nelson Mandela es hablar de la esperanza redimida que ese hombre sintió cuando se produjo la derrota del apartheid y la liberación de Namibia, como el mismo lo dijo en uno de sus discursos.
No me atrevo a encasillar a Mandela entre la izquierda y la derecha, lo considero un hombre que luchó contra el peor régimen racista que haya conocido la historia colonial y contemporánea en África como lo fue el Apartheid. El es consciente de que la mayoría del apoyo que recibió en los tiempos más difíciles procedió de la izquierda planetaria, no fue del imperialismo norteamericano, inglés, francés o israelí, pues todos ellos fueron cómplices de sus 27 años de prisión.
Fue un hombre que se ubicó en el contexto sudafricano donde 4 millones de blancos por la vía de la fuerza y la represión dominaban 18 millones de Xoxa, Zulu, Koishan entre otros pueblos originarios sudafricanos, más los migrantes hindúes como Mahatma Ghandi, quien sufrió el racismo en Sudáfrica. Si eso es ser de izquierda, Mandela fue de Izquierda. Se opuso a la guerra de Irak cuando acusó sarcásticamente al presidente de Inglaterra, Tony Blair, como una especie de Ministro de Relaciones exteriores de Estados Unidos cuando ese ex presidente justificó, al lado de la ONU, Collin Power y George Bush las falsedades de la posesión de armas nucleares que supuestamente tenía Sadan Hussein para justificar la invasión de parte de la OTAN.
Mandela... un sueño incompleto
La lucha de Mandela dio sus frutos políticos; en primer lugar derribó todas aquellas teorías falsamente científicas y moralmente injustificables de la incapacidad del africano para dirigir su propio país, teorías inventadas por el régimen del Apartheid. En segundo lugar, dejó un camino abierto en el poco tiempo que estuvo en la presidencia (1994-1999), para la reconciliación nacional, avanzar en la derrota contra la discriminación, el racismo, y eso no es nada fácil pues hay que tomar en cuenta que en solo 17 años que lleva el Congreso Nacional Africano en el poder, partido donde milita Mandela, no es posible acabar con la aberración social y psicológica acumulada por más de 400 años, pero se hace el esfuerzo y creemos que Sudáfrica avanzará hacia una sociedad más justa y equilibrada. Esos avances lo vimos cuando visitamos ese país hace justamente una década en el marco de la Conferencia Mundial contra el Racismo celebrada en la ciudad de Durban en el año 2001.
Hoy Mandela, al igual que Chávez y Fidel Castro, es un símbolo para los pueblos del Sur, aunque los occidentales lo han querido momificar y objetualizar, lo han querido convertir en un objeto de consumo y de moda como hicieron con el Che Guevara. Hoy más que nunca debemos revisar los discursos de Mándela y su agradecimiento a Fidel Castro, su condena a la Guerra de Irak, no podemos dejar que lo pongan en el sueño eterno de Martin Luther King con aquel famoso discurso de “Tengo un sueño”. Los sueños de Mandela por una sociedad más justa no se logró en el corto tiempo que ejerció el poder... la incertidumbre en la Sudáfrica postmandela no es muy alentadora. Hoy Mandela, junto con Graza Machel, ex esposa del lider mozambicano Samora Machel, también asesinado por los sudafricanos, son referentes para la reconciliación planetaria.
* Jesús Chucho García, desde Bamako, Mali. (La voz de Afroamérica).
viernes, 13 de diciembre de 2013
Mandela, el indomable
Rebelión
Por Patricio Montesinos
Ciertamente que Nelson Mandela fue indomable, como lo calificó el presidente boliviano y Gran Jefe Indio Latinoamericano, Evo Morales, luego de la desaparición física este 5 de diciembre del líder histórico antiapartheid sudafricano, una pérdida irreparable para nuestra humanidad y para los más desposeídos de este mundo.
Al decir de Evo, Mandela no pudo ser nunca subyugado por el otrora régimen racista, apadrinado por Estados Unidos, que durante décadas imperó en su país, al que venció finalmente luego de permanecer en prisión más de cinco lustros en condiciones deplorables e infrahumanas.
Tras salir de las mazmorras del apartheid, Madiba, como cariñosamente lo bautizaron sus compatriotas, consiguió dar al traste con el sistema de segregación racial reinante en Sudáfrica hasta 1994, cuando se impuso en las elecciones generales celebradas allí, y se convirtió en el primer presidente negro de la historia de esa nación, hasta entonces dominada exclusivamente por los blancos.
Su sencillez y firmeza, su trayectoria de lucha, su indomabilidad y sus habilidades como estratega político lo llevaron a gobernar el gigante africano, y desmantelar uno de los regímenes más crueles de la era contemporánea, que siempre contó con el apoyo abierto y encubierto de Washington.
El líder de la Revolución cubana, Fidel Castro, llamó a Mandela el otro Titán de Bronce, al compararlo con uno de los grandes combatientes por la independencia de la Isla caribeña, el General mestizo Antonio Maceo, quien fue muy temido por los colonialistas españoles por su coraje y audacia en las guerras libertadoras del siglo XIX.
El luchador antiapartheid fue entrañable amigo de Fidel y del pueblo cubano, a los que siempre agradeció su contribución a la paz en el suroeste africano, a la noble causa de los sudafricanos, y a la conquista de las independencias de Angola y Namibia.
Madiba, quien falleció a los 95 años de edad y cuyos funerales oficiales se escenificaran esta semana, no solo es el mayor símbolo del denominado continente negro, sino un referente internacional, y un paradigma a seguir por las nuevas generaciones de todos los pueblos de su región, de América Latina y del mundo.
Siempre abrazo los procesos revolucionarios y soberanos como los que actualmente están en curso en la Patria Grande, por lo que el jefe de Estado boliviano lo resaltó como un hombre ejemplo para la Pachamama (madre tierra).
Hoy en todos los rincones del planeta tierra se llora y rinde tributo a Mandela tras su fallecimiento, pero su legado vivirá eternamente como el del también desparecido exmandatario venezolano, Hugo Chávez. Ambos estarán por siempre entre nosotros porque hicieron historia.
miércoles, 11 de diciembre de 2013
Mandela y Fidel
Por Atilio Borón*
La muerte de Nelson Mandela ha precipitado una catarata de interpretaciones sobre su vida y su obra, todas las cuales lo presentan como un apóstol del pacifismo y una especie de Madre Teresa de Sudáfrica.
Se trata de una imagen esencial y premeditadamente equivocada, que soslaya que luego de la matanza de Sharpeville, en 1960, el Congreso Nacional Africano (CNA) y su líder, precisamente Mandela, adoptan la vía armada y el sabotaje a empresas y proyectos de importancia económica pero sin atentar contra vidas humanas.
Mandela recorrió diversos países de África en busca de ayuda económica y militar para sostener esta nueva táctica de lucha. Cayó preso en 1962 y, poco después, se le condenó a cadena perpetua, que lo mantendría relegado en una cárcel de máxima seguridad, en una celda de dos por dos metros, durante 25 años, salvo los dos últimos años en los cuales la formidable presión internacional para lograr su liberación mejoraron las condiciones de su detención.
Mandela, por lo tanto, no fue un “adorador de la legalidad burguesa” sino un extraordinario líder político cuya estrategia y tácticas de lucha fueron variando según cambiaban las condiciones bajo las cuales libraba sus batallas.
Se dice que fue el hombre que acabó con el odioso “apartheid” sudafricano, lo cual es una verdad a medias. La otra mitad del mérito le corresponde a Fidel y la Revolución Cubana, que con su intervención en la guerra civil de Angola selló la suerte de los racistas al derrotar a las tropas de Zaire (hoy, República Democrática del Congo), del ejército sudafricano y de dos ejércitos mercenarios angoleños organizados, armados y financiados por Estados Unidos (EE.UU.) a través de la CIA. Gracias a su heroica colaboración, en la cual una vez más se demostró el noble internacionalismo de la Revolución Cubana, se logró mantener la independencia de Angola, sentar las bases para la posterior emancipación de Namibia y disparar el tiro de gracia en contra del “apartheid” sudafricano.
Por eso, enterado del resultado de la crucial batalla de Cuito Cuanavale, el 23 de Marzo de 1988, Mandela escribió desde la cárcel que el desenlace de lo que se dio en llamar “la Stalingrado africana” fue “el punto de inflexión para la liberación de nuestro continente, y de mi pueblo, del flagelo del `apartheid`.” La derrota de los racistas y sus mentores estadounidenses asestó un golpe mortal a la ocupación sudafricana de Namibia y precipitó el inicio de las negociaciones con el CNA que, a poco andar, terminarían por demoler al régimen racista sudafricano, obra mancomunada de aquellos dos gigantescos estadistas y revolucionarios.
Años más tarde, en la Conferencia de Solidaridad Cubana-Sudafricana de 1995 Mandela diría que “los cubanos vinieron a nuestra región como doctores, maestros, soldados, expertos agrícolas, pero nunca como colonizadores. Compartieron las mismas trincheras en la lucha contra el colonialismo, subdesarrollo y el “apartheid”… Jamás olvidaremos este incomparable ejemplo de desinteresado internacionalismo”. Es un buen recordatorio para quienes ayer y todavía hoy hablan de la “invasión” cubana a Angola.
Cuba pagó un precio enorme por este noble acto de solidaridad internacional que, como lo recuerda Mandela, fue el punto de inflexión de la lucha contra el racismo en África. Entre 1975 y 1991 cerca de 450.000 hombres y mujeres de la isla pararon por Angola jugándose en ello su vida. Poco más de 2600 la perdieron luchando para derrotar el régimen racista de Pretoria y sus aliados. La muerte de ese extraordinario líder que fue Nelson Mandela es una excelente ocasión para rendir homenaje a su lucha y, también, al heroísmo internacionalista de Fidel y la Revolución Cubana.
* Director del PLED, Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini
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Madiba, más allá de la leyenda
Por Ariel Dorfman*
No puedo evocar bien la primera vez que supe de la existencia de Nelson Mandela. Podría haber sido en 1962, cuando al futuro presidente de Sudáfrica lo condenaron a prisión perpetua en el roquerío destemplado de Robben Island. Podría haber sido en esa fecha, pero no lo fue.
Yo era a la sazón un joven de veinte años que, como tantos de mi generación en Chile, predicaba la revolución. Bajo el menor pretexto local, nacional o internacional, salía, junto a otros estudiantes, a las calles de Santiago a exigir justicia contra un viento y una marea de policías armados. Y, sin embargo, entre esa multitud de protestas no hubo una, que yo recuerde, que se organizara para reclamar la libertad de Mandela. Entendíamos, con borrosa claridad, que el apartheid sudafricano era una lacra racista, el sistema más inhumano y cruel en el mundo, pero su lucha era un mero resplandor lejano frente a la urgencia de una América latina empobrecida y ardiente. Ni siquiera durante los tres años de la presidencia de Salvador Allende –cuyo programa de liberación nacional pudo haber sido calcado de la Freedom Charter de la African National Congress– me llamó la atención la figura de Mandela.
Fue recién en 1973, cuando el golpe militar contra Allende me arrojó al exilio, me dejó sin ancla ni país, que el nombre de Mandela se fue convirtiendo en una especie de hogar y refugio, una llamarada de esperanza que me alentó los días del de-sarraigo con un feroz y tierno ejemplo de lealtad. Su significado creció más todavía debido a la torcida colusión de los dos regímenes parias, el de Pinochet y el de Vorster y Botha, que intercambiaban medallas y embajadores y exportaciones (incluyendo armas y gases lacrimógenos). Esas dictaduras hermanadas en su obsesión por eliminar toda rebeldía, toda disidencia, hicieron crecer aún más mi identificación con el destino de Mandela, hicieron que sintiera yo, como tantos que buscaban un mundo más decente e insobornable, que su lucha era la mía, era la nuestra.
No obstante lo cual, tuvo Chile que recuperar su democracia en 1990 –el mismo año en que Mandela finalmente emergió triunfalmente de la cárcel– para que yo comenzara a comprender que aquel ex preso político era bastante más que un símbolo o un eco. En un momento en que Sudáfrica y Chile y muchos otros países encaraban los dilemas turbulentos de una transición a la democracia, en que nos preguntábamos cómo hacer frente a los terrores del pasado sin ser rehenes del odio que ese pasado seguía engendrando, fue Mandela el que nos sirvió de modelo y guía. Al lograr que su patria se deshiciera pacíficamente del apartheid, al negociar con sus enemigos y mantener, sin embargo, su dignidad inquebrantable, nos dio, a tantos que habíamos luchado durante décadas contra la injusticia, una lección fundacional. Teníamos que aprender que puede ser éticamente más complicado navegar las tentaciones y matices de la libertad que mantener en alto la cabeza y el corazón batiendo fuerte en medio de una opresión que separa, sin ambigüedad, el bien del mal.
Admirable ese hombre que, pese a haber pasado casi treinta años en la cárcel, quizá porque pasó tanto tiempo coexistiendo con sus más enconados adversarios, comprendió que la reconciliación es posible, siempre, nos advirtió que no se traicione la memoria, siempre que se exija el arrepentimiento ajeno. Más que admirable. Porque justo cuando pensamos que no se lo podía venerar más, justo entonces decidió no eternizarse en la presidencia. Decidió dar un ejemplo de probidad y confianza en la democracia. Uno de los hombres más populares del planeta y un ídolo en su país prefirió no acumular todo el poder en su persona, prefirió preparar a su patria para el momento inevitable de su desaparición.
Ese momento ahora ha llegado.
Ahora tendrá el mundo, y en especial Sudáfrica, que poner rumbo al futuro incierto sin su prodigiosa presencia, lo que me atrevo a llamar su luz en nuestra oscuridad.
Y es ahora, por supuesto, que Mandela se nos irá haciendo cada vez más peligrosamente legendario. Si no se pudo defender en vida de la santificación insensata, ¿cómo podrá lograr desde la muerte que se lo trate, muy simplemente, como un ser humano de carne y hueso, alguien que, como todos los seres de nuestro universo, nace y come, come y ama, ama y muere?
Quisiera, entonces, en este instante doloroso en que Mandela se nos empieza a escapar entre los discursos y los encomios, los parabienes y los paramales, los monumentos y las estatuas, quisiera rescatar a ese hombre real, tangible, corpóreo.
Tuve la suerte de encontrarme con Madiba (su nombre de clan) el 28 de julio de 2010 cuando visité Sudáfrica para dar la Mandela Lecture, una conferencia que cada año se pronuncia en su honor. Cuando me cursaron la invitación –la primera a un latinoamericano y a un escritor–, mis anfitriones me dijeron que Mandela nos recibiría a mí y a mi mujer Angélica en su casa para almorzar, siempre, claro, que no estuviera enfermo. Resultó que su salud no permitió tal agasajo, pero sí pudimos juntarnos durante una hora en la sede de la fundación que lleva su nombre. Sería uno de los últimos encuentros de Mandela con una visita extranjera, alguien que no perteneciera a su entorno inmediato.
Me llamó la atención su fragilidad, la lenta precariedad de sus movimientos, la firmeza de su mano cuando empuñó la mía, la forma en que su cara se transformaba, como un sol al amanecer, cuando se ponía a sonreír. Y sus mayores sonrisas eran para Graça Machel, su segunda esposa, que lo ha cuidado en su vejez, a quien le debemos que un hombre tan maltratado en la cárcel haya sobrevivido hasta los 95 años.
¿De qué hablamos? De Allende, por cierto. Y de los ataques xenofóbicos a los foráneos y forasteros que son, según Mandela, una vergüenza nacional. Y de sus esperanzas para Sudáfrica.
Todo lo cual era predecible.
Lo especial viene cuando habla de su padre y su madre. Como todos los hombres de edad avanzada, vive una gran parte de cada día en el pasado remoto y, en esta ocasión, debido a que conversamos acerca de su cumpleaños, él menciona un incidente en que su padre golpeó a su madre, una degradación que no está consignada en ninguna de sus biografías.
De pronto, aparece otro Mandela. Alguien que adora a su padre, pero que lo critica. Alguien que quiere a su madre, pero que queda abochornado por su deshonra. Alguien que, mucho antes de ser el gran protagonista que salvó a su patria y ofreció un ejemplo moral inigualable a nuestra especie descarriada, fue un niño, chiquito e indefenso, dándose cuenta de que la injusticia siempre comienza por los actos más pequeños, los más aparentemente insustanciales. Un niño que presencia ese ataque contra su madre –o quizá se lo cuentan, quizá ocurrió antes de su nacimiento, no es evidente en su relato– y que se pregunta ante la inmensidad desolada del continente africano por qué existe el dolor, se pregunta acerca de un mundo autoritario que parece inalterable y que, sin embargo, necesita rectificarse, necesita ser mejor.
Ese es el Mandela del que me quiero acordar.
El que vivió día a día su siglo terrible y no salió dañado de su cautiverio.
El que cultivó un jardín en la cárcel.
Gozaba plantando y cosechando bajo la lluvia y bajo el sol, sabiendo que tal como ejercía un mínimo control sobre esa parcelita de tierra, también podía controlar su dignidad y sus memorias y la fidelidad con sus compañeros. El que compartía fruta y vegetales con los otros presos, pero también con sus carceleros, prefigurando el tipo de nación que deseaba y soñaba.
Es así como quiero recordar a Madiba.
Como un jardín que crece, así como crece la memoria. Como un jardín que crece como debería crecer la justicia. Como un jardín que nos reconcilia con la existencia y la muerte y las pérdidas irreparables. Como un jardín que crece, como crece Mandela adentro de todos nosotros, adentro del mundo que él ayudó a crear y que tendrá que encontrar a tientas un modo de serle fiel.
* El último libro de Ariel Dorfman es Entre Sueños y Traidores: Un Striptease del exilio.
martes, 10 de diciembre de 2013
Madiba en sus propias palabras
Nelson Mandela sembró de reflexiones su vida en la lucha clandestina, luego al frente del Estado y finalmente en su retiro político. He aquí algunas de ellas:
"Sabía perfectamente que el opresor debía ser liberado al igual que el oprimido.
Un hombre que priva a otro hombre de su libertad es prisionero de su odio,
está encerrado detrás de los barrotes de sus prejuicios y de la estrechez de su espíritu (...)
Cuando pasé las puertas de la prisión, ésa era mi misión:
liberar a la vez al oprimido y al opresor".
Autobiografía
"No nací con hambre de libertad. Nací libre, libre de todas las maneras que podría conocer. Libre de correr en los campos cerca de la choza de mi madre, libre de nadar en el arroyo que atravesaba mi pueblo, libre de asar maíz bajo las estrellas y de subirme al gran lomo de los bueyes al paso lento (...) No fue hasta que aprendí que la libertad de mi infancia no era más que una ilusión, que ya me habían privado de mi libertad, que empecé a tener hambre de ella".
(Autobiografía)
"Luché contra la dominación blanca y luché contra la dominación negra. Mi ideal más preciado fue el de una sociedad libre y democrática en la que todos vivieran en armonía con iguales oportunidades. Espero vivir bastante para llegar a ella. Pero si es necesario, es un ideal por el cual estoy dispuesto a morir".
(1964, presentando su defensa durante el proceso de Rivonia, que lo condenaría a cadena perpetua)
"Tengo la impresión de que todas las partes de mi cuerpo, mi carne, mi sangre, mis huesos y mi alma no son más que bilis. Así de amargado estoy por mi impotencia de no poder ayudar en los momentos terribles que estás pasando".
(carta a su esposa Winnie del 1 de agosto de 1970, citada en una compilación de sus escritos difundida en 2010, "Conversaciones conmigo mismo").
"Decidía no decir a nadie lo que estaba a punto de hacer...Hay momentos en los que un líder debe avanzar por delante de la manada, partir hacia una nueva dirección, con la confianza de que está llevando a su pueblo por el buen camino".
(Autobiografía, contando su decisión en 1985 de empezar, en cautiverio, conversaciones preliminares con el régimen del apartheid).
"Me paro frente a ustedes no como un profeta, sino como su humilde servidor a ustedes, el pueblo. Vuestros sacrificios incansables y heroicos hicieron posible mi presencia hoy aquí. Pongo en consecuencia los años que quedan de mi vida en sus manos".
(11 de febrero de 1990, discurso desde el balcón de la municipalidad de Ciudad del Cabo, unas horas después de su liberación, tras más de 27 años de detención).
"De la experiencia de un extraordinario desastre humano que duró mucho tiempo debe nacer una sociedad de la que su humanidad esté orgullosa...Nunca, nunca, nunca más este magnífico país conocerá la opresión de un hombre por otro".
"Forjamos una alianza que nos hará construir una sociedad en la que todos los sudafricanos, negros y blancos, podrán caminar con la cabeza alta, sin temor en su corazón, asegurados de su derecho inalienable a la dignidad humana » una Nación arcoíris en paz consigo misma y el mundo".
(Mayo de 1994, discurso de investidura como presidente).
"Cualesquiera que hayan sido sus errores, y cometió muchos, tiene su lugar en la historia. Sin su apoyo (en el proceso de negociaciones), no habríamos hecho jamás la paz".
(A propósito del último presidente del régimen del apartheid, Frederik de Klerk).
"Mi mayor decepción en mi vida fue no haber sido campeón del mundo en peso pesado de boxeo".
(1998)
"Si no hubiera estado encerrado en prisión durante 27 años, no sé si hubiera sido tan bueno con los niños. Pero 27 años sin ver niños, es una experiencia terrible".
(2003, reflexión sobre su obra en beneficio de la infancia).
"Estar enamorado es una experiencia que todos los hombres deben conocer. Para mí, es una experiencia extraordinaria. Deberíamos agradecer de vivir una experiencia parecida".
(1997, sobre su vínculo con Graça Machel).
"Todos los componentes de la nación trabajan para construir nuestro país y para hacer un milagro. Es lo que me hace esperar cuando me voy a acostar. No dudo un solo instante que cuando entre a la eternidad estaré sonriendo".
(1997, reflexión sobre las realizaciones logradas desde el fin del apartheid).
"Uno de los problemas que me preocupaban profundamente en prisión tenía que ver con al falsa imagen que tenía proyectada en el mundo sin quererlo; se me consideraba un santo. Nunca lo fui, aun si nos referimos a la definición según la cual un santo es un pescador que intenta mejorar".
(Entrevista en el Sunday Times, citada en "Conversaciones conmigo mismo").
"Debemos recordar que nuestra primera tarea es erradicar la pobreza y asegurar una vida mejor a todos".
(2009, mensaje de video difundido durante un mitin electoral del ANC, su última intervención política).
© Agence France»Press
AFP / Con ilustración de Otto
Nelson Mandela, la Revolución Cubana y los valores universales
Por Dr. Leyde E. Rodríguez Hernández, profesor en el Instituto Superior de Relaciones Internacionales “Raúl Roa García”
En un discurso que Nelson Mandela, premio Nobel de la Paz y ex-presidente de Sudáfrica, pronunció, en Cuba, el 26 de julio de 1991, dejó plasmado para la historia su admiración hacia la Revolución Cubana, su líder histórico Fidel Castro Ruz y el pueblo de la Isla, cuando dijo:
“El pueblo cubano ocupa un lugar especial en el corazón de los pueblos de África. Los internacionalistas cubanos hicieron una contribución a la independencia, la libertad y la justicia en África que no tiene paralelo por los principios y el desinterés que la caracterizan.
Desde sus días iníciales, la Revolución Cubana ha sido una fuente de inspiración para todos los pueblos amantes de la libertad.
Admiramos los sacrificios del pueblo cubano por mantener su independencia y soberanía ante la pérfida campaña imperialista orquestada para destruir los impresionantes logros alcanzados por la Revolución Cubana.”
Mandela también mostró su agradecimiento al pueblo cubano por la desinteresada ayuda que le han ofrecido a África:
“Yo me encontraba en prisión cuando por primera vez me enteré de la ayuda masiva que las fuerzas internacionalistas cubanas le estaban dando al pueblo de Angola —en una escala tal que nos era difícil creerlo— cuando los angolanos se vieron atacados en forma combinada por las tropas sudafricanas, el FNLA financiado por la CIA, los mercenarios y las fuerzas de la UNITA y de Zaire en 1975.
Nosotros en África estamos acostumbrados a ser víctimas de otros países que quieren desgajar nuestro territorio o subvertir nuestra soberanía. En la historia de África no existe otro caso de un pueblo que se haya alzado en defensa de uno de nosotros.
Sabemos también que esta fue una acción popular en Cuba. Sabemos que aquellos que lucharon y murieron en Angola fueron solo una pequeña parte de los que se ofrecieron como voluntarios. Para el pueblo cubano, el internacionalismo no es simplemente una palabra, sino algo que hemos visto puesto en práctica en beneficio de grandes sectores de la humanidad.”
Mandela terminó su discurso diciendo:
“¡Viva la Revolución Cubana!
¡Viva el compañero Fidel Castro!”
En esta hora de la desaparición física de Nelson Mandela, honramos al amigo de Cuba que se ganó el respeto y la admiración de miles de luchadores por la justicia social alrededor del mundo. Al hombre convertido en símbolo de lucha contra el régimen del apartheid, al que no pudieron doblegar en la lucha por el ideal de una sociedad libre, democrática y no racial. Con su vida extraordinaria, Mandela demostró, como dijo José Martí, que una idea justa desde el fondo de una cueva puede más que cualquier ejército.
El propio Mandela había dicho sobre su existencia: “He dedicado toda mi vida a la lucha del pueblo africano de Sudáfrica; he luchado contra la dominación blanca y contra la dominación negra. He soñado con el ideal de una sociedad libre y democrática… un ideal por el cual deseo vivir para lograrlo. Pero si fuera necesario, un ideal por el cual estoy dispuesto a morir.”
Mandela fue un ejemplo digno de luchador valiente e inquebrantable, por valores legítimos que, en el siglo XXI, siguen siendo universales.
lunes, 9 de diciembre de 2013
Nelson Rolihlahla Mandela
Por Ángel Dalmau Fernández, primer embajador de Cuba en Sudáfrica. Actualmente Vicepresidente de la Asociación de Amistad Cuba-África.
¿Quién es este hombre extraordinario que se convirtió en una de las figuras políticas mundiales más relevantes del siglo XX? Su nombre salió de la prisión en la Isla de Robben donde cumplía una sanción de cadena perpetua para contribuir desde allí a la lucha que pondría fin al crimen de lesa humanidad que fue el sistema de apartheid en Sudáfrica. Pero Mandela no nació siendo famoso ni conocido. ¿De dónde vino y como llegó hasta esa altitud universal? Todos conocemos sobre sus casi 29 años de prisión desde principios de la década de 1960 hasta si liberación en febrero de 1990, pero ¿cómo fue su vida de niño, de joven y su gradual incorporación a la lucha por la libertad de su pueblo?
Rolihlahla Mandela nació el 18 de julio de 1918 en una pequeña aldea desconocida llamada Mvezo en la región Transkei. Ese año llegaba a su fin la I Guerra Mundial y en relación a Sudáfrica coincidió que una delegación del Congreso Nacional Africano (ANC)- que había sido fundado en 1912- viajó a la Conferencia de Paz en Versalles para expresar los sufrimientos del pueblo africano de su país.
En idioma Xhosa Rolihlahla significa Halar la rama del árbol, pero su significado coloquial esBuscapleitos. El nombre cristiano o inglés-Nelson- le fue dado por su maestra cuando inició los estudios primarios, lo cual era entonces costumbre impuesta por las autoridades coloniales británicas.
El padre de Mandela,,Gadla Henry Mphakanyiswa, fue un jefe tribal tanto por vía sanguínea como por tradición. Aunque durante muchas décadas existieron rumores sobre su supuesto derecho de sucesión al trono de los Tembo, eso ha sido un mito. Mandela es un miembro del clan Madiba y esa es la razón por la cual muchas veces las personas se dirigían a él con el nombre de Madiba en señal de respeto.
Cuando cumplió cinco años de edad le dieron la responsabilidad de pastorear las ovejas y otro ganado menor en campo abierto; descubrió pronto el apego casi místico que los Xhosa tienen hacia el ganado no solamente como fuente de alimento, sino también como una bendición de dios para la felicidad. Aprendió a cazar aves con un tirapiedras, a sacar miel de los panales de abejas, a recoger frutas y raíces comestibles, a tomar leche tibia directamente de la ubre de las vacas, a nadar en los fríos arroyos y a pescar con pedacitos de alambre convertidos en anzuelos. Dice Mandela: aprendí muchas cosas más en aquellos valles y desde entonces amo los espacios abiertos en el campo, la belleza simple de la naturaleza y la línea limpia del horizonte.
Como todos los niños Xhosas, Rolihlahla aprendía mediante la observación, la imitación y la emulación sin hacer preguntas; en su cultura las preguntas se consideraban desagradables y los adultos impartían la información que estimaran necesaria, a través de la tradición, los rituales y las cosas tabú o prohibidas.
Nelson Mandela y sus amigos cantan en 1961 el ‘Nikosi Sikelel I Afrika’, himno de los oprimidos que luchaban contra el ‘apartheid’.
A los siete años de edad comenzó a asistir a la escuela; a los nueve murió su padre y este hecho cambiaría el rumbo de su vida porque el Regente de los Tembo, su grupo étnico, se convirtió en su tutor y protector.
Cuando arribó a los dieciséis años el Regente decidió que había llegado el momento de que se convirtiera en hombre y en la tradición Xhosa de aquellos tiempos eso se lograba por una sola vía: la circuncisión; un varón que no hubiera pasado por la circuncisión no podía heredar la riqueza de su padre, no podía casarse ni dirigir rituales tribales. Dicho de otra manera: no era considerado un hombre adulto sino como un muchacho de manera permanente. Él narra aquél hecho de forma detallada, aunque el espacio aquí obliga a la síntesis:
¨Éramos veintiséis jóvenes en total…Yo me sentía feliz de mi transición hacia la adultez como hombre… estaba tenso e inseguro de cómo reaccionaría cuando llegara el momento esperado. Quejarse o gritar era una señal de debilidad que podía estigmatizar la hombría de cualquiera para siempre. La circuncisión es un hecho de bravura y estoicismo; no se emplea anestesia y el hombre debe sufrir en silencio. Un hombre de avanzada edad se acercó a nosotros y se acuclillo frente al primer muchacho con una lanza pequeña llamada asegai en su mano. De pronto el primer joven exclamó: ¡Ndiyindoda! (ya soy un hombre). Luego fueron otros tres y me tocó a mí Sin decir palabra el hombre halo la piel de mi miembro hacia adelante y la cortó con su lanza. Sentí un ardor tremendo pero de pronto me recuperé y exclamé: ¡Ndiyindoda! Me sentí un poco apenado porque me pareció que los otros muchachos habían reaccionado mejor que yo, pero había dado un paso esencial en mi vida como hombre Xhosa. Ahora podría casarme, tener un hogar, arar mi pedazo de tierra y mis opiniones serían tomadas en serio¨.
El principal orador del día fue el Jefe Meligqili, hijo del Rey Dalindyebo, y su discurso de ese día impresionó profundamente a Mandela, El Jefe les dijo, entre otras cosas, que los Xhosa y de hecho todos los africanos en Sudáfrica eran un pueblo conquistado, esclavos en su propio país, arrendatarios en su propia tierra, sin fuerzas ni poder sobre ellos mismos; que las habilidades e inteligencias de los nuevos hombres Xhosa se perderían en las minas y otros trabajos en beneficio exclusivo de los blancos, y que los regalos de ese día eran una minucia porque no podían darles el regalo más preciado que eran la libertad y la independencia. Aquél día no estuvo de acuerdo con lo que escuchó porque todavía pensaba que los colonizadores blancos eran protectores y benefactores, no opresores, pero lo entendería bien más tarde.
Nelson Mandela levanta el puño ante sus seguidores.
Cuando cumplió diecinueve años de edad lo enviaron a estudiar al Instituto superior Healdtown que era en aquel momento la institución educacional africana más grande al sur del Ecuador, con más de mil alumnos de ambos sexos. Su próximo lugar de estudios fue la Universidad de Fort Hare, la única que existía para negros en Sudáfrica. Para él y todos los que estudiaban allí Fort Hare era algo así como decir Oxford, Cambridge, Harvard y Yale en un solo lugar para ellos los negros. Ya había cumplido tenía veintiún años cuando comenzó sus estudios universitarios y se sentía muy seguro de sí mismo. Fue en esa universidad donde conoció a un joven que jugaría un papel crucial en la historia del ANC y de la lucha contra el sistema de apartheid y de opresión nacional: Oliver Tambo. De su vida en Fort Hare, recuerda algunas cosas tales como que usó pijamas por vez primera en su vida y también por primera vez utilizó un cepillo de dientes y pasta dental en lugar de cenizas; también jabón de tocador para bañarse en lugar de detergente. La ducha con agua corriente fría y caliente fue una gran novedad y de igual manera los servicios sanitarios con su propia agua en los tanques.
Para evitar un matrimonio prematuro organizado por el Regente escapó a Johannesburgo donde vivió en barrios negros marginales, pasó hambre, trabajó en un bufete de judíos blancos, conoció personas que serían muy importantes para su futura vida política, entre quienes el más importante fue Walter Sisulu.
Mientras estas cosas sucedían Mandela continuaba viviendo en su pequeñita habitación en Alexandra. La vida en aquel populoso barrio negro era bastante animada pero al mismo tiempo precaria; calles de tierra, niños casi desnudos y mal nutridos, totalmente oscura por la falta de electricidad y las noches gobernadas por delincuentes con armas blancas y armas de fuego. A pesar de todo era vida urbana y este hecho contribuía a eliminar distinciones étnicas y tribales, pues en lugar de continuar llamándose a ellos mismos como Xhosas, Sothos, Zulues, Shangaans u otros nombres africanos por su origen étnico, se llamaban entre ellos alexandrinos. Esta situación social iba desarrollando un sentido de solidaridad que le causaba preocupación a las autoridades racistas; el gobierno siempre había utilizado –y continuaba haciéndolo por supuesto- la táctica de divide y vencerás para controlar a los africanos y para ese propósito dependía sobre todo de la fuerza de las divisiones étnicas. Pero en lugares como Alexandra y otros barrios negros similares aquellas divisiones tendían a desaparecer. Durante su primer año de estancia en aquél barrio aprendió más sobre la pobreza que todo lo que había visto cuando niño en Kunu.
En la firma de abogados su salario era de dos libras esterlinas por semana. Con ese dinero pagaba la renta mensual de su pequeña habitación, el transporte diario hacia su centro de trabajo, la tarifa por sus estudios en la universidad, los alimentos del mes y compraba velas que eran indispensables para alumbrarse dentro de su habitación porque sin ellas no podía estudiar. Muchas veces tuvo que caminar las seis millas de distancia hasta el trabajo y las seis de regreso porque no le alcanzaba el salario; también tuvo que limitar su alimentación a un plato diario y a andar varios días con la misma ropa. Su jefe, el Sr. Sidelsky, quien era un hombre alto igual que él se percató de esta situación y le regaló uno de sus trajes viejos, que después de ser remendado sería utilizado por Mandela durante casi cinco años hasta que ya no le cupo un parche más.¨.
Nelson Mandela vota en las elecciones celebradas en Sudáfrica en 1994, las primeras con sufragio universal del país.
A principios de 1943 matriculó en la Universidad de Witswaterrand para terminar su carrera de Derecho y graduarse finalmente como abogado; esa Universidad estaba considerada como la mejor de habla inglesa en el país y Mandela se convirtió en el único estudiante africano negro de la Facultad de Derecho. Allí había blancos de todas las tendencias políticas e ideológicas y fue entonces cuando conoció otras personas que compartirían las buenas y las malas con él en la larga lucha de liberación. Dos de ellos fueron Joe Slovo y su futura esposa Ruth First, destacadísimos luchadores contra el sistema racista y de opresión nacional.
Witswaterrand fue para él un mundo nuevo, un mundo de ideas y de aprendizaje político, un mundo donde la política era una pasión; estuvo junto a jóvenes intelectuales blancos, mestizos e indios de su generación que más tarde se convertirían en la vanguardia de los movimientos de liberación más importantes en el país. Descubrió por primera vez a personas que estaban dispuestas a sacrificarse por la causa de los oprimidos sin importarles el privilegio personal relativo del que disfrutaban ni las diferencias de color de la piel.
Mandela ha confesado que no está seguro del momento en que se consideró a si mismo como un hombre politizado o cuando supo que dedicaría su vida a la lucha de liberación .Para su mentor político, Sisulu, el vehículo indispensable para el cambio en Sudáfrica era el ANC y fue a través de él que Mandela se convirtió en un miembro convencido de esa organización. La casa de Sisulu en el barrio de Soweto era la sede principal de los activistas del ANC y a ellos se sumó Mandela. Entre las personas que acudían a los encuentros y debates políticos estaba Oliver R. Tambo, quien se convertiría en el Presidente de esta organización dirigiéndola desde el exilio durante casi 30 años. Tambo fue un líder extraordinario respetado por todos, de vida política y personal inmaculadas.
Fue durante aquellos tiempos que surgió entre esos hombres jóvenes la idea de crear la Liga Juvenil del ANC. Muchos de ellos consideraban que el ANC se había convertido en una organización no militante y cansada, que le servía solamente a la elite privilegiada que la dirigía para proteger sus intereses personales y no los de las masas. Hubo consenso en cuanto a la necesidad de hacer algo nuevo y se propuso la creación de una liga juvenil que sirviera para atizarle el fuego a la dirigencia del ANC. El entonces Presidente General de la organización, Dr Xuma, no estuvo de acuerdo, pero la Liga fue aprobada en la conferencia Anual de 1943. No pasó mucho tiempo para que esos fogosos líderes de la Liga asumieran los cargos principales en el ANC, convirtiéndola en el principal movimiento de liberación nacional del país.
En 1946 ocurrieron hechos relevantes que moldearían definitivamente el desarrollo político de Mandela y el avance de la lucha en sentido general. Entre esos hechos tal vez el que mayor efecto tuvo fue la huelga de casi 70 mil mineros que reclamaban salarios decentes y mejores condiciones de vida. La Unión de Mineros Africanos había sido fundada a comienzos de la década del 40 por iniciativa de J B Marks, Dan Tloome, Gaur Radebe y varios activistas más del ANC, quienes también eran miembros del Partido Comunista ( fundado en 1921 ) La mayoría de los 400,000 mineros de la región del Reef ganaban centavos al día. La huelga se mantuvo durante dos semanas y constituyó una de las acciones más grandes de ese tipo en la historia de Sudáfrica. La represalia del gobierno fue violenta. Los principales líderes fueron arrestados y las oficinas de la Unión Sindical destruidas; 12 mineros murieron a manos de la policía y la huelga fue aplastada por la fuerza. .Acusados de haber promovido y organizado aquella huelga fueron arrestados y juzgados 52 hombres entre quienes estaban Marks y Kotane juntos a muchos otros comunistas. Fue un juicio político del gobierno para demostrar que no sería blando con lo que llamaban la amenaza roja.
Imagen de Nelson Mandela en la década de los 60.
Otro de los hechos políticos importantes en 1946 fue la aprobación de una ley dirigida a limitar y determinar los lugares donde podían vivir las personas de origen asiático, es decir, los sudafricanos de origen indio y malayo. La comunidad india rechazó aquella ley e inició una campaña de resistencia pasiva durante dos años para oponerse a las medidas implícitas en la ley. Dirigida por el Dr. Dadoo y por el Dr. G.M. Naicker, este último presidente del Congreso Indio de Natal, aquella comunidad cerró filas en una campaña de masas que impresionaría por su organización, su dedicación y su sacrificio. Amas de casa, religiosos, médicos, abogados, comerciantes, estudiantes y trabajadores se sumaron a las movilizaciones de protestas. Más de dos mil de ellos fueron voluntariamente a prisión y tanto Dadoo como Naicker fueron sentenciados a varios años de encierro. Los íntimos amigos de Mandela, Ismail Meer y J.N. Singh, abandonaron sus estudios universitarios y se fueron voluntariamente a la cárcel; Ahmed Kathrada, quien cursaba estudios superiores y años más tarde sería condenado a cadena perpetua junto a Mandela, también se fue voluntariamente a la cárcel
Sobre aquella campaña de resistencia pasiva Mandela recuerda: Yo visitaba con frecuencia el hogar de Amina Pahad, madre de Kathrada, donde almorzaba, y de pronto un día aquella encantadora mujer puso a un lado el delantal y se fue a la prisión voluntariamente por sus creencias. Si alguna vez puse en duda la voluntad de la comunidad india para protestar contra la opresión, ya no lo haría nunca más en mi vida.¨
A finales de la década de1940 el ANC no contaba todavía con un solo empleado profesional y estaba muy pobremente organizado; el primer empleado con esas condiciones que tendría algún tiempo después fue precisamente Walter Sisulu, con un salario de miseria. Aunque la máxima dirigencia del ANC tenía una visión amplia en relación a los blancos progresistas, Mandela no tenía confianza ni siquiera en los blancos de izquierda a pesar de que muchos comunistas eran amigos suyos; le preocupaba la influencia de los blancos en el seno del ANC y temía que los comunistas pudieran asumir la dirección del movimiento bajo la consigna de unidad y acción conjunta. Él estaba convencido de que lo que liberaría a los negros sería el nacionalismo africano puro, no el marxismo o una sociedad multirracial. En este sentido llegó tan lejos como participar junto a otros pocos en la disrupción de reuniones públicas de los comunistas, irrumpiendo en el podio y rompiendo sus carteles o apoderándose del micrófono. En la Conferencia Nacional del ANC en diciembre de 1947 la Liga Juvenil presentó una moción exigiendo la expulsión de todos los miembros del Partido Comunista, pero fue derrotada contundentemente.
El primer cargo importante ocupado por Mandela en el ANC fue su membrecía en el Comité Ejecutivo de la región Transvaal en 1947. Él mismo ha dicho que hasta ese momento sus sacrificios personales no habían ido más allá de estar ausente de su familia los fines de semana o de regresar tarde al hogar; todavía no comprendía a plenitud los peligros y dificultades de la vida de un luchador por la libertad; no se había involucrado a fondo en campañas de masa. A partir de su elección al Comité Ejecutivo comenzó a identificarse totalmente con el ANC, con sus esperanzas, sus éxitos y sus fracasos.
A principios de 1950 fue elegido miembro del Comité Ejecutivo del ANC, su máxima instancia. Hasta poco antes, desde su posición en la Liga Juvenil del ANC, había sido una especie de franco tirador contra la dirigencia burocrática de la organización, pero muy pronto se daría cuenta de la diferencia. Dice Mandela:en muchos sentidos es mejor ser un disidente dentro de una organización en casos como este, porque no se tiene la responsabilidad. Como miembro del Comité Ejecutivo que pasé a ser ahora tenía que sopesar bien mis argumentos y tomar decisiones. Tenía que estar listo para ser criticado por rebeldes como había sido yo.
En relación a su suspicacia hacia el comunismo relata como y por que-al igual que le sucedió con otros conceptos políticos suyos- fue comprendiendo la realidad y modificando consecuentemente su actitud. Refiriéndose a aquellos días cuando fue dada a conocer la Ley de Supresión del Comunismo ha dicho lo siguiente:
Mi larga oposición al comunismo se estaba quebrando. Moses Kotane, entonces Secretario General del partido, me visitaba a menudo en mi casa tarde en la noche y conversábamos hasta la llegada del día. De pensamiento muy lúcido y autodidacta, Kotane era hijo de campesinos en el Transvaal. A veces él me preguntaba: ¨Nelson, ¿qué tienes contra nosotros? Estamos luchando contra el mismo enemigo. Nuestra intención no es dominar al ANC; trabajamos dentro del concepto del nacionalismo africano.¨ Yo no tenía respuestas convincentes para sus argumentos.
Debido a mi amistad con Kotane, Ismail Meer, Ruth First y muchos otros, así como mi observación sobre sus sacrificios personales, me resultaba cada vez más difícil justificar mis prejuicios contra el partido comunista. Además, en el seno de la dirección del ANC y al mismo tiempo miembros también del PC hombres tales como J.B.Marks, Edwin Mofutsanyane, Dan Tloome y David Bopape estaban consagrados a la lucha y no se les podía señalar con el dedo. El doctor Dadoo, uno de los líderes de las movilizaciones anti racistas de 1946, era un marxista reconocido cuyo papel como luchador a favor de los derechos humanos en el país lo habían convertido en un héroe para todos los grupos de resistencia. Yo ya no podía, y no lo hice más, continuar poniendo en duda la buena fe de aquellos hombres y mujeres.
Mandela le entrega el trofeo al capitán del equipo sudafricano, Francois Pienaar, tras proclamarse los Springboks campeones del mundo de rugby en 1995.
No era necesario que me convirtiera en comunista para trabajar junto a ellos; descubrí que el nacionalismo africano y el comunismo africano tenían, en general, muchas más cosas en común que los unían que otras que los dividían.
Mandela fue arrestado en junio de 1952 en medio de la Campaña de Desafío organizada por el ANC y acusado de violación de la ley contra el comunismo. Incluso un simple encuentro de tres personas para cualquier cosa caía bajo las prohibiciones de la ley contra el comunismo. A mediados de ese mismo año él y Oliver Tambo abrieron un bufete de abogados, el primero de abogados negros en Sudáfrica. Desde el primer día comenzaron a recibir muchos clientes y era obvio porque se trataba del único bufete de abogados negros en el país. Para los africanos era la firma legal de primera elección y el último recurso para tratar de resolver sus problemas de esa índole. Desde temprano en la mañana el lugar se llenaba tanto que apenas había espacio para caminar.
Los africanos estaban desesperados de protección legal porque, entre otras cosas: cometían una violación si pasaban por una puerta designada para blancos solamente, era un crimen montarse en un ómnibus de pasajeros previsto para blancos solamente, un crimen beber agua de una fuente pública de la cual solamente estaban autorizados a beber los blancos, era una violación caminar por una playa solamente para blancos, un crimen estar en las calles de las ciudades después de las 11 pm, un crimen no portar el librito de pases que autorizaba ciertos movimientos a los negros en las zonas urbanas o rurales, o si el pase no estaba firmado por algún blanco. Era un crimen estar desempleado y otro crimen estar empleado en un lugar no autorizado para negros; era un crimen vivir en ciertos lugares y otro crimen no poseer un lugar donde vivir…
En 1955 Mandela fue sancionado judicialmente nuevamente bajo las regulaciones de la ley contra el comunismo, lo cual entre otras cosas implicó: separación forzosa de su membrecía en el ANC por ser esta una organización de resistencia; restricción de movimientos limitados al distrito de Johannesburgo; prohibición de participación en cualquier acto público durante dos años. Este tipo de sanción le sería impuesta siete veces más de forma consecutiva a partir de aquél momento, y lo sacó de sus responsabilidades en el seno de la dirigencia de movimiento de liberación. Desde ese momento su participación en la organización tuvo que ser clandestina, pues en caso de violación de lo aplicado por la corte iría a prisión, y era preferible trabajar secretamente a lo segundo. El ANC continuaba cifrando esperanzas en la vía pacifica de lucha y ni siquiera se hablaba todavía de la opción armada.
A principios de diciembre de 1956 fue arrestado una vez más y, junto a otros 155 miembros relevantes del ANC, acusado de alta traición; del total de acusados 105 eran africanos negros, 21 de origen indio, 23 blancos y 7 mestizos, lo cual ya mostraba la unión de pensamiento de los diferentes grupos sociales en la lucha contra el sistema racista. Fueron defendidos por un grupo prestigioso de abogados blancos progresistas y después de cuatro días de juicio todos salieron bajo fianza, con la peculiaridad de que aunque la medida judicial fue idéntica para todos el monto de la fianza se aplicó según el color de la piel: 250 libras esterlinas los blancos, 100 los indios y 25 los negros y mestizos. Hasta ese extremo llegaba el entendido racista de aquellas autoridades blancas. El juicio duró varios años y al final salieron absueltos, pero fueron años de descabezamiento político del ANC debido a las medidas cautelares impuestas a los acusados durante el proceso judicial.
Mientras tenía lugar el juicio aquellos hombres y mujeres no podían realizar actividad política alguna, aunque si mantener sus deberes laborales cotidianos. Mandela había visto aquella cara bonita en la calle, pero no sabía quien era. Una mañana entró a la oficina de Tambo y la encontró allí junto a un hermano de ella. Su nombre: Winnifred Madikizela, conocida como Winnie; era una trabajadora social en un hospital de Johannesburgo. De hecho, fue la primera trabajadora social negra en dicho lugar; su grupo étnico en el Transkei era Pondo igual que el de Tambo. Fue amor a primera vista.
Nelson Mandela y F.W. de Klerk recogen el Premio Nobel de la Paz como reconocimiento a la labor de ambos en el fin del ‘apartheid’.
El juicio por traición dejaba poco tiempo para el trabajo en el bufete y tanto Mandela como Tambo comenzaron a atravesar serias dificultades económicas. Winnie conocía lo anterior y le ofreció su apoyo porque tendrían que vivir del pequeño salario de ella. Se casaron en junio de 1958. Sobre la boda Mandela ha narrado lo siguiente:
Salimos hacia Bizana de donde era Winnie y mi primera parada fue en la estación de policía pues me habían autorizado seis días de mi orden de restricción en Johannesburgo y tenía que reportar mi presencia en el lugar… La ceremonia tuvo lugar en una iglesia local y luego fuimos a celebrar a la casa del hermano de ella….
El mejor de los discursos fue el del padre de Winnie quien entre otras cosas dijo que dentro del grupo de personas presentes algunas no habían sido invitados, tales como los agentes de la seguridad. Añadió que cuando su hija le anunció la intención de casarse conmigo él le había respondido que se iba a casar con un pájaro enjaulado, con alguien que ya estaba casado con la lucha de liberación.
Al terminar la ceremonia se separó un pedazo del cake para más adelante llevarlo al hogar ancestral del novio tal como exigía la tradición. Pero esto nunca sucedió porque mi permiso de movimiento expiró y tuvimos que regresar a Johannesburgo. No tuvimos tiempo ni dinero para la luna de miel, y muy pronto la vida cotidiana se hizo cargo de nosotros, sobre todo porque continuaba el proceso judicial. Winnie me dio esperanzas de una segunda oportunidad en la vida. Mi amor por ella me inculcó fuerzas extras para la lucha que me aguardaba.
La historia de amor entre ambos es conocida, como también es conocido el triste desenlace de la separación luego de casi 29 años de prisión de Mandela, tiempo durante el cual la figura de Winnie alcanzó un lugar cimero en la lucha contra el sistema de apartheid que le valió el sobre nombre de Mama África dado por su pueblo. Pero esa una historia aparte en si misma.
El 30 de marzo de 1960, nueve días después de la masacre de Sharpeville, Mandela y la mayoría de los co-acusados fueron arrestados bajo nuevas causas que se añadían a la acusación de alta traición, ahora bajo un estado de emergencia decretado por el gobierno. Se trataba de un arresto adicional para un juicio que duraría casi un año más y con resultados sorprendentes. El 29 de marzo de 1961 estaban todos presentes en la vieja sinagoga de Pretoria para conocer el veredicto, que fue leído por el juez Rumpf.
En las conclusiones se dijo que el ANC había venido trabajando para remplazar al gobierno con una forma diferente y radical de Estado; que hacia ese objetivo había empleado medios ilegales de protesta; que algunos de sus líderes habían convocado a la violencia y que existía un ala de izquierda en el seno del ANC que se expresaba de manera antiimperialista, anti occidental y pro soviética, pero: Que toda la evidencia presentada ante la corte no había podido demostrar que el ANC estaba dispuesto a derrocar al gobierno por vía de la fuerza, porque para ello las grandes masas tendrían que ser preparadas de antemano y ese no era el caso.
La decisión de la corte añadía que: la fiscalía no había podido demostrar que el ANC era una organización comunista o que el texto de la Carta de la Libertad perseguía el objetivo de un Estado comunista. Conclusión: los acusados son declarados inocentes y quedan absueltos…leyó el juez Rumpf. Así concluyó el juicio de alta traición. En su autobiografía Mandela comenta que en aquél juicio los tres jueces se elevaron por encima de sus prejuicios, de su educación y de sus antecedentes de clase.
Aquella derrota judicial del Estado racista le sirvió de lección porque a partir de entonces nunca más permitiría que la autonomía de su sistema judicial actuara libremente en procesos que fueran de su mayor interés; los jueces se nombrarían con autorización del gobierno. Los peores momentos del sistema de apartheid estaban por llegar.
El ANC y también el Congreso Pan Africanista (PAC) habían sido ilegalizados en 1960. La alta dirección del ANC y en particular Mandela sabían que habían ganado una batalla pero que la guerra estaba a punto de comenzar. Acto seguido de las conclusiones del juicio, Mandela no regresó a su hogar porque estaba convencido que casi de inmediato se produciría un nuevo arresto. Le había nacido una hija de Winnie, pero esta última comprendía bien la situación. Mandela se dio a la tarea de organizar las redes clandestinas de la organización y hacia ese objetivo inició un recorrido por diferentes regiones del país; su modo de vida se transformó en nocturno mientras se escondía siempre en lugares diferentes durante el día.
Su disfraz favorito era el de chofer, vestido con un uniforme azul como el que usan los mecánicos. La policía ya lo buscaba en todo el país y se tejieron leyendas de escapadas suyas extraordinarias, algunas de ellas fantasiosas que le ganaron el sobre nombre del Tulipan Negro, pero el hecho real es que esta etapa de su vida fue igualmente singular.
La idea sobre la necesidad del uso de la violencia llevaba varios años de debate interno en el ANC, pero siempre se había impuesto la tendencia favorable a la vía pacífica; Entre otros, Mandela y Sisulu ahora comprendían con claridad esa necesidad y el primero había argumentado su propuesta en una reunión secreta del Comité de Trabajo del ANC en junio de 1961. Entre otras razones Mandela dijo que el Partido Comunista se había reorganizado en la clandestinidad y estaba valorando la creación de su propia ala militar. Para su sorpresa el principal oponente a la idea en dicha reunión fue Moses Kotane, Secretario General del Partido Comunista, y una de las figuras más poderosas en el Comité Ejecutivo del ANC. Kotane prevaleció en el debate y Mandela se retiró tácticamente. Puesto de acuerdo con Sisulu, este último se ocupó de organizar un encuentro a solas entre Kotane y Mandela.
Mandela nos recuerda lo esencial de aquella crucial conversación de varias horas entre ambos
Le expliqué las razones por las cuales yo estaba convencido de que no quedaba otra alternativa sino la lucha violenta. Moses era un comunista de larga data y le dije que su oposición a la lucha armada era similar a la del partido comunista de Cuba bajo Batista; que aquél partido insistía en que las condiciones necesarias no estaban presentes según los libros de texto de Lenin y Stalin, y que estaban en espera de tales condiciones. Castro no las espero, él actuó y triunfó. Si esperas por las condiciones que dicen los libros nunca llegarán. Añadí que él estaba políticamente estancado en viejas ideas legalistas del ANC, que la gente ya se estaba organizando militarmente y que la única organización con capacidad para guiar esa lucha era el ANC.
Al final de la discusión Moses me dijo: Nelson, no prometo nada, pero sugiero que presentes el tema de nuevo en el Comité de Trabajo y veremos que ocurre. Una semana después presenté mi propuesta nuevamente y Moses no se opuso. Se llegó al consenso que yo debía presentar la misma propuesta ante el Comité Ejecutivo del ANC en Durban.
Nelson Mandela presente en la clausura del Mundial
Así ocurrió. Fue otra discusión difícil sobre el mismo tema porque el entonces Presidente General del ANC, el Jefe Albert Luthuli, era un pacifista convencido, tanto que años más tarde recibiría el Premio Nobel por la Paz, pero la mayoría se inclinó a favor de las acciones violentas como respuesta a la terrible represión del gobierno racista. Allí se acordó crear el ala militar, pero cuidando que ésta no apareciera vinculada al ANC orgánicamente. Luthuli y otros miembros del Ejecutivo argumentaron que si el ANC declaraba formalmente la lucha armada perdería muchos aliados tanto dentro como fuera de Sudáfrica. Las dos organizaciones de origen indio aliadas al ANC, así como la de los mestizos y los blancos demócratas se opusieron a la idea, pero esta se mantuvo. Mandela que nunca había sido un soldado, nunca había estado en una batalla, nunca había disparado un arma contra el enemigo, recibió la tarea de formar un ejército
El ala militar se llamó Umkhonto we Sizwe ( Lanza de la Nación ) y muy pronto se conoció por su nombre corto de MK. El ANC no permitía aún miembros blancos en el Comité Ejecutivo, pero el MK no nació con esa barrera y Mandela invitó al líder comunista Joe Slovo, quien junto a Walter Sisulu, además de Mandela, integraron el primer Estado Mayor del ejercito que crearían. Slovo se ocupó de reclutar a comunistas blancos para el MK y todo lo que hicieron al respecto fue totalmente nuevo para ellos. Para los cubanos es muy interesante lo que dice Mandela al respecto en su autobiografía:
Comencé a leer textos que me ayudaran en aquella enorme tarea y entre otros leí el informe de Blas Roca sobre el trabajo del partido comunista de Cuba durante los años de clandestinidad bajo el régimen de Batista; los escritos del Che Guevara sobre guerra de guerrillas; los discursos y experiencias de Fidel Castro, e incluso estudié sobre la táctica guerrillera de los generales sudafricanos durante la guerra anglo-boer, y mucho más. Me interesé en conocer sobre la lucha guerrillera de los etíopes contra el ejército de Mussolini, la de las Mau-Mau kenyanos contra el coloniaje británico, la de los argelinos contra los franceses y las luchas de otros pueblos africanos, sobre todo la de mi propio pueblo.
El 26 de junio de 1961 Mandela había remitido desde su clandestinidad una carta a varios periódicos del país. La parte final de dicha carta dice :
He elegido este camino que es mucho más difícil e implica más riesgos y más vicisitudes que permanecer sentado en una cárcel. He tenido que separarme de mi querida esposa e hijos, de mi madre y hermanas, antes que vivir como un forajido en mi propia tierra. Lucharé contra el gobierno al lado de ustedes, pulgada a pulgada, milla a milla, hasta que alcancemos la victoria. ¿Que harán ustedes, nos acompañaran o cooperaran con el gobierno? ¿Van a quedarse callados y mantenerse neutrales en un asunto de vida o muerte de nuestro pueblo?
En cuanto a mi, he tomado mi decisión. No abandonaré Sudáfrica ni me rendiré. Solamente con sacrificio y acción militante puede obtenerse la libertad. La Lucha es mi vida. Continuaré luchando por la libertad hasta el último día de mi vida.
Durante varios meses continuó su actividad organizativa del MK viviendo en diferentes lugares, incluidas viviendas de amigos blancos vinculados al ANC o al partido comunista; uno de los sitios fue una granja llamada Liliesleaf ubicada en Rivonia, al norte de Johannesburgo. La granja había sido adquirida por el ANC a través de terceros para convertirla en el centro principal de reuniones secretas del Comité Ejecutivo. La fachada de Mandela era la de jardinero y su nombre falso David Motsamayi; para él fueron semanas de gran alegría porque recibiría la visita de Winnie y sus hijos algunos fines de semana. Ella todavía no se había convertido en un objetivo importante del aparato de seguridad, no obstante lo cual se tomaban fuertes medidas de precaución para llevarla al lugar.
Varios dirigentes importantes del ANC y del PCSA trabajaron desde la granja para y comenzaron las acciones de sabotaje en Johannesburgo, Durban, Port Elizabeth y otras ciudades. A principios de 1962 Mandela fue enviado al exterior en una misión de divulgación de la lucha de la organización que incluía la explicación de por que habían tenido que optar por la lucha armada. La invitación oficial había llegado del Movimiento Pan Africano de Libertad para África Oriental y Meridional, que poco después se convertiría en la Organización de Unidad Africana (OUA) con sede en Addis Ababa. Fue la primera vez que Mandela viajó más allá de las fronteras de su país. El recorrido por varios países africanos incluyó Tanzania, Etiopía, Nigeria, Ghana, Liberia, Nigeria, Guinea Conakry, Egipto, Túnez, Marruecos, Zambia, Mali, Sierra Leona, Senegal. También visitaron Londres.
El retorno hasta la granja en Rivonia no tuvo contratiempos, pero pocos días después fue capturado en la carretera cuando regresaba de Kwazulu-Natal, adonde había viajado para poner al día al presidente del ANC, Albert Luthuli, de su recorrido por varios países africanos. Eran los primeros días de agosto de 1962. La acusación fue: incitación a los trabajadores africanos a protestar mediante huelgas y salida ilegal del país; Mandela decidió ser su propio abogado defensor y pidió a Joe Slovo que fuera su asesor legal. La noticia de su arresto recorrió el país. Durante el juicio Mandela vapuleo a sus acusadores cultural y jurídicamente. La sentencia fue cinco años de privación de libertad sin derecho a salir bajo palabra; más tarde fue trasladado a la prisión en Robben Island, donde debía cumplir lo que restaba de los cinco años.
En julio de 1963 la seguridad sudafricana llevó a cabo una gran redada en la granja Liliesleaf capturando a casi todos los principales dirigentes del movimiento que trabajaban desde la clandestinidad, entre otros de nuevo Walter Sisulu quien había salido bajo fianza, Govan Mbeki (padre del segundo presidente del país Thabo Mbeki ), Ahmed Kathrada, y muchos más.
Este arresto masivo condujo al conocido como juicio de Rivonia, en el cual Mandela fue incluido entre los acusados cuando aún permanecía en prisión. El proceso judicial se conoció inicialmente como El Estado contra el Alto Comando Nacional, pero poco después fue bautizado como El Estado contra Nelson Mandela y otros. El juicio comenzó en octubre de 1963 y se convirtió en el más famoso en la historia de Sudáfrica. El acusado No. 1 fue Mandela quien junto a sus compañeros tendrían que defenderse de una muy larga lista de acusaciones entre las cuales estaban más de doscientos actos de sabotaje que les achacaban como parte del intento de provocar una revolución violenta y una invasión armada con el objetivo de derrocar al gobierno.
El Estado se propuso demostrar entre otras acusaciones que Mandela era miembro del PCSA lo cual sería una evidencia de gran culpabilidad; él tuvo tres semanas para pensar y escribir el alegato de su propia defensa, que leería ante la corte. Ese documento es un valioso testimonio histórico de la lucha del pueblo sudafricano por su libertad, del cual solamente retomamos aquí las siguientes ideas expresadas por Mandela en relación al comunismo:
Es cierto que ha existido una estrecha cooperación entre el ANC y el PCSA, pero dicha cooperación lo único que demuestra es el objetivo común de la eliminación de la supremacía blanca y no es una prueba de una plena comunidad de intereses. La historia del mundo está llena de ejemplos similares, Quizás el más evidente fue la cooperación entre Gran Bretaña y los Estados Unidos de América con la Unión Soviética durante la guerra contra Hitler, Nadie, con la excepción de Hitler, se habría atrevido a sugerir que dicha cooperación convertía a Churchill y a Roosevelt en comunistas, o en instrumentos de estos últimos, o que Gran Bretaña y Estados Unidos estaban trabajando de conjunto para convertir el mundo en comunista.
Es muy difícil para los sudafricanos blancos educados bajo el prejuicio contra el comunismo poder entender la razón por la cual políticos africanos experimentados hayan aceptado a los comunistas como amigos suyos. Pero para nosotros la razón es obvia. Las diferencias teóricas entre los que luchan contra la opresión es un lujo que no podemos darnos en esta etapa. Aún más, durante muchas décadas los comunistas han sido el único grupo político en Sudáfrica que ha tratado a los africanos como seres humanos y como iguales; que han compartido la mesa con nosotros, han hablado con nosotros, vivido con nosotros y trabajado con nosotros. Es por ello que muchos africanos hoy igualan la libertad con el comunismo.
La lectura de la defensa preparada por él le tomó cuatro horas y las palabras finales las recitó de memoria:
He dedicado toda mi vida a esta lucha del pueblo africano. He luchado contra la dominación blanca y contra la dominación negra. He anhelado el ideal de una sociedad libre y democrática en la cual todas las personas puedan vivir juntas y en armonía, con iguales oportunidades. Es un ideal por el cual espero vivir y lograr, pero si fuera necesario es un ideal por el cual estoy dispuesto a morir.
Después de más de 27 años en prisión el régimen racista sudafricano se vio obligado a liberar a Mandela y a sus compañeros en febrero de 1990. Cuatro años más tarde se convirtió en el primer presidente negro de su país y en uno de los estadistas más famosos del siglo XX. Mandela ha muerto, ¡Viva Mandela!
Nelson Mandela y Desmond Tutu alzan sus manos tras la victoria en las elecciones de 1994 del Congreso Nacional Africano (CNA).
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