Mostrando entradas con la etiqueta Palestina. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Palestina. Mostrar todas las entradas
martes, 17 de noviembre de 2015
¿El horror en París es diferente al de Siria, Iraq, Palestina y El Líbano?
Rebelión
Por Carlos Aznárez
Otra vez Paris se convirtió en un campo de batalla. Decenas de muertos, cientos de heridos y las mismas consignas de respuesta del gobierno francés frente al ataque yihadista que ya se han escuchado en Estados Unidos y España cuando acciones similares generaron idénticas masacres. Frente al horror se quiere responder con más horror, se habla en los titulares de los principales medios con total ligereza, de que “ahora sí empezó la guerra”, o se alimenta la idea (en forma directa o solapada) de que el mundo árabe y musulmán atenta contra la sacrosanta democracia francesa. A sabiendas que la casi totalidad de esa colectividad repudia al ISIS y sus protectores.
Tiene muchísima razón el presidente sirio Bachar Al Assad cuando, después de condolerse por las víctimas de los atentados, recuerda que "Francia conoció ayer lo que vivimos en Siria desde hace cinco años”. Y lo dice precisamente quien en innumerables ocasiones ha intentado -como antes lo había hecho el líder libio Gadaffi- convencer a los gobernantes franceses que no armaran, equiparan logísticamente y costearan con millones de dólares a los ejércitos mercenarios que han sembrado el terror, la muerte y el desesperado destierro de cientos de miles de sirios e iraquíes. En cada ocasión que este mensaje resonaba en los foros internacionales, la posición francesa siempre fue la misma: ratificar su creencia de que exportando la guerra, alineándose con la OTAN y subordinándose ante el mandato imperial monitoreado desde Washington, “el problema sirio”, es decir, el tan buscado derrocamiento de Al Assad, iba a ser resuelto. Está claro que como le ocurriera a los gobernantes derechistas españoles el 11M del 2004, el tiro les salió por la culata. En esa ocasión, el yihadismo, al que España y su alianza con la OTAN habían querido combatir mediante su presencia en Iraq y Afganistán, decidió responder con la misma medicina, y como en París ahora, los que pagan los errores de los poderosos siempre son los ciudadanos de a pie, cuya única culpabilidad, si es que la tuvieran, quizás sea votar y catapultar a la presidencia, a esos asesinos seriales que luego los condenan a la muerte.
Ahora, como ocurriera en el mismo escenario con la masacre de Charlie Hebdo, vuelven a sentirse las tan repetidas consideraciones hipócritas. Todos a la vez, los mandamases europeos prometen más medidas represivas, más censura, más fabricación de armamento para alimentar intervenciones bélicas. Juran que “hoy somos Francia”, en vez de prometer ante las víctimas: “Nos iremos de la OTAN”. Con esas y otras actitudes similares dejan al descubierto que junto con los asesinos de un yihadismo que no representa de ninguna manera al Islam, ellos -los Hollande, Sarkozy, Rajoy, Merkel y quienes los auspician desde el Pentágono, son los principales responsables de estas acciones bárbaras. Las han alimentado persiguiendo hasta el cansancio a los musulmanes de la periferia de Paris y las diversas ciudades francesas, negándole el uso de recintos para hacer sus oraciones o generando allanamientos en las mezquitas donde era común practicar pacíficamente su derecho al rezo. Allí están como ejemplo esas leyes que prohiben desde 2011 el uso del velo y también la pollera islámica y la burka en los espacios públicos, no obligando de la misma manera a ciudadanos franceses que comulgan con el judaísmo. Segregando al mundo islámico y exhibiéndolo ante la sociedad francesa como “el enemigo”, de la misma manera que Israel hace con los palestinos desde hace más de seis décadas.
No es misterio para nadie y menos para los devaluados Servicios de Inteligencia francesa, que muchos de los humillados, desempleados y perseguidos por leyes draconianas y racistas que habitaban en la “Banlieue” parisina, fueron cooptados primero por el Frente Al Nusra y luego directamente por el ISIS para que sean parte de la experiencia de sembrar el terror en Siria e Iraq y lo más paradójico es que salieron desde el territorio francés en numerosas ocasiones con el visto bueno de un gobierno que los sintió como sus “soldados de avanzada”. En ese momento, las masacres que esos mercenarios producían en Mossul, Raqqa, Aleppo, Homs o en Palmira, no preocupaban a Sarkozy ni tampoco a Hollande. Eran “daños colaterales” lejos de la comodidad parisina que hasta ese momento parecía blindada, inviolable. Tampoco dijeron nada importante del atentado sangriento cometido esta semana en El Líbano y seguramente muy festejado en Tel Aviv o en la Casa Blanca, ya que en esa ocasión la matanza ocurría en un barrio controlado por Hezbolah. En este caso, los muertos eran tan árabes como los palestinos asesinados en estos días en Cisjordania o en Gaza, cuyos nombres no cuentan para los grandes medios, como tampoco el dolor de sus familiares o las imágenes dantescas de sus viviendas arrasadas. Eso no tiene más que un nombre: doble rasero, praxis mentirosa, odio al diferente.
Lo que ahora a ocurrido en París tiene también otra explicación no menos importante. En los últimos meses en el escenario sirio ha ocurrido un hecho que cambió la relación de fuerzas. Rusia decidió intervenir, al rescate de un gobierno y un pueblo asediados por el terror, y lo hizo a su manera, logrando éxitos inmediatos en la lucha contra el ISIS y demostrando que todas las acciones anteriores, propagandizadas por la OTAN y Estados Unidos, habían sido una farsa gigantesca. Golpeado en sus bases principales, destruidos muchos de sus almacenes de armamento y sintiéndose traicionados por quienes los arroparon desde Arabia Saudí, Turquia y los países occidentales, muchos de los mercenarios optaron por retornar a sus sitios de origen, entre ellos los europeos. Tanto es así, que ese “retorno” fue anticipado por algunos analistas franceses, quienes aseguraban que “ahora el peligro puede estallar a nuestros propios pies”. De eso se trata precisamente esta repudiable venganza yihadista, que más allá del falso llanto de quienes los gobiernan, debería ser un llamado urgente para que la sociedad francesa, como otras del continente europeo, se decidan a interpelarlos, y exigirles que abandonen sus ideas expansionistas, injerencistas y autoritarias. Que cesen los comportamientos xenófobos, como los que a pocas horas de ocurrir estos atentados, ya han generado el incendio de un campo de inmigrantes refugiados en Calais. Que miren a quienes huyen de las guerras provocadas por la OTAN, como hermanos y no como enemigos. Que se vuelquen a comportamientos humanitarios y no busquen excusas donde sólo hay hombres y mujeres que quieren ser tratados como tales y no como ciudadanos de segunda clase. Quizás, estas circunstancias marcadas por el dolor, puedan servir de punto de inflexión para buscar un punto de inicio diferente. Si esto no ocurriera, como parece probable visto lo visto, nadie, absolutamente nadie tendrá derecho a preguntarse, cuando el horror se repita: “¿Por qué a nosotros…?
martes, 14 de octubre de 2014
Trocando en éxito el fracaso
Por Tom Engelhardt *
Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández
¿Qué más da? Colocáis alrededor de 68.000 millones de dólares al año en un laberinto de 17 agencias de inteligencia. Les construís sedes espléndidas. Creáis un estado de vigilancia global por los siglos de los siglos. Os dedicáis a poner escuchas a vuestra ciudadanía y recopiláis sus comunicaciones en cantidades asombrosas. Trasmutáis a vuestros empleados en avatares y entráis en escenarios de videojuegos no vaya a ser que algún estadounidense muestre cierta predisposición hacia el mal aunque sea en función entretenimiento. Por si las moscas, recogéis información sobre sus visitas a páginas porno, quizá algún día el chantaje pueda resultar de utilidad. Hacéis circular fotos de sus desnudos solo por… bien, por la lascivia de todo ello. Vuestros empleados utilizan incluso aspectos del sistema que habéis creado para acechar a antiguos amantes y, dentro de su mundo de arcanos, ese acto de “espionaje” consigue hasta tener su propio nombre: LOVEINT.
Os dedicáis a poner escuchas a líderes y políticos extranjeros de todo el planeta. Tratáis de fichar a cientos de miles de empleados de las empresas de vuestros amigotes, creando así lasramificaciones de un complejo corporativo de inteligencia de primer orden. Asaltáis las “puertas traseras” de los centros de datos de los principales grupos de Internet para acumular cuentas de usuarios. Creáis nuevas pandillas dentro de los grupos, incluido un equipo secreto militar y de inteligencia siempre en expansión incrustado dentro del mismo ejército (que no aparece entre esas 17 agencias). Vuestros dirigentes mienten, hasta donde podemos saber y sin un pestañeo de duda, al Congreso y al pueblo estadounidense. Vuestros actos se someten a tribunales secretos, que sólo escuchan vuestras versiones de los hechos, que habitualmente autorizan sin el menor cuestionamiento, y cuyos juicios y cuerpo sustancial de legislación son demasiado secretos para que los estadounidenses puedan conocerlos.
Habéis hecho un esfuerzo extraordinario para aseguraros esa información sobre vuestro mundo pero los millones de documentos de los que hacéis acopio no se vuelcan en nuestro mundo. Incluso tenéis capacidad legal para amordazar a las organizaciones y ciudadanos estadounidenses que podrían hablar de cosas que no os iban a gustar (y que no pueden decir que les habéis cerrado la boca). Sin que quepa duda alguna, espiáis al Congreso. Os introducís en los sistemas informáticos del Congreso. Y si algún denunciante de dentro de vuestro mundo intenta decirle al pueblo estadounidense algo no autorizado acerca de lo que estáis haciendo, le procesaréis en función del Acta de Espionaje como si fuera un espía de una potencia extranjera (algo que en cierto sentido es, ya que tratáis al pueblo estadounidense como si fuera una población extranjera). Y después hacéis cuanto podéis para destrozar su vida y –si alguno consigue escaparse de vuestras garras- le perseguís implacablemente hasta los confines de la Tierra.
En cuanto a vuestros altos funcionarios, la puerta giratoria, cuando ya ha pasado su momento, les permite introducirse en un espejo lucrativo de vida en el complejo de la inteligencia corporativa.
Lo que ellos no sabían
Piensen en el mundo de la “comunidad de inteligencia de EEUU”, CI, como un sistema cerrado casi perfecto y una rara historia de éxito del Washington del siglo XXI. En una capital desgarrada por feroces desacuerdos políticos, casi todo el mundo está de acuerdo en la importancia absoluta, total y máxima de esa “comunidad” y de todo lo que sus altos funcionarios puedan decidir para mantener a este país protegido y a salvo.
Sí, habéis hecho todo eso en nombre de la seguridad nacional y de la de los estadounidenses. Y, como hemos descubierto, nunca hay seguridad suficiente, no al menos en lo que se refiere a una cosa: la diabólica habilidad de los “terroristas” para amenazar a este país. Es cierto, los ataques terroristas se clasificarían por encima de los ataques de tiburones, pero no mucho más en una lista de peligros posterior al 11-S. Y para eso, os atribuís el mérito de que no ha habido nunca un “segundo 11-S”. Además, alardeáis de haber destruido todo tipo de planes y complots terroristas contra este país, hasta llegar a la sorprendente cifra de 54, supuestamente desbaratados utilizando el teléfono y los “metadatos” de las direcciones de correo de los estadounidenses reunidos por la Agencia de Seguridad Nacional (NSA, por sus siglas en inglés). Como suele suceder, un distinguido panel nombrado por el Presidente Obama, con las pertinentes acreditaciones de seguridad para permitirles examinar con detalle esas espectaculares declaraciones, llegaron a la conclusión de que ni una sola se tenía en pie.
Cualquiera que sea el caso, mientras los dólares de los contribuyentes fluían hacia vuestras arcas, nadie consideró un problema que 17 agencias superpuestas no se dedicaran a impedir400.000 muertes por armas de fuego en esos mismos años; ni que las solapadas 17 agencias se dedicaran a buscar la seguridad en nuestras carreteras, donde han muerto desde el 11-S más de 450.000 estadounidenses. (Se ha calculado que es 1.094 veces más probable que un estadounidense muera en un accidente de coche que en un ataque terrorista.) Casi todo el dinero y el esfuerzo se han dedicado en cambio al microscópico número de complots terroristas –algunos de ellos alimentados en las plantas del FBI- que se han producido sobre suelo estadounidense durante ese período. Con la convicción de que hay que proteger a los estadounidenses de eso por encima de todo lo demás y a partir del temor que desde el 11-S alimenta este país, habéis construido una estructura de inteligencia sin igual en el planeta en lo que a tamaño, alcance y complejidad laberíntica se refiere.
Todo un logro, sobre todo si tenemos en cuenta su única desventaja: que tiene un terrible historial de no conseguir nada de forma adecuada. Nunca se ha tenido tanto acceso a tanta información sobre nuestro mundo y, sin embargo, nunca hemos estado tan poco preparados para cuanto en él sucede.
En lo que se refiere a ir por delante de los últimos acontecimientos sobre el planeta, esos que realmente podrían significar algo para el gobierno al que realmente sirve, la CI lleva siempre las de perder; y es lo mejor que podemos decir de un historial que se prefiere en gran medida esconder. Parece que se les pilla por sorpresa con bastante regularidad, así que, imaginen cómo van a desafiar cualquier posibilidad imaginable… Piensen en ello y piensen mucho. Desde el 11-S (que podría considerarse como el equivalente en inteligencia del pecado original en lo que se refiere a desaciertos), ¿cuáles son exactamente los triunfos de una clase de sistema que el mundo nunca ha visto antes? Seguro que nos viene a la mente un único acontecimiento: la localización y asesinato de Osama bin Laden. (Hey, ¡Hollywood se puso velozmente a filmar un película sobre el asunto!). Aunque por entonces era ya una decorativa figura desdentada, un icono del yihadismo y poco más; el raid en el que le mataron es el único triunfo obvio de estos años.
Por lo demás, a nivel global, desde la primavera egipcia y el desastre sirio a la crisis en Ucrania, la inteligencia estadounidense, hasta donde podemos decir, ha ido siempre por detrás y se ha quedado corta a la hora de valorar los hechos, cuando no ha sido simplemente cogida por sorpresa. Como consecuencia, la administración Obama parece estar a menudo en estado de eterno estupor en lo que a los acontecimientos por todo el planeta se refiere. Dejando a un lado la cuestión del fracaso de la inteligencia como por ejemplo en la muerte del embajador estadounidense en Bengasi, ¿hay alguna señal de que la CI ofreciera al Presidente Obama alguna advertencia sobre Libia antes de que decidiera intervenir y derrocar al autócrata de ese país, Muammar Gadafi, en 2011? Lo que sabemos es que al parecer se le dijo, de forma equivocada, que habría un “baño de sangre”, apuntando posiblemente a un acto genocida, si las tropas de Gadafi llegaban hasta la ciudad de Bengasi.
Un informador de cualquier agencia podría haber sugerido lo que cualquier observador analista sin acceso a la información interna habría aprendido de cualquier lectura de los resultados de las acciones militares del siglo XXI de EEUU por todo el Gran Oriente Medio: que las consecuencias iban a ser la fragmentación de la sociedad libia, el crecimiento de la militancia islámica (al igual que en otros lugares de la región) y el caos. Tenemos que asumir que no le advirtieron de nada, aunque la catástrofe de Libia y la desestabilización de una región más amplia de África resultan hoy en día más que evidentes.
No obstante, centrémonos por un momento en un caso del que se conocen más datos. Estoy pensando en el acontecimiento que sólo recientemente atrajo la mirada de la administración Obama, enviándola dando trompicones a la tercera guerra estadounidense en Iraq, causando una histeria total en Washington. Desde junio, el grupo terrorista más exitoso de la historia ha surgido en toda regla en Siria e Iraq en medio de un incremento del reclutamiento yihadí por todo el Gran Oriente Medio y África. El Estado Islámico (EI), un retoño de al-Qaida en Iraq, que cobró vida durante la ocupación de EEUU en ese país, ha establecido un mini-Estado, un “califato”, en el corazón de Oriente Medio. Parte del territorio que capturó estaba, desde luego, en el mismo país en el que EEUU se había acuartelado y ocupado durante ocho años, a lo largo de los cuales había supuestamente desarrollado innumerables fuerzas de información y reclutado agentes de todo tipo. Y, sin embargo, a decir de todos, cuando los militantes del EI barrieron todo el norte de Iraq, la CIA, especialmente, se encontraba con el culo al aire.
No parece que la CI hubiera previsto el rápido crecimiento o extensión del grupo, y aunque había al menos algunas noticias previas de la decadencia del ejército iraquí, nadie imaginó que la fuerza creada, entrenada y armada por EEUU iba a venirse abajo de forma tan palmaria. Inesperada fue la forma en que sus oficiales desertaron de sus tropas, quienes, a su vez, se quitaron el uniforme y huyeron hacia las principales ciudades del norte de Iraq, cediendo su equipamiento estadounidense a los militantes del Estado Islámico.
Ni siquiera pudo la comunidad de inteligencia dar una cifra básica de cuántos de esos militantes había por allí. De hecho, en parte porque el EI utiliza asiduamente correos para sus mensajes en vez de móviles o emails, hasta que no se presentó la oportunidad de arrestar a un militante clave en junio, la CIA y el resto de la CI no sabía prácticamente nada sobre el grupo o sus líderes, no había hecho una valoración seria de su fuerza y objetivos, ni esperaba en modo alguno que iban a extenderse y apoderarse de la mayor parte del Iraq sunní. Y eso debería resultarnos algo raro porque, después de todo, ahora resulta que un buen número de líderes del EI habían estado juntos unos años antes en la prisión del ejército estadounidense en Campo Bucca.
Todo lo que tienen que hacer es ir siguiendo los sorprendidos comentarios de varios altos cargos de la administración, incluido el presidente, mientras el EI iba dejando sus huellas y declarando su califato, para entender cómo 17 agencias mal preparadas y 68.000 millones de dólares pueden dejarles abandonados cuando su mundo se pone patas arriba.
Produciendo inteligencia de baja calidad como forma de vida
De alguna forma, las extraordinarias revelaciones de Edward Snowden sobre la CIA pueden haber distorsionado nuestra visión de la inteligencia estadounidense. La pregunta, después de todo, no es muy sencilla: ¿A quién escuchaban o a quién vigilaban o de quién recogían comunicaciones? También: ¿Qué fue lo que averiguaron? ¿Qué obtuvieron de las montañas de información, de los miles de millones de bits de datos de inteligencia que fueron recopilando cada mes de determinados países (Irán, 14.000 millones; Pakistán, 13.500 millones; Jordania, 12.700 millones, etc.)? ¿Cuál era su “inteligencia”? Y la respuesta parece ser la de que, gracias al alucinante número de agencias haciendo el trabajo de inteligencia de EEUU y los yottabytes de datos que han recogido, la CI es una ciénaga sobrecargada de información, inundada de datos y de ceguera colectiva acerca de cómo funciona nuestro mundo.
Vds. podrían decir que los servicios de inteligencia estadounidenses fomentan la idea de que sólo puede conocerse el mundo en una atmósfera de montones de datos y en la penumbra del secretismo. Sin embargo, una valoración de mentalidad abierta acerca del planeta y de sus peligros aportaría sin duda mucho más a cualquier gobierno. En ese sentido, el sistema impulsado y creado desde el 11-S parece estar tan cerca de la inutilidad en cuanto a sacar provecho al dinero invertido en él como ninguno de Vds. podría imaginar. Lo que implica, a su vez, que nosotros, al estar fuera de ese sistema, deberíamos mirar con cautela las recientes y terroríficas valoraciones y exageradas “predicciones” de la CI que, al igual que las relativas al diminuto grupo terrorista Khorasan (posiblemente ficticias), llenan regularmente nuestros medios de comunicación con horripilantes imágenes de la destrucción de EEUU.
Si la eficacia de la CI posterior al 11-S se estuviera valorando según un modelo corporativo, se llegaría fácilmente a la conclusión de que habría que eliminar al menos a quince de esas agencias y pandillas de su “comunidad” y reducir a las otras dos. (Si los republicanos en el Congreso comprendieran de qué va esa maraña institucional e historial de fracasos en las agencias civiles internas, irían a por ellas con cuchillo de carnicero). Sospecho que el gobierno podría aprender mucho más sobre este planeta dedicando una pequeña suma a contratar a un grupo de observadores espabilados que sólo utilizaran información en código abierto. Por una suma ridícula, conseguirían sin duda una visión inequívocamente más procesable de cómo funciona nuestro mundo y de sus posibles peligros para los estadounidenses. En cambio, cualquier analista, espía u operativo inteligente que exista en el laberinto de esas redes de vigilancia y espionaje de EEUU se quedará seguramente ahí enterrado, mientras el sistema global produce un abanico inmenso de inteligencia de calidad ínfima.
Está claro que tener un laberinto de 17 agencias superpuestas, paramilitarizadas y profundamente herméticas haciendo versiones de lo mismo es la definición de una demencia contraproducente. No debe pues sorprendernos que lo único a lo que se parece la comunidad de la inteligencia estadounidense en estos años es al ejército de EEUU, que desde el 11-S no ha conseguido ganar una guerra ni llevar a cabo prácticamente nada de lo que tenía intención de hacer.
Por otra parte, todo lo anterior supone que el objetivo de la CI es ante todo producir una “inteligencia” eficaz que coloque a la Casa Blanca un paso por delante del resto del mundo. Sin embargo, ¿qué pasa si en realidad no es más que un sistema organizado sobre la base del fracaso? ¿Qué ocurre cuando el desastre en los resultados es para la CI otra forma de triunfo?
Quizá merezca la pena pensar en esas agencias solapadas como una maquinaria terriblemente inteligente al estilo Rube Goldberg organizada alrededor del principio de que el fracaso es el mayor de los éxitos. Después de todo, en el sistema actual que tenemos, cada fracaso de la inteligencia trata de decirnos que es necesaria más seguridad, más secretismo, más vigilancia, más espías, más aviones no tripulados; y entonces, cuando de nuevo se fracase, conseguirán más dinero para nuevas expansiones.
Tenga en mente que la versión de la inteligencia del siglo XXI empezó en medio de un fracaso catastrófico: ignorando o sencillamente despistando en el laberinto gran parte de la información crucial sobre los secuestradores y los secuestros del 11-S. Ese fracaso produjo una de las más grandes expansiones, o explosiones, de la inteligencia en la historia. (Y con todo y eso, no se despidió, ni se degradó ni se penalizó en modo alguno a ninguna autoridad del mundo de la seguridad nacional, e incluso se concedieron diversos premios, o se promocionó, a un buen número de esos altos funcionarios.) Es decir, que pueden haber sido y pueden seguir siendo un fracaso total, pero en lo que se refiere a sus presupuestos, a su poder, a su alcance, a su secretismo, a sus carreras y a su permanencia en el poder, han tenido un éxito impresionante.
Desde luego, Vds. podrían decir que el mundo es sencillamente un lugar difícil de comprender y que el futuro, con sus eternas sorpresas, es un territorio que ningún país, ningún ejército, ningún conjunto de agencias de inteligencia puede ocupar, no importa cuánto invierta en ese objetivo. La incapacidad para predecir el futuro estado de las cosas puede, en cierta forma, ser algo normal. Pero si es así, por favor, recuérdenme: ¿por qué estamos exactamente apoyando 17 versiones de recogida de inteligencia a un precio de al menos 68.000 millones de dólares al año?
* Tom Engelhardt es uno de los fundadores del American Empire Proyect . Es autor de The United States of Fear y de una historia de la Guerra Fría: The End of Victory Culture .Acaba de publicar su último libro: Shadow Government: Surveillance, Secret Wars, and a Global Security State in a Single Superpower World (Haymarket Books).
viernes, 22 de agosto de 2014
La vuelta de Orwell y el Gran Hermano a la guerra en Palestina, Ucrania y contra la verdad
Por John Pilger *
La otra noche vi 1984, de George Orwell, representada en los escenarios de Londres. Pese a que pide a gritos una interpretación contemporánea, las advertencias de Orwell sobre el futuro se presentaron como una obra perteneciente a un periodo remoto e inofensivo. Parecía como si Edward Snowden nunca hubiera hecho públicas sus revelaciones, el Gran Hermano no fuera hoy un espía digital y el propio Orwell nunca hubiera dicho aquello de «para dejarse corromper por el totalitarismo no hace falta vivir en un país totalitario».
La producción, aclamada por la crítica, se me antojó una medida de nuestros tiempos culturales y políticos. Cuando se encendieron las luces, el público estaba ya en pie de camino hacia la puerta de salida. Todos parecían indiferentes o, quizás, absortos en otros asuntos. «Menudo rompecabezas», escuché que decía la chica de enfrente, mientras encendía su teléfono.
Cuando las sociedades avanzadas se despolitizan, los cambios se producen de forma tan sutil como espectacular. En el discurso del día a día, el lenguaje político está invertido, tal y como Orwell profetizó en 1984. «La democracia» es ahora un artefacto retórico. La paz es una «guerra perpetua». «Global» significa imperial. El concepto de «reforma», que una vez resultó esperanzador, hoy equivale a regresión e incluso destrucción. «Austeridad» es la imposición del capitalismo extremo a los pobres y la concesión del socialismo a los ricos: un sistema bajo el cual la mayoría está al servicio de las deudas de unos pocos.
En las artes, la hostilidad a la verdad política se ha convertido en un artículo de fe burguesa. Un titular del diario Observer prefigura «El periodo rojo de Picasso y por qué los políticos no hacen buen arte». Cabe mencionar que este titular se publicó en un periódico que saludaba el baño de sangre en Iraq a modo de cruzada liberal. La incesante oposición de Picasso al fascismo se contempla como una nota a pie de página, de igual forma que el radicalismo de Orwell ha desaparecido del premio que se apropió de su nombre.
Hace unos pocos años, Terry Eagleton, entonces profesor de literatura inglesa en la Universidad de Manchester, consideró que «por primera vez desde hace dos siglos no hay poeta, dramaturgo o novelista británico que esté preparado para cuestionar los fundamentos del estilo de vida occidental». Ya no se escriben discursos como los de Shelley a los pobres, sueños utópicos como los de Blake, condenas como las de Byron a la corrupción de la clase gobernante, ni hay un Tomas Carlyle o un John Ruskin que descubran los desastres morales del capitalismo. Ni William Morris, Oscar Wilde, HG Wells o George Bernard Shaw conocen equivalentes hoy. Harold Pinter fue el último en alzar su voz. Entre las insistentes voces del feminismo, ninguna hace eco a Virginia Woolf, quien describió extensamente «el arte de dominar a los demás... de gobernar, matar o adquirir tierras y capital».
En el Teatro Nacional, una obra nueva, Gran Bretaña, propone una sátira sobre el escándalo de las intervenciones telefónicas por el que varios periosdistas han sido juzgados y condenados, incluyendo a un antiguo editor del periódico News of the World de Rupert Murdoch. Descrita como «una comedia con colmillos afilados [que] pone a toda la incestuosa cultura [mediática] en el banquillo de los acusados y la somete a un ridículo despiadado», el punto de mira de la obra está puesto en los «agraciados y divertidos» personajes de los tabloides británicos. Todo ello está muy bien y resulta familiar. Pero, ¿cuál de los medios que no son tabloides y se consideran respetables y creíbles no sirve a la función paralela de brazo del estado y de los poderes corporativos, tal y como ocurre con la promoción de guerras ilegales?
Las indagaciones de Leveson en torno a las intervenciones telefónicas mostraron lo que era inmencionable. Tony Blair se encontraba declarando, protestando ante su señoría por el acoso del tabloide a su mujer, cuando una voz lo interrumpió desde la galería . David Lawley-Wakelin, un conocido director de cine, exigía el arresto de Blair y su enjuiciamiento por ser culpable de numerosos crímenes de guerra. Hubo un espacioso silencio: la conmoción que siempre produce la verdad. Lord Leveson dio un salto sobre sus pies, ordenó que se expulsara al divulgador de verdades y pidió disculpas al criminal de guerra. Lawley-Wakelin fue enjuiciado y Blair salió en libertad.
Los cómplices de Blair son su invariable respetabilidad. Cuando la presentadora de la BBC Kirsty Wark lo entrevistó en el décimo aniversario de su invasión a Iraq, le obsequió con un momento con el que jamás podía haber soñado: le permitió mostrarse agonizante por la «difícil» decisión en torno a Iraq, en vez de pedirle cuentas por el épico cimen. Me recordó al desfile de periodistas de la BBC, quienes en 2003 declararon que Blair podía sentirse «libre de culpa» y consiguientemente se emitió la serie «seminal» de la BBC, The Blair Years, para la que eligieron a David Aaronovitch como guionista, presentador y entrevistador. Aaronovitch, lacayo de Murdoch, elogió con pericia la campaña de ataques militares a Iraq, Libia y Siria.
Desde la invasión de Iraq –ejemplo de agresión no provocada que el fiscal de Nuremberg Robert Jackson denominó «el crimen internacional supremo, que se ha distinguido de otros crímenes de guerra únicamente por contener en sí mismo el mal acumulado de la totalidad» – a Blair y a su portavoz y principal cómplice, Alastair Campbell, les concedieron un espacio generoso en el periódico Guardian para restablecer su reputación. Descrito como la «estrella» del Partido Laborista, Campbell se ha granjeado la simpatía de los lectores por su depresión y ha expuesto sus intereses, aunque no su reciente nombramiento como consejero de Tony Blair, sobre la tiranía militar de Egipto.
Al tiempo que Iraq se desmembra a causa de la invasión Blair/Bush, un titular de Guardian reza: «Fue correcto derrocar a Saddam, pero nos hemos retirado demasiado pronto». Este coincidió con otro prominente artículo del 13 de junio, escrito por un antiguo funcionario de Blair, John McTernan, quien también sirvió al nuevo dictador de Iraq designado por la CIA Iyad Allawi. En su llamamiento a reiterar la invasión del país que su antiguo maestro ayudó a destruir, no hizo referencia alguna a las muertes de al menos 700.000 personas, la huida de cuatro millones de refugiados y una revuelta sectaria en un país que antes se jactaba de su tolerancia comunitaria.
«Blair personifica la corrupción y la guerra», escribió el columnista radical del Guardian Seumas Milne en un vehemente artículo del 3 de julio. Esto, en la profesión, se conoce como «equilibrio». Al día siguiente, el periódico publicó el anuncio de un bombardero furtivo estadounidense a página completa. Sobre la amenazante imagen del bombardero se leían las palabras: «F-35. El GRAN de Bretaña». Esta otra personificación de «la corrupción y la guerra» costará a los contribuyentes británicos 1.300 millones de libras, con el lastre adicional de que los predecesores de este modelo F han masacrado a miles de personas en el tercer mundo.
En un pueblecito de Afganistán, habitado por los más pobres de los pobres, grabé a Orifa, arrodillada frente a las tumbas de su marido, Gul Ahmed, un tejedor de alfombras, otros siete miembros de su familia, entre ellos seis niños, y dos niños que fueron asesinados en la casa vecina. Una bomba de «precisión» de 500 libras cayó directamente sobre su casita de barro, piedra y paja, dejando un cráter de 15 metros de ancho. Lockheed Martin, el fabricante del avión, obtuvo un puesto de honor en el anuncio del Guardian.
La anterior secretaria de estado y aspirante a presidente de los EEUU, Hilary Clinton, apareció hace poco en el programa Women´s Hour de la BBC. La presentadora, Jenni Murray, introdujo a Clinton como el paradigma del éxito femenino. No recordó a sus oyentes la obscenidad proferida por Clinton de que Afganistán fue invadida para «liberar» a mujeres como Orifa. No preguntó a Clinton sobre la campaña de terror de su administración en la que se emplearon aviones no tripulados para masacrar a mujeres, hombres y niños. No se mencionó la amenaza de Clinton de «eliminar» a Irán en su campaña por ser la primera mujer presidente, ni tampoco su apoyo a la vigilancia masiva ilegal o a la búsqueda de delatores.
Sí le hizo, sin embargo, una pregunta comprometedora. ¿Había perdonado Clinton a Monica Lewinski por la aventura con su marido? «El perdón es una elección», dijo Clinton, «para mí fue, absolutamente, la elección adecuada». Esto me recordó a los años 90 y la perpetua obsesión por el «escándalo» Lewinsky. El presindente Bill Clinton se encontraba entonces invadiendo Haití y bombardeando los Balcanes, África e Iraq. También se dedicaba a destruir vidas de niños iraquís; Unicef informó de la muerte de medio millón de menores de cinco años, como resultado del embargo impuesto por EEUU y Gran Bretaña.
Los niños eran los nadies mediáticos, de la misma manera que las víctimas de las invasiones que apoyó y promovió Hilary Clinton –Afganistán, Iraq, Yemen, Somalia– son nadies mediáticos. Murray no los mencionó. La página web de la BBC muestra una fotografía de ella junto a su distinguida invitada, en la que ambas aparecen radiantes.
En política, como en periodismo y en arte, parece que la discrepancia que antes el «público» toleraba se ha revertido y convertido en disidencia: una clandestinidad metafórica. Cuando comencé mi carrera en Fleet Street de la Gran Bretaña de los años 60, la crítica del poder occidental como fuerza rapaz era aceptable. Se podían leer los celebrados informes de James Cameron sobre la explosión de la bomba de hidrógeno en Bikini Atoll, la atroz guerra de Korea y los bombardeos estadounidenses de Vietnam del Norte. El gran espejismo de hoy es el de pertenecer a una era de la información cuando, en realidad, vivimos en una era mediática en la que la incesante propaganda corporativa resulta insidiosa, contagiosa, eficaz y liberal.
En su ensayo de 1859 Sobre la Libertad, al cual los liberales modernos rinden homenaje, John Stuart Mill escribió: «El despotismo es una forma legítima de gobierno cuando se lidia con bárbaros, siempre que su fin sea una mejora de las condiciones y los medios se justifiquen haciendo efectivo tal fin». «Bárbaros» eran amplios sectores de la humanidad de quienes se requería una «obediencia implícita». «Es un mito afable y conveniente que los liberales se consideren pacificadores y los conservadores belicistas», escribió el historiador Hywel Williams en el 2001, «pero el imperialismo de la mecánica liberal puede resultar más peligroso dada su naturaleza no concluyente, su convicción de que representa una forma de vida superior». Él tenía en mente un discurso de Blair en el que el entonces primer ministro prometió «reordenar el mundo que nos rodea» según sus propios «valores morales».
Richard Falk, respetada autoridad en derecho internacional y Relator Especial de la ONU en Palestina, lo describió una vez como una «pantalla moral/legal unidireccional y santurrona [con] imágenes positivas de los valores e inocencia occidentales presentados como gravemente amenazados, justificando así una campaña de violencia política sin restricción». Está «tan ampliamente asumida que se ha vuelto virtualmente inamovible».
La tenacidad y el clientelismo premian a los guardianes. En la Radio 4 de la BBC, Razia Iqbal entrevistó a Toni Morrison, la premio Nobel Afro-Americana. Morrison se preguntaba por qué tantas personas estaban tan «enfadadas» con Barack Obama, pues era «guay» y deseaba construir «una economía y un sistema sanitario sólidos». Morrison se enorgullecía de haber hablado por teléfono con su héroe, el cual había leído uno de sus libros, y la había invitado a su inaguración.
Ni ella ni su entrevistador mencionaron las siete guerras perpetradas por Obama, incluyendo su campaña de terror con aviones no tripulados, por la cual familias enteras, sus rescatadores y deudos fueron asesinados. Lo que parecía importar de verdad era que un hombre de color con un «discurso muy refinado» había conseguido alcanzar las imponentes alturas del poder. En Los condenados de la Tierra, Frantz Fanon escribió que la «misión histórica» de los colonizados era servir como «línea de transmisión» de los que gobernaban y oprimían. En la era moderna, el uso de la diferencia étnica en los sistemas de poder y propaganda occidentales se contempla como un elemento esencial. Obama parece ser la encarnación de este elemento, aunque el gabinete de George W. Bush –su camarilla belicista– fue el más multiracial en la historia de la presidencia.
Cuando la ciudad iraquí de Mosul cayó bajo el mando de los yihadistas de ISIS, Obama dijo que «el pueblo americano ha hecho grandes inversiones y sacrificios para conceder a los iraquís la oportunidad de trazar un destino mejor». ¿No es «guay» esa mentira? Qué discurso tan «refinado» dio Obama en la academia militar de West Point del 28 de mayo. En su exposición del «estado del mundo» en la ceremonia de graduación de los que «asumirán el liderazgo de América» a lo largo y ancho del mundo, Obama dijo que «los Estados Unidos emplearán la fuerza militar, de forma unilateral si es necesario, cuando nuestros principales intereses así lo exijan. La opinión internacional nos importa, pero América nunca pedirá permiso...»
Repudiando el derecho internacional y los derechos de las naciones independientes, el presidente de los Estados Unidos reivindica una divinidad basada en el poder de su «indispensable nación». Es el consabido mensaje de la impunidad imperial, que pese a todo resulta siempre animoso. Evocando el resurgimiento del fascismo en 1930, Obama dijo: «Creo en la excepcionalidad americana con cada fibra de mi ser». El historiador Norman Pollack escribió: «Para los militaristas, substitúyase la aparentemente más inocua militarización de la cultura total. Para el grandilocuente líder, tendremos al reformista frustrado, trabajando despreocupadamente, planeando y llevando a cabo asesinatos y sonriendo todo el tiempo».
En febrero, los EEUU organizaron uno de sus golpes de estado «coloristas» contra el gobierno legítimo de Ucrania, explotando las protestas genuinas contra la corrupción en Kiev. La secretaria de estado de Obama Victoria Nuland escogió personalmente al líder del «gobierno interino». Lo apodó «Yats». El vicepresidente Joe Biden viajó a Kiev, igual que hizo el director de la CIA John Brennan. Las tropas de choque de su golpe de estado fueron fascistas ucranianos.
Por primera vez desde 1945, un partido neo-nazi, abiertamente antisemita, controla las áreas clave de poder en una capital europea. Ningún líder de la europa occidental ha condenado este resurgimiento del fascismo en la tierra fronteriza a través de la cual las tropas de invasión hitlerianas asesinaron a millones de rusos. Obtuvieron el apoyo del Ejército Insurgente Ucraniano (UPA), responsable de la masacre de judíos y rusos, que ellos llamaban «alimañas». El UPA es la inspiración histórica del actual partido Svoboda y su aliado el Pravy Sektor. El líder de Svoboda Oleh Tyahnybok ha hecho un llamamiento para purgar Ucrania de la «mafia moscovita-judía» y demás «escoria», como gays, feministas y grupos de izquierdas.
Desde el colapso de la Unión Soviética, los Estados Unidos han sitiado a Rusia con bases militares, aviones de guerra nucleares y misiles, como parte de su Proyecto de Ampliación de la OTAN. Imcumpliendo la promesa hecha al presidente soviético Mikhail Gorbachev en 1990 de que no se extendería «un solo centímetro hacia el este», la OTAN, de hecho, ha ocupado la europa oriental. En el antiguo Cáucaso soviético, la expansión de la OTAN representa la mayor construcción militar desde la Segunda Guerra Mundial.
El Plan de Acción de Membresía de la Otan es la concesión de Washington al régimen golpista de Kiev. En Agosto, la «Operación Tridente Rápido» situará a las tropas estadounidenses y británicas en la frontera Rusia-Ucrania y el ejercicio militar «Sea Breze» enviará buques de guerra estadounidenses a vista de los puertos rusos. Uno puede imaginarse la reacción si estos actos de provocación o intimidación se llevaran a cabo en las fronteras estadounidenses.
Al reclamar Crimea –que Nikita Kruschev separó ilegalmente de Rusia en 1954– los rusos no hacen más que defenderse, como han estado haciendo desde hace casi un siglo. Más del 90 por ciento de la población de Crimea votó a favor de devolver el territorio a Rusia. Crimea es el hogar de la Flota del Mar Negro y su pérdida podría significar el final para la Marina Rusa y un premio para la OTAN. Habiendo confundido las partes de guerra en Washington y Kiev, Vladimir Putin retiró las tropas de la frontera Ucraniana y urgió a las etnias rusas del este de Ucrania a abandonar las ideas de separatismo.
De una forma muy orwelliana, a todo esto se le ha dado la vuelta en occidente convirtiéndolo en «amenaza rusa». Hillary Clinton comparó a Putin con Hitler. Sin ninguna ironía, los comentaristas políticos de la derecha alemana profirieron las mismas palabras. En los medios, se limpia la imagen de los neo-nazis ucranianos llamándolos «nacionalistas» o «ultra nacionalistas». Lo que temen es que Putin esté buscando una solución diplomática y que pueda encontrarla. El 27 de junio, en respuesta al último acuerdo de Putin –su petición al Parlamento Ruso de rescindir la legislación que le otorgaba el poder de intervenir en nombre de la etnia rusa de Ucrania–, el Secretario de Estado John Kerry lanzó otro de sus ultimatums. Rusia debe «actuar en las próximas horas, literalmente» para acabar con la revuelta en Ucrania del este. A pesar de que a Kerry se lo conoce como un bufón, el grave objetivo de tales «advertencias» era propiciar que Rusia obtuviera el estatus de paria y reprimir las noticias de la guerra del régimen de Kiev contra su propio pueblo.
Un tercio de la población de Ucrania es de habla rusa y bilingüe. Hace tiempo que el pueblo persigue una federación democrática que refleje la diversidad étnica de Ucrania y sea tanto autónoma como independiente de Moscú. La mayoría no es «separatista» ni «rebelde», sino ciudadanos que desean vivir seguros en su patria. El separatismo no es más que una reacción a los ataques que sufren por parte de la junta de Kiev, que ha enviado al exilio en Rusia a unos 110.000 (según datos de la ONU). En general, se trata de mujeres y niños traumatizados.
Como los niños del embargo a Iraq y las mujeres y niñas «liberadas» de Afganistán, este pueblo étnico de Ucrania, aterrorizado por los caudillos de la CIA, son los nadies mediáticos de occidente; su sufrimiento y las atrocidades que han sufrido han sido minimizadas hasta casi desaparecer. Tampoco se ha informado en los medios de comunicación oficiales de occidente de la escala de los ataques del régimen. Esto no carece de precedentes. Volví a leer la magistral The First Casualty: the war correspondent as hero, propagandist and mythmaker, de Phillip Knightle, con admiración renovada por Morgan Philips Price del Manchester Guardian, el único reportero occidental que permaneció en Rusia durante la revolución de 1917 e informó de la desastrosa invasión de los aliados occidentales. Justo y valeroso, Philips Price agitó él solo lo que Knightley denomina el «oscuro silencio» anti-ruso de occidente.
El 2 de mayo, en Odessa, 41 personas de etnia rusa fueron quemadas vivas en la sede de un sindicato ante la mirada impasible de la policía. Existe un video terrible que lo prueba. El líder de Pravy Sektor Dmytro Yarosh saludó la masacre como «otro día brillante de nuestra historia nacional». En los medios de comunicación británicos y estadounidenses se transmitió la noticia como una «tragedia turbia» resultante de los «enfrentamientos» entre «nacionalistas» (neo-nazis) y «separatistas» (el pueblo que recogía firmas para convocar un referendum por una Ucrania federal). El New York Times la entrerró, desechando como propaganda rusa sus advertencias sobre las políticas fascistas y antisemitas de los nuevos clientes de Washington. El Wall Street Journal condenó a las víctimas – «Fuego Mortal Ucraniano Probablemente Detonado por los Rebeldes, Según el Gobierno». Obama felicitó a la junta por su «refrenamiento».
El 28 de junio, el Guardian dedicó casi una página entera a las declaraciones del «presidente» del régimen de Kiev, el oligarca Petro Poroshenko. De nuevo se aplicó la ley de inversión de Orwell. No hubo golpe de estado; no hubo guerra contra la minoría de Ucrania; los rusos tenían la culpa de todo. «Quiero modernizar mi país», dijo Poroshenko. «Queremos introducir la paz, la democracia y los valores Europeos. Hay personas a quienes no les gusta. Hay personas a quienes no gustamos».
El reportero del Guardian Luke Harding obviamente no puso en duda tales aseveraciones, ni mencionó la atrocidad cometida en Odesa, los ataques aéreos y de artillería del régimen en las áreas residenciales, el rapto y asesinato de periodistas, el bombardeo de la redacción de un periódico de la oposición y su amenaza de «liberar Ucrania de escoria y parásitos». El enemigo son «rebeldes», «militantes», «insurgentes», «terroristas» y secuaces del Kremlin. Si congregamos a los fantasmas de la historia de Vietnam, Chile, Timor del Este, Africa Austral o Iraq, podremos identificar las mismas etiquetas. Palestina es el imán de este inamovible engaño. El 11 de julio, tras la última matanza en Gaza –80 personas, entre ellas seis niños de la misma familia– perpetrada por el ejército de Israel equipado con armamento estadounidense, un general israelí escribió un artículo en el Guardian bajo el titular «Una muestra de fuerza necesaria».
En los años 70, conocí a Leni Riefenstahl, a quien pregunté sobre las películas que había rodado para glorificar a los nazis. Utilizando una cámara y unas técnicas de iluminación revolucionarias, produjo un documental en un formato que fascinó a los alemanes: era el Triunfo de la Voluntad, donde al parecer vehiculaba las maldiciones de Hitler. Le pregunté sobre la propaganda en sociedades que se imaginaban superiores al resto. Ella respondió que los «mensajes» de sus películas no estaban subordinados a las «órdenes de arriba» sino al «vacío sumiso» de la población alemana. «¿Incluye eso a la burguesía liberal e instruída?» Le pregunté. «A todo el mundo», contestó, «y, por descontado, a la intelligentsia».
* John Pilger, nacido en 1939 en Australia, es uno de los más prestigiosos documentalistas y corresponsales de guerra del mundo anglosajón. Particularmente renombrados son sus trabajos sobre Vietnam, Birmania y Timor, además de los realizados sobre Camboya, como Year Zero: The Silent Death of Cambodia y Cambodia: The Betrayal.
Traducción para www.sinpermiso.info: Vicente Abella
viernes, 15 de agosto de 2014
Ya poca Palestina queda. Paso a paso, Israel la está borrando del mapa
Por Eduardo Galeano
Para justificarse, el terrorismo de Estado fabrica terroristas: siembra odio y cosecha coartadas. Todo indica que esta carnicería de Gaza, que según sus autores quiere acabar con los terroristas, logrará multiplicarlos. Desde 1948, los palestinos viven condenados a humillación perpetua. No pueden ni respirar sin permiso. Han perdido su patria, sus tierras, su agua, su libertad, su todo. Ni siquiera tienen derecho a elegir sus gobernantes. Cuando votan a quien no deben votar, son castigados. Gaza está siendo castigada. Se convirtió en una ratonera sin salida, desde que Hamas ganó limpiamente las elecciones en el año 2006. Algo parecido había ocurrido en 1932, cuando el Partido Comunista triunfó en las elecciones de El Salvador.
Bañados en sangre, los salvadoreños expiaron su mala conducta y desde entonces vivieron sometidos a dictaduras militares. La democracia es un lujo que no todos merecen. Son hijos de la impotencia los cohetes caseros que los militantes de Hamas, acorralados en Gaza, disparan con chambona puntería sobre las tierras que habían sido palestinas y que la ocupación israelí usurpó. Y la desesperación, a la orilla de la locura suicida, es la madre de las bravatas que niegan el derecho a la existencia de Israel, gritos sin ninguna eficacia, mientras la muy eficaz guerra de exterminio está negando, desde hace años, el derecho a la existencia de Palestina. Ya poca Palestina queda. Paso a paso, Israel la está borrando del mapa.
Los colonos invaden, y tras ellos los soldados van corrigiendo la frontera. Las balas sacralizan el despojo, en legítima defensa. No hay guerra agresiva que no diga ser guerra defensiva. Hitler invadió Polonia para evitar que Polonia invadiera Alemania. Bush invadió Irak para evitar que Irak invadiera el mundo. En cada una de sus guerras defensivas, Israel se ha tragado otro pedazo de Palestina, y los almuerzos siguen. La devoración se justifica por los títulos de propiedad que la Biblia otorgó, por los dos mil años de persecución que el pueblo judío sufrió, y por el pánico que generan los palestinos al acecho. Israel es el país que jamás cumple las recomendaciones ni las resoluciones de las Naciones Unidas, el que nunca acata las sentencias de los tribunales internacionales, el que se burla de las leyes internacionales, y es también el único país que ha legalizado la tortura de prisioneros.
¿Quién le regaló el derecho de negar todos los derechos ? ¿De dónde viene la impunidad con que Israel está ejecutando la matanza de Gaza ? El gobierno español no hubiera podido bombardear impunemente al País Vasco para acabar con ETA, ni el gobierno británico hubiera podido arrasar Irlanda para liquidar a IRA. ¿Acaso la tragedia del Holocausto implica una póliza de eterna impunidad ? ¿O esa luz verde proviene de la potencia mandamás que tiene en Israel al más incondicional de sus vasallos ? El ejército israelí, el más moderno y sofisticado del mundo, sabe a quién mata. No mata por error. Mata por horror. Las víctimas civiles se llaman daños colaterales, según el diccionario de otras guerras imperiales.
En Gaza, de cada diez daños colaterales, tres son niños. Y suman miles los mutilados, víctimas de la tecnología del descuartizamiento humano, que la industria militar está ensayando exitosamente en esta operación de limpieza étnica. Y como siempre, siempre lo mismo: en Gaza, cien a uno. Por cada cien palestinos muertos, un israelí. Gente peligrosa, advierte el otro bombardeo, a cargo de los medios masivos de manipulación, que nos invitan a creer que una vida israelí vale tanto como cien vidas palestinas. Y esos medios también nos invitan a creer que son humanitarias las doscientas bombas atómicas de Israel, y que una potencia nuclear llamada Irán fue la que aniquiló Hiroshima y Nagasaki.
La llamada comunidad internacional, ¿existe ? ¿Es algo más que un club de mercaderes, banqueros y guerreros ? ¿Es algo más que el nombre artístico que los Estados Unidos se ponen cuando hacen teatro? Ante la tragedia de Gaza, la hipocresía mundial se luce una vez más. Como siempre, la indiferencia, los discursos vacíos, las declaraciones huecas, las declamaciones altisonantes, las posturas ambiguas, rinden tributo a la sagrada impunidad. Ante la tragedia de Gaza, los países árabes se lavan las manos. Como siempre. Y como siempre, los países europeos se frotan las manos.
La vieja Europa, tan capaz de belleza y de perversidad, derrama alguna que otra lágrima mientras secretamente celebra esta jugada maestra. Porque la cacería de judíos fue siempre una costumbre europea, pero desde hace medio siglo esa deuda histórica está siendo cobrada a los palestinos, que también son semitas y que nunca fueron, ni son, antisemitas. Ellos están pagando, en sangre contante y sonante, una cuenta ajena.
(Este artículo está dedicado a mis amigos judíos asesinados por las dictaduras latinoamericanas que Israel asesoró).
miércoles, 13 de agosto de 2014
Holocausto palestino en Gaza
Cuba Debate
Por Fidel Castro Ruz
De nuevo ruego a Granma no emplear espacio de primera plana para estas líneas, relativamente breves, sobre el genocidio que se está cometiendo con los palestinos.
Las escribo con rapidez solo para dejar constancia de lo que se requiere meditar profundamente.
Pienso que una nueva y repugnante forma de fascismo está surgiendo con notable fuerza en este momento de la historia humana, en el que más de siete mil millones de habitantes se esfuerzan por la propia supervivencia.
Ninguna de estas circunstancias tiene que ver con la creación del imperio romano hace alrededor de 2400 años o con el imperio norteamericano que en esta región del mundo, hace apenas 200 años, fue descrito por Simón Bolívar cuando exclamó que: “… Estados Unidos parecen destinados por la Providencia a plagar la América de miserias en nombre de la Libertad”.
Inglaterra fue la primera real potencia colonial que utilizó sus dominios sobre gran parte de África, Medio Oriente, Asia, Australia, Norteamérica, y muchas de las islas antillanas, en la primera mitad del siglo XX.
No hablaré en esta ocasión de las guerras y los crímenes cometidos por el imperio de Estados Unidos a lo largo de más de cien años, sino solo dejar constancia que quiso hacer con Cuba, lo que ha hecho con otros muchos países en el mundo y solo sirvió para probar que “una idea justa desde el fondo de una cueva puede más que un ejército”.
La historia es mucho más complicada que todo lo dicho, pero es así, a grandes rasgos, como la conocieron los habitantes de Palestina y es lógico igualmente que en los medios modernos de comunicación se reflejen las noticias que diariamente llegan, así ha ocurrido con la bochornosa y criminal guerra de la Franja de Gaza, un pedazo de tierra donde vive la población de lo que ha quedado de Palestina independiente, hasta hace apenas medio siglo.
La agencia francesa AFP informó el 2 de agosto: “La guerra entre el movimiento islamista palestino Hamas e Israel ha causado la muerte de cerca de 1.800 palestinos […] la destrucción de miles de viviendas y la ruina de una economía ya de por sí debilitada”, aunque no señale, desde luego, quien inicio la terrible guerra.
Después añade: “… el sábado a mediodía la ofensiva israelí había matado a 1.712 palestinos y herido a 8.900. Naciones Unidas pudo verificar la identidad de 1.117 muertos, en su mayoría civiles […] UNICEF contabilizó al menos 296 menores muertos”.
“Naciones Unidas estimó […] (unas 58.900 personas) sin casa en la Franja de Gaza”.
“Diez de los 32 hospitales cerraron y otros once resultaron afectados”.
“Este enclave palestino de 362 Km² no dispone tampoco de las infraestructuras necesarias para los 1,8 millones de habitantes, sobre todo en términos de distribución de electricidad y de agua.
“Según el FMI, la tasa de desempleo sobrepasa el 40% en la Franja de Gaza, territorio sometido desde 2006 a un bloqueo israelí. En 2000, el desempleo afectaba al 20% y a un 30% en 2011. Más del 70% de la población depende de la ayuda humanitaria en tiempos normales, según Gisha”.
El gobierno de Israel declara una tregua humanitaria en Gaza a las 07:00 GMT de este lunes, sin embargo, a las pocas horas rompió la tregua al atacar una casa en la que 30 personas en su mayoría, mujeres y niños, fueron heridos y entre ellos una niña de ocho años que murió.
En la madrugada de ese mismo día, 10 palestinos murieron como consecuencia de los ataques israelitas en toda la Franja y ya ascendió a casi 2000 el número de palestinos asesinados.
A tal punto llegó la matanza, que “el ministro de Asuntos Exteriores de Francia, Laurent Fabius, ha anunciado este lunes que el derecho de Israel a la seguridad no justifica la ‘masacre de civiles’ que está perpetrando”.
El genocidio de los nazis contra los judíos cosechó el odio de todos los pueblos de la tierra. ¿Por qué cree el gobierno de ese país que el mundo será insensible a este macabro genocidio que hoy se está cometiendo contra el pueblo palestino? ¿Acaso se espera que ignore cuánto hay de complicidad por parte del imperio norteamericano en esta desvergonzada masacre?
La especie humana vive una etapa sin precedente en la historia. Un choque de aviones militares o naves de guerras que se vigilan estrechamente u otros hechos similares, pueden desatar una contienda con el empleo de las sofisticadas armas modernas que se convertiría en la última aventura del conocido Homo sapiens.
Hay hechos que reflejan la incapacidad casi total de Estados Unidos para enfrentar los problemas actuales del mundo. Puede afirmarse que no hay gobierno en ese país, ni el Senado, ni el Congreso, la CIA o el Pentágono quienes determinarán el desenlace final. Es triste realmente que ello ocurra cuando los peligros son mayores, pero también las posibilidades de seguir adelante.
Cuando la Gran Guerra Patria los ciudadanos rusos defendieron su país como espartanos; subestimarlos fue el peor error de los Estados Unidos y Europa. Sus aliados más cercanos, los chinos, que como los rusos obtuvieron su victoria a partir de los mismos principios, constituyen hoy la fuerza económica más dinámica de la tierra. Los países quieren yuanes y no dólares para adquirir bienes y tecnologías e incrementar su comercio.
Nuevas e imprescindibles fuerzas han surgido. Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, cuyos vínculos con América Latina, la mayoría de los países del Caribe y África, que luchan por el desarrollo, constituyen la fuerza que en nuestra época están dispuestos a colaborar con el resto de los países del mundo sin excluir a Estados Unidos, Europa, Japón.
Culpar a la Federación Rusa de la destrucción en pleno vuelo del avión de Malasia es de un simplismo anonadante. Ni Vladímir Putin, ni Serguéi Lavrov, ministro de Relaciones Exteriores de Rusia, ni los demás dirigentes de ese Gobierno harían jamás semejante disparate.
Veintiséis millones de rusos murieron en la defensa de la Patria contra el nazismo. Los combatientes chinos, hombres y mujeres, hijos de un pueblo de milenaria cultura, son personas de inteligencia privilegiada y espíritu de lucha invencible, y Xi Jinping es uno de los líderes revolucionarios más firme y capaz que he conocido en mi vida.
Etiquetas:
Fidel Castro,
Gaza,
Israel,
Palestina
Pesadilla en Gaza
Por Noam Chomsky *
Entre todos los horrores desplegados en la más reciente ofensiva israelí en Gaza, el objetivo de Tel Aviv es simple: volver, a la chita callando, a la norma.
En Cisjordania, la norma es que Israel continúe su construcción ilegal de colonias e infraestructura para poder integrar a su territorio cualquier cosa que pueda ser de valor, mientras confina a los palestinos en cantones inviables y los sujeta a represión y violencia.
En Gaza, la norma es una existencia miserable bajo un sitio cruel y destructivo, que Israel administra para permitir apenas la subsistencia, pero nada más.
La más reciente escalada israelí fue disparada por el brutal asesinato de tres muchachos de una comunidad de colonos en Cisjordania ocupada. Un mes antes, dos chicos palestinos fueron muertos a tiros en la ciudad de Ramalá, en esa misma zona. Ese hecho despertó poca atención, lo cual es entendible, puesto que es rutina.
“El desdén institucionalizado por la vida de los palestinos en Cisjordania explica no sólo por qué recurren a la violencia –escribe Mouin Rabbani, analista de Medio Oriente–, sino también el más reciente ataque israelí a la franja de Gaza.”
En una entrevista, el defensor de derechos humanos Raji Sourani, que ha permanecido en Gaza durante los años de brutalidad y terror israelí, señaló: “La frase que con más frecuencia escuchaba cuando la gente empezaba a hablar de un cese el fuego era: ‘todos dicen que es mejor para nosotros morir y no regresar a la situación que teníamos antes de esta guerra. No queremos eso de nuevo. No tenemos dignidad ni orgullo; sólo somos blancos fáciles, y muy baratos. Si la situación no mejora en verdad, es mejor morir’. Hablo de intelectuales, académicos, personas comunes y corrientes. Todos lo dicen”.
En enero de 2006, los palestinos cometieron un crimen grave: votaron por quien no debían en una elección libre cuidadosamente vigilada, y entregaron el control del parlamento a Hamas.
Los medios proclaman constantemente que Hamas está dedicado a la destrucción de Israel. En realidad, los líderes de Hamas han dejado en claro en repetidas ocasiones que aceptarían una solución de dos estados, de conformidad con el consenso internacional que ha sido bloqueado por Estados Unidos e Israel durante 40 años.
En contraste, Israel, fuera de unas cuantas palabras vanas, está dedicado a la destrucción de Palestina, y se aplica en ese cometido.
El crimen de los palestinos en enero de 2006 fue castigado de inmediato. Estados Unidos e Israel, con la vergonzosa adhesión de Europa, impusieron severas sanciones a la población errante e Israel incrementó su violencia.
Rápidamente, Estados Unidos e Israel empezaron planes para un golpe militar que derrocara al gobierno electo. Cuando Hamas tuvo el descaro de revelar los planes, los ataques israelíes y el sitio se volvieron mucho más severos.
No debería haber necesidad de revisar el deplorable historial de lo ocurrido desde entonces. El sitio implacable y los salvajes ataques son acentuados por episodios de cortar el césped, para tomar prestada la alegre expresión con que designa Israel sus periódicos ejercicios de tirotear a los peces en el estanque como parte de lo que llama guerra de defensa.
Una vez que cortan el césped y los desesperados pobladores buscan reconstruir algo después de la devastación y los asesinatos, se acuerda un cese del fuego. El más reciente se estableció después del asalto israelí de octubre de 2012, llamada operación Pilar de Defensa.
Aunque Israel mantuvo el sitio, Hamas observó la tregua, como concede Tel Aviv. Las cosas cambiaron en abril de este año, cuando Fatah y Hamas forjaron un acuerdo de unidad que instauró un nuevo gobierno de tecnócratas, sin afiliación a ninguno de los dos partidos. Naturalmente, Israel estaba furioso, y más aún cuando hasta el gobierno de Obama se unió a Occidente en indicar aprobación. El acuerdo de unidad no sólo socava la aseveración de Israel de que no puede negociar con una Palestina dividida, sino también amenaza el objetivo de largo plazo de separar Gaza de Cisjordania y proseguir sus políticas destructivas en ambas regiones.
Algo tenía que hacerse, y la ocasión se presentó el 12 de junio, cuando los tres jóvenes israelíes fueron asesinados en Cisjordania. En un principio el gobierno de Netanyahu sabía que estaban muertos, pero fingió que lo ignoraba, lo cual dio la oportunidad de lanzar una incursión en Cisjordania, con Hamas por objetivo.
El primer ministro Benjamin Netanyahu afirmó tener cierto conocimiento de que Hamas era el culpable. También resultó mentira.
Una de las principales autoridades sobre Hamas, Shlomi Eldar, informó casi de inmediato que muy probablemente los asesinos procedían de un clan disidente de Hebrón que desde hace mucho tiempo ha sido una espina en el costado de Hamas. Eldar añadió: Estoy seguro de que no recibieron luz verde de la dirigencia de Hamas; sólo les pareció que era momento de actuar.
Sin embargo, la escalada de 18 días después del secuestro logró minar el temido gobierno de unidad, e incrementó drásticamente la represión israelí. Israel también llevó a cabo docenas de ataques en Gaza, y el 7 de julio dio muerte a cinco miembros de Hamas.
Al final Hamas reaccionó disparando sus primeros cohetes en 19 meses, lo cual dio pretexto a Israel para lanzar su operación Borde Protector el 8 de julio.
Al 31 de julio se había dado muerte a unos mil 400 palestinos, en su mayoría civiles, entre ellos cientos de mujeres y niños. Y a tres civiles israelíes. Grandes áreas de Gaza habían quedado reducidas a escombros. Cuatro hospitales habían sido atacados; cada ataque fue un crimen de guerra más.
Funcionarios israelíes exaltan la humanidad del que llaman el ejército más ético del mundo, que informa a los habitantes de que sus hogares serán bombardeados, práctica que es sadismo disfrazado santurronamente de piedad, en palabras de la periodista israelí Amira Hass: Un mensaje grabado demanda a cientos de miles de personas que dejen sus hogares ya elegidos como blancos, por otro lugar igualmente peligroso ubicado a 10 kilómetros de distancia.
De hecho, no hay lugar en la prisión de Gaza que esté a buen resguardo del sadismo israelí, que puede incluso exceder los terribles crímenes de la operación Plomo Fundido de 2008-09. Las terribles revelaciones suscitaron la reacción acostumbrada del presidente más moral del mundo, Barack Obama: gran simpatía por los israelíes, acerba condena de Hamas y llamados a la moderación a ambas partes.
Cuando los ataques actuales se detengan, Israel espera quedar libre para continuar sin interferencia sus políticas criminales en los territorios ocupados, con el apoyo estadunidense que ha disfrutado en el pasado. Y los pobladores de Gaza quedarán en libertad de regresar a la norma en su prisión gobernada por Israel, en tanto en Cisjordania los palestinos podrán observar en paz cómo Israel desmantela lo que quede de sus posesiones.
Tal es el desenlace probable si Estados Unidos mantiene su apoyo decisivo y virtualmente unilateral a los crímenes israelíes y su rechazo al consenso internacional que desde hace tanto tiempo existe en torno a un acuerdo diplomático.
Pero el futuro sería muy distinto si Washington retirara ese apoyo. En ese caso sería posible avanzar hacia la solución duradera en Gaza a la que ha convocado el secretario de Estado John Kerry, la cual ha suscitado condena histérica en Israel porque la frase podría interpretarse como un llamado a poner fin al sitio y a los ataques constantes israelíes. Y –horror de horrores– la frase podría incluso interpretarse como un exhorto a aplicar el derecho internacional en el resto de los territorios ocupados.
Hace 40 años Israel tomó la fatídica decisión de elegir la expansión sobre la seguridad, rechazando un tratado total de paz ofrecido por Egipto a cambio de la evacuación del Sinaí egipcio ocupado, donde Israel emprendía proyectos intensivos de colonización y desarrollo. Desde entonces Tel Aviv se ha adherido a esa política.
Si Estados Unidos decidiera unirse al mundo, el impacto sería grande. Una y otra vez Israel ha abandonado planes anhelados si Washington se lo demanda. Así son las relaciones de poder entre los dos gobiernos.
¿Podría cambiar la política estadunidense? No es imposible. La opinión pública ha tenido un giro considerable en años recientes, en particular entre los jóvenes, y no puede ignorarse por completo.
Durante algunos años ha habido buen fundamento para las demandas públicas de que Washington observe sus propias leyes y reduzca la ayuda militar a Israel. La ley estadunidense estipula queno se puede brindar asistencia en seguridad a ningún país cuyo gobierno siga una pauta consistente de graves violaciones de los derechos humanos reconocidos internacionalmente.
Israel, sin duda, es culpable de esa pauta consistente, y lo ha sido por muchos años. El senador Patrick Leahy, de Vermont, autor de esa disposición legal, ha mencionado su aplicabilidad potencial a Israel en casos específicos, y con un bien dirigido esfuerzo educativo, de organización y de activismo, es posible impulsar con éxito tales iniciativas.
Eso podría tener un impacto muy significativo por sí mismo, y a la vez daría una plataforma para acciones ulteriores con el fin de obligar a Washington a volverse parte de la comunidad internacional y observar las normas del derecho internacional.
Nada podría ser más significativo para las trágicas víctimas de tantos años de violencia y represión en Palestina.
* Noam Chomsky es profesor emérito de lingüística y filosofía en el Instituto Tecnológico de Massachusetts en Cambridge, Mass, EU.
Distributed by The New York Times Syndicate
Traducción: Jorge Anaya
viernes, 8 de agosto de 2014
La “neutralidad informativa” y Palestina
Rebelión
Por Manuel Alejandro Ramírez Solorio *
A las grandes corporaciones mediáticas les fascina discursar sobre democracia y libre expresión. Los analistas políticos y los lectores de noticias frente a la cámara gustan de proferir extensas elocuciones sobre los valores del periodismo, la ética al informar y la defensa intransigente de la objetividad.
Son adictos a promulgar por doquier la “libertad” de la que gozan y desean que otros menos afortunados, bajo dictaduras de gobiernos populistas y plutocracias religiosas despóticas, dicen, aprisionan el espíritu de la comunicación, gocen de la misma “libertad”.
Cobijados en esos “inviolables” valores, dan a conocer informaciones y formulan comentarios editoriales para su amplio auditorio. En consenso, los medios de comunicación masiva arman la agenda informativa, discriminan lo importante de lo trivial, etiquetan a los actores de la notas de forma maniquea y señalan el rumbo de la opinión pública.
En ese tenor se ha venido tratando la información referente a los ataques criminales del ejército de Israel contra la franja de Gaza. Aplicando el valor de la “neutralidad informativa”, para no caer en el pecado de la “información tendenciosa”, se evita “ponerse del lado de un bando” y con ello se clasifica la matanza de civiles palestinos como “guerra”. De igual forma reducen el conflicto a un altercado religioso entre “dos naciones”.
Sutilmente colocan a Israel como país atacado por los hostiles y fanáticos árabes. Calificando de terroristas al grupo insurgente Hamas, se le niega todo derecho de réplica. Porqué después de los fatídicos incidentes de 2011 al “terrorista” no se le concede ni la más mínima garantía, esa es la profesión de fe de las democracias liberales y por ende de sus corporaciones mediáticas.
Pero detrás de la neutralidad informativa y las cuidadosas reflexiones de los eruditos analistas internacionales, se encuentra la realidad que contrasta con el discurso estructurado de losmass media.
En la realidad, se encuentra un pueblo despojado de sus tierras por la implantación de un estado confesional xenófobo que les excluye por ser árabes. El desplazamiento de 750 000 palestinos huyendo a Cisjordania por las masacres orquestadas en los territorios ocupados en 1948. Desde entonces se escribe na historia de discriminación y rechazo contra un pueblo que apenas resiste ante los cruentos embates.
Los mortíferos ataques iniciados el 8 de julio del presente año, demuestran el objetivo siniestro de Israel. El accionar sospechoso de la policía en Israel y las mentiras de Benjamin Netanyahu en su intento por inculpar a Hamas del asesinato de los tres colonos invasores Eyal Yifrah, GilAd Shaar y Naftali Frenkel. Netanyahu declaró con plena seguridad: “Hamas es responsable y Hamas pagará”, sin prueba alguna, la falacia no duró mucho tiempo y la policía israelí tuvo que reconocer que el crimen fue perpetrado por una “célula solitaria” sin nexo con Hamas.
No obstante, la trascendencia de la información, la gran mayoría de los medios de comunicación internacionales ocultaron o minimizaron la acción, en su afán por preservar la “neutralidad informativa” desviaron la atención del hecho importante: el genocidio contra la población civil, la utilización de armamento prohibido por los acuerdos internacionales y en general los crímenes de guerra cometidos por Israel. Para las corporaciones mediáticas los valores del periodismo se ajustan a los intereses del gran capital y del Lobby Sionista. Fuera de las salas de prensas de los rotativos, las cabinas de radio y las televisoras, allá en Gaza, la población es impunemente masacrada y su lamento de dolor y rabia es acallada por quienes se autodenominan pregoneros de la libertad de expresión.
* El autor es Licenciado en Docencia en Lengua y Literatura por la Universidad Autónoma de Baja California, Profesor de Educación Básica y Media Superior.
martes, 29 de julio de 2014
Una guerra impía que significa un desastre para la democracia
Baruch Marzel, Yoav Eliasi e Itamar Ben Gvir durante una manifestación
de derecha en Jaffa (Foto Tomer Appelbaum)
Por Sami Michael *
Traducido del inglés para Rebelión por J. M.
El viernes, mientras escuchaba la radio, se apoderó de mí una melancolía que se mezcló con una lágrima. Un soldado árabe israelí estaba siendo entrevistado en su camino del campo de batalla a su casa en la Galilea por un corto permiso de fin de semana. Cantó una canción de alabanza a la bandera israelí, el Estado de Israel y la devoción de los soldados árabes por el ejército isrelí. Dijo que su hijo menor es también soldado, pero no había conseguido la licencia del Shabat, ya que estaba atascado en la lucha en Gaza. Le quitaron el celular a su querido hijo y desde entonces su madre y su padre, que estaba siendo entrevistado en la radio, no habían sabido nada de él. Una situación extraña.
Mi querido nieto también consiguió un corto permiso de Shabat. Ahora está de vuelta sobre las olas, frente a la costa de Gaza. Después de 10 días de combates, los nervios de su madre y de su padre, un exparacaidista, así como mis propios nervios, ya estaban desgastados.
Debido a mi edad avanzada, he acompañado a las guerras absurdas de la humanidad, desde la Guerra Civil española hasta la operación Margen Protector.
Me había jurado a mí mismo silencio desde el 8 de junio de 2014, porque estaba paralizado de preocupación por mi nieto. Estoy violando el silencio no por el soldado árabe que está preocupado por su hijo soldado, y no a causa de la preocupación por mi nieto, sino por temor por el destino de Israel después de esta guerra.
Estoy escribiendo después de que una multitud de extrema derecha que responde a Baruch Marzel ocupó el centro de Haifa . Hizo lo mismo cuando azuzó las calles de Afula, y gente como él hizo lo mismo cuando atacaron a partidarios de la paz en Tel Aviv. Muchos consideran a Marzel un héroe como Sansón, mientras que el soldado árabe-israelí de Galilea, así como los árabes y los judíos que se oponen a la guerra, son considerados traidores.
Mientras que el ejército israelí no ha sido capaz de dominar a ninguna comunidad en la Franja de Gaza, Baruch Marzel, con la ayuda de la operación Margen Protector y la atmósfera beligerante que conducen a ella, ha logrado aterrorizar a las ciudades israelíes.
Desde mi experiencia, he aprendido que la guerra -cualquier guerra- es una enfermedad. Del mismo modo que no hay enfermedades santas, no hay guerras santas. El tambaleante Gobierno del primer ministro, Benjamin Netanyahu y el distanciamiento entre él y sus socios que están a su derecha, han creado la beligerancia bélica. El rechazo de Netanyahu del proceso de paz ha aislado a Israel en la arena internacional.
Vi la primera siembra de semillas de la guerra en el espantoso rendimiento y el horripilante escenario del manejo de gestión en el impactante secuestro y asesinato de los tres adolescentes en Cisjordania. Parece que durante cuatro días, el Generalísimo Netanyahu no permitió que ningún ministro o funcionario en cargo público fuera entrevistado por los medios de comunicación. Se oía voz estridente, una voz profética. La voz de los tambores y banderas, que preparan los corazones de la gente para el fuego y las columnas de humo.
El resultado de la guerra, si continúa, será desastroso para Israel. Baruch Marzel aún tiene que coser los uniformes para sus tropas, pero su oscura amenaza es susceptible de materializarse si Netanyahu continúa su trayectoria, que comenzó con la incitación que condujo al asesinato del primer ministro Yitzhak Rabin.
Esta guerra ha perdido hace mucho tiempo su camino. Primero nos dijeron que tenemos que castigar severamente a los autores del asesinato de los tres niños en la Ribera Occidental. Después, nos dijeron que teníamos que poner fin a los disparos de misiles desde Gaza. Entonces, a pesar de que la lluvia de misiles se convirtió en un aguacero, se convirtió en secundaria a los ojos de los que están manejando la guerra. Hoy los túneles son el principal objetivo. Una ingenua nación entera está siendo llevada engañosamente de un obstáculo al siguiente.
Mientras tanto, los valores humanitarios y liberales de Israel están siendo pisoteados por las milicias de Baruch Marzel y sus secuaces.
El número de muertos en el otro lado revela una enferma tendencia vengativa de sociedad israelí. Más de 1,5 millones de ciudadanos árabes se están convirtiendo en extraños e incluso sospechosos dentro de Israel. La voz de la sabiduría está siendo ahogada. Toneladas de condenas, de maldiciones y violencia se están vertiendo sobre ella.
Todo el mundo sabe desde hace mucho tiempo que el ejércitlo israelí no tiene el poder para derrotar a Hamas. Pero cada día que la guerra continúa, se hace responsable de derrotar a Israel como un país democrático, y de dar lugar a la aparición de un gobierno de diversas milicias y coroneles.
* El escritor es autor y presidente de la Asociación por los Derechos Civiles en Israel.
sábado, 26 de julio de 2014
Genocidio programado
Rebelión
Por Tania Jamardo Faillace *
Vuelvo a insistir: Estados Unidos no es tolerante con el masacre, es uno de sus mandantes. Europa no es tolerante con el masacre, es asociada al proyecto de la Nueva Orden Mundial, que busca el Gobierno Mundial totalitario, ejercido directamente por las corporaciones económicas transnacionales.
La partición y desmantelamiento total de las instituciones económicas, sociales y políticas de Oriente Medio hacen parte de ese guión, cuyo butín son petroleo, gas y agua, según los intereses del pool petrolero, y de los gobiernos e instituciones político-militares que ya conocemos, y del sistema financiero mundial.
Aún no comprendo porque no se nombran a cada uno de eses criminales, como si la ofensiva israelí hoy fuera la simple demostración de un estado de mal humor de criaturas embrutecidas (o drogadas) y no una acción finamente premeditada, por los thinks tanks estadunidenses bajo la aprobación del Club de Bilderberg y otras instancias del poder capitalista mundial. Y que se agrega tanto a la partición de Iraq, como a la ascensión del nazismo en Ucrania.
Probablemente el gobierno de Israel, que no pasa de un títere del poder capitalista mundial, hoy integrado para practicar científicamente el genocidio (la muerte programada de 1/5 de la humanidad para preservar una sobrevida al sistema), está esperando que Irán se manifieste, propiciándole la oportunidad de atacar a este, cuando, entonces, tendremos también Arabia Saudí, ISIS, EUA y otras siglas dentro del lío, capacitándose los provocadores para arrastrar al infierno a todos aquellos que osan proponer la multipolaridad mundial.
Y las señoras del petroleo. Porque nadie las nombra? Por que otra razón inventaron al estado de Israel exactamente donde está ubicado, cuando la mayor parte de los integrantes de la cultura y religión judaica son de procedencia europea o americana?
¿No les parece clara la estafa? ¿Así como la intención de criminalizar a todos los judíos, cuando los israelíes no se pueden llamar exactamente judíos, pues son heréticos en relación a la religión y cultura judaica, y seguramente se divierten en reprisar el Holocausto con una nueva lectura?
Hay que recordar que los ideólogos del nazismo antisemita en tierras europeas eran justamente personas de cuna judía, que así escupían sobre esa cuna.
Pero eso ya es psicología, y tal vez Freud, otro judío (como Karl Marx y Alberto Einstein) tuviera lo que decir sobre el asunto...
Lo que importa hoy, es que se propone una situación pre-III Guerra Mundial. En la II, se disputaban mercados – hoy se disputan recursos energéticos y agua.
¿Cuándo van a nombrarse las transnacionales que mueven sus títeres políticos, en Europa, América y Oriente Medio?
Inútil intentar conmover los sentimientos humanos de los actores. No los tienen. El sistema capitalista, como lo sabemos, no abre espacio para que sus agentes desarrollen sus sentimientos humanos, con excepción de la ganancia y la megalomanía por el poder total.
* Tania Jamardo Faillace. Escritora y periodista brasileña
Suscribirse a:
Entradas (Atom)








