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lunes, 31 de enero de 2022

¿Pueden convivir el modelo del agronegocio y la soberanía alimentaria?


Agencia Tierraviva

Por Yanina Gambetti *

[Foto: Diego Izquierdo]

Un modelo se transformó en una política de Estado en sintonía con los intereses empresarios y es uno de los factores de la crisis climática. El otro modelo se basa en la agroecología y la cultura del Buen Vivir, y es impulsado por los pequeños productores, movimientos sociales y consumidores conscientes. ¿No es una falsa propuesta la convivencia?

El agronegocio y la Soberanía Alimentaria no pueden coexistir. Eso es inviable e imposible de sostener. ¿Por qué? Porque son dos modelos opuestos en esencia.

El modelo de los agronegocios se basa en la quema de ecosistemas y en el desmonte para «cultivar» commodities o criar animales de manera industrial. En el último año se quemaron más 30 mil hectáreas sólo en el norte de Córdoba. Si ampliamos a todo el mapa, veremos que perdimos, en manos de ese modelo ecocida y, sólo en 2020, cerca de 350.000 hectáreas de ecosistemas de bosques nativos y humedales. Por causa de estos incendios, intencionales, se vieron afectadas más de 1 millón de hectáreas en todo el país, desde 2020 hasta la fecha.

El agronegocio es una política de Estado, o sea, promovida por un gobierno nacional que sostiene un Estado empresarial. Los gobiernos provinciales, las empresas y la tecno-ciencia también están al servicio del capital. Un modelo que quema para desmontar, porque necesita mas tierra para ampliar sus negocios, y contamina para facturar, empobreciendo en su camino territorios, culturas y ecosistemas. El modelo del agronegocio es una de las principales causa de la crisis climática y acelera el punto de no retorno.

Foto: Subcoop

¿Cómo es el modelo de la Soberanía Alimentaria? Se basa en la agroecología y en las agriculturas naturales y ancestrales. Es una política implementada desde la comunidad, o sea, promovida por productores y consumidores agroecológicos, movimientos socioambientales, y la agricultura campesina e indígena. Siembra para alimentar, cuida la tierra para poder habitarla y sostiene o recupera memorias y culturas para el Buen Vivir. También equilibra el clima y puede mitigar algunas de las consecuencias de la crisis climática.

Estos dos modelos son opuestos y su coexistencia es inviable e imposible, aunque la convivencia entre ambos sea la falsa propuesta que nos plantean el gobierno nacional, los empresarios como Gustavo Grobocopatel y funcionarios como Fernando «Chino» Navarro. El Gobierno ningunea la agroecología tanto en los encuentros internacionales como en las cumbres mundiales alimentarias y promueve nuevas leyes para fomentar y facilitar más monocultivos, transgénicos y agrotóxicos.

Los Grobocopateles y Navarros le lavan la cara al agronegocio. Hablan de inclusión, agroecología de exportación —para cooptar el concepto y llevarlo a los negocios— y donan soja transgénica contaminada para comedores populares y escuelas, haciéndole así el juego al poder y a quienes empeñan nuestro futuro. Mientras cada uno saca su tajada de la torta del agronegocio, las comunidades se enferman y las infancias siguen padeciendo altos índices de malnutrición y desnutrición.

Foto: Télam

Entonces no, no se puede convivir. Para avanzar con la agroecología hay que hacer retroceder los agronegocios. No es posible construir si nos van a quemar y envenenar todo. Si el modelo ecocida sigue avanzando pueden destruir todas las propuestas que desde las comunidades se vienen desarrollando y que, encima, son las que en verdad prometen un escenario en el que las futuras generaciones tengan acceso a tierra, alimento y agua.

Es tiempo de descuento y tenemos que elegir qué modelo vamos a alimentar, apoyar y legitimar. No puede haber medias tintas porque en el medio, y mientras esperamos la carroza, nos prenden fuego todo.


* Yanina Gambetti. Integrante del Frente de Lucha por la Soberanía Alimentaria


lunes, 24 de enero de 2022

Manos a la tierra. La educación ambiental como respuesta a la crisis

IPS Noticias

Por Lautaro Romero 

Unas manos infantiles llenas de tierra, tras una jornada de aprendizaje ambiental. Foto: Suyay Britez / PxP

¿Por qué nos desvinculamos de la naturaleza? ¿Por qué sostenemos prácticas de consumo que nos alejan de la realidad? ¿Por qué construimos edificios enormes y destruimos áreas naturales? ¿Por qué no exploramos esos espacios, por qué no conocemos? ¿Por qué no metemos las manos en la tierra, plantamos árboles, compostamos y producimos alimentos sanos y libres de venenos?

En el caso de Argentina, varios actores en territorios con diversas problemáticas ambientales comparten algunas respuestas, basadas en procesos educativos de cambio de conciencia que experimentan en sus comunidades.

Para Aldana Telias, especialista en educación ambiental en ámbitos de gestión, investigación y capacitación docente, la clave radica en “historizar” aquellas reflexiones que nos invitan a buscar el porqué de esta crisis climática y ambiental.

“Pensar no solo en la reconversión, sino en cómo llegamos a esto, y en cómo se convierten esos conflictos en materia de enseñanza y aprendizaje”, analiza.

Talias destaca que “la escuela dialoga con aquello que ocurre en el territorio, pensamos el proceso de educación ambiental en ámbitos escolares y comunitarios. Están absolutamente relacionados, un docente no es un sujeto ajeno a  su territorio, las pibas y los pibes tampoco.”

Hace 11 años que Jorge Serrano enseña Ciencias Sociales en la escuela Nº60 de Virrey del Pino, en La Matanza, provincia argentina de Buenos Aires. En todos estos años Jorge vio cómo creció la población y aumentaron la toma de terrenos, producto del déficit habitacional.

Hambre, pobreza, contaminación y falta de espacios verdes se suman a la lista de problemáticas profundas. En esa región toma relevancia la existencia de la Reserva Natural de Laferrere: más de 80 hectáreas  de alto valor biológico, social y cultural que cuidan vecinos y vecinas. Es el último pulmón verde de La Matanza.

Serrano y profesores de distintas disciplinas abordan los conflictos desde varias aristas.

Hacen festivales, excursiones a reservas urbanas, jornadas de plantaciones de árboles, reparten libros y volantes con información acerca de la contaminación industrial y las muertes silenciosas que no visibilizan los medios masivos de comunicación; también llevan adelante una huerta agroecológica.

Son acciones concretas para garantizar la transformación y cultivar un sentimiento de identidad por el territorio.

Forestadores escolares siembran conciencia en escuelas del conurbano de Buenos Aires. Foto: Suyay Britez / PxP

“Al lado de la escuela tenemos un hermoso pastizal pampeano, una de las actividades de las clases es salir a reconocer qué hierbas hay, qué importancia tienen para la fauna. En un día de calor es mucho más agradable dar una clase en una plaza, debajo de un árbol, que encerrado en un aula», cuenta Serrano.

Explica que también «tenemos una gran variedad de semillas, un pequeño estanque, una huerta como fuente de biodiversidad. Es un espacio para toda la familia”.

“Está bueno que una organización comunitaria entre a la escuela y lo interpele al docente, que se generen esas tensiones para fortalecer el proceso, son parte de los objetivos que persigue la educación ambiental. Es una educación de acción, un campo de intervención político-pedagógico, interdisciplinario, multiparadigmático que se orienta hacia una sociedad más justa”, explica Telias, por su parte.

Y agrega: “La educación ambiental viene a responder desde el campo educativo a una situación de tragedia ambiental, colapso y crisis civilizatoria, estructural y generalizada”.

La especialista hace referencia a la “alfabetización ambiental” como un concepto “mucho más interesante que el de concientizar, porque tiene que ver con conocer sobre los procesos”.

Al respecto, señala: “Muchas veces, los procesos en defensa del territorio generan procesos educativos. En la Argentina, se dan de manera muy diversa porque en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) no existen los mismos problemas ambientales que en una provincia minera o sojera».

A juicio de Telias, «eso va a marcar un tipo de educación distinta. No es algo que se enseña tan fácilmente, es algo que se vivencia. Uno no le puede decir al otro cómo vivir, sino más bien hacerle reflexionar acerca de cómo vive”.

Un grupo de estudiantes después de un día de cosecha y concientización ambiental. Foto: PxP

¿Qué hay debajo del cemento?

A veces, son grandes parques, una pequeña parcela al costado de la vía de un tren o al lado de una autopista. A veces, es el curso de un arroyo. Y, a veces, toma la forma de una reserva.

Lo cierto es que, además de ser refugios de flora y fauna autóctona y brindar “servicios ambientales” (ayudan a regular las temperaturas, absorber el agua de las lluvias, evitar inundaciones  y purificar el aire), los ámbitos silvestres y la infraestructura verde dentro de las ciudades permiten recrear escenarios propicios para realizar experiencias educativas, trabajos pedagógicos y de concientización ambiental.

Adriel Magnetti, estudiante de Ciencias Biológicas en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires (UBA), miembro de la Red de Áreas Protegidas Urbanas (RAPU) y asesor legislativo en materia ambiental en la Cámara de Diputados de la Nación, lucha por la conservación de la Reserva Ecológica Costanera Norte, en Ciudad Universitaria de la Ciudad de Buenos Aires.

Son 20 hectáreas con una vasta biodiversidad, que incluye la presencia de un humedal que se alimenta de forma directa con el agua del río de la Plata.

“Es una decisión de militancia donde uno está en contacto directo con las problemáticas”, explica.

Detalla que “buena parte de la Ciudad de Buenos Aires sigue siendo un humedal, solo que le aterrizamos encima».

Pero subraya que «a pesar de que no los veamos, los ecosistemas están, los tenemos tapados por el hormigón y el cemento. Tanto los componentes como la flora y la fauna, los hongos, los microorganismos; pero, además, los procesos como el flujo de materia y energía, el agua, el suelo, el aire”.

Magnetti contextualiza: “El problema es estructural y global, y se relaciona con la concepción que tenemos del entorno. Nos lleva a ver como vacantes y ociosas las áreas que no están ocupadas por un emprendimiento, una vivienda, una obra o una fábrica».

«Es una mirada mercantilista del suelo, donde si no se le puede poner valor económico no vale. Y si hay algo que tiene la biodiversidad, el patrimonio cultural, arqueológico, histórico, es un valor intangible, intrínseco, que está sobre todo definido por la percepción de la comunidad. De esta manera, nunca vamos a compatibilizar con la cosmovisión de nuestros pueblos originarios y las comunidades rurales”, amplía.

La población infantil pierde la sensibilidad cada vez más rápido ante el entorno ambiental, dicen los forestadores. Foto: Suyay Britez / PxP

La revolución del árbol

Graciela Britez es voluntaria en Forestadores Escolares, un proyecto que enseña a infancias y adultos a plantar árboles —desde la semilla y el plantín—, para verlos crecer, cuidarlos, enamorarse y recuperar la sensibilidad con un ser viviente que nos trasciende. Son promotores ambientales abocados a dar talleres de ecología y reforestación, a entusiasmar y multiplicar.

“¿Qué pasa cuando apagamos la mente y empezamos a registrar?”, pregunta.

“Con una semilla, se trabajan muchas cosas: hay valores, respeto y beneficios colaterales, pensar más allá de mi con visión a futuro. Necesitamos un mundo verde, una ciudad no violenta, sustentable, necesitamos tener árboles. Los docentes con quienes hemos contactado hicieron su revolución. Hay que hacerse cargo de nuestra humanidad”, explica.

Sentido común

En Ciudad Universitaria, Magnetti recibe a contingentes de chicos y chicas que hablan en inglés, alumnos y alumnas de otras provincias y países, de educación especial y universidades prestigiosas.

“Cuando uno visita una reserva natural urbana, recibe una serie de estímulos sensoriales, físicos, personales para ir construyendo un sentido común respecto a qué es lo que está a mí alrededor y lo que es importante. Mucha gente puede asistir a ellas y atravesar una experiencia transformadora”, cuenta.

Al mismo tiempo, Magnetti comparte la vivencia de haberse vinculado con personas en situación de vulnerabilidad, con pescadores que iban a la reserva para abastecerse de comida, que vivieron mucho tiempo ahí y construyeron una relación con ese territorio.

“Nos han instalado en la cabeza que la naturaleza va por un lado y nosotros por otro, y que cualquier vínculo ‘usufructuoso’ como conseguir alimento, proveernos medicina, cualquier tipo de insumo material o espiritual que nos contribuye la naturaleza, está mal. La relación será tóxica cuando no se respeten los procesos naturales y se haga pensando en acumular rentabilidad fuera de los territorios”, concluye.

El árbol como eje de las prácticas ambientales escolares. Foto: Suyay Britez / IPS

El peso de la ley

En junio, el gobierno argentino anunció la promulgación de la Ley 27.621 que implementa la Educación Ambiental Integral (EAI) en todos los establecimientos educativos del país.

El marco normativo se configura en principios estipulados en la Constitución Nacional y en las leyes de Educación Nacional (20.206) y General del Ambiente (25.675), desde donde se considera a la educación ambiental como un proceso fundamental para el ejercicio pleno de la ciudadanía.

“En las escuelas, hay que trabajar mucho qué ciudadanía queremos, para que podamos interpelar a los poderes públicos y políticos, sabiendo que los intereses que tenemos enfrente son contrapuestos, concentrados y poderosos”, dice Telias.

Agrega que “todo este movimiento juvenil emergente respecto del cambio climático pone temas en agendas públicas, como la Ley de Humedales. Eso genera esperanza”.

Por su parte, Magnetti asegura: “El objetivo principal de la Ley de Educación Ambiental es instalar la sostenibilidad como proyecto social, disputar las lógicas del desarrollo, pensar cómo son los entramados de poder y los equilibrios de fuerza que se ponen sobre la mesa a la hora de tomar decisiones. Construir un mañana más próspero es una tarea que nos tenemos que proponer todes con diferentes grados de responsabilidad. Hay responsabilidades comunes y compartidas, pero diferenciadas”.

La Ley Yolanda, que persigue la misión de garantizar la formación integral en ambiente, con perspectiva de desarrollo sostenible y con especial énfasis en cambio climático para las personas que se desempeñan en la función pública, es otro de los instrumentos de peso en este desafío de tomar mejores decisiones.

“Esto propone un cambio de paradigma”, sentencia Magnetti.

“Si tenemos funcionarios capacitados, una implementación activa del Acuerdo de Escazú, y una Ley de Educación Ambiental en marcha, vamos camino hacia ese proyecto de sostenibilidad como mandato social. Es otro escenario que se genera para las próximas generaciones. Sin embargo, esto no alcanza: tenemos que frenar la destrucción hoy”, concluye.

Este artículo es parte de la Comunidad Planeta, un proyecto periodístico liderado por Periodistas por el Planeta (PxP) en América latina, del que IPS forma parte. Este artículo también fue producido con el apoyo de Climate Tracker América Latina. 


jueves, 13 de enero de 2022

Clima, desigualdades y lucha de clases


Rebelion.org

Por Daniel Tanuro 

Durante la COP26, en Glasgow, el director del Potsdam-Institut für Klimafolgenforschung (Instituto Potsdam de Investigación de los Impactos del Clima, PIK), Johan Rockström, comunicó una información chocante a las delegaciones presentes: para permanecer por debajo del umbral de 1,5 °C de calentamiento global (superándolo quizá un poco de forma temporal, según Rockström) respetando la justicia climática, es preciso que de aquí a 2030 el 1 % más rico de la población mundial reduzca sus emisiones 30 veces; el 50 % más pobre, por el contrario, podrá triplicarla. (Véase mi balance de la COP26: https://vientosur.info/la-cop26-crea-el-mercado-mundial-del-fuego-y-se-lo-ofrece-a-los-piromanos-capitalistas-a-costa-del-pueblo/)

Para medir el impacto de estas cifras, hay que tener en cuenta que fueron reveladas a las delegaciones oficiales por un científico de primer plano, quien resumió así las diez conclusiones más recientes de la ciencia del cambio climático. El servicio de prensa del PIK me indicó la fuente a la que había recurrido su director y estuve estudiando el artículo de referencia para saber más. Se trata de un estudio encargado por Oxfam y realizado por Tim Gore, ex responsable de la ONG, recientemente nombrado jefe del departamento de bajo carbono y economía circular del Instituto Europeo de Política Ambiental. Su contenido merece tanto una amplia difusión como un examen crítico.

La cuestión de la injusticia climática suele abordarse por países, en función de las respectivas responsabilidades históricas del Norte y del Sur globales: el Norte es rico y responsable, el Sur es pobre y víctima. Ahora bien, la gente pobre de EE UU y Europa no es rica y las personas chinas e indias ricas no son pobres… El estudio de Oxfam se esfuerza por integrar esta realidad de clase. Esta es su principal baza. Pero empecemos presentando la metodología empleada.

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sábado, 6 de noviembre de 2021

Greta Thunberg acusa a los líderes de los gobiernos de negar el clima

Dewereldmorgen.be

Por Marc Vandepitte 

Greta Thunberg ante la ONU en 2019 (EFE)

Traducido del neerlandés por Sven Magnus

Con motivo de la próxima cumbre sobre el clima la activista climática más conocida formula, con su estilo habitual, una acusación mordaz contra los gobernantes. Afirma que todavía es posible invertir la tendencia, pero para ello algo debe cambiar rápida y drásticamente.

Código rojo

En agosto, el Secretario General de la ONU, António Guterres, calificó el último informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) de “código rojo para la humanidad”. Según Greta Thunberg, esto debería haber hecho saltar la alarma, pero desgraciadamente no lo hizo.

“La negación de la crisis climática y ecológica es tan profunda que ya casi nadie le presta atención. Como nadie trata la crisis como tal, las advertencias existenciales siguen ahogándose en una corriente constante de lavado verde y en el flujo diario de noticias en los medios de comunicación”.

Según Greta, queremos salvar el planeta, pero al mismo tiempo queremos preservar nuestro insostenible modo de vida. Sin embargo, ahora es demasiado tarde para eso. “Por muy incómoda que parezca esta realidad, esto es exactamente lo que nuestros dirigentes han elegido para nosotros tras décadas de no hacer nada. Las décadas de bla, bla, bla”.

Se deben reducir drásticamente de inmediato las emisiones de CO2 a una escala que el mundo nunca ha visto. Como no tenemos soluciones tecnológicas que puedan hacerlo por nosotros a corto plazo, tendremos que cambiar fundamentalmente nuestras sociedades.

Dirección equivocada

Estamos yendo completamente en la dirección equivocada. Según las previsiones actuales, en 2021 se producirá el segundo mayor aumento de las emisiones y para 2030 se espera incluso un aumento del 16% de las emisiones respecto a 2010.

Los hechos son inexorables. A finales de este siglo nos dirigimos hacia un calentamiento de 2,7° C, y eso solo si todos los países cumplen sus promesas. Y muchos están muy lejos todavía de cumplirlas, dice Greta.

La producción prevista de combustibles fósiles para 2030 es el doble de lo que se necesitaría para mantenerse por debajo de un calentamiento de 1,5° C. “Así es como la ciencia nos dice que ya no podemos cumplir nuestros objetivos sin un cambio sistémico”.

Su veredicto es duro: “Estamos fracasando por completo incluso en el cumplimiento de objetivos que son totalmente inadecuados”.

No hay líderes climáticos

Pero eso no es lo peor, porque las autoridades también manipulan las cifras. Utilizan una contabilidad inteligente, lagunas y estadísticas incompletas. Greta da ejemplos concretos de su país natal, Suecia, y del país anfitrión, Gran Bretaña. Pero los dos mayores emisores, China y Estados Unidos, también reciben una bofetada.

Según Greta, actualmente no hay verdaderos líderes climáticos, al menos en los países de renta alta. Según ella, “el nivel de concienciación pública y la presión mediática sin precedentes que se requeriría para mostrar un verdadero liderazgo siguen siendo prácticamente inexistentes”.

Para evitar una crisis climática, serán necesarias intervenciones sin precedentes. “Para que la Cop26 de Glasgow sea un éxito, hace falta mucho. Pero, sobre todo, se necesita honestidad, solidaridad y coraje”.

¡Sí se puede cambiar el sistema!

Según Greta, la actual crisis climática es sólo un síntoma de una crisis de sostenibilidad mucho mayor. Es una crisis social. Una crisis de desigualdad que se remonta a la colonización e incluso más allá. Una crisis en la que algunos se sienten mejores que otros y creen que pueden explotar a los demás o robar la riqueza de su país.

Todo está conectado. “Es ingenuo pensar que podemos resolver esta crisis sin atacar sus raíces”.

La situación es muy grave, pero no desesperada. “Debemos recordar que todavía podemos darle la vuelta a esto. Es muy posible si estamos dispuestos a cambiar”.

Greta busca a un líder mundial, un país de altos ingresos, una gran cadena de televisión o un periódico de primera línea «que decida ser honesto, tratar realmente la crisis climática como la crisis que es». Para ella, sería un avance que podría poner todo en marcha.

“El reloj está en marcha. Se siguen celebrando conferencias de alto nivel. Las emisiones siguen aumentando. ¿Quién será ese líder?”, concluye su carta.

Carta abierta de Greta Thunberg


lunes, 1 de noviembre de 2021

La primera parte de la Cumbre de la Biodiversidad finaliza con importantes declaraciones de intenciones


Ecologistas en Acción

– Ecologistas en Acción celebra el interés mostrado por las diferentes partes del Convenio sobre la Diversidad Biológica en detener la pérdida de biodiversidad, pero considera insuficientes los compromisos adquiridos en la declaración de Kunming.

– La organización ecologista critica alguno de los aspectos incluidos en el Marco Global post 2020, que será ratificado en la segunda parte de la COP15 en mayo de 2022.

Finaliza la primera parte de la Cumbre de las Naciones Unidas sobre la Diversidad Biológica (COP15), que ha tenido lugar de forma virtual entre el 11 y el 15 de octubre. Bajo el lema “Civilización ecológica: construir un futuro compartido para toda la vida en la tierra”, representantes de todos los Estados miembros del Convenio sobre la Diversidad Biológica han intervenido para ratificar su compromiso de establecer un marco común para detener la pérdida de biodiversidad. Ecologistas en Acción, que ha asistido a las diferentes reuniones, destaca el firme compromiso verbal de las partes, pero lamenta la ausencia de contundencia a la hora de abordar las causas subyacentes de la crisis y la escasa autocrítica ante el evidente fracaso de las Metas de Aichi.

Declaración de Kunming

Los días 12 y 13 de octubre se celebraron las sesiones de alto nivel de la decimoquinta reunión de la cumbre, en la que participaron varios jefes de Estado y casi 300 ministros, que finalizó con la ‘Declaración de Kunming’. Esta declaración supone un paso positivo en las negociaciones, pero a juicio de Ecologistas en Acción queda lastrado por su falta de definición. En ella se reconoce que “estas crisis (pérdida de biodiversidad, cambio climático, degradación y desertificación de las tierras y los océanos) comparten muchos factores subyacentes impulsores del cambio” y demanda “acciones destinadas a transformar los sistemas económicos y financieros y garantizar la producción y el consumo sostenibles”, aunque no se definen cuáles habría que llevar a cabo para abordar las crisis mencionadas. Para Ecologistas en Acción la gravedad que supone el inminente colapso de los ecosistemas requiere acciones urgentes y específicas. Sin una reformulación radical del sistema económico, basada en el decrecimiento global del consumo de energía y materiales, con criterios de justicia social, de redistribución y que reconozca los límites planetarios, no será posible parar la pérdida de diversidad biológica.

Marco Global post 2020

Durante esta primera parte de la cumbre, los países y la sociedad civil han trasladado sus comentarios sobre el borrador del Marco Global Post 2020, que deberá aprobarse en la segunda parte de la COP. Este borrador debe incluir los objetivos y compromisos necesarios que permitan vivir en armonía con la naturaleza en 2050.

La Meta 3 del actual borrador establece como objetivo la declaración del 30 % de las zonas terrestres y marinas como áreas protegidas antes de 2030. Ecologistas en Acción considera inaceptable que solo se pretenda conservar el 30 % y se permita que se destruya el 70 % restante. Las últimas décadas han demostrado que, aun siendo importante la protección de espacios, esta es una medida insuficiente para detener la destrucción de la naturaleza. A lo largo de estos años ha existido un gran aumento en el número y extensión de áreas protegidas a nivel global. Al no contar con planes de gestión adecuados, han contribuido a una reducción de la biodiversidad. Ecologistas en Acción reclama la implementación de una gestión enfocada a la preservación en el 100 % de las zonas naturales terrestres y marinas.

Otro de los aspectos del Marco Global más criticados por las organizaciones ecologistas es el peso que se le ha dado a las “Soluciones basadas en la naturaleza” como parte de la Meta 8 para “contribuir a la mitigación y a la adaptación (al cambio climático) a través de enfoques basados en los ecosistemas”. La CBD Alliance, de la que Ecologistas en Acción forma parte, ha denunciado que esto “se está utilizando para las compensaciones de carbono y otras actividades muy perjudiciales para la biodiversidad y las comunidades que dependen directamente de ella (por ejemplo, forestación a través de monocultivos de árboles, a menudo alóctonos)”. Aunque el último borrador ha eliminado menciones explícitas a ese término, se define que estas prácticas deben contribuir con al menos 10 gigatoneladas de equivalente de dióxido de carbono (GtCO2e), perpetuando esta noción. La solución a la crisis climática debe estar basada en la reducción de emisiones y no en la instrumentalización de la naturaleza.

Ecologistas en Acción espera que las negociaciones que se realizarán hasta la segunda parte de la COP15 sobre el Marco Global Post 2020 permitan lograr avances muy sustanciales en esta importante estrategia, ya que el borrador actual continúa siendo muy insuficiente.

Financiación

Aunque durante la cumbre se han anunciado importantes aportaciones económicas, especialmente de la República Popular de China y del Estado de Japón, es vital que se logren compromisos económicos de otros países para asegurar la adecuada financiación de la convención y aumentar la prestación de apoyo financiero a los países en desarrollo, necesario para implementar el Marco Mundial post 2020. Esta es una de las asignaturas pendientes de la COP15.

Ecologistas en Acción desconfía del peso que se le está dando a la financiación privada y al papel de las corporaciones en el discurso económico tanto de la COP15 de biodiversidad, como en el borrador del Marco Global post 2020. La transformación integral o “Teoría del cambio” que plantea el Marco Global debe estar, a juicio de la organización ecologista, fundamentada en la movilización de fondos públicos, y así lo debería expresar la Meta 19 del documento.

La pandemia ha puesto sobre la mesa la urgencia de establecer medidas de protección de la biodiversidad y de parar la destrucción acaparadora de ecosistemas. También ha supuesto una movilización de recursos económicos fuerte para todos los países. En opinión de Ecologistas en Acción, se deben movilizar recursos económicos públicos de manera prioritaria para la conservación de la naturaleza.

Asimismo, es necesario revisar y cortar la inversión privada destructora de biodiversidad, el llamado lavado verde, y a la vez atajar las subvenciones que suponen causas indirectas de pérdida de biodiversidad y destrucción de ecosistemas. Muchos países europeos como Alemania y Holanda, participantes de la mesa de financiación de las sesiones de alto nivel de la COP, han reconocido estas cuestiones. Esperamos que el Estado español dé ejemplo de coherencia y presione para que la Unión Europea sea líder en inversión pública en protección de la naturaleza salvaje.

No se pueden permitir nuevos fracasos

La Cumbre Mundial sobre la Diversidad Biológica que ha finalizado hoy también ha permitido, tal y como lo han reflejado en los últimos años el estudio La Perspectiva Mundial sobre la Diversidad Biológica 5 y el Informe de evaluación Mundial sobre diversidad biológica y servicios de los ecosistemas del IPBES, visibilizar que no se han cumplido las metas de detener la pérdida de biodiversidad en 2010 y 2020, y que de estos fracasos es necesario aprender para evitar repetirlos. En este sentido, el actual borrador del ‘Marco Mundial de Biodiversidad post 2020’ es valorado por Ecologistas en Acción como una versión descafeinada del Plan Estratégico que se adoptó en la COP10 de Nagoya, Japón, en 2010 y que fracasó por el incumplimiento de los objetivos por parte de todos los gobiernos del mundo.

Las negociaciones para definir el Marco Global post 2020 se retomarán en enero en Ginebra y se llegará a un acuerdo en la segunda parte de la COP15 de Kunming en mayo. Ecologistas en Acción hace un llamamiento a la sociedad civil para que exija a sus representantes políticos que le den a este proceso la importancia que tiene. “No podemos permitirnos fracasar en 2030”, alerta Ecologistas en Acción, por lo que se debe considerar este acuerdo como la última oportunidad para detener la pérdida de biodiversidad. Es posible que para entonces se haya superado un punto sin retorno que reducirá la capacidad de los ecosistemas para propiciar los procesos y bienes que son esenciales, como el alimento, el agua dulce, las materias primas, las medicinas y los espacios de ocio, además de importantes activos culturales.


sábado, 9 de octubre de 2021

Pensar fuera de la lógica capitalista moderna: sistemas sanitarios basados en otras visiones del mundo


Viento Sur

Por Erika Arteaga-Cruz, Juan Cuvi

América Latina alberga a unos 800 pueblos y nacionalidades Indígenas diferentes, el equivalente al 9-8% de su población. La tasa media de mortalidad infantil en los niños indígenas es un 60% superior a la de los niños no indígenas /1. En 2018, Ecuador informó de que el 50,6% de su población indígena vivía en la pobreza, en comparación con el 20,9% de la población no indígena /2. Entre 2014 y 2017, la mortalidad materna fue un 69% superior en las mujeres indígenas que en las mestizas /3. La desnutrición crónica afecta a uno de cada cuatro niños ecuatorianos, y la tasa se duplica en los niños indígenas /4.

Estas cifras evidencian desigualdades históricas y estructurales. A pesar de los discursos de modernización y desarrollo, el viejo proceso de colonización y sometimiento de los pueblos indígenas continúa. La apropiación violenta del territorio, el desplazamiento forzado de pueblos y comunidades, o la depredación de sus espacios vitales para la explotación petrolera y minera son algunas facetas de esta dominación.

Una de las formas más sutiles y a la vez más violentas de subordinación es la imposición cultural. En el ámbito de la salud, esta imposición se mantiene a través del modelo biomédico desarrollado en los países de altos ingresos. Sin embargo, los Pueblos Indígenas cuentan con sistemas de salud propios muy eficientes. Durante la pandemia de COVID-19, y ante las escasas respuestas estatales, implementaron acciones concretas para responder a la crisis sanitaria: aislarse voluntariamente en sus comunidades, impedir la entrada de empresas petroleras y mineras a sus territorios, promover el intercambio de alimentos entre las regiones con bajos contagios y las regiones con altos contagios (para las que no había ninguna previsión gubernamental de seguridad alimentaria), registrar el número de casos de COVID-19, priorizar los remedios a base de plantas, producir material informativo en sus propias lenguas /5 y hacer que las parteras tradicionales atendieran los partos, entre otras medidas /6. La pandemia también puso de manifiesto las graves limitaciones del modelo biomédico hegemónico basado en concepciones tecnológicas y pragmáticas de la atención sanitaria.

Esta experiencia vivida reactiva un debate en América Latina: la posibilidad de construir otros sistemas de salud que, actuando como contrapeso del sistema oficial, respondan a las necesidades específicas de los sectores indígenas y rurales. La propuesta de plurinacionalidad del movimiento indígena implica un cuestionamiento radical a un Estado nacional que ignora sistemáticamente la diversidad en la que se basa la sociedad. Esta diversidad no se limita al ámbito cultural, sino que plantea cuestiones que van desde el reconocimiento de los derechos colectivos hasta la reivindicación de los autogobiernos comunitarios /7. La reconstitución de las prácticas y los conocimientos ancestrales en materia de salud vinculados a una relación horizontal con el Estado es parte sustancial de estas exigencias.

La idea de sistemas interculturales de atención a la salud (es decir, la unidad en la diversidad en un diálogo entre iguales) se ha enfrentado a varias limitaciones. En 1999 se debatió la posibilidad de combinar el modelo de la medicina basada en la evidencia con algunas especialidades de la medicina alternativa -una rama denominada medicina integrativa-. La principal dificultad es que ambas concepciones difieren en su núcleo: experiencia, práctica y conocimiento acumulados (medicina alternativa) frente a la sofisticación tecnológica lineal, ascendente e infinita (medicina basada en la evidencia) /8.

El conocimiento ancestral de los Pueblos Indígenas de la región andina de Sudamérica tiene otra entrada epistemológica: es histórico, forjado en la resistencia y caracterizado por la transmisión oral. Para estos Pueblos, la energía, la comprensión astronómica, el significado del cosmos y la complementariedad son importantes. La cultura andina está estrechamente relacionada con las fuerzas naturales y cósmicas. El equilibrio se consigue mediante rituales en los equinoccios y solsticios, con una relación constructiva entre elementos opuestos (complementariedad) y mediante la reciprocidad con la Tierra. El tiempo andino es multidimensional. El futuro está, lingüística y vivencialmente, atrás, mientras que el pasado está adelante. La historia no es el despliegue de un espíritu absoluto hegeliano, y menos aún de un progreso o desarrollo ilimitado, sino una repetición cíclica que corresponde al orden del universo en el que se basa la cosmovisión de las culturas andinas, a través de la observación cuidadosa de los movimientos astrales expresados en los ritmos de la naturaleza /9. El proceso salud-enfermedad es, pues, una recuperación permanente del equilibrio colectivo.

Pensar en la salud como un derecho colectivo y como una responsabilidad con la Tierra /10 implica construir sistemas alternativos de atención a la salud con base territorial, manejo comunal de la tierra, recolección de alimentos, conservación de semillas y disponibilidad y reproducción de recursos terapéuticos. Por lo tanto, la relación con el Estado debe considerar una articulación basada en el poder de decisión de las comunidades, para asegurar la comprensión de las prácticas ancestrales de salud.

La integración de este modelo médico generaría una cultura de participación social. La articulación cuerpo-espíritu-entorno amplía y expande la tradicional visión médica vertical. La inclusión de muchos y variados elementos en el curso de la enfermedad favorece un tipo de conocimiento extensivo, opuesto al intensivo y vertical de la biomedicina. Al centrar su atención en el elemento biológico, la biomedicina reduce el horizonte y la amplitud del proceso salud-enfermedad y prioriza el papel del médico y la tecnología. En cambio, los modelos médicos ancestrales involucran a toda la comunidad en el proceso.

La lucha por la equidad en salud en América Latina se traduce en la exigencia de sistemas nacionales de prestación de servicios, servicios que suelen ser financiados por la extracción de recursos naturales de la Tierra con fines económicos. Preguntar si la lucha por la cobertura sanitaria universal promovida por la OMS va de la mano de la colonización de los sistemas de salud ancestrales, que son expresiones locales de resistencia a la expansión del capitalismo, es una pregunta válida. El modelo andino de salud precede y trasciende la Declaración de Alma-Ata. Incorpora no sólo la visión de la necesaria equidad, sino también una epistemología diferente: el equilibrio de todos los elementos y factores de la vida.

Referencias

1/ CEPAL-UNFPA-OPS. Salud materno infantil de pueblos indígenas y afrodescendientes de América Latina: aportes para una relectura desde el derecho a la integridad cultural. October, 2010 https://www.cepal.org/es/publicaciones/3797-salud-materno-infantil-pueblos-indigenas-afrodescendientes-america-latina-aportes

2/ CEPAL. El impacto del COVID-19 en los pueblos indígenas de América Latina-Abya Yala: entre la invisibilización y la resistencia colectiva. https://www.cepal.org/sites/default/files/publication/files/46543/S2000817_es.pdf

3/ Cruz HN. Mortalidad materna en el Ecuador: una mirada crítica. Plataforma por el Derecho a la Salud, Quito2019

4/Ministerio de Salud Pública e Instituto Nacional de Estadísticas y Censos, Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (Tomo 1, ENSANUT ECU 2012). https://www.ecuadorencifras.gob.ec/documentos/web-inec/Estadisticas_Sociales/ENSANUT/MSP_ENSANUT-ECU_06-10-2014.pdf

5/ Aguirre M. La pandemia se ensañó con los pueblos indígenas. Plataforma por el Derecho a la Salud, Quito2020

6/ Organización Panamericana de la Salud. El impacto de la COVID-19 en los pueblos indígenas de la Región de las Américas: perspectivas y oportunidades. https://iris.paho.org/handle/10665.2/53361

7/ Cartuche Vacacela . De la plurinacionalidad del Estado a los gobiernos comunitarios. Rev Converg Crit. 2016; 2: 51-66

8/ Dalen JE. Is integrative medicine the medicine of the future? A debate between Arnold S. Relman, MD, and Andrew Weil, MD. Arch Intern Med. 1999; 159: 2122-2126

9/ León M. Escuela de formación de derechos colectivos y economìa comunitaria Puka Ñawpa. Pueblo Kitu Kara. March 14, 2020 https://www.facebook.com/971049106267484/videos/521784395428537

10/Kimmerer RW. Braiding sweetgrass: Indigenous wisdom, scientific knowledge and the teachings of plants. Milkweed Editions, Minneapolis2013.

The Lancet Global Health, octubre 2021. https://www.thelancet.com/journals/langlo/article/PIIS2214-109X(21)00341-7/fulltext


jueves, 9 de septiembre de 2021

Por qué el cambio climático causa tormentas e inundaciones más intensas

The Conversation

Por Mathew Barlow * 

Las lluvias extremas y las inundaciones como las que sufrió el norte de Inglaterra en 2015 
pueden poner vidas en peligro. Ian Forsyth/Getty Images

En julio de 2021, el mundo observó cómo las lluvias extremas se convirtieron en inundaciones que arrasaron casas centenarias en Europa, provocaron corrimientos de tierras en Asia e inundaron el metro en China. Más de 900 personas murieron en la destrucción. En América del Norte, el Oeste luchaba contra los incendios en medio de una intensa sequía que está afectando a los suministros de agua y energía.

Los peligros relacionados con el agua pueden ser excepcionalmente destructivos, y el impacto del cambio climático en eventos extremos relacionados con el agua como estos es cada vez más evidente.

En la nueva evaluación internacional del clima recién publicada, el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático advierte que el ciclo del agua se ha intensificado y seguirá intensificándose a medida que el planeta se calienta.

El informe, en el que he trabajado como autor principal, documenta un aumento tanto de los extremos húmedos, con lluvias más intensas en la mayoría de las regiones, como de los extremos secos, como la desecación en el Mediterráneo, el suroeste de Australia, el suroeste de Sudamérica, Sudáfrica y el oeste de Norteamérica. También muestra que tanto los extremos húmedos como los secos seguirán aumentando con el calentamiento futuro.

¿Por qué se intensifica el ciclo del agua?

El agua circula por el medio ambiente, moviéndose entre la atmósfera, el océano, la tierra y los depósitos de hielo. Puede caer en forma de lluvia o nieve, filtrarse en el suelo, desembocar en un río, unirse al océano, congelarse o evaporarse de nuevo a la atmósfera. Las plantas también toman agua del suelo y la liberan mediante la transpiración de sus hojas. En las últimas décadas, se ha producido un aumento general de las tasas de precipitación y evaporación.

La ilustración muestra cómo el agua cicula a través de la precipitación, la escorrentía, las aguas subterráneas, las plantas, la evaporación y la condensación para volver a caer.Algunos puntos clave del ciclo del agua. NASA


Varios factores están intensificando el ciclo del agua, pero uno de los más importantes es que el calentamiento de las temperaturas eleva el límite superior de la cantidad de humedad en el aire. Eso aumenta la posibilidad de que llueva más.

Este aspecto del cambio climático se confirma a través de todas nuestras líneas de evidencia: es lo que se espera de la física básica, lo que proyectan los modelos informáticos, y ya aparece en los datos de observación como un aumento general de la intensidad de las lluvias con el calentamiento de las temperaturas.

Comprender este y otros cambios en el ciclo del agua es importante para algo más que para prepararse para las catástrofes. El agua es un recurso esencial para todos los ecosistemas y las sociedades humanas, y en particular para la agricultura.

¿Qué significa esto para el futuro?

Una intensificación del ciclo del agua significa que tanto los extremos húmedos como los secos y la variabilidad general del ciclo del agua aumentarán, aunque no de manera uniforme en todo el planeta.

Se espera que la intensidad de las precipitaciones aumente en la mayoría de las zonas terrestres, pero los mayores aumentos de aridez se esperan en el Mediterráneo, el suroeste de Sudamérica y el oeste de Norteamérica.

Mapas que muestran las proyecciones de precipitación y las proyecciones de calentamiento a 1,5 y 3 grados Celsius.Se prevé que la precipitación media anual aumente en muchas zonas a medida que el planeta se calienta, especialmente en las latitudes más altas. IPCC Sixth Assessment Report


A nivel mundial, es probable que las precipitaciones extremas diarias se intensifiquen en un 7 % por cada grado Celsius que aumente la temperatura global.

Según el informe, además de los fenómenos extremos, también cambiarán muchos otros aspectos importantes del ciclo del agua, como la reducción de los glaciares de montaña, la disminución de la duración de la capa de nieve estacional, el deshielo más temprano y los cambios contrastados en las lluvias monzónicas en las distintas regiones, que afectarán a los recursos hídricos de miles de millones de personas.

¿Qué se puede hacer?

Un tema común a todos estos aspectos del ciclo del agua es que el aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero provoca mayores impactos.

El IPCC no hace recomendaciones políticas. En cambio, proporciona la información científica necesaria para evaluar cuidadosamente las opciones políticas. Los resultados muestran cuáles son las implicaciones de las distintas opciones.

Una de las cosas que la evidencia científica del informe dice claramente a los líderes mundiales es que limitar el calentamiento global al objetivo del Acuerdo de París de 1,5 ℃ requerirá reducciones inmediatas, rápidas y a gran escala de las emisiones de gases de efecto invernadero.

Independientemente de cualquier objetivo específico, está claro que la gravedad de los impactos del cambio climático está estrechamente relacionada con las emisiones de gases de efecto invernadero: la reducción de las emisiones reducirá los impactos. Cada fracción de grado es importante.

* Mathew Barlow. Professor of Climate Science, University of Massachusetts Lowell

Artículo traducido gracias a la colaboración con Fundación Lilly.


martes, 4 de mayo de 2021

Privatización, bursatilización y geopolítica del “oro azul”


Rebelión

Por Isaac Enríquez Pérez * 

El día 22 de marzo fue declarado por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) Día Mundial del Agua. Y más que atender la conmemoración respecto al vital líquido es importante comprender los desafíos y la conflictividad que su apropiación, distribución y uso supondrán a lo largo del siglo XXI.

En 1995 el ex Vicepresidente del Banco Mundial, Ismail Serageldin, sentenció que “si las guerras de este siglo se disputaron por el petróleo, las guerras del próximo siglo se librarán por el agua…”. Más allá del discurso apocalíptico que el tema encierra y de que aún no es declarada abiertamente una guerra internacional por el agua –la última que se registra fue en el año 2500 a. de C. entre las ciudades-Estado de Lagash y Umma que se disputaban la cuenca de los ríos Tigris y Eufrates–, la realidad evidencia que el conflicto en torno al vital líquido es parte consustancial de las sociedades contemporáneas.

Se tiene registro de 926 conflictos violentos en distintas regiones del mundo por motivos relacionados con el agua. Y no es para menos si se consideran otros datos que evidencian parte importante del problema: según la UNICEF y la Organización Mundial de la Salud (OMS), en el año 2019 uno de cada 3 habitantes en el mundo no cuenta con acceso a agua potable (algo así como 2 200 millones de personas), en tanto que 4 200 millones de seres humanos no accesan a servicios de saneamiento gestionados de manera segura y 3 000 millones carecen de instalaciones básicas para el lavado e higiene de las manos (https://bit.ly/3f6s9Ut). Se suma a ello que alrededor de 2 600 millones de personas radican en territorios con estrés hídrico extremadamente alto.

En medio de la crisis pandémica, donde se recomienda el lavado frecuente de manos, esta desigualdad en el acceso al agua potable ahonda la crisis sistémica y ecosocietal de la sociedad contemporánea (https://bit.ly/3l9rJfX), al tiempo que se erige en una de las principales contradicciones que reproducirán otros problemas de salud pública.

La misma OMS, en sus ejercicios de prospectiva señala que para el año 2050 alrededor de 5 000 millones de habitantes enfrentarán la carestía de agua potable, con particulares impactos en naciones del Medio Oriente, pero también con consecuencias en potencias económicas como Estados Unidos, India y China, cuyas demandas en sus procesos de producción y expansión poblacional complican la situación de las poblaciones humanas, particularmente en las megaciudades y regiones urbanas.   

En torno al año 2030 las principales disputas en el mundo girarán en torno a los suministros de agua. Y más allá de garantizarse el acceso masivo al preciado líquido como un derecho humano universal, la privatización del servicio y la especulación financiera en los mercados de valores ensanchan las brechas de la desigualdad en el disfrute de ese derecho. La misma devastación ambiental agrava el problema: el uso y desperdicio irracional del líquido vital –por ejemplo, por cada litro de cerveza que el Grupo Modelo produce en su planta de Calera (Zacatecas), se emplean 3,5 y 5 litros de agua (esto es, los 5 130 millones de litros de cerveza producidos absorben cerca 18 000 millones de litros de agua)–, la sobreexplotación de acuíferos y ríos, la contaminación de los mantos freáticos, el colapso climático, la presión poblacional y la irrestricta expansión de la mancha urbana, contribuyen a la carestía del vital líquido, a la intensificación de las sequías –que incluso agobiaron recientemente a California, en tanto el estado más rico de la Unión Americana–, y a la alteración del ciclo del agua. Es un problema de escasez, en parte, a medida que la distribución natural del líquido vital afecta a territorios con climas áridos y semi-secos, pero también –en gran medida– es un problema operativo y de gestión: tan solo en las áreas megalopolitanas de la Ciudad de México y de Guadalajara se desperdicia una tercera parte del agua suministrada; en tanto que el 70 % de las concesiones de agua en la nación Azteca se concentran en 2 % de los usuarios del servicio –la industria minera consumió alrededor de 437 millones de metros cúbicos en el año 2014. Por lo que no es lejano el día en que ello contribuya a la emergencia de hambrunas y a mayores tensiones regionales e internacionales.

Conflictos violentos destacados en el mundo se presentan en el Golfo de Bengala (India) en la Cuenca de Zambeze, así como el llamado “drama del Volta”, las “batallas de Mali” y la “tragedia del Nilo” –estos cuatros en África. Se suman a ellos potenciales conflictos en amplias regiones que circundan las cuencas de los ríos Nilo, Tigris, Eufrates, Indo, Ganges y Colorado –este último en los Estados Unidos. México no está al margen de ello, pues en regiones del seco y norteño estado de Sonora también afloran conflictos y desabastos; lo mismo que en la región lacustre de Cuitzeo en el estado de Michoacán.

La nación Azteca experimenta en 83 % de su territorio problemas de sequía en distintos grados. Además, se tienen registros que consignan que alrededor de 41 millones de mexicanos no tienen acceso al suministro del vital líquido en su vida cotidiana; al tiempo que 8,5 millones de habitantes aún carecen de conexión a las redes de agua potable.  

El mantra del fundamentalismo de mercado –difundido desde hace tres décadas por organismos internacionales como el Banco Mundial– no es la solución ante la masiva carestía de agua potable en el mundo. La privatización del agua y de sus servicios de suministro solo incrementa la exclusión social, tanto en las grandes urbes como en las regiones rurales. Más aún, los procesos de bursatilización emprendidos desde diciembre de 2020 en los mercados de futuros de Wall Street y que ya cotizan al agua como materia prima, afianzarán la lógica excluyente y concentrarán los beneficios en pocas manos –principalmente en los megabancos y los grandes fondos de inversión. De ahí que sea relevante comprender el carácter geoestratégico del agua y su lugar crucial en el engranaje del patrón de acumulación imperante.

Mientras no se modifique radicalmente el patrón de producción y consumo (desde pequeñas acciones en los hogares hasta radicales cambios en los organismos de suministro y en las grandes empresas depredadoras), el capitaloceno continuará succionando agua por doquier sin consideraciones respecto a las necesidades de las poblaciones aledañas a minas (https://bit.ly/2NUlUI8), maquiladoras, cerveceras y demás actividades productivas devastadoras. De ahí que sea urgente declarar al agua como un bien público global y garantizar su suministro como derecho humano fundamental. La solución no atraviesa por los cauces de la iniciativa privada, pues contrario a la creencia difundida de que ésta garantiza un uso racional y preservacionista del vital líquido, el afán de lucro y ganancia –que forma parte de enraizadas estructuras de poder, riqueza y dominación– es el origen del problema respecto a la desigualdad en el acceso y disfrute del agua.        

* Isaac Enríquez Pérez. Investigador, escritor y autor del libro La gran reclusión y los vericuetos sociohistóricos del coronavirus. Miedo, dispositivos de poder, tergiversación semántica y escenarios prospectivos. Twitter: @isaacepunam


jueves, 22 de abril de 2021

El mundo unipolar ha terminado, el momento multipolar ya está aquí


Observatorio de Crisis

Por Chris Faure

Poco después que Joe Biden definiera a Putin como un asesino, Vladimir Putin invitó a Biden a una discusión pública, en vivo y en línea, diciendo que sería beneficioso tanto para los norteamericanos como para los rusos.

Para poner la respuesta de Putin en el contexto adecuado hay que observar el gran contraste existente entre la visita de Lavrov a China y la llamada reunión «estratégica» de Estados Unidos con China a fines de la semana pasada.

Unos días más tarde Putin y el Ministro de Defensa, Sergei Shoigu se tomaban unos días de “vacaciones” en la fría taiga siberiana. Me pregunto si los gobiernos occidentales han descubierto por qué ahora.

Paralelamente el Canciller Ruso visitaba a China. Echemos un vistazo a lo le dijo Sergei Lavrov a los lideres chinos

  • “Consideramos la nueva era de las relaciones ruso-chinas, principalmente en un contexto de un nuevo escenario político internacional. El mundo está experimentando una transformación muy profunda con el fortalecimiento de nuevos centros de crecimiento económico, poder financiero e influencia política.
  • Lamentablemente, esta tendencia objetiva, que aboga por el surgimiento de un mundo verdaderamente democrático multipolar, está siendo obstaculizada por algunos países occidentales liderados por Estados Unidos, que desean preservar su dominio de la economía global y la política internacional a toda costa. En respuesta a esto, Rusia y China están promoviendo una agenda de unificación constructiva. Queremos que la arquitectura de las relaciones internacionales sea justas y democráticas.
  • China para nosotros es un socio verdaderamente estratégico y un país con ideas afines. Nuestra cooperación en el escenario internacional está teniendo un efecto estabilizador en la situación global y regional.
  • Rusia cree que nuestro diálogo con China basado en la confianza y el respeto mutuo debe ser un ejemplo para otros países, incluidos aquellos que están tratando de desarrollar lazos con Rusia y China sobre principios que no se basan en la igualdad. Esto no es aceptable para Rusia ni para nuestros amigos chinos.
  • Continuaremos desarrollando nuestra política exterior de manera constructiva y flexible, mostrando disposición para el compromiso, pero exclusivamente sobre la base del respeto mutuo y el equilibrio de intereses”.

En este interesante vuelco de la historia hay un factor económico que será determinante para la libertad financiera de muchas naciones.

Bueno, ahora ya podemos afirmar qué dirección tomarán Rusia y China en el corto plazo: imposibilitarán que Estados Unidos siga usando el arma de sanciones.

Veamos que dijo Sergei Lavrov.

  • “Estados Unidos tiene como objetivo limitar el desarrollo tecnológico de Rusia y China, por lo que los dos países deben fortalecer su independencia”
  • «Estados Unidos y otros países occidentales ya no son capaces de utilizar la diplomacia clásica y en estos momentos sólo recurren a una herramienta: las sanciones.
  • “Debemos formar una coalición de países lo más amplia posible que se opongan opondrán a esta práctica ilegal. Los riesgos de sanciones de Estados Unidos deben aliviarse cambiando a monedas alternativas y dejando de usar el dólar»

Los observadores y analistas geopolíticos, siempre están buscando señales que con frecuencia se esfuman en medio del farrago noticioso. Esta vez, sin embargo, las señales de Rusia y China no son humo, sino que se nos muestran con un lenguaje claro y directo.

De los últimos días podemos aprender algunas cosas: China y Rusia son amigos y seguirán siendo amigos. Trabajarán juntos para defender sus intereses comunes.

En palabras de Lavrov: “… la arquitectura de las relaciones internacionales debe ser justa, democrática, capaz de garantizar la estabilidad y una amplia interacción de los estados”.

Si esta declaración todavía lo confunden, diremos que en resumen significa que las sanciones se eliminarán como arma y que el petrodólar tiene los meses contados para muchos países que solo usan el dólar como moneda de intercambio internacional.

El reloj está marcando el tiempo de descuento. La única arma restante que tiene Estados Unidos es la OTAN (que, según muchos de nuestros analistas, es un tigre de papel) y la capacidad de usar armas nucleares y convencionales.

No comentaré sobre esto ya que no estoy calificado en este campo. La capacidad del Imperio de hacer daño económico se está reduciendo. Lo más probable es que tengamos un “reinicio económico” diferente, con países que recuperan su poder utilizando sus propias monedas. (Este no será precisamente el “gran reinicio” soñado por el Foro de Davos).

Luego veremos qué pasa con la esfera de las armas. Pueden convertirse en último recurso de una hegemonía mundial en crisis.


lunes, 8 de febrero de 2021

Certezas e incertidumbres


Mientras Tanto

Por Miguel Muñiz Gutiérrez 

A 26 años de la primera reunión de la Conferencia de las Partes sobre el cambio climático, hay certezas.

La más importante, que el cambio climático no es un proceso lineal ni homogéneo; que las primeras representaciones de deshielos polares masivos, subidas del nivel del mar que inundarían ciudades y desertización generalizada no se corresponde a la complejidad de la degradación observada en estos años. Que se perfila un futuro de fuertes contrastes. El discurso sobre regiones “ganadoras” o “perdedoras” a causa del cambio climático ya no se critica, se evalúa y se analiza fríamente.

Otra certeza es el paso intelectual de la reversión a la mitigación, de ésta a la adaptación y, finalmente, a la resignación. Sólo colectivos juveniles de países con unas clases sociales acomodadas numerosas remedan proclamas tipo “nuestro mundo se quema” o “acabaremos con la vida en la Tierra” propias de los primeros años de movilización social entusiástica. Son colectivos de discurso superficial, con poca tendencia a la reflexión y compromiso volátil; su máxima “acción” ha consistido en “denunciar” a “los gobiernos” ante “la justicia” para que cumplan compromisos o “actúen”. Un cúmulo de generalizaciones muy jaleado por los medios del progresismo ilustrado de todos los colores.

Así, mientras grupos financieros e industriales determinan el contenido de las leyes antes de que sean redactadas por los gobiernos, ajustándolas a sus intereses (mediante bufetes legales o usando puertas giratorias que conectan la política institucional y el poder económico), la movilización social despliega acciones simbólicas o recurre al poder judicial para poner querellas de resultado incierto.

Las llamadas crisis han proporcionado otra certeza: son las clases subalternas las que sufren más duramente las políticas impuestas por las clases dominantes, la pandemia ha añadido más evidencias. Certeza que va seguida de la constatación de que la única respuesta al cúmulo de datos que muestran el incremento de las desigualdades ha consistido en acumular manifiestos, proclamas o peticiones, promovidos o apoyados por entidades de diverso tipo y personalidades ilustres del mundo universitario, cultural e incluso religioso, dirigidas a los gobiernos enumerando medidas genéricas o concretas para corregir dichas desigualdades, pero sin concretar responsabilidades de las clases dominantes a nivel empresarial o financiero y los medios de presión para afrontarlas.

Así, unos gobiernos cuya capacidad de maniobra e incidencia en la producción y la economía se ha reducido casi a nivel simbólico tras años de desmontar el estado desde el capitalismo neoliberal, son los únicos interlocutores a los pueden dirigirse las clases acomodadas y subalternas para abordar los conflictos materiales.

Estas certezas hacen referencia a la realidad social y política que determina el día a día; pero desde el campo del conocimiento de las características del colapso se apuntan otras que afectan a algo más grave, a la realidad material.

Los ejemplos abundan. En base a los últimos acontecimientos, Pedro Prieto apunta una reflexión ineludible sobre la fragilidad de lo complejo, y desde una perspectiva de fondo, Asier Arias apunta el cúmulo de contradicciones contenido en los tímidos intentos de afrontar lo inevitable con los medios sociales y políticos ya enunciados y, más allá, la cruda realidad pulveriza visiones de una ingenuidad casi aterradora.

Son sólo dos certezas, se pueden encontrar muchas más, entre ambos campos de certezas una vasta extensión de incertidumbres, tan llena de conflictos que repele cualquier intento de abordarlos. Como ejemplo el análisis de Manuel Casal Lodeiro sobre el “Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia de la Economía Española”, para los 140.000 millones de € de la UE a España que puede leerse en los siguientes enlaces: (1) y (2).

Y una certeza compartida sobre la que se suele apartar la mirada, una certeza que la pandemia está poniendo de manifiesto día tras día, y que los grupos de poder que controlan la información están aprendiendo, también día a día, a gestionar integrándolo en un menú de propaganda/información digerible para las clases acomodadas: la muerte de millones y millones de personas de las clases subalternas es inevitable, sea cual sea la forma en que se produzca el colapso ecosocial, la incertidumbre aquí está en el dónde, el cuándo y el cómo.


jueves, 24 de diciembre de 2020

Es hora de poner a la economía internacional en su lugar


Mutantia

Por Alberto Acosta *

“No podemos esperar a que gente como yo crezca

y seamos los que estemos a cargo de todo;

hay que actuar ahora”. (Greta Thunberg, activista)

El pueblo de Suiza votará este domingo a favor o en contra de que las multinacionales con sede en el país europeo cumplan con estándares sociales y ambientales más altos. El articulista Alberto Acosta considera que un sí en la Consulta Popular es una obligación histórica de l@s ciudadan@s que viven en sociedades privilegiadas, cuyo bienestar se sostiene en gran medida gracias a que están sofocando la vida de seres humanos y de la naturaleza de otras regiones del planeta.

Brasil, enero de 2019: se rompe un dique con aguas tóxicas de la mina Córrego de Feijão, una de las mayores minas de hierro del mundo. Resultado: más de 250 muertos, destrucción de decenas de casas y del medio ambiente. No fue un simple accidente sino una violación inocultable de los derechos humanos y de los de la naturaleza. Cuando se da paso a tales proyectos sin incorporar el principio precautorio ni tomar las previsiones del caso, se asumen también estos riesgos.

Y, como siempre, la lista de responsables directos es larga. En primer lugar, la minera brasileña Vale, la mayor productora y exportadora mundial de hierro, que ya fue condenada judicialmente a pagar los daños que provocó esa rotura y que carga con otro crimen socioambiental similar en Samarco Mineração sucedido hace cinco años. Lo grave es que hay empresas, con frecuencia del norte global, que cargan con una gran culpa de lo sucedido, pero que no asumen responsabilidad alguna. Este es el caso de la empresa alemana TÜV Süd, que meses antes de la ruptura certificó a Córrego de Feijão como segura. Aunque la empresa con sede en Múnich, Alemania, fue acusada a principios de este año, aún no se ha llevado a cabo ningún procedimiento judicial.

Este caso no es único. Hay empresas que administran proyectos tremendamente destructores del ambiente y con gravísimas afectaciones sociales. Aquí podemos citar el caso emblemático de la Chevron-Texaco en Ecuador, causante de destrozos a las comunidades indígenas y de colonos, así como a la naturaleza. Es un caso muy conocido incluso por la sistemática y agresiva negativa de la empresa para asumir sus responsabilidades. Otro caso actual vincula a la empresa suiza Glencore, que administra -como parte de un consorcio internacional- la explotación de carbón en El Cerrejón, una de las minas a cielo abierto más grande del planeta y causante de gravísimos daños a humanos y no humanos, contaminando en particular el río Ranchería en Colombia. Cabe recordar que Glencore tiene una pésima reputación por varias de sus actividades mineras en América Latina y en África. 

“Yo simpatizo (…) con aquellos quienes minimizarían

-antes que con quienes maximizarían- el enredo económico entre naciones. Ideas, conocimiento, ciencia, hospitalidad, viajes, esas son las cosas que por su naturaleza deberían ser internacionales” (John Maynard Keynes, economista británico 1883-1946)

La lista de situaciones similares es larga y hasta involucra a muchas instancias del mundo financiero. De hecho, no extraña encontrar en ese listado a bancos y organismos multilaterales de crédito asociados directa o indirectamente a una multitud de compañías extranjeras -muchas transnacionales- que participan activamente en la danza de los créditos, en gigantescos proyectos extractivistas, vendiendo incluso tecnologías obsoletas. Hay casos paradigmáticos de empresas internacionales que propician cualquier locura con tal de negociar sus productos, dejando con pesadas deudas externas a los países “beneficiarios”.

Un ejemplo es la construcción de una planta termonuclear en Filipinas. Fue construida en los años 70, pero en una zona de terremotos y además cerca de un volcán. La central nuclear, con un costo de 2.500 millones de dólares y que desde hace tiempo se está agrietando y desmoronando, todavía no ha alimentado ni una sola bombilla… Y no podemos olvidar los enormes negocios que aprovechan situaciones aberrantes, como el empleo de trabajo esclavo y trabajo infantil en países del sur global, o el masivo consumo de agroquímicos o incluso tóxicos, prohibidos además de organismos genéticamente modificados que de una u otra manera son nocivos para toda forma de vida.

Aquí cabe incluir a la explotación mineral y petrolera, tremendamente destructora del ambiente y de comunidades, así como los incendios en la Amazonía, originados en la demanda de los países del norte global que se siguen enriqueciendo y sosteniendo su bienestar a costa de la miseria del sur.

Uno de los pocos sobrevivientes de un bosque primario: por la siembra de monocultivos de la Palma Africana en la Reserva Indio Maíz en el sur de Nicaragua se deforestaron miles de hectáreas de selva, año 2013. El aceite de la Palma Africana es el ingrediente de un sin número de comida procesada. – FOTO: Alejandro Ramírez Anderson

En plena era del capital globalizado debería ser indiscutible la corresponsabilidad de los comerciantes, los acreedores, los constructores y los administradores y accionistas de estos grandes consorcios; más aún, si muchas de esas actividades están acompañadas con frecuencia por la corrupción y por violencias múltiples. Sin embargo, en la práctica, no hay instancias donde se puedan presentar los correspondientes reclamos. Es más, aquí hasta la participación de los paraísos fiscales contribuye a mantener en el anonimato y la impunidad a capitales asociados a la destrucción de la vida humana y de la naturaleza.

Es hora de poner a las relaciones económicas internacionales en su lugar, es decir: redimensionar dichas relaciones, dar prioridad a la satisfacción de las necesidades básicas de las comunidades y sociedades -tanto a nivel nacional como local- y sólo en ciertos casos, por ejemplo, para fortalecer la autonomía regional, permitir la importación de productos como alimentos o medicinas de países cercanos. Como dijo el economista británico John Maynard Keynes (1883-1946) a principios de los años 1930: “Yo simpatizo (…) con aquellos quienes minimizarían -antes que con quienes maximizarían- el enredo económico entre naciones. Ideas, conocimiento, ciencia, hospitalidad, viajes, esas son las cosas que por su naturaleza deberían ser internacionales. Pero dejen que los bienes sean producidos localmente siempre y cuando sea razonable y convenientemente posible y, sobre todo, dejemos que las finanzas sean primordialmente nacionales”.

En vista de los acontecimientos de los últimos meses y el creciente número de pandemias -Covid19 es sólo una de las muchas causadas por el capitalismo- es esencial repensar las relaciones económicas mundiales. La economía debe subordinarse tanto a los mandatos del planeta como a las necesidades de las sociedades humanas como parte de la naturaleza. Y si el objetivo es dejar atrás la explotación de la naturaleza para acumular capital, entonces esto se aplica aún más a la explotación de las personas.

Responsabilidad del norte global 

Este desafío requiere un razonamiento socio-ecológico y la capacidad de desmantelar la lógica actual de producción y consumo. Es necesario romper con los mecanismos y engranajes perversos del mercado mundial -sobre todo la especulación- y al mismo tiempo promover el cambio: no es una tarea fácil. Sin embargo, de no acometerla ahora, las pandemias se multiplicarán afectando gravemente incluso a quienes se creen que pueden salir inmunes del diluvio capitalista universal.

En este empeño por repensar la economía global, emerge con fuerza la demanda de un sistema internacional de derechos para humanos y no humanos, que establezca requisitos de debida diligencia ecológica y social a toda organización, sea empresarial o estatal, que participe en el entramado internacional: comercial, financiero, tecnológico; un sistema que, en el marco de las Naciones Unidas, incorpore aquellos tribunales que permitan impugnar cualquier controversia surgida en las relaciones económicas internacionales y en donde se pueda reclamar el cumplimiento de las debidas responsabilidades.

“Los esquemas de responsabilidad adecuados deberán construirse desde cada país, sobre todo desde aquellos que cuentan con una sociedad civil responsable y comprometida con la vigencia de los derechos humanos y de la naturaleza.”

Los actuales Tratados Bilaterales de Inversión, que surgieron de un intento fallido por establecer una suerte de constitución económica global que proteja los derechos de los inversionistas internacionales, lo confirman. El Acuerdo Multilateral de Inversiones (AMI) -en inglés Multilateral Agreement on Investment (MAI)- se discutió, a espaldas de la mayoría de estados del planeta, en la segunda mitad de los años noventa del siglo pasado. En pleno auge neoliberal, en el marco de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), se pretendió hacer realidad este marco jurídico supranacional con alcance global.

Las relaciones entre los Estados nacionales y las empresas transnacionales, si se hubiera aprobado el AMI, habrían establecido claros límites a los ámbitos del ejercicio de la democracia, así como a los derechos laborales, a las políticas sociales, a la misma pluralidad cultural planetaria, incluyendo la relación con la Naturaleza. Huelga decir que el AMI no pudo ser aprobado por la resistencia de amplios segmentos sociales en varios países de la propia OCDE, que entendieron con claridad los riesgos que esto implicaba. 

A partir de esta realidad, las grandes corporaciones transnacionales y los gobiernos más poderosos comenzaron a idear e instrumentar otros mecanismos de protección supranacional para los inversionistas extranjeros por vías bilaterales. Se trata de sistemas que protegen siempre al más fuerte, es decir, al capital, subordinando a los pueblos y a la naturaleza. Una situación que resulta insostenible, si no queremos que se sigan multiplicando todo tipo de pandemias producidas por la destrucción de las relaciones sociales y ecológicas.

Iniciativas parecidas en Francia y Alemania 

Por más urgente que parezca, esta iniciativa no emergerá desde la actual estructura de poder internacional. Nacionalmente tampoco es fácil, pues las empresas involucradas en diversas relaciones económicas internacionales se escudan perversamente en los potenciales riesgos que correría su competitividad si aceptan aquellas indispensables normas apegadas a los derechos para humanos y no humanos. Por lo que, en estas circunstancias, los esquemas de responsabilidad adecuados deberán construirse desde cada país, sobre todo desde aquellos que cuentan con una sociedad civil responsable y comprometida con la vigencia de los Derechos Humanos y los Derechos de la Naturaleza.

Suiza es uno de esos países. Cuenta con una economía relativamente pequeña pero con una innegable capacidad influencia transnacional. Y cuenta con una sociedad civil cada vez más comprometida con la Consulta Popular sobre la Iniciativa de Responsabilidad Corporativa –Konzernverantwortungsinitiative-, la cual exige que las empresas con sede en Suiza cumplan también en el extranjero con todos los estándares sociales y ambientales.

Los habitantes del país europeo tienen la oportunidad de sentar un precedente efectivo y así dar impulso a otras iniciativas, como la Ley de Cadena de Suministro –Lieferkettengesetz- en Alemania, una propuesta de ley con la misma impronta; iniciativa que, con algunas limitaciones, ya se cristalizó en Francia en el año 2017. La aceptación de la iniciativa suiza podría ser significativa, incluso en términos económicos. Porque permitiría a Suiza presentarse como un país y con empresas cuyos productos se han fabricado de manera responsable, dentro y fuera, tanto en términos de humanidad como de la madre naturaleza.

Paso a paso, desde todas las esquinas del planeta y desde todos los niveles estratégicos de acción, estamos conminados a cambiar el curso de la historia para que nuestros nietos y nuestras nietas no sean las víctimas de tantas pandemias en curso y tantas más por venir. 

* El autor es economista y fue presidente de la Asamblea Constituyente en Ecuador en 2008.

Revisión y producción: Vicky Novillo Rameix & Romano Paganini

Web y Redes: María Caridad Villacís & Victoria Jaramillo

Foto principal: Mina de níquel a cielo abierto. En toda América Latina las empresas mineras están avanzando a pasos gigantescos, destruyendo flora, fauna y comunidades locales. Detrás están empresas multinacionales, así también en la mina El Estor, cerca del Lago de Izabal, el este de Guatemala. La Empresa Guatemalteca de Níquel es una subsidiaria de la Solway Investment Group con sede en Zug, Suiza. El níquel se usa, en primera instancia, para prevenir la corrosión en metales y se emplea principalmente en la industria automotriz y de aviación, año 2013. (Alejandro Ramirez Anderson)