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viernes, 18 de septiembre de 2020

La vigencia de un escritor comprometido


Rebelión

Por Aram Aharonian *

Eduardo –Gius, Edu, Dudi, Abu- es hoy un legado de millones de palabras, escritas en numerosos libros, dichas en múltiples discursos, convertidas en texto, sonido e imagen, retomadas por miles y miles de jóvenes y adultos, hombres y mujeres inconformes a lo largo y ancho de este planeta, en las entrevistas concedidas, en todas esas frases que rondan Internet…

El 3 de septiembre de 1940 nacía en Montevideo el escritor y periodista uruguayo, Eduardo Galeano. El autor de Las venas abiertas de América latina, fallecido el 13 de abril de 2015, hubiera cumplido 80 años. Considerado como uno de los más destacados artistas de la literatura latinoamericana, sus trabajos trascienden géneros ortodoxos y combinan documental, ficción, periodismo, análisis político e historia. 

Galeano, un seductor en y con su prosa, es considerado el maestro de los relatos cortos. Fundador de la revista Crisis, autor de libros como Memoria del fuego, Galeano fue encarcelado y obligado a abandonar Uruguay en 1973. Luego viajó a Argentina y debió exiliarse en 1976, tras el comienzo de la dictadura. Consecuentemente con ese contexto, Las venas abiertas de América latina fue prohibido en una buena parte de la región.

La editorial Siglo XXI, que ha publicado todos sus libros, anunció que lanzará en redes sociales el hashtag #Galeano, para invitar a compartir sus textos y lecturas. Así estarán disponibles  Bocas del tiempo, El fútbol a sol y sombra, El libro de los abrazos, Espejos, los tres tomos de Memoria del fuego, Días y noches de amor y guerra, El cazador de historias y Los hijos de los días, entre otros.

Eduardo de América (Lapobre)

A Eduardo Germán María se le dio por firmar con el apellido materno, Galeano, para no usar el paterno anglosajón, Hughes, aun cuando utilizó el Gius para firmar sus caricaturas. Eduardo fue frustrado futbolista (por patadura), obrero, mensajero, caricaturista, periodista y finalmente escritor, para “ayudar a recuperar los colores y la luz del arco iris humano, algo mutilado por años, siglos, milenios de racismo, machismo, guerras y más. Sí, hermano, somos mucho más de lo que se nos dice”.

Si hacia la veintena de años ya había pasado por la edición del semanario Marcha y la dirección del diario Época, al alcanzar los 30 ya había escrito Las venas abiertas de América Latina; la presentó al premio Casa de las Américas… y no ganó. Casi 40 años después el presidente venezolano Hugo Chávez le obsequió una copia (en la Cumbre de las Américas de 2009) a Barack Obama, con sus análisis socioeconómicos que por momentos tenían sabor de manifiesto e ímpetu de proclama. Pero a éste no le gusta la historia, y mucho menos la de la injerencia y los genocidios perpetrados por sus antecesores y, obviamente, no la leyó.

Incansable caminador errante de América Lapobre, fue corresponsal de Prensa Latina en Venezuela, y para no extrañar las costas montevideanas, se alojó en el desvencijado Hotel La Alemania de Macuto, a unos 40 kilómetros de Caracas. Mucho años después, para olvidar que casi muere de malaria en el trópico (escribió un relato sobre su delirio), logró bañarse nuevamente en el Caribe, frente al mismo hotel, que había resistido la vaguada de 1999.

Su amigo Luis Britto García cuenta que cada vez que las policías o los virus o los infartos se ensañaban contra Eduardo, éste salía repotenciado. Consecutivos exilios lo separan de la edición de Marcha y de Época (en Montevideo) y de Crisis, una de las revistas de repercusión continental que en 1973 cierra la dictadura argentina. En su exilio en Barcelona, las autoridades le exigían que tuviera trabajo para renovarle la visa, pero no le permitían trabajar si no tenía renovada la visa.

Rico en exilios, Eduardo se gambeteó varios géneros literarios para lograr que la plenitud de sus mensajes le llegara a todos. Conoció y vivió con guerrilleros mayas, mineros bolivianos, garimperios venezolanos, consciente de que de esa fragmentación iba a nacer la totalidad en su Memorias del Fuego, mural en el cual las partes se miran con el todo, hecho de detalles que resultan leyes generales y de análisis ágiles como aforismos.

Eduardo comenzó a apuntar las ideas en servilletas y manteles de papel y luego en minúsculas libretitas, que se convertían en cuentos, novelas, tratados sociopolíticos, entrevistas y reportajes, con frases demoledoras.

Britto se anima a decir que al tratar la historia como folletín apasionante y la mitología indígena como noticia y la denuncia como poesía, Galeano se va haciendo cada vez más propenso a la antología, porque todo lo suyo es antologizable.

“Me parece admirable la capacidad que han tenido los indígenas de las Américas en perpetuar una memoria que fue quemada, castigada, ahorcada, despreciada durante cinco siglos. Y la humanidad entera tiene que estarle muy agradecida, porque gracias a esa porfiada memoria sabemos que la tierra puede ser sagrada, que somos parte de la naturaleza, que la naturaleza no termina en nosotros. Que hay posibilidades de organizar la vida colectiva, formas comunitarias que no están basadas en el dinero. Que la competencia contra el prójimo no es inevitable y que el prójimo puede ser algo mucho más que un competidor”, escribió en Memoria del fuego.

Las venas abiertas, el libro que Hugo Chávez le regaló a Barack Obama para que entendiera Latinoamérica,  desmenuzaba la barbarie estadounidense en el continente, el fervor gringo por apoyar dictaduras y genocidios para hacer sus negocios. “Intentaba ser un libro de economía política, pero yo no contaba con suficiente entrenamiento o preparación”, dijo. Incluso, y con humor, reconoció que no sería capaz de leerlo de nuevo porque se desmayaría: “Para mí esa prosa de la izquierda tradicional es extremadamente pesada y mi mente no la tolera”. Obviamente, la derecha lo intentó utilizar en su contra, pero logró que muchos que no lo habían leído, accedieran al texto.

Ahora Mujeres nos envenena de belleza y feminismo, con la ayuda de Helena Villagra, la soñadora, su esposa por cuatro décadas.

Eduardo era un gran escuchador, el cacique Oreja Abierta, como él se definía. Siempre habló de y para los jóvenes, de y para los indígenas, en contra de los narcoestados y el neoliberalismo, en favor de la ecología y la legalización de las drogas. Habló contra el olvido y del rescate de la memoria para encontrar los caminos del futuro común.

Pero también fue un exiliado político, de lo que se abstuvo de hacer una profesión. Salió de Uruguay después de haber sido encarcelado por la dictadura, cruzó el Río de la Plata para vivir en Argentina, pero –amenazado de muerte- de nuevo tuvo que abandonar ese país con destino a España. Bah, a Cataluña.

En 1985 regresó a su país, donde cofundó el semanario Brecha. Ese mismo año obtuvo el premio Stig Dagerman, y a lo largo de su vida recibió varios doctorados Honoris Causa por parte de universidades en Cuba, El Salvador, México y Argentina, en 2010 el Premio Manuel Vázquez Montalbán en la categoría de Periodismo Deportivo y en 2013 la Orden Simón Rodríguez de manos de Nicolás Maduro: Chávez no sobrevivió para entregársela, tras rechazar una condecoración con el nombre de Francisco de Miranda, “agente inglés”.

Solidario por antonomasia, con los pueblos y las ideas. De sus últimos textos publicados recatamos: “Los huérfanos de la tragedia de Ayotzinapa no están solos en la porfiada búsqueda de sus queridos perdidos en el caos de los basurales incendiados y las fosas cargadas de restos humanos. Los acompañan las voces solidarias y su cálida presencia en todo el mapa de México y más allá, incluyendo las canchas fútbol, donde hay jugadores que festejan sus goles dibujando con los dedos, en el aire, la cidra 43, que rinde homenaje a los desaparecidos”.

Siempre del lado de los pobres, de los indignados, su activismo social y compromiso con los desprotegidos lo llevó a Chiapas a conocer de cerca al Ejército Zapatista de Liberación Nacional, experiencia que vertió durante varios años en diversos artículos, por ejemplo, en Una marcha universal (2001). “Los que hablan del problema indígena tendrán que empezar a reconocer la solución indígena. Al fin y al cabo, la respuesta zapatista a cinco siglos de enmascaramiento, el desafío de estas máscaras que desenmascaran, está despegando el espléndido arcoiris que México contiene y está devolviendo la esperanza a los condenados a espera perpetua”.

“Los indígenas, está visto, sólo son un problema para quienes les niegan el derecho de ser lo que son, y así niegan la pluralidad nacional y niegan el derecho de los mexicanos a ser plenamente mexicanos sin las mutilaciones impuestas por la tradición racista, que enaniza el alma y corta las piernas”.

En 2008, Galeano recibió la distinción del Mercosur –el primer ciudadano ilustre de la subregión- y brindó un inolvidable discurso, en el que dijo ser «patriota de varias patrias». «Sólo siendo juntos seremos capaces de descubrir lo que podemos ser, contra una tradición que nos ha amaestrado para el miedo y la resignación y la soledad y que cada día nos enseña a desquerernos», expresó.

A Eduardo lo conocí cuando yo comenzaba como redactor deportivo en Época y nuestra amistad se prolongó en cafés, almuerzos y largas cenas en distintas ciudades (las últimas en Montevideo, con Ze Fernando y Angelito Ruocco como cocineros, con vino Tannat para nosotros, cerveza para él), donde los cuentos sobre y de sus nietos iban ganando espacio. Pero este 3 de septiembre no podremos compartir comida armenia.

Fue el referente y promotor de varios emprendimientos, entre ellos Telesur, cuando nos enseñó a vernos con nuestros propios ojos y reconocernos en nuestro propio espejo.

Solidario con los palestinos (“Desde 1948 viven condenados a humillación perpetua. No pueden ni respirar sin permiso. Han perdido su patria, sus tierras, su agua, su libertad, su todo. Ni siquiera tienen derecho a elegir a sus gobernantes”), los pueblos indígenas, los haitianos, los pueblos sojuzgados y que luchan por su futuro.

Pero también con sus amigos, que supo desparramar por toda América y el mundo. Los indignados, los luchadores de América Lapobre y el mundo perdieron a uno de sus guías, a uno de sus escasos referentes intelectuales y políticos de las últimas cinco décadas. Y a un amigo. 

“La identidad no es una pieza de museo, quietecita en la vitrina, sino la siempre asombrosa síntesis de las contradicciones nuestras de cada día. En esa fe, fugitiva, creo. Me resulta la única fe digna de confianza, por lo mucho que se parece al bicho humano, jodido pero sagrado, y a la loca aventura de vivir en el mundo (…) Al fin y al cabo, somos lo que hacemos para cambiar lo que somos: de los miedos nacen los corajes; y de las dudas, las certezas. Los sueños anuncian otra realidad posible y los delirios, otra razón” , decía.

Eduardo –Gius, Edu, Dudi, Abu- es hoy un legado de millones de palabras, escritas en numerosos libros, dichas en múltiples discursos, convertidas en texto, sonido e imagen, retomadas por miles y miles de jóvenes y adultos, hombres y mujeres inconformes a lo largo y ancho de este planeta, en las entrevistas concedidas, en todas esas frases que rondan Internet… y que hoy, por suerte, buscan las nuevas generaciones.

 “Este es un mundo violento y mentiroso pero no podemos perder la esperanza y el entusiasmo por cambiarlo… la grandeza humana está en las cosas chiquitas, que se hacen cotidianamente, en el día a día que hacen los anónimos sin saber que la hacen”, en eso seguimos.

Periodista y comunicólogo uruguayo. Magíster en Integración. Fundador de Telesur. Preside la Fundación para la Integración Latinoamericana (FILA) y dirige el Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la) y susrysurtv.



viernes, 12 de junio de 2020

"Uno no sabe si cuando hablamos de ellos, los muertos queridos nos escuchan"


Rebelión

Por Mario Hernandez 

M.H.: Eduardo Germán Hughes Galeano, nació en Montevideo el 3 de septiembre de 1940 en el seno de una familia de clase alta y católica de ascendencia italiana, española, galesa y alemana. Fue un niño muy creyente, sabía que esa búsqueda de Dios en los demás permanece, aunque la figura de Dios con mayúscula se le cayó por el agujerito del bolsillo y nunca más lo encontró. Como él mismo recordaba, en ese período místico de la infancia, empezó a garabatear dibujos, en la adolescencia, sus primeras caricaturas fueron publicadas en El Sol, un semanario socialista de Uruguay con el seudónimo “Hughes”. En los 60 fue editor del semanario Marcha y luego director del diario Época. Tenía 31 años cuando publicó Las venas abiertas de América Latina, un texto que encarnó la educación sentimental y política de varias generaciones, un clásico de la izquierda latinoamericana, por el cual fue censurado por las dictaduras uruguaya, chilena y argentina.

V.Z.L.: Hermoso recuerdo que hacés de Eduardo, a través de algo muy importante, abrevar en la infancia. Porque ahí es donde podemos afirmar, estar seguros, se juega a cara o cruz el destino de la gente.

Me parece muy bien que empieces esta recordación de Eduardo, que tendría de estar vivo con 80 años, para la que me convocaste, a partir de contar datos de su vida infantil que en general no son muy tomados en cuenta por los lectores que se lanzan a la obra escrita en general aunque, por supuesto, siempre hay alguno que le interesa conocer un poco más de quién está detrás de ese libro.

Ahí está Eduardo, también nombraste un libro que es fundamental en la cultura latinoamericana como Las venas abiertas de América Latina aunque te cuento, porque he tenido muchas charlas con Eduardo a partir de nuestra amistad, pero también muy importante en la vida cotidiana de uno el compartir el trabajo, y nosotros hemos sido durante años compañeros de trabajo, dirigimos en distintos momentos la revista Crisis, y también en el final de la primera etapa la hemos dirigido en conjunto, hemos trabajado mucho juntos. Eso da un conocimiento más profundo de las personas.

Y terminando lo que había empezado sobre Las venas abiertas de América Latina recuerdo que una noche habíamos ido a comer, estábamos sentados y de golpe se levanta una pareja de jóvenes y se acercan a hablarle del libro y de cómo los había influido en su vida. Cuando se fueron le dije “qué fuerte que ha sido lo que sembraste con ese libro” y él me contesta “sí pero llega un instante en que preferiría que la gente se acerque a preguntarme por las otras cosas que he escrito, porque pareciera que quedo pegado para siempre a un solo libro”.

No es así, porque si bien la figura de Eduardo empezó a difundirse en América Latina, en España y otras partes donde se tradujo su obra que tuvo un gran ímpetu en Occidente en ese momento, también es cierto que a veces uno deja con algo de nuestra vida una huella tan profunda, que sin prejuicio que luego se pueda decir desde el punto de vista más estrictamente literario, artístico, uno pueda elegir algún otro texto de algún otro momento de la vasta escritura de Eduardo, también es cierto que ese libro, si bien toca zonas muy políticas, ideológicas, ya desnuda que Eduardo tenía un talento muy potente para el arte de la escritura.

M.H.: Libros que marcan, como a vos te ha marcado tus Conversaciones con Enrique Pichon Rivière ¿no?

V.Z.L.: Sí. Son de la misma época. Tengo conciencia que ese libro, por el tema que abordaba estaba dirigido a un público no tan extenso como Las venas…, sin embargo, también había un auge del psicoanálisis y una lectura social de lo que podían llamarse los conflictos de cada sujeto  y pocas personas como Pichon habían navegado por ese río y que me cruzara con él, siendo yo joven con todas las preguntas y desafíos y el coraje para desafiar a un maestro, rindió su fruto y fue también una obra que por ser de un género no común, porque no son habituales los libros de diálogo, siguiendo el camino de Platón, que sus diálogos marcaron todo un estilo en la cultura de Occidente; pero es cierto, a veces uno queda marcado con un libro.

Pero en el caso de Eduardo, si bien Conversaciones…, ya que los comparaste, tuvo una gran difusión, también es cierto que Las venas abiertas de América Latina tuvo una difusión por fuera de lo común de los escritores latinoamericanos. Debe ser uno de los libros más, me atrevo a sospechar, difundidos en las últimas décadas del siglo pasado y que ahora sigue siendo material de lectura para muchos jóvenes.

M.H.: Voy a mencionar, para no quedarnos solo en Las venas abiertas de América Latina, Vagamundo y otros relatos de 1973, Memorias del fuego de 1982, El libro de los abrazos de 1989, Las palabras andantes de 1993, Patas arriba. La escuela del mundo al revés de 1998, Una historia casi universal de 2008 y Los hijos de los días de 2012, entre otros.

Mencionaste la juventud, no te voy a preguntar por la pinta que tenían ustedes, tanto vos como Eduardo, me imagino que no solamente se acercaban parejas de jóvenes, seguramente también hermosas mujeres en aquellos años. Pero no quiero introducirme en estos temas que son muy privados, no quiero que Regine se enoje. Pero quiero referirme a temas personales, porque me acabo de enterar que jugaban al fútbol en Palermo, en el circuito KDT, vos, Eduardo, Jorge Asís, Kovadloff, cosa que me sorprendió porque lo tengo muy ubicado en otro espacio y lugar intelectual y político.

V.Z.L.: Sí, pero la gente cambia. Yo lo quiero a pesar de que tenemos una mirada distinta sobre el mundo, porque hemos compartido miradas parejas en aquellas épocas. Además le debemos todos, en general, las gigantescas traducciones que hizo de la obra de Güimaraes Rosa uno de los más grandes escritores latinoamericanos y que él lo tradujo con una dedicación y una perfección que nos abrió la puerta a una obra que es de las pocos que me alcanzan los dedos de una sola mano para mencionar entre las que me han tocado profundamente el alma.

Su traducción es de un nivel impecable, porque Güimaraes Rosa inventa una lengua brasilera para reflejar la vida de una zona muy dolorosa, desértica, brutal, única del Brasil. Con un lenguaje muy especial, casi como un dialecto del portugués. Yo leí con mucho cuidado la obra en ese portugués especial y no una vez, porque estaba enamorado de ese libro, con gigantescas dificultades.

Ese es un libro que marca la cultura latinoamericana y Kovadloff fue capaz de traducirlo y recrear en español. También Eduardo Galeano, que fue el que lo convocó para la revista lo quería mucho. Y volviendo al fútbol, se podían dar la mano entre Galeano y nuestro amigo traductor para ver quién jugaba peor, los dos estaban muy entusiasmados, pero la verdad es que uno desde la literatura y el otro desde la filosofía han curtido obra importante, pero en la historia del fútbol, ni en el submundo aparecerían.

Por más que Eduardo después escribió un libro sobre el fútbol que también fue muy leído. Después de haberlo visto jugar, porque jugábamos en el mismo equipo, no leí su libro, jugaba tan mal que cuando me enteré que iba a sacar un libro del tema no lo leí. Él amaba el fútbol y las pasiones más populares.

Y ya que hablás del amor y las compañeras, hay una parte positiva en esto, yo le presenté a quien fue la mujer de su vida, con quien se casó y vivió desde 1974 hasta el final de su vida. Una historia de amor muy fuerte con Elena Villagra, abogada, que había sido esposa de Rodolfo Ortega Peña, con quien estaba el día del atentado a Rodolfo. A ella también le pegaron un tiro en la cara, la bala entró y salió, pudo haber muerto también, como Rodolfo que falleció ahí en Arenales y Carlos Pellegrini.

Elena quedó muy conmocionada, yo era muy amigo de ella y obviamente mucho más de Rodolfo Ortega Peña, habíamos armado un grupo de intelectuales que defendíamos los Derechos Humanos y editábamos libros y revistas, junto también con Gustavo Roca, el hijo de Deodoro Roca, el de la gran Reforma Universitaria; con Eduardo Luis Duhalde, su gran compañero en el trabajo pero también en la escritura y en la edición; han editado hermosas revistas históricas y de militancia como Militancia y De frente. Y como yo era muy amigo de Eduardo y más todavía de Ortega Peña, conocía a Elena y después de la muerte de Ortega, ella todavía conmovida no solo por esto sino porque ella también había sufrido ese brutal ataque de la Triple A y llevaba en su rostro la marca de esa bala.

Ella estaba muy angustiada, muy marcada por su tragedia, me llamaba y hablaba con ella, íbamos siempre a un mismo bar a charlar para tratar de ayudarla para salir a flote de esa angustia. Un domingo a la mañana, me llama Elena para charlar, recuerdo que ese día yo también estaba muy caído por algunas cosas personales que me habían pasado, entonces sentí muy fuerte tener que ir a encontrarme con Elena y escuchar otra vez la historia del atentado y todo su dolor, y se me ocurre llamarlo a Eduardo. Lo llamé y le conté quién era Elena, lo mal que estaba y lo mal que estaba yo también para ir a juntar dos tristezas. Le pedí que me diera una mano y como él era muy generoso vino, nos pusimos a charlar los tres y yo había quedado en ir a almorzar a la casa de Federico Vogelius.

M.H.: Que había sido el mentor de Crisis.

V.Z.L.: Claro, el fundador de la revista que lo había invitado a Eduardo a dirigirla y luego a mí a ser parte de la revista y a hacerme cargo de la dirección cuando Eduardo por razones políticas tuvo que alejarse de Buenos Aires. Entonces le digo a Eduardo que lo conocía mucho a Vogelius también, que viniera a comer y la invitamos a Elena. Nos fuimos a San Miguel a la quinta de Vogelius, almorzamos todos juntos y como él era un hombre de mil actividades simultáneas se tuvo que ir, pero nos invitó a quedarnos ahí hasta el día siguiente. Eso hicimos.

A la noche tomamos unos vinos, seguimos una hermosa conversación, yo vi que ellos seguían conversando y yo estaba muy cansado y me fui a dormir. Serían las 5 am antes de que amaneciera, me golpean en la puerta y era Elena que me dice “perdón Vicente, somos nosotros” los hago pasar y entran tomados de la mano. La voz de Eduardo en nombre de ambos me dice que se habían enamorado y que le había propuesto que se casaran. Y que como yo había generado ese encuentro y también había sido amigo de Rodolfo O. Peña, tenía que ser algo así como un padrino y me pidieron mi “bendición” a ese encuentro porque en poquitos días iban a arreglar sus papeles y se iban a casar.

Yo pensé que Eduardo había tomado algo, pero Elena estaba muy emocionada y nada de bebida. Eduardo tampoco, porque tampoco era de tomar mucho. Así que me desperté un poco mejor y me sentí parte de una historia de amor. O sea que sí, es cierto que Eduardo era muy buen mozo, le gustaba vestir bien, desprolijo, pero elegante; Elena también era una mujer hermosa y muy inteligente e hicieron una fantástica pareja que duró hasta hace cinco años cuando Eduardo murió.

M.H.: Siempre sacás un conejo de la galera, no dejás de sorprenderme.

V.Z.L.: Mejor recordar a Eduardo desde un lugar que tal vez la gente no conoce, porque es un recuerdo íntimo y además un recuerdo feliz, porque recordar a los amigos y compañeros muertos no es fácil.

La última vez hablamos de otro gran amigo, que también era muy amigo de Eduardo, Julio Cortázar, ahí quise recordar esa gigantesca tarea en el campo de los Derechos Humanos que él siempre mantuvo en secreto pero de la que fui testigo porque trabajábamos juntos en ese campo. Ahora de Eduardo quiero recordar esto.

Y ya que estoy, también quiero hablar del cariño que supe que Eduardo me tenía, por más narcisista que suene, porque hay un libro que se llama Días y noches de amor y de guerra donde cuenta historias de gente que conoció, un libro con mucho éxito. Son historias cortas, algunas del Che Guevara, otras de Juan Gelman, de revolucionarios, artistas que él conoció, de gente también muy humilde pero que provocaron impacto en él. Y si prestás atención vas a ver que de todos cuenta una historia, pero de mí cuenta cuatro historias muy fuertes que él conoció y que le impresionaron mucho de mi vida, que no las he contado. Porque yo le conté algunas, otras las vivió conmigo.

Eduardo escribía tan hermosamente bien, que por más que el personaje soy yo y que me nombra y todo, son historias que yo nunca cuento ni jamás escribí. Él las convirtió más que en algo mío, en cuatro historias de un personaje, en el que él me convirtió. Entre ellas cuenta un partido de fútbol, del equipo del que hablábamos antes.

Fuimos a un campeonato de distintos diarios y revistas y nos inscribimos como “Crisis”. Y yo en general, por más que amo el fútbol y lo he jugado mucho, como era domingo y yo los sábados me acostaba tarde por hábito y porque tenía una intensa actividad política, hasta revolucionaria me atrevo a decir, que hacía que los sábados fueran de reuniones que terminaban muy tarde.

Recuerdo que el viernes anterior a ese domingo estábamos con Eduardo en la revista preparando el último número y me dice “Vicente este partido no lo podemos perder”, me hace la cabeza y después me dice “y nos falta uno porque (no me acuerdo cuál amigo periodista no iba a poder ir) no conseguimos a nadie, así que por más que vayas con un ojo medio abierto y el otro cerrado vení que tenés que jugar”.

Yo fui con los dos ojos abiertos porque arreglé mis cosas para dormir temprano, fui al partido y puse toda mi pasión como solía hacerlo. También es cierto que comparado con el resto de “Crisis” adquirí ahí un protagonismo, porque los otros jugaban bastante mal. La cosa es que por suerte, porque la suerte interviene mucho en el fútbol, íbamos cero a cero y como en las películas para chicos, jugábamos con alma y vida, ellos jugaban mejor pero no podían hacernos un gol. Y ya cuando terminaba el partido veo que uno del equipo nuestro corre y siento que es la oportunidad, corro y me quieren agarrar pero llego hasta el arco y le pego a la pelota en el aire y de cabeza metí el gol.

Ese gol y esa jugada Eduardo la registra en Días y noches de amor y de guerra. Pasan los años y cuando alguna gente joven me habla de fútbol yo cuento que jugaba bien, pero como ahora soy un hombre grande, con el pelo todo blanco me miran como si mintiera o tuviera grandes fantasías. Entonces yo esgrimo la prueba fundamental y los mando a leer ese libro y ese cuento. Así que Eduardo, aunque uno no sabe si cuando hablamos de ellos los muertos queridos nos escuchan, yo gracias a él pude más de una vez decir con emoción y orgullo que cuando jugaba al fútbol jugaba bien.

sábado, 2 de mayo de 2020

Eduardo Galeano, 5 años de soledad


Por Atilio A. Boron

Galeano - Atilio Boron

Quería que su obra fuese alimento de los pueblos y un estímulo para movilizarse y luchar y no un material bibliográfico para cursos de posgrado de historia latinoamericana. Intrigado, más de una vez le pregunté como hacía para escribir cosas tan bellas, profundas y sencillas. Su respuesta me asombró: “a veces me paso una noche en vela buscando una palabra, la palabra precisa”.

 Recuerdo como si fuera hoy aquel fatídico 13 de Abril del 2015, cuando me llegó la noticia del deceso de Eduardo Galeano. Lo único que atiné hacer fue buscar sus libros en mi biblioteca y sentirme una vez más en su compañía y deleitándome con su lectura. Eduardo fue no sólo un crítico incisivo y mordaz del capitalismo y un hombre comprometido con la revolución latinoamericana sino también un pensador a la vez original y profundo, combinación bastante inusual. La tragedia de algunos intelectuales que se jactan  de su originalidad –materia inevitablemente polémica porque, como dijo Alfred North Whitehead, “toda la filosofía occidental es una serie de notas a pie de página de la filosofía de Platón”-  es que rara vez su pensamiento trasciende el espectral mundo de las apariencias. Son originales pero en la producción de trivialidades, consumados maestros en el arte de la prestidigitación de la palabra. Toda generalización es injusta pero tengo para mí la convicción de que gran parte del llamado “pensamiento posmoderno” (si es que tal cosa no fuese un oxímoron) encaja en esta descripción.  Con la exuberancia de sus malabarismos verbales los posmodernos cumplen -creo que en muchos casos sin saberlo- una importante función conservadora al estimular y justificar el eclecticismo, la resignación política y el conformismo. Otros son profundos, pero no originales. Sus ideas medulares abrevan en algunas de las más grandes cabezas de la historia de las ideas políticas y sociales. El precio de esa profundidad tomada de prestado -y sin que siempre se reconozca la deuda con el verdadero creador- es lo que Gramsci llamaba «el doctrinarismo pedante»: el reemplazo del  análisis concreto de la realidad concreta por audaces plumazos de venerable prosapia pero que nada explican y que mucho menos sirven para cambiar el mundo. La profundidad de la obra interpretativa de Galeano tenía sus raíces en la tradición marxista, pero enriquecida con su notable erudición histórica y su excepcional conocimiento de primera mano de las realidades de su tiempo.  

Galeano, como todo grande de verdad, era una persona humilde, sencilla, generosa. Dueño de un refinado sentido del humor, signo inconfundible de la inteligencia. Todo encuentro con él era un diálogo, jamás un monólogo, y sin lugar para la tan común tendencia de algunos intelectuales a convertir a la historia contemporánea en una simple anécdota emanada de sus dichos o escritos. Pocas veces le escuché decir “yo”, siempre hablaba de los pueblos, los pobres, los negros, las mujeres, los jóvenes, las comunidades originarias de Nuestra América; en fin, de los oprimidos y explotados en todas sus variantes.  A estas virtudes, que lo convertían en un amigo entrañable y un formidable interlocutor intelectual, se le agregaba su capacidad para retratar los episodios más complicados de nuestra historia con un lenguaje llano, terso, sin rebusques culteranos. Quería que su obra fuese alimento de los pueblos y un estímulo para movilizarse y luchar y no un material bibliográfico para cursos de posgrado de historia latinoamericana. Intrigado, más de una vez le pregunté como hacía para escribir cosas tan bellas, profundas y sencillas. Su respuesta me asombró: “a veces me paso una noche en vela buscando una palabra, la palabra precisa” (allí se me cruzó como un relámpago la imagen de Silvio cantando Ojalá ) “que cierre con elegancia y contundencia un argumento.” Lo miré sorprendido y agregó: “Además”, me dijo mientras me apretaba con fuerza el antebrazo apoyado en la mesa del Café Brasileiro, allá en la Ciudad Vieja de Montevideo, “la frase tiene que sonar bien, tiene que tener una agradable musicalidad”. ¡Claro como el agua! Escribir bien obliga a tener un cierto oído musical, para que la palabra leída suene como una agradable melodía. ¡Chapeau Eduardo! ¡Qué lección! Te fuiste pero, como los grandes, seguís siendo inagotable fuente de inspiración para los que aún estamos en este mundo del capitalismo pandémico cuyos horrores y aberraciones sólo vos podrías describir con la debida elocuencia. Como hiciste en Las Venas Abiertas de América Latina.

lunes, 23 de julio de 2018

"Cerrado por fútbol" (recordando a Galeano)


Rebelión

Por Aram Aharonian

Cuando el Mundial comenzó, en la puerta de mi casa colgué un cartel que decía: Cerrado por fútbol. Cuando lo descolgué, un mes después, yo ya había jugado sesenta y cuatro partidos, cerveza en mano, sin moverme de mi sillón preferido. Esa proeza me dejó frito, los músculos dolidos, la garganta rota; pero ya estoy sintiendo nostalgia.”, escribió el escritor uruguayo Eduardo Galeano, quien no diferenciaba muy bien a un hincha de un fanático.

La mayoría de sus textos sobre fútbol quedaron dispersos en su obra publicada, pero también varios inéditos y verdaderos hallazgos hizo el periodista Ezequiel Fernández Moores en “Cerrado por fútbol”, que reúne todo lo que Galeano ha escrito, antes y después de ese texto célebre, sobre el deporte que más amó: historias dispersas o escondidas en todos sus libros, además de textos completamente inéditos, perdidos o…

En él recopila anécdotas conmovedoras y divertidas del Galeano “futbolero” y testimonios de sus amigos Joan Manuel Serrat, Chico Buarque y Jorge Valdano, como la crónica en la que, con sólo 23 años, llama “traidor” al Che Guevara en persona por haber adquirido en Cuba la pasión por el béisbol.

Durante años, décadas, Galeano recopiló anécdotas sobre fútbol, en mesas de bares y restoranes, en servilletas de papel (primero) o en pequeñas libretitas (luego) desde la de un jugador que recibía una vaca por cada gol, pasando por el relato de los diez futbolistas que se pintaron la cara de negro en solidaridad con su compañero discriminado por la hinchada.

Y cuando llegaba la hora de algún partido de fútbol trascendental, se encerraba en su estudio, televisor por medio, y admitía allí solo a pocos amigos. Solo a aquellos que compartían la misma pasión por Nacional de Montevideo o por el celeste de la selección uruguaya y estaban dispuestos a no hablar por hora y media.

Galeano miraba el fútbol como “cochino negocio”, como espectáculo, como soporte publicitario, y pese a todo, como espejo fiel de la realidad y espacio para el encuentro colectivo y la pasión popular. Para él, el fútbol expresaba emociones colectivas, esas que generan “fiesta compartida o compartido naufragio, y existen sin dar explicaciones ni pedir disculpas”.

“Desde chico quise ser jugador de fútbol. Y fui el mejor de los mejores, pero sólo en sueños, mientras dormía. Al despertar, no bien caminaba un par de pasos y pateaba una piedrita en la vereda, ya confirmaba que el fútbol no era lo mío. Estaba visto, yo no tenía más remedio que probar algún otro oficio. Intenté varios, sin suerte, hasta que por fin empecé a escribir”.

Era un patadura. Por suerte se dedicó a dibujar primero y a escribir después. Pero se apresuró en irse: teníamos cita para ver este Mundial (por televisión), recordando que una vez, cuando éramos muy chicos y no existía la televisión, escuchamos por radio la transmisión del partido desde el estadio Maracaná de Río de Janeiro –en la voz del inolvidable Carlos Solé- en la que la Celeste se consagraba campeón del Mundo.

“Era incomprensible: los uruguayos, tan distantes y respetuosos siempre, se abrazaban en las calles. Centenares en 18 de Julio (la principal avenida de Montevideo) escuchaban por altoparlantes ubicados en General Electric, La Vascongada y el London Paris, la transmisión de don Carlos Solé. “El fútbol produce milagros”.

Hasta hoy, 68 años después, escuchamos en las radios el relato de aquel golazo del Ñato Ghiggia, con un lagrimón rodando por la mejilla. Es difícil ser uruguayo y no amar el fútbol, después de dos consagraciones olímpicas en 1924 y 1928 y el primer campeonato mundial en 1930, en el Estadio Centenario de Montevideo. Es que Uruguay ingresó a la geografía mundial a las patadas, diría Galeano.

Antes de la final contra Argentina en las Olimpíadas de 1928, el periodista Nobel Valentini y el futbolista Álvaro Gestido crearon, sobre un motivo mundial popular, un verdadero himno de guerra: "Vayan pelando las chauchas/ aunque les cueste trabajo/donde juega la Celeste, todo el mundo boca abajo".

La letras no tiene nada de provocatico: En aquella épocas de amauterismo, en las ligas se jugaba por el asado o por el puchero, y el equipo que perdía debía pelar las chauchas para la ensalada

Xico Sá, amante del fútbol real como buen brasileño, señala que Oscar Tabárez, de 71 años, entrenador del equipo que eliminó a Portugal de la Copa del Mundo, con el espíritu del profesor primario, oficio que ejerció por décadas en las afueras de Montevideo, no deja de dar instrucciones hasta hoy a jóvenes jugadores uruguayos, con visitas a museos, estudios de mapas y visiones sobre botánica, entre otros diálogos sobre la existencia. El fútbol, para el técnico, no es sólo una cuestión de fuerza física y esquemas tácticos, pasa por la idea de formación de las personas.

Diego Lugano, el excapitán de la Celeste por muchos años, deletreó parte de la cartilla del maestro: "Antes de ser jugador de la selección uruguaya, usted necesita ser un buen ser humano para jugar con ella. Tabárez sólo convoca profesionales con valores éticos. Eso importa más para él que ser un gran jugador. Si coincidirán las dos cosas, eso es óptimo, pero esa es su idea. Para estar en la selección, primero uno debe tener esos dos requisitos: valores y ética. Si uno es un buen jugador o no, viene después”.

Galeano sostenía que no era fácil ser cronista o periodista deportivo. Cuando uno escribía bien, enseguida lo pasaban a otra sección “más seria”. Y recordaba el vía crucis de Osvaldo Soriano, gran escritor argentino, quien murió sin poder ser periodistas deportivo: “Pero no, Gordo, estás loco, ¿en Deportes? No. Lo tuyo está en Sociedad o en Cultura”, le dijo Rodolfo Walsh cuando Soriano intentó cubrir Deportes en el diario Noticias. Y el Gordo, mascullando bronca, dio media vuelta y se fue.

Me retracto: Galeano sí sabía la diferencia entre un hincha y un fanático.

sábado, 26 de agosto de 2017

Juan Rulfo y Eduardo Galeano: Admiraciones mutuas y vasos comunicantes

La Jornada

Por Mario Casasús

La relación de admiración y amistad que el escritor uruguayo tuvo y mantuvo con Juan Rulfo está bien y sabrosamente documentada en este acucioso artículo que pone a dialogar a estos dos grandes nombres de la literatura latinoamericana.
Una novela y un libro de relatos absolutamente geniales, y la figura ya mítica de su autor a cien años de su nacimiento, han sido y serán fuente de estudio e inspiración para las nuevas generaciones. Sus ramajes en la cultura occidental son inagotables.

Dedicatoria de Rulfo para Galeano
El tercer volumen de Memoria del fuego, publicado por Eduardo Galeano en 1986, comienza con una frase de Juan Rulfo: “y agarrándonos del viento con las uñas”. El epígrafe era un homenaje por partida doble: lo admiraba y el año iniciaba con la muerte de Rulfo, acaecida el 7 de enero de 1986. El cazador de historias escribió: 1927. San Gabriel de Jalisco. Un niño mira.

[…] Juan Rulfo contempla a ojo desnudo su tierra áspera. Ve a los jinetes, federales o cristeros, que lo mismo da, emergiendo del humo y, tras ellos, allá lejos un incendio. Ve la hilera de ahorcados, pura ropa en girones vaciada por los buitres, y ve una procesión de mujeres vestidas de negro.

Juan Rulfo es un niño de nueve años rodeado de fantasmas que se le parecen.

Aquí no hay nada viviente. No hay más voces que los aullidos de los coyotes, ni más aire que el negro viento que sube en tremolina. En los llanos de Jalisco, los vivos son muertos que disimulan.

En la página 245 del memorial, Galeano pasó de la niñez de 1927 a la madurez de 1953 (año de la publicación de El Llano en llamas, pero lo confunde con la aparición de Pedro Páramo en 1955). “Hace quince años dijo lo que tenía que decir”, señaló en el capítulo fechado: 1968. Ciudad de México. Rulfo.

En el silencio, late otro México. Juan Rulfo, narrador de desventuras de los vivos y los muertos, guarda silencio. Hace quince años dijo lo que tenía que decir, en una novela corta y unos pocos relatos, y desde entonces calla. O sea: hizo el amor de hondísima manera y después se quedó dormido.

Una década después de Memoria del fuego, el poeta Marco Antonio Campos publicó el libro de entrevistas Literatura en voz alta (1996), fue la primera vez que le preguntaron directamente por Rulfo, a lo largo de la conversación Galeano dijo:

Mi maestro es más Rulfo que Carpentier, aunque admire a los dos […] Quien me influyó más desde niño fue Horacio Quiroga. Una influencia temprana. Pero la influencia mayor no es de un uruguayo, sino de un mexicano: Juan Rulfo. Me dio una lección de sobriedad y economía verbales. Era la suya una sequedad mojada. El lenguaje de Rulfo es muy elaborado; él me enseñó que se escribe con el lápiz, pero que ante todo debe cortarse con el hacha.

Durante la gira de promoción del libro Espejos (2008), Galeano conversó con Armando G. Tejeda (corresponsal de La Jornada en España), el narrador uruguayo afirmó: -“Sí, yo escribo a mi manera, que es a su vez una manera muy influida por mi maestro Juan Rulfo. En una entrevista, hace ya algún tiempo, me pidieron que eligiera a los escritores más importantes en mi formación literaria. Yo contesté: Juan Rulfo, Juan Rulfo y Juan Rulfo” (29/05/2008).

La declaración sobre los escritores preferidos de Galeano data de la presentación de Bocas del tiempo (2004), en la Feria Internacional del Libro de Madrid: “abrió su discurso contando una anécdota curiosa; al pasear por la Feria se encontró con que la librería Juan Rulfo ocupa el número 333. El mismo número de sus historias breves [en Bocas del tiempo]. Rulfo fue mi amigo y maestro –señaló Galeano-. Fue el escritor del que me siento más cerca, que admiro y quiero. Cuando me preguntan cuáles son mis escritores favoritos repito: Juan Rulfo, Juan Rulfo, Juan Rulfo” (Agencia EFE, 7/05/2004). La primera vez que Galeano publicó un relato sobre su maestro fue en Días y noches de amor y de guerra (1978), en el capítulo El hombre que supo callar:

Juan Rulfo dijo lo que tenía que decir en pocas páginas, puro hueso y carne sin grasa, y después guardó silencio.

En 1974, en Buenos Aires, Rulfo me dijo que no tenía tiempo para escribir como quería, por el mucho trabajo que le deba su empleo en la administración pública. Para tener tiempo necesitaba una licencia y la licencia había que pedírsela a los médicos. Y uno no puede, me explicó Rulfo, ir al médico y decirle: “Me siento muy triste, porque por esas cosas no dan licencia los médicos”.

Los detalles de esta amistad no son conocidos en Sudamérica, en el libro Galeano. Apuntes para una biografía (2015), Fabián Kovacic menciona una vez al autor de Pedro Páramo: “Y en este caso ya hay cuatro nombres que influyeron sobre el boom y personalmente sobre Galeano. Se trata del uruguayo Juan Carlos Onetti, amigo mayor de Galeano y su maestro literario; el guatemalteco Miguel Ángel Asturias, iniciador de la saga de obras realistas en América Central utilizando para eso a la propia historia de su patria; el mexicano Juan Rulfo, promotor del realismo en su país, y el cubano Alejo Carpentier”. La genealogía literaria está en el radar del biógrafo Fabián Kovacic, sin embargo nadie había mencionado que Rulfo admiraba a Galeano, si bien fueron amigos, no había ningún registro del sentimiento recíproco.

En la Cátedra Juan Rulfo conversé con su hijo Juan Francisco, me dijo que recientemente encontró un ejemplar de Pedro Páramo dedicado y autografiado para Eduardo Galeano. La biblioteca personal de Rulfo resguarda 10,000 títulos, destacan 700 libros de fotografía, 50 traducciones de Pedro Páramo y 30 de El Llano en llamas, las ediciones latinoamericanas de sus tres libros (por ejemplo: Rulfo recibió -desde Montevideo- El gallo de oro publicado por Heber Raviolo en 1981), y varios ejemplares de Pedro Páramo con anotaciones en los márgenes.

En exclusiva para La Jornada Semanal, y con autorización de Juan Francisco Rulfo, estas líneas vienen acompañadas por la imagen de la dedicatoria que Rulfo escribió para Eduardo Galeano.

¿Por qué Rulfo no envió el libro al domicilio de Galeano en España?, no tenemos la certeza. Empero, el biógrafo Alberto Vital afirma: “Rulfo mandó muchas postales y escribió muchas cartas. La familia conserva los originales de misivas personales que él nunca envió a sus destinatarios” (Noticias sobre Juan Rulfo, 2017). Rulfo murió sin leer los dos capítulos de Memoria del fuego y Galeano murió sin leer la dedicatoria en Pedro Páramo. Incluso, el cineasta Juan Carlos Rulfo no sabía que su hermano Juan Francisco había encontrado el ejemplar autografiado, Juan Carlos estrenó -en el Instituto Cultural Cabañas- la serie documental Cien años con Juan Rulfo (siete episodios de cincuenta minutos cada uno), para el proyecto entrevistó a Galeano en Montevideo (marzo de 2014), los adelantos de la serie pueden verse en YouTube, resulta conmovedor escuchar a Galeano leyendo un fragmento de Pedro Páramo, y hubiera sido maravillosa la secuencia de imágenes y silencios de Galeano recibiendo el ejemplar autografiado por Rulfo. Juan Carlos heredó la amistad de su papá, Galeano viajó a México para ser padrino y testigo ante el juez del registro civil en la boda de Juan Carlos (en la actualidad, éste prepara un documental dedicado a Galeano y, seguramente el largometraje retomará esta historia exclusiva de La Jornada Semanal). Cuando entrevisté a Eduardo Galeano en Xalapa, con la intención de que escribiera un texto para el libro Juan Rulfo. Otras miradas, le pregunté:

- ¿Reconsideraría reescribir un ensayo sobre Rulfo sumando las declaraciones que usted ha hecho a la prensa?

- No, porque justamente es lo que me enseñó –fue mi amigo- le debo mucho, esa lección de silencio que nos dio a todos, él nos enseñó a valorar el silencio, a saber que las palabras están de antemano condenadas porque compiten con el silencio que es el más hondo de los lenguajes y uno sabe que va a perder. Aplica aquello que Onetti –otro gran maestro- me enseñó: “nunca dejes en el papel escritas palabras que no te parezcan mejores que el silencio, palabras que no te parezcan mejores que el silencio sácalas, suprimilas”. Claro a mí se me va la mano –a veces- porque saco todo, me quedan dos o tres palabras sin publicar; esa fue una lección que aprendí de Rulfo y que no olvidé nunca –Onetti después la complementó-, ese valor inmenso del silencio y el desafío que implica, entonces hay que saber callarse, los escritores tenemos que saber callarnos, cuando creo que he dicho una cosa de una manera redondita y que está bien, y expresa lo que quiero, como lo que dije de Rulfo: “había escrito poco en cantidad, pero lo había escrito de tal modo, con tanta intensidad y con tan alta perfección que eso era como alguien que hace el amor de hondísima manera y después se queda dormido”. Eso no hay que palabrearlo, creo que la vida no hay que palabrearla. Muchas veces recibo libros que están muy bien hechos, bien armados, pero están muy palabreados, a mí me gusta que la vida viva, no una vida palabreada (teleSUR, 25/05/2009).

Para conmemorar el centenario de Rulfo, el biógrafo Alberto Vital escribió: “Un acontecimiento en verdad importante para la vida de Juan Rulfo fue la lectura de Pablo Neruda. Si se quiere hablar de la biografía de Juan Rulfo, hay que hacer esto: hablar de sus lecturas, de su escritura y de sus fotografías” (Brecha, 19/05/2017). Lo mismo podemos decir de Galeano, conocer a Rulfo fue un acontecimiento importante; no podemos hablar de la biografía del uruguayo sin mencionar sus lecturas, su escritura y sus dibujos.

* Edición impresa de La Jornada Semanal (núm. 1168, pp. 2-3). Ciudad de México, domingo 23 de julio de 2017.


miércoles, 23 de agosto de 2017

“Eduardo Galeano fue en buena medida toda la América Latina que circuló por la revista Crisis”



Por Mario Casasús

En entrevista digital desde Buenos Aires, Fabián Kovacic (1966), autor del libro Galeano. Apuntes para una biografía (2015), confiesa: “No pude acceder a su casa, ni a él, ni a su familia. No me lo permitió el propio Galeano. Le escuché decir que tenía una biblioteca en la que atesoraba libros que iba trayendo de sus viajes, que le enviaban y le obsequiaban”. A pesar de las dificultades, Kovacic logró reconstruir la biografía intelectual del periodista, editor y narrador uruguayo, entre su genealogía literaria destacan Onetti, Rulfo, Asturias y Carpentier, los cuatro precursores del boom publicaron en el semanario Marcha, y mantenían una correspondencia con Galeano, según su biógrafo: “No tuve en mis manos ni leí completas esas cartas, pero me consta que existen, claro. Recuerdo las anécdotas de Onetti echado en su cama madrileña dialogando con Galeano”.
El corresponsal del semanario Brecha y catedrático de la Universidad de Buenos Aires comparte, con los lectores del Clarín de Chile, un anhelo y futuro proyecto: “Me gustaría volver a escribir ese libro con los nuevos testimonios que pude lograr una vez que Galeano falleció. Yo estoy convencido que si hubiera leído mi libro, se hubiera sentado a charlar conmigo. Quizá para corregirme, quizá para sorprenderse de algunas ideas sobre él. Sé que con los nuevos datos escribiría un nuevo libro, pero no uno que incorporara como rompecabezas los detalles faltantes. Sería un libro donde hubiera procesado todos esos datos nuevos para dar un nuevo contexto a mi trabajo y probablemente a su biografía”. Mientras tanto, la primera versión del libro circula en Latinoamérica con el sello de Ediciones B.

MC.- Fabián, tu primera entrevista con Eduardo Galeano data de 1992, ¿cuándo decides comenzar a escribir estos apuntes biográficos?

FK.- En realidad entrevisté a Galeano porque mi interés era la revista Crisis, que él fundó y dirigió en Buenos Aires entre 1973 y 1976. No estaba en mis planes una biografía. Sucede queCrisis es tan hija de Galeano que es imposible no vincularlos. Es como la impronta que él mismo dejó en las revistas Marcha (1939-1974) y Brecha (1985- ). Y Galeano fue en buena medida toda esa América Latina que circuló por Crisis entonces. La idea de la biografía surgió cuando fui convocado por Rogelio García Lupo y Silvia Itkin de Ediciones B para escribirla. Me pareció un hermoso desafío porque sería volver a recorrer con más profundidad los años de Crisis, además de los previos y los siguientes.

MC.- ¿Te sorprendió descubrir que el primer trabajo periodístico de Galeano era dibujar en “El Sol”?, ¿qué tan importante fueron los dibujos para el futuro narrador?

FK.- Sí, me sorprendió descubrir su familiaridad para el dibujo. El mismo me confesó que antes de la palabra fue el dibujo, en su vida. Era importante porque así se expresaba antes de poder escribir con naturalidad. Los dibujos pergeñados en la sede del Partido Socialista, sobre la calle Soriano en el centro de Montevideo, nacían entre charlas de domingo con el joven Raúl Sendic y el viejo fundador Emilio Frugoni, y antes que Galeano de apenas catorce años se fuera al cine con Frugoni a ver las películas italianas en las que actuaba Sofía Loren.

MC.- ¿Qué representan el semanario “Marcha” en general y Carlos Quijano en particular para la biografía de Galeano?

FK.- Marcha y Quijano son un buena parte del Galeano que todos conocimos. Marcha fue no solamente una revista de actualidad, sino una publicación que convocaba a los jóvenes a mirar con otros ojos los cambios que se avecinaban en el mundo. Esa idea del Tercerismo, ni con la Unión Soviética, ni con China, estuvo siempre muy presente en las páginas de Marchaentre las décadas de 1950 y 1970 por ejemplo. Quijano creía en esa dimensión truncada, por ahora, del socialismo latinoamericano. Y esa impronta siempre generó roces en la redacción de Marcha. Pero en ese clima fue forjándose el Galeano periodista, editor y escritor. 
MC.- Galeano debutó como secretario de redacción en “Marcha”, después dirigió otras publicaciones, ¿qué aprendizajes aplicó para su futuro papel de editor?, ¿cómo describirías su trabajo en “Crisis”?

FK.- Ernesto González Bermejo y Jorge Benigno Rivera, dos de los escrupulosos periodistas con los que trabajó Galeano en Marcha, Crisis y luego en Brecha, me confesaron con precisión: nunca vi a un tipo observar un tema y de entrada saber cómo había que tratarlo periodísticamente; cuánto espacio otorgarle y cómo distribuir el texto entre notas, recuadros, entrevistas y perfiles de los personajes que habitaban ese tema. Con sólo ver el tema ya tenía en claro cómo convertirlo en texto periodístico.

En ese sentido hay que admitir que hijo de Marcha fue el diario Época, también dirigido por Galeano entre 1964 y 1967, aproximadamente. Era un diario que representaba las voces de la izquierda uruguaya pero que incluía entrevistas con Jorge Luis Borges, por ejemplo. Y era convertir la gimnasia semanal de Marcha, en un ejercicio diario con Época, bajo la misma matriz periodística e ideológica. Eso le dio entrenamiento y contactos para trabajar. Además de viajes. No olvidemos que con 23 años viajó a China y publicó el libro China 1964, una joya periodística a mi criterio, porque busca fuentes sobre el terreno y no se casa con los chinos revolucionarios simplemente porque sí. De modo que llegó a Crisis con dos libros monumentales: China 1964 y Las venas abiertas de América Latina (1970), además de otros libros literarios y periodísticos. Eso ya le dio una capacidad de manejo de temas y de redacciones, infernal. 
MC.- Censuraron a Galeano en la revista “Che” por apoyar una huelga ferroviaria, y vivió el exilio por las amenazas contra “Crisis”, ¿padeció otros gajes del oficio en Latinoamérica?

FK.- No hay que olvidar que la entrevista con los guerrilleros guatemaltecos en 1966 casi le cuesta la vida cuando busca entrevistar al líder de los insurrectos en la montaña, César Montes. Guatemala, clave de Latinoamérica (1967) es el libro editado en diciembre de 1967 donde aparecen claras las peripecias que tuvo que sortear Galeano para llegar a los guerrilleros.

Su viaje a Venezuela en 1969 cuando casi pierde la vida a causa del mosquito del dengue entre los mineros y la fiebre del oro. Lo rescatan de milagro y lo llevan a la ciudad donde logran hidratarlo en el hospital y evitan su muerte. 
MC.- Entre los países de Latinoamérica que conoció Galeano te enfocas en Argentina y Cuba, ¿cuándo viajó por primera vez a México?

FK.- No podría precisar el primer viaje de Galeano a México. Tampoco la cantidad de viajes que hizo a México. Sé que se sentía a gusto allí y que apreciaba mucho a Juan Rulfo. Sé la anécdota sobre que los tres maestros que tuvo Galeano fueron: Juan Rulfo, Juan Rulfo y Juan Rulfo. Mi hipótesis sigue apuntando a Juan Carlos Onetti como su maestro literario y Carlos Quijano su maestro periodístico. Sencillamente porque los conoció antes que a Rulfo y porque él mismo insistió en la importancia de los encuentros con Onetti en la buhardilla de Marcha, en la ciudad vieja de Montevideo.

MC.- Carlos Quijano vivió exiliado en el Distrito Federal, en tu libro leí que el poeta Carlos Pellicer publicó en “Marcha”, encontré muchas referencias mexicanas en tus apuntes biográficos, ¿qué significó México para Galeano?

FK.- México era un lugar amable para Galeano tanto como para todos los hombres y mujeres de su generación. Allí se respiraba cultura latinoamericana, ansias revolucionarias por lo que ya había ocurrido en el territorio de Pancho Villa y Emiliano Zapata; estaba cerca de los movimientos revolucionarios de América Central y más cerca de Cuba. No en vano Carlos Quijano se fue a México exiliado. Pero no puedo decir mucho más, con el debido fundamento. 
MC.- En la página 156, afirmas que Onetti era el maestro literario de Galeano y mencionas tres influencias para complementar la lista: Rulfo, Asturias y Carpentier, ¿los tres publicaron en “Marcha”?, ¿conoces cartas de los cuatro precursores del boom dirigidas a Galeano?

FK.- No tuve en mis manos ni leí completas esas cartas, pero me consta que existen, claro. Recuerdo las anécdotas de Onetti echado en su cama madrileña dialogando con Galeano. Para Galeano, Asturias fue una suerte de iniciador del realismo mágico latinoamericano, junto a Carpentier a quien admiraba por su profundo conocimiento y entrañable conocimiento de la vida y la cultura del Caribe. Ahora mismo se me hizo una laguna y no podría nombrarte una fecha y ejemplar exacto en el que escribieran esos tres grandes. Onetti fue parte de Marcha en su primera etapa, y publicaba bajo el seudónimo de Periquito el Aguador. 
MC.- El editor Galeano publicó la última entrevista a Neruda en agosto de 1973, ¿conservas las fotocopias, o ejemplares originales, de “Marcha” y “Crisis”?

FK.- La colección completa de Marcha está online y conservo la primera época completa de Crisis con Neruda incluido, sí. 
MC.- ¿Sabes cuál era su mayor orgullo periodístico?, ¿cuál consideraba su mejor libro?

FK.- No sé cuál consideraba su mejor libro. Sé que Las venas abiertas de América Latina, lo cansó como producto marketinero. Pero no renegó de él. Nunca escuché que hablara de sus orgullos periodísticos. No lo imagino tampoco mencionando uno u otro en particular. 
MC.- Al escribir estos apuntes biográficos, ¿preparaste una cronología?, necesito saber dónde estaba Galeano en mayo de 1978.

FK.- En mayo de 1978 Galeano ya estaba exiliado en España en Calella de la Costa, a pocos kilómetros de Barcelona. Eran los meses en que estaba a fondo escribiendo y terminando sus Días y noches de amor y de guerra (1978), una suerte de biografía de su paso por Argentina y los años de su infancia uruguaya. 
MC.- ¿Consultaste la biblioteca personal de Galeano?, ¿tenía su propia hemeroteca?

FK.- No pude acceder a su casa, ni a él, ni a su familia. No me lo permitió el propio Galeano. Le escuché decir que tenía una biblioteca en la que atesoraba libros que iba trayendo de sus viajes, que le enviaban y le obsequiaban. No podría confirmarte si tenía hemeroteca. 
MC.- Finalmente, acaba de salir el libro: “Eduardo Galeano, un ilegal en el paraíso” (2017), ¿te gustaría reeditar tus apuntes biográficos con las nuevas lecturas y los hallazgos?

FK.- Me gustaría volver a escribir ese libro con los nuevos testimonios que pude lograr una vez que Galeano falleció. Yo estoy convencido que si hubiera leído mi libro, se hubiera sentado a charlar conmigo. Quizá para corregirme, quizá para sorprenderse de algunas ideas sobre él. Sé que con los nuevos datos escribiría un nuevo libro, pero no uno que incorporara como rompecabezas los detalles faltantes. Sería un libro donde hubiera procesado todos esos datos nuevos para dar un nuevo contexto a mi trabajo y probablemente a su biografía.

lunes, 8 de junio de 2015

El derecho a pensar, el derecho a sentir, el derecho a soñar

Rebelión

Por Emilio Rucandio Palomar


A Helena Villagra, por sus sueños

Fer

Eduardo Galeano, que tanto quería al pueblo cubano y que tanto admiraba su dignidad, porque “La independencia es otra forma de dignidad” (1), nos ha dejado su coherencia como persona y su calidad como un gran escritor, aunque, para mí, ambos aspectos estén vinculados. Su conciencia crítica y su valoración de la libertad y de la justicia le llevaban a decir lo que pensaba. Por eso, aunque su corazón siempre estuvo con el pueblo cubano y frente al bloqueo norteamericano, también expresó su disconformidad con determinadas medidas del Gobierno Cubano. Un ejemplo de ello es el artículo es el artículo “Cuba duele” (2 ), en el que afirmaba: “Las prisiones y los fusilamientos en Cuba son muy buenas noticias para el superpoder universal, que está loco de sacarse de la garganta esta profunda espina. Son muy malas noticias, en cambio, noticias tristes que mucho duelen, para quienes creemos que la libertad y la justicia marchan juntas o no marchan”. Y es que la conciencia crítica de este escritor y su coherencia como persona explican su sensibilidad y rebeldía ante las situaciones injustas (las dictaduras, el imperialismo -con Estados Unidos a la cabeza-, la trampa de la globalización capitalista y las consecuencias catastróficas derivadas de la misma…). El autor de Las venas abiertas de Américas Latina (1971) no es ningún optimista ingenuo que se pone la venda en los ojos para no ver la realidad. No, Eduardo Galeano considera que hay dolores evitables y dolores inevitables, y, precisamente por esta dualidad de dolores, hay motivos para la esperanza (3) Lo que he aprendido, más bien a los golpes, es a distinguir los dolores evitables de los inevitables. O sea que los dolores que nacen de la pasión humana: el amor que pasa, la muerte que pisa, son los dolores que nada, joderse, pero hay muchos otros dolores evitables que el sistema multiplica. Yo siempre digo que no solamente te cobran el impuesto al valor agregado, sino también el impuesto al dolor agregado: por si fueran pocos los dolores inevitables de la condición humana el sistema te agrega otros y entonces surgen los dolores evitables Cada minuto mueren de hambre o de enfermedad curable 10 niños; éste es un dolor evitable, si será evitable que cada minuto este mismo mundo gasta tres millones de dólares en gastos militares, en la industria de la muerte, entonces, bueno, a ver, ¿es evitable o es inevitable? ¿estamos condenados a trabajar para el exterminio del prójimo? ¿o es el sistema el que nos prepara para hacer eso? Porque si es una fatalidad del destino, bueno, apagá y vamos, como han hecho varios compañeros que han decidido más vale pasarla bien y olvidarse…”
Pero, además, el autor de Los hijos de los días (2012) nos ha dejado no solo su conciencia crítica, sino, también la exigencia de la autocrítica (4): “También soy la suma de mis metidas de pata”, dice.

Nos ha dejado su compromiso con los “nadies”, compromiso que le obligó a exiliarse para salvar su vida de los dictadores de turno y oficio. Esos “nadies” de los que él habla son los silenciados, los “ninguneados” por el neoliberalismo capitalista, esto es, por la dictadura del mercado, que solo tiene en cuenta a los que tienen sus finanzas muy bien saneadas. Para ellos, si no tienes no eres, es decir, no existes. O, de otra forma, tener es existir (5):

Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los nadies con salir de pobres. Que algún mágico día llueva de nuevo la buena suerte, pero la buena suerte no llueve, ayer, ni mañana, ni nunca, ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte, por mucho que los nadies llamen y aunque les pique la mano izquierda, o se levanten con el pie derecho, o empiecen cambiando de escoba.

Los nadies: los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos.

Que no son, aunque sean.

Que no hablan idiomas, sino dialectos.

Que no profesan religiones, sino supersticiones.

Que no hacen arte, sino folklore.

Que no son seres humanos, sino recursos humanos.

Que no tienen cara, sino brazos.

Que no tienen nombre, sino número.

Que no figuran en la historia universal, sino en la prensa roja de la crónica local.

Que cuestan menos que la bala que los mata.

Ver el mundo desde el punto de vista de los excluidos por/del sistema dominante y el estar a su lado explica que el escritor de El libro de los abrazos (1989) haya hecho algo de vital importancia (nunca mejor dicho): la recuperación (con testimonios orales y fuentes escritas) de la memoria histórica sepultada, de la memoria colectiva olvidada y silenciada. De esta forma, ha logrado desenmascarar, poco a poco, la mentira de la llamada “historia oficial” que, en realidad, no es más que un “museo de momias”. Su defensa de los marginados, su opción por los de “abajo” (“abajo y a la izquierda”), como diría el Subcomandante Marcos, ahora El SupGaleano (6), junto con la calidad de su obra, son algo difícil de encontrar en otros autores. Compromiso personal y calidad literaria, que como hemos afirmado al comienzo de estas líneas, se articulan en una unidad, es decir, no están disociadas. Eduardo Galeano siempre fue fiel a unos ideales, a unas profundas convicciones, ha rehabilitado la utopía crítica, aunque le haya supuesto un inmenso esfuerzo y desgaste, ya que es difícil mantener la esperanza, porque los aspectos lacerantes de este mundo van minando esa esperanza de crear o inventar un mundo mejor que sea posible. El autor de Los sueños de Helena (2011) no es ningún ingenuo, como ya he dicho, ni ningún hipócrita o “falluto”, tal y como se deduce de su comportamiento como ciudadano y de estas declaraciones, y de estas declaraciones que le hace a Miguel Fauré Polloni en una entrevista publicada en Rebelión (7 ): “Y unidos por esta especie de esperanza común, esperanza de que la realidad no sea un destino, que la realidad sea todo un desafío donde todo puede cambiar, no estamos condenados a repetir la Historia, podemos imaginarla, podemos hacerla (…) La verdad es que cada día yo me desespero más y más me desesperanzo. Me preguntan a mí, ¿usted es optimista? Depende de la hora a la que me agarrás. Yo no creo en los optimistas full time, esas sonrisas de oreja a oreja, que no importa, adelante, que todo va a estar bien, no es lo mío. Yo creo que la realidad es una mierda, pero también una maravilla, el mundo es las dos cosas (…) Estamos habitados por las vidas que vivimos y las experiencias que tuvimos, nuestras desdichas, nuestros amores, nuestros desamores, amigos, las esperanzas, las desesperanzas, las traiciones, ¡uf! Si habrá cosas dentro de uno. Estamos llenos de gente”. Es decir, no estamos solos –dice Galeano-, porque nuestras vidas están repletas de experiencias, positivas y negativas, como las de otros seres humanos, pero, además, gran parte de lo que somos tiene como causa nuestras propias decisiones o las de los demás que. queriéndolo o sin quererlo, a veces, nos implican para bien o para mal, pero, en todo caso, los dioses no tienen nada que ver con aquello de lo que nosotros somos responsables. Por lo tanto, tenemos libertad, pero también nuestra responsabilidad en lo que se refiere a nuestro devenir existencial o coexistencial, aunque, claro está, las circunstancias de cada uno hacen que se sea más libre o menos libre a la hora de tomar decisiones.

Considero que este gran apasionado del fútbol como deporte (El fútbol a sol y sombra, publicado en 1995, es un ameno y original libro sobre este tema), este gran aficionado al fútbol, decía, no como negocio, ni como pretexto para reuniones de bárbaros y energúmenos y, a veces, delincuentes y asesinos, este maravilloso contador de historias, que anda mendigando “Una linda jugadita por amor de Dios”, y que cuando veía los partidos de un mundial ponía en la puerta de su casa: “Cerrado por fútbol”, es uno de los más grandes escritores y pensadores (un “sentipensante” a su modo y manera) del mundo y no solo de Latinoamérica.. El término “sentipensante”, en lugar de “intelectual”, lo utiliza el autor de Patas arriba. La historia del mundo al revés” (1998), en una entrevista que le hace Jorge Majfud para el periódico argentino Página 12 (8) en la que le pregunta por la mayor o menor influencia de los intelectuales en la sociedad, vocablo ante el que Galeano muestra ciertas reticencias, como él mismo confiesa: “Yo creo que escribir no es una pasión, inútil. Pero esa generalización “los intelectuales”, orgánicos o no orgánicos, no se parece mucho al mundo real. Hay de todo en la viña del Señor. En mi caso, te puedo decir que trabajo con palabras, que soy un inútil total y eso es lo único que me sale más o menos bien, y que me consta, por experiencia propia y ajena, que el acto de lectura es una secreta, y a veces profunda, ceremonia de comunión. Quien lee algo de veras que merece la pena, no lee impunemente. Leer un libro de esos que respiran cuando te los ponés al oído no te deja intocado: te cambia, aunque sea un poquitito, te incorpora algo, algo que no sabías o no imaginabas, y te invita a buscar, a descubrir el verdadero significado de las palabras traicionadas por el diccionario de nuestro tiempo. ¿Qué más puede querer una conciencia crítica?

(…) Yo escribo queriendo decir y decirme en un lenguaje sentipensante, certera palabra que me enseñaron los pescadores de la costa colombiana del mar Caribe, y por eso, justo por eso, no me gusta nada que me llamen intelectual. Siento que así me convierten en una cabeza sin cuerpo, situación por demás incómoda, y que me están divorciando la razón de la emoción. Se supone que el intelectual es capaz de entender, pero yo prefiero al capaz de comprender. Culto no es quien acumula conocimientos, porque entonces no habría nadie más culto que una computadora. Culto es quien sabe escuchar a los demás, escuchar las mil y una voces de la naturaleza de la que formamos parte. Para decir, escucho. Escribo en un viaje de ida y vuelta, recojo palabras que devuelvo, dichas a mi modo y manera, al mundo de donde vienen”.

En realidad, las palabras anteriores indican la voluntad del escritor de incorporar a su obra las palabras de la colectividad, de las palabras anónimas, pues está convencido, es decir, no se trata de una falsa modestia, de que la cultura no solo está en los ámbitos académicos, sino en los muros de las paredes de las ciudades, en las calles y en los cuentacuentos anónimos, que él vio y escuchó de pequeño en los bares de Montevideo. Galeano suele contar, oralmente y por escrito, que sus profesores fueron estos personajes, de los que aprendió el arte de contar historias que, aunque fueran inventadas, cautivaban al oyente. El autor de Memoria del fuego (1982) cree que hay que aprender a ver y a escuchar para, en un acto de humildad, aprender a comprender lo visto y escuchado. Pero para saber ver hay que pararse ante la realidad, aunque esta sea la de una pared con un texto escrito, de la misma forma que para saber escuchar no hay que hacerse el sordo. Por ejemplo, veamos lo que hay escrito en alguna de esas paredes del mundo (9):

En la Facultad de Económicas de Montevideo:

La droga produce amnesia y otra cosa que no recuerdo.

En Santiago de Santiago de Chile, a orillas del río Mapocho:

Bienaventurados los borrachos, porque ellos ven a Dios dos veces.

En Buenos Aires, en el barrio de Flores:

Una novia sin tetas más que novia es un amigo.

Eduardo Galeano es un ejemplo de cómo se puede aprender, insisto, no solo a través de los cauces académicos. Él suele referirse a esta cuestión cuando nos habla de su aprendizaje como escritor. El siguiente texto es lo suficientemente esclarecedor (10):

Yo no tuve la suerte de escuchar a Sherezade.

No aprendí a narrar en los palacios de Bagdad.

Mis universidades fueron los cafés de Montevideo.

Los cuentacuentos anónimos me enseñaron lo que sé.

En la enseñanza formal que tuve, porque no pase de primero de liceo, fui un pésimo estudiante de historia.

Y en los cafés descubrí que el pasado es presente, y que la memoria podía ser contada de tal manera que dejara de ser ayer para convertirse en ahora.

No recuerdo la cara ni el nombre de mi primer profesor.

Fue cualquier parroquiano de esos que todavía se reúnen en los pocos cafés que quedan para evocar los tiempos en que había tiempo para perder el tiempo.

Él contó una historia, ahí en la rueda de amigos donde yo estaba de colado. Era una historia del año 1904. Por la edad se veía que él no había ni nacido en aquel entonces, pero la contaba como si hubiera estado allí. Fue mi primera lección: el arte es una mentira que dice la verdad.

Y escuchando aprendí que se puede contar lo que pasó de tal manera que vuelva a ocurrir cuando uno lo cuenta, y que uno pueda escuchar ese remoto trueno de los cascos de los caballos, y que uno pueda ver sus huellas en la arena, aunque el suelo sea de baldosa o madera.

Y aquel hombre, para decir la verdad, mintió que él había recorrido las praderas ensangrentadas, después de una batalla, y había visto los muertos. Y uno de los muertos, dijo, era un ángel. Un muchacho bellísimo, con la vincha blanca roja de sangre. Y la vincha decía: “Por la patria y por ella”, y la bala había entrado en la palabra “ella”.

El legado de Eduardo Galeano es tan rico que de él se podría decir lo que se preguntaba Óscar Moreno de Pablo sobre Miguel Hernández (11): “¿Qué sería de nosotros sin Miguel?” En el caso del escritor uruguayo también nos podemos preguntar: “¿Qué sería de nosotros sin Eduardo Galeano?”.

Galeano nos ha dejado su reivindicación y admiración de las mujeres de todo tipo, más o menos conocidas o totalmente desconocidas (Rosa Luxemburgo, Las Madres de la Plaza de Mayo, Emma Goldman, “las comuneras”, etc.). Detengámonos un momento en Emma Goldman, de la que habla en estos términos en el texto “Otra exiliada” (12 ):

A fines de 1919 doscientos cincuenta extranjeros indeseables partieron del puerto de Nueva York, con prohibición de regresar a los Estados Unidos.

Entre ellos, marchó al exilio Emma Goldman extranjera de alta peligrosidad, qua había estado presa varias veces por oponerse al servicio militar contra la seguridad nacional, por difundir métodos anticonceptivos, por organizar huelgas y por otros atentados contra la seguridad nacional.

Algunas frases de Emma:

La prostitución es el más alto triunfo del puritanismo.

¿Hay acaso algo más terrible, más criminal, que nuestra glorificada y sagrada función de la maternidad?

El Reino de los Cielos ha de ser un lugar terriblemente aburrido si los pobres de espíritu viven allí.

Si el voto cambiara algo sería ilegal.

Cada sociedad tiene los delincuentes que merece.

Todas las guerras son guerras entre ladrones demasiado cobardes para luchar, que mandan a otros a morir por ellos.

Pero Eduardo Galeano no solo defiende la igualdad de derechos para las mujeres y los hombres, sino que, además, señala a las “prestigiosas” personas o a “prestigiosas” instituciones como responsables de la represión ejercida sobre las mujeres, así como por los comentarios machistas que se han hecho sobre ellas En el texto “Marzo, 8, Homenajes” escribe (13):

Hoy es el día de la Mujer:

A lo largo de la historia, varios pensadores, humanos y divinos, todos machos, se han ocupado de la mujer, por diversas razones:

· Por su anatomía

Aristóteles: La mujer es un hombre incompleto.

Santo Tomás de Aquino: La mujer es un error de la naturaleza, nace de un esperma en mal estado.

Martín Lutero: Los hombres tienen hombros anchos y caderas estrechas. Están dotados de inteligencia. Las mujeres tienen hombros estrechos y caderas anchas, para tener hijos y quedarse en casa.

· Por su naturaleza

Francisco de Quevedo: Las gallinas ponen huevos y las mujeres, cuernos.

San Juan Damasceno: La mujer es una burra tozuda.

Arthur Schopenhauer: La mujer es un animal de pelo largo y pensamiento corto.

· Por su destino

Dijo Yavhé a la mujer, según la Biblia: Tu marido te dominará.

Dijo Alá a Mahoma, según el Corán: Las buenas mujeres son obedientes.

Menos mal que hay escritores, como Mario Benedetti, que tienen poemas hermosísimos y reivindicativos sobre la mujer (“Si Dios fuera mujer” es uno de ellos) o un bello libro que viene a ser la antítesis o la réplica de la concepción de Schopenhauer sobre la mujer: El amor, las mujeres y la vida.

Pero siguiendo con Galeano, diremos que suele mencionar a su mujer Helena, en sus obras y en las entrevistas que le hacen, para explicar cómo ha entrado en su obra y cómo ha llegado a ocupar un lugar fundamental en la misma. En el año 2011, la Editorial Libros del Zorro Rojo publicó una edición muye bella de Los sueños de Helena, con ilustraciones de Isidro Ferrer. Uno de sus sueños es “Amares” (14):

Nos amábamos rodando por el espacio y éramos una bolita de carne sabrosa y salsosa y echaba jugosos aromas y vapores mientras daba vueltas y vueltas por el sueño de Helena y por el espacio infinito y rodando caía suavemente, hasta que iba a parar al fondo de una gran ensalada.

Allí se quedaba aquella bolita que éramos ella y yo; y desde el fondo de la ensalada vislumbrábamos el cielo. Nos asomábamos a duras penas a través del tupido follaje de las lechugas, los ramajes del apio y el bosque de perejil, y alcanzábamos a ver algunas estrellas que andaban navegando en lo más lejos de la noche.

Tanta importancia tiene para Galeano la mujer, y su mujer, que, dice, ella hace al escritor reinventar el mundo cada día, soñar con la utopía, es decir, seguir caminando activamente hacia otro mundo mejor que el de nuestro presente. Así continúa hablando de los sueños de su mujer Helena en una entrevista que le hacen (15): “Soy polígamo pero con una misma mujer (…) Esta mujer tiene sueños prodigiosos, impresionantes, muy humillantes para mí, se dedica a humillarme cada mañana: hay un sadismo femenino (risas). Son muchísimos sueños así, impresionantes, que ella tiene para sintetizar la vida, para ser capaz de expresar en un lenguaje que es el lenguaje del arte, expresar procesos vitales, las cosas que ocurren en el mundo a través de una chica, minúscula historia. Ella no escribe pero es como una narradora, entra en la noche como quien entra en un cine, y ahí hace sus películas, narra cinematográficamente la realidad”.

De Eduardo Galeano, ya lo hemos dicho al principio, nos ha quedado su coherencia, su autenticidad: hace lo que dice y dice lo que piensa. Por eso, entre otros motivos, admira tanto al Che y al Subcomandante Marcos, quien en un comunicado, dado a conocer poco antes de la muerte del escritor uruguayo, firma como El SupGaleano, en homenaje al maestro zapatista asesinado, José Luis López, cuyo apelativo como zapatista era el de “Eduardo Galeano”, tal vez por su respeto y admiración por el escritor uruguayo de Vagamundo y otros relatos(1973)., cuyo respeto por el Che y por el Subcomandante Marcos lo podemos comprobar, en algunos textos de entre los varios que se podrían aportar:

1. De Ernesto Che Guevara, Galeano hace el siguiente comentario para explicar la vigencia del revolucionario argentino (16):

¿Por qué el Che tiene esa peligrosa costumbre de seguir naciendo? Cuanto más lo manipulan, cuanto más lo traicionan, más nace. Él es el más nacedor de todos. ¿No será porque el Che decía lo que pensaba y hacía lo que decía? ¿No será que por eso sigue siendo extraordinario en un mundo donde las palabras y los hechos muy rara vez se encuentran y cuando se encuentran no se saludan, porque no se reconocen?

Obviamente, y por lo que llevamos exponiendo, Galeano se refiere al Che en más textos, que tal vez en otra ocasión puedan ser comentados. Sin embargo, no me resigno a dejar de transcribir el texto titulado “Don Quijote” (17), en el que el escritor uruguayo toma una parte de la carta de despedida que el Che Guevara dirige a sus padres. En ella el guerrillero revolucionario se identifica con Don Quijote. Me parece muy significativo el párrafo elegido por Galeano, porque vincula al personaje de la ficción con el persona histórico, ya que ambos creen en la utopía, que no ha muerto, dice Galeano, a pesar del tiempo transcurrido entre Cervantes y el Che :

El caballero de la triste figura llevaba más de tres siglos y medio de malandanzas por los caminos del mundo, cuando el Che Guevara escribió: Otra vez siento bajo mis talones el costillar de Rocinante. Vuelvo al camino con mi adarga al brazo.

  Navega el navegante, aunque sepa que jamás tocará las estrellas que lo guían.  

2. En cuanto al Subcomandante Marcos, ahora el Sub/Sup Comandante Galeano, Eduardo Galeano ha sido el destinatario de alguna de sus cartas, en las que le habla de las costumbres de los zapatistas, de los libros que lee del propio Galeano, del fútbol, del paisaje y del clima de Chiapas, etc., y le solicita que salude a Mario Benedetti y le diga, por ejemplo, que tomó su nombre de zapatista, “Marcos”, del personaje homónimo de su obra El cumpleaños de Juan Ángel (1971) y que le comente cómo sus poemas llegan a lo más profundo, a lo más entrañable del ser humano, como puede ser el de una mujer (18):

Señor Galeano:

Le escribo porque… porque me dieron ganas de escribirle. Porque ya pasó el día del niño acá en México y se me ocurre que a usted le puedo platicar lo que acá pasa, en un día del niño, en medio de una guerra sorda. Le escribo porque no tengo ninguna razón para hacerlo y, entonces, puedo así contarle lo que pasa o lo que me viene a la cabeza, sin la preocupación de que no se me vaya a olvidar el motivo de la carta. Por- que sí, pues.

También porque perdí el libro que me regaló y porque este ratón cambista que suele ser el destino (?) ha repuesto el libro perdido con otro libro. Y porque se me ha quedado bailando en la cabeza una parte del libro Las palabras andantes.

Porque dice así:

¿Sabe callar la palabra cuando ya no se encuentra con el momento que la necesita ni con el lugar que la quiere? ¿Y la boca, sabe morir?”

Ventana sobre la palabra (VII), p. 262.

La carta finaliza así:

P.D. improbable. Salude usted de mi parte, si lo ve, al tal Benedetti. Dígale usted, por favor, que sus letras, puestas por mi boca en el oído de una mujer, arrancaron alguna vez un suspiro como esos que echan a andar a la humanidad entera. Dígale también que quién quita y lo de “Marcos” fue por “el (sic) l cumpleaños de Juan Ángel”.

Por su parte, Eduardo Galeano ha defendido la causa zapatista, además de muchas otras, y ha escrito sobre Chiapas. Así nos habla de la “Resurrección de María” (19):

María renació en Chiapas.

Fue anunciada ayer por un indio del pueblo de Simojovel, que era primo suyo, y por un ermitaño que no era pariente y vivía dentro de un árbol de Chamula.

Y en el pueblo de Santa María Xolotepec, Dominica López estaba cosechando maíz cuando la vio. La mamá de Jesús le pidió que le alzara una ermita, porque estaba cansada de dormir en el monte. Dominica le hizo caso; pero a los pocos días vino el obispo y se llevó presos a Dominica, a María y a todos sus peregrinos.

Entonces María se escapó de la cárcel y se vino al pueblo de Cancuc y habló por boca de una niña que también se llamaría María.

Los mayas tzetlales nunca olvidaron lo que dijo. Habló en lengua de ellos, y con voz ronquita mandó

que no se negasen las mujeres al deseo de sus cuerpos, porque ella se alegraba de esto;

que las mujeres que quisieran se volvieran a casar con otros maridos, porque no eran buenos los casamientos que habían hecho los curas españoles;

y que era cumplida la profecía de sacudir el yugo y restaurar las tierras y la libertad, y que ya no había tributo, ni rey, ni obispo, ni alcalde mayor.

Y el Consejo de Ancianos la escuchó y la obedeció. Y en el año 1712, treinta y dos pueblos indios se alzaron en armas.

Como vemos, la Virgen Madre, la Madre Dolorosa del Jesús de los Evangelios queda subvertida, transgredida por la cultura indígena, en la que adquiere un papel activo revolucionario, y la narración dominante (Iglesia Católica) pasa a ser cuestionada (levantamiento en armas de los pueblos indígenas contra los conquistadores católicos).

Un último ejemplo del apoyo de Galeano a los zapatistas. El día 2 de abril de 2009, en la Sala Nezahualcóyolt, de la Universidad Autónoma de México, completamente llena, se congregaron más de 2.000 asistentes, además de los que se tuvieron que quedar fuera del recinto, que se “conformaron” con escuchar, a través de unos altavoces instalados en el exterior, estas palabras del extraordinario conversador y maestro en el arte de la comunicación oral (20):

Zapatistas somos muchos en todas partes aunque no sepamos que lo somos. Todos los que actuamos movidos por la voluntad de justicia y la voluntad de belleza. Y todos los que agrademos a “Marcos” que haya inyectado sentido del humor al discurso comunitario tradicional de la izquierda, que yo creo que ese es el mérito principal, aparte de todo lo que el movimiento zapatista nos enseña: como movimiento comunitario, indígena. De raíces hondas, que anda en busca de una democracia de verdad; pero además, esta novedad del sentido del humor que era completamente ajeno al discurso de la izquierda tradicional. No te tomes en serio nada que no te haga reír. Le agradezco a “Marcos” que me haga reír.

Continuando con lo que nos ha dejado Galeano, nos queda su elegancia, su inmensa capacidad de comunicar, que consigue no solo cuando leemos sus textos, sino, también, cuando lee y habla (con su ritmo pausado de lectura o de conversación, con su mirada, con su seriedad, con su sonrisa, con el movimiento de sus manos…). Y, sin embargo, observo que su inmensa popularidad no ha conseguido en España el reconocimiento académico que merece su obra. ¿Por qué será con tantos reconocimientos académicos como hay? ¿Tal vez porque escribe cuando le pica la mano? “Escribo cuando me pica la mano”, nos dice. Sin embargo, en España no ha logrado ser valorado en el ámbito docente como se merece, aunque posee méritos de sobra para ello y a pesar de que sus textos invitan a un trabajo docente interdisciplinario entre diversas áreas: Literatura, Periodismo, Historia, Filosofía, Ética, Religión Católica desde la perspectiva de la Teología de la Liberación… Como lector y profesor de Literatura, en la actualidad jubilado, me indigna este lamentable “olvido”, así como el que en este país, hasta donde yo sé, no se le haya nombrado Doctor Honoris Causa por ninguna Universidad, por una parte, y, por otra, que yo conozca, y me gustaría equivocarme, son muy pocos los Premios que se le han concedido: el Premio a la Comunicación solidaria, de la ciudad de Córdoba, el Premio Manuel Vázquez Montalbán, del F .C. Barcelona, el Premio del Círculo de Bellas Artes de Madrid, y el Premio Bilbao, Por supuesto que, como ocurrió con Mario Benedetti, no le han otorgado ni el Premio Nobel en ninguna de sus modalidades, ni el Premio Cervantes. No obstante, recuerdo que hace ya bastantes años, lo pudimos ver y escuchar en la Facultad de Bellas Artes de Valencia, en un salón de actos totalmente lleno, por lo que muchos asistentes no pudieron entrar y permanecieron en el exterior del recinto para escuchar su mensaje gracias a un sistema de megafonía que se tuvo que improvisar. También es preocupante que prácticamente, que yo sepa, hasta el momento (6 de mayo de 2015), en España no hay estudios críticos sobre Eduardo Galeano. Solo he encontrado uno reproducido por la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, de la Universidad de Alicante (21 ). Por otra parte, con fecha de 30 de abril de 2015, me llega la grata noticia del que el Centro de Estudios Iberoamericanos Mario Benedetti (CEMAB), también de la Universidad de Alicante, ha invitado al Dr. Francisco Domínguez a dar una conferencia en su sede, el día 7 de mayo, con el siguiente título: “Del Canto General a la Memoria del Fuego de Galeano”. Sin embargo, a pesar de la exigua bibliografía sobre Galeano, este siempre tuvo y tendrá el Premio del afecto de sus miles de lectores, muchos de ellos jóvenes. El escritor de Bocas del tiempo (2004) siempre permanecerá en el corazón de muchas personas del mundo entero, a través de sus textos escritos o de sus relatos orales, que pueden ser vistos y escuchados por internet. Estará en el corazón de quienes aman la literatura que combina la reflexión y la amenidad, en el corazón de las personas indignadas , en el corazón de las personas disconformes con el estado actual del mundo, en el corazón de las personas que todavía encuentran tiempo para ir caminando por la calle sin prisa y miran y observan lo que se encuentran mientras caminan, en el corazón de las personas, en fin, que aun tienen tiempo para perder el tiempo y, en definitiva, en el corazón de quienes buscan obras de autores “comunicantes”, como denominó Mario Benedetti a determinados escritores (22).

Así pues, como hemos visto, para Galeano, el escritor ha de tener una actitud crítica con este mundo que lo hemos construido mal, pero no ha de aburrir al lector, ya que “si contara nada más que lo que tiene de horrendo, la gente se moriría de aburrimiento, que es lo que pasa con gran parte de la literatura bienintencionada, que en lugar de indignación genera sueño. No sueños, sino sueño, o sea una irresistible necesidad de dormir porque es aburridísima y en efecto esas letanías de dolor incesante no conducen a ninguna parte porque aburren a todos y, además, justamente, los dolientes de dolor lo que menos quieren es volver a escuchar el dolor que padecen, encima de que lo están padeciendo. Entonces hay que saber tratar de acercarse a estos temas a veces muy espinosos logrando que sean atractivos y que además estén siempre acompañados por una contraparte: a veces una pequeña frase, una pequeña cosita que indique que en medio del desierto hay un trébol de cuatro hojas, o de cinco o de seis hojas” (23).

En fin, el maestro Galeano nos ha dejado tanto, tanto, tanto… Podríamos continuar hablando, por citar un tema, de sus lecturas de Don Antonio Machado, Pablo Neruda, Lorca, Cernuda, Miguel Hernández, etc., pero no lo haremos en esta ocasión.

Quiero acabar estas notas diciéndole a su mujer, Helena Villagra, que quienes tanto debemos a su marido podemos decir de él lo que este gran “escribidor” dijo cuando falleció su compañero Mario Benedetti (24): “Benditos los hombres y mujeres generosos como él”.

Valencia, 6 de mayo de 2015

Notas:

(1) Galeano hace esta afirmación en el diario mexicano La Jornada, México D. F., 23-02-2011.

(2) Vid. La Jornada, México, D. F., 18-04-2003.

(3) Entrevista realizada a Eduardo Galeano por Miguel Fauré Polloni, en la que destaca, a modo de titular, la siguiente declaración: “Vivir de verdad implica vivir apasionadamente”, en Rebelión 24-10-2009.

(4) Vid. la entrevista concedida a Jorge Majfud en el diario argentino Página 12, Buenos Aires, 7-10-2008 (htpp://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3.116248-2008-12-07.htlm). La entrevista la reproduce Rebelión el 9-11-2008).

(5) Este emblemático texto (“Los nadies”) pertenece al no menos emblemático El libro de los abrazos (1989). Cito por la edición española, Madrid, Siglo XXI de España Editores, 2004, decimoséptima edición, p. 59.

(6) El 24 de mayo de 2014 el Subcomandante Insurgente Marcos firma el comunicado “Entre la luz y la sombra”, precedido del antetítulo “Últimas palabras del Subcomandante Marcos antes de dejar de existir” (vid. http://martamoli.wordpress.com/2014/05/25/entre-la-luz-y-la-sombra-comunicado-completo-ezln). En él anuncia que “éstas serán mis últimas palabras antes de dejar de existir” y, que, como homenaje a Galeano, maestro zapatista asesinado, así como como resultado de toda una serie de reflexiones que se venía haciendo, había decidido que creía llegada la hora del relevo y el fin del personaje Marcos para dar paso al Subcomandante Insurgente Galeano:

Por mi voz ya no hablará la voz del Ejército Zapatista de Liberación Nacional.

Vale. Salud y hasta nunca… o hasta siempre, quien entendió sabrá que eso ya no importa, que nunca ha importado.

Desde la realidad zapatista

Subcomandante Insurgente Marcos.

M.éxico 24 de mayo de 2014.

La primera aparición pública del Subcomandante Insurgente Galeano fue en agosto de 2014. El 2 de abril de 2015, escribió un comunicado, “La Tormenta, el Centinela y el Síndrome del Vigía”, en el que el SupGaleano anuncia la celebración de un Seminario, “El Pensamiento Crítico frente a la Hidra Capitalista”, que se realizaría a partir del 3 de mayo, en Oventic. En el comunicado invita a asistir a quienes estén interesados en escuchar e intercambiar pensamientos sobre la temática del Seminario.

(7) Vid la entrevista citada en la nota (3).

(8) Vid. la entrevista citada en la nota (4).

(9) El libro de los abrazos , p. 204. Cito por la edición mencionada en la nota (5).

(10) Este texto tiene diferentes versiones, aunque las variantes son de escasa importancia. He elegido la versión publicada con el título de Sobre mi aprendizaje, en minerva, Revista del Círculo de Bellas Artes, IV Época, Madrid, 13, 2010, con motivo de la concesión a Eduardo Galeano de la Medalla de Oro del Círculo de Bellas Artes de Madrid, el 23-09-09.

(11) Vid. el suplemento El Semanal del periódico mexicano La Jornada, 30 de mayo de 2010, núm. 795.

(12) El texto pertenece al último libro de Galeano que, si no me equivoco, no pudo ver publicado: Mujeres, Madrid, Siglo XXI de España Editores, 2015, p. 118.

(13) El texto forma parte de Los hijos de los días, Madrid, Siglo XXI de España Editores, p. 88.

(14) “Amares” es un sueño de Los sueños de Helena, Barcelona, Libros del Zorro Rojo, 2011, p. 56. Las ilustraciones son de Isidro Ferrer.

(15) Vid. la entrevista ya citada en la nota (3).

(16) ”El nacedor” está incluido en Espejos. Una historia casi universal, Madrid, Siglo XXI de España Editores, 2008, p. 308.

(17) Ibíd. pp. 128-129.

(18) La carta del Subcomandante Insurgente Marcos está escrita en las Montañas del Sureste Mexicano, Chiapas, México, y está fechada el 2 de mayo de 1995.

(19) “Resurrección de María” forma parte del libro Mujeres, Madrid, Siglo XXI de España Editores, 2015, pp. 88-89.

(20) Vid el ensayo de Luis Hernández Navarro: “Eduardo Galeano y los zapatistas: los dioses adentro”, en el suplemento EL SEMANAL del diario mexicano La Jornada, domingo 26 de abril de 2015, núm. 1.051.

(21) El estudio es el siguiente: José Manuel Pedrosa Bartolomé, “Nuevos testimonios de lectura oral en la narrativa moderna: de Mary W. Shelley y Washington Irving a Eduardo Galeano”, en Signo: revista de historia de la cultura escrita, Universidad de Alcalá, núm. 9 (2002), pp. 9-18. La Bib lioteca Virtual Miguel de Cervantes, como se ha dicho en el texto principal, reproduce este artículo.

(22) El libro de Mario Benedetti se titula Los poetas comunicantes, Montevideo, Biblioteca de Marcha, colección Testimonio, 1972.

(23) Fragmento de la entrevista encabezada con la afirmación de Galeano de que “Toda riqueza se nutre de alguna pobreza”, entrevista realizada por Luis Zarranz, Florencia y Francisco Lilio, Agencia Walsh, reproducida en Rebelión, el 28-12-2008.

(24) Vid. Rebelión, 19-09-2009, texto tomado la La Jiribilla-Revista de Cultura Cubana.