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sábado, 15 de agosto de 2015

El diktado de Alemania



Por Ignacio Ramonet

Sólo en las películas de terror se ven escenas tan sádicas como las que vimos el 13 de julio pasado en Bruselas, cuando el primer ministro griego Alexis Tsipras –herido, derrotado, humillado– tuvo que acatar en público, cabizbajo, el diktado de la canciller de Alemania, Angela Merkel, renunciando así a su programa de liberación por el cual fue elegido, y el cual precisamente acababa de ser ratificado por su pueblo mediante referéndum.
Exhibido por los vencedores como un trofeo ante las cámaras del mundo, el pobre Tsipras tuvo que tragarse su orgullo y tragar también tantos sapos y culebras que el propio semanario alemán Der Spiegel, compadecido, calificó la lista de sacrificios impuestos al pueblo griego de “catálogo de horrores”...

Cuando la humillación del líder de un país alcanza niveles tan espeluznantes, la imagen se queda en la historia para aleccionar a las generaciones venideras, incitadas a no aceptar nunca más un trato semejante. Así han llegado hasta nosotros expresiones como “pasar por las horcas caudinas” (1) o el célebre “paseo de Canossa” (2). Lo del 13 de julio fue tan enorme y tan absolutamente irreal que quizás este día también será recordado en el futuro de Europa como el día del “diktado de Alemania”.

La gran lección de ese escarnio es que se ha perdido definitivamente el control ciudadano con respecto a una serie de decisiones que determinan la vida de la gente en el marco de la Unión Europea (UE) y, sobre todo, en el seno de la zona euro, hasta tal punto que podemos preguntarnos: ¿de qué sirven las elecciones si los nuevos gobernantes se ven obligados a hacer lo mismo que los precedentes en los temas esenciales, es decir, en las políticas económicas y sociales? Bajo este nuevo despotismo europeo, la democracia se define, en menor medida, por el voto o por la posibilidad de escoger y, en mayor medida, por el imperativo de respetar reglas y tratados (Maastricht, Lisboa, Pacto Fiscal) adoptados hace tiempo y que resultan verdaderas cárceles jurídicas sin posibilidad de evasión para los pueblos.

Al presentar a las muchedumbres a un Tsipras con la soga al cuello y coronado de espinas –“Ecce Homo”–, Merkel, Hollande, Rajoy y los otros pretendían demostrar que no hay alternativa a la vía neoliberal en Europa. Abandonad toda esperanza, electores de Podemos y de otros frentes de izquierda europeos; estáis condenados a elegir gobernantes cuya función consistirá en implementar las reglas y los tratados definidos una vez por todas por Berlín y el Banco Central Europeo.

Lo más perverso es que, al igual que en un juicio estalinista a semejanza del “Proceso de Praga”, se le ha exigido a quien más criticó el sistema, a Alexis Tsipras, que sea quien se humille ante él, que lo elogie y que lo suplique.

Los que ignoraban que vivíamos en un sistema despótico lo han descubierto en esta ocasión. Algunos analistas dicen que ya estamos en un momento que podríamos calificar de “postdemocrático” o de “postpolítico”, ya que lo que pasó el 13 de julio en Bruselas demuestra el desgaste del funcionamiento democrático y del funcionamiento político. Además, muestra que la política ya no consigue dar las respuestas que los ciudadanos esperan, aunque voten mayoritariamente a favor de ellas.

La ciudadanía observa, desesperanzada, cómo se exige al partido griego Syriza, que ganó las elecciones y que ganó un referéndum con un discurso contra la austeridad, que aplique con mayor brutalidad la política de recortes que los electores rechazaron. Consecuentemente, muchos se preguntan: ¿para qué sirve elegir una alternativa si la alternativa acaba siendo exactamente una repetición de lo mismo?

Lo que Angela Merkel ha querido demostrar de manera muy clara es que, hoy en día, no existe lo que llamamos alternativa económica, representando ésta una opción contraria a la política neoliberal de recortes y de austeridad. Así, cuando un equipo político elabora un programa alternativo, lo somete a la ciudadanía para que pueda elegir entre éste y otros programas y cuando dicho programa gana las elecciones y un equipo nuevo alcanza legítimamente, democráticamente, la dirección de un país, ese equipo de gobierno, con su proyecto alternativo antineoliberal, descubre que, en realidad, no tiene margen de maniobra. En materia de economía, de finanzas y de presupuestos no dispone de ningún tipo de margen de maniobra porque, además, están los acuerdos internacionales, que “no se pueden tocar”; los mercados financieros, que amenazan con sanciones si se toman ciertas decisiones; loslobbys mediáticos, que hacen presión; los grupos de influencia oculta como la Trilateral, Bildeberg, etc. No hay espacio.

Todo esto significa, simplemente, que el gobierno de un Estado de la zona euro, por mucha legitimidad democrática que posea y aunque haya sido apoyado por el sesenta por ciento de sus ciudadanos, no tiene las manos libres. Sí las tiene si decide realizar reformas legislativas para modificar aspectos importantes de vida social como, por ejemplo, el aborto, el matrimonio homosexual, la reproducción asistida, el derecho a voto de los extranjeros, la eutanasia, etc. Sin embargo, si desea reformar la economía para liberar a su pueblo de la cárcel neoliberal, se encuentra con que no puede hacerlo. Sus márgenes de maniobra aquí son prácticamente inexistentes, no sólo por la presión de los mercados financieros internacionales sino también, sencillamente, porque su pertenencia a la zona euro le obliga a someterse a los imperativos del Tratado de Maastricht, del Tratado de Lisboa, del Pacto fiscal (que exige que el presupuesto nacional no puede tener un déficit superior al 0,5% con respecto al PIB del país), del Mecanismo Europeo de Estabilidad Financiera (que endurece las condiciones impuestas a los países que necesitan un crédito), etc. 

Como consecuencia, se ha creado, efectivamente, en Europa en la actualidad, el estatus de “nuevo protectorado” para los Estados que han pedido un rescate. Grecia, por ejemplo, es gobernada de manera “soberana” para todas las cuestiones que tienen que ver con la gestión de la vida social de sus ciudadanos (los “indígenas”). No obstante, todo lo que tiene que ver con la economía, con las finanzas, con la deuda, con la banca, con el presupuesto y, evidentemente, con la moneda está gestionado por una instancia superior: la tecnocracia euro de la Unión Europea. Es decir, Atenas ha perdido una parte decisiva de su soberanía, el país ha sido rebajado al grado de protectorado.

Dicho con otras palabras: lo que está ocurriendo no sólo en Grecia sino en toda la zona euro –en nombre de la austeridad, en nombre de la crisis– es, básicamente, el paso de un Estado de bienestar hacia un Estado privatizado en el que la doctrina neoliberal se impone con un dogmatismo feroz, puramente ideológico. Estamos ante un modelo económico que está arrebatando a los ciudadanos una serie de derechos adquiridos después de largas y, a veces, sangrientas luchas. 

Algunos dirigentes conservadores tratan de calmar al pueblo diciendo: “Bueno, se trata de un mal periodo, un mal momento que hay que pasar. Tenemos que apretarnos el cinturón, pero saldremos de este túnel”. La pregunta es: ¿qué significa “salir del túnel”? ¿Nos van a devolver lo que nos han arrebatado?¿Nos van a restituir los recortes salariales que hemos padecido? ¿Van a restablecer las pensiones al nivel en el que estaban? ¿Vamos a volver a tener créditos para la salud pública, para la educación?

La respuesta a cada una de estas preguntas es “no”. Porque no se trata una “crisis pasajera”. Lo que ocurre es que hemos pasado de un modelo a otro peor. Y ahora se trata de convencernos de que lo que hemos perdido es irreversible. “Lasciate ogni speranza” (3). Ése fue el principal mensaje de Angela Merkel el pasado 13 de julio en Bruselas mientras exhibía, cual teutónica Salomé, la cabeza de Tsipras en una bandeja... 

Notas

(1) La batalla de las Horcas Caudinas tuvo lugar el año 321 a. C., entre los ejércitos romano y samnita. Los samnitas de Cayo Poncio, gracias a su posición estratégica, rodearon y capturaron a un ejército romano de unos 40.000 hombres. Los soldados fueron desarmados, despojados de sus vestimentas y, únicamente con una túnica, fueron obligados a pasar de uno en uno por debajo de una lanza horizontal dispuesta sobre otras dos clavadas en el suelo, lo que les obligaba a inclinarse como condición para ser liberados. Esta derrota es el origen de la frase “pasar por las horcas caudinas” o “pasar bajo el yugo”, utilizadas en varias lenguas occidentales cuando hay que pasar un trance difícil, humillante y deshonroso por la fuerza.

(2) El “paseo de Canossa” hace referencia al viaje del emperador Enrique IV del Sacro Imperio Romano Germánico desde Espira (Speyer, Alemania) al castillo de Canossa (Italia) para ver al Papa Gregorio VII en enero de 1077. El objetivo era solicitarle que le levantara la excomunión. Cuando llegó a Canossa, Enrique IV tuvo que permanecer arrodillado a las puertas del castillo tres días y tres noches, nevando, vestido como un monje, con una túnica de lana y descalzo, para poder conseguir el perdón papal. Hoy en día, la expresión “Paseo de Canossa” (“Gang nach Canossa” en alemán, “Walk to Canossa” en inglés, “Aller à Canossa” en francés y “L’umiliazione di Canossa” en italiano) se usa para señalar una petición humillante.

(3) “Abandonad toda esperanza”, Dante Alighieri, La Divina Comedia. El Infierno. Canto III.

sábado, 18 de febrero de 2012

Un documento alemán pide un comisario para Grecia Un documento alemán pide un comisario para Grecia Un documento alemán pide un comisario para Grecia


La Vanguardia

Por Rafael Poch

Alemania quiere que Grecia ceda lo poco que le queda de su soberanía financiera a un "eurocomisario" como condición para otorgarle una segunda ayudade 130.000 millones de euros, informa hoy el "Financial Times" desde Bruselas.

En vísperas de la cumbre sobre la eurocrisis del próximo lunes, el diario cita un documento del gobierno de Berlín en su poder.

El eurocomisario tendría poder para supervisar, "los mayores capítulos del gasto" público griego, señala el documento.

Mientras Angela Merkel recibía a Mariano Rajoy en Berlín, el elocuente jefe del grupo parlamentario de la Unión Cristianodemócrata (CDU), el partido de la canciller, Volker Kauder, ya mencionó la conveniencia de lo apuntado en el documento divulgado por el "Financial Times": sustituir al gobierno griego por un "comisario" europeo, y si hiciera falta, "enviar funcionarios alemanes que ayuden en la construcción de una administración financiera que funcione".

Nueva vuelta de tuerca
Kauder lo dijo en una entrevista con Der Spiegel. "La presión sobre Grecia debe aumentarse, se les debe dejar bien claro a los griegos que sólo habrá dinero si el país se conduce de manera estricta, si es necesario con un comisario de Estado enviado por la Unión Europea o los estados del euro", dijo.

La posibilidad de enviar a Atenas funcionarios alemanes para que enseñen a los griegos a administrarse, no es de Kauder, sino del ministro de Economía Philipp Rösler, pero aquel la hace suya.

Kauder ya alcanzó notoriedad en noviembre cuando en el congreso de la CDU celebrado en Leipzig se jactó de que "en Europa se habla alemán", entre el aplauso de sus compañeros de partido.

Pocos días después, el ex canciller federal Helmuth Schmidt, un anciano con pedigrí europeísta, calificó aquella declaración de "bravuconería nacional alemana", en un memorable discurso en el que explicó el abecedario de la historia europea a la nueva clase política alemana.

Schmidt advirtió del peligro de disolución que representa para la Unión Europea contraponer centro y periferia con ese tipo de discursos.

Grecia ya tiene un primer ministro no electo por sufragio universal, Lukas Papadimos, que fue impuesto por el eje Berlin-Bruselas, después de que la terapia de choque aplicada por Yorgos Papandreu, centrada en la imposición del durísimo recorte social y en la preservación del interés de los bancos implicados en la deuda helena, agravara aun más la deuda griega.

Papadimos, ex vicepresidente del Banco Central Europeo (BCE), fue colocado en su puesto para profundizar aquella línea. Antes de pasar por Francfort, sede del BCE, Papadimos había sido gobernador del Banco Central Griego, entre 1994 y 2002, etapa de oscuras contabilidades y estrecha relación con la banca inversora Goldman Sachs. Lo que sugiere el documento del gobierno alemán, hoy desvelado, sea cual sea su alcance, es un movimiento más de tuerca de la misma política que asfixia a la sociedad griega, especialmente a las clases medias y bajas de aquel país. Pero su lógica profunda es el cambio de régimen y trasciende a Grecia.

Cambio de régimen
"Cambio de régimen" ("regime change"), el cambio de un régimen por otro, solía ser un concepto asociado a los proyectos de los halcones imperiales de Estados Unidos en sus pulsos militares con diversos regímenes adversarios o independientes de todo el mundo. Históricamente es un concepto de amplia tradición europea, tanto en la época colonial, como después de la descolonización. Agitado por Alemania, el concepto asoma ahora desde centro de la Unión Europea, aplicado a los países de su periferia. El resultado es una devaluación democrática, algunos de cuyos significativos movimientos se están produciendo ahora con la manifiesta pérdida de soberanía que se vive en cinco países de la eurozona (y en muchos países aun más débiles y dependientes del Este de Europa) en nombre de una "democracia acorde con el mercado".

Ese concepto ("Marktkonforme Demokratie") lo acuñó Angela Merkel el uno de septiembre en una entrevista con la emisora pública alemana Deutschlandfunk. Dijo que, "vivimos en una democracia parlamentaria y, por tanto la confección del presupuesto es un derecho básico del Parlamento, pese a ello vamos a encontrar vías para transformarla de tal manera que pueda concordar con el mercado".

Desde entonces el concepto de "democracia acorde con el mercado" triunfa en Alemania. Ha sido declarado tercera "palabra del año" por una iniciativa de la Sociedad de la Lengua Alemana (GfdS), que ha recordado críticamente que, "la democracia es una norma absoluta incompatible con cualquier conformidad". En la página electrónica del SPD, el partido socialdemócrata alemán, se lee que tal concepto, "sólo significa que ya no son los ciudadanos quienes deben determinar las cosas como electores, sino los especuladores, los mercados financieros, los hedge funds y los bancos".

La "Marktkonforme Demokratie" es un concepto alemán para el cambio de régimen, pues, por la via del "pacto fiscal" y de la "regla de oro" (el tope de gasto elevado a precepto constitucional), el dogma neoliberal se hace ley fundamental. Cualquier política neokeynesiana que aspire a dar al Estado un papel financiero activo queda prohibida por la constitución.

Es un peldaño importante, un remate, de lo que el nuevo libro del ilustre historiador catalán Josep Fontana, "Por el bien del Imperio", explica que comenzó a urdirse a finales de los años setenta, cuando comenzó, primero en Estados Unidos y luego en el Reino Unido, el desmonte del pacto social de posguerra que está en la identidad de la "Europa social".
Alemania que llegó tarde a ese proceso –lo comenzó a abrazar después de la reunificación de 1990, muerta la RDA que tanto inspiró al capitalismo social de su "Modell Deutschland"- es ahora la abanderada de algo parecido a un cambio de régimen en Europa. Sus consecuencias son imprevisibles: tanto un rebelde 1848, como un regreso a la Europa parda y ultraderechista de 1930.