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lunes, 25 de enero de 2021

"La vanguardia del golpe en Bolivia fueron los medios de comunicación"


Contexto

Por Héctor Bernardo 

Contexto entrevistó al exministro de la Presidencia durante el gobierno de Evo Morales, Juan Ramón Quintana, quien explicó cómo se conformó el bloque golpista, señaló que «hay que investigar en profundidad el papel de la Unión Europea en el golpe de Estado en Bolivia» y analizó los motivos que llevaron a la rápida recuperación de la democracia en ese país.

Juan Ramón Quintana Taborga fue ministro de la Presidencia durante el gobierno de Evo Morales (2006-2010, 2012-2017 y nuevamente desde enero de 2019 hasta el golpe de Estado en noviembre de ese año) y también se desempeñó como embajador del Estado Plurinacional de Bolivia en La Habana, Cuba (2017-2019). De formación militar, se licenció en sociología y realizó un posgrado en filosofía y ciencias políticas. Es considerado uno de los cuadros más importante del Movimiento al Socialismo (MAS) de Bolivia y tuvo un rol clave en el combate al injerencismo norteamericano en Bolivia.

En una extensa charla con Contexto (de la que hoy publicamos la primera parte), Quintana explicó cómo se conformó el bloque golpista, señaló que «hay que investigar en profundidad el papel de la Unión Europea en el golpe de Estado en Bolivia» y analizó los motivos que llevaron a la rápida recuperación de la democracia en ese país.

– Si el golpe de Estado en Bolivia sorprendió a muchos, la rápida recuperación de la democracia por parte del pueblo y su conducción política también fue una gran sorpresa para muchos analistas. ¿Cómo se logró recuperar la democracia en tan corto tiempo?

– Esa es una pregunta medular que tiene que ver no solo con los episodios de golpe, sino con procesos de larga y mediana duración en la construcción de identidades en la formulación de proyectos políticos que vienen de tiempo atrás.

Tengo la impresión de que esta victoria tan contundente, en tan poco tiempo después del golpe, es la suma de varios factores: por un lado, el golpe mismo. La ruptura, el quiebre institucional, la forma en que se sacó al presidente Evo Morales a través del pronunciamiento militar, la sedición policial, etc. La manera en que se expulsa del poder a un presidente legítimamente electo, que no había concluido su mandato, es un factor fundamental, porque es el pueblo boliviano el que lo eligió con más del 60 % de los votos en el año 2015. Por lo tanto, ello se expresó como una usurpación del poder democrático por parte de los golpistas.

Un segundo elemento que llevó a este resultado electoral tiene que ver con las características de la gestión de gobierno por parte del régimen golpista. En líneas muy claras a identificar, se puede decir que fue una gestión que apuntó a desmantelar los grandes logros económicos, sociales y políticos de los catorce años de gobierno de Evo Morales y las organizaciones sociales.

Es un régimen que, por encargo extranjero, tuvo la política de desmantelar la filosofía del vivir bien, del Estado de bienestar. Por lo tanto, apuntó a desmantelar el proceso de la nacionalización de los recursos naturales, del desarrollo de las empresas estatales, y frenar en seco el proyecto de la industrialización. Esa característica de la gestión ha tenido un impacto muy fuerte en la población boliviana, porque es una población que ha sentido durante catorce años que se ha beneficiado de la nacionalización a través de la distribución de los recursos económicos, a través de un mejor manejo de la riqueza nacional, de una distribución más equitativa de los recursos entre las regiones, los municipios, entre la población más vulnerable. El régimen optó por quebrar la nacionalización.

Otro aspecto que caracterizó a la gestión del golpe es el saqueo, el robo. Si hay algún régimen que ha logrado batir records de saqueo del país, ese es el de Jeanine Áñez, que en muy poco tiempo le ha demostrado al país lo que jamás se debe hacer, pero además en un momento de una crisis sanitaria como la desatada por la pandemia. Desmantelaron empresas, hicieron negociados entre bambalinas, hicieron adquisiciones con sobreprecio.

El pico más alto de la corrupción fue la compra con sobreprecio, por varios millones de dólares, de respiradores que se suponía debían salvar la vida de la gente y nunca llegaron a Bolivia. Escándalo en el que estuvieron involucrados ministros de Salud, asesores e incluso la propia Jeanine Áñez. Es una investigación que está pendiente.

Una cuarta línea que caracteriza a la gestión del gobierno de facto tiene que ver con la violación flagrante de los derechos humanos. Estos factores son los que generan un gran sentimiento de indignación, de ira popular. Además de otros que hay que sumarlos, como fueron las postergaciones sucesivas de las elecciones para restablecer la normalidad democrática.

Por otro lado, lo que también tiene que ver con esta respuesta electoral es esta suerte de intento de aplastamiento a los grandes logros en materia de construcción de la nación, construcción de la subjetividad del Estado Plurinacional, de la colectividad del pueblo boliviano. El hecho de haber humillado al pueblo boliviano a través del aplastamiento de los símbolos como la wiphala, haber agredido a las mujeres de pollera, llamando salvajes a los pueblos indígenas, a los bolivianos que se revelaban. Esa suma de factores fue la que enervó la conciencia política del pueblo boliviano.

– ¿Esos son los principales factores?

– A eso se sumó un elemento interesante, que es el tiempo político. La respuesta a la pregunta de cómo es posible que en tan poco tiempo el pueblo boliviano haya derrotado la dictadura y haya logrado una victoria tan contundente tiene que ver con que hay toda una generación de jóvenes que en algún momento fue seducida por el lenguaje y la narrativa que planteaba que «el gobierno de Evo Morales era una dictadura», que «Evo Morales era un dictador» y que, por lo tanto, «había que derrocarlo».

Cuando se produjo el golpe de Estado y empezó la persecución, la violación de los derechos humanos y las detenciones arbitrarias, el pueblo boliviano, pero especialmente los jóvenes, tomaron conciencia de lo que en verdad era una dictadura. Eso hizo que, en menos de un año, un par de generaciones de bolivianos comprendieron lo que realmente era una dictadura.

En menos de un año se condensó todo ese tiempo que era inherente a la dictadura y la gente tomó conciencia de ello: corrupción, violación de los derechos humanos, violación de las normas, terrorismo de Estado, etc., etc.

Después de que en 2019 habían votado contra Evo Morales, porque habían consumido la narrativa de que el gobierno de Evo Morales era «un régimen autoritario, dictatorial», esos miles de jóvenes tomaron conciencia, en esos once meses de la gestión de Jeanine Áñez, y con ese desdoblamiento de su conciencia, de su subjetividad, asistieron a las urnas, y es por eso que el resultado fue sorprendente.

– Por un lado, está esta gran base social que usted ha descrito y que permitió la recuperación de la democracia, pero ¿hubo algún tipo de fractura en el bloque golpista, que parecía tan consolidado en 2019 y ya no se lo vio así en 2020?

– Creo que hay dos momentos de este proceso golpista. El primer momento fue el de la construcción convergente de los actores que promovieron el golpe. Obviamente la vanguardia del golpe en Bolivia fueron los medios de comunicación. La mayoría de los medios de comunicación, analistas, articulistas, periodistas, conformaron «todo un ejército» que se convirtió en un bloque muy potente que barrió con toda posibilidad de defensa del gobierno en materia de disputa, de debate. La jerarquía de la Iglesia católica estuvo fuertemente comprometida con la desestabilización; también un conjunto de organizaciones no gubernamentales (ONG) que desde distintos ámbitos («el medioambiente», «los derechos humanos», «la democracia», etc.) jugaron su papel, los dirigentes de la derecha con un financiamiento muy fuerte desde el extranjero, el empresariado, etc. Ese bloque se fue consolidando y, por supuesto, ingresaron las universidades públicas y privadas, y finalmente hizo su ingreso sedicioso la Policía y, como corolario, las Fuerzas Armadas.

Hasta el 10 de noviembre [de 2019] ese bloque trabajó, hizo su papel, fue ensamblado y articulado desde la Embajada de Estados Unidos con recursos norteamericanos y el apoyo, además, de algunos países de la Unión Europea (UE), de hecho, hay que investigar en profundidad el papel de la UE en el golpe de Estado en Bolivia, porque durante el año 2019 sus embajadores se encargaron de desacreditar al Tribunal Supremo Electoral (TSE). Hubo toda una estrategia de descrédito del TSE por parte de la UE y sus operadores políticos, que son las ONG a las que transfieren recursos económicos.

Como decía, ese bloque fue muy sólido, se articuló mucho, impulsó actos de vandalismo, de violencia, etc., etc., con un guión muy bien armado, y funcionó perfectamente hasta el 10 de noviembre, cuando se produjo el golpe.

A partir del momento que la presidenta transitoria golpista, Jeanine Áñez, optó por ingresar en la arena electoral, empezó a debilitarse este bloque y a maximizarse el uso de la fuerza pública.

Después de las masacres en Senkata y Sacaba, en noviembre, a partir de diciembre/enero el sector del monopolio de la fuerza pública empezó a hacer un trabajo vinculado al terrorismo estatal. El ala terrorista estatal se instaló muy fuertemente y empezó a despegar, mientras el ala más política empezó a debilitarse. No creo que haya habido una fractura, sino un debilitamiento de ese bloque, que hasta el final funcionó unido. Carlos Mesa continúo apoyando al gobierno de Jeanine Áñez, Tuto Quiroga fue un personaje siniestro que, más allá de haberse postulado a la presidencia, después de haber retirado su candidatura, porque es uno de los operadores más sofisticados de Washington, no le restó su apoyo a la presidenta, que era obviamente un alfil de la Embajada americana. Pero empezaron a tomar distancia a partir del momento en que la presidenta se empezó a debilitar, y se debilitó mucho más en la medida en que se fue denunciando la corrupción, en la medida en que las Fuerzas de Seguridad eran más brutales, en la medida en que el abuso de poder se hizo más visible y en la medida en que el régimen fue más inepto para gestionar la pandemia. Ahí hubo una especie de debilitamiento, más que una fractura.

En ese marco, el movimiento social empezó a adquirir más fuerza y empezó a desarrollar más capacidad de resistencia frente al régimen.


viernes, 11 de diciembre de 2020

Devolver la gobernabilidad a Bolivia comienza por la economía

IPS Noticias

Por Franz Chávez 

Fuentes: IPS [Una mujer con un bebe en brazos, mientras oficiaba de jurado en una mesa electoral, al lado de una urna durante las elecciones presidenciales realizadas en Bolivia el 18 de octubre. Foto: Franz Chávez / IPS]

En medio de la expectativa de sus simpatizantes por la oferta electoral del “Vivir Bien”, el presidente electo de Bolivia, el economista Luis Arce, tendrá la misión de buscar la fórmula para conjugar tiempos de crisis con “una sociedad justa sin pobreza”, “solidaria y respetuosa”.

En su plan de gobierno 2020-2025, el ganador de los comicios del 18 de octubre con un contundente 55,1 por ciento de los votos según los datos finales del órgano electoral, suministrados el sábado 23, prometió un ciclo de “disfrute y felicidad”.

Pero tras su triunfo, se le hizo una de las preguntas que contrastan con el optimismo y recuerdan que la economía de Bolivia está actualmente en estado de alerta y que sacarla de su actual bache será clave para que este profesional de clase media de 57 años pueda cumplir sus promesas sociales.

¿Habrá devaluación? “En la medida de las posibilidades, por supuesto que no, pero para estar seguro tiene que haber crecimiento económico y medidas de sustitución de importaciones y otras medidas que hemos propuesto con el fin de que no se devalúe”, argumentó el exministro de Economía de los gobiernos de Evo Morales (2006-2019).

En la jornada electoral, 7,3 millones de ciudadanos del país habitado por 11 millones de personas, acudieron a las urnas, un año después que las elecciones generales de 2019 quedaron truncas por denuncias de fraude a favor de Morales.

Tras protestas ciudadanas en Santa Cruz, Cochabamba La Paz y otras ciudades, Morales renunció el 10 de noviembre de 2019 y vive refugiado en Argentina. Sus simpatizantes califican como un golpe de Estado el retiro de apoyo de la policía y las Fuerzas Armadas a Morales, que lo forzó a salir del país.

El actual ministro de finanzas, Branko Marinkovic, recomendó a su sucesor una devaluación controlada por el ascenso de las importaciones que dejan en desventaja a los exportadores. El 2 de noviembre se cumplirá el noveno año en que el dólar  mantiene una equivalencia a 6,96 bolivianos para la venta al público.

La llegada de Arce, quien asumirá el mandato presidencial de cinco años el 8 de noviembre, sucede en un momento en que este país enclavado en Suramérica espera recuperar la gobernabilidad, con el apoyo en una memoria de los electores que mostraron en las urnas que prefieren atravesar el ciclo que se anticipa difícil, sin sobresaltos.

Quizás por eso las declaraciones poselectorales del candidato del Movimiento Al Socialismo (MAS), que sigue presidiendo Morales desde el exterior, han estado imbuidas más de pragmatismo que de retórica, y llamando a mirar al futuro y dejar las turbulencias del último año en el pasado.

En un análisis del momento, el economista Gary Rodríguez atribuye el “severo impacto sobre el sector productivo, comercial y de servicios, y la sociedad misma” a la cuarentena iniciada en marzo para contener la pandemia de covid-19.

Entre sus apuntes anota el dato del estatal Instituto Nacional de Estadística (INE) que certifica una caída de la economía en 11,11 % durante el primer semestre del ao, la baja más notoria desde los tiempos de hiperinflación, a mitad de la década de los 80.

La actividad de la construcción cayó hasta -50,95%, de acuerdo al INE. “Las obras públicas y privadas se paralizaron totalmente en el mes de abril y, parcialmente, en los meses de mayo y junio”, expresa el informe oficial.

“Los trabajadores y los sectores sociales pobres” pagan el costo de la pandemia y de la crisis, “en resguardo del capitalismo y de las ganancias de los empresarios”, concluye un análisis del investigador del Centro de Estudios para el Desarrollo Laboral (Cedla), Bruno Rojas.

El Cedla advierte que “una fracción importante” del 73% de la fuerza laboral urbana de Bolivia, sujeta a contratos temporales de trabajo, corre el riesgo de perder su empleo por el cierre masivo de empresas.

El informe del Observatorio Laboral del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) revela que entre febrero y agosto de 2020, se perdieron 438 981 empleos y una encuesta de hogares de la institución multilateral explica que, al octavo mes del año, solo 3,2 millones de personas tienen un empleo permanente.

La tasa de desempleo al mes de julio, según el INE, era de 11,8%, con un incremento de 7,9% atribuible a la cuarentena, durante la que 434 000 trabajadores quedaron sin empleo y de ese total, 289 000 quedaron afectados directamente por la suspensión de actividades debido a la emergencia sanitaria.

Del total de 5,8 millones de personas en edad de trabajar, 2,1 millones se encuentran entre la población económicamente inactiva (PEI), vale decir: desocupados,  al mes de julio, expresa el INE.

Al nuevo presidente “le tocará responder de forma rápida a aquellas apuestas que ha puesto sobre la mesa en la campaña electoral”, comentó a IPS el analista político Marcelo Arequipa.

Una respuesta inmediata debe estar orientada a generar un millón de nuevos empleos hasta 2025, con una inversión de 13 000 millones de dólares en el sector agrícola, pecuario y agroindustrial, estima Rodríguez en diálogo con IPS.

El especialista recuerda al nuevo gobierno que un programa ambicioso de inversiones requiere condiciones como el uso pleno de la biotecnología en el sector agrario, la libre exportación de excedentes, la apertura de mercados externos y seguridad jurídica ante el avasallamiento de tierras productivas.

Con esa fórmula, Rodríguez estima que es posible incrementar la producción de alimentos de 20 a 45 millones de toneladas.

A diferencia del año 2006, cuando el contexto nacional e internacional estuvo marcado por un crecimiento y expansión económica, en 2020 las condiciones son de una profunda crisis, riesgo e incertidumbre.

“Ganar elecciones en estas condiciones puede entusiasmar electoralmente, pero no políticamente”, describió a IPS el sociólogo Joaquín Saravia.

Anticipa que Arce recibirá una “fuerte presión subjetiva” por la imagen de gestor de un “milagro económico” de quien se espera resultados satisfactorios en salud, empleo y educación.

La forma de manejo de un triángulo del poder que comprende el plan de gobierno, la alta expectativa social y la condición económica de crisis “influirá en la duración y calidad de la gestión del nuevo gobierno”, dictaminó Saravia.

ED: EG


lunes, 7 de diciembre de 2020

Simón Rodríguez, visionario en política y educación


Ciudad CCS

Por Clodovaldo Hernández 

Simón Rodríguez tenía claro que las nuevas repúblicas nacidas de las antiguas colonias españolas debían resistirse a la tentación de trasplantar las instituciones de la democracia liberal que ya Estados Unidos se empeñaba en preconizar como un modelo universal.

“La América española es original. Originales han de ser sus Instituciones y su gobierno, y originales los medios de fundar uno y otro”, escribió este maestro adelantado a su época. “Nos parece que podemos adoptar sus instituciones sólo porque son liberales, sin tomar en cuenta aspectos geográficos, históricos, étnicos, religiosos ni tampoco las diferencias en cuanto a ideas, creencias y costumbres”.

El rasgo visionario del gran docente caraqueño se pone de manifiesto en que, dos siglos después, sus advertencias siguen siendo pertinentes. Hemos pasado doscientos años dirigidos –salvo escasas excepciones– por clases políticas que han tratado de establecer en nuestras naciones mestizas e irredentas los sistemas políticos del Norte, como si se tratara de una franquicia o de la sucursal de una corporación. Quienes han tratado de buscar vías propias, como las planteadas por el hombre que se hizo llamar Samuel Robinson, han pagado caro su osadía. La Venezuela de este siglo puede confirmarlo.

Para Rodríguez, no solo debíamos evitar la imitación del modelo político estadounidense porque éramos distintos, sino también porque era un mal ejemplo. Lo ilustró, como corresponde a su condición, magistralmente. Dijo que “Estados Unidos presenta la rareza de un hombre mostrando con una mano a los reyes el gorro de la Libertad, y con la otra levantando un garrote sobre un negro, que tiene arrodillado a sus pies”. Contundente en su irreverencia, se preguntaba qué tipo se libertad y democracia podía ser esa en la que solo los blancos tenían derechos.

Rodríguez no era de los que critican solo hacia afuera. Fue un cuestionador profundo de la educación que se impartía en la Caracas de finales del siglo XVIII, justamente por ser excluyente por motivos raciales y sociales. Para él, los niños y adolescentes con acceso a la educación (una absoluta minoría), tenían como maestros a gente sin formación pedagógica, mientras los programas de estudio eran conservadores y controlados por la Iglesia. Mientras tanto, la gran mayoría no contaba siquiera con esa precaria posibilidad de aprender.

Propuso crear más escuelas en las que se recibieran a niños pardos, negros e indios. Todos los institutos educativos debían tener maestros profesionales que cobraran un salario justo, en jornadas de seis horas y con materiales didácticos idóneos. Infortunadamente, si se diera una vuelta por el presente, comprobaría que aún hoy sus propuestas siguen estando vigentes.

Más allá de las reivindicaciones que pedía, Rodríguez era también un adelantado a su tiempo en el campo mismo de la teoría pedagógica.

Los estudiosos de sus planteamientos no dudan en calificarlos como revolucionarios, comparables con las ideas que muchos años después postularían los grandes filósofos de la educación, entre quienes se puede mencionar a Paulo Freire, Jean Piaget y Lev Vigotsky, con la diferencia de que ellos tuvieron la ventaja de los estudios universitarios y la investigación académica, en tanto nuestro Robinson, por decirlo de alguna forma, tocaba de oído.

Y es que Simón Rodríguez aprendió en carne propia acerca de la segregación educativa. Por ser un niño expósito (aunque las “redes sociales” de la época aseguraban que era hijo del sacerdote Alejandro Carreño) no tuvo la oportunidad de realizar estudios universitarios, que entonces eran privilegio de los jóvenes de familias de linaje.

A pesar de no haber tenido esa formación, tanto él como su hermano, Cayetano Carreño, fueron destacadas figuras de sus respectivas especialidades. Cayetano fue uno de los mejores músicos venezolanos de su tiempo, mientras Simón (que nunca quiso usar el apellido del cura Carreño), es reconocido hoy como un referente de la filosofía educativa.

Los méritos de este gigante de la teoría docente han quedado en segundo plano, al menos en el relato histórico que muchas generaciones conocimos, opacados por el hecho de que Rodríguez fue maestro del niño Simón Bolívar, una tarea que, según parece, no era nada sencilla porque el muchacho era un rebelde de nacimiento.

También es notable su rol en el episodio casi mítico del juramento de Bolívar en el Monte Sacro, en agosto de 1805, luego de que maestro y estudiante volvieron a reunirse en Europa y pudieron presenciar diversos acontecimientos noticiosos de la época, incluyendo la coronación de Napoleón. Eran los años de génesis del proceso independentista y Bolívar tenía tan solo 22 años y se encontraba abatido por la temprana muerte de su esposa, María Teresa del Toro Alayza.

Algunos historiadores, que a veces gustan de actuar como aguafiestas, han puesto en duda que ese momento haya ocurrido de la manera que lo conocemos, pero se ha hecho muy difícil el desmentido, especialmente después de que Tito Salas, el gran pintor de toda la iconografía de Bolívar, pusiera la escena en uno de sus lienzos.

De lo que sí no hay dudas es del valor fundamental que el Libertador le otorgó a su profesor y amigo, que queda extraordinariamente resumido en la frase: “Usted formó mi corazón para la libertad, para la justicia, para lo grande, para lo hermoso. Yo he seguido el sendero que usted me señaló (…) Puede usted figurarse cuán hondamente se han grabado en mi corazón las lecciones que usted me ha dado, no he podido jamás borrar siquiera una coma de las grandes sentencias que usted me ha regalado”.

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No pudo ejecutar su obra

Como tantos precursores de grandes ideas y proyectos, Simón Rodríguez murió sin ver cristalizada su visión de la educación universal, pública, libre, obligatoria y financiada por el Estado.

Durante la etapa colonial no pudo avanzar porque debió huir del país, tras verse relacionado con la conspiración de Gual y España. Una vez que triunfó la República, Bolívar quiso encargarlo nada menos que de la estructura educativa que había de fundarse en la Gran Colombia, convencido como estaba de que “moral y luces son nuestras primeras necesidades”. Pero, como en tantos otros temas, los ideales del Libertador no eran recibidos con entusiasmo por otras figuras emergidas de la Independencia.

Ni siquiera el fiel y bondadoso Antonio José de Sucre aceptó a Rodríguez para guiar la política educativa de la recién nacida Bolivia.

Las experiencias de aplicación práctica de sus principios tropezaron con la incomprensión y terminaron en fracasos.

El hombre que quería enseñar oficios útiles a los estudiantes, basándose en la práctica y en la disposición a innovar, hubo de dedicarse él mismo a otras actividades a lo largo de un periplo por el continente que nunca incluyó un retorno a Venezuela y concluyó en Perú. Con el mismo fervor fundó escuelas y fábricas de velas. Y con fina ironía, haciendo un juego de palabras, llamó a una de esas pequeñas factorías “Luces de América”.


miércoles, 25 de noviembre de 2020

El segundo ciclo antineoliberal en América latina

Rebelión

Por Emir Sader 

Luis Arce, presidente electo de Bolivia durante la celebración de su triunfo. Créditos: Twiter]

El autor reflexiona en este artículo sobre el nuevo ciclo antineoliberal que los recientes triunfos electorales parecen anunciar.

En el libro de ensayos Las vías abiertas de América Latina, se anunció que lo ocurrido en la primera década del siglo XXI en el continente había sido el primer ciclo de gobiernos antineoliberales. Que las condiciones para la lucha contra el neoliberalismo seguirían y, de forma similar o no, volverían en un nuevo ciclo.

Cuando regresó al gobierno, la derecha latinoamericana confirmó que no tiene otra alternativa que su modelo neoliberal original, con ajustes fiscales, privatizaciones, recortes de recursos públicos y políticas sociales, alienación de la soberanía nacional y endeudamiento externo. Fue así en Ecuador, en Argentina, en Brasil, en Bolivia. No aprendieron de su fracaso anterior, ni del éxito de los gobiernos antineoliberales.

Estos gobiernos demostraron lo que han prometido: que la lucha contra el principal problema latinoamericano, la desigualdad, solo se puede enfrentar con la prioridad de las políticas sociales, que distribuyan ingresos, generen empleo, promuevan la democratización de la educación y la salud públicas, fortalezcan al Estado en sus funciones públicas. Es así como los gobiernos que asumieron programas antiliberales han reducido la desigualdad, la exclusión social, el hambre y la miseria en nuestros países como nunca antes, frente a lo que sigue sucediendo en el resto del continente y en el mundo.

Fue así como estos países lograron retomar el desarrollo económico, desarrollar procesos de integración regional e intercambio Sur-Sur, especialmente con China. Así fue como han logrado aislar, más que nunca, la influencia norteamericana en el continente. Fue un momento muy especial para América Latina, que proyectó a los principales líderes de izquierda en el mundo: Lula, Evo Morales, Rafael Correa, Pepe Mujica, Hugo Chávez, Nestor y Cristina Kirchner.

Este primer ciclo cumplió su rol, se agotó y fue reemplazado por gobiernos neoliberales, conservadores, que volvieron a aumentar las desigualdades, la miseria, el hambre, el endeudamiento externo y el desprestigio de los gobiernos. Fue un período corto, porque el neoliberalismo no logra un apoyo social duradero, ni la existencia de gobiernos legítimos. En Brasil y Bolivia la derecha regresó al gobierno mediante golpes de Estado, en Ecuador mediante la perversión de la voluntad popular.

Y cuando volvieron a haber elecciones democráticas, como en Argentina y Bolivia, después de que la gente de estos países vivió lo que significa el regreso del neoliberalismo y fue capaz de compararlo con gobiernos antineoliberales, no tuvo dudas y eligió, con amplia mayoría, gobiernos que retoman la dinámica antineoliberal. ¿Qué aprender del camino recorrido por Argentina y Bolivia? ¿En qué medida pueden seguir este camino Ecuador, Brasil, Uruguay y otros países del continente?

Cada país tiene sus propios caminos, pero, al estar inserto en la dinámica del capitalismo internacional, tiene que seguir formas de lucha y gobierno que se adapten a esta dinámica. Lo que significa que la lucha contra el neoliberalismo sigue como eje central, que sigue siendo la opción predominante de la derecha en el mundo y en nuestros países. Por tanto, nuestros gobiernos tienen su orientación fundamental en la lucha contra el neoliberalismo.

Lo que significa, por lo tanto, la reanudación de la centralidad de las políticas sociales como vía para combatir las desigualdades en el continente más desigual del mundo. Significa la reanudación del papel activo del Estado, de la soberanía nacional, de los procesos de integración regional.

Los procesos electorales en Argentina y Bolivia tienen elementos comunes. Los candidatos no fueron los presidentes anteriores, sobre todo porque Cristina y Evo fueron objeto de procesos de judicialización de la política, que buscaban sacarlos de la disputa electoral. Las fuerzas de izquierda fueron capaces de encontrar formas de pelear y ganar la batalla electoral, a través de otros candidatos, con Cristina como vice en un caso, con el apoyo de Evo desde el exterior, en el otro.

Esos nuevos gobiernos encuentran un escenario regional distinto, con gobiernos conservadores en Ecuador, Brasil, Uruguay. Uno de sus objetivos es reiniciar los procesos de integración regional, para tener más fuerza a nivel regional e internacional. Sus aliados son la oposición en Ecuador, Brasil, Uruguay. Probablemente tendrán un presidente de Estados Unidos menos hostil, aislando aún mas al actual gobierno brasileño, que se verá llevado a menos agresiones y la necesidad de convivir con un entorno más negativo para él.

Los nuevos gobiernos tendrán que afrontar problemas que no se pudieron afrontar en el primer ciclo, como encontrar la vía de la democratización de los medios, la democratización del Poder Judicial, una reforma fiscal socialmente justa, la prioridad de la lucha de ideas, de elaboración de una política económica de integración regional, la búsqueda de nuevas alianzas a nivel internacional. Es una agenda densa y difícil, pero sin la cual el segundo ciclo enfrentará los mismos obstáculos que el primero.

Las elecciones de febrero en Ecuador y el desenlace de la crisis brasileña, que puede tener lugar solamente en 2022, serán los próximos pasos en este camino, que definirá el carácter de la tercera década del siglo XXI en América Latina.



lunes, 2 de noviembre de 2020

La tercera década latinoamericana

Rebelión

Por Emir Sader 

Kirchner, Morales, Lula y Chávez, protagonistas del cambio en la primera década latinoamericana. 
Créditos: Antonio Scorza/AFP via Getty Images. Fotos Públicas

El siglo XX se anunciaba como un siglo de revoluciones y contrarrevoluciones ya en su primera década, con la masacre de la Escuela de Santa María de Iquique y la Revolución Mexicana. La segunda década contó con la Reforma Universitaria de Córdoba y las movilizaciones populares que propiciaron la fundación de los Partidos Comunistas y Socialistas. La tercera década fue abierta con las sublevaciones populares lideradas por Sandino y por Farabundo Marti, en Nicaragua y en Salvador. Todo confirmaba los presagios del cambio de rumbo del siglo.

El siglo XXI comenzaba en un contexto de viraje conservador en el mundo, con sus reflejos en Latinoamérica, territorio dónde se concentra la mayor cantidad de gobiernos neoliberales, en sus modalidades más radicales. La última década del siglo XX fue la del auge de la hegemonía neoliberal en el continente, que se imponía como consenso, en el marco internacional del Consenso de Wáshington y del pensamiento único. El ministro de Asuntos Exteriores de Brasil, que aceptó sacar los zapatos para entrar en un aeropuerto de los EE UU [N. de ed.- en referencia a Celso Lafer, ministro de Fernando Henrique Cardoso], y el deseo de Carlos Menem de establecer “relaciones carnales” con EE UU, son símbolos de la postura de total subordinación de los gobiernos del continente con Washington en aquella década.

Pero la primera década del siglo XXI en Latinoamérica sorprendió, con una ola de reacción a los gobiernos neoliberales, cambiando radicalmente el escenario político en el continente y constituyéndose, una vez más, en el epicentro de las luchas en el plano internacional. Al solitario triunfo electoral de Hugo Chávez en Venezuela, todavía a fines del siglo, vino a sumarse la victoria de Lula en Brasil. Chávez compareció en la toma de posesión del nuevo presidente brasileño, manifestando que, finalmente, dejaría de estar solo en la lucha.

El abrazo de Lula a Néstor Kirchner, en la toma de posesión de NK, durante el transcurso del primer año del nuevo gobierno brasileño fue un hecho que marcaría la primera década del siglo en Latinoamérica. Los dos gobiernos se convertirían en el eje de los procesos de integración regional que nacían en aquel momento. Cuando los dos fueron a la toma de posesión de Tabaré Vázquez, en Uruguay, ya tenían claro que nacía un proyecto con dimensiones estratégicas para Latinoamérica. A ese proceso se sumarían después Bolivia, con el extraordinario triunfo de Evo Morales, y Ecuador, con el de Rafael Correa, quién ha manifestado que ya no se trataba de una nueva época de cambios, sino de un cambio de época.

Esos seis gobiernos han protagonizado, en la primera década del nuevo siglo, la lucha contra el neoliberalismo y la construcción de gobiernos postneoliberales. A contramano del capitalismo a escala mundial, lograron disminuir las desigualdades en esos países, fortalecieron la presencia del Estado y desarrollaron procesos de integración regional e intercambio Sur-Sur. Tuvieron un extraordinario éxito, haciendo de ésa, la década más importante de la historia de esos países.

Con el tránsito hacia la segunda década del siglo XXI se empezaban a notar elementos de recuperación de la iniciativa de la derecha y algunas debilidades de esos gobiernos postneoliberales, que supusieron que la segunda década estuviese marcada por una contraofensiva de la derecha, que logró restablecer gobiernos neoliberales en países como Argentina, Brasil, Ecuador, Bolivia e Uruguay, desarticulando el eje de gobiernos antineoliberles que macara la primera década.

A lo largo de la década, el neoliberalismo demostró el escaso recorrido que tienen sus políticas, hasta el punto de que, en Argentina, en las primeras elecciones presidenciales que tuvieron lugar, el neoliberalismo ha sido desplazado de nuevo del gobierno. En otros países como Ecuador y Brasil, se ha confirmado que la derecha sólo dispone del modelo neoliberal, puro y duro, que les está llevando al fracaso. Que tienden a ser derrotados en disputas electorales democráticas, frente a lo cual han puesto en práctica su estrategia de judicialización de la política, poniendo en práctica nuevas formas de golpes, como ejemplifican los casos de Brasil y de Bolivia, que muestran la debilidad de la derecha antes que su fuerza.

Cuando llegamos al final de la segunda década, hay una disputa abierta sobre el carácter que tendrá la tercera década en Latinoamérica. Las elecciones en Bolivia y Ecuador, así como el desenlace de la crisis brasileña, definirán los rasgos de esa nueva década. En caso de que la izquierda triunfe, esos nuevos gobiernos se sumarán al de Argentina, contando, en cierta medida también con el de México –limitado por los tratados de libre comercio que tiene con EE UU-, así como el de Venezuela, para recomponer el eje de gobiernos antineoliberales. En la medida que la derecha mantiene el neoliberalismo como su bandera, esos gobiernos tendrán que caracterizarse, ante todo, por su antineoliberalismo.

Cuando surgió la crisis de esos gobiernos, hace algunos años, Rafael Correa convocó a una reunión en Guayaquil, una reunión de balance sobre los cambios que se aproximaban, en la que participaron también, entre otros, Pepe Mújica y representantes de Bolivia, Brasil, Argentina y Uruguay. Se tomó la decisión de publicar un libro con el balance de la situación y las perspectivas de los seis gobiernos. Yo coordiné en aquel momento la publicación del libro que tomó por título Las vías abiertas de América Latina (Octubre, 2016), publicado en Argentina, Brasil, Venezuela, Ecuador y Bolivia.

En ese libro Álvaro García Linera, Rene Ramírez, Ricardo Forster, Constanza Moreira, Alfredo Serrano, Manuel Canelas, Juan Guijaro y yo, presentamos nuestras visiones de cada país, introducidos por un análisis general de la tendencia en todo el continente. Este es el momento de hacer algo semejante, con un proyecto de investigación ambicioso, que haga el balance de la primera y la segunda décadas en esos países y proyecte la tercera década.

Es hora de convocar a los intelectuales del pensamiento crítico latinomericano para sumarse a ese proyecto, que analice y apoye a las fuerzas políticas antineoliberales en la reconstrucción del eje de gobiernos con esa orientación, además de ofrecer análisis sobre las debilidades que han permitido la restauración de la derecha y los reveses de la izquierda, para retomar el proyecto antineoliberal con más profundidad y ampliación de sus plataformas de trasformación económica, política, social y cultural de Latinoamérica.

Un proyecto que puede tomar el libro Las vías abiertas de América Latina como referencia inicial, pero con mayor amplitud de análisis hacia atrás y hacia adelante. Que puede ser uno de los más importantes ejes de investigación en la era pospandemia, más allá de iniciativas más concretas y puntuales, que permita además recomponer un eje del pensamiento crítico latinoamericano, que tanta falta hace a día de hoy. Un proyecto que puede desembocar en un seminario –virtual o, a lo mejor, el primer seminario de nuevo presencial– y en un libro, publicado en América Latina y en otras regiones, dado que tenemos las experiencias más importantes de lucha antineoliberal. La tercera década lationoamericana puede ser el título que defina los marcos de ese proyecto, condición esencial para que volvamos a avanzar en Latinoamérica.


miércoles, 5 de febrero de 2020

Mentir sobre Bolivia

Rebelión

Por Atilio A. Boron

Es triste y lamentable comprobar que las artes del buen historiador que Loris Zanatta supo cultivar en el pasado se deterioraron hasta convertirlo en un propagandista. ¿De qué otro modo podría calificarse la más reciente intervención del historiador italiano a propósito de los trágicos acontecimientos en curso en Bolivia? [1] Su nota publicada en uno de los principales matutinos de Buenos Aires es un compendio de falsedades y de ocurrencias que pretenden pasar por una interpretación rigurosa y en las cuales se quiere demostrar la irredimible malignidad de Evo Morales y, según Zanatta, su mentor: el Papa Francisco. En esta breve nota me limitaré a señalar los yerros más groseros de su intervención. Dejo para mis lectores la poco agradable tarea de examinar los demás, que son muchos. 
Zanatta, como buen conservador, siente una particular aversión para con el Papa Francisco y, en consecuencia, por quien sería, según él, el líder más amado por el pontífice: Evo Morales. A partir de esa supuesta constatación el historiador italiano se hunde en el submundo de sus obsesiones y sus odios más arraigados. Se pregunta, ya instalado en ese caos de sus prejuicios “¿qué democracia puede haber donde la política es una cruzada contra el infiel, el camino hacia la redención del “pueblo elegido?” Pero, ¿habla de Estados Unidos, cuyos dirigentes y gran parte de su población creen realmente ser el pueblo elegido por el Señor para sembrar la justicia y la democracia en el mundo? ¡No, habla de Bolivia!, de la humilde Bolivia de las señoras de polleras, de un pueblo que fue explotado, oprimido y escarnecido por siglos primero por el colonialismo español y más tarde por Estados Unidos y que ni bien decidió hacerse dueño de su destino atrajo sobre sí todas las iras del averno con sede en Washington, DC. No hubo en la Bolivia de Evo ninguna cruzada contra los infieles; simplemente se gobernó para empoderar al pueblo, respaldar sus derechos, sacarlo de la pobreza y para evitar que los supremacistas blancos, los sanguinarios racistas de la Media Luna Oriental, concreten de una vez y para siempre el genocidio que borre de la faz de Bolivia a esos oscuros personajes originarios que los avergüenzan ante el mundo. Que es lo que, con la complacencia de Zanatta, o su cómplice silencio, que es igual, están haciendo hoy. 
Enardecido por los vahos embriagantes de su discurso Zanatta se interna resueltamente en el terreno del delirio político. Por ejemplo, cuando habla de “la obsesión (de Evo) por perpetuarse en el poder como un Rey Católico.” Esto por cometer la imperdonable transgresión de querer buscar una nueva re-elección si el pueblo así lo decidiera. Pero es asombroso que siendo tan sensible a este tipo de iniciativas de autoperpetuación en el poder no se hubiera también referido a lo que al parecer es una idéntica obsesión en Ángela Merkel o Benjamín Netanyhau, para no hablar de Helmut Kohl o Felipe González, o de la propia Democracia Cristiana italiana que estuvo más de cuarenta años en el gobierno sin que manifestase la menor preocupación sobre ese desaforado afán por “perpetuarse en el poder” de aquellos dirigentes europeos o del neofascista israelí. O cuando, con absoluta irresponsabilidad habla de “la estafa electoral para evitar el triunfo de las ‘clases coloniales’ no es (solo) el fruto de un ego enloquecido; son el lógico resultado de una ideología en la que el ‘pueblo de Dios’ no piensa doblegarse ante el ‘pueblo de la Constitución’.” Este último debe, sin duda, ser el representado por Luis Fernando “Macho” Camacho que irrumpió acompañado por unos fascinerosos al Palacio Quemado blandiendo una Biblia para exorcizar la herética presencia de la Pachamama; o el que personifica la ignota senadora autoproclamada presidenta del Estado Plurinacional por una Asamblea Legislativa que ni siquiera reunía el quórum necesario para sesionar, y cuyos tuits ahora convenientemente borrados revelaban un intenso odio racial contra las poblaciones originarias de Bolivia; o tal vez ese ‘pueblo de la Constitución’ tan exaltado por Zanatta sea el de aquellos probos republicanos que prendieron fuego y orinaron sobre la Wiphala, la bandera de los pueblos originarios de todo el mundo andino; o el que profirió las amenazas pre-electorales del tan alabado Carlos Mesa cuando, exhibiendo el talante democrático que tanto seduce a Zanatta, amenazó que desconocer cualquier resultado electoral que no sea su victoria. 
Cuesta creer que quien fuera un historiador profesional pueda ignorar tantos reportes de investigación que refutan su errónea (y malintencionada) tesis sobre la supuesta “estafa electoral” de Evo. Primero, ni siquiera el informe de la OEA usa la expresión “fraude” y mucho menos habla de estafa, tal como lo ha fehacientemente demostrado un estudio del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG). Según dicho trabajo el informe de la OEA “no aporta prueba alguna que pudiera demostrar el supuesto fraude.”[2] Segundo, Zanatta también ignora los resultados del informe del Center for Economic and Policy Research (CEPR) de Washington y cuyos autores ratifican la rectitud de los resultados anunciados por el Tribunal Superior Electoral pues “no encuentran evidencia de que hubo irregularidades o fraude que afecten el resultado oficial que le dio al presidente Evo Morales una victoria en primera vuelta.” [3] Tercero, el informe de 36 páginas emitido por el más competente departamento de ciencia política de Estados Unidos en materia de estudios electorales, la Universidad de Michigan, que coincide en afirmar que no hubo fraude alguno en las elecciones bolivianas y que Evo ganó en buena ley. [4] Dice textualmente el profesor Walter R. Mebane Jr., experto mundialmente reconocido en el estudio de fraudes electorales, que en las elecciones bolivianas se comprobó la existencia de “irregularidades estadísticas que podrían indicar fraude sólo en 274 de las 34.551 mesas de votación y que (esto) no se diferencia mucho de patrones vistos en otros comicios en Honduras, Turquía, Rusia, Austria y Wisconsin. Incluso removiendo los votos fraudulentos, el MAS tiene una ventaja superior al diez por ciento”, sentenció al final de su extenso trabajo. 
De haber tenido en cuenta alguno de los aportes ya referidos el historiador italiano no hubiera podido escribir una afirmación tan descabellada como la siguiente: si se “hubieran celebrado elecciones regulares, es probable que el vencedor habría sido Carlos Mesa, hombre que garantizaba un gobierno respetuoso del pluralismo y de la democracia. En cambio, al manipular las urnas, Morales desató la guerra religiosa y se eligió ‘el enemigo’: al causar la radicalización del conflicto, hizo emerger un ‘enemigo’ que como él invoca a Dios sobre la Constitución, al ‘pueblo’ sobre la democracia.” El problema para el profesor de Bologna es que sí hubo elecciones regulares, que no se manipularon las urnas y que si alguien desató una guerra religiosa, un estallido de racismo y fanatismo religioso no fueron ni Evo ni el MAS sino su tan admirado Carlos Mesa, un politiquero irresponsable al que los prejuicios –o la conveniencia- del italiano lo llevan a percibirlo como un hombre “respetuoso del pluralismo y la democracia” pese a que antes de llevarse a cabo las elecciones denunciaba el “fraude” que seguramente se cometería y que azuzó los peores sentimientos y prejuicios de las capas medias bolivianas para cometer toda clase de desmanes antes, durante y después de las elecciones, incluyendo, ¡oh sorpresa!, el incendio de las oficinas de las sedes departamentales del Tribunal Superior Electoral en Sucre, Potosí, Santa Cruz y Tarija y la destrucción de la documentación electoral que podría haber comprobado el “fraude” cometido por Morales. 
Podríamos extendernos en otras consideraciones sobre el artículo de Zanatta que marcan un hito irreversible en la conversión de quien fuera un serio historiador del catolicismo en un vulgar propagandista que ofrece su pluma al servicio de la derecha y el imperialismo. Habla, en su nota, de que “el país estaba en llamas” y que eso tornaba inevitable el golpe militar pero bien se guarda de decir quiénes fueron los incendiarios. Insinúa que Brasil podría haber sido uno de ellos, pero omite toda mención de Estados Unidos, barriendo bajo la alfombra toda la evidencia que habla de la activa participación de Washington en el derrocamiento de Morales. ¿Ignora acaso que el infame Jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas de Bolivia, Williams Kalimán, renunció a su cargo ni bien se consumó el derrocamiento de Morales y se radicó en Estados Unidos? ¿No escuchó lo que es vox populi en La Paz de que por su valentía republicana al “sugerirle” a Evo que debía renunciar fue remunerado por Estados Unidos con un millón de dólares gracias a una gestión realizada personalmente por Bruce Williamson, encargado de negocios de la embajada estadounidense? [5] ¿Y que se sospecha que otros generales recibieron una cantidad similar y varios jefes de policía unos quinientos mil dólares cada uno para alentar su oportuno amotinamiento? ¿Qué tiene que decir del viaje que en Septiembre de este año realizara Ivanka Trump a Jujuy, la provincia argentina lindera con Bolivia, y en donde fuera recibida por su gobernador y algunos personajes de la política boliviana que adquirieron notoriedad durante la ofensiva destituyente? 
Nimiedades: lo importante para Zanatta es repetir la cantinela que le dictan desde Washington: Evo quería eternizarse en el poder, hizo fraude y la tragedia que desató es todo por su culpa. Y la democracia podría renacer de este golpe. El plan fue muy concienzudamente elaborado por los numerosos especialistas que Estados Unidos tiene para promover “cambios de régimen”, “primaveras de colores” o simples y llanos linchamientos de líderes molestos, como hicieron con Gadaffi en Libia. Bolivia era un objetivo largamente acariciado por la Casa Blanca. Todos conocemos su adicción por ciertos recursos naturales como el petróleo o, en el caso que nos ocupa, el litio, que para el Financial Times de Londres es el equivalente de lo que fue el petróleo en el siglo veinte y que es un insumo esencial para la maquinaria militar estadounidense. Y Evo y el gobierno de los movimientos sociales eran obstáculos inexpugnables, que no podían removerse apelando a la vía electoral, intentando fabricar líderes de la “sociedad civil” o penetrando en la cultura popular con los tentáculos de su ONG. Por lo tanto había que arrojar por la borda cualquier prurito legalista, olvidarse de la perversa sofistificación de los “golpes blandos” y el “lawfare” y apelar sin tapujos ni culpas al golpe militar del viejo estilo, precedido por los disturbios de un lumpenaje contratado que pudo sembrar el caos en las principales ciudades de Bolivia gracias a que las fuerzas policiales, compradas por del imperio, les dejaron la calle liberada para crear una situación socialmente insostenible y justificatoria del golpe de estado. 
Zanatta no puede desconocer todo esto. Por eso lo suyo, en verdad, es un escándalo. La treintena de muertos, cientos de heridos y detenidos, los desaparecidos, la policía gaseando a los deudos que llevaban los ataúdes de sus seres queridos al cementerio, los incendios de oficinas gubernamentales, las intimidaciones y las cobardes amenazas a los familiares de funcionarios y legisladores del MAS para que traicionaran a Evo, todo este espanto, todo este derrumbe del orden democrático y de la paz social, le resbalan al historiador italiano por su piel de foca, para retribuirle una metáfora que insolentemente le dedica a Evo en su libelo. Hay que mentir, le dijeron, por el bien del imperio y de la civilización del capital. Acabar con Evo y el Mas y, de paso, socavar la autoridad de Francisco. Y el ex historiador arroja su antiguo prestigio a los perros y obedece la orden, con ganas. Lástima y vergüenza. 

Notas:
[1] Cf. “De cruzadas redentoras, golpes y fraudes”, en Clarín, 23 Noviembre 2019. 
[4] “Evidence Against Fraudulent Votes Being Decisive in the Bolivia 2019 Election”, disponible en http://www-personal.umich.edu/~wmebane/Bolivia2019.pdf 

lunes, 3 de febrero de 2020

¿Puede Latinoamérica rechazar el petróleo, la ganadería y la minería?


Por Alexander Zaitchik

Incendio en Charagua, Bolivia, cerca de la frontera con Paraguay el 29 agosto 2019 (Foto: AizarRaldes/AFP vía Getty Images)

El capítulo de la historia latinoamericana inaugurado en 1998 con celebraciones en Venezuela ha terminado con un golpe de Estado y violencia en Bolivia. Como ocurre en todas las mareas, la “marea rosa” retrocede revelando un terreno transformado. El panorama del movimiento de izquierda, que produjo gobiernos socialistas de tendencias variadas en una docena de países,aparece fracturado y desilusionado. Centroamérica y Sudamérica se enfrentan a un derecho resurgente y al retorno a la austeridad, a menudo a través de una cortina de gases lacrimógenos. Este estado de desorden marca también de forma literal el terreno del continente: bosques y montañas eliminados y desgarrados, sus minerales e hidrocarburos enviados a puerto y embarcados hacia el extranjero en nombre de un proyecto socialista cuyos logros han resultado ser frágiles, temporales y superficiales.

Es comprensible que la preocupación mundial por el futuro de la Amazonía se haya centrado últimamente en Brasil, donde el presidente Jair Bolsonaro ha acelerado la destrucción de la selva tropical con regocijo fascista. Pero por debajo del desprecio escalofriante de ese régimen por la naturaleza que no sea sino una provisión de recursos querecolectar se encuentra una verdad inquietante: su agenda de extracción desenfrenada representa una diferencia en grado y estilo, más que enotra cosa, respecto a la que adoptan todos los principales países amazónicos de las últimas dos décadas. Esto incluye a los gobiernos de marea rosa de Venezuela, Bolivia, Ecuador y Brasil, que promovieron la minería, el petróleo y la agricultura industrial tan fervientemente como sus contrapartes neoliberales en Perú y Colombia.

Examinar este legado no significa descartar los logros sociales que posibilitaron, aunque fuera brevemente. Esos avances fueron reales y en algunos casos sorprendentes . Los nuevos gastos estatales en salud, educación y el paquete de programas de subvenciones mejoraron la vida de muchos millones de personas en una región definida por una gran desigualdad y una profunda pobreza endémica. Y, sin embargo, como muchos observaron desde el principio, estos beneficios solo podían resultar efímeros al basarse en los máximos presupuestarios del azúcar ante el auge deproductos básicos que China, y en menos grado la India, venían impulsando desde hacía una década por China. Incluso antes de que los precios de los minerales y el petróleo comenzaran a disminuir en 2012, las coaliciones formadas detrás de muchos gobiernos de marea rosa empezaron a romperse en función de las contradicciones e intercambios de lo que el científico social uruguayo Eduardo Gudynas, un crítico precoz e influyente de la marea rosa de izquierdas, llamó “neoextractivismo”. Y resultó que esta versión del extractivismo, aunque se defendía desde los balcones de palacio bajo las banderas del socialismo y el antiimperialismo, no era tan diferente del modelo practicado durante siglos de gobierno colonial, militar y neoliberal. Su principal innovación fue negociar mayores recortes en las crecientes exportaciones de recursos primarios.

Campamento informal de extracción de oro Esperanca IV, cerca del territorio indígena Menkragnoti, en el estado de Pará, Brasil, 28 de agosto de 2019  (Foto: Joao Laet/AFP vía Getty Images)

Las ganancias de los puntos porcentuales adicionales hicieron mucho bien mientras duraron. También oscurecieron el fracaso a la hora de avanzarhacia un proyecto democrático de izquierdasque desafiara cinco siglos de expolio, desposesión y dependencia sistémicos. El neoextractivismo “permitió formas importantes de inclusión socioeconómica y empoderamiento político para las masas, al tiempo que socavaba transformaciones más radicales”, concluye TheaRiofrancos en “ResourceRadicals”, un estudio que está a punto de publicarse sobre la política de extractivismos de la marea rosa.

En lugar de estas transformaciones más radicales, el neoextractivismo aceleró el ciclo de destrucción requerido por el papel histórico de la región en la economía global. Las consecuencias políticas y ecológicas fueron más duras en las selvas tropicales, los bosques secos y las cordilleras occidentales, que son las fuentes del sistema amazónico. A medida que las licitaciones de minería y petróleo se multiplicaban, las coaliciones de trabajadores urbanos, pequeños agricultores y pueblos indígenas de la marea rosa se separaban.

“Izquierda o derecha, la ideología es la misma: robar nuestra tierra y destruir el medio ambiente”, declaró José Gregorio Díaz Mirabal, coordinador venezolano de la Federación de Organizaciones Indígenas Amazónicas, o COICA. “Tanto en Bolivia como en Brasil, los bosques están en llamas”.

HAY QUE SER CONSCIENTES de que esta historia tiene lugar, como todo ahora, a la luz de la crisis climática. Como el extractivismo condena a la selva amazónica, un bioma fundamental para cualquier solución concebible a esta crisis, una nueva izquierda latinoamericana tendrá que oponerse a él.

Esta idea no es nueva. Los debates sobre cómo América Latina podría coserse las venas y construir alternativas a un modelo occidental de “desarrollo”, basado en las exportaciones de productos básicos, fueron fundamentales en el firmamento de los movimientos sociales de los partidos de la marea rosa que llegaron al poder. Durante la década de 1990, activistas, académicos y personalidades políticas de la región se involucraronen las críticas a la globalización y la trampa extractivista. Antes de que Hugo Chávez anunciara la llegada del nacionalismo “antiimperialista” de recursos, para asegurar la importancia de Venezuela y financiar programas contra la pobreza con ingresos petroleros y proyectos mineros en el sur del país, las figuras más inspiradoras de la izquierda latina y global eran los zapatistas del sur de México, que exigían un “mundo donde cupieran muchos mundos”. En cientos de reuniones en pueblos y ciudades -de las cuales el Foro Social Mundial fue solo la más grande-, las banderas del arco iris de los grupos indígenas recién politizados se mezclaron con símbolos socialistas y bolivarianos en los debates sobre cómo construir una nueva América Latina que fuera socialmente justa y ecológicamente sabia.

Alrededor de 30.000 personas se reunieron en Porto Alegre, Brasil, el 31 de enero de 2002,en una marcha que inauguró oficialmente el Foro Social Mundial Foto: Douglas Engle/AP

El nuevo pensamiento encontró su máxima expresión en el concepto delbuen vivir. Como principio político organizativo o ideología, “el buen vivir” es una especie de fusión de ideas indígenas y occidentales sobre los límites, la solidaridad, las fuentes de la felicidad humana y el equilibrio con la naturaleza. Conlleva una fuerte crítica al mercado, al pensamiento a corto plazo, al materialismo y a la explotación de las personas y el medio ambiente. Ha sido promovido y aceptado por los gobiernos de Cuba, Venezuela, Argentina, Paraguay, Uruguay y Perú, pero está más estrechamente asociado con Bolivia y Ecuador. Los expresidentes Evo Morales y Rafael Correa hicieron campaña en las plataformas del buen vivir y consagraron el concepto en sus respectivas constituciones de marea rosa.

El uso de símbolos e ideas indígenas se había abaratado cuando conocí a Alberto Acosta en una marcha de protesta en la ciudad de Zamora, en el sur de Ecuador, a finales de 2012. Acosta, un economista alto y de aspecto severo, fue el primer ministro de Energía y Minería de Correa y presidió la convención que fue noticia mundial por su inclusión del buen viviry conceptos similares, “los derechos de la naturaleza”, en la constitución de 2008. Tres años más tarde, Acosta había dejado el gobierno y desde entonces ha estado presidiendo diferentes tipos de conferencias, como, por ejemplo, “Movimientos sociales para la democracia y la vida”, convocadas para organizar la oposición de izquierdas a Correa y al neoextractivismo de la marea rosa.

En la mañana en que lo entrevisté, habló mientras marchaba detrás de la pancarta de siete partidos de izquierda aliados que habían renunciado o se habían fundado en oposición a la coalición “Unidad” de Correa. “No hay nada nuevo en el plan de desarrollo de Correa”, me dijo. “Cita a los teóricos de la escuela de la dependencia, pero su idea es el mismo modelo económico de centro-periferia de exportación de materias primas. Ha reemplazado al Tío Sam con el Tío Chen” (China) para mantener sus programas sociales y su posición política a expensas del desarrollo real. Nos resistimos ante este modelo de la misma forma en que nos resistimos frente al neoliberalismo”.

En ese momento yo estaba en Ecuador informando de una historia que ilustraba esa crítica. El gobierno de Correa había aprobado planes para una megamina de cobre y oro a cielo abierto en la cordillera del Cóndor, un importante punto de acceso biológico, corredor de las especies y cuenca en el noroeste de la Amazonía que era el hogar de miles de pueblos indígenas, principalmentecampesinos shuar y mestizos. La mina, entonces en las primeras etapas de construcción por un conglomerado chino llamado ECSA, ya estaba desplazando comunidades; cuando estuviera terminada, desplazaría a muchas más y contaminaría la tierra y el agua de las que quedaran. Correa criminalizó la oposición al proyecto y atacó a sus críticos como títeres y agentes imperialistas. En Quito, un activista de la ONG Clínica Ambiental me mostró los nombres de cientos de activistas ya en prisión o amenazados con ir a prisión. “Como Correa representa a la izquierda, oponerse a él te expone a la acusación de apoyar al antiguo régimen que llevó a todos a la bancarrota. Pero ha demostrado ser un neoliberal con toques redistributivos. Ha evitado los pactos con Estados Unidos, pero ha vendido el país a China”.

En Bolivia había comenzado a desarrollarse en 2012una versión más suave de la misma dinámica. La expansión de la agricultura minera e industrial por parte del gobierno de Morales había provocado deserciones tempranas de figuras clave en los movimientos sociales forjados durante las llamadas guerras de agua y gas de principios de la década de 2000, antes de impulsar a Morales al poder. La gran ruptura se produjo en 2011, cuando Morales anunció planes para construir una carretera de 185 millas a través de los bosques tropicales primarios del Territorio Indígena IsiboroSécure. El gobierno afirmó que su propósito era proporcionar mejores servicios sociales a las aldeas remotas, pero los grupos indígenas de Bolivia entendieron correctamente que la carretera formaba parte de un proyecto a largo plazo para industrializar los bosques de baja altura, conectándolos finalmente a la red de transporte de toda la Amazonía, según se recoge en los documentos de planificación de un superproyecto liderado por Brasil llamado Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional de América del Sur, o IIRSA. (La carretera está financiada por el Banco de Desarrollo de Brasil y sigue de cerca el territorio donde el gigante petrolero brasileño Petrobras tiene derechos de exploración). A medida que se extendía la resistencia, Morales allanó las oficinas de los grupos indígenas que se oponían a la carretera y reemplazó a sus líderes por lealistas. Acusó públicamente a sus críticos, incluido el antiguo presidente de la Confederación de Pueblos Indígenas de Bolivia, Adolfo Chávez, de ser “agentes de la USAID”, la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional, acusándoles de delitos graves. Tuvieron que esconderse hasta que la Corte Suprema del país revocó las acusaciones.

De izquierda a derecha, el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, el presidente de Bolivia, Evo Morales, y el presidente de Ecuador, Rafael Correa, en un desfile militar que conmemoraba el bicentenario del comienzo del movimiento por la independencia de Bolivia, La Paz, 16 de julio de 2009 (Foto: Patricio Crooker/AP)

“Apoyamos a Morales y a Correa porque los partidos de izquierda prometieron respetar nuestros derechos, pero rompieron sus promesas y debilitaron nuestras organizaciones”, me dijo Chávez recientemente. “Teníamos un plan coherente para ayudar al gobierno a construir industrias sostenibles que protegieran los bosques y ríos. Pero los modelos nunca cambiaron. Seguimos estando sometidos a las transnacionales, que tienen relaciones con los partidos de izquierda y derecha por igual”.

No fueron solo los autoproclamados países bolivarianos de marea rosa los que abrazaron el neoextractivismo. En Brasil, los gobiernos del Partido de los Trabajadores de LuizInácio Lula da Silva y Dilma Rousseff fortalecieron las protecciones sobre grandes áreas del Amazonas al tiempo que adoptaban la visión a largo plazo de IIRSA: una región salpicada de represas para impulsar las operaciones mineras, conectada por carreteras y ferrocarriles para facilitar la ampliación del flujo de materias primas hacia los puertos en las costas del Atlántico y el Pacífico. Bajo ambas administraciones, la minería se expandió por todo el país, incluso en la Amazonía. Pero fue otra expansión, más silenciosa, la que que probablemente tuvo el mayor impacto climático: el “desierto verde” de la agricultura industrial continuó consumiendo los bosques secos y las sabanas restantes del Cerrado, un sumidero de carbono que una vez fue enorme pero que desapareció rápidamente y se extiende a través de media docena de estados en la meseta central de Brasil.

EL DESAFÍOque enfrenta una izquierda postextractivista transformadora es desalentador. Para tomar y mantener el poder, tendrá que responder a la acusación de Correa de que los defensores del postextractivismo quieren que los pobres del continente vivan como “mendigos sobre un saco de oro”. Se necesita de toda una perspectiva y de un plan para resolver elenigma planteado por el académico de izquierdas y crítico de Correa Pablo Ospina Peralta: “¿Cómo revolucionas la economía cuando el gobierno depende de la salud de la economía que trata de revolucionar?”.

Cualesquiera que sean los detalles de la respuesta, el caso se beneficiará de los fracasos de siglos de extractivismo. América Latina, donde se concibió la comunidad cerrada, es la región más desigual del mundo, con una profunda pobreza estructural cada vez más agravada por la contaminación y los efectos de la crisis climática. Que estos problemas pueden ir emparejados de forma potentepudo verse claramente el pasado mes en las calles de Quito, Ecuador. Después de una huelga de once días en protesta por el paquete de austeridad anunciado, el presidente Lenin Moreno, que sucedió a Correa en 2017, aceptó reunirse con los líderes indígenas que dirigían las protestas callejeras en oposición a los recortes sociales y las reformas laborales propuestos y para poner fin a la perforación petrolera y minera en la Amazonía. En Chile, donde ya resulta imposible ignorar la devastación causada por décadas de minería excesiva, los manifestantes urbanos ondean banderas mapuche, cuyo colorido simbolismo delbuen vivir representa la sangre indígena, la tierra, el sol, las montañas nevadas y la esperanza.

“Algo se está moviendo”, dijo Arturo Escobar, el académico colombiano-estadounidense cuyo libro de 1995, “EncounteringDevelopment”, dio forma a los debates emergentes sobre desarrollo y crecimiento. “Hay fisuras visiblemente crecientes en el modelo de consenso político, económico y de desarrollo, incluido el ‘consenso en los productos básicos’ de los años 2000 y 2010 que causó una devastación ecológica masiva. La gente vuelve a hablar de una crisis de civilización, que en el mejor de los casos conduce a la posibilidad de una nueva época que cuestione los viejos supuestos y avance hacia una política delbuen vivir: de orientación más comunitaria, ecológica y espiritual”.

Puede parecer exagerado que surja un movimiento para construir un nuevo orden social que satisfaga las necesidades humanas al tiempo que protege y regenera los ríos y los bosques, pero no es menos realista que creer que una economía basada en el consumo y el crecimiento puede alcanzar el equilibrio ecológico.

Dragas en el río Madre de Dios en el territorio indígena de Tacana, cerca de La Paz, Bolivia, 31 de agosto de 2019 (Foto: Ernesto Benavides/AFP vía Getty Images)

Las posibilidades de que tal movimiento triunfe dependerán del éxito de movimientos aliados en otros lugares. Los mercados de productos básicos han escrito gran parte de la historia de América Latina, y la demanda mundial de materias primas continuará ejerciendo una poderosa influencia. Esto seguirá siendo así incluso en una versión “ecológica” del sistema actual. Un cambio global lejos de los combustibles fósiles evitaría devastaciones aún mayores en la Amazonía por el desarrollo del petróleo y el gas, siempre que no se autoricen tampoco monocultivos en ella ni se permitan nuevos desgarros en busca de metales de metales preciosos para fabricariPhones de carga solar, actualizados anualmente,o el último SUV de alto rendimiento totalmente eléctrico de Jaguar. Un sistema basado en el crecimiento que se ejecute en una red descarbonizada requerirá aún aportes masivos de materiales primarios que se hallan en los suelos y rocas de los nueve países amazónicos. América Latina posee casi la mitad del cobre y la plata del mundo, una cuarta parte del níquel y bauxita (aluminio) y almacenes dispersos de metales preciosos y metales “tecnológicos” utilizados en ordenadores, paneles solares y pilas de combustible de próxima generación. En un artículo reciente sobre la industria del litio de Bolivia para New Republic, la colaboradora de Intercept, Kate Aronoff, señala que impulsar la economía actual con energías renovables llevaría a consumir lasreservas mundiales de litio en muy poco tiempo. Intentar mantener una versión “verde” de la sociedad de consumo global podría conducir a una lucha por los metales raros que haría que las oleadas anteriores de extractivismo parecieran suaves en comparación.

Si América Latina se negara a abrir sus venas a estos recursos, terminaría su papel como banco global de recursos, un papel que comenzó sin consenso a partir de las economías esclavistas del siglo XVI que cargaban barcos europeos con oro, plata y azúcar. Hay pequeños precedentes para tal rechazo. El Salvador prohibió toda la minería de metales en 2017 para proteger su agua. Costa Rica ha estado aplicando durante mucho tiempo una prohibición minera limitada. En todos los países donde la minería es una actividad desenfrenada, los movimientos se organizan detrás de agendas postextractivistas guiados por los valores ecosocialistas delbuen vivir.

Los grupos indígenas son solo una parte de este proyecto, pero están en la vanguardia y juegan un papel único. Aportan un conocimiento vivo de las alternativas y son los más directamente amenazados con la extinción. Una de las voces indígenas más prominentes para un rumbo diferente es Juan Carlos Jintiach, coordinador de planificación económica de COICA y, a menudo, la única voz indígena en la sala en entornos como el Convenio sobre la Diversidad Biológica, las Naciones Unidas y el Banco Mundial. No es una persona ingenua ni resignada, sino centrada en las gestaciones de las emergencias superpuestas del momento.

“Vivimos una época confusa y arriesgada”, dijo Jintiach. “Son necesarias movilizaciones sociales que trasciendan a la izquierda y a la derecha y nos conecten entre nosotros y con la tierra. El buen vivir contiene esos conceptos, pero es un lenguaje que la otra sociedad no siempre entiende. Estamos creando alianzas para mostrar que hay otro camino. No es nuestra lucha, es la de todos. En estos momentos hay una tormenta, una tormenta muy fuerte. Pero en el instante en que despertemos, podremos ver el cielo”.

* Alexander Zaitchik es un periodista independiente estadounidense que escribe sobre política, medios de comunicación y medio ambiente. Ha colaborado con The Nation ,The New Republic , Intercept , Rolling Stone , Guardian , Foreign Policy , Baffler , International Herald Tribune , Wired , San Francisco Chronicle , y The Believer.Esautorasimismo de loslibros Common Nonsense: Glenn Beck and the Triumph of Ignorance , The Gilded Rage: A Wild Ride Through Donald Trump's America y  Out of the Ooze: The Story of Dr. Tom Price .

lunes, 27 de enero de 2020

Bolivia, los intelectuales y la incomodidad


Por Juan Manuel Karg

El expresidente de Bolivia, Evo Morales. Foto: Reuters.

“El intelectual está para incomodar” es el latiguillo utilizado por algunos intelectuales de América Latina y el Caribe para cuestionar en los últimos días a Evo Morales, quien sufrió un golpe de Estado y se encuentra asilado en ciudad de México, a 8500 kilómetros de La Paz. Desde esta perspectiva, Morales habría incurrido en una serie de errores que, indefectiblemente, llevaron a este desenlace. “Cayó por su propio peso” fue otra de las apreciaciones que giraron en torno a esa construcción de sentido, en la cual el líder aymara sería responsable máximo de la situación actual de Bolivia. La idea de este artículo no es discutir con tal o cual intelectual, sino con las ideas centrales que han planteado, en base a lo que está sucediendo en Bolivia.

Empecemos: ¿por qué a algunos intelectuales les resulta más fácil “incomodar” a un expresidente que está asilado en otro país para intentar salvar su vida que "incomodar" a un gobierno de facto como el de Jeanine Añez, que a lo largo de una semana cuenta ya con más de 30 víctimas fatales en sus espaldas? ¿No será que estos intelectuales se sienten “incómodos” de defender a un líder nacional-popular al que siempre cuestionaron cuando estaba en el Palacio Quemado? Un golpe debería, en cualquier caso, ser la “linea roja”: la condena al golpismo y el llamado a la defensa de la democracia boliviana primero, luego el debate en torno a la figura de Morales y sus posibles errores en el pasado.

Por otro lado: ¿qué le incomoda más a Añez, presidenta de facto de Bolivia? ¿Qué los intelectuales sigan debatiendo el referéndum del 21 de febrero de 2016 y la posterior repostulación de Evo o que cuestionen la feroz represión que tuvo lugar en Sacaba, Cochabamba, y Senkata, El Alto? Mientras nos volcamos a estas discusiones sobre liderazgos y relevos, relevantes dentro del campo de las Ciencias Sociales, hay decenas de muertos en las morgues. Hay madres llorando a sus hijos. Hay vía libre a las FFAA, a través del decreto 4078, que consagra impunidad para disparar sin ser penalmente responsable, en aras del “orden social”.

Sigamos: incómodo hoy en Bolivia es ser indígena, ante la brutal revancha racista y clasista que ya se erige sobre aquellos sectores que ampliaron sus derechos desde el 2006 a esta parte. La quema de la whipala por parte de los golpistas es parte de ese entramado. Incómodo es soportar los gases lacrimógenos y las balas de plomo de un gobierno que amenazó con una “cacería” a dirigentes del Movimiento al Socialismo y llegó a hablar de “sedición” de parte de algunos periodistas extranjeros que llegaron a cubrir lo que allí sucedía. Incómodo es comprobar que los propios dirigentes del MAS casi no emiten opiniones públicas, ante el temor de ser detenidos por el gobierno de facto, que los acusa públicamente de “terrorismo”.

Incómodo hoy en Bolivia es tener que contar lo que pasa desde los medios de comunicación concentrados. La mayoría de ellos se plegó al golpe de Estado y apoyan al gobierno de facto de forma indisimulada. Unitel Red Uno, Bolivia TV, ATB, PAT, RTP, Página Siete, El Deber, Fides y Erbol tienen una cobertura de respaldo a la gestión de la autoproclamada Añez. Aquellos periodistas que, dentro de estos medios, no comparten la línea editorial, tienen expreso temor de hacerlo público para no sufrir represalias. ¿Es raro? No, es una de las características de los gobiernos autoritarios: buscar una total hegemonía mediática que hable de enfrentamientos y culpabilice a los manifestantes, que intente instalar la vieja idea del “se mataron entre ellos”. ¿Los intelectuales no deberían estar discutiendo este cercenamiento a la libertad de expresión en vez de seguir repitiendo la parlanchina del “pero Evo”? ¿No sería intelectualmente más honesto?

Un intelectual no debe perder nunca su capacidad crítica. Partimos de esa base. Compartimos ese principio. Pero hay momentos y momentos para ejercer ese rol. ¿Los intelectuales cuestionaron a Allende una semana después del golpe de Estado en Chile? No, algunos con más tiempo y rigurosidad si hicieron una revisión de lo hecho y lo no hecho, pero siempre desde la honestidad intelectual y una lógica distancia temporal. ¿Qué hizo la mayoría de los intelectuales en ese tiempo? Condenar enfáticamente el golpe de Augusto Pinochet, que implantó una de las dictaduras más sangrientas y duraderas del continente. Imaginemos, por un segundo, el irrespeto que hubiera significado un “pero Allende” el 18 de septiembre de 1973.

Bolivia vive hoy las derivas de un golpe de Estado que inició con la violencia del dirigente cruceño Luis Fernando Camacho, la complicidad del candidato perdedor Carlos Mesa, un amotinamiento policial que liberó la Plaza Murillo y se consumó tras el llamado de las FFAA para que el presidente renuncie. Hay un Jefe de Estado constitucional, que debería haber finalizado su mandato en enero de 2020, exiliado en México. Hay una presidenta autoproclamada, sin quórum, que otorgó vía decreto impunidad a las FFAA y, acto siguiente, les sirvió en bandeja una partida de 5 millones de dólares para equipamiento. Un coctel explosivo: libertad de acción y más herramientas en mano. Hay medios de comunicación absolutamente alineados al relato golpista, con periodistas atemorizados, que si se corren un milímetro de la nueva construcción mediática en torno a Evo -terrorista, narcotraficante, vándalo- ven en peligro su fuente laboral. Y, lastimosamente, hay algunos intelectuales que, incluso en este marco que detallamos, continúan con el “pero Evo” como bandera.

Cerramos este artículo con una frase final, que intenta ser una síntesis de lo que hemos planteado: cuando se intenta juzgar a las víctimas no hay que confundir incomodidad con irresponsabilidad.

viernes, 17 de enero de 2020

Postales de la dictadura boliviana


Rebelión

Por Andrés Sal.lari

A dos meses del golpe en Bolivia la persecución se agudiza, el país andino amazónico vive una instauración conservadora apoyada por una buena parte de la sociedad civil que durante todo el gobierno de Evo Morales fue debidamente estimulada por las campañas de odio tan conocidas a lo largo de América y Europa.

Repasemos algunos casos que evidencian tal afirmación y configuran un escenario de violación sistemática al Estado de Derecho.

El 23 de diciembre pasado la policía y la fiscalía interrogan a la ex jefa de gabinete de Evo Morales por su presunta participación en actos de sedición, terrorismo y financiamiento al terrorismo. Fue incluida en la causa por el Ministro de Gobierno, Arturo Murillo. La prueba es que recibió 7 llamados telefónicos de Evo Morales. Luego de algunas horas es liberada.

El mismo día en Entre Ríos Tarija, su sub-gobernador Walter Ferrufino inaugura un mercado y durante el acto se comunicó vía telefónica con Evo Morales. Murillo lo judicializa: “Ha cometido un delito, y ese delito lo va a tener que purgar en la justicia”. Acusado por sedición y usurpación de funciones; la autoridad se presenta espontáneamente ante la justicia y declara “libertad de expresión no es sedición y saludar no es usurpar”.

El 27 de diciembre la encargada de negocios de la embajada de España en La Paz visita la residencia de la embajada de México donde permanecen exiliados 9 ex funcionarios de Evo Morales –lógicamente, en función del contexto- lo hace acompañada de un grupo de élite de las fuerzas de seguridad de su país.

A la salida de la delegación un grupo de civiles exaltados golpea el vehículo diplomático en la creencia de que allí podría encontrarse el ex ministro de la Presidencia Juan Ramón Quintana. La policía local no interviene.

Horas después, la canciller boliviana Karen Longaric pide explicaciones al gobierno español sobre los hechos y ante una consulta periodística avala la reacción popular sobre el vehículo diplomático sin siquiera hacer un llamado al respeto por la inmunidad diplomática ni mucho menos un pedido de disculpas.

Días después el ministro Murillo visita a los vecinos para “saludarlos”. Parece que el nuevo gobierno boliviano estuviera mucho más interesado en impulsar el accionar de estos grupos que en resguardar la integridad de la legación diplomática.

México denunció acoso a su delegación y llevó el caso a la CIJ; Bolivia expulsó a la embajadora azteca y a la encargada de negocios de España. Cuando la embajadora mexicana dejó la residencia con dirección al aeropuerto, su inmunidad diplomática fue violentada nuevamente por los grupos civiles que la obligaron a requisar su vehículo, otra vez sin intervención de la Policía. Todo esto no mereció ningún comentario desfavorable en la prensa ni en el gobierno.

Este caso desata una nueva cacería de brujas, pero esta vez de alcance transcontinental. El cow boy Murillo realiza una nueva puesta en escena acompañado de dos diputados del partido ultraderechista español VOX, en el que revela una nueva supertrama internacional de narco financiamiento entre las huestes de Evo Morales y las de Pablo Iglesias. Los euro fascistas lucen extasiados y Murillo ordena a la fiscalía boliviana citar a declarar al nuevo vicepresidente de España, junto a Íñigo Errejón, Juan Carlos Monedero, el ex juez Baltazar Garzón y el ex jefe de Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero.

La diputada del MAS Sonia Brito caracteriza al cruzado boliviano de manera precisa: “Murillo dice un montón de mentiras que tendrá que probarlas. Él es juez, fiscal, testigo, el ya juzga y sanciona a las personas que odia, haciendo absoluto abuso de poder, eso se llama dictadura”.

Horas antes ella misma ha sido acusada falsamente de cometer diversos delitos ante un periodista sin capacidad de repregunta. Por primera vez entiendo que el periodista no insista; repreguntar podría colocarlo en el peligroso lugar de la sedición.

En medio de todo este contexto los diputados de VOX visitan otros sets televisivos para alertar sobre estos terribles nexos entre Pablo Iglesias y el MAS. El congresista Hermann Tertsch afirma: “Los tenemos, tenemos a la gente que después forman Podemos, los tenemos también en otros países, los tenemos en Ecuador, pero sobre todo los tenemos en Venezuela. Los tenemos haciendo lo que es técnicas de represión, técnicas de desinformación, técnicas de guerra psicológica en la universidad, los tenemos haciendo todo tipo de prácticas de, de, de, de lo que es penetración comunista en general, y penetración y creación de cuadros comunistas precisamente para la represión…”

Antes de lanzar Podemos, el grupo de sus cuadros principales pertenecían a una especie de Think Tank de izquierda llamado CEPS (Centro de Estudios Políticos y Sociales). Esta fundación asesoró los procesos constituyentes de Venezuela, Ecuador y Bolivia. Por supuesto que no lo hicieron de manera gratuita.

ENTRANBASAGUAS

Todo este acompañamiento mediático que ofrece el paraguas necesario para consolidar esta sarta de atropellos tiene un capítulo a destacar encarnado por el enviado especial del medio ultraderechista español OKDIARIO, Alejandro Entrambasaguas, quien llega a Bolivia para “investigar” el financiamiento de Evo Morales al partido de Pablo Iglesias.

Como primera medida el comunicador se da a la tarea de hostigar a los agentes de seguridad españoles que abandonan Bolivia desde el aeropuerto de El Alto. Allí, el periodista se presenta en plan ciudadano indignado y monta su show; entre otras acusaciones cuestiona a los agentes que huyan a la una y media de la mañana del aeropuerto.


El aeropuerto internacional de El Alto tiene pocos vuelos internacionales y uno de los más utilizados para conectar con Europa es el que sale diariamente a las 2.30 am hacia Bogotá.

Empoderado tras la escena del aeropuerto, Entrambasaguas entrevista al ministro de Defensa Fernando López, quien fue el encargado de convencer a los militares de dar el golpe contra Evo y del encuentro nace el siguiente titular: “Pablo Iglesias representa el hilo conductor de la mafia terrorista sediciosa”.

La próxima misión de Entrambasaguas será ir tras los pasos del ex ministro de Gobierno de Evo Morales, Carlos Romero. El justiciero de la comunicación encuentra el edificio donde se “esconde” la ex autoridad y monta guardia, ahora parece más un agente de inteligencia al servicio de la dictadura boliviana que un profesional de la comunicación. Informa que Romero sale de su casa el 27 de diciembre, reporta que visita dos domicilios en la zona sur de la ciudad y que acude en reiteradas oportunidades la embajada argentina.

¿Aguanta la guardia tanto tiempo o recibe información de la policía boliviana capitaneada por Murillo?

Publica en su medio y es replicado por los bolivianos: “Acudía en taxi a la residencia de la Embajada de Argentina en La Paz de la calle Macario Pinilla, muy próxima al apartamento donde se esconde, allí pasaba varias horas reunido con altos cargos diplomáticos argentinos e incluso, en alguna ocasión llegó a dormir en las dependencias de la embajada.”

La cruzada de Entrambasaguas nos muestra su última acción el 8 de enero cuando aborda al ex ministro en un departamento de Sopocachi: “¿Cuánto dinero le ha pagado a Pablo Iglesias y a Podemos el gobierno de Evo Morales?”, “¿Por qué le han adjudicado varios millones a una asesoría vinculada a Juan Carlos Monedero?”, “¿En cuántas ocasiones se ha reunido usted con Pablo Iglesias?”.

Horas más tarde Murillo vuelve a comparecer en TV para informar que Romero ha sido citado a declarar y grupos civiles cercan al ex Ministro en su vivienda, le cortan el agua e impiden la llegada de alimentos. 48 horas después Romero es retirado en camilla y trasladado a un hospital cercano, presenta deshidratación severa y un pico de presión provocado por una crisis de ansiedad depresiva muy fuerte.

El caso Molares Shoenfeld

El 11 de noviembre el militante y comunicador argentino Facundo Molares Schoenfeld es internado en el Hospital Municipal Alfonso Gumucio Reyes Santa Cruz de la Sierra en estado crítico. El origen de su dolencia es dudoso, unos dijeron que padeció una insuficiencia renal aguda y otros que tenía heridas por combatir con grupos contrarios a Evo Morales.

El ciudadano argentino había pertenecido a las FARC e informó que estaba haciendo una cobertura periodística. Es atendido en el hospital, detenido y trasladado a una prisión al Altiplano. Hace más de un mes no se sabe nada sobre su estado.

Durante la noche del sábado 4 de enero, las fuerzas represivas alcanzan a la doctora Mirtha Mery Sanjinez Alcócer, jefa del hospital municipal, quien había prestado auxilio al joven argentino. Detenida.

El 5 de enero Murillo amenaza al líder cocalero y posible candidato presidencial Andrónico Rodríguez vía twitter: “Andronico, cuidado, el radicalismo te aleja del votante, te acerca a narcoterroristas y pone en riesgo tu liderazgo y tu futuro.”

El 6 de enero la razzia alcanza al doctor Carlos de la Rocha, quien coordinaba las acciones de la misión médica cubana desde el Ministerio de Salud. Detenido.

El 7 de enero, el Ministerio de Comunicación incauta equipos de la Radio Kausachum Coca que desde hace décadas es la voz de las Seis Federaciones del Trópico de Cochabamba.

El 8 de enero una joven influencer de La Paz cruza la frontera hacia la Argentina huyendo de una persecución judicial y casi segura detención, anteriormente ha sido acosada sistemáticamente con amenazas de violación en sus redes sociales. Dos de sus colegas cercanos fueron detenidos la anterior semana.

Roxana Lizárraga

El mismo 8 de enero la Ministra de Comunicación, Roxana Lizárraga -quien se auto define como “guerrera de la democracia y la libertad de expresión”-, informa que la radio de los cocaleros no cumple con el objeto de informar y educar con la verdad. "Respetamos la libertad de expresión, pero pondremos límites si pretenden desinformar".

En septiembre de 2016 un tribunal de ética periodística muy poco afecto a Evo Morales le había obligado a Lízarraga a pedir disculpas a la entonces Ministra de Salud. Lízarraga había desinformado sobre una situación personal de la ex autoridad en el marco de una campaña sistemática de desprestigio contra el gobierno de Morales. Su programa siguió al aire.

Actualmente Lízarraga investiga la situación tributaria de todos los medios que mantuvieron una línea favorable al proceso de cambio liderado por Evo Morales. ATB, PAT, La Razón y Abya Yala.

El presidente del directorio de ATB permanece detenido y su director periodístico exiliado en Argentina.

Pocos días antes del golpe, Lizárraga visitó Miami donde fue invitada al programa del operador Jaime Bayly, quien al presentarla agradeció su presencia gracias “a los buenos oficios de mi amigo Carlos Sánchez Berzaín”.

Sánchez Berzaín, conocido en Bolivia como “el zorro” o “el chulupi” (cucaracha en guaraní), es un estrecho colaborador de la CIA que ofició como ministro de Gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada y es prófugo de la justicia local por la masacre de octubre de 2003. Desde entonces vive en Estados Unidos y es consultado por “prestigiosos” medios de comunicación donde acostumbra despotricar sin pausa contra el castro chavismo y el narco terrorista Evo Morales, a quien en su momento intentó asesinar.

Actualmente 592 ex funcionarxs del gobierno derrocado están siendo investigadxs por la justicia boliviana. Mis fuentes me informan que los fiscales compiten por ver quién pone a más gente tras las rejas.

El ministro Murillo ha declarado en reiteradas oportunidades que Evo Morales es un terrorista confeso por haber ordenado un bloqueo a los ingresos de la ciudad de Cochabamba. En las acciones represivas ordenadas por él mismo para desbloquear esas vías murieron al menos 5 bolivianos.

Durante la semana pasada fue Donald Trump el encargado de ponerle el marco adecuado a toda esta situación.

“La prestación de asistencia de Estados Unidos a Bolivia en el año fiscal 2020 es vital para los intereses nacionales de Estados Unidos”.