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jueves, 13 de enero de 2022

La OTAN contra Rusia


Rebelión

Por Pablo Jofré Leal 

La política de defensa de la Federación Rusa, con respecto al avance y presencia de la fuerza militar de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) en su frontera occidental, la obliga a concentrar poderío defensivo, principalmente en su Distrito Militar Oeste.

Dicha acción, dentro de las fronteras rusas, signa el derecho soberano que le asiste a cualquier país del mundo de mover sus tropas en base a consideración propias del análisis de situación, que es el caso de la nación euroasiática. Esto, a diferencia del avance y concentración de tropas y armamentos de la OTAN, que se suman a las tropas nacionales de los países limítrofes con la nación euroasiática. Efectivos militares y material de guerra, provenientes de países, más allá de estos deslindes, como es el caso de Estados Unidos, Alemania, Países Bajos, Gran Bretaña, entre otros. Así como la realización de ejercicios militares como fue el llamado Defender Europe 21, por el que se desplegaron durante los meses de mayo y junio de este año 2021 40.000 efectivos y 15.000 unidades de material bélico, incluidas aeronaves estratégicas, maniobraron provocadoramente en las fronteras con Rusia.

Los medios de información, ligados a las potencias occidentales, a ambos lados del Atlántico, han complementado esfuerzos, para llevar a cabo una fuerte propaganda destinada a mostrar a Rusia como agresora, fuente de discordia, un país que tensiona las relaciones con sus vecinos europeos y pone en peligro la noción de paz que maneja el organismo noratlántico. Así, el medio sensacionalista alemán Bild – el de primer tiraje en Alemania y tercero en el mundo, cercano a los medios más conservadores del país teutón – publicó un mapa sobre las zonas de la hipotética invasión rusa a Ucrania. Un mapa muy similar a uno publicado días atrás por el medio estadounidense The Washington Post. Tal hecho hizo declarar a la cancillería rusa en boca de su portavoz, María Zajárova: «Obviamente, la fuente de inspiración para este material debe ser buscada al otro lado del Atlántico. Porque ayer The Washington Post publicó un mapa similar en relación con la supuesta invasión de Rusia a Ucrania, […] los alemanes reelaboraron creativamente las imágenes de los estadounidenses…La propaganda ideológica destruye el sentido común por completo» (1)

USA Intelligence document on Russian military movement. (Obtained by The Washington Post.

Diario Bild de Alemania

La propaganda ideológica, a la que hace mención la Cancillería rusa, incluye la labor mediática, política, diplomática y que ya ha puesto fecha de esta invasión de las fuerzas rusas a Ucrania: principios del año 2022 que contempla el uso de al menos 175 mil efectivos. Una propaganda que interesadamente oculta las maniobras del organismo noratlántico, sus reuniones de coordinación, el aumento de los aportes para gastos en armas – que se eleva ya – en un tercio de los miembros de esta organización conformada por 30 naciones – al 2% del PIB lo que constituye a este organismo político-militar en la mayor concentración de efectivos, armas y presupuesto militar del mundo. Considere que sólo Estados Unidos tuvo un presupuesto militar 2021 de 811 mil millones de dólares. Gran Bretaña con 72 mil millones de dólares, Alemania con 64 mil millones y Francia con 59 mil millones de dólares. Cifras que superan largamente los 66 mil millones de dólares del presupuesto de la federación rusa.


La expansión clara y provocadora de la OTAN hacia el este, tratando en ello de cercar a Rusia, involucra al gobierno de Kiev, que se ha dedicado a incrementar la represión de la población del Donbass – cuya guerra contra los habitantes de esta región en el este de Ucrania ha generado ya 14 mil muertos y que catalizó la decisión de crear las repúblicas populares del Donetsk y Lugansk. Repúblicas vinculadas histórica y culturalmente con Rusia donde un porcentaje importante de la población, que además en un 98% es ruso parlante, ha adquirido la nacionalidad rusa lo que con toda lógica, en caso de incrementarse la política hostil de Ucrania contra esta región pueden solicitar ayuda a Moscú. 

En abril de este año 2021 advertimos en nuestro portal segundopaso.es que Kiev lucha por incorporarse a un ente belicista, someterse a los dictados de Bruselas (sede de la OTAN) y seguir las directrices que le entreguen potencias occidentales. Igualmente señalamos la necesidad de recordar que “el año 2014 en pleno proceso del que occidente denominó Euromaidan, los habitantes del Donbass se opusieron al Golpe de estado dado en Kiev, con apoyo occidental, contra el gobierno de Viktor Yanukovich. Un proceso de levantamiento y toma de conciencia política, que los condujo a declarar su independencia sobre la base de procesos democráticos, creando así las llamadas Repúblicas Populares de Donetsk y Lugansk” (2)

Únase a lo mencionado, las acciones militares, ejercicios, presencia de naves de guerra de la OTAN que navegan en aguas del Mar Báltico y del Mar Negro lo que ha generado, sobre todo en esta última zona, más de un choque que no ha llegado al enfrentamiento directo, entre esas fuerzas noratlánticas y fuerzas rusas acantonadas en la Península de Crimea. Igual situación en la zona del Mar de Azov. La visión del gobierno ruso es que Ucrania está siendo convertida den un portaviones terrestre para agredir a Rusia y como un “trampolín de enfrentamiento” que puede generar consecuencias negativas serias y una desestabilización de la situación político-militar en toda Europa”. Opinión que se refrenda frente a la decisión del corrupto gobierno ucraniano presidido por el actor y comediante Volodímir Zelenski de solicitar el ingreso a la OTAN y con ello el envío de ayuda militar, financiera y efectivos de las fuerzas de los países europeos, que han comenzado a llegar a Ucrania (3). Petición ante la cual el gobierno ruso se opone tajantemente y que avalan la decisión de Moscú de concentrar tropas, dentro de su territorio, para contener cualquier intento de agresión occidental, ya sea en su frontera con Ucrania o en el Mar Negro.

Rusia exige a la OTAN que cese su acercamiento y provocaciones en su frontera occidental, que no implica sólo negarse a que la OTAN acepte a Ucrania como socio N° 30, sino que implica el despliegue de tropas y armamento ofensivo. Putin exige garantías de seguridad que sean fiables y a largo plazo y que va a insistir en sus conversaciones con Estados Unidos y sus aliados que descarte cualquier expansión de la OTAN hacia su frontera occidental. Para el presidente ruso se requieren “garantías jurídicas porque en materias de compromisos verbales estos han sido violados, ignorando las legítimas preocupaciones del gobierno ruso en materias de seguridad.

La respuesta de la OTAN a través de su secretario general Jens Stoltenberg, es considerar inaceptable que Rusia hable de “esferas de interés poniendo vetos al ingreso de nuevos miembros”. Opinión bastante hipócrita pues la OTAN si crea áreas y esferas de interés, avanza hacia las fronteras occidentales de Rusia, mueve tropas, equipos, material militar ofensivo, pero niega las preocupaciones de quien se siente agredido. El canciller ruso Serguei Lavrov ha recordado a los jerarcas políticos y militares occidentales que existe el llamado “principio de indivisibilidad de la seguridad […]que establece que nadie debe fortalecer su seguridad a costa de la seguridad de los demás».

La última escena de este teatro de declaraciones vino por parte del presidente ruso, Vladimir Putin, quien afirmó que el despliegue de complejos de ataque en el territorio de Ucrania supondría traspasar una línea roja. «¿Y qué deberíamos hacer? Entonces tendremos que crear algo similar en relación con aquellos que nos amenazan de esta manera. Y podemos hacerlo ahora». Tal declaración sacó ronchas en Washington que a través del veterano mandatario estadounidense, Joe Biden, afirmó que «no acepta líneas rojas de nadie. Estamos al tanto de las acciones de Rusia desde hace mucho tiempo y mi expectativa es que tendremos una larga discusión con Putin».

Discusión que se prolongó por dos horas, en forma virtual, el pasado 7 de diciembre entre ambos mandatarios. Encuentro que se da cinco meses después de la última reunión en que ambos dirigentes se vieron las caras en forma presencial en la ciudad de Ginebra, Suiza, y que en la suma total consigna ya cinco encuentros. Ambos mandatarios se centraron en temas de ciberseguridad y estabilidad estratégica y donde el tema relevante de la jornada, como se esperaba fue el tema de las tensiones derivadas del tema Ucrania y sus efectos. Desde la Casa Blanca el conflicto en ese país europeo oriental significa avanzar por la puesta en marcha junto a sus socios europeos de la OTAN en un paquete de medidas económicas que incrementen la política de presión que se ejerce sobre Rusia.

Sanciones que se vislumbran en el sector energético, como también despojar a la nación euroasiática de su acceso al sistema de datos bancarios Swift (acrónimo de Society for World Interbank Financial Telecommunication) que implica un claro ataque a la economía rusa. Esto, porque el sistema Swift es considerado hoy una de las infraestructuras imprescindibles de las finanzas internacionales, ya que constituye una herramienta eficaz para la integración de servicios tales como pagos interbancarios, transferencias, inversiones, comercio exterior entre otras acciones. Las amenazas de Biden se complementan con las efectuadas por la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, quien señaló que aprobarán una serie de acciones de represalia sin Rusia invade Ucrania: “La Unión Europea responderá de forma apropiada a cualquier agresión adicional”

Putin, por su parte, fue enfático en señalar que las medidas destinadas a sancionar a Rusia o amenazarla militarmente tendrán respuesta e insistió en llevar adelante la propuesta que se hizo a la OTAN donde garantizaba estabilidad a cambio de que Ucrania no ingrese en la Alianza. Rusia quiere detener todo avance de la OTAN hacia su frontera occidental lo que implica excluir a Georgia y Ucrania, recordándoles que esto fue prometido los años 1999 y 2004 incumpliendo esos acuerdos definidos en el marco de las preocupaciones rusas en materia de su seguridad. Putin ha dejado especificado, que hay que cumplir los acuerdos de Minsk, que constituyen la hoja de ruta destinada a dar una solución política al actual conflicto en el Donbass y que cualquier “intento del actual Gobierno ucraniano de doblegar por la fuerza a las repúblicas populares de Donetsk y Lugansk tendrá una respuesta adecuada”, como fue refrendado en estos días por el jefe del Estado Mayor de Rusia, el general Valeri Gerásimov. Para el gobierno ruso el tema ucraniano es la excusa para el avance de la OTAN a su frontera occidental y ello constituye la verdadera amenaza en este momento.

El presidente ruso, Vladimir Putin, ha aseverado que “Rusia tiene una política exterior pacífica, pero tiene derecho a defender su seguridad”, y lo ha señalado en todos los tonos posibles y ha denunciado a la OTAN por su política hostil, que considera a Rusia su adversario, llevando a tomar acciones claramente provocativas como tratar de incorporar a Ucrania a su seno que significará “el despliegue de los correspondientes contingentes militares, bases y armas que supondrán una amenaza para nosotros”. El presidente ruso calificó como una “inacción criminal de parte de Rusia quedarse de brazos cruzados” ante la expansión del bloqueo militar noratlántico comandado por Estados Unidos al este de Europa cercando a la nación euroasiática. Un escenario convulso es el que se vive y que tiene escenas de amenazas, diálogos, sanciones, llamados a la calma y vuelta a empezar.  Los dados están lanzados, Alea Jacta Est (4) donde la interrogante hoy es saber quién cruzará el Rubicón.


Artículo de SegundoPaso ConoSur

Autorizada su reproducción citando la fuente.

https://segundopaso.es/news/1476/Donbass-Escalada-de-un-Conflicto-Que-S%C3%B3lo-Beneficia-a-Ucrania


jueves, 6 de agosto de 2020

Un conflicto entre China y EE.UU. sería más peligroso que la Guerra Fría con la URSS


Por Artyom Lukin *

Traducido para Rebelión por Marwan Pérez

Las tensiones entre China y Estados Unidos son ideológicas y un potencial conflicto podría ser mucho más peligroso que la Guerra Fría soviético-estadounidense.

En medio de la carrera electoral Trump puede tomar medidas arriesgadas que conducirían a un peligroso enfrentamiento militar con China en el Asia-Pacífico [1]. Irónicamente, su reelección podría ser la única oportunidad para evitar una nueva Guerra Fría o incluso la Tercera Guerra Mundial.

Cuando los futuros historiadores escriban las crónicas del siglo XXI, probablemente marcarán 2020 como un punto de inflexión que señala el origen de un genuino antagonismo entre las potencias más fuertes del mundo, Estados Unidos y China.

Tres acontecimientos han convergido en el año 2020. El primero es el rápido crecimiento del poder económico, tecnológico y militar chino que recién ahora está comenzando a rivalizar con el poder de Estados Unidos en una serie de áreas cruciales. La segunda es la pandemia del coronavirus que ha agravado las relaciones entre Estados Unidos y China. La tercera es la campaña de elecciones presidenciales de Estados Unidos, en la que China figura como un problema importante y que podría empujar al presidente estadounidense a tomar medidas arriesgadas que conduzcan a un peligroso enfrentamiento militar con China en la zona Asia-Pacífico. Un tema aún mayor es quién será elegido presidente de Estados Unidos en noviembre del 2020, ya que esto podría definir la trayectoria a largo plazo de las relaciones entre Estados Unidos y China.

El conflicto entre Estados Unidos y China podría resultar aún más peligroso que la Guerra Fría soviético-estadounidense

Cada vez es más común comparar la escalada de la rivalidad Chino-Estadounidense con la Guerra Fría soviético-estadounidense, pero algunos analistas expertos advierten que una nueva Guerra Fría podría volverse aún más peligrosa que la original.

Wang Jisi, presidente del Instituto de Estudios Internacionales y Estratégicos de la Universidad de Beijing, cree que «los lazos entre China y Estados Unidos pueden ser incluso peores que la relación soviético-estadounidense«.

A pesar de algunos momentos esporádicos como la crisis de los misiles cubanos en 1962, las relaciones Moscú-Washington se mantuvieron esencialmente estables durante más de cuatro décadas, argumenta Wang. Estados Unidos y la URSS estaban separados entre sí política, económica y socialmente y en realidad no podían influir en los asuntos internos de cada uno. «Por el contrario, la relación China-Estados Unidos ahora sufre una desconexión forzosa después de un progreso constante de implicación mutua durante cuatro décadas. Las pérdidas sentimentales y materiales causadas por las peleas acaloradas y el desacoplamiento a regañadientes entre los dos lados … son … más angustiantes que la analogía de la Guerra Fría «.

El caso China-Estados Unidos demuestra vívidamente que la globalización y el aumento de la interdependencia, que durante mucho tiempo se han anunciado como fuerzas internacionales para la paz, son un arma de doble filo y pueden envenenar fácilmente las relaciones entre las naciones.

Kenneth Waltz, uno de los más grandes teóricos de las relaciones internacionales, señaló sagazmente en 1970 que «una estrecha interdependencia significa cercanía de contacto y plantea la posibilidad de al menos conflictos ocasionales … Los estados interdependientes cuyas relaciones permanecen sin regular deben experimentar conflictos y ocasionalmente caerán en violencia». Los Estados Unidos y China han cosechado enormes beneficios materiales al formar “Chimérica”. Parece que el tiempo de pagar está llegando para ellos.

El profesor Avery Goldstein, de la Universidad de Pensilvania, argumenta que «una relación del siglo XXI entre Estados Unidos y China comparte desafortunadas similitudes con la era de décadas de antagonismo entre Estados Unidos y la Unión Soviética«, pero también «presenta algunos riesgos nuevos e inquietantes«.

Un riesgo particular que destaca Goldstein es que el escenario principal de la rivalidad entre Estados Unidos y la Unión Soviética era el centro del continente europeo, mientras que el foco de la competencia geoestratégica chino-estadounidense se encuentra en las aguas del Océano Pacífico occidental. A diferencia de la Guerra Fría, donde los intereses vitales de los Estados Unidos y de la Unión Soviética en Europa estaban bien delineados, en el Pacífico occidental la extensión geográfica exacta de los intereses vitales estadounidenses y chinos sigue sin estar clara. Hace que sea más difícil estar seguro de cuáles son las líneas rojas de cada lado.

Además, incluso cuando las fuerzas estadounidenses y chinas en el Pacífico occidental no se desafían directamente entre sí, patrullan, maniobran y hacen ejercicios en áreas donde hay unidades de ambos lados. A Goldstein le preocupa que la mezcla operativa aumente el riesgo de incidentes que pueden convertirse en una crisis, con el potencial de escalar a un conflicto militar más grande.

Los incidentes militares entre Estados Unidos y China ya ocurrieron en el Mar del Sur de China. A medida que la relación bilateral continúe deteriorándose, tales encuentros solo se volverán más peligrosos. La campaña electoral de los Estados Unidos crea riesgos adicionales. Wang Jisi está preocupado de que en los próximos cuatro meses hasta el 3 de noviembre la Casa Blanca pueda «crear algunos incidentes en las relaciones con China para mostrar su determinación en disuadir a China«, lo que podría «intensificarse en un choque mortal«. He escuchado preocupaciones similares de otros expertos chinos.

Por qué China votaría a Trump

Si Beijing pudiera votar en las elecciones presidenciales de los Estados Unidos, ¿a quién preferiría: Donald Trump o Joe Biden? A pesar de toda su maldad e impulsividad, para China, Trump es más fácil de tratar. Como me sugirió recientemente un chino: «Trump es mejor porque está más ansioso por acuerdos económicos«.

Esto bien podría ser cierto. El interés de Trump es el dinero en lugar del puro poder. El dinero, por su propia naturaleza, es relativamente fácil de compartir y dividir, mientras que el poder, en la política internacional, es mucho más difícil de compartir y de ceder. La prioridad de Trump es la riqueza de Estados Unidos. Está mucho menos preocupado por mantener a Estados Unidos como el poder hegemónico del mundo. Su principio de «Estados Unidos Primero» enfatiza a los Estados Unidos como un Estado-nación soberano y próspero en lugar del cuasi-imperio global que ha sido desde el final de la Segunda Guerra Mundial.

China quiere su parte del poder político global. Si Trump se queda en la Casa Blanca por otro período, podría estar dispuesto a acomodar el impulso de Beijing por la influencia geopolítica y el prestigio, a cambio de una relación económica más rentable con Beijing. En otras palabras, Trump estaría dispuesto a hacer un gran trato con China para aumentar la riqueza de Estados Unidos, incluso a expensas del predominio de Estados Unidos en la política mundial.

En contraste con el enfoque pecuniario de Trump, la filosofía de política exterior de Biden es sobre el poder. Si es elegido, continuará con la estrategia bipartidista establecida por Washington de mantener la hegemonía global de Estados Unidos, lo que casi inevitablemente significa un choque con China. Después de todo, fue la administración de Obama, con Biden como vicepresidente, la que lanzó el «reequilibrio» de la zona Asia-Pacífico para contrarrestar la creciente influencia china. Es revelador que los asesores de política exterior de Biden, como Ely Ratner, del Centro para una Nueva Seguridad Estadounidense, sean intransigentes en con China. También se espera que Biden restaure y fortalezca la red de alianzas estadounidenses maltratadas por Trump. Beijing teme, por una buena razón, que las alianzas revitalizadas se usen para aislar y presionar a China.

Cuando se trata de política exterior y de China en particular, Biden y el establecimiento del Partido Demócrata están esencialmente en la misma posición que sus contrapartes en el Partido Republicano. Si hay alguna diferencia son principalmente de estilo, no de sustancia. Los posibles candidatos presidenciales republicanos, como Mike Pompeo, Tom Cotton o Marco Rubio, son extremadamente agresivos con China. En este sentido, Trump es un extraño en su propio partido.

¿Choque de ideologías?

A menudo se dice que a diferencia del antagonismo soviético-estadounidense, las tensiones entre Estados Unidos y China no son ideológicas. Esto podría haber sido cierto hace solo unos años, pero hay indicios de que la competencia ideológica está aumentando rápidamente. El formidable partido-estado de China bajo Xi Jinping es visto como un desafío existencial neo-totalitario para Estados Unidos y Occidente. Esto es peligroso ya que, históricamente, son los conflictos sobre ideas y valores universales (ideología en general) los que tienden a ser los más inmorales. A diferencia de la mayoría de las figuras de la clase política estadounidense, Trump es decididamente no ideológico. Su ideología es la ausencia de alguna, que es, por cierto, una explicación de su afinidad con Vladimir Putin de Rusia, otro líder mundial no ideológico.

Irónicamente, la reelección de Trump en noviembre de 2020 podría ser la única oportunidad de evitar una nueva Guerra Fría, tal vez incluso la Tercera Guerra Mundial, en un mundo emergente de bipolaridad entre Estados Unidos y China.

[1] NT: Asia-Pacífico es la parte del mundo dentro o cerca del océano Pacífico occidental. La región varía de tamaño, dependiendo del contexto, pero que por lo general incluye gran parte de Asia Oriental, el Sudeste Asiático y Oceanía.

* Artyom Lukin es profesor asociado de relaciones internacionales en la Universidad Federal del Lejano Oriente en Vladivostok, Rusia.

viernes, 8 de febrero de 2019

EEUU realinea a Latinoamérica viendo a China y Rusia

Rebelión

Por Augusto Zamora R. *

Antes de entrar al tema, es necesario un preámbulo para situarnos en el mundo. Los últimos documentos emitidos por los organismos de poder de EEUU (Casa Blanca, Secretaría de Defensa, Pentágono) repiten en sus páginas que peligra la hegemonía e influencia de EEUU en el mundo: "La seguridad y el bienestar de Estados Unidos están en mayor riesgo que en cualquier otro momento en décadas. La superioridad militar de Estados Unidos, el poder duro de su influencia global y su seguridad nacional, se ha erosionado en grado peligroso. Los rivales y adversarios están desafiando a Estados Unidos en muchos frentes y en muchos dominios. La capacidad de Estados Unidos para defender a sus aliados, sus socios y sus propios intereses vitales está cada vez más en duda. Si el país no actúa rápidamente para remediar estas circunstancias, las consecuencias serán graves y duraderas" (documento de noviembre de 2018).
Quienes amenazan la hegemonía estadounidense son "poderes revisionistas", término que usan en EEUU para referirse a China y Rusia, así como a potencias regionales como Irán o, incluso, Corea del Norte. Otra expresión repetida en esos y otros documentos es "el retorno de la competencia de poderes" a nivel mundial.

Con "poderes revisionistas", las clases dominantes de EEUU se refieren a potencias que tienen la 'osadía' de no aceptar la hegemonía planetaria estadounidense y pretenden 'revisar' el actual reparto del poder mundial, restando imperio a EEUU. Tal 'revisión' la plantea China al no aceptar que la Fuerza Naval de Washington controle el Mar de la China Meridional o Rusia, haciendo frente a la expansión de la OTAN por Europa, por señalar dos hechos muy visuales, aunque el reto de los "poderes revisionistas" es mucho más complejo y amplio (incluye Huawei, por ejemplo). Lo hace Irán, al fortalecerse militarmente y amenazar la supremacía de EEUU en el golfo Pérsico. En suma, son "poderes revisionistas" todos los países que no aceptan a EEUU como un 'poder policial internacional', para recuperar la expresión de Theodore Roosevelt, el primer presidente abiertamente imperialista de la historia estadounidense, hecha en 1904.

La frase "retorno de la competencia de poderes" hace referencia y nos devuelve al siglo XIX e inicios del XX, cuando las grandes potencias europeas -Inglaterra, Alemania, Francia, Austria, Rusia- competían entre sí por el reparto colonial y la prevalencia de su hegemonía en vastas regiones del mundo, competencia que provocará la I Guerra Mundial. Desaparecida la Unión Soviética y, con ello, las rivalidades ideológicas, el mundo, para EEUU, ha vuelto a un escenario decimonónico, donde no se confrontan ideologías, sino políticas de poder puro, zonas de influencia, reparto de mercados. Y, como hace un siglo, lo que no pueda la política, lo tendrá que hacer el poder militar.

Debe señalarse una diferencia sustancial y sustantiva entre el mundo de hace cien años y el del siglo XXI. En el siglo XIX y primera parte del XX la competencia de poderes enfrentaba a cinco potencias europeas que, en lo general, limitaban geográficamente unas con otras y disponían, básicamente, de una potencia similar, con excepción de Inglaterra, cuyo dominio de los mares le había proporcionado, desde el siglo XVIII, una ventaja estratégica sobre las potencias terrestres. El dominio de los mares determinará, en la I Guerra Mundial, la derrota de Alemania y, en la IIGM, que EEUU emerja como superpotencia militar, económica y financiera, lo que le permite diseñar el mundo de acuerdo con sus intereses y sustituir a Inglaterra como potencia marítima hegemónica.

El siglo XXI ofrece un panorama inédito en los últimos cinco siglos. La "competencia de poderes" no tiene lugar entre potencias europeas, sino entre potencia no europeas, de las cuales una es americana (EEUU), la otra asiática (China) y la tercera euroasiática (Rusia). Dos de esas potencias -Rusia y China- llevan una década labrando una alianza estratégica de magnitud colosal, mientras EEUU siente cada vez más el peso de la geografía. EEUU es un Estado-isla en un continente-isla, es decir, un país separado del resto de continentes por miles y miles de kilómetros. Este aislamiento geográfico, que antaño le permitió convertirse en superpotencia, también le obligó a establecer una red inmensa de bases militares a lo ancho y largo del mundo y -lo más relevante de todo- a depender casi exclusivamente de su poderío naval para hacer presencia efectiva en los lugares más estratégicos del planeta. Sin fuerza naval no hay EEUU.

Dicho en los términos del más relevante geopolítico del siglo XX, Halford Mackinder, EEUU es una potencia marítima que debe, desde hace una década, hacer frente a dos formidables potencias terrestres… a las que EEUU teme y ese temor, en los últimos años, no ha dejado de acrecentarse, como se puede comprobar leyendo sus últimos análisis estratégicos, declaraciones de ex altos funcionarios y comentarios de ex militares. La alianza ruso-china es conocida en EEUU como "la pesadilla de [Zbigniew] Brezinski", el ex consejero de Seguridad Nacional de James Carter, quien, en 2017, afirmó que "el escenario más peligroso [para EEUU] sería una gran coalición de China y Rusia , unida no por ideología, sino por agravios complementarios".

La materialización de la 'pesadilla de Brezinski' ha llevado, a EEUU, a hacer un examen general de sus debilidades, posibilidades y potencialidades de cara a una colisión que se cree inevitable, así como a elaborar un nuevo diseño del mundo. El bipolar de la Guerra Fría era claro y simple, con esferas de influencia intocables y áreas en disputa que daban lugar a guerras periféricas que nunca llevaron a choques directos. El mundo actual no se parece en nada al bipolar. No hay dos superpotencias, sino tres potencias enormes (China, Rusia y EEUU), una gran potencia emergente (India) y potencias regionales con intereses propios (Irán, Paquistán, Indonesia, Corea del Norte), lo que hace del mundo una telaraña de difíciles equilibrios pero -atención- las potencias que crecen son las asiáticas y Rusia, mientras EEUU se encoje, como piel de zapa de la novela de Balzac.

En diciembre de 2018, se hizo público en EEUU un nuevo informe elaborado por varias agencias federales, en el que se lee: "Este informe se enfoca en amenazas emergentes de largo alcance, aquellas que pueden ocurrir en aproximadamente 5 años o más, o aquellas que pueden ocurrir durante un período de tiempo desconocido". Afirma el informe que "la naturaleza de la guerra ha evolucionado para incluir conflictos en la “zona gris”, definida como el área entre la guerra y la paz, donde los adversarios más débiles han aprendido a tomar el territorio y avanzar en sus agendas mediante formas no reconocidas como “guerra” por las democracias occidentales. Además, estos conflictos de zonas grises pueden desbordar las estructuras económicas y de seguridad de EEUU. Los funcionarios del DOD [Department of Defense] agregaron que los adversarios de todo el mundo pueden erosionar las democracias, a menudo utilizando instituciones democráticas, en la zona gris de conflicto. Los funcionarios del ODNI [Office of the Director of National Intelligence] también señalaron que China y Rusia están siguiendo estrategias en la zona gris para lograr sus objetivos sin recurrir al conflicto militar". Sigue diciendo el informe que "funcionarios del DOD proporcionaron una lista de ejemplos significativos recientes de éxito de adversarios en la zona gris de conflicto, varios de los cuales se han producido sin consecuencias significativas, entre ellas:

"• China utiliza acuerdos económicos bilaterales para marginar los marcos multilaterales de Estados Unidos en Asia, África, América Latina y el Pacífico;

"• “Hombres fuertes” en países como Venezuela, Egipto y Turquía que utilizan instituciones democráticas para promover nuevos paradigmas independientes de las normas liberales occidentales".

Estamos ya en el punto. Venezuela, como el resto de Latinoamérica, es parte de esa "zona gris de conflicto" donde EEUU está 'obligado' a presentar batalla no militar para impedir que China y Rusia sigan avanzando en detrimento de EEUU. El 6 de enero, al tiempo que lanzaba la campaña para derrocar al presidente Nicolás Maduro, el secretario de Estado Mike Pompeo dirigía diatribas contra China, afirmando que "donde China se presente, sea en Brasil, Ecuador, Chile o cualquier parte", EEUU "está preparado para luchar" contra la potencia asiática. Expresiones que recuerdan a las de Rex Tillerson, justo un año antes. Tillerson afirmó que "América Latina no necesita nuevas potencias imperiales" y que "la creciente presencia rusa es alarmante también, pues continúa vendiendo armas y equipamiento militar a regímenes hostiles" a EEUU. "Nuestra región debe estar en guardia contra los poderes lejanos que no reflejan los valores fundamentales de la región", dijo Tillerson. Debió decir los intereses de EEUU.

EEUU, obviamente, quiere el petróleo y los recursos de Venezuela (y los de toda Latinoamérica), pero por motivos diferentes que en el pasado. Para EEUU, ahora, lo relevante es presentar batalla y ganar la guerra en esta "zona gris de conflicto" por la simple razón de que Latinoamérica, al igual que en las dos guerras mundiales, debe volver a ser la retaguardia fiel y obediente de EEUU de cara a la colisión con China y Rusia, una colisión "que puede ocurrir en aproximadamente 5 años o más". EEUU quiere retomar el control de la región para afianzar su seguridad pues, de darse la colisión, la presencia enemiga en su revalorizado patio trasero agravaría su debilidad.

"Cinco años o más" nos sitúa en el año 2024 y siguientes. En mi último libro (Réquiem polifónico por Occidente) señalaba "2025 como año angular de la mayor parte de los programas militares de alta tecnología" que están desarrollando Rusia, China y EEUU. ¿Pura coincidencia de fechas o, simplemente, vivimos un periodo de paz armada previo a un conflicto que iniciaría su reacción con aroma nuclear a partir de 2025? Ya se verá.

Pocas dudas pueden haber de que Latinoamérica es considerada por EEUU "zona gris de conflicto" y de que EEUU quiere acabar con los gobiernos, partidos y líderes que cree aliados de China y Rusia, lo que los convierte en enemigos de EEUU. Venezuela, en primer lugar, por ser, bajo el chavismo, la mejor y más fuerte aliada de esos países. A la guerra se han sumado los principales miembros de la OTAN y las oligarquías nativas, éstas, simplemente, para recuperar los gobiernos (el poder nunca lo han perdido). No es casualidad que Lula esté preso (y Brasil de figurante en los BRICS) y Rafael Correa y Cristina Fernández perseguidos judicialmente, ni que las elecciones de 2018 fueran robadas en Honduras… Hay un plan que busca alinear a la región contra China y Rusia de cara al conflicto que viene. Lo más parecido al plan de EEUU contra Venezuela es la operación Maidán, en Ucrania, que tumbó al pro-ruso Yanukovich y llevó al poder al atlantista y anti-ruso Poroshenko. La OTAN quiere elecciones en Venezuela porque está convencida de que, como en Ucrania, ganarán los pro-yanquis y 'recuperarán' el país.

Esos son los planes; otras, las realidades. Venezuela no es Ucrania ni Maduro Yanukovich. Tampoco estamos en 1919, EEUU no es lo que era y, además, enfrenta un problema existencial: ¿cómo podría EEUU sustituir a China como destino de las exportaciones latinoamericanas, si éstas crecieron 30% en 2017 y 28% en 2018? Obedecer a EEUU significaría la ruina de las oligarquías nativas sudamericanas. El surgimiento de un grupo mediador, liderado por México y Uruguay, es demostrativo de que Latinoamérica no es Europa y de que el poder de EEUU ya no es incontestado. Y, como planteó el ex consejero presidencial Pat Buchanan, "si el Plan A no tiene éxito, y Maduro… desafía nuestra demanda… ¿qué hacemos entonces? ¿Cuál es el Plan B? "¡Assad debe irse!" dijo Barack Obama. Bueno, Assad sigue ahí, y Obama se ha ido".

Veremos otras batallas por el dominio de otras "zonas grises de conflicto", las más inmediatas en Ucrania y Argentina, donde habrá elecciones este 2019. Mientras, la carrera armamentista sigue y EEUU quiere extenderla al espacio. La retirada de EEUU del acuerdo de prohibición de misiles de corto y medio alcance acerca un escenario de conflicto. Rusia respondió anunciando el desarrollo de misiles hipersónicos de corto y mediano alcance. China probó hace poco 'el cañón más poderoso del mundo', que estaría listo en 2025 y que, disparado desde Filadelfia, convertiría en reliquia Washington en 90 segundos. En 2025 escribiré desde un búnker y un país de cuyo nombre no quiero acordarme, para no dar pistas tempranas de mi tocata y fuga.

* Augusto Zamora R. es autor de Réquiem polifónico por Occidente (Akal, octubre 2018) y Política y geopolítica para rebeldes, irreverentes y escépticos (Akal, 2016, 3ª edición 2018)


viernes, 28 de septiembre de 2018

El Departamento de Estado se prepara a la guerra contra Rusia y China



Por Alfredo Jalife-Rahme

Sergey Latyshev, del think tank ruso Katehon, desnuda los planes del Departamento de Estado para garantizar la primacía global de EU (http://bit.ly/2Q5oebs).
El texano Wess Mitchell, asistente del Departamento de Estado para Europa y Asia, sentenció ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado de que EU castiga a Rusia debido a que Moscú previene a Washington de establecer su control sobre Eurasia con el fin de restaurar su supremacía mundial (http://bit.ly/2M2v5zi).

El Departamento de Estado se ha radicalizado en el traslado de dominio de su anterior secretario Rex Tillerson –jerarca de Exxon Mobil que compartía intereses con Rusia– al pugnaz Mike Pompeo, anterior director de la CIA.

Según la exégesis de Sergey Latyshev sobre la comparecencia de Wess Mitchell, EU admitió por qué luchan contra Rusia y que no aceptarán otro resultado en la presente confrontación con Moscú que no sea su capitulación (¡mega-sic!), porque la supremacía mundial (sic) de EU es imposible sin el total control de toda (sic) Eurasia, que están lejos de poseer.

Wess Mitchell acusó a Putin de ser el padre de una estrategia del caos con efectos estratégicos e imputa a Rusia de buscar el derrocamiento del gobierno de EU (¡mega-sic!), citando a Facebook (sic). Wess Mitchell afirmó el reconocimiento que EU ha entrado a un periodo de competencia con las superpotencias como punto de partida de la Estrategia de Seguridad Nacional.

Tal punto de partida de la competencia de EU contra las dos superpotencias Rusia y China –que realizarán a partir del 11 de septiembre ejercicios militares conjuntos” (http://bit.ly/2Q53Eb9)– se consolidó dos meses después de la Estrategia de Seguridad Nacional enunciada por Trump (http://bit.ly/2Q20aWN), mediante la Revisión de la Postura Nuclear del Pentágono (http://bit.ly/2MODE5c).

Sin tomar en cuenta las vulnerabilidades militares de EU, expuestas por Andrei Martyanov, quien considera que Rusia va adelante 10 años en su ventaja tecnológica militar sobre EU (http://bit.ly/2LpNLsg), el burócrata Wess Mitchell juzga que las anteriores administraciones no estaban preparadas para este escenario de competencia y su victoria (sic): Uno de los intereses primordiales de la seguridad nacional de EU es prevenir el dominio de la masa euroasiática por las potencias hostiles.

Wess Mitchell no reconoce la supremacía militar convencional/nuclear de Rusia y asienta que para ser efectiva la diplomacia de EU con Rusia debe ser apuntalada por su inigualable poder militar y estar plenamente integrada con nuestros aliados y todos nuestros instrumentos de poder –que incluye dos nuevos comandos de la OTAN con el fin de implementar los preparativos de guerra híbrida-. Léase: las guerras comerciales/económicas/financieras en curso…

Según Sergey Latyshev, Mitchell coloca la política de EU hacia Rusia en la categoría militar cuando externa el énfasis particular de EU en reforzar a los países en la primera línea de Europa que es más susceptible a la presión geopolítica de Rusia. En Ucrania y Georgia donde EU ha levantado restricciones sobre la adquisición de armas defensivas para resistir la agresión territorial rusa.

¿Por eso tales fuerzas de la primera línea habrán asesinado al líder Alexander Zakharchenko de la república autónoma de Donetsk? (https://read.bi/2Q0DeYd)

Para Mitchell, el Cáucaso, la región del mar Negro, aún Europa Central, constituyen zonas de combate geopolítico contra Rusia donde EU compite por los corazones y las mentes.

Nada nuevo en la conceptualización nihilista de EU de un cuarto de siglo: desde el derrotado neoconservador straussiano israelí-estadunidense Paul Wolfowitz hasta la pugnaz dupla Mike Pompeo/Wess Mitchell.

Mitchell rumía los axiomas anglosajones de todo el siglo XX propalados por el británico Mackinder y el polaco-canadiense-estadunidense Brzezinski.

Sus asertos alucinatorios sobre el dominio de EU en Eurasia equivalen a expulsar a China y Rusia de su geografía natural, no se diga, controlar aún más a la sumisa Europa.

Sergey Latyshev pregunta si Rusia debe prepararse a la Tercera Guerra Mundial. ¿O es otro bluff más del Deep State?

viernes, 10 de agosto de 2018

No es Trump sino el complejo militar


Diario ¡Por esto! (Mérida)

Por Manuel E. Yepe

Una interesante polémica se ha desatado en las redes de internet y está siendo reproducida por la publicación conservadora The American Conservative (TAC), editada en Washington DC, en torno al papel del presidente estadounidense Donald Trump en el supuesto acercamiento a Rusia que culminó con su encuentro con el Presidente ruso Vladimir Putin en Helsinki. 
El abogado y escritor ultra conservador Bruce Fein, principal socio del bufete jurídico Fein & DelValle, ex fiscal general adjunto y asesor general de la Comisión Federal de Comunicaciones durante la presidencia de Reagan, valora así los méritos de Trump en defensa de las posiciones mas reaccionarias y sus contradicciones con las de Putin: “El presidente Donald Trump ha fortalecido, no debilitado, la oposición militar y económica estadounidense al presidente ruso Vladimir Putin. Esta situación no se ha aclarado debidamente y es de suma importancia. Independientemente de los triunfos que Trump se atribuye sobre la OTAN o Vladimir Putin, el complejo militar-industrial-contra el terrorismo (MICC) rige los nexos entre Estados Unidos y Rusia como lo ha hecho durante siete décadas. La pesadilla del MICC no es perder un amigo, sino perder un enemigo, asegura Fein. “Las información falsa se obsesiona con personalidades. La información auténtica parte de que las naciones no tienen amigos o enemigos permanentes, sino sólo intereses permanentes. El poder ejecutivo en particular pone un interés permanente en exagerar las amenazas para aumentar su propio poder y los gastos militares superfluos”. 
Según Fein el presidente Barack Obama, en oposición a los objetivos rusos, se negó a prestar asistencia militar a Ucrania, en tanto que Trump ha autorizado la transferencia de armas militares a ese país. Obama limitó la misión militar de Estados Unidos en Siria al objetivo de derrotar a ISIS o Estado Islámico, en tanto que Trump ha ampliado esa misión para permanecer en Siria indefinidamente e influir en el resultado de la prolongada guerra civil de ese país. Trump planea una inversión de 1,2 billones de dólares en la actualización del arsenal nuclear estadounidense, incluyendo armas tácticas de bajo rendimiento, dirigidas en gran medida contra Rusia. 
En un reciente informe sobre estrategia de seguridad nacional, Trump afirmó que Washington responderá a los retos económicos, políticos, y militares que le plantean China y Rusia al poderío, la influencia y los intereses estadounidenses, intentando erosionar la seguridad y la prosperidad de Estados Unidos. “Están decididos a hacer que sus economías, menos libres y menos justas, aumenten sus ejércitos y la represión que ejercen en sus sociedades”. 
Trump ha dado apoyo las fuerzas de respuesta rápida de 30.000 efectivos de la OTAN para enfrentar un hipotético ataque ruso y ha exhortado a los miembros de esa organización a que aumenten sus aportes a la alianza del 2 % al 4 % de sus PIB. Trump ha declarado que el ataque contra cualquier miembro de la OTAN será considerado un ataque contra Estados Unidos y que será respondido militarmente, sin la declaración de guerra previa que exige la Constitución. No ha retirado ni un solo soldado de los más de 50.000 actualmente en bases de EEUU en países de la OTAN. 
Trump ha mantenido las sanciones económicas contra Rusia por su anexión de Crimea y las nuevas invasiones militares al este de Ucrania. Firmó la Ley de Contrarrestar a los Adversarios de América a través de Sanciones, que el primer ministro ruso calificó como "guerra comercial en gran escala" contra su país. En abril, la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) de la administración Trump -en consulta con el Departamento de Estado-, sancionó a siete dirigentes rusos y a 12 empresas de su propiedad o bajo su control, a 17 funcionarios del gobierno ruso y a una empresa estatal rusa de comercio de armamentos y un banco subsidiario suyo. Los activos de una persona o entidad sancionada se le congelan y se le prohíben los negocios con estadounidenses. Trump apoyó la incorporación de Montenegro a la OTAN pese a su evidente irrelevancia para la seguridad nacional de EEUU. 
Los detractores de Trump le critican que se acobarde ante Putin, y deploran cada cosa positiva que dice sobre Rusia y su supuesta intromisión en la política estadounidense. Pero no pueden señalar una sola cosa que la administración Trump haya hecho que haya disminuido la abrumadora superioridad militar y económica sobre Rusia o la disuasión de la agresión rusa. “Trump es sólo el ruido de fondo; el libreto perdurable de la seguridad nacional estadounidense lo escribe el Complejo Militar Industrial con la anuencia del pueblo estadounidense mientras su caballero blindado lo gratifica como siempre, con la emoción vicaria del poder y la dominación” concluye el reaccionario Bruce Fein. 

sábado, 4 de agosto de 2018

Exmilitares y exdirectores de la CIA y NSA incitan a "golpe de Estado" versus Trump



Por Alfredo Jalife-Rahme

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y su homólogo ruso, Vladimir Putin, en una conferencia de prensa, después de su reunión en Helsinki. Foto: Ap. 

Pregunta tonta: ¿Por qué teme tanto el complejo militar industrial de Estados Unidos la paz con Rusia?
Desde hace dos años, Justin Raimondo comentó que “Trump enfureció al Partido de la Guerra ( War Party)” al desafiar 70 años de política exterior de EE.UU.(http://bit.ly/2LhoaFLc).

Seraphim Hanisch, del portal británico The Duran, comenta que el mayor éxito de la cumbre de Trump y Putin es el ultraje que creó(http://bit.ly/2LcJzjJ).

Pat Buchanan –influyente portavoz de tres ex presidentes del Partido Republicano: Nixon, Ford y Reagan– sentencia que Trump canceló la Segunda Guerra Fría contra Rusia en su encuentro de Helsinki con Putin (http://bit.ly/2Ldvy5h).

El escritor ruso radicado en Boston, Dmitry Orlov, especialista en colapsos, juzga que la cumbre da fin a la Tercera Guerra Mundial(http://bit.ly/2Ldw0Av).

Joe Lauria, de Consortium News, afirma que los multimedia de EU enloquecieron con la conferencia de prensa de Trump y Putin(http://bit.ly/2LjNbQE).

James Clapper, director del National Intelligence con Obama, aseveró que Trump capituló esencialmente y parece intimidado por Vladimir Putin (http://bit.ly/2uEZltl).

Obama, en una conferencia en Sudáfrica, sin citar a Trump y en alusión a su malestar por la cumbre de Helsinki, comentó que la reaccióncontra la globalización y la liberalización fueron factores en los ataques del 11/9, las redes terroristas trasnacionales, el resurgimiento del populismo, el virus del autoritarismo, la agresión china y el ascenso del presidente Vladimir Putin en Rusia (http://bit.ly/2LgheZI).

Dos ex Directores de la CIA –hoy santificada por los multimedia anti-Trump–, general Michael Hayden y John Brennan, se le fueron a la yugular al antipatriota presidente No. 45: el primero riéndose(http://bit.ly/2LhlFDy) de él, y el segundo, quien lo calificó de traidor, urgió renunciar a los miembros de su administración (http://bit.ly/2LgLT9f).

Literalmente se apagaron las luces en la Casa Blanca después de que Trump claudicó y juró su plena fe (sic) y apoyo a los servicios de espionaje de EU cuando la apabullante mayoría de los omnipotentes multimedia de EU habían condenado su supuesta traición por su apoyo un día antes a Putin, quien rechazó haber intervenido en la elección (http://bit.ly/2LhgZxj).

Breitbart, portal cercano a Trump, comentó su extraña autocorrecciónlingüística en respuesta a la controversia cuando incluso llegó a ser exigido por su aliado Newt Gingrich, influyente peso pesado del Partido Republicano, a clarificar sus comentarios y a apoyar a los servicios de espionaje de EU en forma inmediata (http://bit.ly/2LgKXlf).

En una declaración escrita, Trump aceptó la conclusión de la comunidad de espionaje de que sí existió interferencia de Rusia en la elección de 2016 y agregó que pueden haber otras personas también. Otras más.

En su legendario tuit matutino antes de su autocorrección, Trump comentó que la cumbre con el zar Vlady Putin había sido mucho mejor que la cumbre con sus supuestos aliados de la OTAN.

Ya antes de la cumbre con Putin, Trump había declarado a CBS que Europa era enemiga (sic) de EU debido a su accionar comercial que causa(ba) daño a los intereses de Washington” (https://cbsn.ws/2Ll2DvW).

Bill Van Auken, de WSWS, expone que el Partido Demócrata, los multimedia y figuras relevantes del aparato militar y del espionaje de EU se han unido para catalogar a Trump de traidor que funciona como un agente del Kremlin(http://bit.ly/2LdxdYz) y comenta en forma ominosa que toda la campaña histérica deja la puerta abierta a un golpe militar insinuado a NPR por Michael Hayden, anterior general de la Fuerza Aérea que dirigió a la CIA y a la NSA.

¿Cómo quedarán los supuestos acuerdos de Helsinki, que no fueron menores, –específicamente, lo concerniente a la estabilidad estratégica de las dos máximas superpotencias nucleares del planeta (http://bit.ly/2Jw46KQ)–, así como otros temas apremiantes, en ciberseguridad y en puntuales tópicos regionales de Norcorea y Siria, y la lucha contra el terrorismo?


sábado, 14 de julio de 2018

Russia Today: La propaganda del otro



Por Rafael Poch

Fue a finales de los noventa en Moscú. Solía visitar a un ex muy alto cargo analista del antiguo KGB de la URSS, el cerebro pensante de la acción exterior, un hombre culto, inteligente y con mucho mundo ya completamente apartado de toda función oficial. La URSS llevaba años enterrada y era el tipo de fuente que, si lograbas ganarte su confianza, valía un potosí. Naturalmente, el acuerdo no era contármelo todo, pero sí, responder directamente a mis preguntas. Lo que no se podía contar, no se contaba. Así llegamos a una relación de confianza.

Fue aquel teniente general jubilado, cuya casa tenía videovigilancia, una rareza entonces, quien, entre otras cosas, me contó con bastante detalle los defectos de las alianzas mundiales de Moscú en la guerra fría, el despilfarro de unos medios que eran muy limitados y que si se hubieran concentrado en ciertos países habrían rendido mucho más. Entre sus observaciones críticas sobre la propaganda recuerdo la siguiente: Moscú podría haber creado una red de medios mucho más eficaz que la oxidada red de las agencias Tass y Nóvostí, las revistas en idiomas extranjeros como Tiempos Nuevos o Novedades de Moscú o el servicio internacional de Radio Moscú, todos muy mediatizados por el KGB y cuyas relaciones internas darían para escribir miles de folletines alguno de ellos completamente kafkiano.

“Habría bastado”, decía el exjefe analista, “con copiar a nuestros adversarios: crear un canal que diera voz a todos los disidentes del mundo occidental”. Los adversarios disponían de tal red. En realidad una red de redes que se llamaba Voz de América, Radio Liberty, Radio France International (RFI), Deutsche Welle, BBC, etc. La mayoría de ellas tenía programas en ruso y ucraniano, y algunas en casi todas las lenguas importantes de las diversas nacionalidades de la URSS (y había muchas lenguas en la URSS!). Los disidentes soviéticos, fuera en Lituania, San Petersburgo, Tbilisi o Moscú, se expresaban a través de aquellos medios, que difundían sus papeles y noticias. Millones de ciudadanos soviéticos escuchaban aquellas “voces”; ese era el eufemismo con el que la prensa oficial se refería a veces a aquella red, eficaz, profesional, bien pagada. Pues bien, muchos años después, ya con Putin y concluida oficialmente desde hacía quince años la guerra fría, Moscú creó un aparato similar.

Fue en 2005. Entre tanto el ex gran jefe analista volvió a servir a la patria. Quizá fue su vieja idea, quizá estaba en el aire, pero con el canal Russia Today (RT), Moscú hizo las cosas bien.

Una propaganda alternativa

Desde entonces el canal y las agencias internacionales no han hecho más que crecer. El presupuesto de RT es de unos 300 millones de dólares. Contrataron a competentes profesionales extranjeros y se han consolidado como un formidable medio de comunicación global en muchas lenguas. Naturalmente, la hegemonía informativa occidental es aplastante y naturalmente RT defiende intereses rusos, pero su mera existencia contribuye al pluralismo. Quiero decir al pluralismo realmente existente, que especialmente en materia de medios de televisión es unpluralismo de propagandas, algo que está muy lejos de ser ideal, pero que es mucho mejor que el monopolio que sufrimos durante la primera guerra de Irak (CNN) o la inducida disolución bélica de Yugoslavia (CNN+BBC, etc.).

La red propagandística occidental sigue siendo la principal, pero el mundo emergente multipolar ya tiene sus aparatos alternativos: los canales del Golfo, la china CCTV (también en varios idiomas), RT, Tele Sur, y otras.

En el pulso Rusia-Occidente la desproporción de medios salta a la vista. RT no forma parte de una inexistente red de los emergente. Frente a sus 300 millones, la Deutsche Welle dispone de un presupuesto de 350 millones, RFI 380 millones, la BBC 524 millones y el complejo americano mucho más. Y todos esos medios actúan al unísono en cuanto a la difamación de Rusia se refiere. Pese a todo, RT se ha convertido en un adversario de peso.

Su canal en inglés, por ejemplo, se parece mucho a un medio alternativo: ahí es donde el ciudadano americano puede enterarse de muchas noticias relevantes que sus medios no dan. Aunque la idiosincrasia del régimen ruso sea bien de derechas, una versión nacional-eslava de eso que calificamos como espíritu neocon, su posición en el mundo redunda en un posicionamiento mucho más liberal (partidario de la diplomacia y del multilateralismo) y crítico con el belicismo realmente existente (que es occidental) en cuestiones internacionales. El resultado es interesante. Por eso, pese a la modestia de sus medios, esta competencia se ha hecho muy incordiante en occidente, cuyas potencias no soportan que el adversario les responda, aunque sea modestamente, con su propia moneda.

Atando corto al incordio

Todos ustedes conocen las denuncias por atropello a la libertad de información que se producen en Rusia, pero seguramente desconocen que los periodistas y colaboradores de RT trabajan en Estados Unidos en unas condiciones muy parecidas a las que los periodistas occidentales estábamos sujetos en la URSS. En Estados Unidos el canal ruso se ha tenido que registrar como “agente extranjero” (igual que algunas ONG financiadas por dinero occidental en Rusia) y están obligados a trabajar con esa etiqueta. Los periodistas deben enviar copias de su trabajo a las autoridades en un plazo de 48 horas y sus movimientos están estrictamente supervisados. Por supuesto, empresas privadas como Google y Twitter, estrechas colaboradoras de la NSA como se ha demostrado, discriminan al canal ruso todo lo que pueden. En el parlamento británico se han escuchado voces de diputados para “clausurar” RT. En Alemania, con el complejo mediático más uniforme y retrógrado de Europa occidental, la campaña antirrusa ha batido todos los récords y con ella la demonización de los medios rusos. El Parlamento europeo ha aprobado resoluciones discriminatorias contra los medios de comunicación rusos. Twitter y Facebook ya han cerrado las cuentas de portales rusos comoUSAReally.com, donde pueden leerse informes tan sorprendentes como el de que uno de cada cuatro americanos apoyaría la secesión pacífica de su estado de los Estados Unidos… Y en el este de Europa las cosas son aún más rudas: una periodista de RT, Paula Slier, acaba de ser expulsada de Ucrania y su entrada en el país vetada por cinco años, al acudir a un certamen de la OSCE sobre libertad de información organizado en Kiev. En Estonia, el periodista y exdiputado italiano Giulietto Chiesa, habitual colaborador de RT, fue también expulsado cuando acudió a una conferencia. Son solo algunos ejemplos recientes entre muchos otros.

Los procedimientos que Occidente utiliza para remediar que los rusos hayan logrado establecer cierta competencia con el antiguo monopolio informativo occidental, son claros atentados a la libertad de información y bastante reveladores de hacia donde soplan los vientos en nuestras democracias. En cualquier caso, gracias al pluralismo de propagandas es mucho más fácil orientarse en los actuales conflictos que sacuden nuestro agitado mundo.


martes, 9 de enero de 2018

El deep State de EE.UU. impide un arreglo de Trump con Putin


Por Alfredo Jalife-Rahme

Durante su trascendental periplo asiático (https://goo.gl/uCYC1p),Trump tuvo la oportunidad de reunirse informalmente con el zar Vlady Putin cuando pende sobre el controvertido mandatario estadunidense la espada de Damocles del deep State (Estado profundo) que usa y abusa del montaje hollywoodense del Russiagate para impedir un acercamiento entre Estados Unidos (EU) y Rusia que es susceptible de dañar los intereses del complejo militar-industrial que vive del negocio de la economía de guerra
La psicología de la negociación de Trump es prístina como lo asienta en su libro El arte de negociar (https://goo.gl/DWy4i2): tratar con respeto al poderoso –como ha sucedido con el zar Putin hasta ahora, pese a todas las jeremiadas del deep State y la aplastante mayoría de sus multimedia– y maltratar casi con la punta del zapato a los países valetudinarios, como su supuesto socio el “México neoliberal itamita”, pese a la supuesta conectividad entrañable del yerno Jared Kushner con Videgaray, quien anda más desbrujulado que nunca buscando nuevos asideros desde Rusia hasta China.

Rebecca Savransky, del portal The Hill, reseña la deferencia de Trump por el zar Putin, quien, pese a todos los exorcismos rusófobos sostuvo en Vietnam, al margen de la Cumbre de la APEC, que Rusia ha sido severamente (sic) sancionada cuando preferiría tenerla en una postura amigable para resolver los contenciosos de Siria, Norcorea, Ucrania y el terrorismo.

Trump reconoce que el Congreso de EEUU ha exageradamente sancionado a Rusia al más alto nivel, por lo que exhortó a la curación de las relaciones en un mundo dispersado y fracturado. Donald Trump juzgó que es mejor tener a Rusia en una postura amigable, en oposición a siempre (sic) combatirla, ya que constituye un activo (sic) para el mundo y un activo para EU, no un pasivo (sic). Trump comentó que la anterior secretaria de Estado Hillary Clinton deseaba reconciliarse con Rusia. No lo explicó Trump, pero existió un lúcido periodo en el que Hillary impulsó la perezagruzka (reactivación) que no prosperó cuando Obama cayó en las garras de los pugnaces neoconservadores straussianos (https://goo.gl/Rk9EWa).

A partir de ese momento aciago de la dupla Hillary/Obama, el Partido Demócrata inició su exorcismo rusófobo que ha llevado a niveles inconcebibles y pone en riesgo de manera frívola e irresponsable un enfrentamiento entre las dos superpotencias nucleares. Trump clarifica que Obama deseaba llevarse bien con Rusia, pero no hubo química (sic). Pese al anatema rusófobo de los omnipotentes servicios de espionaje de EEUU, el siempre temerario Trump expuso que creyó la negación de Putin de haberse entrometido en las elecciones de EEUU (https://goo.gl/s8HxcB).

La química que hizo falta entre Obama y el zar Vlady parece desbordada por Trump con su homólogo ruso y uno de cuyos reflejos –si es que no existen acuerdos secretos tras bambalinas– fue el comunicado conjunto sobre Siria donde no existe una solución militar y cuyo arreglodebe ser alcanzado mediante las negociaciones de Ginebra, bajo el esquema de la resolución 2254 de la ONU”.

Esto parece ser una concesión diplomática de Putin, porque el nuevo procedimiento para resolver el conflicto en Siria tiene mejores perspectivas en las negociaciones que se celebran en paralelo en Astana (Kazajistán).

Los mandatarios de EU y Rusia acordaron también apoyar los existentes canales militares de comunicación para mejorar la seguridad de las fuerzas que combaten a los yihadistas en Siria (https://goo.gl/9UWzVM).

Sin mucho ruido y lejos de los reflectores traviesos, tras la Cumbre de la APEC en Da Nang (Vietnam), el hoy primer ministro ruso y anterior presidente, Dmitri Medvedev, sostuvo una charla informal con Trump en la 50 Cumbre del Asean en Manila (Filipinas).

Pese a las altas tensiones entre EEUU y Rusia, el premier Medvedev describió a Trump como una persona abierta y amigable.

Por alguna razón el siempre locuaz Trump no hizo declaración alguna, ni siquiera en sus legendarios tuits, sobre su charla informal con Medvedev, quien declaró a la agencia noticiosa Tass que lo malo es que, pese a los contactos y la oportunidad de discutir algunos (sic) temas, las relaciones se están degradando día con día y hoy se encuentran a su más bajo nivel en las recientes décadas.

Medvedev declaró que Trump fue muy dúctil en abordar una variedad de temas, entre ellos la historia de la relación de Rusia con EEUU y la Segunda Guerra Mundial. Pero Medvedev no ocultó la reciente ley que apretó las sanciones de EEUU contra Rusia, lo cual significa que las relaciones se han descarrilado por una década.

A juicio de Medvedev, tales sanciones ya no afectan fundamentalmente la economía de Rusia, que se adaptó a la plétora de sanciones previas (https://goo.gl/UNRw3Y).

Era notoria la frustración rusa de que Trump no haya sostenido una reunión formal con el presidente Putin durante la cumbre de la APEC en Vietnam, pese a la mejor disposición de Putin, quien culpó de ello a ciertas formalidades de protocolo.

Para el portal Russia Today –a la cual, por cierto, Google le diseñará algoritmos especiales para ocultar sus noticias (https://goo.gl/XgvNCG)– los demócratas de EU usan a Putin como palo para golpear a Trump y afirma que “ciertas fuerzas políticas en EU tienen el objetivo de no permitir que Trump avance a un acercamiento y una mejora de las relaciones con Rusia (https://goo.gl/z8rBAs)”.

En tales fuerzas políticas están implicados también los elementos más pugnaces del Partido Republicano, como el senador John McCain.

Russia Today se ha de referir, a mi juicio, al conglomerado bélico de los Bush (padre e hijo), los Clinton (Bill y Hillary) y Obama, además de la vieja guardia de los servicios de espionaje de la FBI/CIA/NSA. Russia Today cita a Ray Finch, eurodiputado del Partido Independentista de Gran Bretaña, quien adujo que tanto Putin como Trump entienden que uno de ellos no puede solucionar ninguno de los problemas del mundo, sin al menos una concesión del otro.

A juicio de Ray Finch, el problema radica en que los demócratas se niegan a aceptar la validez de la victoria presidencial de Trump y lamentó que la rivalidad entre EU y Rusia no hace bien a nadie.

Russia Today cita al analista político Seyyed Mostafa Khoshcheshm, quien fustigó a las fuerzas políticas de EU que tratan de deteriorar las relaciones con Rusia y que no permitirán que Trump avance hacia un acercamiento y una mejora de las relaciones con Rusia.

A un servidor llamó poderosamente la atención que durante su visita a Seúl (Sudcorea), Trump asintiera a la ayuda de Rusia para participar en la resolución del contencioso nuclear de Norcorea (https://goo.gl/rkjHcL).

Pese a todo el belicismo retórico y de sanciones asfixiantes del deep State de EU contra Rusia, ha sido un verdadero milagro que Trump y el zar Putin hayan burlado el marcaje personal y hayan, por lo menos, avanzado, aunque sea mínimamente, en apagar los incendios de Siria, Ucrania y Norcorea legados por la dupla Hillary/Obama.

miércoles, 27 de diciembre de 2017

China-EE.UU.-Rusia, la nueva batalla del Pacífico


Rebelión

Por Augusto Zamora R. *

El pasado noviembre, los presidentes de China y EE.UU. realizaron sendas giras por el Sudeste Asiático, que incluyeron una cumbre bilateral en Beijing, en un episodio más de la creciente rivalidad entre las dos potencias en el nuevo corazón económico del planeta. La pugna surge de una ecuación básica: EE.UU. quiere mantener como sea, en la región, su condición de potencia hegemónica, que ocupa desde la II Guerra Mundial; China le quiere lejos y llenar el espacio que ocupa. EE.UU. quiere rearmar a sus aliados, para que hagan frente común contra China y Rusia; China quiere a las tropas de EE.UU. lejos de sus fronteras y un vecindario neutral. La guerra, por ahora, se limita a lo económico y comercial, pero con un creciente olor a pólvora. Ambas potencias (así como Rusia, conviene no olvidarla) modernizan y multiplican sus arsenales viendo, a mediano plazo, un horizonte en el que, si no se alcanza un status aceptable para todos –tema harto difícil, pues sus intereses son, además de disímiles, contrapuestos-, los temas económicos y comerciales pasarán a segundo nivel y las armas ocuparán el primero.
No se trata de una afirmación gratuita o especulativa. El 3 de noviembre, durante una reunión de la Comisión Militar Central (CMC), de la que es presidente, Xi Jinping, vestido de militar, afirmó que “la CMC debe encabezar a las fuerzas armadas para que estén listas para pelear y ganar guerras y para emprender las misiones y tareas de la nueva época que les sean encomendadas por el Partido y por el pueblo”. Trump, por su parte, en su primer discurso en Japón, en la base militar estadounidense de Yokota, afirmó: “Dominamos el cielo, dominamos el mar, dominamos la tierra y el espacio”, para, acto seguido, afirmar que “Mientras sea presidente, los hombres y mujeres del Ejército que defienden a nuestra nación tendrán el equipamiento, los recursos y la financiación que necesiten para… responder a nuestros enemigos de manera rápida y decisiva, y cuando sea necesario, para luchar, para dominar, y ganar siempre”. En una reunión con la comisión de Defensa, Vladimir Putin afirmó que las Fuerzas Armadas rusas deben poseer el armamento más moderno, de igual o superior nivel del armamento extranjero. “No solo desarrollar nueva tecnología y armamento, sino también estar preparados para empezar a producirlos en serie sin demora alguna”. “Porque si queremos ir adelante y queremos vencer, debemos ser los mejores”, puntualizó Putin

Conscientes de los intereses en juego en el Pacífico, en 2016, el gobierno ruso decidió construir una gran base naval en la isla kuril de Matua –reclamada por Japón-, para reforzar la presencia rusa en el Pacífico norte y servir de enlace entre sus otras dos grandes bases navales, la de Vladivostok y la de Kamchatka. Al mismo tiempo, Rusia reconstruirá toda la red de aeropuertos existente en las Kuriles, para hacer de ese archipiélago base de su proyección en el océano Pacífico, aunque dirigida esta proyección al arco que va desde Japón al Círculo Polar Ártico. En ese océano, Rusia está construyendo una extensa y –por ahora- incontestada red de bases militares y aeropuertos, para consolidar su condición de potencia dominante, aprovechando la vastedad de sus costas árticas. También hace grandes inversiones, para aprovechar las inmensas reservas energéticas existentes, que el cambio climático ha hecho accesibles.

Trump escogió visitar a sus tres principales aliados en la región –Japón, Corea del Sur y Filipinas-, países que concentran el grueso de las bases militares estadounidenses en el Sudeste Asiático. Un paso obvio, pues, en caso de conflicto con China y Rusia, EE.UU. necesitaría perentoriamente del apoyo de esos aliados. Corea del Norte, en este juego de poderes mundiales, es un pretexto magnífico para justificar el rearme de Japón y Corea del Sur, objetivo perseguido por EE.UU. desde hace muchos años, porque ambos países son lo más parecido a la OTAN que pueda tener Washington en el Sudeste Asiático. La inflada crisis con Corea del Norte ha servido para que Corea del Sur relance su programa de misiles balísticos (lo que, en Occidente, nadie comenta) e, incluso, insinúe la posibilidad de dotarse de sus propias armas nucleares.

El tema norcoreano está sirviendo también para que Japón rompa el muro del artículo 9 de su Constitución -que limita a la estricta autodefensa la capacidad militar japonesa-, para convertirse en potencia militar con libertad para proyectar su poder en el exterior. Aunque el asunto pase aquí inadvertido, se trata de una decisión en extremo delicada para la paz mundial, pues nada genera más recelo y animadversión en el Sudeste Asiático que un rearme de Japón. Para China se trataría de un casus belli, pues, además del rencor histórico e irresuelto existente por las barbaries perpetradas por Japón antes y durante la II Guerra Mundial, Beijing no puede admitir, sin riesgo para su propia hegemonía, un Japón rearmado y agresivo. La gira de Trump fue, en tal sentido, como llevar cerillas a un depósito de pólvora. Bajo su presión, Seúl y Tokio firmaron contratos multimillonarios de compraventa de armamento estadounidense, haciendo aún mayor la autopista hacia la confrontación. Comparado con un conflicto chino-japonés, el tema norcoreano y su baile de misiles sería un simple juego de parvulario.

Tanto Trump como Xi Jinping visitaron Vietnam, país fronterizo con China y con una costa extensa, que hace que sea el país más afectado por las reclamaciones chinas en el Mar de la China Meridional. La rivalidad sino-estadounidense ha elevado el valor geoestratégico de Vietnam, pues EE.UU. sueña con incorporarlo a su alianza anti-china, en tanto China necesita de su amistad, tanto para cerrarle el paso a EE.UU., como para demostrar al vecindario que China no es una potencia imperialista más y que no impondrá sus intereses con fuerza bruta. La mejor manera de demostrarlo es gestionando adecuadamente sus relaciones con Vietnam En esa línea, Xi y su colega vietnamita, Nguyen Phu Trong, acordaron abordar bilateralmente la controversia marítima y promover la cooperación entre ambos países, así como mantener la paz y la estabilidad en el Mar Meridional de China, sobre la base del consenso. Cuenta, además, el factor ruso, pues Vietnam ha renovado con Rusia los estrechos vínculos que mantuvo con la Unión Soviética, tanto que Moscú podría reabrir la base soviética de Cam Ramh, con el propósito de reforzar la presencia rusa en esa parte del océano Pacífico, algo que China ve con buenos ojos, pues contribuye a difuminar las pretensiones de EE.UU.

En Vietnam coincidieron Putin, Xi y Trump para asistir en Danang, del 10 al 11de noviembre, a la XXV cumbre anual del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC, por sus siglas en inglés). Los 21 miembros de la APEC, fundada en 1989, representan el 54% del PIB mundial, el 49% del comercio global y el 39% de la población del planeta. No obstante, más allá de las cifras, Putin, Xi y Trump deseaban demostrar su interés por lo que es, ya, la región más estratégica del mundo y escenario principal del nuevo reordenamiento planetario. De Vietnam se trasladó Trump a Filipinas, para participar en la Cumbre de la ASEAN, mientras Xi se quedaba en visita oficial en Vietnam, aunque envió a su primer Ministro, Li Keqiang, a Manila. Cada quien a lo suyo. China está ampliando a máximos históricos su relación con Hanói, mientras Trump sigue en su cruzada para consolidar un frente anti-chino. Las diferencias entre uno y otro se miden en los resultados. Trump se fue, de hecho, con las manos vacías, en tanto China sigue sumando acuerdos con sus vecinos del sur.

El fracaso de Trump era noticia anunciada, a partir de su decisión de retirar a EE.UU. del Tratado Transpacífico (TTP), lo que ha mermado la influencia de EE.UU. ante sus socios de la APEC. En su discurso en este foro, Trump mantuvo su crítica demoledora contra los tratados comerciales multilaterales, acusándolos de dañar a EE.UU., y abogando por suscribir tratados bilaterales que no dañen ni el empleo ni la industrialización del país. Una propuesta vista con reserva por muchos países, conscientes de que una negociación bilateral con un país mucho más poderoso que ellos les resultará perjudicial. Xi Jinping, conocedor de ese dilema, se presentó como el adalid de libre comercio y adversario del proteccionismo. “La historia nos ha enseñado que con el desarrollo a puertas cerradas no se irá a ningún lado, mientras el desarrollo abierto es la única elección correcta”, afirmó el presidente chino en su discurso ante la APEC. Desde esa línea, China y los países de la APEC y la ASEAN comparten el propósito de duplicar su intercambio comercial, de los 500.000 millones de dólares de 2017 al billón de dólares en 2020. Tampoco estuvo ausente la controversia sobre el Mar de la China Meridional. En 2012, China y la ASEAN firmaron una declaración que preveía crear un código de conducta común entre los países reclamantes, para evitar fricciones. En Manila se anunció que, “los países miembros de la ASEAN han aceptado comenzar oficialmente negociaciones con China sobre el código de conducta”. China sigue, así, desactivando el conflicto.

EE.UU., China y Rusia mueven sus fichas en el llamado Lejano Oriente, sentando las bases para la venidera y definitiva Batalla del Pacífico. No se parecerá en nada a la del siglo XX, a partir de la magnitud de los contendientes. El Japón imperial era un país de 378.000 kilómetros cuadrados y EE.UU., de casi 9 millones. EE.UU. poseía petróleo en abundancia, Japón carecía completamente de él. EE.UU. era la mayor potencia industrial del mundo, Japón un potencia media. Japón combatía desde Australia hasta Corea, EE.UU. dedicaba casi todos sus recursos a combatir a Japón. China es otra dimensión en territorio, población, desarrollo industrial y recursos naturales. China más Rusia, una alianza imbatible. La nueva batalla del Pacífico está cambiando el mundo y más que lo cambiará, aunque en esta Europa decrépita y envejecida nadie quiere darse por enterado u opten por ver a otro lado, ocupados como están en trifulcas decimonónicas. 

Augusto Zamora R., Autor de Política y geopolítica para rebeldes, irreverentes y escépticos, Akal, 2016. 3ª edición, noviembre 2017.

lunes, 31 de julio de 2017

Braudel, Lévi Strauss y la CIA



Por Pablo Pozzi

"Desviar la atención del capitalismo (y los Estados Unidos) como causante de los problemas del mundo, hacia problemas como el consumo, la falta de democracia o de educación (y la URSS)"

La Agencia Central de Inteligencia (CIA) norteamericana acaba de desclasificar un documento de trabajo que comprueba, y brinda algunos datos nuevos, sobre su política hacia la intelectualidad progresista y de izquierda (PDF). El documento se titula «Francia: la defección de los intelectuales de izquierda» y describe, detalladamente, cómo captar e influenciar intelectuales, particularmente aquellos nucleados en la revista Annales, la Ecole des Hautes Etudes, y los que se referenciaban en Michel Foucault, Jacques Derrida y Jacques Lacan, en que lo visualiza como «una guerra cultural». Si bien el eje del documento son los intelectuales franceses, los principios y criterios que plantea fueron aplicados a través del mundo. En el mismo se describen sus tácticas y estrategias para generar un ambiente intelectual antimarxista a partir de influenciar a los intelectuales posmarxistas y a los críticos del Partido Comunista francés.
El documento establece que «durante las protestas de mayo-junio de 1968 […] muchos estudiantes marxistas miraban hacia el PCF para liderazgo y la proclamación de un gobierno provisional, pero la dirección del PCF trató de aplacar la revuelta obrera y denunció a los estudiantes como anarquistas». A partir de ahí surgieron los «Nuevos Filósofos» que, desilusionados con la izquierda, «rechazaron su alianza con el PCF, el socialismo francés, y las premisas básicas del marxismo». Estos intelectuales posmarxistas son considerados como mucho más efectivos en la guerra cultural que los intelectuales conservadores de la derecha, como Raymond Aron. Esto se debió a que los intelectuales conservadores se habían desprestigiado por su apoyo al fascismo. En cambio, los así denominados intelectuales democráticos, con su crítica a la URSS y al comunismo, eran útiles y, sobre todo, efectivos.
A partir de estas consideraciones iniciales, el documento señala que:
«Entre los historiadores franceses de la posguerra, la influyente escuela vinculada con Marc Bloch, Lucien Febvre y Fernand Braudel ha avasallado a los historiadores tradicionales marxistas. La escuela de Annales, como es conocida por su principal publicación, ha dado vuelta la investigación histórica francesa, principalmente desafiando primero, y rechazando después, las teorías marxistas del desarrollo histórico. Si bien muchos de sus exponentes pretenden que están dentro “de la tradición marxista”, la realidad es que solo utilizan el marxismo como un punto crítico de partida […] para concluir que las nociones marxistas sobre la estructura del pasado –de relaciones sociales, del patrón de los hechos, y de su influencia en el largo plazo– son simplistas e inválidas.»
«En el campo de la antropología, la influencia de la escuela estructuralista vinculada con Claude Lévi Strauss, Foucault y otros, ha cumplido esencialmente la misma función. […] creemos sea probable que su demolición de la influencia marxista en las ciencias sociales perdure como una contribución profunda tanto en Francia como en Europa Occidental.»
En particular los autores del documento alaban a Foucault y Lévi Strauss por «recordar las sangrientas tradiciones de la Revolución Francesa» y que el objetivo de los movimientos revolucionarios no era tanto la profunda transformación social y cultural de una sociedad, sino más bien el poder. Por ende, según el documento, la teoría francesa posmarxista realizó una contribución inapreciable al programa cultural de la CIA que intentaba mover a los intelectuales de izquierda hacia la derecha, mientras desacreditaban el antiimperialismo y el anticapitalismo, permitiendo la creación de un ambiente intelectual donde sus proyectos podían ser llevados a cabo sin ser molestados por un serio escrutinio intelectual.
El eje no solo era desacreditar al marxismo como teoría, sino también tenía cuatro aspectos vinculados entre sí:
Fracturar a la izquierda cultural en diversos movimientos a través de lo que se denomina «políticas de identidad». En este sentido, las reivindicaciones de clase, el concepto en sí, y la lucha de clases como motor de la historia, se diluyen en una cantidad grande de diversos movimientos, sin que ninguno acepte la primacía del concepto básico del marxismo, las clases sociales: estos intelectuales de Nueva Izquierda se opondrán «a cualquier planteo de unidad de la izquierda».
Se desvía la atención del capitalismo (y los Estados Unidos) como causante de los problemas del mundo, hacia problemas como el consumo, la falta de democracia o de educación (y la URSS). «El antisovietismo se ha convertido en la base de legitimidad del trabajo intelectual».
Se torna difícil movilizar a las élites intelectuales en oposición a las políticas imperiales de Estados Unidos, apuntando a fracturar sectores medios de la clase obrera. De hecho, señala que «hay un nuevo clima de antimarxismo y de antisovietismo que dificultará movilizar una oposición intelectual a las políticas de Estados Unidos».
Se equiparaba al marxismo con «anticientificidad», y el compromiso político de izquierda entre los intelectuales es considerado como «poco serio» y «subjetivo»: los intelectuales de la Nueva Izquierda están «menos dispuestos a involucrarse y tomar partido».
Mucho de lo que se plantea en el documento no es nuevo, si bien es una confirmación de la importancia que la CIA le dio a las nuevas tendencias intelectuales en su lucha antimarxista. Un elemento notable es que no haga casi referencias a los cuantiosos fondos que destinó la CIA a captar intelectuales de izquierda. Por ejemplo, Frances Stonor Saunders (La CIA y la Guerra Cultural) señaló que la Agencia no informaba al gobierno norteamericano que estaba financiando diversos proyectos «de izquierda» que contribuyeran a alejar a los seres humanos de planteos igualitarios o clasistas. De hecho, uno de los aspectos que ella revela es que la CIA prefería «marxistas reformados» a los tradicionales conservadores y derechistas. Por «reformados» se entendía aquellos izquierdistas que se habían decepcionado del comunismo, o eran críticos de la URSS.
Esta promoción de intelectuales «reformados», en especial los posmarxistas, se vio acompañada de importantes recursos económicos, acceso a editoriales y medios de comunicación, e inclusive a nombramientos académicos. Así, señala el documento, diversas obras de personajes como André Glucksmann y Bernard Henri Levy se convirtieron en best sellers. Por ejemplo, según Tom Braden, que fue el director de la Rama de Organizaciones Internacionales de la CIA, la Agencia compró miles de ejemplares de las obras de Hannah Arendt, Milovan Djilas, y Isaiah Berlin para promoverlos. Otro ejemplo, no mencionado por el documento, es que la VI sección de la Ecole Pratique des Hautes Etudes, que alojaba a Lucien Febvre y Fernand Braudel, se estableció con un financiamiento recibido a través de la Fundación Rockefeller en 1947. Y luego fue financiada a través de la Fundación Ford, incluyendo los dineros e influencias necesarias para convertirse en la Ecole Pratique des Hautes Etudes en Sciences Sociales, con habilitación para otorgar títulos universitarios. Como señaló Kristin Ross, en su libro Fast Cars, Clean Bodies: Decolonization and the Reordering of French Culture (1996):
«En las décadas de 1950 y 1960 Braudel, Le Roy Ladurie y otros de la VIeme Section, crearon lo que Braudel denominó ‘una historia donde los cambios son casi imperceptibles […] una historia donde el cambio es lento, de repetición constante, de ciclos recurrentes’. Sus enemigos más formidables habitaban en frente, en la [Universidad de la] Sorbonne: un largo linaje de historiadores marxistas de la Revolución Francesa, como Georges Lefebvre y Albert Soboul. Y lo que estaba en juego era que reemplazaban el estudio de la historia de los movimientos sociales y el cambio abrupto o la mutación histórica por el estudio de las estructuras, o sea se borraba la idea misma de la Revolución. Estos historiadores marxistas [se enfrentaban…] a colegas modernizados, con exceso de fondos, y muy bien equipados con computadoras y fotocopiadoras» (pág. 189)
Lo anterior se complementó con viajes, becas, subsidios, y una cantidad importante de seminarios internacionales destinados a promover tanto la visión de Annales como el estructuralismo de Claude Lévi Strauss. En síntesis, si los intelectuales de izquierda no encuentran los recursos necesarios para llevar adelante sus investigaciones, o para publicarlas, entonces se encuentran sutilmente forzados a aceptar el orden establecido, mientras adoptan las modas intelectuales hegemónicas para poder encontrar empleo. El resultado es el debilitamiento del pensamiento de izquierda y de la conformación de un efectivo accionar revolucionario.