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martes, 8 de junio de 2021

Migración en tiempos de Biden y AMLO: Crisis en la frontera y opresión imperialista


La Izquierda Diario

Por Pablo Oprinari

18 mil niñas y niños migrantes detenidos en los Estados Unidos de América, durante febrero. 170 mil centroamericanos y mexicanos apresados por la patrulla fronteriza en el mes de marzo. Detrás de los datos, hay miles de historias, marcadas por el racismo, la xenofobia y los atropellos de los distintos gobiernos.

Una imagen tomada en las calles de Tapachula, Chiapas, ciudad fronteriza con Guatemala. Dos niños hondureños, uno apenas más alto que el otro, que caminan tomados de la mano, junto a otros migrantes. Posiblemente hermanos, llevando lo puesto y apenas un poco más, les resta andar miles de kilómetros hasta llegar al llamado “sueño americano”.

Se trata de una imagen que, con otros protagonistas, se repite en el norte, en los campamentos migrantes instalados entre las grandes empresas trasnacionales y los pasos fronterizos, bajo el sol y los vientos del desierto.

La foto que acompaña este artículo dice todo del futuro que les depara el cruce. Centros de detención que son verdaderas cárceles infantiles. Persecución, racismo y deportación; el verdadero rostro de la democracia americana.

El “demócrata” Biden: continuidad en las políticas antimigrantes

En los primeros meses de este 2021 se configuró el inicio de una nueva crisis migratoria. Las detenciones perpetradas en marzo son la cifra más alta desde 2001. Una tercera parte de los migrantes son mexicanos, el resto proviene del istmo centroamericano, en particular de Honduras, El Salvador y Guatemala.

Ante el aumento exponencial de niñas y niños migrantes no acompañados, la propia directora de UNICEF, Henrietta Fore, tuvo que reconocer que “estos niños llegan después de peligrosos viajes de hasta dos meses, solos, agotados y con miedo. A cada paso corren el riesgo de ser víctimas de la violencia y la explotación, del reclutamiento por parte de las bandas y de la trata, que se ha triplicado en los últimos 15 años”. [1]

En esto, es evidente la responsabilidad de los gobiernos de aquellos países que cruzan en su recorrido. Atravesar caminos, fronteras, campos, ciudades y el mismo desierto es una de las travesías más peligrosas que puedan imaginarse en una zona que no registra una guerra convencional. En el caso de México, cabe mencionar que, según la Federación de Organismos Públicos de Derechos Humanos (FMOPDH), hay 2 mil migrantes desaparecidos; recientemente, 19 migrantes fueron asesinados en Camargo, Tamaulipas, en tanto que Victoria Salazar –migrante refugiada salvadoreña– fue muerta por la policía en Tulum, Quintana Roo. Violencias del Estado y del narcotráfico, explotación y reclutamiento para las pandillas y los cárteles y, también, el peligro de violaciones y de la trata, que pende especialmente sobre las mujeres y los niños. A esto, se suma la situación de absoluta vulnerabilidad e indefensión que enfrentan ante la pandemia, sin acceso a la salud en los países que transitan.

En los años previos, cada crisis migratoria encontró como respuesta un fortalecimiento de los mecanismos de contención por parte de Estados Unidos, con la complicidad de los gobiernos mexicano y centroamericanos.

En 2014, durante el gobierno de Barack Obama –bautizado como el “gran deportador” por las organizaciones pro-migrantes– la respuesta al alza de migrantes fue la creación del Programa Frontera Sur en México, y un mayor accionar represivo del Instituto Nacional de Migración (INM).

A fines de 2018 y los primeros meses de 2019, una nueva afluencia migratoria despertó las amenazas de Donald Trump. López Obrador, recién llegado a la presidencia, no dudó en cumplirle. Desplegó 20 mil efectivos de la Guardia Nacional, cuyo debut fue contener la llegada de migrantes al Río Bravo.

Cuando asumió, Joe Biden prometió una campaña de regularización para los sin papeles, y la reactivación de la protección a los llamados dreamers. Esto generó lo que se denominó un “efecto llamada”, despertando amplias ilusiones en cientos de miles de centroamericanos y mexicanos que emprendieron el viaje.

Sin embargo, como plantea Aaron Reichlin-Melnick, del American Immigration Council, “Es falso decir que las fronteras están abiertas…. En los últimos tres meses, cerca del 70% de la gente que entró fue expulsada rápidamente gracias a una norma implementada el año pasado por Trump en la pandemia y que Biden ha mantenido. A menos familias se les está permitiendo quedarse en 2021 que en 2019 con la Administración de Trump”. [2]

Efectivamente, aunque dejó de lado la retórica agresiva de Trump, se trata del signo real de la política migratoria de la actual administración demócrata. Para agilizar las deportaciones, Biden utiliza el Título 42, la norma mencionada antes, con la que los republicanos expulsaron sumariamente a medio millón de migrantes indocumentados y suspendieron, en los hechos, el derecho de asilo.

Según el periodista Jeremy Scahill, de The Intercept, al Título 42 “recurrió la administración Trump, en particular el principal asesor de inmigración de Trump, Stephen Miller, al comienzo de la pandemia, para lograr su objetivo de larga data de vincular a los migrantes con las enfermedades como un medio. a una especie de asilo cerrado en la frontera, que había sido uno de sus principales objetivos.” [3] La utilización de esta norma racista por parte de la administración Biden, implicó que muchos sean deportados a altas horas de la noche, arrojados sin ninguna protección en las ciudades mexicanas u otros puntos remotos de la extensa frontera, con alto riesgo para sus vidas.

Además, Biden ha renegado de varias de sus promesas de campaña. Por ejemplo, funcionarios de la Casa Blanca aceptaron que se completarán algunas secciones del muro fronterizo a la par que se trabajará sobre “inversiones en seguridad inteligente” para contener la migración, lo cual reafirma el sentido y la continuidad de las políticas antimigrantes que, con distinta retórica, pero contenido similar, implementaron desde presidentes demócratas como Bill Clinton y Obama, hasta Donald Trump.

Tensión política en el corazón del imperio

Esta afluencia masiva de migrantes abrió tensiones políticas y una crisis para el gobierno estadounidense, en lo que es un punto clave en su agenda, en sus primeros 100 días de gobierno. Para intentar manejarla, Biden puso al frente de la negociación con los gobiernos de la región a la vicepresidenta Kamala Harris, en tanto que la exembajadora Roberta Jacobson renunció a su puesto de coordinadora para la Frontera Sur. Harris sostuvo reuniones con los presidentes de México y Guatemala, Andrés Manuel López Obrador y Alejandro Giamattei, respectivamente, las cuales repetirá en las próximas semanas.

La oposición republicana aprovechó la situación para criticar a Biden, haciéndolo responsable del desborde migratorio. Declaraciones de funcionarios demócratas fueron retomadas por los republicanos, como es el caso de los dichos de Bruno Lozano, alcalde de Del Río (Texas), quien le dijo a la Casa Blanca que “No tenemos los recursos para acomodar a estos migrantes en nuestra comunidad”. [4]

Mientras tanto, los planes migratorios de Biden, aprobados gracias a la mayoría demócrata por la Cámara de Representantes, se enfrentan a un Senado donde no cuenta aún con los votos necesarios. Los republicanos como Lindsey Graham, han dicho que no apoyarán la reforma “hasta que esté bajo control la frontera con México”.

A la par, el presidente debe jugar también con el ala “izquierda” de su partido. El anuncio inicial de que podría mantenerse el límite al número de refugiados impuesto por Trump, despertó críticas en el llamado squad (escuadrón) liderado por Alexandra Ocasio-Cortez. Este sector de los demócratas debe responder a su propia base social progresista, entre la cual crecieron los reclamos con el mencionado anuncio. Sin embargo, la misma Ocasio-Cortez no dudó en afirmar que “lo que está sucediendo aquí no es lo mismo que sucedió durante la administración Trump”, embelleciendo las políticas antimigrantes de su propio partido imperialista y obviando que siguen utilizándose normas ignominiosas como el Título 42.

La importancia que tiene la situación migratoria para Biden responde a distintas consideraciones. En primer lugar, se trata de un punto crucial de su agenda, en la medida que cruza transversalmente la relación con México, con el que comparte 3 000 kilómetros de una porosa frontera, un tratado comercial que le da forma al cotidiano intercambio productivo y comercial, y una de las cadenas de valor más importantes de la economía mundial capitalista que atraviesa el Río Bravo y conecta a la industria maquiladora y de exportación mexicana con las transnacionales estadounidenses. Así también respecto a Centroamérica, que considera su “patio trasero” en todos los terrenos y zona de influencia inmediata para la Casa Blanca.

Para Washington es prioritario controlar la crisis migratoria, aceitando la relación con México y los gobiernos del istmo centroamericano. Esto, como un paso necesario para fortalecer su peso sobre Latinoamérica y apuntalar una hegemonía que busca afianzar, en un contexto signado por las disputas económicas y geopolíticas con otras potencias, como China, y por la crisis económica y sanitaria internacional.

Responder a esta situación tiene también su importancia doméstica. Los migrantes son parte muy importante de la fuerza laboral estadounidense, y se trata –en particular la migración caribeña, mexicana y centroamericana– de una minoría cuyo peso demográfico va en ascenso. Por ende, es una porción nada despreciable de la base electoral demócrata. La situación que enfrentan los migrantes es, además, un punto sensible para muchos votantes blancos progresistas, jóvenes y trabajadores, que integran la base demócrata y en particular del squad.

Por último, porque, en el ambiente político polarizado estadounidense, los republicanos están utilizando la cuestión migrante como un ariete para golpear y afectar la popularidad del gobierno Biden en este primer tramo de gobierno, respondiendo a su propia base social y electoral que fue cautivada por el discurso antimigrante de Trump; sin embargo, la migración tiene bases profundas y estructurales en la dominación imperialista sobre los países de la zona, en tanto que los distintos gobiernos de América del Norte y Central no pueden ofrecer más que lo esencial de las mismas políticas contra los migrantes.

La opresión imperialista, motor de la migración en la región

En los últimos años, miles de migrantes centroamericanos se coordinaron y organizaron en varias caravanas, con la intención de visibilizar su situación y enfrentar en mejores condiciones los peligros que encierra la travesía. Hace pocos meses, miles de migrantes hondureños fueron rechazados por el gobierno mexicano y reprimidos por las fuerzas de seguridad de Guatemala. Antes, durante y después de las caravanas, la migración centroamericana y mexicana continua por múltiples sendas y caminos.

La persistencia en emprender esta travesía es la consecuencia de los planes imperialistas sobre México y Centroamérica y tiene sus causas estructurales en la condición de dependencia económica y política respecto a Estados Unidos. En las últimas décadas, la penetración de las transnacionales en la economía de estos países, la aplicación de las reformas estructurales mandatadas por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, posibilitado por la subordinación de los distintos gobiernos a la Casa Blanca tuvieron serios resultados. En particular, un pasmoso incremento de la miseria, la precarización laboral, el desempleo, el deterioro de las condiciones de vida y la pobreza, que afecta por ejemplo a un 54 % y 70 % de los niños en México y el istmo, respectivamente. Aunado a lo anterior, el saqueo de los recursos naturales y la falta de acceso, por ejemplo, al agua, en beneficio de las grandes empresas.

El último año, esto se vio agravado en el contexto de la pandemia y la crisis económica. En el 2020, el Producto Interno Bruto de México se retrajo un 8,5 %. Para Honduras y El Salvador la caída fue del 9 % y el 8 %. Como en el resto de América Latina, la recuperación para este 2021 no alcanzará a superar a la abrupta caída. Además, los efectos de los recientes huracanes Iota y Eta, que golpearon particularmente en Honduras, han sido devastadores. A eso se suman los efectos del cambio climático y la expoliación de los recursos hídricos, que provocan sequías que afectan duramente al sector agrario, donde trabajan millones de personas. Según datos de la Oficina de Asuntos Humanitarios de la ONU, en estos momentos 10 millones de personas en los países del llamado Triángulo Norte, requieren asistencia humanitaria para sobrevivir. Eso es alrededor de un 25 % de la población total, y el doble respecto a inicios de 2020. Las mujeres, los niños y los jóvenes son quienes sufren más crudamente la situación de pobreza y opresión.

Otro de los efectos de la dominación imperialista es la militarización y la llamada guerra contra el narcotráfico, alimentada también por el tráfico de armas proveniente de EE. UU. Su secuela son cientos de miles de muertos, desaparecidos, y poblaciones enteras desplazadas. Esto es responsabilidad directa de la Casa Blanca, que impuso desde hace décadas el llamado Consenso de Washington y una política injerencista. Ése es el panorama que expulsa y empuja a cientos de miles de personas a migrar, quienes se enfrentan al muro que constituyen las fuerzas represivas y las agencias migratorias de Estados Unidos, México y los propios países del istmo.

El “progresismo” mexicano, soporte de las políticas antimigrantes

El desempeño del gobierno de México es fundamental para la administración estadounidense. A partir de la primera reunión que sostuvieron López Obrador y Biden, fueron enviadas 2,7 millones de vacunas por parte de la Casa Blanca, y se reforzó la presencia de la Guardia Nacional en las fronteras. Aunque distintos medios de comunicación, incluyendo el New York Times, aseguraron la existencia de un acuerdo, el canciller Marcelo Ebrard intentó presentarlo como dos temas sin conexión entre sí.

El hecho es que el gobierno estadounidense consiguió un incremento de la militarización en aquellos países latinoamericanos directamente involucrados en los circuitos de la migración. En el caso mexicano, se destinaron 10 mil efectivos para el control migratorio, y una cifra similar en cada uno de los países del Triángulo Norte.

Aunque López Obrador sostiene una retórica progresista y afirma su preocupación por los migrantes, actúa como contención de miles de centroamericanos mediante la Guardia Nacional, y acepta las regulaciones migratorias del vecino del norte. Se evidencia la subordinación en torno a una cuestión que como dijimos es esencial para la administración estadounidense. Esto no puede ser opacado por aquellos aspectos de la agenda en lo cual hay desacuerdos –como la reforma energética–, los cuales por cierto han manejado por canales diplomáticos bastante herméticos.

Esta subordinación implica –según denunció el Colectivo de Observación y Monitoreo de Derechos Humanos del Sureste Mexicano– que los migrantes centroamericanos detenidos por el Instituto Nacional de Migración enfrentan maltrato, hacinamiento, falta de protocolos sanitarios y de alimentación adecuada. Y, además, deportaciones fast track que obstaculizan el derecho de asilo por parte de la migra mexicana. [5]

El presidente mexicano ha instado a la Casa Blanca a concretar el plan de “ayuda” a los países centroamericanos, 4 mil millones de dólares a distribuir durante cuatro años. Esta iniciativa estadounidense está condicionada al compromiso de combate a la “corrupción” por parte de los gobiernos del istmo. Hay que considerar además que estos, mientras tienen una alineación histórica a Washington, guardan importantes vínculos con el narcotráfico; ejemplo de eso es el caso del hermano de Juan Orlando Hernández, presidente de Honduras, condenado en Estados Unidos a cadena perpetua por tráfico de drogas.

Recientemente, López Obrador presentó, en la Cumbre Climática convocada por Biden, una propuesta para extender su programa social “Sembrando Vida”, vigente en México, hacia Centroamérica. Inicialmente rechazado por el presidente de EE. UU., dicho programa otorga un ingreso mínimo (250 dólares mensuales) a los campesinos mexicanos, a cambio de sembrar y cuidar árboles en sus parcelas. Para Centroamérica, esto se complementaría con permisos temporales para trabajar en Estados Unidos durante seis meses.

AMLO afirmó que esta propuesta busca controlar el flujo migratorio en la región. Pero la realidad es que se trata de un paliativo, basado en una remuneración mínima, que no podrá resolver las condiciones estructurales que enfrentan los países centroamericanos y que motorizan la migración. Las visas temporales prometidas no incluirían derechos elementales para los migrantes. López Obrador mantiene su ilusión en convencer a su homólogo estadounidense con una propuesta que le proporcionará mano de obra precarizada y por temporada, lo cual es ideal para el trabajo estacional que requiere el agro estadounidense.

Detrás de las fronteras, la clase obrera migrante

Para quienes enfrentan la persecución y logran sortear la patrulla fronteriza, lo que viene es un trabajo altamente precarizado, con condiciones salariales y laborales claramente desfavorables. Es evidente el maridaje existente entre la situación de ilegalidad migratoria y el aprovechamiento que la clase capitalista hace de ello para bajar el costo de la fuerza de trabajo.

Los migrantes provenientes de América Latina y el Caribe, tanto los indocumentados como aquellos que alcanzaron algún tipo de legalización, son parte fundamental -junto a sus hermanos de clase afroamericanos-, de los trabajadores esenciales.

Para el Center for Migration Studies, un 69 % de los migrantes regularizados y un 74 % de los indocumentados, trabajan en los sectores esenciales, totalizando 20 millones de personas ocupadas en la salud, la agricultura, el envasado de carne y procesamiento de aves de corral, la construcción, los servicios de limpieza, la gastronomía y el comercio.

Según este mismo estudio, “Los nacidos en el extranjero (lo cual incluye el conjunto de la migración, no sólo latina) comprenden el 33 por ciento de los trabajadores de la salud en el estado de Nueva York, el 32 por ciento en California, el 31 por ciento en Nueva Jersey, el 28 por ciento en Florida, el 25 por ciento en Nevada y Maryland, el 24 por ciento en Hawaii, el 23 por ciento en Massachusetts, y 19 por ciento en Texas.” [6]

Durante la pandemia, millones de trabajadores “brown” y “black” no gozaron de la posibilidad de hacer trabajo a distancia, y tuvieron una gran exposición al Covid. Por eso, entre los latinos y los afroamericanos fue más alta la tasa de contagios y de fallecimientos; “al 25 de agosto de 2020, se informó que 37,500 trabajadores en 416 plantas empacadoras de carne en 40 estados habían dado positivo por COVID-19, y “al menos” 170 trabajadores habían muerto. Es casi seguro que estas cifras subestiman el número de trabajadores de plantas de envasado de carne que han contraído COVID-19 y que han muerto por complicaciones relacionadas”. [7]

Si antes de la pandemia la mayoría de los migrantes no tenían acceso a vivienda digna, servicios elementales o seguridad social, durante la misma no resultaron elegibles para la ayuda federal Coronavirus Aid, Relief, and Economic Security (CARES act), mostrándose que, para el gobierno y los empresarios, aunque sean esenciales, son desechables.

Un ejemplo de esto son los trabajadores del sector agrícola, donde laboran cientos de miles de migrantes centroamericanos y mexicanos, en condiciones de precariedad que los pusieron en alta vulnerabilidad durante la pandemia. Alrededor de medio millón se contagiaron de Covid y unos 9 mil fallecieron. Estados como Arizona y Florida se resistieron a declararlos como esenciales.

Recientemente, el gobierno de Biden anunció que aprobará 22 mil nuevas visas H2-B para trabajo estacional, una cantidad que se suma a las 66 mil establecidas como límite anual, orientadas hacia la hotelería, la construcción, el procesamiento de carne, entre otros sectores. Este anuncio, lejos de suponer un cambio en sus políticas, responde al descenso notorio de las solicitudes de seguro de desempleo en Estados Unidos, como resultado de la recuperación limitada de la economía después de la caída del 2020. En ese contexto, las empresas estadounidenses requieren de mano de obra migrante temporal, en condiciones de precariedad y con bajos salarios.

Unidad de la clase obrera multiétnica, solidaridad más allá de las fronteras

El carácter esencial de los trabajadores migrantes, así como el racismo, xenofobia y violencia estatal que enfrentan, plantea condiciones similares a las que enfrentan sus hermanos de clase afroamericanos. Ésa es una de las causas que motivó su participación en distintos movimientos de protesta laboral y que muchos latinos se sumaran a las movilizaciones en repudio al asesinato de George Floyd. “Tu lucha es mi lucha” se leía en pancartas en español. Miles de jóvenes latinos participaron de las movilizaciones en Nueva York y otras ciudades. Una imagen de las protestas en Phoenix mostraba la demanda “Defund Police”, enfatizando en rojo las letras ICE (el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas en inglés). En el corazón del imperio, la clase obrera multirracial debe partir de esto, asumiendo un rol hegemónico, unificando las banderas de la lucha contra la explotación, la opresión y la xenofobia.

El drama que enfrentan cientos de miles de migrantes todos los días no sólo echa luz sobre el carácter profundamente xenófobo y racista del Estado estadounidense, que a la par utiliza a los trabajadores latinos y afroamericanos para acrecentar las ganancias de las transnacionales. Evidencia también el rol de los gobiernos mexicano y centroamericanos, que en su accionar muestran la dependencia económica, política y la subordinación estructural al vecino imperialista.

El rol de guardián fronterizo asumido por los sucesivos gobiernos de México, de acuerdo a las necesidades de la Casa Blanca, no puede disociarse de la integración económica desplegada durante el neoliberalismo, la cual moldeó al país como una plataforma de exportación de acuerdo a las necesidades de sus transnacionales. Tampoco puede separarse de la profunda descomposición social, acicateada por la llamada guerra contra el narcotráfico y la militarización e impuesta por Washington.

Se articula, así, la lucha contra la opresión imperialista y por los derechos de los migrantes con el combate de la clase obrera de la región contra sus verdugos.

La poderosa clase obrera multiétnica estadounidense –que integran, por ejemplo, los maestros, los trabajadores de Amazon, de la salud y los jóvenes, protagonistas todos de protestas durante la pandemia tanto por cuestiones laborales, como de repudio a la violencia racial–, tiene sus aliados en la clase trabajadora mexicana y centroamericana. Una demanda crucial que debe unificarlas más allá de las fronteras y los muros fronterizos es la defensa de los migrantes, el libre tránsito y plenos derechos para todas y todos.

A ambos lados de las fronteras, saltando las alambradas y los muros fronterizos construidos por demócratas y republicanos y enfrentando a los gobiernos sirvientes, los socialistas revolucionarios de Estados Unidos, México y Centroamérica planteamos la necesidad de una perspectiva antiimperialista e internacionalista, encabezada por la clase obrera junto a sus aliados del campo y la ciudad.

Notas:

[1] “Comentarios de la Directora Ejecutiva de UNICEF, Henrietta Fore, en la sesión informativa virtual sobre la situación humanitaria en El Salvador, Guatemala y Honduras” en https://www.unicef.org/lac/comunicados-prensa/comentarios-de-la-directora-ejecutiva-de-unicef-henrietta-fore-sobre-situacion-humanitaria (consultado el 29 de abril de 2021).

[2] Laborde Antonia (2021), “100 días de Biden, un profundo cambio de rumbo en Estados Unidos” en https://elpais.com/internacional/2021-04-25/100-dias-de-biden-un-profundo-cambio-de-rumbo-en-estados-unidos.html (consultado el 26 de abril de 2021).

[3] Scahill, Jeremy (2021), “The border patrol abdication in the Sonora Desert”, en https://theintercept.com/2021/04/14/intercepted-customs-border-protection-asylum-seekers-arizona/ (consultado el 20 de abril de 2021).

[4] Laborde Antonia (2021), op.cit.

[5] Olivares, Emir (2021), “Denuncian expulsión expres de migrantes en frontera sur”, en https://www.jornada.com.mx/notas/2021/04/07/politica/denuncian-expulsion-expres-de-migrantes-en-frontera-sur/ (consultado el 28 de abril de 2021).

[6] Kerwin, Donald (2020). “US Foreign-Born Workers in the Global Pandemic: Essential and Marginalized” en https://journals.sagepub.com/doi/10.1177/2311502420952752 (consultado el 20 de abril de 2021).

[7] Ibídem.


lunes, 19 de abril de 2021

Fin del outsourcing, un tipo de explotación laboral


Rebelión / CLAE

Por Gerardo Villagrán del Corral *

El presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador (AMLO) dio a conocer la consecución de un importante acuerdo entre dirigentes sindicales, empresariales, los coordinadores de las bancadas mayoritarias en la Cámara de Diputados y su gobierno en materia de subcontratación y reparto de utilidades, y en beneficio de miles de trabajadores del “outsourcing”.

Desde noviembre del año pasado, AMLO presentó una iniciativa de reformas a las leyes del Instituto Mexicano del Seguro Social, del Impuesto al Valor Agregado y Federal del Trabajo, con el propósito de poner fin a esa práctica, conocida como outsourcing, que por décadas permitió a los patrones eludir obligaciones legales con sus trabajadores.

La iniciativa generó de inmediato expresiones de rechazo por parte de los organismos cúpula empresariales, pero luego se sentaron en las negociaciones con el gobierno y los sindicatos.

Carlos Romero Aranda, Procurador Fiscal mexicano, señaló que de cuatro mil empresas dedicadas a este negocio, sólo 40 cumplen con sus impuestos. Las irregularidades en el pago de obligaciones vinculadas al trabajo alcanzan varios esquemas.

Asimismo, advirtió que la subcontratación no se limitó a ser un mecanismo para que las empresas redujeran costos: el abuso llegó al grado de que además de subregistrar a los trabajadores con salario mínimo, se les daba de alta frente al Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) sólo un día del mes.

Muchas de las empresas dedicadas a la prestación de estos servicios son de papel; cuando se inician acciones de fiscalización desaparecen y luego abren otra razón social, con lo que dejan una estela de adeudos incobrables.

El director general del IMSS, Zoé Robledo, expuso que en un caso reciente se encontró que los trabajadores estaban registrados con un sueldo base de 166 pesos. Iniciadas las auditorías se encontró que éste debía ser de 865, 421 por ciento más. “De ese tamaño se ha abusado de estos modelos”, añadió.

Destacó que tres empresas concentran 242 mil puestos de trabajo en tercerización, con un salario promedio de cotización de 243 pesos, cuando el promedio en el sector ronda 386. Esto representa una evasión en cuotas obrero-patronales de 773 millones de pesos anuales, además de todos los derechos laborales que se vulneran a los empleados. Indicó que, además de dar seguimiento a las factureras y a las empresas que omiten el pago de contribuciones laborales, también se sigue los actos de corrupción de políticos.

En el curso de las conversaciones tripartitas de esta semana se agregó el asunto del reparto de utilidades, una obligación que en el marco legal actual puede ser minimizada o eludida por los empleadores mediante triquiñuelas legales y también, desde luego, por medio de la subcontratación, lo que en los hechos resulta nugatorio de ese derecho laboral.

En la reunión con el mandatario hubo acuerdo para prohibir la subcontratación de personal, la regulación para subcontratar servicios especializados distintos del objeto social y de la actividad económica preponderante de la empresa contratante, así como la creación de un registro en la Secretaría del Trabajo de un padrón de empresas de subcontratación de servicios y obras especializadas.

El Consejo Coordinador Empresarial (CCE) afirmó que propuso la creación de dos modalidades para que los propios trabajadores definan su reparto de utilidades: con un límite de tres meses de salario o con el promedio de la participación recibida en los últimos tres años.

La Fiscalía, mientras tanto, explicó que se investiga por defraudación fiscal a cualquier funcionario o exfuncionario público que recibió ingresos no reportados o que no van con su declaración patrimonial. Busca investigar por delincuencia organizada, operaciones con recursos de procedencia ilícita y defraudación fiscal.

* Gerardo Villagrán del Corral. Antropólogo y economista mexicano, asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)


miércoles, 3 de marzo de 2021

Por la vida y la humanidad, contra el capitalismo


Jornada

Por Gilberto López y Rivas 

Múltiples iniciativas de organización y resistencia se están desplegando en los frentes de lucha de los pueblos, pese a la emergencia sanitaria de una pandemia que agrava, amplía y profundiza la crisis sistémica y civilizatoria del capitalismo.

El primero de enero, en el 27 aniversario de la rebelión del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), centenares de colectivos de muy diversas identidades, causas y latitudes hicieron público un trascendente documento dirigido a los pueblos del mundo: a las personas que luchan en los cinco continentes, en el que destacan que, no obstante diferencias, antagonismos y distancias de toda índole posible, les unen los dolores de la tierra: la violencia contra las mujeres, la persecución y desprecio a los diferentes en su identidad afectiva, emocional, sexual; el aniquilamiento de la niñez; el genocidio contra los originarios; el racismo; el militarismo; la explotación; el despojo; la destrucción de la naturaleza (http://enlacezapatista.ezln.org.mx/ 2021/01/01/primera-parte-una-declaracion -por-la-vida/).

Coinciden, también, en el entendimiento de que es un sistema el responsable de estos dolores. El verdugo es un sistema explotador, patriarcal, piramidal, racista, ladrón y criminal: el capitalismo. Un sistema que no es posible reformar, educar, atenuar, limar, domesticar o humanizar. Estas premisas llevan a un compromiso de lucha, “en todas partes y a todas horas –cada quien en su terreno– contra este sistema hasta destruirlo por completo. La supervivencia de la humanidad depende de la destrucción del capitalismo. No nos rendimos, no estamos a la venta y no claudicamos”.

El escrito señala una certeza que da dimensión y alcances al movimiento en marcha: la lucha por la humanidad es mundial. Así como la destrucción en curso no reconoce fronteras, nacionalidades, banderas, lenguas, culturas, razas; así, la lucha por la humanidad es en todas partes, todo el tiempo.

Expresan su firme convicción por el respeto a la diferencia, dado que hay muchos mundos que viven y luchan en el mundo. En la diversidad de la humanidad está su semejanza, por lo que toda pretensión de homogeneidad y hegemonía atenta contra la esencia del ser humano: la libertad. Lo que permite avanzar no es imponer miradas, pasos, compañías, caminos o destinos, sino la escucha y mirada de lo otro que, distinto y diferente, tiene la misma vocación de libertad y justicia.

Por estas coincidencias, y sin dejar de ser lo que son, acordaron, en primer lugar, realizar encuentros, diálogos, intercambio de ideas, experiencias, análisis y valoraciones entre quienes nos encontramos empeñados, desde distintas concepciones y en diferentes terrenos, en la lucha por la vida. En segundo término, deciden que estos encuentros y actividades se realicen en los cinco continentes, iniciando por el europeo, durante los meses de julio, agosto, septiembre y octubre de este año, con la participación directa de una delegación mexicana conformada por el CNI-CIG, el Frente de Pueblos en Defensa del Agua y de la Tierra de Morelos, Puebla y Tlaxcala, y el EZLN.

Por último, los y las convocantes invitan “a quienes comparten las mismas preocupaciones y luchas parecidas, a todas las personas honestas y a todos los ‘abajos’ que se rebelan y resisten en los muchos rincones del mundo, a que se sumen, aporten, apoyen y participen en estos encuentros y actividades; y a que firmen y hagan suya esta Declaración por la Vida”.

En la quinta Asamblea del Congreso Nacional Indígena-Concejo Indígena de Gobierno, realizada a finales de enero, resultó un pronunciamiento, en el que apoyan esta Declaración por la Vida, comprometiéndose a fortalecer sus luchas por esta defensa de la vida en sus territorios, y abriendo la escucha, la organización y la palabra con nuestr@s herman@s de México y el mundo que luchan contra el sistema capitalista y patriarcal con el objetivo de desaparecerlo. Asimismo, acuerdan: 1. Participar en la gira por Europa y en las de Asia, África, Oceanía y América; 2. Realizar acciones contra los megaproyectos y en memoria de Samir Flores Soberanes, a dos años de su asesinato, y 3. Exigir el cese al ataque y el hostigamiento a las comunidades zapatistas, así como demandar la libertad inmediata de sus presos políticos en varias entidades y la aparición con vida de los 43 estudiantes de Ayotzinapa.

Por su parte, quienes integraron la Asociación Civil que apoyó a la vocera Marichuy en su campaña para una candidatura independiente a la Presidencia de la República, conformaron el colectivo de apoyo al CNI-CIG-EZLN: Llegó la Hora de los Pueblos, que busca acompañar sus acciones en defensa de la vida con paz, justicia y dignidad, y debido a la continuidad del proceso de recolonización de los territorios, mediante megaproyectos, militarización y paramilitarización (La Jornada, 1/2/21).

El fantasma de Chinameca se apareció en Huexca, Morelos.


jueves, 30 de julio de 2020

La lucha política y el "otro bando"


Por Juan J. Paz-y-Miño Cepeda 

Los conflictos políticos entre liberales y conservadores, que caracterizaron el primer siglo de vida republicana en América Latina, no estuvieron ajenos a la intolerancia e incluso a la guerra civil.

A mediados del siglo XIX en Argentina y México lograron implantarse las primeras reformas liberales; en Colombia, en cambio, el bipartidismo, que no descartó la lucha armada en sus enfrentamientos, se extendió hasta el siglo XX; y en Ecuador el triunfo liberal solo fue posible por la revolución armada, en 1895.

La violencia, la persecución a los contrarios, la arbitrariedad procesal, la cárcel y la imposición de gobiernos autoritarios o de dictaduras, han formado parte de las disputas políticas latinoamericanas del siglo XX incluso una vez que el viejo bipartidismo fuera superado y que en su lugar surgiera la pluralidad de partidos políticos y se lograra progresos significativos en la democracia representativa.

Pero el avance de fuerzas sociales y políticas capaces de cuestionar seriamente los poderes tradicionales, siempre fue visto como el peligro mayor. Colombia ofrece uno de los ejemplos históricos más significativos: la explosión social y el apoyo popular a Jorge Eliécer Gaitán (1903-1948) lucían como un riesgo al poder. La solución fue doble: no solo el asesinato del carismático líder, sino la creación, una década más tarde, del “Frente Nacional”, por el cual conservadores y liberales se turnarían en el gobierno durante los próximos 16 años (1958-1974). Sin embargo, con ello excluyeron la posibilidad de acceso al poder de otros sectores y especialmente de las izquierdas, lo cual explica el agravamiento de la violencia en el país, que desde la década de 1960, experimentó el indetenible fortalecimiento de distintos grupos guerrilleros.

La guerra fría, instalada en América Latina desde el triunfo de la Revolución Cubana (1959), sirvió para marginar todo intento de toma del poder por parte de las fuerzas de izquierda; y los gobiernos militares terroristas inaugurados por Augusto Pinochet en Chile en 1973 (en Brasil había dictaduras militares desde 1964), inspirados en el irracional anticomunismo de la época, se propusieron exterminar al marxismo y liquidar a toda izquierda, para lo cual despreciaron la vida, privilegiando las torturas, asesinatos, desapariciones y violaciones a los derechos humanos, que se convirtieron en fenómenos inéditos en la historia contemporánea de la región. Por cierto, en los países donde no se establecieron semejantes regímenes, las derechas empresariales y políticas, normalmente en forma privada, pero también en forma pública, solían argumentar que era necesario “un Pinochet” en su respectivo país (en Ecuador ese ideal formaba parte de las conversaciones y reuniones cotidianas), para acabar con tanto “comunismo”, que para esos sectores comúnmente representaban las luchas obreras y campesinas, la movilizaciones de las clases medias, las reivindicaciones por los derechos laborales y sociales, la demanda por mejora en las condiciones de vida e incluso la protección al medio ambiente.

Pero también es posible hallar momentos históricos en los cuales el odio político se despliega sin control. El ejemplo contemporáneo para América Latina se halla en Argentina, y tuvo como protagonista central a Juan Domingo Perón (1895-1974), quien ejerció la presidencia del país entre 1946-1952 y 1952-1955 (administraciones destacables, porque no fue igual su tercera presidencia entre 1973-1974).

Perón fortaleció una economía social, un poder con base popular y una orientación nacionalista. Amplió los servicios públicos, la protección a los trabajadores y la sindicalización, las reformas para mejorar la calidad de vida de las masas, la industrialización, la afectación a grandes intereses económicos tradicionales. El papel de Eva Duarte, “Evita”, fue fundamental en el apoyo a la obra social. El “populismo” demostró sus virtualidades para superar el régimen oligárquico y construir un modelo capitalista regulado por el Estado. Pero el peronismo ha merecido innumerables estudios y las polémicas persisten entre los mismos académicos, dependiendo de que se acentúe la visión sobre los indudables progresos sociales o la forma autoritaria que se atribuye a su gobierno.

En todo caso, las elites del poder (para utilizar un concepto de Charles Wright Mills) no perdonaron al régimen de Perón, por la ruptura histórica que representaba. En septiembre de 1955 un golpe de Estado derrocó a Perón e instauró la dictadura del general Eugenio Aramburu (1955-1958). Se definió como “Revolución Libertadora”; pero, al mismo tiempo que se volcaba a favor de la oligarquía liberal y a los intereses del gran capital interno y de los norteamericanos, intervino en los sindicatos y la Confederación General de Trabajadores, así como pasó a implementar la “desperonización” de la sociedad, que incluyó fusilamientos y cárcel. El 5 de marzo de 1956 promulgó el decreto-ley 4161 (complemento de otro, el 3855), que declaró fuera de la ley al peronismo, con disposiciones de alcances inusitados, como las de prohibir que se utilice el nombre del general Perón, el uso de fotografías, retratos o esculturas relacionados con funcionarios peronistas o sus parientes (fueron destruidas obras de arte y estatuas), el empleo de otras fórmulas relacionadas como “peronismo”, “peronista”, “justicialismo”, o “tercera posición”, la prohibición de las fechas exaltadas por el anterior régimen, las composiciones musicales o fragmentos de “Marcha de los muchachos peronistas” o también “Evita Capitana”. Las propias fuerzas armadas fueron depuradas. Resultó imposible pensar en la participación electoral de los peronistas, pues quedó bloqueada. Y se llegó al extremo de secuestrar el cadáver de Evita, que pasó de un reparto a otro, hasta su paradero final en un cementerio de Milán, en Italia y con un nombre falso, donde permaneció largo tiempo. La proscripción oficial del peronismo duró hasta 1964.

La política empresarial, antilaboral y antisocial ocasionó la “Resistencia Peronista”, que expresó a múltiples sectores, con acciones populares, huelgas, boicot productivo, manifestaciones y también acciones clandestinas, explotación de bombas y otros atentados, que antecedieron a la conformación de grupos guerrilleros. Paradójicamente, a despecho de lo que creían sus enemigos, el peronismo se convirtió en una fuerza política e histórica de Argentina, que tiene vigencia hasta el presente, pues fue la base de respaldo del kirchnerismo y, sin duda, del triunfo presidencial de Alberto Fernández el año pasado.

Esta, que parece una historia del pasado, tiene suficientes elementos para comparar con el presente, porque el ensañamiento y la persecución política siguen caracterizando la vida latinoamericana, a pesar de los avances modernizantes. El ejemplo más significativo está en Brasil. Los estudios que se han realizado en Latinoamérica, no han podido soslayar el hecho de que el lawfare, el contubernio de los medios de comunicación más influyentes, la judicialización forzada y selectiva, el afán por desmontar lo construido en cuanto a beneficios sociales, el deseo por recuperar la vía neoliberal-empresarial de desarrollo, a fin de garantizar el dominio de la elite económica tradicional, fueron cuidadosamente empleados para perseguir a Luiz Inácio Lula da Silva (presidente entre 2003-2010), desmontar sus logros y proscribir su figura política.

Argentina del pasado o Brasil en la historia más reciente, han sido el punto de referencia para que el camino de la política del odio contra el otro, se convierta en modelo, atropellando leyes y derechos. Pero las condiciones históricas no son las mismas que tuvo la época de Aramburu. De modo que ya no es posible ocultar las políticas de revanchismo selectivo ante el mundo y mucho menos ante las poblaciones nacionales. Tampoco es posible burlar las institucionalidades nacionales e internacionales sin consecuencias jurídicas y políticas. Como lo demostró el peronismo, los pueblos forjan ideales que los golpes no logran destruir.

martes, 30 de julio de 2019

Carta a Leo Eloesser



Por Frida Kahlo

Nota de edición: El 6 de julio de 1907 nacía una mujer irremplazable, irrepetible: Frida Kahlo. Cuerpo abierto por las heridas, alma quebrantada por el dolor, pintora de su propia vida. La recordamos hoy mediante esta carta a su buen amigo, el doctor Leo Eloesser.

24 de junio de 1944

Queridísimo doctorcito Eloesser:

Realmente tienes razón de sobra para regañarme porque nunca te escribo, pero ya sabes que a pesar de todo, te quiero hartísimo y nunca te olvido.

Ahora te estoy escribiendo desde la cama porque sigo “fregada” de la espina. Cada día estoy peor. Vi al Dr. Alejandro Velazco Zimbrón que es un famoso cirujano de huesos aquí. Me ordenó un “corset” que llevo desde hace cinco meses. Al principio me costó mucho trabajo acostumbrarme, pues es de la chingada aguantar esa clase de aparatos, pero no puedes imaginarte cómo me sentía de mal antes de ponerme ese aparato. Ya no podía materialmente trabajar pues me cansaba de todos los movimientos por insignificantes que fueran. Me mejoré un poco con el “corset” pero ahora vuelvo a sentirme igual de mal, y estoy ya muy desesperada pues veo que nada mejora la condición de la espina. Me dicen los médicos que tengo inflamadas las meninges, pero yo no me acabo de explicar cómo está el asunto, pues si la causa es que la espina debe estar inmovilizada para evitar la irritación de los nervios ¿cómo es que con todo y corset vuelvo a sentir los mismos dolores y las mismas friegas?

Oye lindo, esta vez que vengas por lo que más quieras en la vida, explícame qué clase de chingadera tengo y si tiene algún alivio o me va a llevar la tostada de cualquier manera. Algunos médicos vuelven a insistir en operarme pero no me dejaría operar si no fueras tú quien lo hiciera en caso de que sea necesario.

Del caballete yo quisiera que fueras tan bueno de echarlo en un tren que me lo traiga acá, pues ahora lo necesito mucho porque les presto a veces los dos míos a los muchachos de mi clase. Yo pagaré aquí lo que cueste el transporte por express. ¿Quieres hacerme ese gran favor?

Tengo mucho gusto de que vengas pues tú sabes cómo te quiero. Perdóname que no te escriba mucho ni te cuente cosas porque aún de escribir me canso rete harto.

Te mando miles de besos y mi corazón.

Tuya, Frida.

Mi querido doctorcito. Correspondencia entre Frida Kahlo y Leo Eloesser  

lunes, 24 de junio de 2019

El acuerdo migratorio suspende la embestida arancelaria de Trump contra México



Por Gerardo Villagrán del Corral *

Tras siete días de negociaciones, la crisis con México provocada por el presidente estadounidense Donald Trump se solucionó temporalmente con el anuncio de un acuerdo que evita una guerra comercial unilateral rechazada incluso por la cúpula política y económica de Estados Unidos.
Trump abandonó varios días de chantajes y amenazas que incluían la imposición de un arancel de entre 5 y hasta 25 por ciento a las exportaciones mexicanas enviadas a EEUU y respaldó el acuerdo por el que se suspende de manera indefinida la imposición de las tarifas aduanales, que calma las aguas. En el mismo, México se comprometió a reforzar las acciones para reducir la migración irregular que transita por su territorio procedente, sobre todo, de Guatemala, Honduras y El Salvador.

“Me complace informarles que Estados Unidos de América ha logrado un acuerdo firmado con México. Las tarifas programadas para ser implementadas por EE.UU. el lunes contra México, son así suspendidas indefinidamente”, tuiteó Trump pasadas las ocho de la noche, tras regresar de Europa. Y añadió que México ha acordado tomar medidas firmes para frenar la marea de migración por ese país, y hasta “nuestra frontera sureña. Esto se está haciendo para reducir en gran medida, o eliminar, la inmigración ilegal llegando desde México y a Estados Unidos”.

Trump continuó jugando con México hasta el último momento, con un tira y afloja incesante acerca de si procedería o no con su amenaza, advirtiendo que aunque podría haber un acuerdo, deseaba usar su arma arancelaria. “Si logramos un acuerdo con México, ellos empezarán a comprar productos granjeros y agrícolas a niveles muy altos, empezando de inmediato, escribió en un tuit en ruta a Washington, dando a entender que había avances y a la vez provocando consternación, porque por primera vez no vinculó comercio con migración ni siquiera mencionó a los inmigrantes.

Pero el acuerdo, si bien no marca un gran cambio ni contiene casi nada nuevo, le sirve a Trump para evitar un conflicto mayor con el Congreso y morigeró la inusual confrontación pública con legisladores republicanos, así como la creciente oposición de sectores empresariales y financieros que advertían de las consecuencias dañinas de los aranceles no sólo contra México, sino sobre los estadounidenses.

Los analistas estadounidenses y mexicanos están seguros que en los preámbulos de la campaña electoral 2020, Trump, amenazado de un juicio político por el Congreso, no abandonará uno de sus caballitos de batalla, el tema migratorio, y seguramente ésta no será la última negociación. Ya está programado un posible segundo acto para dentro de tres meses: la revisión del acuerdo.

La declaración conjunta de las cancillerías afirma que, ante la emergencia humanitaria y la situación de seguridad prevalecientes de la migración centroamericana, los gobiernos de México y EEUU trabajarán conjuntamente para alcanzar una solución duradera.

El canciller mexicano Marcelo Ebrard informó que el acuerdo de cuatro puntos incluye un incremento significativo de parte de México de la aplicación de la ley con la finalidad de reducir el flujo migratorio, empezando con un despliegue más acelerado de la Guardia Nacional. Señaló que se dará prioridad a los 11 municipios de la frontera sur, de manera que este despliegue empezará el lunes y dentro de un programa nacional que ya estaba en curso.

El segundo punto es ampliar el programa denominado Permanecer en México a toda la frontera donde los solicitantes de asilo que cruzan a EEUU serán retornados sin demora a territorio mexicano, donde esperarán la resolución de sus casos por las autoridades estadunidenses. En el acuerdo no se fijaron cuotas específicas.

El tercer punto establece la disposición de ambos países para que si las medidas adoptadas no tienen los resultados esperados, continuarán pláticas sobre otras acciones posibles en un plazo de 90 días.

Ebrard, satisfecho con el acuerdo, afirmó que Washington reiteró su compromiso con la iniciativa mexicana para fomentar el desarrollo económico regional –en el sur de México y Centroamérica– para abordar las causas a fondo de la migración y dijo que aunque los estadounidenses propusieron que México se convirtiera en tercer país seguro, eso no se plasmó en el acuerdo.

El presidente Andrés Manuel López Obrador celebró el acuerdo alcanzado y dijo que gracias al apoyo de todos los mexicanos se logró evitar la imposición de aranceles a los productos mexicanos y anunció un acto de unidad en defensa de la dignidad de México y en favor de la amistad con el pueblo de EEUU en Tijuana. Poco antes se había p´ronucniado contra del aislamiento y la construcción de murallas, y pidió respaldar a Centroamérica: En la medida que se voltee a ver hacia los pueblos del sur y se actúe de manera solidaria con ellos, vamos a tener también en el norte una mejor convivencia.

López Obrador confirmó el despliegue de más de seis mil elementos de la Guardia Nacional (GN) en la frontera sur para frenar y acompañar la repatriación de personas en tránsito. Es mejor mantener a los migrantes en el sur a que se trasladen al norte, donde corren más peligro ante el acoso de bandas criminales, dijo. Explicó que, por ley, México debe frenar el flujo migratorio sin hacer uso de la fuerza y, a la vez, ayudar a Estados Unidos sin violar los derechos humanos.

La decisión del gobierno federal de enviar seis mil agentes de la Guardia Nacional (GN) a la frontera sur dividió opiniones de los políticos. Senadores opositores del PAN y el PRD sostuvieron que López Obrador cedió a las presiones de Washington y calificaron la solución como errática y riesgosa, ya que EEUU seguirá presionando.

Académicos, expertos en migración y organizaciones de la sociedad civil consideraron que militarizar la frontera sur, a través de la Guardia Nacional no garantiza la contención y disminución de la migración, y por el contrario posibilita que se violen los derechos humanos y separar familias.

Señalarton que una gestión de la migración con un enfoque de seguridad militarizada en la frontera sur del país no garantiza que los flujos disminuyan. Ante el contexto que enfrenta la zona, las personas seguirán saliendo de sus países porque no tienen otra opción. Las consecuencias de una política migratoria restrictiva son la invisibilización y vulnerabilidad de las personas en tránsito, resaltaron.

Sin acuerdo, ¿se desestabilizaría México?

El acuerdo eliminó por ahora uno de los riesgos al crecimiento, por afectar de manera directa a la actividad exportadora que contribuye con un tercio del valor de la economía mexicana, y hubiera tenido efecto directo sobre el crecimiento, la inflación y el tipo de cambio.

El último año, México exportó a Estados Unidos mercancías por 349 mil 600 millones de dólares, lo que representó 83 por ciento de sus exportaciones nacionales, según cifras oficiales. El sector exportador contribuye con una tercera parte del valor total de la economía mexicana. En el primer cuatrimestre de 2019, México fue el segundo proveedor de bienes y mercancías a EEUU (14,5% de las importaciones totales) detrás de China (16.6%).

Los aranceles que Trump amenazó con imponer a los productos mexicanos representaban un costo para los consumidores estadounidenses de 17 mil millones de dólares, según calculó el Grupo Consultor de Mercados Agrícolas, dado el encarecimiento de los productos que México exporta a EEUU, entre los que se cuentan autopartes, autos, pantallas de televisor, electrodomésticos y bienes de consumo cotidiano, como cerveza, aguacate y mango, entre muchos otros.

Para México una imposición de gravámenes también tendría impacto sobre la economía y las finanzas. El Grupo Financiero Banorte alertó que se habría aumentado el tipo de cambio, con el efecto directo en el costo de las importaciones nacionales (el país compra en el exterior 70% de la gasolina que consume, por ejemplo) y en el costo de las deudas de gobierno y empresas cuyo servicio se paga en moneda extranjera.

La conclusión ineludible es que México se encuentra obligado a una revisión profunda de su modelo económico con el fin de generar un verdadero crecimiento de su economía que vaya de la mano del desarrollo y no del sacrificio de las grandes mayorías sociales, y que permita rescatar la plena soberanía en todos los ámbitos de su quehacer interno, señala un editorial del diario La Jornada.

* Gerardo Villagrán del Corral:  Antropólogo y economista mexicano, asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)

sábado, 15 de junio de 2019

Trump, amenazado por un juicio político, castiga con aranceles a México por no frenar la migración


Por Gerardo Villagrán del Corral

El presidente estadounidense Donald Trump, preocupado por las acusaciones del Congreso de obstrucción de la justicia, anunció que impondrá en 10 días aranceles del 5% contra toda importación de México hasta que este país frene el flujo migratorio hacia la frontera estadounidense, originado por las políticas que Washington impone en la región centroamericana.
La prisa de Trump en anunciar esta nueva agresión fue que 24 horas antes el fiscal especial Robert Mueller declaró que su investigación no exoneró a Trump, pero que según las normas del Departamento de Justicia, no podía formular cargos contra un presidente en funciones, e indicó que la Constitución tiene otro mecanismo para ese fin, dejando claro, que se estaba refiriendo al juicio políitico por el Congreso (impeachment).

Demócratas de alto perfil continuaron proclamando que la única solución es proceder hacia un proceso de destitución. La senadora y precandidata presidencial Elizabeth Warren dijo a la prensa que si Trump “fuera cualquier otro y no el presidente, estaría esposado y acusado… Yo no rendí juramento para apoyar a Donald Trump. Yo juré apoyar la Constitución… y por eso, el impeachment”.

Los aranceles a las importaciones se consolidan como arma de presión de la administración Trump. Su próximo destinatario, México, aunque en realidad vayan a ser los consumidores estadounidenses quienes paguen la factura. México es, después de Canadá, el segundo mayor importador a Estados Unidos, y su primer proveedor de productos agrícolas y alimentos

Dura respuesta de López Obrador

Por tuit, el mandatario añadió que los aranceles “se incrementarán gradualmente hasta que sea remediado el problema de la inmigración ilegal”, lo que produjo una dura réplica del presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador, quien sostuvo que “no me falta valor, no soy un cobarde ni timorato, sino que actúo por principios: creo en la política que, entre otras cosas, se inventó para evitar la confrontación y la guerra”.

Difundida a través de su cuenta Twitter, López Obrador anunció que una delegación encabezada por el canciller Marcelo Ebrard buscará en Washington un acuerdo en beneficio de las dos naciones, y aseguró que los problemas sociales no se resuelven con impuestos o medidas coercitivas, tras llamar a Trump a profundizar en el diálogo y a que “actuemos con prudencia y responsabilidad para buscar alternativas de fondo al problema de la migración”.

AMLO también le recordó su propuesta de optar por la cooperación y el desarrollo para la región, a lo que el mandatario estadounidense respondió que de persistir la crisis, los aranceles se elevarán a 10% el primero de julio y uego 5% adicional cada mes durante tres meses. Indicó que los aranceles se mantendrán permanentemente al nivel de 25 por ciento “a menos y hasta que México frene sustancialmente el flujo ilegal de extranjeros entrando por su territorio”.

Acusó que la cooperación pasiva de México en permitir esta incursión masiva de migrantes constituye una emergencia y una amenaza extraordinaria a la seguridad nacional y economía de Estados Unidos, y dijo que México “fácilmente podría frenar el flujo ilegal de migrantes”, pero ha permitido que esta situación continúe durante muchos años.

Trump señaló que una nación sin fronteras no es una nación. “No me quedaré esperando más y permitir que nuestra soberanía sea erosionada, nuestras leyes pisoteadas o nuestras fronteras no respetadas”, dijo, mientras su equipo de asesores debaten las posibles consecuencias de esta decisión: un impacto negativo en los mercados internacionales y minar la aprobación de la nueva versión del tratado de libre comercio, el T-MEC.

No está claro, siquiera, si el presidente tiene la autoridad para emplear el arma de aranceles para responder a un tema no comercial, en este caso la política migratoria (podría enfrentar disputas en los tribunales) y por eso Trump invocó la autoridad de la Ley de Poderes de Emergencias Económicas Internacionales, en el contexto de lo que ya ha calificado de emergencia nacional, algo que ya había declarado en torno al control de la frontera

Los analistas de Washington señalan que en esta ofensiva, Trump fue asesorado para anunciar nuevas restricciones sobre asilo que implicarían cerrar la puerta de ingreso a los refugiados centroamericanos, lo que prohibiría que migrantes soliciten asilo si han residido en un país diferente al suyo antes de llegar a EEUU, aplicable a todo centroamericano que primero pase por México..

En México

No hay justificación para que, por motivos migratorios, Estados Unidos imponga aranceles a todos los productos que México envía a esa nación, una medida que, de concretarse, sería gravísima para el país, declaró el subsecretario para América del Norte de la Secretaría de Relaciones Exteriores, Jesús Seade Kuri.

Desde la cancillería Seade Kuri indicó que lo correcto sería responder ojo por ojo, aplicar un 5 por ciento a todas las importaciones de Estados Unidos; sin embargo, ello sería irse hacia la jungla cuando queremos construir algo bueno. Más bien hay que hablar duro con ellos y decir que no se vale.

Por su parte, AMLO solicitó al Senado un periodo extraordinario de sesiones para que ratifique el Tratado entre México, EEUU y Canadá (T-MEC). Envió a funcionarios de alto nivel a ese órgano legislativo para que entreguen el documento del acuerdo comercial, el protocolo y el reporte, confiado en que se aprobará el tratado, para lo cual se requiere mayoría simple, y rechazó contar con un plan B o que se reabra la negociación.

Toda crisis es oportuna para los negocios. El Bank of America Merrill Lynch ofreció al presidente López Obrador montos importantes de inversión, “y estamos dispuestos a seguirlo apoyando en la medida que vayan saliendo los proyectos, hasta que sean una realidad”, aseguró el director general de la entidad financiera en el país, Emilio Romano Mussali, al salir de un encuentro privado de casi una hora con el mandatario mexicano.

* Gerardo Villagrán del Corral: Antropólogo y economista mexicano, asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)

viernes, 31 de mayo de 2019

Identidades trans contra modelos hegemónicos

SEMlac

Por Sara Más

Activistas trans de Uruguay, Argentina, México y Cuba reiteraron en La Habana la necesidad de fortalecer el activismo a favor de sus derechos y en contra de la criminalización de sus vidas, durante la realización del espacio para el diálogo Enredes, en la XII Jornada Cubana contra la Homofobia y la Transfobia. 
"La identidad trans es una subversión que siempre interpela lo hegemónico", aseguró la uruguaya Alejandra Collette Spinetti durante la realización del panel "Subversiones y resistencias desde las identidades trans: complejidades en el escenario latinoamericano, efectuado el 10 de mayo en el Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex). 
"La colonización no terminó cuando nuestros países se independizaron políticamente, sino que continúa y explica la réplica de modelos cisgeneristas, blancos, de represión y violencias, donde el poseedor de capital domina a los más pobres", sostuvo la docente de literatura y danza, única mujer trans en un cargo directivo en su país. 
En ese contexto, aplicable a la región, las personas con identidades trans son las más pobres, dominadas y confinadas al lugar de la periferia social y la no inclusión, obligadas a vivir en la clandestinidad y expuestas a discriminaciones, enfermedades y muertes, abundó. 
Spinetti insistió en la necesidad de que el activismo continúe la lucha a favor de los derechos de las identidades trans y a la vez dé un salto hacia la generación de un pensamiento trans que genere logros, visibilidad e incidencia política. 
"Los cuerpos trans son cuerpos de luchas internas y externas", reconoció y dijo que la liberación y deconstrucción de lo hegemónico es de por vida. 
En ese camino emancipador se necesita de políticas y las leyes que protejan los derechos de las identidades trans, aunque no basta con ello, de acuerdo con la experiencia de países como Argentina y Uruguay, agregaron participantes al encuentro. La activista argentina Alba Rueda consideró que el logro de una ley de identidad de género desde 2012 fue sin duda un paso crucial en su país que las dotó de un instrumento jurídico para la protección de los derechos. 
No obstante, la interpretación de esa ley crucial, en el día a día. "Cada agente judicial la interpreta a su manera", indicó Rueda, coordinadora de la agrupación de Mujeres Trans en la nación suramericana. 
Además de la denuncia de actos de discriminación, se necesita del reconocimiento de derechos y la eliminación de la opresión que se ejerce sobre un grupo humano, en este caso las identidades trans, para que realmente se haga justicia. 
Entre otros datos ilustrativos de la situación y condiciones de desventajas que vivencian las identidades trans, precisó que entre 80 y 90 por ciento de esas personas continúan atrapadas en la prostitución, viven el acoso, la falta de empleo, educación y salud. 
Durante el encuentro se reiteró que junto a la lucha legal por el reconocimiento de los derechos, debe ir la del respeto a esos derechos. De ahí que Spinetti reivindicara que, a la par de las leyes, debe trabajarse en promover el cambio cultural en las sociedades. 
Ese vuelco incluye la representación que hace y reproduce en el imaginario social, los medios de comunicación y los productos de consumo cultural y de entretenimiento, señalaron participantes desde el público. 
En de las sociedades, además, existen espacios en los que se agrava la vulnerabilidad, la discriminación, la salud y todo tipo de riesgo para las identidades trans, como ocurre en los ámbitos carcelarios. 
Se trata de escenarios apenas explorados, pero que necesitan de intervención e influencias, de acuerdo con la experiencia de la activista mexicana Ari Vera, quien creó en 2015 el proyecto Almas cautivas, para ayudar a cambiar la situación de las mujeres trans que cumplen sanción privadas de libertad en la capital mexicana. 
"Todo lo que nos ocurre en la vida diaria de la sociedad sucede también en los ámbitos carcelarios, solo que de manera agravada", explicó. "La construcción de la identidad trans es anulada en los centros penitenciarios". 
Expuso como ejemplos que las mujeres trans se ven obligadas casi siempre a cumplir sanción en prisiones de hombres, ajustar sus cuerpos y comportamientos al canon masculino y, por tanto, se les limita la expresión de sus identidades trans. 
"Al menos en las cárceles de la capital mexicana, el activismo y las luchas de la comunidad trans han logrado algunos cambios y el reconocimiento de sus derechos en esos espacios, pero en el resto del país la situación sigue siendo la misma de siempre", reflexionó.

viernes, 24 de mayo de 2019

Cepal: Plan de desarrollo integrador para Centroamérica y México, no de seguridad nacional



Por Gerardo Villagrán del Corral  *

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), presentó el Plan de Desarrollo Integral para El Salvador, Guatemala, Honduras y el sureste de México, con la meta de solucionar a través de la integración, el problema migratorio, para lo cual el desarrollo económico debe colocarse en el centro de la solución.
La Cepal hizo 30 recomendaciones o propuestas distribuidas en cuatro ejes programáticos: desarrollo económico, bienestar social, sustentabilidad ambiental y gestión integral del ciclo migratorio, pero todo “enfocado en la seguridad humana, no en la seguridad nacional”, señaló el presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador.

Ese es el verdadero cambio de paradigma: nos vamos a ir por la seguridad de las personas, sus derechos, su medio de vida y no la seguridad de las fronteras en términos de seguridad nacional, dijo el mandatario. Para Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de Cepal, este plan logrará que “la migración sea una opción y no una obligación”.

López Obrador sostuvo que ahora se entrará a una fase diplomática: convencer, sobre todo, al gobierno de Estados Unidos para que se pueda llegar a un acuerdo y hacer realidad este enfoque “que nos conviene a todos”. Dijo que la propuesta está centrada en el desarrollo regional en una zona que vive con la paradoja de contar con grandes riquezas naturales y tener pueblos pobres. Mediante este plan, cuya instrumentación podría operar un nuevo organismo, se logrará atemperar los flujos migratorios, añadió.

“Ya no queremos cooperación para reforzar medidas de fuerza, no queremos el Plan Mérida, no queremos helicópteros artillados, no queremos ese tipo de ayuda. Queremos cooperación para el desarrollo, porque eso es lo que nos va a permitir serenar al país, a serenar a Centroamérica, dijo López Obrador.

El mandatario mexicano aseveró que algunos funcionarios del gobierno estadounidense, incluido el presidente Donald Trump, tienen interés en analizar el planteamiento y que existe hasta un compromiso de inversión para Centroamérica y México, “pero falta que podamos llegar a la firma de un acuerdo y de esta forma no sólo definir recursos para la aplicación de programas, sino también el papel que le corresponde a cada gobierno”.

El canciller mexicano Marcelo Ebrard, informó que desde la elaboración conjunta de dicho plan con la Cepal y los gobiernos centroamericanos, existe un compromiso para que, de alcanzarse el acuerdo general, se instrumente en una década, a través de una hoja de ruta que implicará inversiones anuales de unos de 10 mil millones de dólares, para aumentar a 25 por ciento la proporción respecto del producto interno bruto.

Ebrad señaló, asimismo, que se realizan gestiones con Canadá y Japón, para integrar apoyos y se espera contar con el respaldo de países de la Unión Europea. En principio, Alemania está dispuesta a invertir en la región 80 millones de euros, añadió, sin hacer referencia a posibles inversiones chinas, lo que hubiera impedido el esperado respaldo del gobierno estadounidense.

La instrumentación del plan permitirá impulsar el desarrollo, con programas en los cuales ya quede definido el rol que va a jugar cada gobierno para que los centroamericanos y mexicanos puedan trabajar y desarrollarse donde nacieron, donde tienen sus familias, sus costumbres y sus culturas.

La gente no emigra por gusto y Centroamérica es una de las regiones más violentas del mundo, incluso más que Medio Oriente, cuya población con mayores ingresos gana casi 70 veces más que la de menores ingresos, además de que en Honduras, El Salvador y Guatemala sólo se generan 127 mil empleos, frente a 362 mil que se requieren cada año para los jóvenes, añadió Bárcena.

El plan que tiene como meta incrementar la inversión total de los cuatro países, del actual 19% que registran en conjunto a 25% del producto interno bruto (PIB), e identificó cinco proyectos de inversión en energía e infraestructura para lograr una integración regional logística, eléctrica, en gas natural, ferroviaria y comercial.

Los pilares del plan son desarrollo económico a partir de la fiscalización e inversión; la integración comercial, energética y logística entre los cuatro países; el bienestar social con educación, salud y trabajo, así como la sustentabilidad ambiental y la gestión integral del ciclo migratorio con seguridad humana en la que se respeten los derechos, medios de vida y seguridad centrada en las personas.

Entre los proyectos de infraestructura se destaca la construcción de un gasoducto de 600 kilómetros para la integración entre el sur de México y América Central, para llevar el exceso de gas natural de América del Norte y bajar los costos.

Además, el plan incluye una terminal de gas natural en Puerto Cortés, Honduras, y la central energética de 300 megavatios, con un costo estimado de 1.200 millones de dólares, así como de la interconexión del sistema eléctrico mexicano al centroamericano, con un infraestructura de 165 millones de dólares y 300 millones para la conexión entre México y Guatemala que abaratará costos y puede ir a la par que la integración digital.

Cepal planteó también la conectividad de los cuatro países mediante el ferrocarril, con 710 kilómetros desde Ciudad Hidalgo, Chiapas (México), hasta Puerto de la Libertad, en El Salvador, además de 225 kilómetros de ramales ferroviarios para conectar las ciudades de Guatemala, Honduras y El Salvador. Otro proyecto es el mejoramiento de la infraestructura fronteriza de 950 kilómetros entre México y Guatemala, con nuevas instalaciones de turismo, migración y aduanas, además de una carretera que conecte el eje turístico El Narango y Flores guatemalteco con Tenosique, Tabasco (México).

En materia social, Bárcena indicó que se debe crear una red de escuelas seguras para retener a 500 mil niños y adolescentes en su lugar de origen, o mecanismos para ayudar a las familias de los migrantes a armar sus propios negocios e integrarse a cadenas productivas y al sistema financiero, porque las cuatro naciones reciben 57 mil 500 millones de dólares al año.

Bárcena ofreció que las 16 agencias de la Organización de Naciones Unidas, como es la misma Cepal y el Fondo para la Infancia, trabajarán hermanadas con los gobiernos de la región en la implementación del plan, que calificó de iniciativa a escala mundial.

La pelota quedó en campo de Trump.

* Gerardo Villagrán del Corral. Antropólogo y economista mexicano, asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)


martes, 12 de marzo de 2019

El vasto, estúpido e inútil muro con México



Por Greg Grandin *

En un cuento publicado en 1950, “El Muro y los Libros”, Jorge Luis Borges habla del emperador Shih Huang Ti, quien ordenó la construcción de la Gran Muralla China y la quema de todos los libros de su reino. Es Borges, así que cada razón que da para estos dos deseos aparentemente contradictorios – crear y destruir – va seguida de otra explicación que anula la primera.
Borges finalmente se conforma con la idea de que tanto el edificio como el incendio fueron impulsados por el deseo del emperador de “detener la muerte”. Shih Huang Ti, al menos según Borges, vivía aterrorizado por la mortalidad, prohibiendo que la palabra “muerte” se pronunciara en su presencia y buscando desesperadamente un elixir de juventud.

Tal vez, supuso Borges, Shih Huang Ti ordenó que se construyera el muro para preservar su reino para la eternidad, y ordenó que se quemara el libro para suprimir la idea de que nada dura para la eternidad. Porque si la historia contenida en los libros enseña algo, es que nuestro tiempo en la tierra es efímero. Aparentemente, al menos según Borges, el emperador sentenciaba a cualquiera que intentara salvar un libro a toda una vida de trabajos forzados en su pared.

” Quizás el muro era una metáfora”, escribe Borges, ya que su construcción “condenaba a quienes adoraban el pasado a una tarea tan vasta, tan estúpida e inútil como el propio pasado”.

En cuanto a Estados Unidos, aunque desde principios del siglo XX se habían levantado barreras físicas de uno u otro tipo a lo largo de su frontera con México – en su mayoría alambres de púas y cercas -, la idea de un “muro”, como una llamada chauvinista a las armas no ganó terreno hasta después de que el país perdiera su guerra en Vietnam. En esa guerra, el Secretario de Defensa Robert McNamara, con la esperanza de evitar que las fuerzas de Vietnam del Norte se infiltraran en Vietnam del Sur, gastó millones en doscientos mil carretes de alambre de púas y cinco millones de postes de cercas, con la intención de construir una “barrera” – la “Línea McNamara”, como se la conocía – que corría desde el Mar de China del Sur hasta Laos. Esa línea falló, ya que sus postes y torres de vigilancia se quemaron tan rápido como se pudieron construir.

En esa época, los activistas de derecha empezaron a pedir que se construyera un “muro” a lo largo de la frontera. El biólogo Garrett Hardin, profesor titular de la Universidad de California, Santa Bárbara, fue uno de los primeros en pedir tal barrera. “Podríamos construir un muro, literalmente”, escribió Hardin en un ensayo de 1977 titulado “Población e inmigración: Compasión o Responsabilidad” publicado en El Ecologista. Hardin fue uno de los primeros exponentes de lo que hoy en día se llama “realismo racial”, la idea de que un mundo de recursos limitados y tasas de natalidad de blancos en declive requiere fronteras endurecidas.

El editorial de 1971 de Hardin en Science, titulado “The Survival of Nations and Civilizations” (La supervivencia de las naciones y las civilizaciones), defiende este punto de vista:

¿Puede un gobierno de hombres persuadir a las mujeres de que es su deber patriótico emular a los conejos? ¿O forzarlas? Si renunciamos a la conquista y al sobrecrecimiento, nuestra supervivencia en un mundo competitivo depende de qué tipo de mundo sea: Un Mundo, o un mundo de territorios nacionales. Si el mundo es un gran bien común, en el que todos los alimentos se comparten por igual, entonces estamos perdidos. Aquellos que se reproducen más rápido reemplazarán al resto. […] En un mundo que no es perfecto, la asignación de derechos basada en el territorio debe ser defendida si se quiere evitar una raza reproductora en ruinas. Es poco probable que la civilización y la dignidad puedan sobrevivir en todas partes; pero mejor en unos pocos lugares que en ninguno.

Hardin describiría su posición como “ética de los botes salvavidas”, la idea de que los remos deben ser usados no solo como remos sino también como armas, para ahuyentar a otros que intentan subir al bote. Más tarde abogaría por la “ciencia de la raza” de The Bell Curve.

En las décadas siguientes, el chauvinismo anti inmigrante se apoderó del movimiento conservador y del Partido Republicano, y los intelectuales de derecha construyeron una biblioteca de manifiestos de continuación de la sombría visión del mundo de Hardin – desde La bomba de Tiempo de la Inmigración de Palmer Stacy y Wayne Lutton, publicada en 1985, hasta, cinco años más tarde, El Camino al Suicidio Nacional de Lawrence Auster – que se construyeron con base en los argumentos de Hardin.

Algunas de las primeras publicaciones surgieron de la literatura posterior a Vietnam sobre los “límites del crecimiento” – la idea de que la sociedad de consumo masivo se estaba agotando – y revelan una superposición entre las preocupaciones de los ambientalistas, los controladores de la población (con una obsesión especial por las altas tasas de fecundidad mexicanas), los defensores del idioma inglés y los chauvinistas anti inmigrantes. Hardin es un ejemplo de esta superposición, al igual que John Tanton, quien en la década de 1970 escribió un ensayo argumentando a favor de la eugenesia y ayudó a fundar la chauvinista Federación para la Reforma Migratoria Americana.

Como lo es el novelista y ecologista Edward Abbey, autor de The Monkey Wrench Gang (La banda de la tenaza), quien ya expresó su preocupación por el crecimiento de la población, las crecientes tasas de natalidad de las personas de color y la “latinización” de los Estados Unidos cuando en 1981 pidió la creación de una “barrera física” y la expansión de la patrulla fronteriza para incluir hasta veinte mil agentes (un número que se consideraba una propuesta radical en ese momento, pero que hoy en día es solo cerca de la mitad de los agentes que trabajan para la Patrulla Fronteriza y el Servicio de Inmigración y Aduanas combinados).

“Estas son proposiciones duras, incluso crueles”, dijo Abbey, en una carta a la New York Review of Books. Pero, haciéndose eco de la ética de los botes salvavidas de Hardin, escribió que “el barco americano está lleno, si no sobrecargado; no podemos permitirnos más inmigración masiva. El público estadounidense es consciente de esta verdad aunque nuestros “líderes” prefieran intentar ignorarla. Sabemos lo que no reconocerán”.

Los ambientalistas, tanto convencionales como radicales, se alejaron de vincular su crítica social a los problemas de inmigración. Sin embargo, mientras lo hacían, el chauvinismo se convirtió en un asunto bipartidista.

Por un lado, comenzó a penetrar profundamente en el Partido Republicano. Patrick Buchanan fue el que más popularizó la idea de una barrera en la frontera sur en su oposición a la nominación de George H. W. Bush en 1992. Buchanan llevó a cabo una campaña inesperadamente fuerte, pidiendo que se construyera un muro o una zanja – una “trinchera de Buchanan”, como él dijo – a lo largo de la frontera México-Estados Unidos y que se enmendara la Constitución para que los hijos de los inmigrantes nacidos en el país no pudieran reivindicar la ciudadanía.

Bush ganó la nominación, pero Buchanan logró insertar en la plataforma republicana un compromiso para construir una “estructura” en la frontera. Dos años después, los republicanos de California defendieron la exitosa Proposición 187, que negaba servicios sociales a los residentes indocumentados.

Pero, por otro lado, los años 90 fueron los años del alto Clintonismo. Así que mientras los republicanos discutían formas de quitarles la ciudadanía a los “bebés ancla”, aprobar leyes de uso exclusivo del inglés en operaciones oficiales del gobierno, sacar a los niños indocumentados de las escuelas públicas y negarles el acceso a los hospitales públicos, Bill Clinton usó este extremismo para sonar moderado al mismo tiempo que presionaba su propia línea dura. “Todos los estadounidenses”, dijo en su discurso sobre el Estado de la Unión de 1995, deberían estar “justamente perturbados por el gran número de extranjeros ilegales que entran en nuestro país”.

Prometiendo “acelerar la deportación de los extranjeros ilegales que son arrestados por delitos”, Clinton firmó una serie de proyectos de ley sobre delitos, terrorismo e inmigración extremadamente punitivos, que crearon el régimen de deportación que existe hoy en día. Estas leyes cerraron varias vías para que los migrantes obtuvieran estatus legal, eliminaron la revisión judicial y requirieron detención sin fianza. Esencialmente, toda la burocracia de inmigración – sus agentes, tribunales y centros de detención – estaba ahora orientada a acelerar las deportaciones, cuyo número se disparó tremendamente. Los migrantes, incluidos los que tienen residencia legal, pueden ser deportados por cualquier infracción, incluidos los delitos menores, incluso si la transgresión se cometió décadas antes o si el asunto ya se ha resuelto en los tribunales.

La Casa Blanca consideró que esta campaña contra los inmigrantes se basaba en los diversos proyectos de ley de Clinton sobre la delincuencia, que habían recortado la ventaja republicana en cuestiones de “orden público”. Su asesor Rahm Emanuel, en un memorándum de política de 1996, le instó a centrarse en los migrantes en el “lugar de trabajo”, con el fin de establecer el objetivo de que ciertas industrias “estén libres de inmigrantes ilegales” y lograr “deportaciones récord de extranjeros criminales”. “Esto es genial”, escribió Clinton en el margen del memorándum.

Incluso la legislación que Clinton firmó puso fin a la asistencia social dirigida a los inmigrantes indocumentados, prohibiéndoles recibir muchos servicios sociales y prohibiendo que las jurisdicciones locales ofrezcan “santuario” a los residentes indocumentados.

Pero la jugada de Clinton para el voto chauvinista solo podía llegar hasta cierto punto. No solo los ambientalistas, sino también el movimiento laboral se estaba alejando de un enfoque anterior sobre la migración, mientras que los votantes latinos crecían en importancia.

Los republicanos, por otro lado, se comprometieron con una estrategia de supresión de votantes. Para ello se basó en un cálculo mundano: California, cuna de los conservadores modernos, no había votado por un presidente republicano desde que lo hizo por George H. W. Bush en 1988. Si el registro, la participación y las tendencias de preferencia de votantes continuaran como hasta entonces, los republicanos, temían algunos, empezarían a perder Texas, Arizona y Florida, junto con su condición de organización política a nivel nacional.

Del mismo modo, después de la reelección de Barack Obama en 2012, muchos conservadores llegaron a la conclusión de que ni los temas de la cuña cultural ni el seguir con algún tipo de reforma migratoria (basada en la Ley de Inmigración y Control de Ronald Reagan de 1986, que proporcionó un camino hacia la ciudadanía para unos tres millones de residentes indocumentados) necesariamente ayudarían al Partido Republicano en lo que se refiere a los votantes latinos.

Los votantes latinos no son leales a los demócratas por la promesa de una reforma migratoria, escribió Heather MacDonald, de la revista National Review, sino porque valoran “una red de seguridad más generosa, una fuerte intervención del gobierno en la economía y una tributación progresiva”.

En el American Enterprise Institute, Charles Murray estuvo de acuerdo en que los latinos no eran intrínsecamente conservadores. No son más religiosos que otros grupos, señaló Murray, ni más homofóbicos, y se oponen al aborto solo marginalmente más que la población en general (aunque Murray sí dijo que los trabajadores latinos que tienden a su lado parecen ser “trabajadores duros y competentes”, lo que él consideraba como sinónimo de conservador).

Sólo el hecho de que muchos walmarts latinoamericanos estén sindicalizados debería poner fin a uno de los clichés favoritos de Ronald Reagan, que los estrategas republicanos, hasta hace poco, gustaban repetir como un mantra reconfortante: que los latinos eran republicanos que aún no lo sabían. Una creciente comprensión de que muchos inmigrantes latinos eran de hecho socialdemócratas ayudó a inclinar la balanza del poder dentro del Partido Republicano hacia las fuerzas de lo que ahora se llama Trumpismo.

Tras la catastrófica presidencia de George W. Bush, los conservadores del movimiento, atados por su propio exceso ideológico y sintiendo que estaban perdiendo una guerra cultural más amplia, se aferraron a la demonización de los migrantes como una forma de explicar los reveses sin tener que recurrir a la moderación. Activistas, pensadores y políticos de derecha responsabilizaron a la Ley de Inmigración y Control de Reagan no solo por la toma demócrata de California, sino también por la elección de Barack Obama en 2008 y la reelección en 2012.

De acuerdo con esta línea de pensamiento, la amnistía de Reagan agregó (como resultado que los ciudadanos naturalizados pueden patrocinar a otros miembros de la familia para obtener la ciudadanía) quince millones de nuevos ciudadanos a las listas de votantes. Steve King, el principal ideólogo chauvinista de los republicanos en la Cámara, dijo que este supuesto aumento “provocó la elección de Barack Obama”.

Antes de las elecciones de 2016, la mayoría de los republicanos creían que millones de “inmigrantes ilegales” habían votado en 2008 y 2012 y planeaban hacerlo de nuevo en 2016. No hay evidencia que apoye ninguna de estas afirmaciones, sin embargo, tales argumentos justifican los esfuerzos continuos para suprimir el voto de inmigrantes, refugiados y sus descendientes. Más recientemente, Tucker Carlson, de Fox, utilizó ese argumento para minimizar la importancia de la interferencia rusa en la política interna de Estados Unidos, acusando a México de “interferir rutinariamente en nuestras elecciones al empacar a nuestro electorado”.

A un paso de enfrentarse a una Cámara liderada por el Partido Demócrata, asediado por la multiplicación de las investigaciones criminales a nivel federal y estatal, y derribado por el descenso de los números de las encuestas, Donald Trump ahora está apostando su presidencia en el muro, cerrando el gobierno hasta que consiga algo que él puede llamar a un triunfo. Esto, también, parece un cálculo mundano, que mientras sus oponentes permanezcan divididos, él puede permanecer a flote movilizando al alrededor del 30 por ciento del país que piensa que tenemos que tapiar la frontera sur.

“Su presidencia ha terminado si no construye el muro”, dijo recientemente, al periodista de Nueva York Mattathias Schwartz, Steve Bannon, ex asesor de Trump y quizás el realista de la raza más famoso del país. “Él lo sabe.”

Bannon continuó diciendo que Trump necesita crear hechos sobre el terreno:

O tienes una crisis o no la tienes… Si es una crisis, actúa como tal. Que se declare una emergencia de seguridad nacional en la frontera sur. Despliega tropas no para ayudar a la Patrulla Fronteriza sino para reemplazarlas, entonces traes al Cuerpo de Ingenieros del Ejército para construir la muralla. Saca las retroexcavadoras y empieza a cavar. Los demócratas, los republicanos del establishment, los medios de comunicación, tal vez los tribunales, todos se vuelven locos. Todo el mundo lo combate. Pero tú eres Trump, y finalmente estás construyendo un maldito muro.

Aun así, hay un exceso en el odio que Trump aprovecha y que no puede ser explicado por la machtpolitik de su estilo, ni por los recientes informes que dicen que la “pared” era simplemente un dispositivo mnemónico para mantener la corta atención de Trump centrada en un tema de conversación. Las promesas de construir el muro canalizan corrientes psíquicas que se encuentran en lo más profundo de la cultura estadounidense, y ahora parecen ser lo único que unifica a los partidarios de Trump, y dirige su odio hacia un pueblo que representa en gran medida los ideales que ellos afirman valorar.

En todo Estados Unidos, los latinos han revitalizado los barrios y poblado los centros urbanos, han abierto tiendas y han inyectado dinero en pequeñas empresas establecidas. La América de los centros comerciales sería aún más árida si no fuera por los mexicanos y centroamericanos que han convertido tiendas vacías en taquerías, carnicerías, pupuserías y otras empresas. Incluso Charles Murray dice que tienen una buena ética de trabajo. Es como si, al forzar a los latinos a la sombra, la derecha quisiera acelerar el camino hacia la muerte, y terminar el vaciamiento iniciado hace años con el ascenso de la globalización corporativa.

Al mismo tiempo, sin embargo, y volviendo a Borges, el odio parece sintomático del terror a la mortalidad, del tipo que el escritor argentino atribuyó a Shih Huang Ti. En pocas palabras, la dependencia de Estados Unidos del trabajo de los inmigrantes confirma la base social de la existencia y, por lo tanto, la legitimidad de los derechos sociales y la socialdemocracia. Y en una cultura política que considera sacrosantos los derechos individuales, los derechos sociales son algo más vil que la herejía. Implican límites, y los límites significan la muerte, la extinción de la única premisa americana de que todo – que se trata del actual arreglo racialmente segregado de distribución de la riqueza, extraído y producido en un mundo que está al borde del colapso – va a continuar para siempre.

* Greg Grandin colaborador de TomDispatch, autor de Fordlandia: The Rise and Fall of Henry Ford´s Lost Jungle City y próximamente de Empire of Necessity: Slavery, Freedom and Deception in the New World. 
Traducción: Clara Baeder