viernes, 7 de diciembre de 2012

Futuro incierto del PL




Por Efrén D. Falcón

Las familias liberales que sufrieron persecución política durante la larga dictadura de Carias Andino y la primera dictadura militar de López Arellano —especialmente— no podrían jamás haber imaginado, ni siquiera en la más terrible de sus pesadillas, lo que la historia depararía para la vida del mayor partido político que ha tenido Honduras.

La gestación de una larga crisis
Como en la política las cosas no suceden rápidamente, aunque a veces así pudiera parecerlo, es indudable que la grave crisis de identidad y militancia que hoy atraviesa el PLH inició hace casi 50 años; y su primera manifestación —aún hoy desconocida para la mayoría de los hondureños— tuvo lugar un 3 de octubre de 1963, cuando por primera vez los uniformados derrocaron a un gobierno constitucional para establecer una dictadura militar. Ese hecho histórico marca una fecha infausta para el pueblo hondureño, pues no solo registra la irreparable aparición de los militares en la escena política nacional sino que da inicio a una serie de situaciones y coyunturas que culminaronla madrugada del 28 de junio de 2009, con un golpe de Estado en que los militares solo sirvieron de testaferros, pero cuyo principal ejecutor —deleznable testaferro de los grupos de poder— fue un diputado liberal, a la sazón, presidente del Congreso Nacional.
Para quien no conoce detalles de lo que ha venido sucediendo en el país durante las últimas décadas, la afirmación anterior podría parecer descabellada, sin embargo, los hechos —poco publicitados— dan forma rotunda a una historia que fue coronada el 18 de noviembre de 2012, con la elección de Mauricio Villeda Bermúdez comocandidato presidencial y líder visible del PLH [hijo del expresidente liberal Ramón Villeda Morales, quien justamente fuera “derrocado” por el mencionado golpe de Estado del 63], para que la historia cierre un círculo perfecto de cinco décadas.
Que el golpe de Estado del ’63 no fue perpetrado contra el presidente en funciones es un hecho contundente e inequívoco, pues Villeda Morales estaba en las postrimería de su mandato, a solamente diez días de las elecciones generales que postulaban de antemano como seguro ganador al candidato liberal, Modesto Rodas Alvarado, cuyas ideas en muchos sentidos eran opuestas a las líneas trazadas desde Washington. Por tanto,el Dr. Rodas Alvarado debería figurar en la historia como destinatario único de la asonada militar en cuestión, ya que con el tiempo ha quedado claroque Villeda Morales fue másun silencioso cómplice del coup d’étatque una víctima [Rodas Alvarado jamás denunció tal hecho públicamente, por lo que él consideró, en su momento, dañaría más que beneficiaría la imagen de su partido].

El fino hilar de la historia
¿Pero que tiene que ver esto con lo que sucedería décadas después? Es cierto que hila fino la historia. Con el desgaste de los corruptos mandatos militares, a finales de la década de los ‘70s, empezó a hablarse en el país de democracia. Y es que en vista de la candente situación política centroamericana [recordemos la revolución sandinista, el movimiento guerrillero guatemalteco y la guerra civil salvadoreña], Washington decidió patrocinar elecciones en donde fuera posible llevarlas a cabo. Y es en ese justo momento, un 10 de julio de 1979, cuando muere de un ataque al corazónel Dr. Rodas Alvarado, máximo líder del liberalismo de entonces y —nuevamente— virtual ganador de cualquier evento electoral por venir.
Rodas Alvarado jamás habría aceptado a Suazo Córdova como su sucesor, un personaje al que la presidencia del país —por muy provincianos que podamos ser— le quedaba demasiado grande. Él con toda seguridad habría conducido por caminos muy diferentes al país y al PLH, especialmente en lo referente a la hegemonía militar sobre el poder civil, que fue ejercida a rajatabla por Gustavo Álvarez Martínez, mientras el presidente liberal no era más que una fachada administrativa.
Pero fue en este gobierno y a instancias del mismo Suazo Córdova, cuando apareció la inevitable figura de un joven político educado en EEUU —hábil manipulador de clara inteligencia—, como Ministro de la Presidencia: Carlos R. Flores Facussé.
La entrada de Flores Facussé a los altos círculos políticos del país, definiría nuestra historia política moderna. Flores Facussé consolidó su poder y su influencia durante el siguiente gobierno, el de José Simón Azcona del Hoyo [1986-1990];hasta llegar a dominar absolutamente el partido y convertirse en su candidato presidencial en 1989, cuando cayó derrotado por el nacionalista Callejas Romero [1990-1994]. No obstante, como dueño único de las estructuras políticas de su partido y posterior presidente del Congreso Nacional —durante el gobierno de su correligionario Reina Idiáquez—, mantuvo una influencia descarada y definitiva en todo el quehacer de esa institución política, y la vida del país. Y cuando llegó el momento, se lanzó nuevamente por la presidencia, que obtuvo sin mayores obstáculos en noviembre de 1997.
Es durante su dirección, frontal o tras las cortinas yque abarcaya tres décadas, que Flores Facussé instaura, al aliarse con el mayor líder del partido de “oposición”, Callejas Romero, una entidad política —fiel y genial instrumento de los grupos de poder económico— inexistente pero operativa,que condicionará por completo la existencia de los hondureños, ante la idea de una democracia representativa en realidad ficticia: el bipartidismo.
Manuel Zelaya Rosales, es testigo inequívoco de la existencia de tal entidad. En su gobierno [2005-2009] podemos detectar prístinamentecomodespués de una abyecta e ineludible negociación, Zelaya debió entregar puestos claves dentro de los tres Poderes del Estado a personajes que obedecían órdenes directas del poder en las sombras. El enfrentamiento de Zelaya con Flores Facussé [iniciado desde el primer día de su gobierno], y por ende, con los grupos de poder, terminó por desencadenar el golpe de Estado de 2009.

Partido Liberal Golpista
Este hecho tiró por la borda una historia de luchas populares, y una ardua —y a veces heroica—oposición al conservadurismo cerril, que inició oficialmente el 5 de febrero de 1891 y concluyó silenciosamente, y sin que nadie lo supiera en ese momento,el 3 de octubre de 1963, casi al término de un gobierno percibido como muy positivo por los hondureños y por la historia.

El PLH de hoy está en manos de personajes que están al servicio de los llamados poderes fácticos, durante el gobierno de Zelaya Rosales, y ostentan una marca indeleble en sus frentes: “golpistas” —afrenta máxima contra la democracia, cualquier democracia, incluso la nuestra—; pero tales personajes deberían haber sido totalmente apartados de la vida pública como lo que son: indeseablesenemigos del pueblo.
Es así que por primera vez desde su fundación, el PLH asistirá a unas elecciones generales sin la menor esperanza de triunfo. Y la desbandada que inició en 2009 continuará hasta queel partido cambie de manos o se consolide como un partido minoritario, por no hablar del posible ocaso. Entonces los 600 mil votos de que habla insulsamente Villeda Bermúdez —700 mil según el TSE— se irán repartiendo entre “libres” y “anticorruptos”, mientras la rueda insoslayable de la historia diluirá amarga y lentamente la gloriosa enseña rojo-blanco-rojo. Y amén.

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