sábado, 15 de diciembre de 2012

El colapso de la institucionalidad del Estado


Radio Progreso

“Que esta decisión ayude a que todas las instituciones se den cuenta que hay un patrón”. Así se pronunció el diputado Sánchez al referirse a la destitución de los cuatro magistrados de la sala constitucional de la Corte Suprema de Justicia.
La expresión del diputado Sánchez está en plena sintonía con la de aquel otro diputado que hace unos ocho años dijo que había que ser serviles ante el gobierno de los Estados Unidos, o de la de aquel otro del mismo recinto legislativo cuando dijo que le caían mal los negros, o lo que dijo hace apenas unos días otro diputadillo cuando con el pecho inflamado dijo que a los magistrados había que darles “corte chaleco”. Así piensan ¿piensan? nuestros políticos hondureños.
Nadie se encuentra en capacidad de defender a los magistrados de la Corte Suprema de Justicia. Nadie. Porque son de igual tamaño sus fechorías y la utilización de la institucionalidad al servicio de arbitrariedades. Pero de lo que no puede existir duda alguna es la de defender la decisión de los diputados de levantar la mano para obedecer a los caprichos de un señor que como Juan Orlando Hernández ahora se sienta propietario del Estado hondureño. No solo amañó los resultados electorales, sino que ahora ya comienza a gobernar emulando el comportamiento del “patrón del mal” de la serie que hace memoria del capo de la droga más criminal que haya existido en la historia de la humanidad.
En esta decisión que ha tomado el Congreso Nacional no se escapa nadie. Tiene el sello de Juan Orlando Hernández. Pero tiene el sello del bipartidismo, el mismo que con el color colorado, azul y verde olivo, se dio el antojo de “aplicar la ley” secuestrando y expulsando del país a un presidente de la República el 28 de junio de 2009. Un clavo saca otro clavo dicen en los corridos populares. Y aquí parece que hemos de comenzar a corear el nuevo dicho de que un golpe saca otro golpe, o que en Honduras vamos de golpe en golpe. Y siguiendo al poeta Sosa, “todo se consuma con esa sensación de ternura que produce el dinero”
El golpe de Estado de 2009, la aprobación por el Congreso de las Ciudades Modelo, las fraudulentas elecciones del 18 de noviembre pasado, la destitución de los cuatro magistrados que declararon inconstitucional las ciudades modelo y los decretos sobre seguridad implantados por el Ejecutivo, son apenas unas cuantas señales del colapso de la institucionalidad del Estado y del propio sistema de partidos políticos. De igual manera refleja que en las condiciones actuales se han perdido las capacidades para que tengan éxito las orientadas a romper con la impunidad y con la ley del más fuerte. ¿Qué hacer para romper con este proceso de destrucción? La ciudadanía en sus diversas expresiones tenemos que tomar la palabra, y dar un paso al frente para buscar respuestas.


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