martes, 17 de febrero de 2015

Mucha hipocresía y tres hipótesis



Por Nazanín Armanian

En vano esperábamos que la Corte Penal Internacional abriese un expediente contra los dirigentes de EEUU y sus cómplices después del informe del Senado sobre las torturas de la CIA. Por supuesto que la “excepcionalidad de EEUU” y por ende de la OTAN – la de tener el monopolio de cometer atrocidades, presumir del terrorismo de Estado y presumir de “democracia”, descarta que el castigo colectivo a millones de iraquíes y afganos (lanzándoles durante más de dos décadas, no pequeñas granadas y cuatro balas, sino toneladas de bombas) algún día sea juzgado.

La misma impunidad que ha llevado a Hillary Clinton a admitir que ha sido su país “occidental- cristiano” -el representante de la civilización judeo-cristiana”-, el que reclutó, armó y entrenó a miles de delincuentes, lumpen proletariado y extremistas de unos 40 países creando la organización de Muyahedines afganos (luego con otros alias: Al Qaeda, Rebeldes iraquíes-libios-sirios, Estado Islámico, Khorasan, etc.), autores de asesinatos en masa. Nunca hubo ni un solo cartel que pusiera “yo soy iraquí, afgano y paquistaní”, ni un minuto de silencio en memoria de sus víctimas. Tampoco han sido rehabilitados los difamados “por divulgar teorías conspirativas”.

Muchos de los que hoy, tras el vil atentado contra Charlie Hebdo, se desgarran las vestiduras por la “Libertad de Expresión”, se callaron cuando los soldados de EEUU mataron al cámara José Couso en Irak, o bombardearon las estaciones de la TV pública en Bagdad, Belgrado y Trípoli; ni tampoco protestaron por el despido del dibujante Maurice Sinet en 2008 de esta misma revista por haber comentado la relación interesada del hijo de Sarkozy, sin estudios ni oficio, con una mujer empresaria judía. Fue acusado de antisemitismo al conectar el ascenso social con la influencia del lobby judío. Mucha “libertad de expresión” pero algo o alguien encubre las noticas sobre, por ejemplo, las decapitaciones y latigazos en Arabia Saudí –amigo del alma de Occidente y el principal valedor del terrorismo sunnita, según H. Clinton–, con reportajes sobre sus osadas conductoras o los millones que gasta el país en la cosmética. ¿Alguien ha oído el nombre de Raif Baddawi?

Detrás del atentado

1. La versión oficial, llena de agujeros, ha dado lugar a que incluso personalidades como Paul Craig Roberts, ex subsecretario del Tesoro de EEUU, atribuyeran la autoría del sangriento asalto al DGSE, los servicios de inteligencia franceses. La sospecha está justificada no sólo por el timo y mentiras de las recientes guerras, sino también porque los gobernantes han perdido su credibilidad por falsear realidades de forma tan burda e insultante como que en España, por ejemplo, se diga que millones de niños que viven con menos de dos euros al día sufren de sobrepeso, que no de hambre, o si la padecen es porque sus madres no saben o no quieren cocinar.

2. Las petromonarquías del Golfo Pérsico, cuyos intereses chocan con la agenda de sus aliados occidentales, titubean sobre si acabar con el Gobierno de Bashar al Asad, aliado de Irán y de Rusia (a los que están ahogando al bajar el precio del petróleo). Están invirtiendo miles de millones de dólares financiando el terror para cambiar el equilibrio de fuerzas en la región en su favor, y puede que así hayan pretendido acelerar la invasión de la OTAN a la región. Sería una guerra no religiosa: por los pozos y rutas de gas y de petróleo.

3. Que estos terroristas “solo y llanamente” eran como el noruego Anders Breivik, que mató a 77 chavales de un partido socialdemócrata. Ambos representan una ideología totalitaria uniformadora que no soporta ver la pluralidad ni en el pensamiento y discurso, ni en el color de piel, ni siquiera en la vestimenta, con la ardua necesidad de crear un mundo de espejos donde pueda ver en los demás su propia proyección. El fundamentalismo religioso, que avanza sin parar por Oriente Próximo, es la versión sureña del totalitarismo norteño, y está unido estrechamente con él: comparten no sólo el mundo de los símbolos y representaciones sino también la esfera de lo tangible, la de la financiación y la que mueve sus hilos. ¡Si se pide la expulsión de los yihadistas franceses de Francia, se debe pedir también la expulsión de los neonazis noruegos de Noruega!

Este tipo de actos no son “de venganza por las invasiones imperialistas” que han destrozado la vida de al menos de 100 millones de personas (y se dice pronto) en siete países en los últimos años. El asesinato de occidentales atribuido a la “omnipresente superorganización de Al Qaeda” no sólo está muy lejos de guardar proporción con la matanza cometida por la OTAN, sino que extrañamente el 99,9% de las bombas que coloca Al Qaeda han tenido como objetivos a los civiles musulmanes en bodas, mezquitas o escuelas. Durante la última masacre israelí, el Estado Islámico en vez de ayudar a los palestinos se dedicó a venderle a Israel, vía los Hermanos Musulmanes turcos, el petróleo que robaba de Irak.

Unas preguntas y algunas dudas

Sorprende que la poderosa Al Qaeda haya tardado tres años en matar a los caricaturistas de Mahoma. ¿Por qué no ha mencionado en su nota explicativa el papel actual de Francia en el desastre y drama que sufre el oriente “musulmán”?

El fundamentalismo es ciego, no tonto. Si los “cerebros” de Al Qaeda son capaces de desafiar a la OTAN, aun estando su jefe en el fondo de algún mar, ¿no han pensado que el 7-E puede tener la misma consecuencia que el 11-S: nuevo asalto de la Alianza a la región, y la masacre de sus gentes, a cambio de, encima, más Guantánamos?

A ver, diseccionemos la noticia oficial sobre el atentado: “varios musulmanes franceses de origen inmigrante han matado a 12 empleados de una revista de humor de izquierdistas, y a clientes de una tienda judía en París”:

a. Insinúan que la barbarie está en los genes y en la religión “tercermundista” de estos bárbaros, a pesar de haber nacido y vivido en la tierra de las “luces”. ¿O es que los 5 millones de nacidos musulmanes están dedicándose en Francia a matar y asaltar a otros 60 millones de compatriotas? Las ideas teocéntricas –versión fina del racismo–, no sólo impulsan los fascismos, sino que son alimentadas por visiones pseudo-científicas que recurren a la información alojada en los ADN para explicar la conducta humana, con el objetivo de desacreditar el enfoque marxista de apuntar como determinantes los factores “de entorno”, y por ende para conservar el sistema.

b. ¿Por qué en vez de atacar a la sede de la ultraderecha —enemiga férrea de los inmigrantes y de los musulmanes—, se asaltó a una revista izquierdista, siendo la izquierda la única fuerza que defiende a las minorías étnico-religiosas? ¿Divide y vencerás?

c. ¿Por qué los terroristas llevaban kalashnikov en vez de FAMA, el fusil de asalto francés? ¿Para que nadie sospeche que las armas que Francia envía a los terroristas en Siria pueden volver para matar a los franceses?

d. El factor “supermercado judío” ha sido la guinda: semanas antes, la Asamblea Nacional francesa pidió al Gobierno reconocer el Estado palestino. Israel ha sido el principal beneficiario de la “guerra contra el terrorismo islámico”.

e. El humor y la sátira también forman parte la literatura del oriente “musulmán”, a pesar de la imagen de estreñidos que se les da en Occidente. El sexo y la religión han sido los dos temas recurrentes –justamente por ser tabús–, en la fina poesía persa, con grandes autores como Omar Jayán, el exquisito Hafez Saadi, o el rey de los poetas obscenos Obeyd Zakani. La bufa y los bufones aparecen cuando el sistema impide la crítica constructiva: “Un día en que el monarca subía por la escalera del palacio su bufón le tocó el trasero. La furia del soberano por tal atrevimiento fue tal que le mandó matar. “¡Clemencia señor! –pidió el bufón–, yo pensaba que era la reina”. Así de “intocables” eran y son los mandatarios, en Persia, en Washington, París o Madrid.

* El “renacimiento” en el Oriente musulmán, donde lo mágico y la ilusión se fusionan con la razón, tiene sus rasgos aunque no detectables para ojos poco entrenados: allí, nada es como parece y, al contrario que en Occidente, lo nuevo se disfraza de viejo, para engañar a los mil demonios; unos están alojados en sus imaginarios y otros muchos andan sueltos.

Yihadistas “propios”

La profunda crisis multidimensional del capitalismo, que no tuvo reparo en desmantelar el escaparate del Estado de bienestar nada más desaparecer la Unión Soviética, y la ausencia de una izquierda poderosa capaz de organizar a los trabajadores en torno a un programa viable y generador de entusiasmo, ha llevado a la desesperación a miles de excluidos sociales sin perspectiva: si no se convierten en “emprendedores” es que “no valen para nada” como decía una jefa de empresarios españoles, y por ende no tendrán derecho de acceso a alimentos, vivienda, y sanidad. La crisis económica, sin embargo, les deja una puerta abierta: ir a la guerra, en las filas de la OTAN o en la del yihadismo. Cobrarán entre 250 a 1000 euros mensuales, además de lo que arranquen a otros con el fusil en el hombro.

Parece increíble, pero es Europa quien exporta yihadistas al Sur y no al revés. Allí habrá mucho curro: Turquía y EEUU acaban de llegar a un acuerdo para entrenar y equipar a 15.000 mercenarios, durante tres años, para conquistar Siria y algo más. Recibirán, si sobreviven, parte del beneficio del gran negocio de armas-seguridad, petróleo y droga que hay detrás de este tinglado.

Cierto que algunos chavales parten hacia Siria desde la confusión: Si Qatar y Arabia financian el terrorismo sunita, que es algo malo, ¿cómo los ídolos deportivos lucen los nombres de estos países en sus camisetas? ¿Por qué los wahabitas disponen no de un piso franco, sino de decenas de edificios oficiales y son dueños de los medios de comunicación e incluso de las deudas de los estados europeos? ¡Manda dinero!

“Que vuelvan a sus países si no aceptan nuestros valores occidentales”, se oye a menudo. Lo cierto es que los 8 millones de afganos, o los 6 millones de iraquíes refugiados víctimas de parte de esos “valores”, no sólo no han recibido ninguna indemnización, sino que en vez de ser acogidos en los países de la OTAN (responsables de su drama, de la destrucción de sus casas, de sus negocios, escuelas y universidades) están esparcidos por los países vecinos que tampoco los quieren. ¿En qué escalón de esos “valores” se coloca el envío de miles de mercenarios “sin papeles” y armados hasta los dientes, para adueñarse de países enteros en el Sur?

No es islamofobia, es xenofobia

Tras el atentado, se está advirtiendo sobre el peligro de islamofobia; algunos para proteger al sector más vulnerable de la sociedad que son los inmigrantes y otros, desde el rechazo a la presencia política de la Iglesia, han encontrado en el apoyo al Islam (que no hay que identificarlo con los inmigrantes musulmanes) un contrapeso, ignorando que las élites religiosas suelen unirse ante el enemigo laico, ateo, y su lucha por mayores cuotas del poder es ajena a los intereses de los “desheredados”. A la “religión”, al igual que la “nación”, no le interesan las brechas entre los ricos y los pobres, entre los géneros ni entre los grupos étnico-religiosos.

Cierto, el odio hacia el Islam es para los fanáticos como el antisemitismo para la ultraderecha israelí: el agua bendita, la razón de su ser. Pero igual de peligroso es subrayar la afiliación religiosa de los inmigrantes, y tratarles como “comunidad musulmana”.

Además de ser un atentado contra la intimidad y los datos personales de los ciudadanos, conlleva otras implicaciones en estos tiempos de crisis:

* Separa la población “nacional” de la “intrusa” por su fe, y luego divide a los propios “intrusos” por su credo.

* Oculta el problema común de todos los inmigrantes, que es su estatus legal y real de inferiores.

* Echa a perder todo el intento de las fuerzas progresistas de los países musulmanes para que la religión se separe del poder político.

* Obama y Hollande dicen la verdad al firmar que no luchan contra el Islam. Tienen magníficas relaciones con los representantes de esta fe. Son conscientes de que en las sociedades laicas las guerras religiosas no tienen cabida y la islamofobia no producirá conversiones hacia otros credos, sino el rechazo al trabajador inmigrante de Oriente Próximo, aunque no sea practicante. Pasan así el trabajo sucio de negar la igualdad de derechos, a la sociedad, manteniendo el control sobre ella.

¿Y ahora qué? 

François Hollande, que estaba viviendo los momentos de más baja popularidad de su presidencia, respira. La “nación” se ha unido contra el enemigo de fuera, que encima se ha infiltrado dentro.

Su fracaso en Mali y en Siria, los escándalos de corrupción, la desobediencia de sus ministros y las tensiones sociales han sido las causas de que perdiera las elecciones municipales. Con el mega plan de Obama para una larga guerra en Oriente Próximo, pretende ocupar el lugar de EEUU, firmar contratos de armas y echar fuera los balones de la crisis interna: como Napoleón, el Rey Sol. El portaaviones De Gaulle está listo para partir hacia el golfo Pérsico.

“Trabajadores de todo el mundo uníos“, es la única salida a esta locura y amenaza global. No son suficientes los debates pequeño-burgueses de sofá sobre “¿cuántos ángeles se pueden sentar sobre la punta de una aguja, camarada?

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