martes, 17 de febrero de 2015

El homenaje nacional a Charlie Hebdo, en las antípodas de la filosofía de la revista satírica



Por René Naba

Traducido del francés para Rebelión por Susana Merino

El homenaje nacional a Charlie Hebdo, en las antípodas de la filosofía de la revista satírica, ha dado lugar a una formidable operación de recuperación de las infamias atlantistas y petromonárquicas. Los islamófilos franceses y los responsables de las decisiones deben responder de sus actos y sus propuestas.

El crimen es odioso. Sus actores despreciables. La emoción y la ira legítimas en tanto que el objetivo era civil, dirigido a personas desarmadas, un símbolo de la libertad de expresión. Todo confluye a convertir el ataque a la revista satírica Charlie Hebdo en un acto de gran cobardía y abyección que termina sirviendo a la causa que sus autores trataban de defender. A buen seguro agravará, se quiera o no, la islamofobia ambiental que reina en Europa, amplificando y acentuando la ola de sospecha que pesa sobre la población francesa «morena» (negros, árabes, etc.).

Pero esa masacre ha dado lugar también a la recuperación de las infamias atlantistas y petromonárquicas en cuanto que el homenaje nacional tributado a las víctimas de la carnicería de Charlie Hebdo ha reunido a todos los responsables (en diferentes grados) de las derivas atlantistas y de las excrecencias degenerativas del yihadismo errático.

Celebrar manifestaciones sí, dos veces también, pero jamás bajo la bandera de Nicolás Sarkozy y Bernard Henry Levy, el dúo destructor de Libia, el punto de percusión de la proliferación yihadista en la zona del Sahel y el Sáhara y de la gangrena de Malí. Sí, pero jamás bajo el patrocinio del tándem François Hollande –Laurent Fabius, el tándem destructor de Siria, el punto de despliegue del Jabat An Nosra y del Daesh. Menos aún bajo la direccióndel primer ministro turco Ahmet Davutoglu, cuyo país sirve de plataforma giratoria al gran bandolerismo internacional, bajo la cobertura yihadista. Sí, pero jamás en compañía de Philippe Val, que ha convertido el revisionismo árabe en su fondo de comercio, origen de una de las más graves crisis de Charlie Hebdo, por su infame manera de echar a su colega Siné. Sí a la manifestación pero tampoco con Ibrahim Boubacar Keita (IBK Maliense) el corrupto, y tampoco nunca, nunca jamás, con el tándem Benjamin Netanuahu y Avigdor Liberman, el dúo asesino de los palestinos de Gaza y otros lugares. Sin omitir a Idriss Deby, el enano de Catar y tío de Arabia.

Más allá de este ecumenismo, los Musulmanes de Francia se han ubicado globalmente a la defensiva y ya son objetos de conminación. Conminados a desolidarizarse. Una conminación sistemática y sintomática de las fobias francesas que han ocultado el papel de los proveedores de fondos a los yihadistas takfiristas, el dúo wahabita Arabia Saudita y Catar. Y exonerando a los países occidentales de su responsabilidad, desde hace cuatro años, del resuelto apoyo al yihadismo tanto en Libia como en Siria, despreciando sus proclamados valores y reduciendo a sus compatriotas a su condición musulmana.

El ataque del 7 de enero de 2015 –que decapitó de golpe al equipo editorial de Charlie Hebdo y a sus figuras emblemáticas– ha sido considerado por algunos medios como un acto de una magnitud comparable, por su impacto traumático, al ataque a los símbolos de la hiperpotencia estadounidense del 11 de setiembre de 2001. El reflejo de la solidaridad nacional se justifica plenamente por su duro balance: 17 muertos y una quincena de heridos.

Que toda una redacción sea diezmada en plena reunión de redacción, no es nada banal. De rebote revela la rigidez psíquica de los autores del crimen, que usaron sus armas sin discernimiento y en el colmo de la paradoja de paso mataron, los defensores de un islam puro,a sus propios correligionarios, un policía y el corrector de la revista, víctimas inocentes de sus impulsos mortíferos.

En el caso de Francia, dicha conminación es inoportuna desde cualquier punto de vista, no solamente por su papel piloto en la desestabilización regional de los países árabes laicos, sino también respecto a su propia historia en cuanto “Patria de los Derechos Humanos”, que por una especie de negación de la realidad ha ocultado durante mucho tiempo su responsabilidad en el genocidio hitleriano, imputando solo al poder de Vichy, ese odioso operativo exterminador. “Vichy no es Francia” ha sido el cómodo leitmotiv que sirvió a Francia para eximirse de la infamia de haber servido de antecámara del campo de la muerte, en la que los ciudadanos ademáspracticaron a gran escala la delación con respecto a sus compatriotas.

Basta de delirios. Un país que hunde su flota en lugar de mandar a sus acorazados al asalto del enemigo, que para defender a la patria usa como “carne de cañón” a sus colonias, un país que condena a sus salvadores el día mismo de la victoria aliada el 9 de mayo de 1945, no puede ser perentorio en sus asignaciones patrióticas con respecto a sus compatriotas y conciudadanos y mucho menos con los “indígenas de su propia república”

Basta de delirios también en la costa sur del Mediterráneo, donde está en curso una empresa de destrucción sistemática de toda huella de civilización… desde los Budas de Bamayane (Afganistán) hasta las estelas de Tombuctú (Malí), desde los frescos de Libia hasta las Torres Gemelas de Nueva York (11 de septiembre de 2001), con total impunidad por los mercenarios de las petromonarquías protegidas por Occidente.

Daesh y Al Qaida son una excrecencia monstruosa del bloque atlantista y sus amigos petromonárquicos. De tal modo que los musulmanes franceses no deberían sentirse culpables, sino exigir explicaciones sobre la abusiva instrumentalización de su religión con fines políticos por parte de la alianza islamo-atlántista. Y Francia debería ahorrarse las contorsiones intelectualoides que imputan a la entonces inexistente “política árabe de Francia” la responsabilidad de esta infamia moral de haber colaborado con el régimen nazi. (Ver al respecto las divagaciones de Philippe Val: «Philippe Val, un vallon épineux et barbelé », En Point de Mire, París, 4 de julio de 2010).

No deberían existir responsabilidades colectivas, como tampoco castigos colectivos. Como si Maurice Audin y Francis Jeanson tuvieran que rendir cuentas de los delitos del general Paul Aussaresses, el “Comandante Zero” de las torturas en Argelia, el abate Pierre de los tejemanejes “Chiraco-Haririen” [en referencia al presidente francés Chirac y el libanés Hariri] o de los malabarismos de la sarkozysta Pigmalión [empresa que sobrefacturó la campaña electoral de Sarkozy] o aún más, la Madre Teresa de las piruetas motorizadas de François Hollande o de DSK.

Con tal objeto sería sano interpelar a todos los islamófilos franceses que han criminalizado todo pensamiento disidente con su fallido gurú François Burgat Burka a la cabeza, sus escoltas flotantes, Ignacio Leverrier (Le Monde) y Thomas Pierret (Mediapart), lo mismo que sus recogedores de pelotas Nabil Ennasri y Roman Caillet con relación a sus responsabilidades en el naufragio del pensamiento académico francés y el desastre estratégico de la diplomacia francesa, igual que el cuarteto Nicolas Sarkozy, Alain Juppé, François Hollande y Laurent Fabius.

La libertad d expresión es un valor sagrado. Los países árabes deberían consagrar la libertad de expresión y la libertad de credo del mismo modo que el derecho a la burla y otorgar a estas tres libertades fundamentales el status que merecen antes que amordazar indefinidamente a sus pueblos y dar libre paso a los delirios degenerativos del islam takfirista.

El ataque a Charlie Hebdo va a ocultar los problemas estructurales de la sociedad francesa, de la persistencia del desempleo estructural –una desocupación masiva y de larga duración, tan corrosiva para el tejido social francés, tan generadora de marginación y de exclusión social– al estancamiento de la economía francesa, a la desindustrialización de Francia, a ser relegada en la clasificación de las potencias mundiales, a la corrupción de las élites y a la connivencia con la clase política mediática.

El crimen contra Charlie Hebdo, más allá de sus aspectos criminalmente patológicos, es un crimen contra la inteligencia. El mejor regalo que han hecho los partidarios del islam a los enemigos del islam y de Palestina será uno de sus principales daños colaterales.

No hay comentarios: