lunes, 16 de febrero de 2015

ALBA es antiimperialista y cumplió diez años de fructífera misión



Por Emilio Marin

El ALBA ha llegado a once países miembros, partiendo de sus dos pilares, Cuba y Venezuela. Este domingo los presidentes de ese espacio festejaron la década ganada con una reunión en Cuba. Trazaron nuevos objetivos de integración.
A los elementos anticastristas les revienta admitir que en muchas cosas Fidel Castro no sólo tiene razón en sus planteos sino que además visualiza los objetivos con antelación de años. El caso del ALBA lo confirma una vez más. El comandante en jefe recibió por primera vez a un muy joven Hugo Chávez en diciembre de 1994, recién salido de prisión. Allí tuvieron sus primeras reuniones; de algunas participó el actual presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, que también penaba lejos del poder, como el venezolano. Recién en 1999 éste llegó al Palacio de Miraflores, luego de ganar las elecciones presidenciales. El sandinista las había perdido frente a Violeta Chamorro y una oposición unida desde Washington; demoraría varios años en retornar al gobierno en Managua.
¿Qué le habrá visto Castro a Chávez en 1994, cuando éste salía de la cárcel luego de haber intentado un golpe de Estado en febrero de 1992? Hasta ese momento el gobierno cubano se llevaba aceptablemente bien con el socialdemócrata Andrés Pérez...
Puede ser que influyera el discurso bolivariano del ex paracaidista, así como el pasado militante de izquierda de su hermano Adán. También las críticas al sistema de corrupción que el alzado repetía contra los adecos y copeyanos de la IV República; esta nadaba en petróleo pero de su renta poco y nada iba para el pueblo. Si Chávez pidió ser recibido en la isla quería decir que no era un militar fascistoide, de esos que con la “cara-pintada” habían proliferado en la Argentina. Una cosa era levantarse contra la democracia y pedir “solución política” para los crímenes del terrorismo de Estado (Aldo Rico); y otra era dar un putsch contra un gobierno corrupto que dilapidaba el petróleo.
En fin, algunas de esas cuestiones y su olfato político habrá tenido en cuenta el líder cubano cuando recibió a Chávez hace veinte años. Allí se produjo lo que ahora se llama “buena química” y comenzó no sólo una amistad duradera, sino también un acercamiento político entre los dos países. Hubieron de pasar otros cinco años hasta que Chávez y su Movimiento V República pudieran ser gobierno.
En abril de 2002 el bolivariano fue derrocado por 48 horas mediante un golpe militar-cívico orquestado por los gobiernos de George Bush y José M. Aznar, que puso a Pedro Carmona (Fedecámaras) fugazmente en Miraflores. El contragolpe popular y de militares bolivarianos repuso a Chávez en su democrático sitial. Quizás ese peligro mortal para el proceso bolivariano y su vida decidió a Chávez a tomar compromisos más estratégicos con su amigo Fidel. A partir de allí se aceleraron los acuerdos entre Cuba y Venezuela. El 14 de diciembre de 2004 ambos firmaron el acta fundacional de la Alternativa Bolivariana de los pueblos de Nuestra América.

Más sumas que bajas
No es que la colaboración bilateral comenzara en 2004. Dio un salto cualitativo, abierto a otros países latinoamericanos y el Caribe, pero programas solidarios ya existían antes de la partida de nacimiento del ALBA. Cuba enviaba alfabetizadores para que Venezuela se pudiera librar del analfabetismo con el programa cubano “Yo sí puedo” en la Misión Robinson. También médicos para nutrir al programa “Barrio Adentro”, que instalaron consultorios en barrios donde no habían llegado galenos en décadas.
A su vez Venezuela mandaba a la isla barriles de crudo a precios subsidiados, que tanto ofendió a la derecha venezolana (en el golpe de 2002 esos sectores, con Hernán Capriles Radonski incluido, quisieron asaltar la embajada de Cuba en Caracas y su consigna era “ni un barril a Cuba comunista”).
Los programas cubanos de salud y educación, que se empezaron a aplicar en otras latitudes latinoamericanas y del Tercer Mundo, y la ayuda energética venezolana, que por boca de Chávez aseguraba tener petróleo para abastecer a los socios por 200 años, tuvieron grandes consecuencias políticas.
Cada vez más naciones fueron pidiendo su ingreso al ALBA, que había cambiado el significado de su primera letra. La “A” ya no era de Alternativa sino de Alianza. Los vientos políticos en la región habían adquirido una dirección antiyanqui muy fuerte, luego que en noviembre de 2005 los presidentes -sobre todo Chávez y Néstor Kirchner, en menor medida Lula da Silva- desbarataran en Mar del Plata el proyecto estadounidense del ALCA.
Se fueron sumando Nicaragüa, Bolivia y más tarde Ecuador. Y varios más, entre ellos Honduras, bajo la presidencia de Manuel Zelaya, que fue depuesto por un golpe de Estado pro-norteamericano por haber osado pedir la membresía del ALBA.
La salida de Tegucigalpa, fue la única baja, forzada “manu militari”. El resto fue todo sumatoria hasta la reunión del 14/12 en La Habana, con la incorporación de Granada y de la Federación de San Cristóbal y Nieves. El plantel completo es de once: Antigua y Barbuda, San Vicente y Las Granadinas, Ecuador, Venezuela, Cuba, Bolivia, Dominica, Nicaragua, Santa Lucía, Federación de San Cristóbal y Nieves, y Granada. Con Honduras habrían llegado a la docena, una cifra que van a sobrepasar porque hay invitados como Haití y otros interesados.
Para la Casa Blanca es una derrota muy amarga que Cuba se aliara con Venezuela y ambos lograran armar esta sociedad regional. Todos los socios del ALBA están en la CELAC y votan allí contra el bloqueo norteamericano a Cuba. La isla socialista tiene relaciones con todos los miembros del CARICOM, la unión caribeña. Han pasado 42 años desde que los primeros cuatro países caribeños desafiaran el úkase yanqui y establecieran relaciones diplomáticas con La Habana: Barbados, Guyana, Jamaica y Trinidad y Tobago. En una reciente cumbre CARICOM-Cuba quedó claro que todos los caribeños han normalizado su relación con la Patria de José Martí.
Pregunta: ¿quién es el que está aislado? Respuesta obvia: Estados Unidos.

Razones concretas
El domingo 14, en el Palacio de la Revolución, Raúl Castro y los presidentes del ALBA tuvieron su XIII Cumbre donde hicieron un repaso de la década ganada, esta sí sin ninguna discusión. Entre los once socios hay una mayor sintonía política y en algunos casos hasta ideológica, muy evidente entre Cuba, Venezuela y Bolivia.
Junto con esa mayor cohesión, basada en una plataforma que Evo Morales definió en esa reunión como antiimperialista, pesan mucho las acciones y trabajos conjuntos. Este último, más que las definiciones “programáticas”, parece ser el cemento que une los cimientos del ALBA y le permite ir levantando su sólida arquitectura.
En esa reunión, Ecuador estuvo representado por el vicepresidente y el canciller Ricardo Patiño, quien puso en su cuenta de Twitter que gracias a la “Misión Milagro”, 3.482.360 personas recuperaron su vista en nueve naciones del ALBA. Añadió que ese programa oftalmológico impulsado por Cuba ya benefició a 144.134 habitantes en Ecuador. Patiño, según Prensa Latina, “destacó los programas de discapacidad física y neurológica que han permitido identificar y atender a más de un millón de personas con esta condición, en seis países a la Alianza; se entregó ayuda técnica a 864.000 discapacitados”.
En estos tiempos de crisis del capitalismo global y de los capitalismos dependientes, a la gente humilde se la arroja sin miramientos al abismo de la pobreza y el abandono. En cambio en ALBA se aplican políticas de hondo humanismo. El discurso de Raúl Castro el domingo 14, puso de relieve que cinco millones de ciudadanos de 18 países de la región fueron alfabetizados mediante la aplicación del método “Yo sí puedo”; que 23.944 médicos integrales comunitarios de América Latina y el Caribe se han graduado gracias a programas desarrollados por el ALBA, de ellos 10.228 son de países de la Alianza.
En la agenda de la reunión estuvo la extensión de los planes de Petrocaribe, la ampliación del Banco del ALBA y de la moneda regional, el Sucre (sistema único de compensación regional para el comercio).
El crudo venezolano, que antes dilapidaba la oligarquía de ese país, sirvió de base para la creación de la empresa Petrocaribe, que favorece a los países socios con mejores precios e inversión social. El primer ministro de Dominica, Roosevelt Skerrit, en la reciente cumbre expresó: “a nombre del Caribe les digo que Venezuela ha repartido su riqueza con el resto del mundo, nunca ha enviado una bomba, sino que ha aliviado a millones de personas de la pobreza, y aún así existe una campaña en su contra”. Se refería a las sanciones votadas en el Capitolio.
Esa solidaridad se lleva a cabo también con países que no son del ALBA, como cuando Haití sufrió tremendo terremoto en 2010, o ahora que África sufre la epidemia del Ébola. El 20 de octubre la Alianza hizo una Cumbre Extraordinaria en La Habana para aprobar planes de lucha al respecto. Allí el presidente cubano recordó que el 1 de ese mes había partido una brigada médica especializada a Sierra Leona y que el 21 salían otras dos brigadas a Liberia y Guinea.
A muchísimos argentinos esta historia los mueve al reconocimiento y admiración. Y a muchos les queda una pregunta: ¿cuándo Argentina será el socio número 12 del ALBA?

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