sábado, 27 de diciembre de 2014

Doña Lucila deja un legado de trabajo, lucha y esperanza en la memoria del pueblo



Por Sandra Rodríguez

En medio de un abrazo solidario ante la partida de una madre, surgen las risas emanadas de las memorias y los recuerdos de una lucha incesante por la búsqueda de justicia ante la desaparición forzada de su hija “Tuy” en 1982.

Doña Lucila Girón, madre de Ediltrudis Montes Girón “Tuy”, como le llaman sus familiares y amistades, se fue de este mundo en la misma fecha que se casó con Dionisio Montes, un 16 de diciembre, pero del año 1936 y procrearon a Cristina, Rolando, Dionisio, Isaura, Brígido, Natalia, Otilio y Ediltrudis Montes Girón.

Con flores, velas, fotografías, cantos, conversaciones y muchos recuerdos, sus hijos, hijas, nietos, sobrinos, primas, amistades y la familia de COFADEH, representada por su coordinadora general, Bertha Oliva, Tomás Alberto Nativí, Dora Oliva y Nohemy Pérez, hermana de Samuel, detenido-desaparecido junto a Ediltrudis, acompañaron en su último adiós a doña Lucila, una mujer fuerte, luchadora y noble, que viajó por el mundo y siempre mantuvo la esperanza de volver a ver a su hija Ediltrudis, secuestrada el 24 de enero de 1982 junto a Julio césar Méndez, Enrique López Hernández y Francisco Samuel Pérez, en la aduana El Guasaule, frontera con Nicaragua.

A sus 98 años de edad, doña Lucila nunca perdió las esperanzas de volver a ver a su hija, y esa espera la guardó en su corazón, en silencio pero con ánimo.

“Ella nunca aceptó que su hija ya no estaba en este mundo” dijo entre lágrimas Cristina, su hija, quien acompañó de cerca a su madre y padre en la búsqueda de su hermana, siendo la familia Montes-Girón, una de las 12 familias que fundó el Comité de Familiares de Detenidos Desaparecidos en Honduras, COFADEH, el 30 de noviembre de 1982.

Lulila Girón deja un legado de esperanza, alegría, solidaridad, siempre brindó un ejemplo de trabajo, honradez y respeto, así lo recuerdan las personas que acompañaron a darle el último adiós en su pueblo, Marale, Francisco Morazán, ubicado a 142 kilómetros al norte de Tegucigalpa.

Cristina, dijo que “mi madre era más fuerte que yo, y con el perdón de Dios, muchas veces le mentía para verla con esperanza, le decía que no se preocupara que ya sabíamos dónde podía estar mi hermana menor y que pronto estaría con nosotros”.

Lucila Girón durante un plantón en el centro de Tegucigalpa

Siendo de las fundadoras del COFADEH, recordó que “no fuimos la única familia que perdimos un ser querido, éramos más familias que nos unimos en el dolor, mi madre era más fuerte, aunque mi padre parecía el más fuerte, una vez llegó en autobús a mi casa en Minas de Oro, Comayagua, en una pendiente fui a encontrarlo y abrazarlo, y el lloró desconsoladamente, casi en silencio se le salían las lágrimas y sollozaba, eso me desgarró el corazón, lo abracé le dije, papito no se preocupe que no tardamos en encontrar a nuestra hermana y su hija, tenga fe, él se secó las lágrimas y lo miré con esperanza”.

Cristina aclara que, estaba mintiendo, porque no tenía certeza de nada, más bien de lo contrario por las situaciones y resultados de su lucha buscando a su hermana Tuy, desaparecida en 1982.

“Esa época mi madre la enfrentó con mucha valentía, a pesar que lloraba como todos lloramos cuando nos duele el corazón, ella nos daba ánimo a los hijos, pero llegó un tiempo que no volvió a hablar del tema de la desaparición de mi hermana”.

Doña Lucila, optó por quedarse con lo que creía en su corazón, ella murió esperando una respuesta, justo a los 30 años que murió su esposo, ella seguía esperando.

“Y aunque no lo decía, con su aptitud nos daba unan imagen que en su interior había dolor, pero era muy coqueta, le gustaba viajar, conocer nuevos lugares, a mí me dicen que sea como ella, pero yo soy más cobarde que mi madre y en mi vive ese dolor y vivirá para siempre, porque mi hermana era como mi hija, yo compartía su mismo dolor, con la diferencia que yo podía hablar y ella no lo hacía, porque creo que ella se puso como una máscara o un muro ante el dolor”, compartió Cristina.

Añadió que, mi convivencia en COFADEH era magnifica, era una hermandad, cariño y amor, compartimos de todo, con Bertha nos convertimos como si yo era su hermana mayor, compartíamos una amistad muy confidencial, refiriéndose a la coordinadora general del Comité, Bertha Oliva, cuyo esposo fue detenido desaparecido en junio de 1981.

A mi madre la recordaré como una mujer valiente, guerrera, humilde, nacida y criada en el campo era una mujer abierta y se podía hablar de todo, ella quería volar más alto pero no podía, si ella hubiera estado en lugar mío como miembra activa en COFADEH, hubiera hecho más, porque ella era guerrera.

-La hermana de Ediltrudis, Cristina Montes Girón de Domínguez, obtuvo del Ministerio de Asuntos Exteriores de Nicaragua un documento que certificaba que Ediltrudis Montes había abandonado Nicaragua el 24 de enero de 1982 por El Guasaule. Más aún, los registros de las autoridades de inmigración de Honduras también muestran que Ediltrudis Montes entró en el país por El Guasaule ese mismo día. Cristina de Domínguez afirma haber visto en la lista de pasajeros de TICA BUS el nombre de su hermana y los de los otros tres "desaparecidos"-documenta el COFADEH.


Por su parte Dionisio Montes Girón, dijo “mi madre era el eje de la familia, era muy luchadora, ella hacia pan, y yo salía a vender, buscaba la forma de cómo hacer dinero para ayudar en el sustento del hogar, con mi papá era un equipo incluso para educarnos, los unía el espíritu de trabajo y lucha, primero era la escuela y después lo demás”.

Siempre nos decía que la familia era lo principal y el estudio era importante para salir adelante, era una persona con mucha fortaleza, pero no agresiva. Ella sufrió mucho con la desaparición de mi hermana, y con mi papá iban a los plantones, de allí (desaparición forzada de Ediltrudis) le provino la muerte a mi papá.

“Crecimos en una época donde se perseguía a la gente por no estar de acuerdo con la ideología de los partidos políticos, mis ideales eran otros, no estar de acuerdo con la oligarquía, con la opresión del pueblo, yo siempre quise ser libre, y por ese motivo también fui víctima de persecución”, recordó Dionisio.

Además señala, que en la actualidad no ha cambiado mucho la realidad, pero ahora hay mucha criminalidad, las autoridades correspondientes no trabajan desde el ramo de la enseñanza y núcleo familiar, por ejemplo en este pueblo –Marale- todos los niños iban a la escuela, y si el alcalde auxiliar nos miraba en horas de clase fuera del salón, nos enviaba a clases.

Rodeada de su pueblo, doña Lucila deja un legado de lucha y trabajo
Un maestro de generaciones, Rodolfo Ramos Martínez, quien desde la década de 1950  ya impartía clases en la región, dijo que la familia Montes Girón, era gente muy trabajadora y de respeto, la cual tuvo un desfase en la década de los 80, cuando se llevaba a cabo la Doctrina de Seguridad Nacional, catalogando de “comunista” a los jóvenes que querían un mundo diferente, por lo que desaparecieron a Ediltrudis Montes, quien era estudiante universitaria.

Estos hechos conmocionaron a la familia y al pueblo en general, todos conocimos de su pesar, y también de la lucha que a través del COFADEH realizaban para saber el paradero de su hija, pero siempre había telones que tapaban la verdad.

El profesor Rodolfo, lamenta que en la actualidad se reviven esos años, con organismos que cambian de nombre pero son los mismos, a los jóvenes por verlos vestidos diferentes los reprimen, los estigmatizan, pero no les preguntan que quieren expresar con su forma de ser.

Y por otro lado no vemos entidades gubernamentales que les quieran ayudar, no se crean centros de educación, recreación, rehabilitación para los menores, solo se les señala y los miran como subversivos, concluyó.

Digna López, vecina de la familia Montes Girón, dijo que es un orgullo para el pueblo de Marale tener entre ellos gente así, luchadora, trabajadora, con hijos e hijas visionarias, que tenían grandes ideales y buscaban superarse, como era el caso de Tuy una joven que quería un cambio para el país y por esa razón ella se fue a estudiar a la universidad, y sus hermanos y hermanas que siguen el ejemplo de sus padres, mantienen la amabilidad y dulzura de doña Lucila, y personas así son necesarias para sacar adelante el país.

Juan Ramón Martínez, sobrino de doña Lucila, dijo que su tía será recordada con su carácter noble y fuerte, aun después de la desaparición de Tuy, y seguida la muerte de su esposo, pues desde antes, ella cargaba con penas a causa de la guerra fría, porque hubo persecución policial contra su papá, un hombre ya de 78 años,  y un hermano, que fallecieron por esos ataques, “mi tía venía arrastrando esas penas, pero siempre mantuvo su nobleza y unión familiar”.

Y también don Heriberto Girón Arteaga, quien compartió con doña Lucila desde su niñez, dijo que “Lucila era la sobrina consentida de mi mamá, mi prima era linda, todo lo que se ofrecía ella estaba atenta, esas personas si valen la pena, personas de esa clase no nacen todos los días”.

 “Mi madre se va en la misma fecha que se casó, ella tenía 19 años de edad, él era 10 años mayor, y tras un años de trabajo, comprometidos para casarse durante la feria de enero, adelantaron la fecha para el 16 de diciembre de 1936, mi madre partió al cielo el 16 de diciembre de 2014, a encontrarse con su amado y su hija menor” Cristina Montes Girón.

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