viernes, 26 de junio de 2015

"Hoy, lo principal del pensamiento del Che, es la rebeldía"

Rebelión

Por Mario Hernandez

M.H.: En un programa especial dedicado al Che Guevara, vamos a estar hablando con Guillermo Almeyra editorialista de La Jornada de México, quien escribió un texto referido al Che hace algunos años “El redescubrimiento del Che” en el libro Che Guevara el pensamiento rebelde. También vamos a comunicarnos con Ricardo Napurí, quien compartió el proyecto político del Che a comienzos de los años 60 y con Gerardo Bavio quien durante un año y medio trabajó con el Che en el Ministerio de Industria entre 1962 y 1963. “La importancia del pensamiento del Che consiste en una refundación del marxismo de nuestros días, mediante el redescubrimiento y la actualización de algún aspecto fundamental del pensamiento de Marx y no solamente de éste, sino también del pensamiento revolucionario anticapitalista en general que hasta la Revolución Cubana, caracterizaron solamente a pequeños movimientos como el trotskismo, por otra parte presente en pocos países, porque también, esto hay que decirlo de inmediato, Ernesto Che Guevara no era un teórico, a pesar de hacer desherrumbrado un marxismo fosilizado y por lo tanto contrario a Marx, no era un especialista ni un estudioso del Partido Comunista y de las diversas tendencias de este movimiento que conocía muy mal. Guevara era un revolucionario que extraía de la práctica conclusiones teóricas que lo llevaban a modificar sucesivamente sus posiciones iniciales. Atribuía demasiada importancia a la honestidad intelectual, a la búsqueda de la verdad, a la carencia de prejuicios como para dejar que éstos le tapasen los ojos. Como era un revolucionario y la situación también lo era, se encontraba profundizando teóricamente sectores enteros de los muros de la vieja fortaleza marxista arruinada y sepulta y los reconstruía, puesto que era riguroso como buen científico sabía ver y sacar conclusiones teóricas sin anteojeras ideológicas.” Esto escribía Guillermo Almeyra en el libro del año 2004 Che Guevara el pensamiento rebelde. 
G.A.: En realidad lo escribí hace cerca de 30 años, antes que en los ´80 en Italia todos comenzaran a escribir sobre el Che. Allí tuvo 27 ediciones, luego lo editó La Jornada en México y tuvo 3, aquí van 2, la última es la del 2004. En ese libro, que va dirigido a los jóvenes principalmente, señalo que hay que situar al hombre en su época. ¿Qué eran los grandes movimientos que se llamaban marxistas? Dejando de lado a la socialdemocracia que ya había renegado del marxismo, los Partidos comunistas se seguían llamando marxistas así como el maoísmo, pero ambos coincidían en la visión de Stalin, veían un marxismo dogmático dependiente del Estado y una evolución social por fases, una primera en unión con la burguesía, luego el triunfo socialista. Solo un puñado de gente seguía la posición de Trotsky que era contraria, veía al sistema capitalista como sistema mundial y creía que la lucha por la democracia, la independencia, contra el imperialismo iba unida a la lucha anticapitalista que podía llevar a un desenlace socialista que además era mundial y no nacional. 
El Che Guevara al principio era un simpatizante del Partido Comunista, por eso se fue de Argentina, no creía en lo más mínimo que los trabajadores peronistas tuviesen una política anticapitalista en algún momento. En su rapidísima evolución, pasó del estalinismo a empezar a descubrir a partir de la acción revolucionaria, elementos fundamentales del marxismo que entonces estaban enterrados a escala mundial. El internacionalismo, la transformación de una revolución democrática en revolución socialista, la participación decisiva de la juventud, las mujeres y los trabajadores más allá de los aparatos pero nunca llegó a concretar un pensamiento hecho. El error de muchos es creer que era un pensamiento constituido desde el primer momento, no, fue descubriendo pedazos del marxismo en una forma poco coherente porque, por ejemplo, hablaba de hacer en Cuba un “hombre nuevo” y como se ha visto Cuba sola, en su aislamiento, lo más que pudo desarrollar es una lucha antiimperialista, pero la escasez llevó a la constitución de una burocracia socialista, porque en Cuba no hay socialismo. 
En los últimos períodos de su vida luchó contra la burocracia en Cuba y también a nivel internacional, descubrió que el llamado “socialismo” en Checoslovaquia, en la Unión Soviética, en China misma, no era tal, lo acusaban de trotskista en la URSS, en China no le daban espacio, a pesar de que simpatizaba con ellos por su oposición al burocratismo de la URSS. Después empezó a descubrir elementos importantes de ruptura con el internacionalismo. Por ejemplo, en su discurso en Argel hizo una crítica que coincidía con lo que en ese entonces pensaban los trotskistas. Terminó su vida tratando de estudiar lo que no conocía y de defender el derecho de los que pensaban de distinta manera dentro del campo revolucionario, enfermo, prefirió llevar en su mochila los gruesos volúmenes de la Historia de la Revolución Rusa de Trotsky que llevar medicinas, porque tuvo que optar entre una cosa y otra por la necesidad de pelear en la selva. Era un hombre apasionado por las ideas, que no tenía ideas dogmáticas ni definitivas, iba construyendo su pensamiento, eso es lo bueno, por eso yo lo llamo “el rebelde”. 

M.H.: Siguiendo con la lectura de tu trabajo, en alguna parte señalás que, como Trotsky, el Che era antiburocrático y libertario, creía en la necesidad de reformular el Estado revolucionario y dedicaba a esta tarea lo mejor de sí mismo, pero no pensaba que el socialismo fuese sinónimo del dominio del Estado. No creía tampoco en el monopolio estatal o del partido sobre el pensamiento y criticó la destrucción de la ilusión cubana, de la revolución traicionada de Trotsky, diciendo que aunque Trotsky se había equivocado y cometido muchos errores, las ideas se deben combatir con otras ideas y deben tener plena libertad. En cuanto a su tercermundismo, no se basaba como el de los partidos comunistas y el de los partidarios de la coexistencia pacífica con el imperialismo en la aceptación del status quo o la teoría sobre la existencia de sectores revolucionarios de las burguesías nacionales con los cuales habría que aliarse, sino sobre la esperanza de promover en todas partes la lucha de clases y construir mundialmente el socialismo aunque momentáneamente y para ello fuese necesario hacer un frente único con los grupos dirigentes burgueses que tenían contradicciones con el imperialismo. Al respecto de estas líneas, ¿cómo irrumpe el Che a fines de los años ´50, principios de los ´60, respecto de las políticas que llevaban adelante los partidos comunistas en América Latina? 
G.A.: Los partidos comunistas estaban entonces buscando el burgués bueno con el cual aliarse para hacer un frente dirigido supuestamente con un criterio antiimperialista. Era una idea utópica, porque cómo iban a aliarse contra el imperialismo con gente asumida del imperialismo y profundamente conservadora. Aceptaban la realidad tal como era y eran como un partido más dentro de la vida política de sus respectivos países. El Che Guevara opta, como Fidel Castro, por la acción y se dirige a una lucha contra el agente del imperialismo, el sargento Batista, que era el representante puesto por el imperialismo de esa burguesía nacional aliada y llevaron adelante una lucha democratizadora contra un gobierno de esa oligarquía apoyado por EE. UU. 
El Che rompe con esa política y con la de los partidos comunistas, al mismo tiempo no sigue la política de los maoístas que era también estalinista a pesar de que en su primera juventud firmaba las cartas dirigidas a su tía como “Stalin2”, va rompiendo con eso, propone una lucha intransigente contra el imperialismo, multiplicar el ejemplo de Vietnam que no solo era una lucha antiimperialista sino que era un ejemplo de lucha por el socialismo. 
En Cuba se apoya sobre la voluntad revolucionaria de los jóvenes y de los que combaten independientemente. Después de su muerte, cuando estalla el ´68 en todo el mundo, en Argentina, Brasil, México, Checoslovaquia, Francia, lo pondrán como un ejemplo de rebelión y de internacionalismo, de devoción y coherencia porque se podía equivocar, no tenía un pensamiento completo ni un sistema, se iba evolucionando junto con la práctica de la que aprendía día a día durante los 10 años de vida política que tuvo, pero era esencialmente un hombre rebelde que ponía en cuestión todo, dudaba de todo y que intentaba construir un mundo nuevo, así ganó a la juventud del mundo. 
Todavía tenía errores, creía que los sindicatos en Cuba debían estar sometidos al partido, aplicando la idea de la URSS en la que los sindicatos eran simplemente una herramienta del partido para domesticar a los trabajadores, creía que no había que hacer huelgas, se olvidaba de que los trabajadores tenían sus propias reivindicaciones en ese periodo de transición todavía capitalista y creía que un partido único era lo mejor, pero el partido único del Che no era el Comunista. 
El Partido Comunista en Cuba se creó después de la revolución mediante la unión de diversos movimientos con tradiciones absolutamente distintas, el 26 de julio que venía de un nacionalismo revolucionario movimientista, el Directorio Revolucionario que eran socialcristianos y un sector del Partido Comunista tradicional, el Partido Socialista Popular, y un grupo de militares nacionalistas antiimperialistas. Fue un partido heredero de las Organizaciones Revolucionarias Integradas (ORI), y que se construyó como Partido Comunista teniendo diversos componentes, la mayoría de los cuales no tenían nada que ver con el PC tradicional cubano. Los partidos comunistas de América Latina se opusieron violentamente al Che, así como la URSS que todavía existía, desconfió de él y trató de combatirlo en Cuba mismo. 

M.H.: Año 2015, cumpliéndose un nuevo aniversario del nacimiento del Che, ¿qué podemos rescatar de su pensamiento? 
G.A.: Creo que lo principal hoy es la rebeldía, no dar nada por sentado, poner las cosas en cuestión, preguntar por qué, ver si hay nuevas vías, no creer en nada definitivo. El lema de Marx, que el Che no alcanzó a leer completo: “dudar de todo” y “nada de lo humano me es ajeno”. El Che tenía eso instintivamente, ponía en cuestión los dogmas y llamaba a crear, a la originalidad. En un período como éste donde lo esencial es decir que no a la ideología dominante, a las políticas que nos propone esa ideología, a la explotación y al imperialismo, buscando una vía, es fundamental, porque es un ejemplo libertario. 

No somos socialistas ni marxistas pero hemos hecho una revolución 
M.H.: Ahora es el turno de Ricardo Napurí, ex diputado constituyente y senador del Perú, quien tuvo la posibilidad de compartir el proyecto político del Che Guevara. Compartiste un avión con Alexis Latendorf quien en años recientes fuera legislador de la Ciudad de Buenos Aires, Armando March, dirigente de los empleados de comercio, con la mamá y el papá del Che, como delegado del diario La Razón e integrante del grupo organizado por Silvio Frondizi, viajaste a La Habana en los momentos mismos de la toma del gobierno por parte de quienes vos denominás en tu libro Pensar América Latina, “los barbudos”. Te pido que compartas ese momento con nosotros. 
R.N.: En 1956, en Argentina se desconocía la lucha cubana contra el tirano Batista. Pero nosotros formamos un grupo de apoyo a los rebeldes, con la mamá del Che y Alexis Latendorf que estaba casado con una cubana exiliada. Era una cuestión extraña a la vida política Argentina, por eso cuando Camilo Cienfuegos renta un avión para llevar a los padres del Che a La Habana, nos sumamos alrededor de 40 personas y llegamos a Rancho Boyeros un día después de que el Che entrara con su columna a La Habana. 
Este hecho además de su perfil histórico, ya que era un privilegio estar presente en Cuba tras la victoria de los rebeldes, me permitió conocer al Che a través de su mamá, con la que tenía una muy buena relación. Mi idea en ese momento era hacer llegar la Revolución Cubana a la Argentina, como secretario general del sindicato de prensa y miembro de la dirección del sindicato Capital. 
Lo conocí el día 10 de enero, estuvimos un largo tiempo conversando, me presenté, le dije que pertenecía al grupo Praxis de Silvio Frondizi, que había sido aviador militar, que me habían expulsado por haberme negado a bombardear la manifestación del APRA en 1948 y que había hecho vida política en tanto marxista en Argentina. Al poco tiempo lo encontré en el hotel donde parábamos y me llevó al Banco de Cuba, donde él era el presidente, charlamos por horas y al final me dijo: “Tú eres marxista, tienes una experiencia determinada, nosotros no lo somos, no tenemos antecedentes socialistas ni marxistas pero hemos hecho una revolución. Creo que se va a profundizar y necesita no solamente el apoyo de países de América Latina y otros movimientos revolucionarios, sino que tenemos que luchar por la transformación de la realidad de nuestros países, luchar contra el capitalismo y el imperialismo”, y me propuso que fuera a Perú a ver qué partidos o personas podían comprometerse con la idea de generar un movimiento solidario con Cuba, que inicie un movimiento revolucionario en Perú. Me comprometí y fui a Perú, por lo tanto, no volví a la Argentina, abandoné mi trabajo y a mi familia. Veníamos luchando por la revolución y el socialismo en América Latina y el Che prometía profundizarla apoyando a cualquier tipo de movimiento que se orientara en esa vía, entonces no esperé y decidí sumarme. Como decía Mariátegui, “ni calco ni copia”, es necesario ver qué vías pueden aparecer en el compromiso del cambio. Esta es la síntesis de mi compromiso con el Che Guevara. 

M.H.: En tu libro Pensar América Latina, decís: “en esos días no escuché de ellos la palabra socialismo, comunismo o marxismo; tampoco siquiera de paso una crítica al capitalismo como sistema y al imperialismo.” Páginas más adelante señalás: “Tenía Ernesto un rechazo visceral a los partidos que se reclamaban falsamente democráticos, sea el APRA, Acción Democrática o el Peronismo, entre otros. Hilda Gadea, quien fuera su primera esposa y peruana, reconoció que en esos momentos el Che había leído limitadamente a Marx, algo de Lenin, nada de Mao Tse Tung y tampoco de León Trotsky. Según ella su salto político lo dio en sus días guatemaltecos y después en México, dijo que le interesó bastante la figura del peruano José Carlos Mariátegui, fundador del marxismo latinoamericano, al que leyó por su recomendación, pero que en su formación política fueron decisivos los hechos de la realidad del país, la revolución democrática que tomó impulso desde la caída del dictador Jorge Ubico y que la coronaba el gobierno del Coronel Jacobo Arbenz apoyado por las fuerzas democráticas y principalmente de los comunistas organizados en el Partido Guatemalteco del Trabajo.” Me gustaría que nos desarrollaras un poco más todo esto. 
R.N.: Hay dos ejes en este planteo, por un lado, las lecturas del Che y cómo él a través de ellas va formando su pensamiento político, por otro, la realidad guatemalteca, donde se había producido una revolución democrática encabezada por el Coronel Arbenz apoyado por las fuerzas populares, sociales, políticas y fundamentalmente el Partido Comunista guatemalteco, que era su sostén principal. 
Esto tiene mucha importancia porque el Che colisiona con el Partido Guatemalteco del Trabajo (PC) porque él quería un puesto de enfermero pero los comunistas le exigían afiliarse al partido como condición para tener un trabajo para sobrevivir. Esto lo llevo a reflexionar y a su vez indica las reservas éticas que tenía, porque prefirió morirse de hambre antes que capitular de sus posiciones. 
Es importante porque el Che no había tenido mucha experiencia previa ni una tradición socialista ni marxista, sin embargo, iba tomando posición. Hay que destacar este hecho porque cuando se produce la agresión de Castillo Armas, patrocinado por Estados Unidos, ve que el Partido Comunista es el primero en capitular, pasan a la clandestinidad, se exilian y abandonan al gobierno. Luego, cuenta Hilda Gadea, el Che se lo encuentra a Fortuny, secretario del PC guatemalteco, y le pregunta por qué no combatieron, a lo que le responde que como la situación estaba difícil creyeron que lo mejor era abandonar el poder para pasar a combatir desde la clandestinidad. 
Ese Che que se estaba formando, da un segundo momento de respuesta y le plantea por qué el Coronel Arbenz no se fue con uno miles de personas a una zona combativa para defender el proceso revolucionario, que el simbolismo de un presidente era suficiente como para impedir el avance de la contrarrevolución patrocinada por Estados Unidos. Fortuny se queda callado y luego el Che dice: “esas son pendejadas, lo único que había que hacer era luchar”. 
Esto tiene que ver con la historia de América Latina, con todos los líderes que abandonaron su posición de privilegio en el mando como Paz Estensoro, Allende, Perón, etc., que prefirieron decir no al derramamiento de sangre y retirarse o ceder el poder. El Che sienta un precedente en cuanto a su posición, que no se puede entregar el poder sin dar pelea. Digo todo esto porque está ligado a la formación política del Che, él había reconocido cuando lo entrevistaron en Sierra Maestra y le preguntaron sobre su militancia en Argentina, que nunca había tenido ideas políticas y menos de izquierda en su país y que si hubiera sido por su familia hubiera sido de derecha. Es importante esto porque a partir de sus viajes va tomando conciencia de la realidad, se va politizando y formando empíricamente y como contestatario frente al imperialismo opresor. 
Hilda que era mi amiga, me confirmó que sus primeras lecturas fueron de Marx, pero fueron pocas y había leído a Lenin, en Guatemala no había leído todavía a Mao ni a Trotsky. Es probable que siguiera avanzando en la lectura de Marx y Lenin, así como otros autores. En México, donde estuvo un año y después estuvo preso, tiempo en el que pudo leer y asimilar otros autores para sumar un bagaje de conocimientos sobre todo económicos y políticos elementales, pero fundamentales. 

M.H.: Más adelante en tu libro escribís las palabras de Fidel de un 17 de abril de 1959 en Nueva York donde manifestaba clara y definitivamente que no eran comunistas: “las puertas están abiertas a las inversiones privadas que contribuyan al desarrollo de la industria en Cuba, es absolutamente imposible que hagamos progresos si no nos entendemos con Estados Unidos.” Entonces, ¿qué dinámica o curso dialéctico hizo que ya en abril de 1961, apenas 2 años después, el mismo Fidel Castro proclamara el carácter socialista de la revolución, o sea, antiimperialista y anticapitalista? 
R.N.: Eso esta íntimamente ligado con lo anterior, con la formación del Che. Cuba era una colonia de Estados Unidos y su vida política tenía el carácter de organizaciones al servicio del imperialismo o contestataria de los mismos por parte del Partido Comunista que venia luchando desde la década del ´20, cuando ya había habido resistencias de carácter obrero en Cuba. Pero los jóvenes que se juntaron en México y en Cuba en el movimiento 26 de julio, no tenían tradiciones partidarias socialistas ni marxistas, algunos, como Raúl y Fidel Castro venían de haber formado parte del Partido Ortodoxo que era de centroizquierda. Lo que digo en el libro es que el que da una pista del porqué se da un salto cualitativo social e histórico en el movimiento cubano, con estos jóvenes que creen que 80 hombres pueden derrotar a Batista que tenía 150.000 hombres armados por Estados Unidos. Uno puede pensar que es una utopía, una locura, luego de dos años de guerra civil y, sobre todo, en la Sierra Maestra, haber derrotado al tirano y haber tomado el poder abriendo la vía de una transición que termina en la expropiación del capital en Cuba. 
El que da esa pista es Trotsky cuando dice que no hay que descartar que organizaciones y partidos políticos no socialistas, pequeños burgueses, incluidos los estalinistas puedan ir más lejos en la vía de ruptura con el imperialismo, a pesar de las condiciones excepcionales en que ellos actuaron. Estando Estados Unidos a 90 millas no se dieron cuenta de que se estaba gestando una revolución. 
Cuando Fidel Castro después del triunfo va en abril a Estados Unidos, señala esto, que no pueden avanzar y emancipar a Cuba si no es con la ayuda del capital, porque consecuentemente con lo que mencionaba antes, no tenían ideas socialistas ni marxistas, con ingenuidad creían que podía existir algún tipo de comprensión de parte de Estados Unidos y del capital, respecto de ese proceso revolucionario que se planteaba. Fidel en ese momento realmente creía esto, no estaba maniobrando. La riqueza de la historia y la excepcionalidad, hacen que el mismo Fidel que en abril del ´59 creía eso, dos años después termina proclamando el carácter socialista de la revolución porque mientras él creía que EE. UU. podía tolerar un proceso de revolución democrática, no lo hizo, lógicamente porque no tolera procesos que no sean a través de sus agentes militares o políticos. Entonces, agrede a Cuba y le va cortando la cuota azucarera y todas las provisiones de la industria, el embargo que ha durado hasta hoy. 
El desafío fue que se encontraron desafiados entre dos procesos, la agresión imperialista y la movilización de las masas ilusionadas con la caída del tirano Batista y con las promesas revolucionarias. Ellos optaron por las masas a partir de sus convicciones primarias y se pusieron al frente del sentimiento de ellas para darle un curso democrático a esa revolución. Después de Bahía de Cochinos, Estados Unidos sigue agrediendo y ellos responden nacionalizando todas las empresas norteamericanas y terminan expropiando el capital. 
Nadie puede probar que su programa inicial tuviera un fin socialista, ellos iban a derrotar a Batista y a imponer un régimen democrático como Costa Rica, pero en Cuba, sin embargo, la excepcionalidad del proceso, la torpeza del imperialismo y la sensibilidad revolucionaria de ellos hacen que opten por comandar las necesidades insatisfechas de ese pueblo sufrido. Por eso con mayor o menor capacidad teórica, Fidel Castro dice también en 1961 que la revolución era socialista y que estaban abiertas las vías para la construcción de una sociedad socialista en Cuba. 

M.H.: ¿Cuál es la vigencia del pensamiento y la acción del Che Guevara en la actualidad? 
R.N.: Es una pregunta difícil. Creo que hay que empezar por las tergiversaciones que se hacen de él, el ataque hacia el Che tiene que ver con que fracasó en su proyecto utópico de la guerra de guerrillas y, por otro lado, que no comprendió la realidad de nuestros países y que cual Quijote contra los molinos de viento, quiso terminar con el capital. Sin embargo, sabemos a partir de la riqueza de sus trabajos, que el Che era más que eso, porque trató de dar una respuesta en Cuba a lo que aparecía como una transición al socialismo. Instala la discusión de cómo en esa transición establecer posiciones políticas programáticas y teóricas que no cayeran en la tradición estalinista y establece ideas importantes, no importa que no sean acabadas, lo más importante es que intenta reflexionar sobre la realidad de su propio país con elementos que deben ser retomados ahora. 
La otra cuestión fundamental es el ejemplo de su vida, un joven desinformado políticamente que es capaz de armarse de conocimientos, con una voluntad de hierro y desafiar la realidad y dar respuestas uniéndose a Fidel Castro, abriéndose curso en la historia de un país. 
Su posición ética es fundamental, porque el estalinismo había hecho un desastre de la lucha política, los partidos burgueses transitaban por otra vía, el Che instala a partir de su concepto del hombre nuevo, del socialismo humanista, retoma ideas de Marx y las recrea a su estilo, dejando abierta la puerta para que a partir de sus reflexiones, sus trabajos, podamos armarnos en la construcción de un pensamiento teórico en la realidad de América Latina y del mundo, sobre todo de los países atrasados. 
Su aporte es muy importante, para que todos aquéllos que nos llamamos revolucionarios aprendamos de la realidad tal cual es, para terminar con las falsas utopías, los dogmatismos y los sectarismos y ver cómo la Revolución cubana y el pensamiento del Che, crean elementos para tener en cuenta en la lucha y dan cuenta de nuevas vías para el socialismo. 

Tenía desconfianza de Perón y el peronismo en un momento de avance de las fuerzas populares 
M.H.: Gerardo Bavio también fue compañero del Che, participó en el Ministerio de Industria, en la Secretaria de Energía en los años ´62/´63. ¿Qué te llevó a viajar a Cuba en ese momento? 
G.B.: Mi militancia en esa etapa transcurría en Córdoba, con compañeros vinculados a la lucha por lo que llamábamos la Resistencia Peronista. Le llamábamos así porque la mayoría éramos peronistas, pero no era una posición excluyente, había una cantidad de compañeros que venían de otras ideas y organizaciones políticas, pero construyendo siempre hacia una transformación social en reacción a quienes tomaron el poder luego del bombardeo de Plaza de Mayo en 1955. 
Durante ese tiempo habíamos apoyado la candidatura de Framini-Anglada, una pequeña grieta de legalidad que ofreció Frondizi, suponiendo que nos iba a ganar, pero no fue así, ganó Framini por una diferencia aplastante. Se dio una crisis profunda porque enseguida Frondizi dejó sin efecto las elecciones y al día siguiente los militares lo sacaron a él también de la presidencia. Fue una nueva frustración de las posibilidades legales en Argentina, después del desastre de los fusilamientos de José León Suarez en el ´56, donde cae el General Valle, Cogorno y una cantidad de presos que son llevados a un basural y son fusilados por orden de Aramburu, Rojas, Fernández Suárez y los que estaban en el poder en ese momento. 
Cuando surge la Revolución cubana teníamos algunas dudas, pero luego se define una posición revolucionaria con Fidel y nuestro compañero el Che Guevara. Decidimos que era necesario tomar contacto con ellos y con John William Cooke que era un compañero extraordinario que conocíamos a través de sus prácticas y luchas en Argentina, que fue quien dirigió la Resistencia Peronista desde los primeros momentos. 
El compañero que nos acompañó fue el cordobés Jorge Vexenat, hombre de izquierda, solitario, que no pertenecía a ningún partido pero militaba siempre en una posición revolucionaria. Llegamos el 1 de junio de 1962, esa misma noche nos encontramos con el Che, fue uno de los momentos más inolvidables de mi vida. Estuvimos conversando y me ofreció quedarme en Cuba, así fue como entré en el área energética, teníamos que poner en marcha empresas termoeléctricas. 
Un año antes se había hecho cargo del Ministerio el Che y estaba comenzando a implementar algunos criterios propios que fueron invalorables, tenía un proyecto para transformar esa economía dependiente, subsidiaria y desindustrializada, como era la Cuba de esa época con el monocultivo, la caña de azúcar, etc. Quería crear una industria, tenía ideas y proyectos al respecto que tal vez entraban en conflicto con otros proyectos del gobierno cubano de Fidel con quien tenía muy buena relación, además de ser miembro de las Fuerzas revolucionarias cubanas, cuando se forman las Organizaciones Revolucionarias Integradas, para superar una serie de conflictos que habían surgido entre las distintas tendencias. 
Hay que tener en cuenta que Cuba llega a la revolución a través de la lucha armada en la Sierra Maestra, pero además había otros grupos revolucionarios que apoyaban y estaban en contra de la dictadura de Batista, que tenían algunas diferencias pero se unificaron, fundamentalmente gracias a Fidel, su prestigio y su dominio sobre los sectores populares. En este marco llegué a Cuba. 
Las charlas que tuve con el Che fueron políticas, teníamos algunas ideas similares. Argentina todavía estaba bajo dictadura militar, estábamos tratando de formar las fuerzas más revolucionarias posibles para darle batalla, éramos un grupo arriesgando el cuero por esto. 

M.H.: Trabajando con el Che en el Ministerio de Industrias viviste la llamada “Crisis de los misiles”, me gustaría que comentaras ese hecho y cuál fue el papel del Che en relación a esos acontecimientos. 
G.B.: Nosotros desconocíamos la existencia de cohetes y ojivas nucleares, porque se fueron desarrollando en un ámbito secreto entre sectores del gobierno cubano y la URSS, en lo que consideramos una estrategia defensiva ante la posibilidad de un ataque, porque en Playa Girón habíamos triunfado, pero los proyectos invasores de Estados Unidos seguían presentes, así como lo hacen al día de hoy. 
Nosotros trabajábamos en una oficina que quedaba en la Compañía cubana de electricidad que tiene sus instalaciones en el malecón, frente al mar, se veía la silueta de barcos rusos entrando y los norteamericanos bloqueando el acceso que de alguna manera era burlado por los soviéticos, pero era un punto de conflicto permanente. Eso se tradujo en un momento determinado en que un avión estadounidense detectó la existencia de cohetes y llegó la amenaza de la invasión. 
Nosotros como trabajadores, estábamos preparados para defender la isla, teníamos reuniones, estábamos en contacto con los sectores a cargo de la defensa de Cuba y en ese momento se interrumpieron muchos de los trabajos que estábamos haciendo y empezamos a organizarnos para reprimir o evitar una invasión, estábamos permanentemente en pie de guerra, armados. 
Esa era la situación que se vivía, en una decisión de lucha que rebasaba todos los ámbitos, decididos a dar la batalla. Mientras estábamos en situación de riesgo, durante esos días, se sucedían conversaciones que a veces eran solo telefónicas, entre John F. Kennedy, presidente de los Estados Unidos y Nikita Kruschev, de Rusia. La impresión que yo tengo es que se llegó a un arreglo y se acordó que EE. UU. no invadiera, que se levantaran las instalaciones de cohetes, bajo la vigilancia de las Naciones Unidas. Lo mismo iba a hacer Estados Unidos con unas instalaciones que tenía en Turquía y que apuntaban a la URSS. 
En ese acuerdo el pueblo cubano no tuvo mayor intervención y esto molestó mucho a Fidel y al Che. Fidel se distanció durante unos días, pero se retomó rápidamente la comunicación con Kruschev porque la alternativa era el apocalipsis, una tercera guerra mundial de carácter nuclear estaba como amenaza. Fue un alivio el arreglo, a pesar del malestar que generó. 

M.H.: ¿Cuál era la visión que tenía Ernesto Guevara del peronismo? 
G.B.: La primer charla que tuvimos fue sobre eso, él decía, influenciado seguramente por sus charlas con peronistas, con Cooke sobre todo, que la realidad social de Argentina no podía pasar por alto la existencia y la influencia del peronismo en la etapa histórica en la que vivíamos, es decir, no podíamos ignorarlo ni calificarlo de movimiento burgués como algunos sectores de izquierda lo hacían. El Che además había entendido al peronismo, esto figura en algunas cartas que escribió a su madre, fundamentalmente a partir del ´55, cuando las posiciones de clase entre el peronismo y el antiperonismo gorila, fueron más claras. 
Por otro lado, no consideraba al peronismo como el sujeto de la revolución, él nos dijo una frase que fue casi premonitoria “yo lo que tengo desconfianza es del rol que pueda cumplir el peronismo y Perón en un momento de crisis cuando sea el momento de la posibilidad de avance de las fuerzas populares”, él manifestaba desconfianza a la línea revolucionaria de Perón. Estaba de acuerdo con John William Cooke en la idea de construir el sujeto de avance y transformación revolucionario. 
Hay que tener en cuenta que la inmensa masa del pueblo trabajador era peronista, por lo tanto, no se podía pasar por alto su importancia, de ahí había que partir, pero ir hacia una salida diferente. Para mí esa era la posición que tenía, trabajar desde la masa de trabajadores como sujeto social, pero al mismo tiempo de ahí construir el movimiento revolucionario trabajador. Desconfiaba de Perón, creo que nosotros también desconfiábamos de Perón, aun siendo peronistas. Pero había que hacer algo a partir del peronismo, no en contra. 

MH: Tenemos que despedirnos. Fueron casi tres horas de transmisión por FM Che Barracas en este programa que hemos dado en llamar “La Gran Aldea”. Espero que hayamos cumplido en homenajear al Comandante Guevara, en su natalicio, un 14 de junio de 1928, en la ciudad de Rosario. Dentro de dos semanas será el turno de Maximiliano Kosteki y Darío Santillán, los dos jóvenes militantes asesinados en el Puente Pueyrredón, un 26 de junio de 2002. ¡Hasta la victoria siempre Comandante, Darío y Maxi! ¡Venceremos! 

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