viernes, 28 de noviembre de 2014

Pensadores y gestores



Por Eduardo Anguita

¿No es hora de salir de los esquemas/límites de los espacios nacionales para pensar los cambios?

Cierto saber consagrado de las supuestas grandes democracias europeas tiembla por las torpezas de los principalísimos protagonistas. A mediados de 2013, el primer ministro del pequeño ducado de Luxemburgo Jean Claude Juncker dimitía y llamaba a elecciones anticipadas: se habían filtrado las pinchaduras telefónicas realizadas por los espías luxemburgueses. Cualquiera pensaría que Juncker pasaba al olvido. Sin embargo, en mayo de 2014 entró como eurodiputado y desde el 1º de noviembre preside la Comisión Europea. No bien asumió, explotó el bombazo. El Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ) publicaba un informe lapidario: durante dos décadas Juncker habría sido el vehículo para que grandes multinacionales de todo el planeta evadieran impuestos vía la banca luxemburguesa. Juncker estuvo presente en la reunión del G-20 de Brisbane, Australia. Allí, entre los compromisos para un futuro incierto, los mandamases del planeta se comprometían a algo que parece más que básico, casi un desafío a la inteligencia humana. El compromiso, totalmente incierto, es que las multinacionales paguen impuestos en los lugares donde obtienen la renta. Es probable que la mayoría de los lectores ni siquiera se puedan imaginar cómo pudo ser el camino para que se modificara esta ley elemental del mercado: el que invierte en Canadá paga impuestos en Canadá y el que invierte en Nigeria paga impuestos en Nigeria. 

Lo obvio no existe. Al menos para las ciencias políticas y sociales así como para otras disciplinas que intentan dar cuenta de los fenómenos del poder sin partir de otro equívoco como es el de diferenciar poder económico de poder político. La trama de corrupción del actual presidente de la Comisión Europea duró, de acuerdo a los archivos del ICIJ, dos décadas. Más o menos desde el fin del régimen soviético y la creencia de ciertos pensadores de que llegaba el fin de la historia o, dicho de otro modo, la impunidad de las multinacionales. Pensadores como Francis Fukuyama o Samuel Hungtington se floreaban hace dos décadas con categorías altamente conservadoras y de resentimiento a las ideologías revolucionarias. Las usinas del pensamiento burgués gozaron por un par de décadas de un contexto altamente conveniente: enfrente estaba el alicaído autoritarismo soviético y todos los medios se horrorizaban con el control social que hacía la Stasi, la policía secreta de Alemania Oriental, a través de las escuchas ilegales. En cambio, el demócrata cristiano Juncker está más que blindado por el poder mediático.

¿No es hora de salir de los esquemas/límites de los espacios nacionales para pensar los cambios? ¿Se puede pensar el altermundismo? ¿Cómo y quiénes contribuyen a que la palabra sea acción y la acción tenga enunciados verbales? Así como las grandes compañías necesitan borrar las barreras nacionales para maximizar sus rentas y cuentan con sus batallones armados y sus batallones de publicaciones, una infinidad de partidos políticos, movimientos sociales, de colectivos confesionales, laicos, organizaciones de trabajadores y de todo tipo ejercen una fuerte resistencia a este esquema de concentración de poder mundial. El consorcio internacional de periodistas no se propone como una voz ideológica contra el sistema: apenas reivindica el ejercicio consecuente de lo que un siglo atrás era el surgimiento de los muckrakers, cronistas que metían los pies en el barro y contaban las miserias de los poderosos en tiempos de Teodoro Roosevelt. No es poca esa contribución. Pero no parece suficiente con mostrar las miserias o la decadencia de los poderosos. Carlos Marx explicó que una de las formas de acumulación primitiva del capital fue la rapiña. ¿Por qué pensar que este sistema –así como otros que lo precedieron– va a abandonar la rapiña o, incluso, la guerra como modo de apoderamiento de riquezas? Pensar, según Marx, también es hacer. Los filósofos se ocuparon hasta ahora de interpretar al mundo –también dijo Marx en sus célebres Tesis sobre Feurbach–. De lo que se trata es de transformarlo.
Nota: Este artículo es el primero del Informe especial "Pensar la actualidad", publicado por Miradas al Sur.

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