lunes, 1 de abril de 2013

Hollywood y la CIA




Por Julie Levesque

"Una de las tendencias más generalizadas de la cultura occidental del siglo XXI se ha convertido en una especie de obsesión en Estados Unidos. Se trata de la recreación y confección a medida de ciertos acontecimientos históricos que refuercen el paradigma político existente y cuenten "la historia según Hollywood" utilizando cientos de millones de dólares de la maquinaria corporativa de los estudios cinematográficos" 

Patrick Henningsen, "Hollywood History: CIA Sponsored `Zero Dark Thirty', 
Oscar for `Best Propaganda Picture´ "
Black Hawn Derribado , Zero Dark Thirty y Argo son solo algunas de las principales películas recientes que muestran cómo la industria cinematográfica actual promociona la política exterior norteamericana. Pero la industria del cine ha sido utilizada para la propaganda desde comienzos del siglo XX y la cooperación entre Hollywood, el Departamento de Defensa, la CIA y otros organismos gubernamentales no es nada nuevo.

El Oscar a la mejor película por Argo , que Ben Affleck recibió de manos de Michelle Obama, muestra la proximidad de esta industria con Washington. Según Soraya Sepahpour-Ulrich, Argoes una película propagandística que esconde la desagradable verdad de la crisis iraní de los rehenes, concebida para preparar al público norteamericano para la próxima confrontación con Irán:

Los observadores políticos extranjeros hace tiempo que saben que Hollywood actúa como vehículo para mostrar y promover las políticas norteamericanas (que, a su vez, deciden Israel y sus partidarios). Esta realidad se hizo pública cuando Michelle Obama anunció el Óscar para Argo , un film muy propagandístico y anti-iraní. Entre el brillo y la emoción, Hollywood y la Casa Blanca revelan su pacto y lanzan el mensaje a tiempo de las próximas conversaciones sobre el programa nuclear iraní [...]

La historia del apoyo de Hollywood a las políticas norteamericanas viene de muy atrás. En 1917, cuando Estados Unidos se unió a la Primera Guerra Mundial, la comisión de información pública (CPI) del presidente Woodrow Wilson consiguió la colaboración de la industria del cine para realizar películas formativas y de apoyo "a la causa". George Creel, presidente del CPI sostenía que las películas eran cruciales para "trasladar el espíritu del americanismo a cada rincón del planeta".

Ese pacto se vio muy reforzado durante la Segunda Guerra Mundial [...y] la contribución de Hollywood fue la de desarrollar propaganda. Después de la guerra, Washington correspondió por su parte, proporcionando subvenciones, disposiciones especiales en el Plan Marshall y utilizando su influencia general para forzar los resistentes mercados cinematográficos europeos [...]

Mientras Hollywood y la Casa Blanca festejan con entusiasmo Argo y su mensaje propagandístico, ocultan deliberadamente y sin rubor alguno un aspecto crucial de este acontecimiento "histórico". El brillo esconde el hecho de que los estudiantes iraníes que tomaron la embajada de Estados Unidos en Teherán también revelaron al mundo el oscuro secreto de Israel. Documentos calificados como "secretos" pusieron al descubierto las actividades de LAKAM, una red israelí organizada en 1960 para realizar espionaje económico en EE.UU. y perteneciente a la diversidad de agencias de inteligencia científica que trabajaban en Estados Unidos a favor de la industria de defensa israelí" (Soraya Sepahpour-Ulrich, "Oscar to Hollywood's Argo: And the Winners are... the Pentagon and the Israel Lobby).

Para conocer la realidad de la crisis de los rehenes iraní, una operación encubierta de la CIA, Global Research recomienda la lectura del artículo de Harry V. Martin publicado en 1995: "The Real Iranian Hostage Story fron the Files of Fara Mansoor":

Fara Mansoor es un fugitivo. Aunque no haya quebrantado ninguna ley en Estados Unidos. Su delito es la verdad. Lo que tiene que decir y los documentos que guarda equivalen a su pena de muerte; Mansoor es un iraní que formaba parte del "establishment" en Irán mucho antes de la crisis de los rehenes en 1979. Los datos que aporta Mansoor descartan la supuesta "teoría de la sorpresa de octubre" por la que Ronald Reagan y George Bush habrían pagado a los iraníes para que mantuvieran a 52 rehenes norteamericanos hasta pasadas las elecciones presidenciales de noviembre de 1980 [...]

Con cientos de documentos en los que sustentar su posición, Mansoor afirma que la "crisis de los rehenes" fue una "herramienta de gestión" política creada por la facción de la CIA favorable a Bush, y desarrollada gracias a una alianza previa con los fundamentalistas islámicos de Jomeini. Según afirma, su propósito era doble:

Mantener Irán intacto y sin comunistas facilitando a Jomeini todo el control.
Desestabilizar al gobierno Carter y colocar a George Bush en la Casa Blanca. (Harry V. Martin, "The Real Iran Hostage Crisis: A CIA Covert Op)

Zero Dark Thirty es otra magnífica obra de propaganda que también ha suscitado indignación este mismo año, pues aprovecha los terribles sucesos del 11-S para presentar la tortura como un mal necesario y efectivo:

Zero Dark Thirty es inquietante por dos razones. La principal de ellas es que crea en el espectador la errónea impresión de que la tortura ayudó a la CIA a encontrar el escondite de Bin Laden en Pakistán. Y, por si fuera poco, ignora la ilegalidad y la inmoralidad de utilizar la tortura como técnica de interrogatorio.

El thriller empieza advirtiendo que está "basado en el relato de primera mano de hechos reales". Después de mostrar imágenes de los terribles ataques del 11-S, pasa a una larga descripción gráfica de la tortura. Se somete al detenido "Ammar" a ahogamiento simulado (waterboarding) , posturas de tensión, privación del sueño y reclusión en una pequeña caja. Como resultado de la tortura, revela el nombre del correo que finalmente conduce a la CIA hasta la localización y asesinato de Bin Laden. Tal vez sea una buena representación, pero es inexacto y engañoso (Marjorie Cohn, "Zero Dark Thirty, Torturing the Facts").

Con motivo de la entrega de los premios Golden Globe, este mismo año, algunos analistas criticaron que Hollywood "celebrara el Estado policial" y afirmaron que el ganador de los premios había sido el complejo militar-industrial:

Homeland ganó premios a la mejor serie, mejor actor y mejor actriz de televisión. Se trata de una serie entretenida que en realidad retrata algunos de los defectos del sistema.

Argo ganó al mejor director y mejor película. Se trata de un film que glorifica a la CIA, y Ben Affleck pronunció las mayores alabanzas de este organismo.

Y el de la mejor actriz fue Jessica Chastain, de Zero Dark Thirty, una película que ha sido despreciada por hacer propaganda de la tortura.

El complejo de inteligencia militar industrial cada vez desempeña un papel mayor en nuestras vidas. Durante los próximos años veremos películas centradas en el uso de la tecnología de los drones , aviones no tripulados, en misiones policiales y de espionaje en EE.UU. Ya hemos visto algunas que mostraban cómo los espías violan cualquier aspecto de nuestra vida privada, incluso de las partes más íntimas. Al realizar series de televisión y películas que celebran esta ampliación cancerígena del Estado policial, Hollywood y los grandes estudios están normalizando las ideas que representan: la mentira al público mediante la creación rutinaria de historias fraudulentas que encubren lo que realmente está pasando (Rob Kall, citado en el Washingtonblog, The CIA and Other Government Agencies Dominate Movies and Television).

Todas estas conflictivas conexiones de Hollywood han sido estudiadas con detalle en un informe de Global Research publicado en enero de 2009, "Lights, Camera... Covert Action: The Deep Politics of Hollywood". El artículo enumera gran cantidad de películas en cuyo guión han colaborado por motivos de propaganda el Departamento de Defensa, la CIA y otros organismos gubernamentales. Es interesante señalar que el director premiado con un Óscar este año, Ben Affleck, cooperó con la CIA en 2002 cuando protagonizaba The Sum of All Fears(Pánico nuclear).

Los autores Matthew Alford y Robbie Graham explican que, comparado con la CIA, el Departamento de Defensa "mantiene una relación abierta aunque poco publicitada con la serie Tinsel Town ", relación que, "siendo moralmente dudosa y poco anunciada, ha tenido lugar de forma pública". Estos autores citan un informe de 1999 de la CIA que muestra el aumento de influencia de la organización, no solo en el negocio del cine sino también en los medios de comunicación, en donde "tiene contactos con periodistas de todas las principales agencias de noticias, periódicos, semanarios de información y cadenas de televisión de la nación". Solo en 1996, la CIA anunció que "estaba dispuesta a colaborar abiertamente con las producciones de Hollywood, supuestamente limitándose a actuar como `asesora´":

La decisión de la CIA de trabajar abiertamente con Hollywood estuvo precedida por la publicación de un informe sobre mayor apertura de la organización, recopilado por el grupo específico nombrado por su director, Robert Gates con ese fin, que se planteaba en secreto (¡qué ironía!) si la organización debería ser menos secretista. El informe reconoce que la CIA "tiene contactos con periodistas de todas las principales agencias de noticias, periódicos, semanarios de información y cadenas de televisión de la nación" y sus autores señalan que esto les había ayudado a "transformar algunos casos de fracasos en operaciones con éxito y había contribuido a la exactitud de muchos otros". Continúa revelando que, en el pasado, la CIA ha "convencido a algunos periodistas de posponer, cambiar, mantener en secreto o incluso desechar historias que podrían haber tenido efectos adversos en la seguridad nacional" [...]

El autor de novelas de espionaje Tom Clancy ha mantenido una relación especialmente cercana con la CIA. En 1984, fue invitado a visitar la sede de la organización en Langley, tras escribir "A la caza de Octubre Rojo", que se convertiría en película años más tarde. La CIA repitió su invitación cuando trabajaba en "Juego de Patriotas" (1992) y cuando se hizo su adaptación cinematográfica, la agencia permitió el acceso a su complejo. Más recientemente, "Pánico nuclear" (2002) describía a la CIA a la busca y captura de terroristas que hacían explotar un arma nuclear en suelo norteamericano. En este caso, fue su director, George Tenet quien actuó como guía personal en un tour con los cineastas por las instalaciones de la organización; el protagonista de la película, Ben Affleck, también consultó con los analistas de la organización y Chase Brandon sirvió de asesor en el rodaje.

Durante la Guerra Fría, el agente del comité estratégico psicológico (PSB) Luigi G. Luraschi actuó como ejecutivo de la Paramount. "Había conseguido que diferentes directores de castingaceptaran incluir ingeniosamente en las películas "negros bien vestidos", entre ellos un "solemne mayordomo" que pronunciaba algunas frases indicando que `era un hombre libre´". El propósito de estas modificaciones era "dificultar la capacidad de los soviéticos de explotar las malas relaciones raciales del enemigo y sirvió para crear una impresión particularmente anodina de Estados Unidos, que en aquella época todavía vivía la segregación racial. (Ibíd.)

Las últimas producciones ganadoras de Óscars muestran que la visión maniquea del mundo que presenta la agenda política extranjera norteamericana no ha cambiado desde la Guerra Fría. La alianza entre Hollywood y la CIA sigue viva y en buen estado y aún retrata a Estados Unidos como el "líder del mundo libre" que lucha contra el "mal" en todo el mundo:

Las interconexiones entre el aparato de Hollywood y el de la seguridad nacional se mantienen tan estrechas como siempre. El ex-agente de la CIA Bob Baur nos confesó que "existe una simbiosis entre la CIA y Hollywood [...]" Las afirmaciones de Baer ganan peso con los encuentros en Sun Valley, concentraciones anuales en ese valle de Idaho en donde varios centenares de los nombres más señalados de los medios de comunicación norteamericanos –incluyendo a todos los ejecutivos de los grandes estudios de Hollywood- se juntan para debatir la estrategia mediática colectiva para el año próximo. (Ibíd.)

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