sábado, 19 de abril de 2014

Gabo


Por Eduardo Bähr




"Soy de los que lleva la 
amistad hasta la muerte"

G. García Márquez

No caeremos en equivocación al asegurar que el fallecimiento de Gabriel García Márquez, hace apenas unos minutos de esta tarde de jueves santo, 17 de abril de 2014, va a producir un hondo y genuino pesar en todo el mundo, sin que el sentimiento de dolor haga esta vez distinción entre ideólogos sin ideologías y odiadores epidérmicos contrarios al indomable carácter de quien siempre habló de frente y viendo hacia los ojos de quien fuera su interlocutor, poderoso o no.

Podría suceder, incluso, que pequeñas almas aferradas al individualismo recuerden que este hombre extraordinario retó al mundo y a la historia para defender unos de sus principios más férreos: la Amistad. Entonces, incapaces de sostener algo tan sublime, harán acopio de indiferencia mientras se aprestan a escribir columnas hipócritas para resaltar su propio nombre, aprovechando la triste noticia. Sobre éstos el propio Gabo ya había previsto, sin embargo, una de sus frases lapidarias: "Volverán, porque la vergüenza tiene mala memoria".

Hasta este momento nadie ha expresado con tanta exactitud y contundencia el infausto suceso como el presidente Santos Calderón, de Colombia, quien hizo rodar por el mundo una simple metáfora: "Los gigantes nunca mueren". De manera que muchas veces más estaremos leyendo u oyendo sentidas frases, por lo menos por esta vez, con un soplo de tiempo arropadas por la sinceridad.

Del "Boom Latinoamericano", la gran experiencia literaria del siglo pasado y de la cual García Márquez fue cabeza principal se ha dicho y escrito mucho. La esencia, sin embargo, aunque pequemos de docentes retirados, no fue el combinar de manera acertada la realidad de nuestros países con lo maravilloso y fantástico –como ya lo había hecho el precursor Alejo Carpentier—; lo esencia fue encontrar la naturalidad y el alejamiento preciso para decirlo por escrito sin alardes, y de paso ser uno de los habitantes de este territorio y de su propia ficción.

El "Boom" hizo crecer el universo esplendoroso y la personalidad colectiva de todos estos países del "tercer mundo" y, con la pluma de Vargas llosa, Roa Bastos, Donoso, Lezama Lima, Fuentes, Cortázar y el propio Gabo, se llevó a primerísimas categorías el descubrimiento que ya habían integrado, en clave de precursores, Borges, Asturias, Vallejo, Onetti, Uslar Pietri y otros para que Latinoamérica brillara con luz muy propia. Tanto, que la base popular alfabeta tuvo que subir también hasta esos niveles y olvidarse, por un par de decenios, de los escritores que le había estado arrimando la cuchara para ofrecerles lo que querían oír o leer.

El remolino fue tan prodigioso que, gigantes como Julio Cortázar también tuvieron que esperar a que bajara el barómetro de la fama y popularidad de unos para que ellos pudiesen ser leídos como se merecían. El caso, digamos, de Isidoro Luis Borges (Jorge Luis) sobre sus amigos Peyrou y Bioy Casares.

Factores como el de la difusión literaria –que envió a todas partes la gran calidad de los escritores norteamericanos de la Lost Generation- y la comunicación globalizadora comenzaron a fiarse, dúctiles pero sorprendidas, de la inteligencia de estos pueblos fornicadores y fiesteros. Es así como, desde entonces con este "Boom", no para de nacer un gran escritor o una prodigiosa escritora en estos parajes asolados por la indiferencia oficial contra sus acérrimos enemigos: la cultura, el arte y la literatura.

Desde Cien Años de Soledad hasta Memoria de Mis Putas Tristes, una de sus últimas producciones, la calidad de este escritor no mermó un ápice y, por lo contrario, su fórmula de audacia, imaginación, fantasía y naturalidad le fue tan propicia como agradable continuó para nosotros el leerlo.

Fuerte sentimiento nos deja esta partida. Todos sus lectores; quienes tuvimos la dicha de hablar con él dos minutos, sus amigos y sus enemigos, y las generaciones actuales que lo admiran podrán hacer suya, desde hoy, jueves santo de abril de 2014, una de sus frases más hermosas: "El mar crecerá con mis lágrimas".

Tegucigalpa, a minutos del suceso.


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