miércoles, 18 de marzo de 2020

Coctel explosivo en Iowa


Por Arturo Balderas Rodríguez

Según la Conferencia Nacional de Legislaturas Estatales (NCSL), las leyes de las elecciones primarias son diferentes en cada estado, sumamente complejas, y han sido causa de confusión entre votantes y quienes las administran. Nos referimos a los caucus, cuya organización corre a cargo del partido, no de un órgano autónomo.
Lo de Iowa es fascinante por la forma en que se vota, y excepcional por los yerros cometidos. En los caucus los votantes registrados en un partido político se reúnen en una escuela, gimnasio, o casa y se agrupan en función del candidato que apoyan. Expresan el por qué de su apoyo en una deliberación que puede durar horas. Cuando en una primera ronda de votación los candidatos no alcanzan un porcentaje determinado de antemano, quienes los apoyaron se mueven a otro grupo, o se retiran del lugar. Luego se abre una nueva ronda de discusiones y se vuelve a votar. El sistema es lo más cercano a una elección directa, con sus defectos y limitaciones.

Una vez terminados los caucus, normalmente se cuentan los votos y las tabulaciones se envían personal o telefónicamente al comité organizador del estado. Sólo que esta vez, en Iowa, se les ocurrió instrumentar una aplicación electrónica o app mediante la cual se debían computar y concentrar los resultados. El problema fue que quienes usaron la aplicación no eran lo suficientemente diestros en el empleo de esa peculiar forma de comunicación y al parecer se hicieron bolas en su manejo. Un error generó otro y otro hasta que el sistema se paralizó, por lo que no se pudieron conocer los resultados esa misma noche, como se tenía previsto.

Fue como si una persona de edad, poco diestra en el manejo de las comunicaciones modernas tratara de hacer una reservación en el restaurante Delfín de Colima y le avisaran dos horas más tarde que la estaban esperando en el Delfín de Madrid, España, o, quisiera pedir un Uber y terminara con una reservación en Aeroméxico. Algo no muy diferente les sucedió en Iowa, cuya mayoría es blanca, rural y de edad avanzada.

El problema tiene ribetes más graves. Le abrieron la puerta a Trump para que dijera si los demócratas son incapaces de organizar una elección en un estado del tamaño de Iowa, cómo pretenden gobernar a Estados Unidos. El descalabro justifica, ahora con mayor razón, la preocupación de más de la mitad de los estadunidenses.

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