jueves, 14 de junio de 2018

Comunidad Camagüey en Atántida, un ejemplo de soberanía territorial



En la zona alta de la cordillera de Gracias a Dios, la comunidad de Camagüey se empodera de sus bienes naturales y le hace frente al modelo extractivo, que cada día carcome los departamentos de Honduras en complicidad con el gobierno y los grupos económicos nacionales y  multinacionales.

Un proyecto de energía renovable alternativo y comunitario es lo que se gesta en esta comunidad pequeña que rodea el río Camagüey, tan olvidada eternamente por gobiernos locales y nacionales. “Esta comunidad tiene grandes niveles de pobreza, de desnutrición, no tiene agua potable ni electricidad, digamos: completamente olvidada por los gobiernos”, cuenta Osman Orellana de la oficina de Justicia, Paz, Integridad de la Creación de los misioneros Claretianos en Honduras.

Después del cansancio provocado por las tantas gestiones y la no escucha de la Empresa Nacional de Energía Eléctrica, ENEE, para resolver la falta de energía en el sector, la Parroquia Nuestra Señora del Pilar en Arizona, Atlántida, el Movimiento Amplio por la dignidad y la Justicia (MADJ), junto a la  Cooperación Alemana, comenzaron el acompañamiento a la comunidad que está demostrando el manejo de proyectos de desarrollo sin capital multinacional.

El río Camagüey se dio en concesión hace algunos años a la empresa Minerales La Victoria, la gente organizada que no suma más de 45 familias, logró sacarla y comenzó a plantearse un proyecto alternativo que generará electricidad y agua potable para toda la comunidad y a su vez blindará su bien natural de empresas multinacionales que explotan las aguas, generan dinero para sus bolsillos y dejan a la población dividida y con daños ambientales.

Otras comunidades del departamento de Atlántida también nos dan lecciones de lucha, dignidad y vida. A unos 45 minutos de la comunidad de Camagüey se encuentra el río Jilamito, en el municipio de Arizona, éste también está amenazado por la empresa Inversiones de Generación Eléctrica Sociedad Anónima (INGELSA), por tal razón, los pobladores llevan un año plantados resistiendo pacíficamente en un campamento donde se respira lucha y amor por este recurso hídrico.

También, al oeste del municipio de Tela, está la comunidad de Pajuiles, que está haciendo frente a la empresa Centrales Hidroeléctricas de El Progreso HIDROCEP, a  pesar de los hostigamientos, intimidaciones del empresario y la criminalización de los entes del Estado, por defender el río Mezapa.

Honduras después del golpe de Estado de 2009, incrementó el otorgamiento de concesiones mineras y la entrega de licencias ambiental es para proyectos de generación de energía. Esto, como parte de la política de concesionamiento territorial y de bienes naturales que otorga el gobierno de Honduras a empresas nacionales y extranjeras.

Osman Orellana califica que, “un proyecto como este que es una Micro Central Hidroeléctrica, no trae impactos ambientales, no hay manoseo (de dinero) ni corrupción, y además los beneficios son directos para la comunidad que han cuidado el río por muchos años”.

El proyecto va caminando a paso lento pero agarrando forma. Aunque los costos son altos, la comunidad sigue recaudando dinero, y con el apoyo de la Parroquia Nuestra Señora del Pilar y la cooperación Alemana ya se cuenta con la construcción de la presa, el canal de represamiento de agua está en un 85%, y la casa de máquina en un 70%.

Así como los campamentos de Pajuiles y de Jilamito, la comunidad de Camagüey es otro ejemplo de dignidad y resistencia pacífica, sin perder el horizonte de desarrollo, pero un desarrollo que se construye desde las necesidades de las comunidades de la mano con la protección de los bienes de la casa común.

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