martes, 7 de agosto de 2018

John Coltrane, jazz, racismo y resistencia



Por Martin Smith

“Cuando un músico Negro* coge su instrumento y empieza a soplar, improvisa, crea; sale de su interior. Es su alma. El jazz es el único espacio de Estados Unidos en el que el hombre Negro puede crear libremente”.

Así es como Malcolm X describió el espíritu del jazz en un mitin político organizado en Nueva York en 1964. Entre el público se encontraba el músico de jazz John Coltrane. Muchas de las esperanzas y anhelos que Malcolm tan elocuentemente expresaba en sus discursos estaban también presentes en la música de Col – trane. En palabras del escritor Craig Werner, “Los dos compartían una determinación que podría resumirse en un único mensaje central: Cambiemos el mundo ahora”.

Coltrane empezó su carrera en el jazz tocando el saxofón tenor, pero más tarde desarrolló y popularizó el saxofón soprano, más pequeño (y hasta entonces muy poco utilizado). Fue un experimentador incansable que buscó permanentemente nuevos sonidos y fue rompiendo las fronteras del jazz. En una era dominada por la producción masiva, la guerra y la pobreza, la música de Coltrane ofrecía esperanza, amor y el deseo de libertad.

Pero, ¿por qué escribir otro libro sobre Coltrane, cuando ya existen varios? Pues porque todos los estudios anteriores se han concentrado exclusivamente en los detalles biográficos de su vida, con la única excepción del libro de Frank Kofsky, John Coltrane and the Jazz Revolution of the 1960s, que se centra en un periodo concreto de la carrera musical de Coltrane. Sin embargo, mi intención con este libro es reflejar algo más amplio, la forma en que el jazz y la música de Coltrane fueron moldeados por el mundo cambiante y el singular momento político en el que se desarrollaron.

El revolucionario ruso León Trotsky es cribió en su libro Literatura y Revolución que “en primera instancia, el arte debería ser juzgado por sus propias leyes, es decir, por las leyes artísticas. Pero sólo el marxismo puede explicar porqué y cómo una tendencia artística determinada ha aparecido en un momento concreto de la Historia”.

El crítico musical y creador LeRoi Jones (Amiri Baraka) llevó esa idea más lejos, y en su maravilloso libro Blues People afirmó que “la música Negra más expresiva de cada momento reflejará al Negro en un periodo determinado”. ¿Quién puede negar, por ejemplo, que los espirituales Negros surgieron de la resistencia de los Negros a la esclavitud, o que la música rap actual denuncia la brutalidad de la vida en los guetos Negros de Estados Unidos?

Mi idea central es que los orígenes y el desarrollo del jazz sólo pueden explicarse en base al impacto que el racismo tuvo en la vida de los estadounidenses Negros del momento. A pesar de enfrentarse a la discriminación en todos los aspectos de sus vidas, los afroamericanos supieron crear algunos de los ejemplos de música más innovadores, estimulantes y complejos de la historia. El gran compositor y director de música Duke Elling ton lo expresó mucho mejor que yo cuando en 1931 escribió:

Mis hombres y mi raza son la inspiración de mi trabajo. Intento capturar el carácter, el ánimo y el sentimiento de mi gente. La música de mi raza es algo más que el estilo americano. Es el resultado de nuestro trasplante a tierras americanas, y fue nuestra reacción a las vidas que vivimos en las plantaciones. Lo que no podíamos decir públicamente lo expresábamos a través de la música. La melancolía característica de la música de mi raza se ha forjado a partir del muy blanco calor de nuestros lamentos y de nuestros esfuerzos. Creo que la música de mi raza es algo que sobrevivirá, y algo que la posteridad honrará como mucho más que una música meramente para ser bailada.

En algunas cosas, el sueño de Duke Ellington se ha hecho realidad: el jazz ya no es visto sólo como música de entretenimiento. Se está convirtiendo en la “música clásica” de América. Sin embargo, durante gran parte del siglo XX, el jazz se mantuvo en los límites del desarrollo musical y estuvo asociado a las luchas políticas de cada momento. Evidentemente, es verdad que la mayoría de músicos de jazz no escriben ni interpretan música para cambiar el mundo. Pero, como dijo recientemente McCoy Tyner, el pianista del grupo de John Coltrane, “como la sociedad cree que los Negros son inferiores, cualquier persona Negra que crea algo bonito y artístico está automáticamente desafiando estos prejuicios. Así que, por definición, el jazz es contrario a todas las formas de racismo y opresión”.

En el jazz siempre ha existido una tradición de rebelión consciente y de resistencia a los ataques del racismo. Duke Ellington fue uno de los portadores de la bandera del orgullo Negro, y participó muchas veces en conciertos de apoyo a organizaciones vinculadas al Partido Comunista. En 1931, el trompetista Louis Armstrong fue detenido por negarse a cederle su asiento a una persona blanca en un autobús de Memphis7. Veinticinco años más tarde, cuando Martin Luther King lideró el movimiento por los derechos civiles, muchas personas del mundo del jazz le dieron su apoyo. Después, a finales de los años 60, cuando el movimiento del Black Power se extendió por todo el país, muchos de esos revolucionarios se identificaron con la motivadora música de Coltrane.

Este pequeño libro es un intento de reflejar el dinamismo y la emo ción de aquellos tiempos, y de conmemorar la valentía y la creatividad de John Coltrane y de todos los demás pioneros del jazz.


* En EEUU, los Negros han recibido durante este siglo diferentes denominaciones: boy y negro fueron los términos más utilizados por los blancos durante la primera mitad del siglo, en tono despectivo; más adelante, el término negro fue rescatado por los mismos Negros, que reivindicaron más tarde ser llamados Blacks o Afroamericans. Como la lengua castellana no recoge esta diversidad, he utilizado “Negro” en mayúscula siempre que la expresión del original no era despectiva, y en minúscula o en términos como “negraco” siempre que el original transmitía actitudes racistas, (N. de T.)

  • Introducción del libro de Martin Smith. John Coltrane. Jazz, racismo y resistencia 


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