sábado, 18 de agosto de 2018

¿Qué pasa en la región?



Eso que está pasando en la región nos beneficia y afecta negativamente a todas las naciones centroamericanas.

En Panamá el expresidente Martineli, amigo de la banda de pícaros golpistas hondureños, está de narices contra la justicia. Por espiar y lavar dinero en perjuicio de la fe pública ha sido extraditado a ciudad Panamá. Y esto es un buen precedente.

En Costa Rica la política derrotó a la religión en las últimas elecciones generales. Y eso está excelente, porque esos carteles de predicadores de la prosperidad no sólo querían  proclamar su poder de crear presidentes desde los púlpitos, sino querían convertirse ellos mismos en el gobierno, y devenir ellos mismos el dios Estado. Pero semejante embuste fue derrotado por el voto popular!

En Nicaragua el ejército sandinista dio muestras de su profesionalismo al no implicarse en la batalla entre policías y grupos violentos opuestos a Ortega y Murillo. Y ese detalle debería ser ejemplo para la fuerza armada de Honduras que pasó de obedecer órdenes de los carteles de narcotraficantes, a ofrecerse sumisa a la dictadura corrupta, que carcome como polilla estas honduras.

En este conflicto del vecindario pinolero, avivado y alimentado por los mismos grupos mafiosos de Miami y Washington que tomaron control de las elites corruptas de Honduras tras el golpe, hay muchas consecuencias para Honduras.

De modo positivo, el conflicto nica ha provocado el reavivamiento de un pueblo que parecía dormido allá por el Momotombo y aquí por el cerro Cantagallos. Al lado del sandinismo se ha despertado también la resistencia ciudadana hondureña, que exige de nuevo y por siempre la salida del impostor Juan Orlando Hernández, que se sostiene por la fuerza de la teniente Fulton.

Un beneficio también es el divorcio del golpismo hondureño del sandinismo nicaragüense, que tenían un acuerdo de mutua conveniencia firmado por Hernández y Ortega, el cual se rompió por la presión de Estados Unidos que obligó al régimen impostor a votar contra Nicaragua en el Consejo de Seguridad de la OEA y a darle lecciones de democracia con elecciones anticipadas jajajaja

Igualmente la situación nicaragüense aporta enseñanzas a toda la región, particularmente sobre la dinámica del poder global. Estados Unidos asecha al vecino país porque está en la ruta de comerciar con China y Rusia, a través del canal San Juan, una visión de dos potencias que crecieron en todo el mundo por encima de norteamérica.

Y cualquier matriz mediática de manipulación que pretenda reducir el conflicto nicaragüense a la oposición versus Ortega Murillo, no tiene perspectiva lejana. Y no tiene cabida en esta columna, porque es la misma lógica pagada contra Venezuela desde las agencias inductoras de opinión, que son un cartel mafioso.

El conflicto afecta, es cierto, a numerosas empresas hondureñas que habían trasladado sus plantas y todas sus operaciones administrativas al territorio nicaragüense por su extraordinaria seguridad ciudadana, los beneficios arancelarios, la salud macroeconómica del país y sus reglas claras, que no tenían en Honduras por la extorsión diaria del gobierno y de las maras que dirige la policía.

Pero todo eso se puede enmendar en el corto plazo. Y todo indica que así será una vez que las violaciones de derechos humanos hayan sido investigadas y sancionadas, que las cúpulas religiosas hayan regresado a sus templos a rezar, y que el diálogo sincero haya retornado a la mesa.

Y qué decir de El Salvador? Escuchar al expresidente Antonio Saca, amigo de periodistas y políticos hondureños corruptos, confesando la manera cómo él robó millones de dólares a los salvadoreños, es patético. Su testimonio da escalofríos. Es como escuchar el manual seguido en Honduras por la banda del IHSS, el cartel de la Dama, la mafia de la Red y el demonio de Pandora.

Antonio Saca, en camiseta de preso común, intenta con su testimonio salir en menos tiempo de la cárcel, pero al menos está en la cárcel, durante un gobierno del FMLN, hay que decirlo. Y enfrente de una Corte que no teme enfrentar a su exjefe que la eligió, que no es el caso de Honduras por supuesto.

En Honduras todos sabemos que hay una persona pendiente de llegar a la Corte, de pararse delante de los jueces y de esta sociedad robada, confesar, y luego ir en la paila de una patrulla policial físicamente descuidada, y arribar en pleno día a Ilama donde está la prisión El Pozo, a orillas del río Ulúa. Con esta imagen, vestido en camiseta y esposado, representar a los delincuentes del golpismo, el fraude y la corrupción.

El militar disfrazado de civil que controla como a una jauría de perros hambrientos los tres poderes del Estado, debe someterse a este proceso. Como Martineli, como Pérez Molina, como Saca. Y en último extremo como Noriega o como Callejas.

El día que un delincuente de esta calaña llegue con su hermano, su suegra y su predicadora particular a la antesala de la justicia, todos vamos a recordar a la teniente que lo tiene de impostor. Y a su gobierno que lo usa.

Estas frases dichas arriba representan un deseo colectivo, una ilusión, que a veces son consideradas imposibles en este país bajo control del crimen organizado nacional e internacional.

A veces, también, parecieran un atrevimiento desearlas y expresarlas en público, lo sabemos, pero cuando todas las calles llenas de resistencia juvenil, intelectual, estudiantil y popular las repiten cantando y saltando a cada instante, entonces concluimos que es un delito callarnos aquí.

Igual que en Guatemala, o en Argentina, o en Brasil y Bolivia, en México, las mujeres y los hombres estamos con las antorchas encendidas. Acechando. Caminando. Porque los pueblos, como repite siempre nuestro compañero de la Convergencia Nacional contra el Continuismo, Carlos H Reyes, los pueblos siempre vencen a los miserables dictadores.

 Buenas noches.

Editorial Voces contra El Olvido, sábado 11 de agosto 2018

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