jueves, 14 de febrero de 2013

Partido Nacional: El centro político oportunista y desnacionalizador


Diario Tiempo

Según la terminología política, hay tres ubicaciones ideológicas clásicas, vale decir la derecha, la izquierda y el centro, que definen la posición de cada partido respecto a los sectores sociales en que se apoya o pretende apoyarse, y que a la vez favorece.

La posición de centro es, en política, muy versátil porque supone una conjugación de tendencias ideológicas, con vista a la moderación en la dinámica del poder político, aunque suele ser incómoda —cuando es seria y colmada de integridad—, pues colisiona, al estar en medio de las dos vías, por el accionar antagónico de las derechas y las izquierdas.

En nuestro país, Honduras, los partidos tradicionales —Liberal y Nacional— a lo largo de su lucha por el poder político han utilizado, al margen de las concepciones teóricas, la terminología clásica para desprestigiar al adversario. Así, la diatriba ideológica entre nosotros poco o nada tiene que ver, en los últimos 50 años, con elaboraciones doctrinarias. Simplemente ha sido remitida al acoplamiento o a la búsqueda del favor de la dominación internacional, principalmente de Estados Unidos.

Por ejemplo, en la dictadura cariísta (1933-1949), período en que se desató  la Segunda Guerra Mundial, no obstante que inicialmente aquel régimen autoritario favorecía subrepticiamente el esfuerzo bélico hitleriano, para afianzarse sindicaba al Partido Liberal, en la oposición, de ser proclive al nazismo.

Después de la Segunda Gran Guerra, cuando se entabló la “guerra fría” y la confrontación bipolar entre Estados Unidos (Occidente) y la Unión Soviética, el Partido Liberal era acusado de ser aliado del comunismo —dictatorial y ateo—, motejado que, hasta 2009, se mantuvo con insistencia.

Con la desaparición de la Unión Soviética y el advenimiento del globalismo económico y la implantación del neoliberalismo corporativo, también se ha generado en la escena mundial —y en América Latina en forma muy particular—, como lógica reacción, un nuevo planteamiento anti-colonialista.

En ese nuevo escenario, los partidos tradicionales, Liberal y Nacional, siguiendo la pauta vernácula del acoplamiento al poder dominante internacional, se adscribieron al neoliberalismo.  Por efecto, en el Partido Liberal se produjo la escisión, en este caso de alcances doctrinarios, con el nacimiento del partido LIBRE, en dirección más o menos visible hacia el proceso latinoamericano de integración, del que participan, también, desgajamientos del Partido Nacional y de las izquierdas.

De cara a esa conformación más plural en el escenario político hondureño, el discurso conservador ha variado, pero siempre acomodaticio, para hacer frente, desde el poder, a su competencia. Así, el Partido Liberal es identificado en el campo neoliberal (colonialismo económico) y el partido LIBRE en el socialismo extremo.

El candidato a la Presidencia de la República del Partido Nacional, Juan Orlando Hernández, así lo declara, al mismo tiempo que, según su retórica, él y su partido están colocados en el centro, para promover la unidad nacional y establecer un régimen de desarrollo patriótico que durará por lo menos 50 años.

Se trata, sin embargo, de una posición de centro político hipócrita, oportunista, desnacionalizadora y colonialista, concretado en hechos que el Partido Nacional y el Partido Nacional, en pleno adulterio, realizan a través de “reformas (in)constitucionales” (COALIANZA, Juicio Político, Ciudades Modelo), para establecer un régimen neoliberal, antidemocrático, de capitalismo anárquico, de ultraderecha salvaje.

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