viernes, 25 de marzo de 2011

"En Haití, desde 1986 hasta hoy, hubo un duvalierismo sin Duvalier"

FM La Boca - Buenos Aires
Por Mario Hernandez y Gustavo Pirich

Realizada el 21.3.2011 por Mario Hernández y Gustavo Pirich. Programa “El Reloj”. FM La Boca (90.1)


El Reloj: Estamos en comunicación con Henry Boisrolin del Comité Democrático Haitiano, que viene de una larga estadía en Haití.
Henry Boisrolin: Exactamente, más de 2 meses.

ER: ¿Cómo sigue la situación después de cumplirse un año del terremoto?
HB: Sigue igual o peor, diría peor, por la simple razón que nosotros tuvimos un terremoto de 7.3 en la escala de Richter pero por la situación del país, su infraestructura, las casas mal construidas, tuvimos oficialmente más de 220.000 muertos y más de 1.500.000 de personas viviendo todavía en carpas. Cuando digo carpas hablo de 4 palos con una lona encima, es decir, viviendo en condiciones infrahumanas. De los millones de toneladas de escombros sólo levantaron el 5%. No hicieron prácticamente nada. Cuando vos tenés problemas graves y no los solucionás, se van añadiendo otros tanto o más graves. Es en ese aspecto que digo que la crisis haitiana sigue siendo más cruel que durante o inmediatamente después del terremoto.

ER: ¿Esta segunda vuelta electoral que vivieron ayer en Haití le aporta algún tipo de solución a estos problemas?
HB: Yo deseo dejar constancia que rechazo toda forma de dominación neocolonial impuesta en mi país. Hablar de elecciones fuera de un marco histórico y sin tomar una posición clara, es hablar por hablar, y lo que es más grave ser cómplice de un nuevo genocidio en mi tierra. Lo primero que hay que hacer es denunciar la crueldad, la perversidad y el cinismo de la llamada comunidad internacional cuyo manejo de los asuntos internos del país es inadmisible y francamente repugnante. Indigna que la ONU siga declamando que la MINUSTAH, La Misión de las Naciones Unidas para la estabilización de Haití, sea una misión humanitaria. Cómo puede serlo si sus miembros reprimen las movilizaciones populares, asesinan a los pobres de las barriadas, violan a niñas y mujeres haitianas, ahorcan a jóvenes en sus campamentos e introducen el cólera provocando la muerte de más de 5000 haitianos. Entonces, ¡qué me vienen a hablar de elecciones! Tratar de presentar la realización de elecciones bajo la hegemonía de la ONU con un Consejo Electoral totalmente desacreditado como panacea, como única vía para resolver los acuciantes problemas de la inmensa mayoría, es simplemente una farsa y bastante cínica, es por eso que lo de ayer se ubica entre la farsa y el neocolonialismo.

Sabemos que toda elección tiene que ser obra de un pueblo soberano. Haití se encuentra ocupado desde el 2004. Hay violación de nuestra soberanía. Cuando vemos que es el jefe civil de la Minustah quien decreta cuando tenemos que organizar las elecciones, o da los resultados antes que el Consejo Electoral, cuando vemos que el 80% del dinero para organizarlas proviene de la comunidad internacional, es obvio que no podemos hablar de elecciones libres. En la primera vuelta más del 75% del electorado no fue a votar. Ellos mismos reconocen que votaron el 22/25%. Ahora fue un poco más, 26/30%. Muchos haitianos hemos aprendido, afortunadamente, después de 24 años de la fuga de Duvalier, que las elecciones bajo hegemonía internacional y un Consejo Electoral desacreditado, con un pueblo inmerso en condiciones infrahumanas de existencia, no pueden ser nunca una vía para solucionar nuestros problemas.

ER: Mencionaste a Duvalier que regresó a Haití durante tu permanencia allí.
HB: Exactamente. Regresó el 16 de enero, cuando supuestamente se iba a realizar la segunda vuelta electoral. El regreso de Duvalier no es ninguna sorpresa porque es una operación política que vienen preparando hace ya varios años los servicios secretos franceses, la ultraderecha francesa y haitiana y los EE. UU. ¿Por qué? Hay distintas razones, incluso económicas. Pero sobre todo hay una necesidad de la extrema derecha haitiana, del sector más fascistoide del país, de recuperar un cierto espacio que teóricamente habría perdido, entonces la vuelta de Duvalier representa simbólicamente la posibilidad de demostrar que hay una presencia física de este cabrón, responsable de la desaparición y la muerte de miles de nuestros compatriotas. Hay un interés de recomponer, de restablecer el sistema que ellos añoran.

ER: ¿Hay alguna posibilidad que sea juzgado por sus crímenes?
HB: Que eso suceda va a depender de los esfuerzos de los partidos progresistas y democráticos, de los verdaderos demócratas y del pueblo haitiano. Tuve el honor de haber sido uno de los organizadores en la facultad de Ciencias Humanas de una actividad que duró 3 días, donde demostramos claramente con fotos y testimonios de personas que sufrieron hasta 11 años en las cárceles de Duvalier, hemos establecido claramente, que es falso que sus crímenes sean prescriptibles porque son crímenes de lesa humanidad. Desde el punto de vista legal hay bases suficientes y gente que se ha presentado como querellante en el caso, pero la justicia haitiana es tan dependiente de la comunidad internacional, del imperialismo francés y norteamericano y tan corrupta como su contraparte política, que es imposible que avance hacia el juicio a Duvalier. Creo que es posible si lo tomamos en nuestras manos. Tiene que haber una movilización y una toma de conciencia real de la necesidad de no dejarlo impune. La impunidad no es compatible con un régimen democrático.

ER: Por estos días también regresó el ex presidente Jean Bertrand Aristide.
HB: Tampoco es una sorpresa porque se viene operando hace bastante tiempo. La diferencia es que Duvalier alcanzó el poder sin que nadie lo haya votado. Su padre fue un dictador que se declaró presidente vitalicio con derecho a designar su sucesor y lo hizo con su hijo de 16 años. En cambio, Aristide es el primer presidente elegido democráticamente y su regreso demostró que es el político más popular que tiene Haití hasta hoy. Su partido fue excluido de las elecciones por obra de la traición del presidente Preval y de la comunidad internacional, sobre todo de Francia y EE. UU.

No se trata que Aristide sea un revolucionario, incluso es parte del problema, ha contribuido a que el pueblo hoy tenga que elegir entre 2 personajes totalmente vendidos y entregados para perpetuar el sistema de dependencia. Me refiero a Mirlande Manigat y Michel Martelly, éste último el más mediocre, vulgar y facistoide. Manigat está más preparada, aunque el ganador probablemente sea Martelly.

ER: Es lo que comentaban algunos cables. De todos modos, los resultados oficiales recién se conocerán a fin de mes.
HB: Sí, según el jefe civil de la Minustah el resultado tiene que darse en 11 ó 12 días o a más tardar el 14 de abril. Son esas cosas que ellos deciden en nombre de Haití. De todos modos, el regreso de Aristide plantea un problema real en la lucha de clases que va a decantar. Son cosas diferentes. Se puede acusar a Aristide de muchas cosas pero eso no quiere decir que su retorno tenga el mismo sentido que el de Duvalier. Eso hay que tenerlo en claro. Aristide abandonó el poder por un golpe manejado por EE. UU. y Francia mediante un levantamiento armado dirigido por la CIA.

ER: Y Duvalier fue echado por el pueblo.
HB: Exactamente y estuvo 25 años en un exilio dorado en Francia. Al contrario, Aristide pidió a Francia la restitución de la deuda que habíamos pagado por el reconocimiento de nuestra independencia. Fue entonces que Francia y EE. UU. decidieron echarlo. Duvalier nada que ver y con Martelly en el poder es un regreso con mayor fuerza del duvalierismo si bien desde 1986 hasta hoy hubo un duvalierismo sin Duvalier, incluso hubieron duvalieristas que participaron del gobierno de Aristide como del de Preval. Su actual esposa es sobrina del ex general que Duvalier dejó en el poder cuando abandonó el gobierno.

ER: Nos queda un minuto.
HB: En primer lugar agradecerles el interés que siempre han tenido hacia la lucha y el pueblo de Haití y hacer un llamado a la sociedad argentina, a sus fuerzas progresistas y democráticas, de exigir al gobierno argentino el retiro de sus tropas de la Minustah, que representa una violación a nuestra soberanía y al derecho de autodeterminación del pueblo haitiano.

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