jueves, 15 de noviembre de 2018

Honduras, desnuda y con hambre, pero en camino



Por Juan López *

¡Qué momento más turbulento vive nuestro país! Esta tierra que nos ha tocado el corazón y nos llena de orgullo, esta patria que no ha asomado la nariz y respira por si misma desde su fundación, carga las cicatrices y marcas de la colonia que chorrean sangre sin descanso. ¡Con mayor fuerza hay que amarla!

El capitalismo que domina al mundo, hace ver y sufrir momentos de gran impacto producto de las relaciones de producción basadas en la acumulación desenfrenada, sobre el control que los países ricos ejercen sobre los bienes naturales, públicos y espirituales de los países empobrecidos.

La coyuntura actual es dura. Nos asusta, confunde y entristece ver el éxodo masivo de gente que se va, son miles que emprenden el viaje sin garantía alguna de llegar al destino imaginado, mucho menos si podrá regresar un día a esta casa. Lo que ocurre en Honduras ya no se puede llamar migración, es gente que sale asustada de sus casas o de sus cuevas huyendo porque alguien está echándolas, nos están echando de nuestra tierra. Los ricos y los grandes medios corporativos se quedan perplejos preguntando porque se van, el colmo es que argumenten que se van porque no quieren trabajar, porque son engañados o buscan desestabilizar el orden. Cuando un Estado está desestabilizado, el éxodo de su gente es inevitable. El mal del capitalismo es incurable. Tiene en su propia naturaleza la enfermedad que lo atormenta y lo llevara al sepulcro. Los capitalistas solo piensan en acaparar y acumular sin límite mediante el despojo, el robo, el engaño, la guerra y el legalismo. Estamos en un planeta pequeño, con una determinada cantidad de bienes que se van a terminar. Son suficientes para vivir felices cuatro veces la población actual, pero insuficiente para vivir con un puñado de parásitos como ahora.

Un grupo de familias no superiores a veinte tienen el control en Honduras. Entre ellas se distribuyen las tierras de vocación agrícola, la producción agroindustrial para la exportación, los yacimientos minerales, los bienes energéticos, el control del dinero a través de sus bancos, la producción industrial a través de sus fábricas, los medios de comunicación corporativos, capitales extranjeros junto a nacionales controlan el territorio nacional, no hay espacio para la gran mayoría. De cada cien personas en edad y condiciones de trabajar solo 53 tienen empleo y muchos empleos por hora. La producción de este porcentaje de trabajadores junto a las remesas sostiene a la sociedad hondureña. Como resultado de esta estructura de explotación, según la CEPAL, en Honduras el 68% de la sociedad está en la pobreza y 44,5% en la miseria, la burocracia gubernamental desvía en promedio el 35% del presupuesto vía corrupción. La clase dominante utiliza el Estado para legalizar el robo que hacen a la Republica que en esencia es el robo al pueblo. La configuración de este orden injusto, es obra de los Estados Unidos a través de su embajada aquí en el país que a través de la elite nacional exprime la riqueza de este país. En el norte está la mayor parte de la riqueza producida por nosotros en los últimos sesenta años, otra parte está en Europa.

La composición social y económica productiva en el país no permite garantía alguna para vivir en paz. La oligarquía hondureña, junto a la embajada, están echando del país a este pueblo ¿Por qué asustarse cuando salen huyendo de manera masiva? Este pueblo huye hacia el norte en busca de lo que le pertenece. Lógicamente, la gran burguesía estadounidense que legaliza su crimen a través del Estado, no permitirá que ingrese a su territorio la mitad de la población centroamericana, tomando en cuenta que la miseria que produce la política exterior de los Estados Unidos recorre todo el continente y otros miles saldrán del caribe y del sur, y lo dicho por Fulton y Trump será realidad, cerrarán la frontera. La oleada de gente que huye del hambre y las dictaduras del gran capital transnacional, tiende a convertirse en un movimiento transnacional que golpea la puerta de la Casa Blanca reclamando la devolución de lo que se han llevado de aquí.

Guatemala y México, además de sufrir las consecuencias del servilismo ante los Estados Unidos, también están sufriendo las consecuencias del servilismo de los demás gobiernos de Centroamérica. Así avanza la desestabilización de los Estados, y del orden económico capitalista. No existe un tan solo ser humano que produzca conflicto, el conflicto lo produce la histórica acumulación de capitales, el robo sistémico que los ricos hacen a los empobrecidos. La consigna de los que huyen es “vamos en busca de trabajo porque en Honduras ya no se puede vivir”. Son trabajadoras y trabajadores los que están en éxodo. Pareciera que sin trabajar en ello, la unidad e internacionalización de las y los trabajadores la va generando el propio capitalismo con su ceguera y excesivo espíritu acumulador. El momento más emocionante será cuando los gobiernos mexicano y guatemalteco comiencen a exigir a Honduras se responsabilice de la tragedia que ha generado porque ellos no podrán lidiar con tanta gente allá, y los impactos del regreso serán mayores que los de la salida. Será el momento para la caída de una dictadura que los Estados Unidos han promovido, sostenido, financiado y protegido aquí.

“Hermano dame tu mano, vamos juntos a buscar, una cosa pequeñita que se llama libertad”. Hasta pronto.

 * Juan López - DPD, pedagogo

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