miércoles, 18 de mayo de 2016

Primero el aeropuerto, luego la capital



Con la construcción del aeropuerto de Palmerola sale a flote una realidad oculta por los principales tomadores de decisión en la política del país, el colapso de la capital hondureña. Diversas realidades ubican a Tegucigalpa como una de las capitales menos atractivas del mundo.
Comenzando por recibir a su gente y sus visitantes con uno de los aeropuertos más peligrosos del mundo. Hasta los menos creyentes dan gracias a Dios por haber aterrizado sanos y salvos en aeropuerto de Toncontin. Y el drama aumenta para sus visitantes al saber que están aterrizando en una de las diez ciudades más violentas del planeta.

El colapso ambiental es una realidad cada vez menos discreta, sus cerros gritan con el escaso viento y la falta de bosque, sus quebradas denuncian la carencia de agua, y mucha  gente desde sus silencios y encierros muestran su angustia y miseria.

Tegucigalpa es una ciudad que no produce el agua que consume, no genera el trabajo que necesita su gente para transformar los paisajes de hambre y muerte, en entornos de vida y esperanza.

El traslado del aeropuerto internacional de Tegucigalpa a Comayagua, más que verlo como algo traumático hay que verlo como una oportunidad. Una oportunidad para pensar un proceso serio de descentralización de los servicios y bienes públicos al resto de ciudades importantes del país, una oportunidad para avanzar en un proceso de descongestionamiento de sus barrios, colonias y calles.

El nuevo aeropuerto de Palmerola también es una gran oportunidad para preparar a Comayagua, y convertirla en el mediano plazo en la próxima capital de Honduras. Según los historiadores la razón central para la fundación de Comayagua es su ubicación entre los océanos Pacifico y Atlántico. Y ese dato vuelve a tener transcendencia, Comayagua no sólo tendrá uno de los aeropuertos más importantes, sino que se convierte en el centro del nuevo corredor logístico o canal seco.

Para que Comayagua vuelva ser la capital hondureña estamos en el tiempo necesario para avanzar en un proceso de ordenamiento de su territorio, en un proceso de protección de sus bosques y fuentes de agua, para crear la infraestructura necesaria, para el manejo de los desechos sólidos y para proteger su centro histórico. Pero sobre todo, estamos a tiempo para pensar la ciudad a partir de su gente y no sólo desde los intereses de los capitales.

En el corto y mediano plazo hay que pensar a Tegucigalpa en una ciudad mediana, especializada para el turismo y para estudios superiores. En sus haberes tiene el centro histórico y las principales universidades del país, que con un poco de inversión en infraestructura y creatividad se puede convertir en la ciudad del conocimiento, la cultura y el arte. Y como cualquier ciudad mediana, necesita un pequeño aeropuerto para sus turistas y viajeros locales.

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