miércoles, 29 de mayo de 2013

Ramonet: ‘La crisis puede ser eterna’



Por M. Gómez

Conferencia de Ignacio Ramonet – Consejo Científico de ATTAC España

Si Alemania sigue marcando el camino para afrontar la crisis económica, ésta puede convertirse en permanente. Mientras la salida pase por incrementar la competitividad vía reducción de salarios y derechos, lo que espera tras la crisis económica es un "infierno social”, y éste amenaza con ser eterno.

Esta inquietante advertencia la lanzó ayer el periodista y activista social Ignacio Ramonet, quien protagonizó la tercera sesión del ciclo "Enciende la Tierra”, organizado por Caja Canarias. El director de Le Monde Diplomatique expresó su temor de que toda Europa se transforme en un averno social a imagen del que, a su juicio, es Alemania desde hace diez años: un país donde uno de cada tres trabajadores cobra menos de cinco euros por hora, donde ni siquiera hay salario mínimo y en el que los derechos sociales se debilitan cada vez más.

La crisis económica que se apoderó del continente en 2008 convirtió a la canciller germana, Angela Merkel, en "líder” de la Unión Europea, ya sin el contrapeso que antes representaba Francia. "Gracias a la crisis, domina la Unión Europea y dicta las políticas que hay que aplicar”, observó Ramonet a preguntas de Jorge Espinel, subdirector de El Día y moderador del acto.

Del mismo modo que ha multiplicado el poder y la influencia de Merkel, la crisis ha ofrecido una oportunidad de oro al mercado, que ha encontrado "el argumento que necesitaba para apoderarse de lo poco que todavía no controla”.

La crisis, es así, solo un último episodio -tal vez decisivo- de lo que el mundo ha vivido en los últimos 30 o 40 años: "la lucha del mercado contra el Estado”. Si buena parte del siglo XX presenció el auge de los Estados totalitarios -fascistas y estalinistas-, que controlaban todas las esferas de la vida y "penetraban en la mente de la gente”, desde finales de los años 70 la situación se ha invertido.

Entonces "se impuso la idea de que el Estado había alcanzado su máximo, incluso en los sistemas democráticos, y se empezó a transferir hacia lo privado”, relató Ramonet. Las primeras privatizaciones se produjeron en esos momentos, con Reagan y Thatcher al mando de EEUU y el Reino Unido, y el mercado demostró, según el ponente, su voracidad: "Engulle países enteros”.

La vocación totalitaria es ahora una característica del mercado, que trata de hacerse con tres sectores que todavía no acapara y que, además, son los más rentables: la educación, la salud y las pensiones, prosiguió el periodista nacido en España y establecido en Francia.

Este proceso ya se vivió en muchos países de Latinoamérica, que salieron de oscuras dictaduras para recuperar la democracia. Eso sí, eran democracias "furiosamente neoliberales”, en las que la consigna era "privatizarlo todo”.

Pero el continente americano experimentó una vuelta de tuerca. La presión de los movimientos sociales terminó con la ola neoliberal y privatizadora y dio paso a gobiernos más progresistas, algunos de los cuales han sido "caricaturizados” en Europa, se quejó.

A quienes tengan la tentación de pensar en una "solución latinoamericana” para lo que pasa en nuestro continente les advirtió de que "no es trasladable, porque son realidades muy diferentes”. No obstante, peor es "no prestar atención a lo que ha pasado en esos países, porque sería dejar de lado la mayor experiencia política del progresismo en los últimos años”.

Para Ignacio Ramonet, un problema añadido para superar el actual atolladero es la falta de credibilidad de la clase política, que definió como "una crisis dentro de la crisis”, y que ha llevado a algunos a hablar de una "sociedad pospolítica”. La capacidad de maniobra de los gobiernos -atados por los tratados europeos y por las imposiciones de los mercados-, junto a la "oleada de corrupción”, explican este fenómeno.

¿Son los movimientos sociales, como el 15-M, el factor que permitirá salir de la situación y recuperar la política para los ciudadanos? Quizá, pero solo desde dentro de la misma política, precisó Ignacio Ramonet. "Desde el exterior es imposible”.

¿Hasta dónde aguantaremos?

La "elasticidad” de la sociedad española -como también de la griega o de la portuguesa, en situaciones aún más graves ambas- está a prueba, según el director de Le Monde Diplomatique. Cuando no dé más de sí, llegará el "estallido”. O no: Ramonet no lo sabe con certeza. Lo que sí tiene claro es que, si por el momento no se ha producido pese a la gravedad de la crisis y las terroríficas tasas de paro, es porque las sociedades del Sur europeo reúnen dos características: un alto patrimonio familiar -sorprendentemente con Chipre a la cabeza, seguido de Grecia y España, algo explicable por la escasa querencia de los países del Norte por la propiedad de la vivienda – y una fuerte tradición de solidaridad también dentro de las familias. "Eso impide que cuando alguien pierde el trabajo tenga la sensación de perderlo todo”. Sin embargo, si la crisis se prolonga, el elástico puede romperse. "Pero hay que esperar que no”, confió Ramonet, que piensa que, pese a todo, "hay soluciones”.

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