viernes, 10 de junio de 2016

“Los medios retratan África de manera interesada como un lugar de inversión”



Por Leire Regadas

Politólogo y doctor en Relaciones Internacionales, Óscar Mateos ha investigado sobre conflictos africanos y procesos de paz. Vivió dos años en Sierra Leona. Mateos es autor de publicaciones como ¿De la tragedia al milagro? África subsahariana en el nuevo contexto multipolar
¿Existe algo llamado África como un todo?
África, fruto de la ignorancia, ha ocupado siempre un papel marginal en el imaginario occidental. Se ha convertido en algo homogéneo, como si fuera un único país, cuando, seguramente, no hay un lugar en el mundo con mayor complejidad histórica, cultural o lingüística. Hasta ahora, para informar sobre los 54 países africanos los medios españoles tenían un único “corresponsal de África”. Pero esta visión está cambiando, estamos empezando a comprender la diversidad del continente en la que caben muchísimas historias, lugares y contextos.
¿Cómo se refleja ese cambio de relato?
Pondré como ejemplo dos portadas del semanario The Economist. En el año 2000 se publicó un monográfico con una portada tétrica, oscura y trágica. Aparecía un niño soldado portando un Kalashnikov. Lo titularon “El continente sin esperanza”. Once años más tarde, dedicaba nuevamente portada a África, pero con un relato completamente distinto. Esta vez hablaba del África floreciente, de un nuevo resurgir. En portada, un niño sostenía una cometa con la forma del continente y los colores del arcoíris. Hay un giro copernicano, una polarización del discurso que pasa del afro-pesimismo que siempre ha gobernado, hacia ese nuevo afro-optimismo.
¿Por qué se habla del milagro africano, qué es lo que ha ocurrido?
Hasta hace poco África era el cliché de la guerra, el hambre y la corrupción política. No sabíamos salir de ahí. Pero desde la segunda mitad del 2000, mientras el mundo occidental entra en crisis, África comienza a experimentar un crecimiento económico, gracias a la exportación de materias primas y petróleo. Además, ocurren grandes transformaciones, conflictos armados han acabado y algunos países han celebrado elecciones multipartidistas y se han democratizado. Es por eso que se empieza a ver África con perspectiva de cambio.
¿Entonces, esa perspectiva de “esperanza” es simplemente economicista?
El afro-optimismo se basa en lo económico. Se habla del resurgir del continente porque el crecimiento es grande, pero eso no implica la redistribución de la riqueza. Estos contextos suponen una polarización de la población, donde existe una élite que tiene cada vez mayor poder adquisitivo, mientras que el conjunto de la población continúa sufriendo unas condiciones de vida terribles.
¿Crees que el afro-optimismo de los medios esconde una visión interesada?
Al igual que el afro-pesimismo, es una visión simplista. Cada uno de los países africanos está sujeto a transformaciones sociales y políticas profundas, diversas y complejas. Así que, englobar todo el continente en un solo relato no es suficiente. En efecto, hace sospechar que en el fondo, quiere proyectarse esta imagen desde occidente con interés de buscar en África un lugar de expansión económica y de inversión, donde poder seguir creciendo, ya que el mundo occidental ha entrado en crisis.
¿Cuál es la clave para una información veraz sobre el continente?
Es importante desmontar el pensamiento único y aproximarse a África desde la complejidad, sin englobarla en un solo término. Hay que entender que las sociedades africanas tienen capacidad de organización, reacción y de dar respuesta a sus propias dificultades, que son un sujeto activo. Con la globalización, con el impacto de las nuevas tecnologías, un mayor acceso a la educación y que la población es cada vez más joven y urbana, tienen mayor capacidad de articular discursos. La clave es darles voz, no tratarlos como sujetos pasivos, y no reducir el continente a un solo concepto.

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