viernes, 24 de abril de 2015

Golpe contra la integración latinoamericana

Iván Lira

Rebelión

Por Hedelberto López Blanch

Al comprender que después de 56 años las diversas administraciones estadounidenses (11 en total no han podido derrocar a la Revolución Cubana), ahora los cañones se enfilan hacia Venezuela.

Durante ese largo período, iniciado el primero de enero de 1959, Cuba ha sufrido agresiones, atentados, invasiones mercenarias, actos terroristas, campañas desestabilizadoras, apoyo a grupos contrarrevolucionarios y un extenso bloqueo económico y financieros. Pero la unión del pueblo al lado de sus dirigentes logró librar todas esas batallas, superar las adversidades y salir airoso.

En este segundo período de mandato, el presidente estadounidense Barack Obama tuvo que reconocer públicamente que esas políticas no dieron resultado y solo lograron aislar a su país del resto de América Latina.

Pero no es que piense para bien, sino en otra forma de tratar de desmontar por medios “más suave”, al gobierno que reivindicó la independencia y soberanía de esa pequeña isla caribeña que ha sido durante cinco décadas, faro de esperanza para disímiles pueblos del mundo.

Estados Unidos ha utilizado durante más de 200 años la política del palo y la zanahoria para mantener su dominio sobre numerosos países del mundo, o sea, donde no puede imponer su hegemonía con la zanahoria, trata de conseguirla con el palo o viceversa. Con Cuba no pudo obtenerla ni con el palo (agresiones, invasiones y bloqueo) y ahora intenta subvertir al gobierno mediante la zanahoria.

Claro que en Cuba existen profundas raíces culturales, un pueblo educado y antiimperialista que esta de acuerdo con mejorar las relaciones pero no dejarse dominar por gobiernos externos.

El ejemplo de Cuba, y con la llegada al poder en Venezuela del presidente Hugo Chávez en 1999 se comenzó a formar una integración latinoamericana con el surgimiento de gobiernos nacionalistas cuyos pueblos estaban cansados de imposiciones extranjeras y políticas neoliberales a favor de los grandes capitales y de las oligarquías criollas. Washington fue perdiendo poco a poco el anterior control hegemónico sobre la región.

Chávez con la adhesión de Cuba, creó mecanismos independientes como la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), Petrocaribe, y más tarde surgieron la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) y la Unión de Naciones del Sur (UNASUR).

Para tratar de revertir esa realidad, Estados Unidos cambia su táctica: tiende la llamada zanahoria a Cuba, y a la par, impone la política del palo a Venezuela pues ese país se convirtió en uno de los ejes fundamentales de la integración regional.

Desde 1999 la Revolución Bolivariana ha sufrido numerosos ataques que van desde intentos de golpes de Estado (tanto a Chávez como al presidente Nicolás Maduro), atentados contra la producción petrolera, acaparamiento de alimentos y medicina por parte de la oligarquía, contrabando de mercancías hacia las fronteras, violentas campañas de desinformación por loa medios de información controlados por occidente.

Ahora, al no poder derrotar al gobierno bolivariano pese a todas las acciones económicas y políticas utilizadas, Washington, a través de su presidente Barack Obama, tomó la insostenible decisión de declarar a Venezuela como una amenaza para la seguridad de Estados Unidos.

No deja de tener cierta razón, pues Venezuela cuenta con la mayor reserva petrolera del mundo y ahora sus ganancias se destinan a mejorar las condiciones de vida de su pueblo y no para llevárselas del país como ocurría antes.

Es un peligro por el ejemplo de Independencia y solidaridad que ofrece a todos los países del mundo; es un peligro porque ayuda a impedir crisis económicas en naciones latinoamericanas al ofrecerles combustibles a precios razonables; es un peligro por fortalecer la integración y la unión en toda la región sin la intromisión del Norte.

Y siguen los ejemplos: es una amenaza porque le ha salvado la visión, gratuitamente, a miles de ciudadanos; ofrece servicios de salud a toda la población; alfabetizado a sus habitantes los que pueden continuar estudios hasta la universidad; ha entregado medio millón de viviendas con equipos electrodomésticos a miles de familias que ya no viven en condiciones infrahumanas.

Son políticas económicas y sociales a favor del pueblo y no de las pequeñas minorías y eso, como se sabe, esta en plena contradicción con el neoliberalismo y el sistema capitalista.

Las presiones y agresiones contra una nación, en muchas ocasiones se revierten contra sus impulsores y eso le ha ocurrido a Estados Unidos, al ver que prácticamente la América Latina y personalidades políticas, sociales y culturales del mundo han rechazado la medida de Washington por estimarla irracional, inadmisible y falsa.

Ante la desatinada política asumida y la inmediata respuesta latinoamericana de apoyo a Caracas, la prensa occidental la ha silenciado completamente.

Ya no son los tiempos en que la región era el patio trasero de Estados Unidos cuando lograba que América Latina, con excepción de México, rompiera con Cuba bajo los auspicios de una controlada Organización de Estados Americanos y la anuencia de gobiernos dóciles.

Hay una época de cambios como ha reiterado el presidente ecuatoriano, Rafael Correa, y lo que ha logrado Estados Unidos es que las naciones, no solo de América sino de otros continentes, cierren filas alrededor de Venezuela.

Ahora habrá que preguntarse: ¿Asistirá Obama a la próxima Cumbre de las Américas programada para Panamá los días 10 y 11 de abril? ¿Qué hará Obama cuando los jefes de Gobiernos y de Estados critiquen abiertamente la política hostil de Estados Unidos hacia la región?

El horizonte se perfila turbulento para la delegación estadounidense, mientras en sentido contrario, la integración latinoamericana ha salido fortalecida.

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