domingo, 31 de julio de 2011

La Pirenaica: La voz de la esperanza


Mundo Obrero

Por Mario Amorós

No puede entenderse la larga y tenaz lucha contra la dictadura franquista sin la contribución de Radio España Independiente, bautizada La Pirenaica por Dolores Ibárruri, su primera directora. Si el PCE fue el Partido del Antifranquismo, La Pirenaica fue la Radio del Antifranquismo. Empezó a emitir hace 70 años, el 22 de julio de 1941, un mes después de la agresión nazi contra la Unión Soviética y cuando en España el terror fascista había asesinado, encarcelado o enviado al exilio a centenares de miles de dirigentes, militantes y simpatizantes del Frente Popular.
No había esperanza para los vencidos. E inicialmente ésa fue la primera victoria de La Pirenaica con sus precarias emisiones, al principio desde Moscú y después –cuando las columnas nazis se aproximaban a la capital soviética- desde Ufá: insuflar esperanza al único pueblo europeo que hasta aquellos días había sido capaz de plantar resistencia al fascismo. ¡Cuántos de nosotros y nosotras no hemos escuchado a nuestros padres y abuelos hablar de cómo intentaban sintonizar La Pirenaica por las noches como quien busca una estrella en la oscuridad!

Después de que Pasionaria (quien en aquellos primeros años escribió los diálogos “Ventana a ventana”), Enrique Castro Delgado, Jacinto Barrio y José Sandoval la dirigieran durante su primera década, en 1952 se hizo cargo de la emisora Ramón Mendezona, conocido como “Pedro Aldamiz” por los oyentes, quien la dotó de un tono más informativo. En 1955, La Pirenaica se trasladó a Bucarest (Rumania) y poco a poco fue ampliando sus emisiones hasta superar las 16 horas diarias y en ocasiones excepcionales (asesinato de Julián Grimau, tiranicidio de Carrero Blanco, muerte de la momia) llegó a emitir las 24 horas del día. Sus programas tenían nombres como “Nota Internacional”, “Onda Deportiva” o “El Correo de La Pirenaica”, en el que se leía una selección de las decenas de cartas que durante la década de los 60 llegaban semanalmente –por diferentes conductos- a la redacción.

Una mención especial, como siempre, merece el heroísmo de los presos políticos comunistas que, si fueron capaces de editar Mundo Obrero con papel cebolla en la prisión de Burgos, también se arriesgaron a “producir” de manera regular entre octubre de 1963 y julio de 1966 el programa “Antena de Burgos”, en el que los locutores de la radio difundían la información que de manera muy rápida y clandestina les hacían llegar nuestros camaradas presos.

Desde el primer momento la dictadura franquista hizo lo imposible por neutralizar las emisiones de Radio España Independiente. Por ejemplo, el 1 de septiembre de 1941 un decreto personal y reservado (nunca publicado en el BOE) firmado por el subsecretario de la Presidencia, Luis Carrero Blanco, creó el Servicio de Interferencia Radiada. Años después el régimen recibió financiación y apoyo tecnológico de Estados Unidos para intentar interferir estas emisiones. Pero el empeño del régimen por impedir que la voz de la “única emisora española sin censura de Franco” recorriera el país fue estéril.

La Pirenaica decidió clausurar sus emisiones el 14 de julio de 1977, una vez que se habían constituido las Cortes Generales elegidas en las elecciones legislativas del 15 de junio. Su monumental archivo forma parte del Archivo Histórico del PCE y ha permitido multitud de trabajos, entre ellos una excelente tesis doctoral a cargo de Luis Zaragoza Fernández, quien la ha sintetizado en un libro muy recomendable pero lamentablemente ya agotado en las librerías: Radio Pirenaica. La voz de la esperanza antifranquista (Marcial Pons).

En las conclusiones de su libro, Zaragoza Fernández remarca: “La existencia de REI es un elemento fundamental para explicar la implantación del PCE por todo el territorio español y su permanencia a lo largo del franquismo, a pesar de las caídas. Y es que La Pirenaica fue un instrumento privilegiado no sólo para los simpatizantes que todavía no estaban encuadrados, sino también para los militantes que quedaban temporalmente aislados a consecuencia del desmantelamiento de sus organizaciones por parte de la policía”. Porque junto con la movilización del pueblo español contra la dictadura y la orientación teórica e ideológica, uno de los objetivos centrales de la emisora fue contribuir a la organización del Partido en el interior del país.

“La Pirenaica fue una emisora comunista, desde luego, que nunca ocultó sus señas de identidad y cuya trayectoria estuvo ligada a la historia del Partido, a su línea política, a su evolución interna y a su concepción de las tareas propagandísticas”, escribe Zaragoza Fernández. “Pero en la práctica acabó siendo la voz del antifranquismo porque los demás grupos de oposición no pudieron, no supieron o no quisieron poner en marcha estaciones similares. La Pirenaica sirvió para decir a quienes combatían que no estaban solos en la lucha, para explicar a quienes no combatían que había gente que lo hacía, para recordar que el pueblo español había sido libre y para anunciar que en el futuro –un futuro que los redactores de REI consideraban siempre como inmediato- volvería a serlo. El triunfalismo que tantas veces se ha achacado a la emisora tal vez era necesario para seguir manteniendo esa moral, esa fe –con perdón del socialismo científico- que permitía resistir año tras año, caída tras caída”.

Como escribió Marcel Plans, durante muchos años La Pirenaica fue “para los vencidos una voz de esperanza”, la voz que anunciaba que con lucha, sacrificio y organización España podría superar las tinieblas del fascismo. Por eso, su memoria y la de los camaradas que la hicieron posible día tras día durante 36 años no debiera extinguirse jamás.

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