martes, 13 de mayo de 2014

La fantasía de Don Juan



Entre sus muchas fantasías, en esta ocasión destacamos apenas una. Por el modo de hablar sobre lo que ocurre en el país, Don Juan se cree la fantasía de que Honduras está compuesta por dos tipos de personas: las activistas que, como serviles, cumplen y aceptan a rajatabla lo que dice, y las ignorantes o tontas que se tragan sus fantasías y mentiras como si fuesen verdad.
No vemos como errores principales sus otras fantasías y mentiras –allá él si se las cree--, ni su devoción religiosa por el militarismo o su piadosa inclinación a las multinacionales, especialmente las que vienen a quedarse con trozos de territorios, y las explotadoras de minería y otros recursos naturales. Esos errores se ensombrecen ante su fantasía principal: con su lenguaje pueril y con su estilo de mando al modo de quien se dirige a sus serviles activistas, hacernos creer que todo eso que está haciendo es bueno para la sociedad, y que jugar al gran dictador es lo mejor para el país.

Don Juan es un hombre joven, pero habla y piensa como un trasnochado dictador de la primera mitad del siglo veinte. Y se cree que todo mundo es como aquella sociedad del ya lejano siglo pasado que tuvo que cargar en sus angustias el encierro y el entierro de las megalomanías que hoy emergen en Don Juan, con su rostro joven y su rictus que emula a los antiguos caudillos de haciendas y potreros.

Como buen servidor del capital, Don Juan elogia y da la bienvenida a quienes traen bajo el brazo las maquetas de las Zonas Especiales de Desarrollo o Ciudades Modelo, se humilla ante sus promotores, ante las multinacionales y ante el poder que emana del imperio; mientras dentro del país, con su plan de "Guardianes de la patria" amasa conciencias infantiles para asegurar obediencias ciegas "apolíticas y no deliberantes".

En los hechos, Don Juan emerge con su firme conciencia de caudillo: emula a los que están por encima de su frente, y ante ese capital transnacional se comporta como un servil y obediente adulador; pero con ese mismo fervor humilla, desprecia y exige adulación a los que están bajo sus pies, y acaba pagando esa obediencia ciega con migajas y limosnas, justo lo que representan sus programas sociales de beneficencia.

En su fantasía de emular a los dictadores de antaño, Don Juan acaba oyendo lo que nadie dice y mirando lo que no existe. Oye que a fuerza de su voluntad la violencia va en picada, y en lugar de gente muerta de hambre o muerta por la violencia criminal acaba viendo que a sus cien días de mandar, toda la gente ya está en "una vida mejor". Bien dicen que no hay peor sordo que el que no quiere oír ni más ciego que el que no quiere ver.

Así va la vida en la mente de Don Juan. Y una mente así acaba finalmente olvidando que Honduras es más que un pueblo de activistas serviles y de gente ignorante y tonta. Desde su fantasía no podrá saber jamás que hay mucha gente convencida que un aprendiz de Dictador, como Usted Don Juan, ya no solo no tiene cabida en el presente siglo, sino que ni siquiera tiene un lugar en el pasado, y menos todavía puede tener su nombre un cupo en el futuro.

Nuestra Palabra - Radio Progreso

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