jueves, 15 de mayo de 2014

Extradición, golpiza, captura, asalto y más…


Por Roberto Quesada

“¿De qué otra forma se puede amenazar que no sea de muerte? 
lo interesante, lo original, sería que alguien lo amenace a uno con la inmortalidad.”
Jorge Luis Borges

No, no son apuntes para una novela de terror sino la realidad de Honduras, que hoy como nunca, supera la ficción. Es 11 de mayo, día  de la madre, y escribo dentro del auto asignado por HispanTV para que me lleve al estudio y luego me devuelva a casa. Es un día  radiante, precioso: los árboles  vestidos con trajes nuevos que revuelan con la invitación que les hace el viento a danzar como festejando la sonrisa primaveral. Y pienso en que podría escribir algo bonito sobre esta bella ciudad, Nueva York, en donde hoy hasta los cementerios están atestados de gente y de flores que no olvidan a la madre que ya partió (sí, y que los parió ). Pero pienso en aquella otra patria, sin exagerar, desangrándose y guardar silencio, como diría el poeta Castelar, es compartir el crimen.

Ahora estoy en Honduras, país de contradicciones. Quien está actualmente al frente del gobierno, Juan Orlando Hernández, no pierde oportunidad para culpar de todo lo malo que se da en el país, al presidente derrocado por golpe de Estado Manuel Zelaya Rosales. Y he aquí la gran contradicción, Hernandez al asumir lo primero que hizo, pocas horas después, fue aterrizar en Cuba y pedir audiencia para ir a saludar al comandante en jefe Fidel Castro, quien no le entendió, pues las cosas no son así de atolondradas que ya llegué, que soy grande, que me dicen presidente y quiero conocer a… No, ese fue el primer revés internacional el mismo día    de posesionarse en el gobierno (claro, en su segundo mandato consecutivo).

Días después Juan Orlando Hernández  se desespera por irle a rendir pleitesía al presidente del Ecuador Rafael Correa, incluso dijo públicamente que quería aprender de él. Y ahora en Costa Rica, de fuentes fidedignas que me han informado (y no son de hondureñas), que quien anduvo buscando, pidiendo audiencia hasta que se la dio, fue Juan Hernandez al presidente de Bolivia Evo Morales. Entonces, ¿Cuál es el problema de Juan Orlando Hernández,  si el presidente Zelaya lo que trató  de hacer es lo mismo, cada cual con su realidad nacional, que han hecho Ecuador y Bolivia en mejorar la calidad de vida de sus pueblos y equilibrar los abusos de algunos empresarios y transnacionales? ¿A qué  juega Juan Orlando con sus constantes ataques al presidente Zelaya y a la oposición? Eso da para pensar que el problema es personal: él quisiera ser como el presidente Zelaya. 
Hago la introducción anterior porque Hernández  está llegando al extremo que uno no puede opinar, cuestionar, y más para quienes viven dentro de Honduras, pues cuando él  señala a equis organizaciones o medios de comunicación, los expone, prácticamente les está dando luz verde a sus fuerzas represivas para que hagan lo que quieran hacer. Por supuesto, la distancia no me exime de riesgos, puede que me inventen un caso y sea el primer extraditado de aquí para allá por cuestionar las erróneas rutas “políticas”, del Gobernador de Honduras. Y en el peor de los casos que lo manden a liquidar a uno, pero ya sabemos de donde proviene si llegara a suceder.

En el caso de la extradición, no es que se esté en desacuerdo, si ya hay firmado un tratado, sino en el procedimiento. El hondureño por poporoila que se crea o por humilde que sea, queda a merced del mal procedimiento. En este sentido los adversarios políticos (que son millones) de Juan Orlando Hernández  y sus rémoras, quedan expuestos, pues no será necesario comprobar delito para ser, de plano, culpable. Supongamos (estos son sueños)  que EE.UU decidiera extraditar uno de sus ciudadanos a China, y sale el fiscal general diciendo: “No sabemos si es inocente o culpable, aquí no ha cometido ningún delito, allí después China va a dar las pruebas” (esto es parafraseando al presidente de la Corte (¿Cortesía o Cortecía?) Suprema de Justicia Jorge Rivera Avilés, que eso mismo dijo sobre la extradición del ciudadano Arnaldo “El Negro” Lobo. Sin duda, se arma de la de Troya en EEUU.

Golpiza, este es el caso del ciudadano honduro-mexicano, director de la Casa Alianza, José  Guadalupe Ruelas, quien, como diría mi abuela, con dos dedos de frente no va a culpar dentro y fuera de Honduras a Juan Orlando Hernández, si él ha andado públicamente ensalzando a sus cuerpos represivos y denigrando a los defensores de los Derechos Humanos y a algunos medios de comunicación. En los EEUU, si usted profiere una amenaza y hay un solo testigo y le sucede algo al antes amenazado, el primer sospechoso en ser capturado es quien dio la amenaza. En el caso del presidente del país, en este caso Barack Obama, ni en broma puede hacer una amenaza porque es inmediatamente requerido e investigado. Y quien ha andado en mala campaña en Honduras contra las organizaciones de los derechos humanos y los medios y personas que cuestionas su conducta dictatorial, es Juan Orlando Hernández. Y claro, parece que Hernández  ha hecho lo mismo que hacía, para poner un ejemplo, Tacho Somoza en Nicaragua, primero mandaba a dar palizas o a eliminar a sus adversarios o que él  consideraba que lo eran, y después salía seriote y compungido diciendo: “Exijo una rigurosa investigación”.

En el caso de la captura, esta se ha efectuado contra el ciudadano Roberto Turcios, que no es tocar a cualquiera sino la mano derecha de Roberto Micheletti, entonces esto va más allá de lo que podemos ver. ¿Quién ordenó  tocar uno de estos intocables? ¿Están midiendo fuerzas? Apuesto a que Turcios será liberado. Eso sí, dentro de este pequeño sismo de bandas, horas después es asaltada la casa de la Brigada Médica Cubana, ¿Quién necesita un contingente fuertemente armado, encapuchado para asaltarles? En primer lugar no hallarán  caletas de dólares ni de joyas ni de nada parecido… cabe pensar que es una respuesta a otra cosa.

Allí Diario Tiempo publicó  “26 días de horror y alarma” (09 mayo 2014), en donde se muestra una verdad que ya no se puede esconder: la masacre a la niñez entre 17 y 9 años de edad. Pero recuerdo que ha habido asesinados hasta de bebés  de 18 meses.

Habría que preguntarle a Juan Orlando Hernández  que si es que en su fuero interno él  cree que todos los hondureños/as somos ignorantes, idiotas, intelectuales o no. Por un lado trata, inútilmente, de satanizar al presidente  Manuel Zelaya Rosales, y por otro tiene un coqueteo resbaladizo con Rafael Correa, Evo Morales y todo lo que huela a socialismo del Siglo XXI. Este, como dicen los españoles, se cree más listillo que Franco.

Y en estos casos, tanto lo dicho por Rivera Avilés sobre el extraditado y Hernández  en contra de los derechos humanos, se cumple lo que solía decir mi madre: “por la boca muere el pez”.

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