jueves, 22 de marzo de 2012

Otro fiasco de la OEA



Por Marcos Roitman Rosenmann

Desde sus inicios la OEA ejerce, se quiera o no, como el brazo político, en América Latina, de la diplomacia de Estados Unidos. Han sido muchas las ocasiones en las cuales el Departamento de Estado norteamericano ha legitimado sus intervenciones armadas por medio de resoluciones ah hoc de la OEA. República Dominicana, Haití, Granada o Panamá. Para no levantar sospechas siempre lo ha hecho con el apoyo de países cipayos. Nunca han faltado gobiernos que se han prestado para tales fines de manera claudicante y vergonzosa. En tiempos de dictaduras, Paraguay, Chile, Uruguay y los sempiternos países centroamericanos se convirtieron en perrito faldero del imperio. Pocas eran las voces díscolas y cuando emergían, el castigo era inmediato. Menos ayudas, restricciones a las exportaciones y pérdida de inversiones.
   
Las acciones encubiertas para desestabilizar gobiernos populares y democráticos, tanto como preparar golpes de Estado, se ubicaron en la OEA. No olvidemos que la primera acción de la CIA en el continente consistió en dar cobertura al golpe de Estado en Guatemala contra el presidente Jacobo Arbenz en 1954. Bajo el paraguas de una recién inaugurada guerra fría, se consideró un peligro la reforma agraria y las nacionalizaciones de las grandes compañías bananeras. Sin perder tiempo, organizaron desde Honduras, con militares golpistas, una invasión, posibilitando el nacimiento de una de las dictaduras más crueles y sanguinarias en la región, encabezada por el coronel Castillo Armas. La OEA desatendió las palabras del entonces canciller de Guatemala, Toriello, o no lo quiso escuchar. Meses antes del golpe, en la asamblea celebrada por la OEA en Caracas en marzo de 1954, bajo la dictadura de Pérez Jiménez, el canciller Toriello, avisó de los peligros de asumir la posición de Estados Unidos en la OEA, defendida por el secretario de Estado John Foster Dulles. La propuesta consistía en lograr una resolución que expresara, en términos lo suficientemente enérgicos, la amenaza de una posible expansión del comunismo en Centroamérica. Si lograba convencer a sus interlocutores, los ministros de exteriores, estarían las condiciones para avalar, bajo el paraguas de la amenaza comunista, un golpe de Estado. El canciller Toriello sólo pudo concluir su discurso ante la X Conferencia Interamericana reivindicando el carácter democrático y libertario del gobierno de Arbenz: La lucha que Guatemala está librando por su recuperación económica y por la defensa de su soberanía, es la misma lucha de millones de iberoamericanos que aspiran a que se realice la plenitud del sueño bolivariano, por lo cual es indispensable la existencia de la paz mundial con base en la justicia, el ejercicio efectivo de la democracia y en una sincera y leal cooperación económica. Sobre las inmensas tierras, mares y cielos de América el aliento de los libertadores mantiene flotando las banderas de la libertad. Aquí estamos Bolívar, y al venir a esta tierra privilegiada que te vio nacer, conscientes de nuestro destino, nos presentamos ante tus ojos, sin cadenas de la tiranía que por siglos nos oprimió, y que vos, Libertador, enseñaste a hacer pedazos. Guatemala es digna de vos, capitán de la dignidad de América.

Sus palabras no tuvieron eco, Dulles impuso su criterio y todos los países presentes, con el único voto en contra de Guatemala y la abstención de Argentina y México, aprobaron la resolución número 93 que aludía a los peligros para la región de la infiltración comunista: La X Conferencia Interamericana condena las actividades del movimiento comunista interno como intervención en los asuntos americanos; expresa la decisión de los estados americanos de adoptar las medidas necesarias para proteger su independencia política contra la intervención del comunismo internacional, que actúa por los intereses del despotismo foráneo, y reitera la fe del pueblo de América en el efectivo ejercicio de la democracia representativa como el mejor medio para promover el progreso social y político; declara que la dominación o hegemonía en las instituciones políticas de cualquier Estado americano, por el movimiento comunista internacional extendiendo a este hemisferio el sistema de una potencia extracontinental, significaría una amenaza a la soberanía e independencia política de los estados americanos, poniendo en peligro la paz de América y demandaría una acción adecuada, en consonancia con los tratados existentes; recomienda que, sin perjuicio de otras medidas que puedan considerarse adecuadas, cada uno de los gobiernos de América preste especial atención a las siguientes disposiciones con el propósito de contrarrestar las actividades comunistas subversivas dentro de sus respectivas jurisdicciones.

La puerta se abrió de par en par. La OEA se transformó en el sitio perfecto para legitimar los golpes de estado con el pretexto de salvaguardar la paz mundial y luchar contra el comunismo internacional. Decenas de años han funcionado sin cambiar un ápice esta resolución. Tras Guatemala, se perfecciono el enunciado. Nunca faltaron las excusas justificantes. Armas enviadas por la URSS, agentes desestabilizadores extranjeros, compra de armamento a países comunistas, relaciones indebidas, etcétera. La revolución cubana sufriría y padece hasta hoy sus consecuencias. Bloqueo y expulsión tras la crisis de los misiles en 1962. Obligados a romper relaciones, los gobiernos pusilánimes de la época se plegaron, salvo excepciones, entre otras México. Lentamente esta situación anacrónica ha sido superada por los hechos. Todos los países de América latina y el Caribe mantienen relaciones con Cuba.

Estados Unidos vive aferrado al pasado. No se percata del nacimiento de la Celac ni tampoco de la sentencia de muerte que supone para la OEA no admitir la presencia de Cuba en la cumbre en Cartagena de Indias, Colombia, la segunda semana de abril de este año. Algunos países mostraron su desacuerdo y amenazaron con su incomparecencia. Ante el posible fracaso e inasistencia de un grupo importante de países, sobre todo los integrados en la Alba, la diplomacia se mueve y el presidente José Manuel Santos, anfitrión, viajó a La Habana para entrevistarse con Raúl Castro y lograr un acuerdo de mínimos. Si bien no hay motivos para impedir la presencia de Cuba, ya que el único país que se opone explícitamente, de los 34 que asistirán, es Estados Unidos, el gobierno cubano no hará ningún mal gesto ni tampoco hablará por boca de otros. No habrá boicot ni desplantes ni malos modos, tampoco ha solicitado ir a la reunión. Así, Estados Unidos se retrata con su mezquindad y hace gala de su fuerza bruta imperial. Pero no entiende que América Latina no requiere de una institución anquilosada, fundada en criterios trasnochados, mano protectora del imperialismo.

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