martes, 18 de septiembre de 2018

"Hay que construir soberanía buscando la unidad centroamericana"



En momentos en que se habla de Estados soberanos con gritos de independencia y también en medio de crisis política que vive Nicaragua, Honduras y Guatemala, y ahora también Costa Rica, el profesor de la Universidad Jesuita Antonio Ruiz de Montoya de Perú, el nicaragüense Arturo Grisbi, sostiene que es indispensable para los pueblos centroamericanos recuperar el ideal de Morazán, de convertirnos en una sola nación, en un solo país.
Grisbi sostiene que la palabra soberanía está bastante manoseada pero que en el sentido más amplio y de participación ciudadana, en Centroamérica hay expresiones notables de movilización, participación ciudadana y búsqueda de soberanía en los últimos años.

“Los cambios que se han forjado, por ejemplo, en Guatemala son cambios que hubieran sido imposible si no hubiera habido una movilización social, una participación ciudadana que empujara esos cambios, lo mismo hemos visto en el caso de Honduras que, aunque fue frenado por el tema del fraude electoral, fue muy claro el ascenso de la participación ciudadana en la búsqueda de soberanía en la toma de decisiones, sostiene Grisbi.

Radio Progreso (RP) dialogó con el profesor universitario, Arturo Grisbi (AG) sobre la realidad de Centroamérica y la búsqueda de soberanía en este camino al bicentenario.

RP. ¿Cómo analiza lo que pasa en Nicaragua?

AG. Lo sucedido en Nicaragua nadie lo predijo y nadie lo podía predecir. Ha sido una insurrección cívica que ha tenido unas consecuencias que han cambiado el rumbo del país. Una vez que han sucedido los hechos uno puede pensar con más calma. Ortega pierde las elecciones en 1990 y pasaron 16 años con tres gobiernos de los liberales, y asume de nuevo el poder con una crisis económica que fue “acolchonada” con el apoyo del gobierno de Venezuela. Durante los 16 años de gobiernos liberales no hubo crecimiento económico tan importantes.

RP, ¿Por qué se debe eso?

AG. La razón por la que eso sucedió, nosotros creemos, que tuvo que ver en parte por la destrucción del capital productivo que hubo en Nicaragua en los 80´s, la fuga masiva de capitales financieros hizo muy difícil la recuperación. El resultado de eso fue la masiva movilización de nicaragüenses, una parte a Estados Unidos y otra buena parte a Costa Rica.

RP. ¿Cómo vuelve Ortega al poder?

AG. Los 16 malos años de gobiernos liberales fue “el caldo de cultivo” para el regreso al poder de Daniel Ortega. El otro “caldo de cultivo” tuvo que ver la división del Partido Liberal. También había negociado con el ex presidente liberal Arnoldo Alemán, el presidente más corrupto de la historia de Nicaragua. Allí comienza a orquestarse la crisis que ahora enfrenta Ortega que ya no contaba con el apoyo de los millones que le daba Venezuela con cuya ayuda mantenía contentas a las élites empresariales porque no tenía que pagar más impuestos para mantener los programas sociales del gobierno.

RP. ¿Y cuál era la situación con el Frente?

AG. Ese fue otro aspecto que se complementa. Cuando perdió la elección, el Sandinismo entra en crisis, y hay un movimiento interno fuerte dentro del Sandinismo para modernizar el partido, para dotarlo de un nuevo programa, para dotarlo de nuevos estatutos, y ese movimiento es abortado por Ortega que tiene temor a perder el poder dentro del Sandinismos, y es allí donde se forma un nuevo partido que es el Movimiento de Renovación Sandinista.

RP. ¿Hay detonantes comunes en las crisis políticas que enfrentan Nicaragua, Honduras y Guatemala?

AG. Creo que puede haber algunas similitudes, pero creo que el nivel de concentración de poder que se ha dado en Nicaragua no se ha dado en otros países centroamericanos, es un control personalizado. La realidad de Nicaragua es excepcional y no refleja la realidad centroamericana. En lo que sí se parecen es que hay una obvia debilidad institucional y un debilitamiento muy fuerte de los espacios para que haya participación popular. El común denominador es un marco institucional de las frágiles democracias que tenemos y que están muy debilitadas, y los espacios de participación política, los espacios de participación popular son muy limitados.

RP. De Panamá y Costa Rica, ¿qué podemos decir?

AG. Podemos hablar de dos Centroamérica, porque la Centroamérica de Costa Rica y Panamá es una Centroamérica que tiene una problemática social, económica, política muy diferente a la que se enfrentan los del triángulo norte y Nicaragua, y tiene que ver con diferencias históricas. Costa Rica vivió su revolución social hace más de 60 años, y a partir de eso abolió el ejército y dedicó su presupuesto a la educación, a la salud, y los resultados allí están.

RP. ¿Qué pasa en El Salvador?

AG. En El Salvador hay una similitud con Nicaragua en el sentido que hay un agotamiento del modelo de la izquierda del siglo XX que está en el poder. Creo que al igual que en Nicaragua, por supuesto con características muy distintas, hay un problema de democratización interna de los partidos de izquierda, por ejemplo, me decían los colegas salvadoreños que un disidente del FMLN está bastante por arriba en las encuestas que el candidato oficial del FMLN, eso podrían decir que es casi un problema generacional que hay en la izquierda centroamericana y es que los liderazgos del siglo XX ya no responden a las realidades actuales y siguen controlando los anillos de poder.

RP. ¿Cuál es la participación de Estados Unidos en estas crisis?

AG. Creo que ya estamos viendo las primeras señas de lo que es en la práctica el enfoque Trump a Centroamérica. Creo que durante el primer año de la era Trump vivimos mucho de la inercia de los años de Obama. En los años de Obama, por ejemplo, en el caso de Nicaragua, Estados Unidos llegó a un entendimiento con el gobierno sandinista y durante 10 años no tuvieron ningún conflicto. Cooperó en mantener su membresía en el Cafta, mantener la economía sana y colaboraba con el control de los flujos migrantes y el tráfico de droga. Ese equilibrio se ha roto con esta insurrección cívica que hay ahora.

¿Por qué se rompe ese acuerdo?

AG. Con la insurrección cívica se rompe ese pacto implícito o explicito que había, y se rompe en parte porque en 2016, Ortega en lugar de hacerle medio caso a las recomendaciones de la OEA a partir de las elecciones fraudulentas de 2011, lo que hizo fue excluir la observación electoral por completo y las elecciones tuvieron una abstención muy alto porque eliminaron al partido de oposición por la vía legal. Entonces esa elección de Ortega, donde Ortega elige a su esposa para que vaya como vicepresidenta, es lo que le da un déficit de legitimidad muy grande a nivel internacional.

RP. ¿Le preocupa a Trump la corrupción por asuntos de seguridad nacional?

AG. Sí, pero eso viene desde la época de Obama, desde que estaba Hillary Clinton en la Secretaría de Estado viene esa preocupación que obviamente tiene que ver con el hecho del vínculo entre seguridad y corrupción, que por muchos años pasó desapercibido, en la medida de que el poderío de cárteles de la droga incrementa, en la medida de que eso contribuye a crear un espacio gris donde también pueden converger fuerzas del terrorismo internacional, en esa medida hay preocupación en Estados Unidos.

RP. Frente a esta realidad, ¿cómo construir soberanía?

AG. Es una palabra bastante manoseada. En el sentido más amplio de la soberanía y de la participación ciudadana, nosotros ya hemos visto en Centroamérica expresiones notables de movilización, participación ciudadana y búsqueda de soberanía en los últimos años. Los cambios que se han forjado, por ejemplo, en Guatemala son cambios que hubieran sido imposible si no hubiera habido una movilización social, una participación ciudadana que empujara esos cambios, lo mismo hemos visto en el caso de Honduras que, aunque fue frenado por el tema del fraude electoral, fue muy claro el ascenso de la participación ciudadana en la búsqueda de soberanía en la toma de decisiones.

RP. ¿Cuál debe ser el camino de aquí al bicentenario?

AG. Es indispensable para los pueblos centroamericanos recuperar el ideal de Morazán, de convertirnos en una sola nación, como un solo país. Por supuesto que esto es algo que no se logra de la noche a la mañana y en esto interfieren mucho los intereses políticos presentes en cada país, no quieren renunciar a sus feudos y construir una identidad, una nación centroamericana porque precisamente deben ceder parte de sus privilegios, pero vemos como los capitales si se han regionalizados, vemos capitales guatemaltecos que invierten en Honduras, en Nicaragua, capitales de Nicaragua que invierten en El Salvador, en Honduras. El capital está regionalizado, pero no tenemos instituciones de gobernanzas regionalizados.

RP. ¿Hay esperanza de que otra Centroamérica es posible?

AG. Esperanza claro que la hay, pero tenemos que empezar a construirla desde ahora

RP. ¿Es utópico una Centroamérica unida?

AG. Es utópico, pero es posible, es una utopía que podemos alcanzar.

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