miércoles, 14 de marzo de 2018

Prohibido pensar en voz alta


Rebelión

Por Rodolfo Bueno

Últimamente, Washington anda patas arriba. Se dice que, cuando en el Despacho Oval se trató sobre la restauración de la protección para inmigrantes provenientes de El Salvador, Haití y algunos países africanos, el Presidente Trump preguntó “por qué tenemos viniendo aquí a toda esa gente de países (que son un) agujero de mierda”. Richard Durbin, Senador del partido demócrata, presente en dicho encuentro, sostuvo que Trump empleó un lenguaje “vulgar y racista”. El mandatario de EEUU negó esta acusación, repetida por representantes de numerosos medios de comunicación, por gobiernos de los países mencionados, además de otros enemigos políticos suyos, y afirmó: “El lenguaje utilizado por mí en la reunión del DACA (programa de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia) fue duro, pero no fue ese… Nunca he dicho nada despectivo sobre los haitianos aparte de que Haití, obviamente, es un país muy pobre y problemático”. Además, acusó a los demócratas de inventar noticias falsas. Algo de antipático debe tener, pues no cesa la guerra en su contra.

Las cosas no se quedaron allí, el Gobierno de El Salvador ha enviado una nota de protesta a EEUU por estas “lamentables” declaraciones; Evo Morales, Presidente de Bolivia, ha escrito: “Al insultar a países africanos, El Salvador y Haití, Trump insulta al mundo y demuestra que su lenguaje y políticas están contaminados de racismo, fascismo, soberbia e ignorancia del capitalismo… la historia ha demostrado que los que ofenden así terminan tragándose sus palabras”; la Cancillería de Botswana calificó la afirmación de Trump de “irresponsable, reprensible y racista” e instó a toda el África a condenar enérgicamente estos comentarios; la embajadora de la Unión Africana en Washington, Arikana Chihombori-Quao, le recordó a Trump que a estos países de mierda van sus amigos a enriquecerse; Cuba desaprobó estas declaraciones “racistas, denigrantes y groseras… llenas de odio y desprecio que producen indignación en el pueblo cubano”; el Gobierno de Haití condenó con vehemencia estas declaraciones “basadas en estereotipos… O el presidente ha sido mal informado o es un maleducado”, declaró el Embajador de este país; la Oficina de la ONU para los Derechos Humanos calificó el comentario de “racista”. Se nota que a Trump, muchos no lo pueden ver ni en pintura.

La polémica ha adquirido ribetes tragicómicos e, incluso, el congresista demócrata Alexander Green anunció su intención de presentar en el Congreso una solicitud para el ‘impeachment’ contra Trump, por pronunciar palabras nocivas para la sociedad estadounidense. Ivanka debería prohibirle a su padre pensar en voz alta y que haga como hace toda la cloaca de Washington, así denomina Donald Trump a la clase política de EEUU, que, aunque es cortada por la misma tijera y piensa de manera semejante a él, calla prudentemente.

Lo descabellado de Trump, por irrealizable, es la sugerencia de que EEUU debiera recibir a “más personas de lugares como Noruega”. En este país nórdico, uno de los más ricos del mundo en reservas de petróleo y gas natural, viven los habitantes más felices del planeta, protegidos desde la cuna hasta la sepultura, y que no están dispuestos a aceptar dicha invitación. Para que un noruego abandonara lo cierto por lo dudoso, debería recibir una oferta más que tentadora que, por falta de medios, no le puede hacer el mandatario estadounidense.

Además, el problema real de Estados Unidos no es el tipo de emigrantes sino que ya no puede competir con la China en temas científico-técnicos porque sus estudiantes prefieren estudiar carreras como administración de empresas y no matemática, física, química o biología, y no hay cómo imbuirles otra mentalidad; tal vez piensen a futuro trabajar para empresas chinas. Esta situación no va a cambiar ni aunque toda Noruega se trasladara a EEUU y, más bien, Trump debería pensar en qué hacer para que unos cien millones de científicos chinos emigraran a Estados Unidos. Tal vez así se equilibrarían las cosas porque se dice que, en la actualidad, una universidad norteamericana es un lugar donde profesores rusos enseñan a estudiantes de China.

Por otra parte, Trump no debería de renegar del emigrante de América Latina, porque éste se adapta mejor que los norteamericanos al sistema de explotación de EEUU. Por ejemplo, un ecuatoriano, si es pelucón, o sea de apellido rimbombante, en Ecuador sólo acepta trabajos de escritorio, donde suda poco y gana mucho, y si no lo es, de todas maneras goza de canonjías que da la ley; pero si esta misma persona emigra a EEUU, trabaja sin chistar de sol a sol, agacha la cabeza y cumple cualquier orden. Eso, Presidente Trump, no lo va a aceptar nunca un obrero noruego ni europeo.

Lo que sí se le recomienda es recordar el diagnóstico que sobre EEUU hizo el Dr. Zbigniew Brzezinski, politólogo norteamericano de origen polaco, para quien los actuales EEUU se semejan a la URSS de los ochenta, por las siguientes seis razones: la bancarrota financiera provocada por sus aventuras militares; la imposibilidad de reformar su sistema político; la caída de su nivel de vida; la llegada al poder de una clase adinerada, que sólo piensa en enriquecerse y a la que le es indiferente el destino del resto del país; el intentar disimular los problemas internos, buscado enemigos externos; y una política internacional, que los aísla del mundo.

Trump no puede sacar a EEUU de esta situación catastrófica porque no lo apoya un pueblo organizado ni cuenta con la voluntad para enfrentar al gran capital, al que él realmente representa y que es el que saca provecho de estos seis factores.

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