jueves, 12 de diciembre de 2019

El 98% del trabajo doméstico está ejercido por mujeres migrantes e indígenas



De acuerdo a la Organización Internacional del Trabajo (OIT), en América Latina existen 19.5 millones de trabajadores y trabajadoras domésticas, la mayoría son mujeres, es decir 18 millones de mujeres y 1.5 millones de hombres.

Las estadísticas se dieron a conocer en el “II Encuentro Regional de Trabajadoras Domésticas Remuneradas”, realizado en Tegucigalpa, al cual asistieron trabajadoras del hogar de Honduras, Guatemala y El Salvador.

Según datos que dieron paso al análisis de realidad de las trabajadoras domésticas en la región Centroamericana, actualmente los ingresos de las trabajadoras domésticas son iguales o inferiores al 50% promedio de todas las personas ocupadas.

En el caso de Honduras, la Red de Trabajadoras Domésticas de Francisco Morazán precisó que el salario promedio para este sector es de 3 mil 277 lempiras, 133 dólares, mensuales que no equivalen ni a la mitad del salario mínimo estipulado por el Código del Trabajo.

Asimismo, se indicó que el 98% del trabajo doméstico es ejercido por mujeres pobres, migrantes e indígenas, realidad que refleja que “la explotación de los cuerpos de las mujeres continúa a favor de una lógica capitalista, neoliberal y machista que se puede constatar en la expulsión de sus territorios y viéndose en la obligación de migrar a países como España, México y Estados Unidos”.

La anterior realidad de las trabajadoras domésticas da paso a la Cadena Global de los Cuidados, es decir que “una mujer que se inserta en el mercado laboral y contrata a una trabajadora doméstica para que asuma las labores domésticas de su familia, y la trabajadora a su vez delega en otra mujer la tarea reproductiva de su propio núcleo familiar”.

Organización
En el encuentro regional, se señaló que el trabajo doméstico, al ser una ocupación asociada con las tareas que histórica y culturalmente se han asignado a las mujeres, se invisibiliza como trabajo y como aporte a las economías de las familias y a las economías de los países.

Tras comentar que la situación en su país es similar a la de Honduras, Susana Vásquez, de la Asociación de Trabajadoras de la Maquila, Hogar y Similares de Guatemala (ATRAHDOM), manifiesta que: “las mujeres, yo lo he dicho, no somos vulnerables, vulnerables nos hace este sistema machista, misógino, y que, por lo tanto, nosotras como trabajadoras domésticas tenemos que estar organizadas discutiendo nuestra demanda, para poder lograr mínimamente la justicia laboral”.

Flérida Guzmán, feminista e investigadora de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales en México (FLACSO-México), apunta que la marginalización de las trabajadoras domésticas se da en términos de su ubicación espacial en el trabajo, de su doble jornada en la casa y en el empleo remunerado, pero también en términos de sus salarios, “es un empleo catalogado como informal y precario, entonces se hace una doble marginación, en términos de su participación y en términos de sus condiciones laborales”.

Por su parte, Glenda Aguilar, integrante de la Red de Trabajadoras Domésticas de Francisco Morazán, expresa que las realidades son similares, tanto en El Salvador, en Honduras como en Guatemala, pues no hay condiciones de derechos laborales para las trabajadoras domésticas y del hogar, entonces “nosotras nos hemos visto en la necesidad de hacer una alianza a nivel de región para que se escuchen nuestras voces”.

En ese sentido, Flérida Guzmán comenta que la visibilización se logra a través de la conformación de alianzas: “yo diría de hasta coaliciones promotoras de sus propios intereses que es la demanda de los derechos laborales y humanos”.

Según la Red de Trabajadoras Domésticas de Francisco Morazán, en Honduras el 40.2% de mujeres que laboran en ese sector lo hacen bajo un horario mixto, días y fines de semana, a puerta cerrada, lo que indica que no gozan de días libres o permisos para visitar a sus familiares, ya que muchas cohabitan en la casa de sus empleadores.

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