lunes, 28 de marzo de 2016

De próceres y santos



Por Rodolfo Cortés Calderón *

Da la impresión que las cúpulas de la Iglesia Católica en todo el mundo son un verdadero desparpajo, descalabro y descontento. Como practicantes de esta fe muchos de sus antiguos seguidores nos sentimos frustrados y desanimados por el rol de la gran mayoría de las cúpulas jerárquicas episcopales, a pesar del aliento y esperanza que irradia e imprime  Francisco, el papa y obispo de Roma, seguidor de San Francisco de Asís.
Por los medios informativos internacionales recibimos hace unos días con cierto desagrado la infortunada noticia que el Estado de Nicaragua, entiéndase los tres poderes del Estado: legislativo, judicial y ejecutivo, elevaron al rango de Prócer Nacional, al nada célebre sacerdote salesiano, cardenal y arzobispo emérito de Nicaragua, Miguel Obando y Bravo. Esto sucedió el 2 de marzo del 2016.
Siempre hemos sostenido que nuestras poblaciones centroamericanas y latinoamericanas, además de generosas y humildes, son solidarias, pero tienen la debilidad de perder rápidamente su memoria histórica.
Los que vivimos conscientemente las décadas de los 70s, 80s y 90s y que conocimos de cerca las luchas de la revolución sandinista nicaragüense, con los millares de muertos, y millones de desplazados y refugiados que esto significó, hoy lamentamos que el gobierno de Daniel Ortega Saavedra haga tal desplante a la lucha histórica del pueblo donde estuvo seriamente comprometido el cardenal de marras aliado a dos papas de infausto recordatorio para las luchas de liberación de los países latinoamericanos conocidos como los papas Karol Wojtyla ( Juan Pablo II) y Joseph Ratzinger (Benedicto XVI).
¿Quién no recuerda la llegada en marzo de 1983 del papa Wojtyla a Nicaragua a despotricar en contra de la Revolución Sandinista y a ponerse del lado del gobierno imperial de Estados Unidos que mantenía la contra revolución armada hasta los dientes y atizada desde las montañas de Honduras con la complicidad de los gobiernos liberales de Roberto Suazo Córdova y José Azcona del Hoyo. Además de fustigar y señalar de comunistas a los hermanos, sacerdotes y teólogos nicaragüenses, Fernando y Ernesto Cardenal y al sacerdote Miguel D´ Escoto, miembros de aquél gobierno progresista, con lo que favoreció la caída del gobierno sandinista y el regreso de la derecha representada por Violeta Chamorro presidenta de 1990-1997?
No olvidamos  y enfatizamos nuestro aprecio, agradecimiento y admiración a la iglesia popular y a la lucha del pueblo nicaragüense que tanto bien hizo a los procesos de liberación de comunidades y países de Latinoamérica, pero manifestamos nuestro indignación al concubinato, la corrupción y el chantaje montados en un triángulo “amoroso” entre Daniel Ortega Saavedra, Miguel Obando Bravo y Arnoldo Alemán, este último ex presidente derechista de Nicaragua.
Tampoco debemos olvidar la marginación, desprecio y rechazo que la Conferencia Episcopal Mexicana, CEM, hizo siempre al ejemplar varón, obispo de Chiapas (1960-1999),  don Samuel Crzu García que defendió a los indígenas sometidos y humillados desde tiempos inmemoriales, hasta tiempos recientes por los diferentes gobiernos mexicanos.
Además debemos mantener despierto y  avivado nuestro espíritu con el recordatorio de  mártires y verdaderos seguidores de Cristo como Óscar Arnulfo Romero Galdámez, arzobispo de El Salvador (1977-1980) y Juan José Gerardi obispo de Santa Cruz de Quiché, Guatemala, (1974-1998) que siempre fueron despreciados por las cúpulas de la iglesia oficialista y vaticana. Tampoco debemos olvidar el asesinato de parte de la dictadura argentina del obispo de La Rioja, Argentina, Enrique Anegelleli (1968-1976).
O, en el otro extremo, ¿el papelón más reciente hecho público por el obispo brasileño de Sao Paulo, Don Darci José Nicioli, aliado de la derecha brasileña, atacando a Luis Inácio Lula  Da Silva, ex presidente, el líder más carismático de uno de los partidos más populares, el Partido de los Trabajadores, PT, de Brasil, que tanto bienestar social y económico ha dado en los tres últimos lustros a sus comunidades y pobladores y que ocasionó que el papa Francisco lo removiera a otra diócesis?
Y, ¿qué decir de la jerarquía de la Iglesia hondureña, con su cabeza más visible y representativa, el cardenal Óscar Andrés Rodríguez Maradiaga, aliado desde el golpe de Estado 2009, y antes, con los gobiernos trogloditas de Roberto Micheletti, Porfirio Lobo Sosa y no digamos con el actual Juan Orlando Hernández y quién podrá olvidar las palabras teñidas de sangre y odio premonitadas por el cardenal Rodríguez M. que llevaron al asesinato de más de un centenar de miembros de la Resistencia hondureña?
Y, ¿qué pensar de los “consejos” hechos públicos por este mismo cardenal en contra de la organización indígena Lenca, COPINH, hace unos meses proponiéndoles desistir de su organización, sus líderes -entre ellas Berta Isabel Cáceres Flores- y sus radios comunitarias, que tanto les han costado?
No sería extraño pues, con lo desmemoriados que somos y con los sentimientos distorsionados y trastocados de muchos de los que se autoproclaman “historiadores” hondureños, que dentro de 20, 30 ó 50 años estuvieran solicitando elevar a los altares para beatificarlo a Óscar Andrés Rodríguez Maradiaga que tanto daño ha hecho a la feligresía, a Honduras y a la misma iglesia Universal.
Pero los fariseos, escribas y sacerdotes de hoy, jerarquías cupulares ensoberbecidas contra los excluidos y empobrecidos, son los mismos sepulcros blanqueados que demonizaban, apedreaban e insultaban a Jesús. (Juan 8, 51-59).
¡Por eso de “próceres” y “santos”, es que la Iglesia Católica está como está!

* Ingeniero agrónomo hondureño

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