sábado, 7 de septiembre de 2019

¿Alguien gana con el calentamiento global?



Por Michael Hudson *

El control del petróleo ha sido durante mucho tiempo un objetivo clave de la política exterior de Estados Unidos. Los acuerdos climáticos de París (y cualquier otro programa verde) para reducir el calentamiento global es considerado una amenaza a los mercados energéticos dependientes del petróleo que están bajo el control de Estados Unidos.

Como es fácil apreciar el poder económico y, por lo tanto, político de la industria petrolera ha bloqueado toda iniciativa para detener el cambio climático, estas empresas no solo obtienen ganancias con la energía, también los obtienen con la contaminación plástica.

La fatal combinación de la “seguridad nacional estadounidense” y el cabildeo de la industria petrolera están amenazando con destruir el clima del planeta. El aumento del nivel del mar, de la temperatura y las sequias se consideran simplemente un daño colateral en la geopolítica del petróleo. En los últimos años el Departamento de Estado ha destituido a los diplomáticos que se atrevieron denunciar el impacto negativo del calentamiento global[1].

De hecho, la nueva Guerra Fría para aislar a Rusia, Irán y Venezuela tiene como objetivo aumentar la dependencia extranjera del petróleo estadounidense, británico y francés. Lo que están haciendo los estrategas estadounidenses se “disciplinar” a los países que se nieguen aceptar su hegemonía.

Con el objetivo de controlar el comercio mundial de petróleo – y mantenerlo dolarizado – Estados Unidos derrocó al gobierno iraní en 1953, invadió Irak en 2003, y ahora sanciona a Irán mientras apoya a Arabia Saudita y a su legión extranjera wahabí en Siria, Irak y Yemen.

Hace ya más de sesenta años, la CIA y Gran Bretaña unieron fuerzas para derrocar al presidente electo de Irán, Mohammad Mosaddegh, con el fin de impedir que nacionalizara la Anglo-Iranian Oil Company. Una estrategia similar explica los intentos de Estados Unidos de “cambiar los regímenes” de Venezuela y de Rusia.

Mientras la diplomacia militar de Estados Unidos intenta que otros países dependan del petróleo (que controlan sus grandes compañías) el estado norteamericano se ha propuesto, desde hace mucho tiempo, la autosuficiencia energética.

En la década de 1970, la Administración de Investigación y Desarrollo Energético (ERDA) desarrolló un desastroso plan para promover la independencia energética de América del Norte aprovechando las arenas alquitranadas Athabasca de Canadá.* (Yo era el economista principal del Instituto Hudson que evaluaba los planes de ERDA, y fui separado del estudio cuando señale los problemas que provocaría el exceso de consumo de agua).

Hoy esta claro que el subproducto de la autosuficiencia energética provoca que el agua sea más escasa y más cara. La fractura hidráulica contamina los recursos hídricos locales y derrocha un inmenso flujo de agua dulce en el proceso productivo.

Pese a que nadie medianamente cuerdo puede negar el cambio climático nada ha cambiado en la diplomacia petrolera de los Estados Unidos .

¿Porque a Washington no le preocupa que toda Europa se sofoque con una ola de calor sin precedentes o que las ciudades de norteamericanas sean devastadas por la sequía, los incendios forestales y las inundaciones?

El petróleo en la balanza de pagos de EE.UU.

El petróleo ha sido durante mucho tiempo uno de los principales contribuyentes al comercio de los Estados Unidos y, por lo tanto, no solo protege la capacidad del dólar para controlar el comercio internacional , también permite mantener la enorme cantidad de gastos militares del Pentágono.

En 1965 llevé a cabo un estudio para el Chase Manhattan Bank y descubrí que en términos de balanza de pagos, cada dólar invertido en la industria petrolera se recupera en sólo 18 meses.

Veamos por qué : cuando Estados Unidos importa petróleo desde el extranjero, esta compra se realiza solo con las grandes petroleras estadounidenses (y sus sucursales) por motivos de «seguridad nacional»). Sólo una pequeña proporción del precio se paga en moneda extranjera.

Las compañías estadounidenses compran petróleo crudo a sus sucursales a precios muy bajos, y asignan todo el pago a sus filiales navieras, junto con los costos de envío, flete, dividendos, intereses, cargos administrativos, inversión de capital y depreciación.

La mayor parte de lo que se cuenta como inversión estadounidense en petróleo toma la forma de exportaciones de maquinaria, materiales y administración, por lo que en realidad no representa un flujo de salida de dólares. El “milagroso” efecto es obtener importaciones de petróleo a un costo mínimo para la balanza de pagos.

Ahora, como las tecnologías de energía solar y otras alternativas “amigables con el medio ambiente” no contribuyen a la balanza de pagos -tanto como la industria petrolera- estas opciones han sido menospreciadas por los estadounidenses. (El resultado es que hoy China ha tomado el liderazgo en el desarrollo de estas tecnologías)

Desde 1974, a Arabia Saudita y a los países árabes vecinos se les ha dicho que pueden cobrar un precio tan alto como quieran por su petróleo. Después de todo, cuanto más alto sea el precio que cobren, mayores serán las ganancias para los productores estadounidenses de petróleo.

La «condición» es que deben reciclar sus ingresos en el mercado financiero estadounidense. Estos países están obligados a mantener sus reservas de divisas y la mayor parte de su riqueza financiera en valores, acciones y bonos del Tesoro de Estados Unidos. Un pérdida del control del petróleo perjudicaría este flujo circular de ganancias hacia los mercados financieros estadounidenses que apuntalan el precios de las acciones en Wall Street.

Las compañías petroleras de Estados Unidos han registrado desde hace mucho tiempo la refinación y distribución del petróleo en Panamá y Liberia. Este factor ha reforzado el poder económico de la industria petrolera ya que estas grandes corporaciones han evitado el pago de impuestos mediante sus «banderas de conveniencia» situadas en centros bancarios extraterritoriales.

Hace más de cincuenta años, el tesorero de Standard Oil of New Jersey me explicó cómo la industria petrolera pretendía obtener sus beneficios en los paraísos fiscales que no tenían impuesto sobre la renta: pagando un precio bajo a los países productores de petróleo y cobrando un precio alto a las refinerías y empresas de comercialización.

Esto implica que hay muy pocas posibilidades de evitar la evasión fiscal. De hecho, los políticos corruptos y una oligarquía criminal mundial, son los principales beneficiarios de la industria petrolera y minera. Por tanto, debilitar el poder de cabildeo para impedir la evasión fiscal afectaría directamente el tremendo poder económico y político de la industria petrolera.

La política exterior estadounidense se basa en hacer que otros países dependan del petróleo de EE.UU.

La estrategia de Estados Unidos es hacer que otros países dependan de una material vital como el petróleo , de esta manera puede aplicar un torniquete económico cuando los considere conveniente.

El primer ejemplo fueron las sanciones alimentarias impuestas en la década de 1950 a China para estimular la resistencia a la revolución encabezado por Mao.

Si otros países producen con energía solar, eólica o nuclear, serán independientes de la diplomacia petrolera de Estados Unidos. Esto explica por qué la Administración Trump se retiró del acuerdo climático de París para frenar el calentamiento global.

En realidad esta política y la autosuficiencia energética que se ha propuesto Washington tiene un complemento estratégico: Europa debe volverse totalmente dependiente del «Freedom Gas» estadounidense. También no debe consentir la construcción del gasoducto Nord Stream 2, que le permitiría obtener gas a un precio mucho más bajo desde Rusia [2]

La administración Trump sostiene que para evitar la dependencia de Rusia, Europa debería comprar el gas y el petróleo a los Estados Unidos a un precio alrededor de un 30% más alto.» Estamos protegiendo a Alemania de Rusia, sin embargo Rusia sigue recibiendo miles de millones de dólares de Alemania», se quejó Trump a los periodistas de la Casa Blanca durante una reunión con el presidente polaco Andrzej Duda[3].

En esta misma línea el 31 de julio de 2019, la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado votó 20 a 2 a favor la «Ley de Protección de la Seguridad Energética de Europa», patrocinada por el republicano Ted Cruz y la demócrata de Jeanne Shaheen. Las primeras empresas en ser sancionadas Corporaciones Suizas e Italianas.

Calentamiento global y contabilidad del PIB

Una temperatura más caliente significa una mayor tasa de evaporación y, por lo tanto, más lluvia, tornados e inundaciones, como estamos viendo este año. Un resultado conexo será la sequía en la medida que los glaciares se derritan y dejan de alimentar a los ríos en los que se han construido presas para generar energía eléctrica.

La aparente ironía es que estos efectos del calentamiento global y el clima extremo se han convertido en un baluarte del aumento del PIB de Estados Unidos. Los costos de limpieza de la contaminación del aire y del agua, los gastos de reconstrucción de las viviendas inundadas, la destrucción de las cosechas, el aumento del costo del aire acondicionado, la propagación de insectos nocivos y el aumento de los costos médicos pueden explicar en gran parte el crecimiento desde el año 2008.

Los neoliberales celebraron el “Fin de la Historia” después de la disolución de la Unión Soviética en 1991, prometiendo una era de crecimiento porque «el mercado» se convertía en el planificador mundial. Pero, no explicaron que este crecimiento sería producto de la industria petrolera y de otras empresas de extracción que viven de las ganancias de corto plazo y que por lo tanto obtienen sus beneficios a costa de hipotecar el futuro de la humanidad y del planeta tierra.

¿Qué factores debería enfatizar una política verde?

Como bromeaba Mark Twain, «Todo el mundo habla del tiempo, pero nadie hace nada al respecto». En el mundo político de hoy , hacer algo sobre el calentamiento global significa enfrentarse a un conjunto de gigantes de las finanzas que van más allá de la industria del petróleo y del gas.

Una cosa es decir que el calentamiento global o el cambio climático son amenazas existenciales para la civilización y las economías actuales. Otra muy distinta es resolver el problema realmente haciendo una reforma económica y cambiar la política de “seguridad nacional” de los Estados Unidos.

Un programa verde no puede tener éxito sin confrontar esta política de “seguridad” que se asienta en la supremacía petrolera de los Estados Unidos.

Para todos los efectos prácticos la seguridad nacional estadounidense se ha convertido en una guerra que amenaza la seguridad de todo el mundo. Cuando amenazan con “congelar” a los países que no siguen su política, los Estados Unidos se está achicharrando a sí mismos junto con el resto del planeta.

Detener el calentamiento global requiere una política fiscal que termine con los privilegios que promueven las ganancias de la industria petrolera, incluyendo , por supuesto, las «banderas de conveniencia» de los centros bancarios offshore que se utilizan como medio para eludir impuestos.

Un programa verde debería incluir un impuesto sobre la renta adquirida por la extracción de los recursos naturales ( un impuesto que los economistas clásicos defendieron a lo largo del siglo XIX). También deberían haber cargos por las llamadas «externalidades», es decir, los costos sociales que no cuentan en el balance general de las corporaciones. Las empresas deberían ser responsables de reembolsar a la sociedad dichos costes.

Aplicar un impuesto sobre el uso del petróleo elevaría el precio de la gasolina, pero no disuadirá el consumo a corto plazo porque los conductores de automóviles y gran parte de los servicios públicos están atrapados en las inversiones de capital que utilizan petróleo.

Una respuesta eficaz sería reducir la rentabilidad del petróleo impidiendo la evasión fiscal y las «banderas de conveniencia» que han creado los grupos de presión de la industria. La «contabilidad de la industria petrolera» es muchísimo más oscura que la «contabilidad de Hollywood» y la contabilidad inmobiliaria al estilo de Donald-Trump.

Este problema es tan grave que hoy obtener beneficios sin pagar impuestos sobre la renta se ha generalizado tanto que ya es una práctica mafiosa habitual que utilizan los gigantes de la informática, de la industria y de los bienes raíces.

Pero, terminar con la evasión de impuestos puede amenazar la “seguridad nacional” según las elites de Washington. Según su visión al “interés nacional” le conviene atraer el capital mundial (y criminal) a estos enclaves de “libre comercio” que sirven a la balanza de pagos de Estados Unidos.

Las corporaciones más ricas del mundo y los evasores de impuestos están fuertemente alineados contra una política económica que ayudaría a reducir la huella mortal del carbono, más allá del consumo de petróleo y gas.

Por tanto, para implementar con éxito una política ecológica es necesario combatir una amplia gama de intereses creados. Los empresarios citarán sin vergüenza «la ideología del libre mercado» para justificar sus ganancias de corto plazo, sin preocuparse por el desastre climático que están causando.

Esto último hace que la tarea sea mucho más difícil pues pone en evidencia los límites de los programas del capitalismo verde .

En Islandia y Alemania, los partidos verdes son neoliberales. Sus políticas son centristas y conservadoras cuando se trata de los bancos y al sector financiero. De hecho han apoyado una bonanza basada en el mercado de derechos de comercio del carbono, que son comprados y vendidos por los especuladores de Wall Street.

El problema es que estas soluciones «basadas en el mercado» han fracasado, porque los mercados son a corto plazo y no tienen en cuenta las «externalidades». ¿Están dispuestos los verdes a criticar la «ideología de mercado»?

Sin enfrentar este desafío, los partidos verdes y socialdemócratas lo que están haciendo es “acariciar el lomo de sus votantes” para que se sientan bien , pero en realidad no harán nada para resolver realmente el problema subyacente.

Al parecer el “Fin de la Historia”, que se celebraba como la victoria del libre mercado sobre la Unión Soviética, se ha convertido el “Fin de los Tiempos”… del capitalismo neoliberal. Y claro … lo que al parecer ya no tiene discusión es que estamos viviendo una crisis integral de la civilización occidental.

Notas:

(1) Rod Schoonover, «My Climate Report Was Quashed», editorial del New York Times, 31 de julio de 2019, informó que la Casa Blanca bloqueó su informe sobre los efectos adversos del cambio climático debido a que «la base científica del análisis no se ajustaba a la posición de la administración sobre el cambio climático».

(2) Con respecto a la Estrategia de Seguridad Nacional (NSS) de Dominio Energético de Estados Unidos, ver Ben Aris, «Busting Nord Stream 2 myths», Intellinews.com, 27 de agosto de 2018. El secretario de Energía de Estados Unidos, Rick Perry, ha comparado el gas de Estados Unidos con los soldados estadounidenses que liberaron a Europa de los nazis. «Estados Unidos vuelve a ofrecer una forma de libertad al continente europeo», dijo a los periodistas en Bruselas a principios de este mes. «Y más que en la forma de jóvenes soldados americanos, es en la forma de gas natural licuado.» Véase también y https://truthout.org/articles/freedom-gas-will-be-used-to-justify-oppression-at-home-and-abroad/

(3) «El euro cae después de que Trump amenaza con sanciones para detener el NordStream 2 (¡otra vez!)», Zero Hedge, 12 de junio de 2019.

* Michael Hudson, profesor de economía de la Universidad de Kansas City y exanalista de Wall Street.

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