lunes, 22 de julio de 2019

El mandato de masculinidad a juicio


Por Patricia Susial

Foto: movilización frente al Ministerio de Justicia, en Madrid, contra la sentencia de la Audiencia de Navarra en el caso de la Manada que
lo consideraba abuso y no 
agresión/violación sexual

Uno de los hombres se ganó tu confianza y, como moscas a la miel, los otros cuatro hicieron acto de presencia. En el trayecto, no se sabe muy bien a dónde, dos de los hombres se avanzaron para encontrar una habitación “para follar”. Los otros tres te mantuvieron a una cierta distancia. Habían encontrado a la “gorda” que se follarían entre los cinco, pero no encontraban ningún lugar donde hacerlo. Siguieron caminando. Una puerta del portal abierta y una señora confiada permitieron el paso a uno de los hombres, quien pudo inspeccionar el edificio. 

El tiempo corría en contra. No era momento para exigencias. Lo que encontró, serviría. “Vamos, vamos”, apremió al resto de su manada. Al entrar en el portal, la manada se dirigió a ti y, con la mano abierta delante de la boca, te ordenaron: “calla”. No podías decir no. No podías decir nada. Solo podías callar. Él te metió en un cuarto de aproximadamente 2 metros de largo por 1 metro de ancho. La salida y la entrada al cubículo eran a través de una única puerta. Los otros cuatro bloquearon esa puerta. Dos de los hombres tienen formación militar y los cinco hombres tienen complexión corpulenta. La ratonera había salido a la perfección.

Los hechos probados indican que al menos la mujer fue penetrada bucalmente por los cinco hombres: José Ángel Prenda, Alfonso Jesús Cabezuelo (exmilitar), Antonio Manuel Guerrero (ex guardia civil), Jesús Escudero Domínguez y Ángel Boza. La mujer fue penetrada vaginalmente por Alfonso Jesús Cabezuelo y José Ángel Prenda, este último en dos ocasiones, al igual que Jesús Escudero Domínguez, quien la penetró una tercera vez por vía anal, llegando a eyacular los dos últimos y sin que ninguno utilizara preservativo. Ella solo podía callar. Ellos sí hablaron, para ellos y entre ellos. “Sigue, sigue, sigue quilla, cómeme, eso es, eso es”. Ella solo podía callar. “¿Quieres que te la meta?”. Ella solo podía callar. “Pal fondo, vale”. Ella solo podía callar. Pero, no calló. Y, al hablar, hizo de lo personal algo político.

La Audiencia Nacional de Navarra y el Tribunal Superior de Navarra no vieron violencia. No había golpes ni empujones. El abogado defensor alegó que «ella simplemente tenía que decir no. Pero para que sea no, hay que decir no» y como no dijo no eso debía significar que ella estaba consintiendo, o algo así. 
En los vídeos que la manada había grabado, Ricardo González, uno de los jueces, vio «excitación sexual en un ambiente de jolgorio y regocijo para todos ellos». Exacto, «para todos ellos». Ellos, la manada. El ex guardia civil se burla de su víctima, de todo el movimiento feminista y de nuestros derechos como mujeres, en una carta donde vierte toda su misoginia y que cuenta con el apoyo de ForoCoches. Menuda legitimación. 
En Navarra, la condena fue por abuso sexual. Ricardo González, el juez que vio jolgorio, llegó a permitirse el privilegio de emitir un voto particular absolutorio. Ellos, los cinco, quedaron en libertad. El fantasma de Rousseau sobrevolaba los tribunales navarros. “Emilio, las mujeres están para hacer tu vida más fácil y agradable”, se podía escuchar como un susurro.

En nuestras cabezas, resonaba la interpelación de Olimpia de Gouges: “Hombre, ¿eres capaz de ser justo? Dime, ¿qué te da imperio soberano para oprimir a mi sexo?”. El movimiento feminista, cientos de miles de mujeres y también varios hombres, inundó las calles como una ola que evolucionó en tsunami. «Hermana, yo sí te creo». «No es abuso, es violación». «Ella nunca será libre, mientras ellos no estén presos». «Basta ya de justicia patriarcal». «No queremos ser valientes, queremos ser libres». “Todas somos C”. Gritamos y luchamos por ti, por nosotras, por las que vendrán, por todas las que pasaron por lo mismo y tampoco tuvieron la justicia y el apoyo que merecían y necesitaban. Sabemos que nos oíste.

La lucha jurídica no podía quedar así, ni ahí. Los llevamos al Tribunal Supremo. La defensa de la manada continuó con su delirio misógino. La defensa de la víctima fundamentó la premeditación con que actuó la manada y que le arrebataron la capacidad de decidir. ¿Qué consentimiento puede haber en una situación de intimidación con 5 hombres corpulentos en un cuarto angosto sin posibilidad de escapar? No hay, porque el consentimiento está, ya no viciado, sino anulado. Las alternativas son el sometimiento o la muerte. “No se puede exigir a las víctimas una actitud que le ponga en peligro», sentenció la fiscal Isabel Rodríguez. La lucha feminista había logrado posicionar la vergüenza y el escarnio público de la violación del lado de los violadores.

Hemos tenido que llegar al Tribunal Supremo para que José Ángel Prenda, Alfonso Jesús Cabezuelo (exmilitar), Antonio Manuel Guerrero (ex guardia civil), Jesús Escudero y Ángel Boza, los 5 criminales de la denominada ‘manada’, hayan sido condenados por violación (agresión sexual), corrigiendo así la sentencia patriarcal y misógina anterior. El Tribunal Supremo considera que los cinco criminales no cometieron un único delito de agresión sexual continuada, sino que violaron al menos 10 veces. Pero, como ni la fiscalía ni las acusaciones rechazaron la calificación de «un único delito continuado», el alto tribunal no pudo cambiar la tipificación. De haberlo hecho, las penas a cada uno de los criminales habrían sido aún mayores.

En cualquier caso, la sentencia del Tribunal Supremo sienta precedente y eso es otro logro del movimiento feminista para todas las mujeres y, por ende, para toda la sociedad. Un precedente que, quizás, podría servir para la causa que aún tienen abierta José Ángel Prenda, Alfonso Jesús Cabezuelo (exmilitar), Antonio Manuel Guerrero (ex guardia civil), Jesús Escudero Domínguez. Estos 4 violadores convictos están imputados por abusos sexuales perpetrados en 2016 contra una joven, con la que coincidieron en la feria de Torrecampo, Córdoba. El juicio oral de esta causa tendrá lugar a finales de 2019 y los encontrará ya en prisión, cenando “ensaladilla rusa, cochinillo frito y revuelto de champiñones”.

Los hombres de masculinidad tóxica, incluidos esos 5 criminales y su abogado, siguen defendiendo la inocencia de estos violadores y se sigue haciendo apología de la violación. Las sentencias judiciales y las castigos penales son elementos necesarios y ejemplarizantes, pero no son suficientes para transformar mentalidades y sociedades. Es un logro importante, aunque urge continuar despertando conciencias porque sabemos que esto todavía no ha acabado. “Desde 2016 hasta hoy, 101 manadas formadas por más de 350 hombres, entre ellos menores, han violado a mujeres y niñas”. Y, aunque no disponemos de la correlación científica entre el consumo pornográfico de violaciones grupales y las violaciones en manada, es inquietante que ambas han incrementado en los últimos cinco o seis años, según manifiestan Lluís Ballester y Carmen Orte, autores del estudio ‘Nueva pornografía y cambios en las relaciones interpersonales’.

“La pornografía nos dice quienes somos”, afirmaba Andrea Dworkin, y coloca a hombres y mujeres en papeles bien definidos de amo y esclava, respectivamente. Las mujeres son las idénticas, cuyo “capital erótico” tienen como destino el castigo y la aniquilación final: la muerte o la sumisión completa. “La pornografía”, continúa Dworkin, “afirma que a las mujeres les gusta que las violen, que las peguen, que las secuestren, que las mutilen”. 
Y la pornografía presenta estas prácticas “en un ambiente de jolgorio y regocijo” como condiciones posibles y deseables de la sexualidad humana, o más bien inhumana, patriarcal, misógina. Hay demasiadas manadas actuando en la punta del iceberg de la violencia y ejerciendo la dominación sexual que impone el mandato de masculinidad del sistema patriarcal. Pero, aún son muchas más las manadas que actúan en la base de ese iceberg, ejerciendo violencias estructurales y de baja intensidad cuya desactivación es algo más compleja. 
Así que, seguimos yendo a por todas. Vamos a por la completa libertad e igualdad política.

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