miércoles, 9 de noviembre de 2011

Mario Hernández

Rebelión

A José Luis “El Gringo” Mangieri
En el tercer aniversario de su fallecimiento (1-11-2008)
Hay que ser modesto por necesidad
In Memorian
El que fuera fundador de la revista-editorial La Rosa Blindada y editor de más de 800 libros, nació en Buenos Aires el 14 de diciembre de 1924 y se crió en un conventillo de Parque Patricios, pasando buena parte de su adolescencia en Floresta, barrio en el que vivió (Mercedes al 900) hasta su fallecimiento el 1 de noviembre de 2008. La casa la había heredado de su padre, quien la había comprado a crédito con el trabajo que tenía en la Municipalidad, Sección Veterinaria.

Me solía decir el Tano que su viejo trabajaba en la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires, en la sección Veterinaria, cuando los carros de basureros eran de tracción a sangre. Había tres o cuatro centros de concentración de carros y caballos en la ciudad. Después de la faena se limpiaban los carros y quedaban en formación apuntando con sus varas al cielo. A los caballos se los cuidaba. Se les daba de comer; además se controlaba su estado físico. Aquí intervenía el viejo del Tano.

Éste profesaba ideas libertarias. Cuando vino Perón toda la familia se hizo peronista, menos él. Continuaba con la terquedad anarquista. Sentía por los percherones un amor increíble. Los revisaba todos los días. Los conocía no sólo por el número del inventario sino por el nombre que él mismo les daba. Les hablaba, los calmaba, sabía cuándo algún carrero aporreaba a alguno. No sólo por las marcas de los lonjazos, sino por la mirada triste de este noble animal. El viejo del Tano salía explotando ira. Entraba a los vestuarios, buscaba a ese hijo de puta y, más de una vez, los cogoteaba; y, más de una vez..., los separaban entre varios. Los carreros enterados de las iras de este libertario recogían el arriador al recordar lo que les esperaba.

Con el reloj les tomaba las pulsaciones cuando alguno andaba medio descangayado, o tardaba en reaccionar del cansancio. Reloj en mano controlaba el latido de las arterias de las manos, del bajo vientre o debajo del cogote. La yema de los dedos le transmitían el conteo del ritmo arterial y él miraba el Longines atentamente. Era el control. Revisaba a todos. Les abría la boca y les observaba las carnosidades de entre los dientes (habas) que le producían dolor y le impedían comer. Matungos viejos eran los que padecían ese crecimiento. Tenía sus preferidos. A éstos les chamuyaba al oído, ¿ideas libertarias? Qué contradicción la de este libertario hablarle de libertad al percherón encerrado. Los anarquistas siempre defendieron la naturaleza y a sus habitantes. Cómo justificaría este encierro, vaya uno a saber.

(“El reloj”, cuento de Juan Carlos Cena, a José Luis Mangieri..., un hombre sin tiempos)

Durante sus años en la escuela “Justo José de Urquiza”, de Flores, comenzó a interesarse por la poesía. En 1947, luego de estudiar 2 años de Odontología, realizó el servicio militar y partió a Bariloche, donde vivió algunos años ganándose la vida como pintor de brocha. A su regreso a Buenos Aires, ingresó al Partido Comunista en 1953. También fue periodista en los diarios Crítica y Democracia.

En 1962, Mangieri junto a Carlos Alberto Brocato son invitados a dirigir una colección de poesía en la Editorial Horizonte, La Rosa Blindada, que finalmente se transformó en una nueva editorial. El nombre lo toman de un libro homónimo de poesía de 1936 dedicado por Raúl González Tuñón a la insurrección de los mineros en Asturias (octubre de 1934).

La Rosa Blindada

ER: ¿Qué significó Raúl González Tuñón para La Rosa Blindada?

JLM: Hablo a nivel personal, como uno tiene que hablar siempre. Raúl fue un hombre, una figura irrepetible en la literatura argentina donde tiene los 2 picos más altos, y no sé si de la literatura castellana, en la poesía lírica con “La calle del agujero en la media” y en la poesía épica con “La Rosa Blindada”, que hizo en homenaje al levantamiento de los mineros de Asturias en 1934. Raúl estuvo en la Guerra Civil española, fue periodista toda su vida, un pobrelo, como yo dije alguna vez, murió pobre, vivió y murió siempre en una casa alquilada, no así Neruda. Fue muy parecido en ese sentido a César Vallejos a quien admiraba y de quien dijo una vez, muy generosamente: ‘Fue el mejor de nuestra generación’. También tenía su tiempo para nosotros. A la redacción de Clarín íbamos con Julio Huasi, con Rivera, con Gelman, lo invitábamos un café, horas. Tenía un tiempo que hoy no tiene nadie para los pibes. Nos volcaba toda su rica historia de la participación del intelectual en la lucha revolucionaria y en la importancia de la calidad de lo que uno escribía. Había que tener mucho cuidado, decía: ‘Todo poeta es un hombre, pero no todo hombre es un poeta’. Toda su vida fue un laburante. Siempre trabajó en Clarín. Recuerdo que cuando se jubiló, Caminos, que era el secretario general de aquel tiempo, le dio la llave del cuarto donde escribía y le dijo: ‘De hoy en más este cuarto es tuyo para que hagas lo que quieras’. ¡Qué gesto!

Tuñón fue un hombre consecuente con sus ideas y con su forma de vida. Un pobrelo como te decía, siempre con su trajecito gris y generoso. Te daba libros únicos de su biblioteca, inhallables, te los regalaba. Nos hacía conocer poetas que no conocíamos, sobre todo, franceses, porque sabía muchísimo de literatura francesa. No quiero ser injusto con nadie, con ninguno de mis contemporáneos, pero creo que fue un fenómeno irrepetible. Hizo de la pobreza una virtud. Realmente era un tipo consecuente y muy generoso y prologó el primer libro de Juan Gelman, “Violín y otras cuestiones”, donde anunciaba el nacimiento de un gran poeta.

(Entrevista a José Luis Mangieri realizada por el programa radial “El Reloj” el 29/11/2003)

El colectivo editorial inicial de La Rosa Blindada, incluía al propio González Tuñón como “director honorario”; Brocato y Mangieri eran los directores; Juan Gelman en poesía; Andrés Rivera, Estela Canto y Octavio Getino en narrativa; Carlos Gorriarena y Norberto Onofrio en plástica; Nemesio Juárez en cine; Roberto Cossa en teatro, León Pomer en historia y Javier Villafañe en literatura infantil.

La revista ganó la calle en octubre de 1964 y fue clausurada por el gobierno de facto de Juan Carlos Onganía en setiembre de 1966. La editorial del mismo nombre, publicó libros de autores nóveles y consagrados y también discos con las voces de Pablo Neruda, Julio Cortázar, Nicolás Guillén, Ives Montand, Carlos Puebla, Juan Carlos Cedrón, Paco Urondo y Bertolt Brecht.

Mangieri combinó su vocación por las letras con el compromiso político, editando, además de poesía, ficción, teatro y ensayo, textos políticos de Antonio Gramsci, Vo Nguyen Giap, Ho Chi Minh, Mao Tsé Tung y Ernesto Guevara, entre otros.

Luego, el dictador Levingston se encargó de quemar miles de sus libros.

ER: ¿Quiénes integraban La Rosa Blindada? Además, salieron muy pocos números.

JLM: Nueve. Yo creo que el mérito que tuvimos fue haber interpretado, y no te quiero decir sin saberlo, pero íbamos junto con la marea histórica, perdón porque es una palabra muy solemne, pero interpretábamos exactamente lo que estaba pasando. Publicamos varios ensayos, uno que todavía tiene una dolorosa vigencia de León Rozitchner,“La izquierda sin sujeto”, el de Cooke sobre política y cultura (“Bases para una política cultural revolucionaria”), que se reeditó luego en Crisis. En La Rosa Blindada comenzamos 2 tipos sueltos: Carlos Alberto Brocato y yo. Brocato se fue cuando se politizó mucho, no por miedo ni mucho menos, sino que él tenía una concepción un poco rígida y, cuando empezamos a publicar al Che Guevara, por ejemplo,“El socialismo y el hombre en Cuba”, que se hizo por primera vez en nuestra revista y, sobre todo, cuando la editorial que había comenzado siendo de poesía y literatura, comenzó a editar uno tras otro libros de Vietnam:“Guerra del pueblo, ejército del pueblo” de Vo Nguyen Giap,“El hombre y el arma”, que fue un clásico.

ER: José Luis, te insisto con algunos nombres como Carlos Olmedo, Emilio Jáuregui, Andrés Rivera, Juan Gelman ¿De dónde venía esa gente?

JLM: Nosotros tuvimos un mérito casi involuntario. Brocato era linotipista. Rivera había sido obrero del vestido. Aunque la mayoría no éramos obreros, sí éramos trabajadores afiliados a nuestros sindicatos, fundamentalmente al de prensa, donde estaba Jozami de secretario general y Emilio era el secretario general de la Federación, de Fatpren, y estábamos acostumbrados a ir a las asambleas, a votar, a ocupar empresas. Yo estuve en la ocupación de Crítica, Brocato en la de Democracia, estábamos acostumbrados a esa agilidad, por un lado lo intelectual, pero también acompañando a los trabajadores sin ser obreros, pero siempre al pie del cañón con nuestros respectivos sindicatos. Eso fue algo que nos diferenció del resto. No digo que fuéramos mejores ni peores, simplemente nos diferenció. En poesía estaban Gelman y Juana Bignozzi, en plástica, Carlos Gorriarena y Norberto Onofrio. Norma Aleandro en cine con Oscar Ferrigno, Pino Solanas y Octavio Getino.

ER: También publicaban discos, incluso hicieron un cortometraje basado en un poema tuyo: “Hombres que trabajan”.

JLM: Lo recitaba Héctor Alterio, nada menos, que siempre fue muy generoso y lo dirigió Nemesio Juárez. Pero fijate que en aquella época en todas las estaciones de subte de Buenos Aires se vendía “El hombre y el arma” de Giap, en los quioscos, no sólo en los centros de estudiantes como sería natural y las tiradas eran de 5000 ejemplares. La Rosa Blindada editaba 5/8000 ejemplares. Por eso se habla tanto, eran tiradas grandes, al margen del contenido, tenía una difusión muy amplia. Ahora, los libros y las revistas se presentan generalmente en las librerías y nosotros las presentábamos en los sindicatos, en gastronómicos, en prensa, en canillitas. Hoy sería impensable presentar libros de poesía o políticos en sindicatos.

(Programa “El Reloj” 29/11/2003)

La dictadura
Con sus antecedentes, la última dictadura militar lo obligó a interrumpir su actividad. Pese al peligro que corría, Mangieri decidió no exiliarse y permanecer en Buenos Aires, donde albergó a militantes perseguidos, en algunos casos ayudándolos a escapar de una muerte segura; obligado por las circunstancias él mismo tuvo que esconderse durante varios años. Mandó a su familia a Cipolletti y a su hijo a Bariloche. El se exilia en la casa de una tía, obrera fosforera, en Parque Patricios.

A comienzos de los años 80, Mangieri retomó su labor con la editorial Libros de Tierra Firme y desde la colección “Todos bailan” difundió a grandes poetas de generaciones pasadas y presentes: Raúl Gustavo Aguirre, Leopoldo Marechal, Juan Gelman, Francisco Madariaga, Joaquín Giannuzzi, Diana Bellessi, Jorge Aulicino, Daniel Freidemberg, Jorge García Sabal, Irene Gruss, entre los que integran un catálogo que supera los 350 títulos. También se dedicó a la difusión de grandes autores contemporáneos de otras latitudes con antologías de la poesía francesa, irlandesa, catalana y colombiana contemporáneas, así como numerosos autores chilenos, venezolanos, franceses y españoles.

El editor y militante no olvidó su vieja pasión por la política y a partir de 1998 recuperó el sello editorial La Rosa Blindada donde publicó textos sobre John William Cooke y ‘El Cordobazo’ y autores como Beba Balvé y Juan Carlos Cena, entre otros.

Reconocimientos
El 1 de diciembre de 2003 el Departamento de Historia del Centro Cultural de la Cooperación, presentó el video-documental: La Luna con Gatillo (Cultura y política en la década del '60: La experiencia de la revista - editorial La Rosa Blindada) con Idea-Guión de Miguel Mazzeo y realización de María López, Paola Bellato y Sebastián Manfredi.

Comentario general:

La Luna con gatillo narra la experiencia desarrollada por el colectivo editorial La Rosa Blindada en las décadas del '60 y el '70. Su objetivo es destacar la relación entre cultura y política y el aporte de La Rosa Blindada a la cultura argentina en general y al pensamiento de izquierda en particular. El documental está estructurado en torno a entrevistas a protagonistas y a historiadores, tomando como eje el relato de José Luis Mangieri, director de la editorial. Los testimonios se combinan con imágenes de archivo (la guerra civil española, la revolución cubana, el Che, Vietnam, Mao, el Mayo Francés, el golpe de 1966 en la Argentina, el Cordobazo, Agustín Tosco, las organizaciones revolucionarias, la última Dictadura Militar, etc.).

Luna y gatillo no remiten a un marco de oposiciones sino a una configuración masiva en los años '60 y '70, a una forma de habitar el mundo. No hay contraposiciones, ni síntesis, sólo un pasado donde la fuerza supo ser belleza y viceversa. Donde la furia no pudo dejar de ser ternura. Donde la acción era hermana del sueño, como gustaba a Baudelaire.

Pasado que en estos aspectos es recuperado como horizonte. A diferencia de muchas producciones sobre este período histórico, cercanas al epitafio, este documental no concibe la historia que narra y hace narrar como un hecho que pertenece exclusivamente al pasado, por el contrario pretende mostrarlo en su presente, manifiesto en un conjunto de empecinamientos y principalmente en la obstinada conciencia de José Luis Mangieri.
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La idea fue de Miguel Mazzeo, un chico a quien le había editado un par de libros con textos de John William Cooke: “Textos traspapelados”, donde recoge artículos inéditos y “Cooke de vuelta”. El me propuso la idea. Yo no quería una cosa muy personalista. En La Rosa Blindada habíamos comenzado con Juan Carlos Brocato que falleció. El otro día me invitaron a ver el video y felicito a Mazzeo y a los chicos que lo acompañaron, gente muy joven, porque hicieron una reconstrucción de época muy importante. Dura una hora y media que se pasa volando por la agilidad con que trataron el tema. Fijate que yo digo dejamos de ser personas para ser un tema. Los ´60 vuelven como fue con la década del 20 cuando Hemingway decía que París era una fiesta y después vino el facismo. Acá también. En los ‘60 Buenos Aires era una fiesta y después vino el golpe. Realmente, el mérito es exclusivamente de ellos. Hicieron un video muy, pero muy bueno. Ojalá se repita con otras revistas de la época como Pasado y Presente , que dirigía José Aricó. Era una época en la que parecía que la revolución estaba a la vuelta de la esquina y al poco tiempo nos dimos cuenta que había 30.000 desaparecidos y miles y miles de exiliados. Así es la historia.

(Entrevista “El Reloj”, 29/11/2003)

Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires

El 14 de diciembre de 2006, mediante la Ley 2251, el autor de “Quince poemas y un títere”, fue declarado Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires, a raíz de un proyecto presentado por los legisladores Teresa de Anchorena, Liliana Parada, Chango Farías Gómez, Héctor Bidonde, Pablo Failde, Enrique Olivera y Guillermo Smith.

Fundamentos:

José Luis Mangieri, a lo largo de más de cincuenta años, se dedicó a la publicación de libros, a su difusión y a tejer una compleja trama de relaciones, que comprende a no menos de 5 generaciones de escritores y artistas argentinos, y a otras tantas generaciones de lectores.

En el lapso antes mencionado, Mangieri publicó más de 800 títulos originales en las 3 principales editoriales que dirigió (La Rosa Blindada, Ediciones Caldén y Libros de Tierra Firme), muchos de los cuales corresponden a los más importantes escritores argentinos y de otros países y lenguas del siglo XX. Hizo todo eso sin apoyos empresarios ni subsidios estatales y, en más de una oportunidad, hipotecando su casa para conseguir los recursos necesarios. Por otro lado, buena parte de esa producción se donó a las personas e instituciones que creyó más la necesitaban.

En el terreno de lo que hoy se entiende como “gestión cultural”, su labor, de naturaleza informal, sirvió para vincular intelectuales y artistas que difícilmente podrían haberse encontrado de no mediar la labor de Mangieri, restableciendo los lazos que las distintas dictaduras habían cortado y reponiendo los eslabones allí donde faltaran. En ese sentido su trabajo ayudó a que la obra de muchos grandes escritores, músicos y plásticos de los años sesenta no fuera olvidada por las nuevas generaciones. En todo momento, y sin inútil ostentación, Mangieri dio muestras de una coherencia, integridad y generosidad extraordinarias. Jamás sacó provecho alguno ni de sus propios éxitos ni de los ajenos, y siempre se reservó un discreto segundo plano, incluso cuando fue el corazón de numerosos proyectos culturales de primer nivel. El mismo lo repite siempre: “Hay que ser modesto por necesidad”.

Murió el 1 de noviembre de 2008, hace tres años y sus restos fueron velados en la Biblioteca Nacional.

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