miércoles, 16 de diciembre de 2009

¿QUÉ HA CAMBIADO EN HONDURAS?

Honduras en lucha

Por Gustavo Zelaya H.

Una de las lecciones aprendidas después del golpe de estado contra Manuel Zelaya es darnos cuenta que nuestro país experimentó cambios sociales inesperados. Y no sólo porque creamos que se adquirió un mayor grado de conciencia o de organización social, sino porque realmente este suceso nos alteró totalmente tanto a nivel colectivo como en nuestras vidas individuales. Ayudó también a poner en su lugar viejos mitos acerca de la objetividad de la prensa nacional y nos mostró formas de conducta descaradas e hipócritas en la llamada clase política, en las jerarquías de las iglesias católica y evangélica, en los que dirigen los cuerpos represivos del Estado y la incursión abierta de empresarios privados en la actividad política. Posiblemente el impacto principal del golpe de estado se manifieste en la organización popular aglutinada en el Frente Nacional de Resistencia Popular y en la composición de los grupos que han dirigido por más de cien años la estructura de gobierno.


En el caso de la oposición al golpe de estado, al principio de manera espontánea y después obteniendo cada día distintos grados de madurez, la conformación de la Resistencia manifestó en su contenido una diversidad social, múltiples actores, variadas voces, que reclamaban el respeto a la ley fundamental y la restitución del gobierno de Manuel Zelaya y que después avanzaron un poco más exigiendo la refundación del país y la transformación de todo el aparato de leyes que tiene su base en la constitución de la república. El llamado a la constituyente y la reorganización del Frente a nivel de las comunidades, se ha convertido en una tarea central de la organización y que podría generar impactos positivos ante los ojos del pueblo. Llegando, incluso, a mostrarse como la alternativa de cara al tradicional bipartidismo, que, a pesar del abstencionismo en las elecciones, siguió mostrándose todavía con alguna salud, con ciertos deterioros pero con fuerza entre muchos hondureños.

Esa relativa vigencia de los partidos tradicionales pudo fortalecerse en parte por la brutalidad represiva de la derecha fanática y fundamentalista de la que forman parte sectores reaccionarios del partido liberal y la casi totalidad del partido nacional, contando también con el activismo del Opus Dei, de las jerarquías católicas y evangélicas, las fuerzas de seguridad del estado y el evidente respaldo norteamericano, tanto a nivel del gobierno como de la ultraderecha gringa y sus cuadros más fanatizados establecidos en Miami. Todo ese bloque de poder ha sido generosamente financiado por la empresa privada nacional y grupos neofascistas conformados por empresarios y políticos latinoamericanos. Incluso, el régimen golpista se ha mantenido hasta la fecha, a pesar de las dificultadas provocadas por ellos mismos que se notan en las pérdidas económicas, en los intentos de imponer nuevos impuestos y que con toda seguridad repercutirá en el gobierno siguiente. Todos estos elementos muestran claramente que el grupo en el poder, que en esencia es idéntico a los que asumen el 27 de enero, es un entramado de diversos empresarios privados, jerarcas militares, maquiladores, políticos, banqueros, dueños de medios de comunicación, generadores de energía, dueños de textileras, farmacéuticos e inversionistas de las comidas rápidas. Y en ellos no sólo hay intereses políticos, sino que también son socios que intercambian acciones y establecen lazos familiares.

Algunos llegaron a suponer que toda esa agresividad de los golpistas y sus patrocinadores provocó un retroceso en el movimiento social cobijado en la Resistencia Nacional, sea por agotamiento, por no tener a la vista resultados inmediatos a sus propuestas, por la debilidad de los sindicatos y la carencia de una fuerte presencia de sindicatos industriales que hicieron ver como algo imposible cualquier llamado a una huelga general. A esto se le puede agregar viejas prácticas sectarias en el seno del movimiento popular y la incertidumbre acerca de la firmeza de los liberales en esta lucha. Pero la madurez, la paciencia mostrada y la experiencia acumulada por todos estos actores en Resistencia ha hecho posible que el movimiento se fortalezca, que se depure y se establezcan de forma no expresada en documentos acuerdos mínimos sobre algunos temas estratégicos. Algunos de esos puntos que se fueron gestando en parte por la extrema violencia desatada contra la Resistencia son los siguientes: mostrar como algo evidente que quedan liquidadas las ilusiones de establecer alianzas con los que detentan el poder o con los que representan a la burguesía, ni siquiera hay posibilidad alguna de negociar con ellos ya que tienen la trampa lista; tal y cómo lo dice una vieja fórmula de los juristas: hecha la ley, hecha la trampa. Otro acuerdo logrado es que la experiencia nacional demostró que es impensable cualquier intento de humanizar el capitalismo desarrollado en Honduras y, finalmente, debido a los ejemplos de otros países y a la forma en que están elaboradas las leyes nacionales, es imposible construir proyectos de transición a formas más justas de vida social dentro del marco de la institucionalidad vigente.

Además del nacimiento del más importante movimiento social en nuestro país desde la huelga de 1954 contra las empresas bananeras, posiblemente el acontecimiento más negativo, exceptuando las más de treinta muertes registradas, las palizas a miembros de la Resistencia y la represión desatada contra el pueblo y algunos medios de comunicación, algo gravísimo sea el nuevo protagonismo de los cuerpos de seguridad del estado, los han convertido en los árbitros de todas las actividades sociales y políticas; se ha visto, pues, que a pesar del factor Chávez, del pretexto del ALBA, de la supuesta amenaza del comunismo contra Honduras y la manipulación de la información, no han podido ocultar la ostentosa saña mostrada en la represión de la protesta contra el golpe de estado. Y las consecuencias inmediatas son notables y de gran impacto; sobre todo por la desconfianza generada en la población y el miedo provocado en muchos que ha dejado de lado el respeto que a duras penas habían ganado a partir de 1990 y por las violaciones a los derechos individuales que han sido constantes después del 28 de junio. Ese papel de los cuerpos de seguridad como gendarmes de la ley y de la propiedad de los grandes empresarios, pone de manifiesto otra de las futuras exigencias del movimiento social: la posible abolición de los cuerpos de seguridad o su reorganización y depuración.

¿Qué esperar del futuro? Del próximo gobierno no se podrá pedir mucho ya que en su seno estarán muchos de los gestores del golpe de estado contra Mel Zelaya. Es posible que esa sea su contenido: ser golpistas. Pero de la nueva fuerza política expresada en la Resistencia Nacional, que ha crecido a punta de garrote, sangre y firme constancia si puede pedirse que hablen de acerca del futuro, de la utopía que nos hará caminar hacia la construcción de una sociedad más justa. Se puede esperar por ejemplo esbozos de un Estado democrático.

*Algunas premisas del Estado democrático.*

* *

1. Una de las funciones del Estado es la promoción del conocimiento y para tal asunto se apoya en el sistema educativo. El conocimiento sólo puede justificarse cuando tiene la capacidad de poner en un contexto a la información, divulgarla y ubicarla en un conjunto determinado. Sin embargo nuestro sistema cultural nos muestra a la realidad de forma fragmentada y hace que muchos seamos incapaces de relacionar las distintas formas de saberes, ya que nos especializa y nos prepara en una sola dimensión. Esta hiperespecialización del conocimiento, que solo nos muestra un fragmento de la realidad, puede tener graves consecuencias humanas y prácticas, por ejemplo, cuando se generan las políticas públicas muchas veces no toman en cuenta el espacio concreto en donde nos desenvolvemos. Esto también se nota en la acción social cuando los ciudadanos renuncian a participar en las decisiones políticas y dejan esta tarea en manos de los políticos, por considerarlo no propio de los técnicos. ¿Cómo tendría que ser la formación que debe impartirse para que también seamos actores sociales responsables y no sólo parte del engranaje económico?

2. La vida política debe organizarse de tal manera que los destinatarios del derecho vigente puedan considerarse ellos mismos como sus autores. Sobre esta tesis se funda el Estado moderno. Este Estado es una asociación voluntaria de ciudadanos libres e iguales que quieren regular su vida en común de manera legítima y que se apoyan en el derecho positivo. Si esto no fuera posible no habría ciudadanos ni vida en común; sólo existirían individuos privados, clientes, socios, acciones individuales y no las libertades de personas sometidas a una práctica común. Serían los mercados los que indicarían cuáles son las posibilidades entre las cuales tendríamos que decidir según la lógica empresarial de la economía y sus exigencias de adaptabilidad. ¿Qué se podría hacer para que el ciudadano sea actor político y que el mercado esté a su servicio?

3. En la democracia moderna el poder supremo lo realizan los representantes elegidos por sufragio popular. Sin embargo, todavía no existela posibilidad de sustituirlos legalmente con el referéndum y otras formas de consulta y decisión popular. Tampoco se ha logrado la rendición de cuentas, la transparencia, y que los gobernantes sean responsables de su gestión en los asuntos públicos ante el electorado. Este es un problema que afecta la esencia misma de la democracia que supone la participación de la población en el nombramiento y remoción de sus representantes. Hasta ahora ningún partido político que ha obtenido el poder rinde cuentas ni da garantía de que tal cosa sea posible en un futuro cercano.

4. Las principales características de la democracia son la libertad individual que nos permite decidir y dirigir los asuntos públicos, la igualdad formal, el sufragio universal y la educación para todos. Uno de los obstáculos principales en la construcción de la democracia es el autoritarismo que ha persistido en la conducta política. Por otro lado, el desarrollo de los procesos electorales y la alternabilidad democrática ha calado en distintos grupos sociales y ha modificado la cultura política; así, muchos ciudadanos y colectivos sociales exigen mayor participación política y se enfrentan al autoritarismo. Pero grandes grupos rurales y urbanos se mantienen en la mayor pobreza material y en un profundo atraso intelectual, de modo que la desigualdad y la miseria se han convertido en un componente estructural y en un reto de la vida actual.

En este ambiente han surgido elites que tienen a la mano utensilios tecnológicos como la informática y unos sistemas administrativos que se fundamentan en la gestión de calidad. Este contexto hace creer que los que están fuera de esta tecnología están condenados al atraso y deben ser excluidos de esos procesos. Las ilusiones y las creencias que se han generado alrededor de la informática, la tecnología de punta y las exigencias de calidad, en manos de los políticos pueden convertirse en instrumentos que atentan contra la dignidad humana y son del todo opuestas a las concepciones humanistas acerca del individuo. El problema, entonces, es ¿cómo lograr un equilibrio entre la técnica, la política y los intereses de las personas de modo que éstas sean siempre y en toda circunstancia el centro del desarrollo material y espiritual?

Todos estos cuatro puntos señalados no representan nada fundamental para los ahora llamados liberales al estilo de Micheletti, los Villeda Bermúdez, Martha Lorena Casco y otros que se ubican dentro de las filas liberales; igual ocurre con los llamados analistas y otros sirvientes del régimen golpista. Todos aquellos que hicieron a un lado el pensamiento liberal y se convirtieron en políticos pragmáticos, que se adaptan o manipulan las circunstancias, que defienden intereses oligárquicos, que forman parte de los que han dominado el país y que no vacilan en atropellar los derechos fundamentales de los ciudadanos, o exigir el perdón divino y hacer constantes invocaciones a Dios en un Estado laico, a pesar de llamarse liberales. Es muy probable que nunca fueran de esa línea de pensamiento y que hayan desarrollado la capacidad de simular ser de un bando o del otro, según las conveniencias de los tiempos y que, realmente siempre hayan sido miembros del partido conservador, el partido que mezcla los colores rojos y azul, el de la bandera morada.

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