jueves, 24 de diciembre de 2009

Cuenta Final

Editorial Diario Tiempo

Al fin el Tribunal Supremo Electoral dio a conocer sus resultados finales de las elecciones generales de noviembre/09 y, de acuerdo a ellas, su pronunciamiento sobre las votaciones presidencial, legislativa y municipal, para formar el gobierno del próximo cuatrienio, a partir del 27 de enero/10.

En síntesis, el Partido Nacional (56,56%) obtuvo un triunfo demoledor sobre su adversario tradicional, el Partido Liberal (38,9%), debido a la abstención masiva del liberalismo y del electorado independiente adverso al golpe de Estado del 28 de junio, y los partiditos Democracia Cristiana (1,86%), Unificación Democrática (1,79%) y Pinu-SD (17,9%), ninguno de ellos logró la votación requerida del 2% para conservar su registro como partido, que lo retienen porque consiguieron diputados por residuo electoral.

En todos los niveles de la votación el Partido Nacional tuvo victorias arrasadoras: 71 diputados, 191 alcaldías, frente a 45 diputados y 104 alcaldías del Partido Liberal. 5 diputados para la DC, 4 diputados para la UD y 3 diputados para el Pinu-SD, y la sorpresita de una alcaldía independiente. A simple vista, mediano capote electoral y mandato contundente para el nuevo gobierno.

El Tribunal Supremo Electoral se cuidó, en este momento, de hacer las relaciones de la votación respecto al abstencionismo, seguramente porque allí está el punto sensible de interpretación o lectura a fondo del resultado electoral. De manera salomónica, esa relación queda en un 50/50%, para hacer juego con lo que ocurre en Estados Unidos, y así contar con argumentos de legitimidad para la exportación.

Vistas así las cosas, el verdadero trabajo del tribunal supremo electoral es ése: cuidar el valor publicitario del producto electoral, para apreciar nuestro “sistema democrático”, en lo cual se necesita habilidad aritmética y buena asesoría en técnica computacional, que nunca falta. En términos reales, probablemente el margen de abstención electoral superó el 60%. Pero eso solamente tiene importancia anecdótica en nuestro Macondo político.

Lo que ahora importa de esta cuenta final es la orientación y el destino del próximo gobierno, que aparentemente descansa en una sólida plataforma electiva, pero dentro de una realidad política, económica y social extraordinariamente volátil, con una sociedad profundamente dividida, polarizada y, en algunos aspectos, francamente enloquecida por efecto del terrorismo mediático, de la propaganda ultra.

En estas circunstancias –y con el espectro del fundamentalismo político y religioso, o religioso-político, si se prefiere–, el presidente Porfirio Lobo Sosa estará sometido por una camisa de fuerza, que ahora mismo empieza a cerrársele, tanto en el interior de su partido como en lo atinente a los apoyos de la ultraderecha internacional, principalmente la cubano-norteamericana y la venezolana, sin duda en línea con la política de Estados Unidos hacia América Latina.

Dependerá mucho del carácter y la forma en que el presidente Lobo Sosa maneje esta situación, para hallar una salida a la crisis política y económica que no da visos de desaparecer. Porque, por encima de cualquier consideración política-electoral, el conflicto económico y social sigue incólume, con tendencia a la agudización y sin respuestas inteligentes y pragmáticas en perspectiva.

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