jueves, 13 de enero de 2011

Wall Street: donde Oliver Stone duerme

Por Jorge Vital de Brito Moreira
Traducido para Rebelión por Catherine Bryan


Después de ver Wall Street: el dinero nunca duerme, del director Oliver Stone y quedar insatisfecho con lo que vi, empecé a hacerme preguntas sobre el sentido, el valor y la relevancia de realizar otra película melodramática sobre Wall Street en 2010.

Aunque reconozca la importancia artística/cultural de películas como Platoon (1986), Wall Street (1987) y JFK (1991) no puedo dejar de percibir que las películas Nixon(1995), Alexandre(2004) y Wall Street: el dinero nunca duerme no presentan la misma importancia que los tres primeros del director.

No tiene sentido ir al cine (o alquilar un DVD) para mirar las más recientes películas de ficción de Stone y luego notar que él no parece haber avanzado en el entendimiento de la función ideológica del cine estadounidense en el marco de la crisis nacional e internacional de la globalización capitalista; al contrario, parece que está retrocediendo en el correr de los años.

Cuesta creer que Stone (que es considerado un cineasta de la izquierda política) continúe tratando de representar la historia social del imperio norteamericano (o del imperio griego) en crisis, a través de la forma de melodrama y de las características psicológicas del sujeto individual (presidente o emperador), cuando sabemos que esta formula ficcional fue producida por una visión de mundo que proviene de la mitología y de la doctrina del individualismo liberal.

El nuevo Wall Street: el dinero nunca duerme, es un buen ejemplo para ilustrar lo que quiero decir: la película trata de representar la crisis general del capitalismo imperial, pero el resultado concreto decepciona. Después de ver los documentales de Michael Moore y observar los adelantos cinematográficos e ideológicos que él hizo para denunciar la dinámica destructiva del sistema capitalista, resulta superfluo seguir asistiendo a las narrativas de ficción del tipo Wall Street: el dinero nunca duerme.

Aquí, Stone procura, una vez más, repetir la formula individualista con que Orson Wells realizó brillantemente “Ciudadano Kane”, pero las innovaciones en la estructura narrativa, en la música y en la cinematografía del filme, no pudieron anular las limitaciones ideológicas del ciudadano Wells. Ellas se originan (como observó Glauber Rocha1 en su libro O século do cinema2) en el querer representar la historia social de USA concentrándose en la psicología individual de C.F. Kane, ignorando la participación de los trabajadores en la dinámica de la lucha de clases del país del momento. El mismo error histórico y conceptual domina (sin la genialidad creativa de Wells) la nueva película de Oliver Stone.

Para aquellos que no tuvieron la oportunidad de ver la película de Stone, daré adelante unas informaciones básicas (además de un resumen del argumento) para el lector de este texto.

Wall Street: el dinero nunca duerme (2010) es un drama (dirigido por Oliver Stone) que pretende dar continuidad a la historia del primer Wall Street(1987). En el segundo, también podemos ver a Michael Douglas repitiendo el papel del protagonista Gordon Gekko “greed is good” y a Charlie Sheen repitiendo el personaje de Bud Fox. La película cuenta con la participación de nuevos actores: Shia Labeouf, en el papel de Jacob “Jack” Moore, (un joven especulador financiero que es novio de la hija de Gekko) y Carrey Mulligan que representa el papel de Winnie, la única hija del especulador, Gekko. Aun se puede ver a Josh Brolin en el papel del director ejecutivo Bretton James que es el oponente y competidor (además de ser el principal villano de la película) de Louis Zabel (Frank Langella), de Jacob y de Gordon Gekko.

Vayamos al argumento de la película. Algunos años después de estar en una prisión, Gordon Gekko es puesto en libertad pero se encuentra marginado del mundo de las grandes inversiones (y de los grandes especuladores financieros) que él dominó en el pasado. Al intentar reconquistar su fortuna y su posición en Wall Street (además de tratar de rehacer su arruinada relación con su hija), Gekko establece una alianza de poder con Jacob Moore.

Jacob (que necesitaba un padre sustituto para ocupar el lugar vacío dejado por Louis Zabel, el presidente de la compañía y que se había suicidado), empieza a confiar en Gekko como si este fuera su verdadero padre (así como hizo Bud Fox en el Wall Street, 1987) pero Gekko, como todo especulador financiero, engaña y manipula a Jacob (y a la hija) para poder recuperar los millones de dólares que se encontraban depositados secretamente en un banco de Suiza… Voy a parar aquí. Dejo al lector libre para decidir si debe (o no) ver y juzgar la película con sus propios criterios.

En cuanto a mi opinión, creo que Oliver Stone tenía casi todo para hacer una película capacitada para denunciar las abominables manipulaciones de los representantes del capital financiero, así como para ilustrar lsu responsabilidad en la producción de la crisis económica-social a nivel nacional y mundial.

Las primeras escenas prometen una representación de la especulación financiera aun más contundente, precisa y veraz que la que fue realizada en la primera Wall Street. Existen, en el segundo, dos secuencias de escenas (probablemente las mejores de la película) que enseñan dos reuniones en el Banco de la Reserva Federal (USA Federal Reserve System, FED) con el presidente del Tesoro americano (chairmen of the USA Treasury).

En la primera reunión, Zabel lucha para conseguir un rescate financiero (bailout) del presidente del Tesoro americano para salvar su compañía, pero es bloqueado por Bretton James (el especulador rival) y por sus competidores. Esta secuencia, revela también como la mafia financiera que consigue arruinar la compañía del jefe de Jacob (el paralelismo con la quiebra y la ruina real del banco Lehman Brothers es bastante acentuado), permanece impune para continuar produciendo y reproduciendo los maleficios de la crisis global del sistema.

En la segunda reunión, Bretton James y los representantes de las mayores instituciones financieras de USA, asustan al presidente del Tesoro americano, manipulándole para que les entregue los miles de millones de dólares (dinero público) para tapar la gigantesca estafa ocasionada por la especulación de ellos con las hipotecas podridas (subprimes).

A partir de ese punto, el guión de la película empieza a cambiar de dirección: en vez de continuar denunciando el sistema que engendró la mafia de Wall Street para robar a la clase media y a la clase trabajadora de USA, Stone desvía su foco narrativo para concentrarse en las elucubraciones de un melodrama familiar banal donde una radiografía del feto de la hija Winnie será capaz (pasmen!) de producir la regeneración y la definitiva redención de Gordon Gekko, uno de los mayores especuladores financieros de la historia de Wall Street.

No es necesario seguir comentando la narrativa de Stone para entender que su película concluye sugiriendo (de forma ridícula y patética) que el capital financiero de USA pueda ser reformado; que el capital pueda ser rescatado de su modo destructivo de existencia.

Para lograr este desconcertante final feliz, la película de Stone trata de convencernos que el monstruoso especulador de Wall Street puede renunciar al poder de su ganancia para contribuir a la redención de los seres humanos, pero sin tener que cambiar o destruir el sistema capitalista.

Así la película (como en el oximorón) es capaz de contradecirse a si misma produciendo el absurdo de tratar de salvar el capital financiero del propio sistema capitalista.

Como no podría dejar de acontecer, salí del cine irritado, con aquella sensación de que había sido engañado; de que el nuevo Wall Street de Oliver Stone (tal como ha hecho Barak Obama y su partido demócrata) promete, pero no es capaz de cumplir.

De esta forma, el filme resulta completamente incapaz de producir algún conocimiento útil para ayudar al espectador a comprender algunas de las características del capital financiero; ni para ayudar a entender el papel que desempeñó Wall Street en la producción y reproducción de la crisis del sistema capitalista en su totalidad.

En vez de contribuir para ayudar en la lucha contra la hegemonía burguesa en una sociedad dividida en clases sociales, la película (consciente o inconscientemente) termina funcionando ideológicamente como una falsa consciencia a servicio de la ignorancia y de la mistificación política; termina funcionando como un instrumento más para legitimar la dominación y la explotación social de los oprimidos y excluidos por el sistema.

Notas:
1) Glauber Rocha es uno de los más grandes directores de cine de Brasil y el líder en la creación del movimiento denominado “o cinema novo” (“el nuevo cine”). Es considerado también un excepcional teórico del cine revolucionario latinoamericano.

Glauber Rocha es reconocido principalmente por sus películas brasileñas que fueron premiadas en festivales internacionales de cine tales como “Deus e o Diabo na Terra do Sol”, “Terra em Transe”, “Antonio das Mortes”, y por su película “Der Leone Have Sept Cabeças" (El león de siete cabezas) que él realizó en África durante el período del exilio en Europa, debido a las persecuciones, prisiones, torturas y desapariciones implantadas en Brasil por la dictadura militar que duró 20 años (1964-1984).

2) O século do Cinema. Alhambra. Rio de Janeiro. 1985.

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